Leer El Ataúd del Héroe (Novela) Capítulo 6 online gratis en español
🏴 Grupo: ACS✍️ Traducción: ACS
Fue un momento increíblemente desconcertante, pero decidió seguir adelante como si estuviera loco. Dado que el centro del salón principal estaba lleno de monstruos, la flecha apuntaba hacia el camino que seguía la pared.
Mientras corría a lo largo del muro, rodeando el salón principal en dirección al altar, se encontró cara a cara con Harenir. Pareció sorprendido de verlo venir por allí, pero no había tiempo para explicaciones. Simplemente siguió las instrucciones de la ventana de estado.
En cierto momento, su visión comenzó a parpadear repetidamente. Como el preludio de un desmayo, su vista temblaba y alternaba entre acercar y alejar la imagen. El mundo entero se volvió borroso y, ocasionalmente, destellos de luz roja ondulaban esporádicamente. Sentía como si su cuerpo no se moviera según su voluntad. En esta extraña sensación, era como si alguien estuviera controlando su cuerpo a la fuerza.
Mientras corría hacia Harenir, usando el altar como trampolín para saltar por encima...
De repente, extendió la mano hacia la cabeza del monstruo con forma de ciempiés que había descendido justo encima de Harenir.
—Caer.
El aire se retorció. En el instante en que pronunció la palabra como una frase, una energía púrpura surgió de su brazo y golpeó directamente la cabeza del monstruo.
Ese instante se percibió lentamente. Como si los fotogramas por segundo se hubieran alargado, cada momento quedó grabado con claridad en su mente. La luz púrpura reflejándose en los ojos carmesí del monstruo, su cuerpo tambaleándose y... finalmente, la visión de su “alma” desprendiéndose. Su cuerpo y su alma habían sido separados a la fuerza.
¡Pum! El monstruo cayó al suelo como una marioneta a la que le cortaron los hilos.
Antes de que pudiera siquiera exhalar un suspiro de alivio al verlo, ¡zas! Él también cayó sobre el altar al suelo. Incapaz de controlar el impulso de su carrera, se desplomó.
Ja, Uff. Había sido un momento escalofriante. El monstruo casi le atrapa la mano. Había visto cientos de dientes afilados llenando su boca abierta hasta el paladar. La visión era tan repugnante que sintió náuseas.
Parecía una habilidad extracorpórea, pero, maldita sea, era increíblemente difícil de usar.
—...Ah.
La exclamación de Harenir sonó bastante extraña. Su reacción sugería que no se había imaginado que esa era la razón por la que había venido corriendo. Un brillo peculiar apareció en sus ojos mientras miraba alternativamente al monstruo que estaba detrás y a sí mismo a su lado.
Solo ahora pudo ver cómo la línea roja en la mano de Harenir desaparecía lentamente. No era de extrañar que hubiera visto destellos rojos cuando su visión se nubló antes: Harenir había estado pensando en volarle la cabeza. Era injusto, pero su propia situación era más urgente en ese momento.
Ugh, mientras seguía con arcadas, Harenir lo miró con una expresión cada vez más sutil.
—...Bien hecho.
—Uff, no lo hice, ja, para obtener tus elogios.
—...Ya veo.
Cuando rechazó el elogio jadeando, Harenir asintió con una expresión de profundo disgusto. Ja, creyó oír una leve risita.
Tap, Harenir dio un paso adelante y dijo:
—Bueno, gracias a ti, hemos llegado hasta el final...
Harenir, que ya había llegado justo delante del ataúd, extendió la mano. Cuando su mano tocó la empuñadura de la espada.
¡Whoosh!
En un instante, todo el espacio quedó bañado por una luz blanca y pura. Con solo el hecho de que Harenir empuñara la espada, la luz estalló hacia fuera, extendiéndose por todos los rincones de la sala principal. Era como si la espada temblara de alegría y de satisfacción al encontrarse por fin en manos de su legítimo dueño. Los labios de Harenir esbozaron una leve sonrisa.
Cuando blandió la espada con ligereza, todos los monstruos que entraban en la sala principal se quedaron paralizados. Fue un momento verdaderamente impactante.
—Ah...
Observó el lugar aturdido. Los monstruos, incapaces de realizar más movimientos malvados ante la luz sublime, se detuvieron y luego... simplemente cayeron al suelo con un crujido. Fue una escena que se desarrolló en un instante, como el amanecer disipando toda la oscuridad del mundo. Violentamente sagrada.
¿Cómo describir el impacto de aquel momento? Le produjo incluso la lejana sensación de presenciar una manifestación divina. Nunca había creído en la religión, sin embargo, experimentó tal sentimiento. Era digno de ser inmortalizado en la mitología. Con frases como: “Cuando el héroe alzó su espada, la luz iluminó el mundo entero y todo mal desapareció”.
Sólo ahora pudo volver a ver la situación dentro del salón principal. Había pensado que Harenir caminaba directamente hacia adelante, confiando en sus dos caballeros, pero parecía que Kalterik y Mela habían confiado en él.
Que en el momento en que Harenir empuñara la espada, todo quedaría resuelto.
—Vámonos ya. Ha habido bastante ruido.
Tras encontrar la espada sagrada, la clave ahora era abandonar rápidamente el salón principal. Además, con la fuerte señal de alarma que resonaba al romperse la barrera por el ataque de los monstruos, la velocidad era aún más crucial.
Pero el problema era...
—Uf...
Sencillamente no podía caminar. Como reacción a la pausa momentánea provocada por la conmoción de la escena anterior, sintió aún más náuseas. Le daba vueltas la cabeza. Este síntoma no podía explicarse simplemente por el asco que le producía la boca del monstruo.
¿Podría ser un efecto secundario de la habilidad? La sensación de que algo más poseía su cuerpo era escalofriante. Era una situación absurda. Estrictamente hablando, “él” era el alma que poseía el cuerpo de Isaph.
Miau— El gato maulló suavemente a su lado. Por muy tierno que fuera su maullido, no volvería a usar esa habilidad.
—¡Maldito seas, deja de exagerar y muévete rápido!
Kalterik le espetó con irritación. Mientras él se tambaleaba y tenía arcadas, sin apenas intentar seguirle, Kalterik dio una patada amenazante justo a su lado, pero, inesperadamente, fue Harenir quien lo detuvo.
—Yo me encargaré de él.
—¡¿Qué?!
—...Después de todo, nos ayudó hace un momento.
Harenir lo agarró por la espalda. Pensando que tal vez era una disculpa por casi haberle volado la cabeza por un malentendido, se relajó. Pensó que Harenir podría cargarlo al hombro, meterlo bajo el brazo o quizás llevarlo colgando como una cesta de la compra, pero...
—¿...?
Se encontró alzado en los brazos de Harenir. ¿Acaso no se llamaba "carga de princesa"? Ver el rostro de Harenir tan cerca lo incomodaba, y, paradójicamente, el hecho de que esa posición le resultara cómoda lo inquietaba profundamente.
—¿Por qué, por qué así...?
—Si cargara a una persona con arcadas boca abajo, vomitaría, ¿verdad?
Ante la respuesta tan directa, se quedó sin palabras. Le desconcertó, pero esta vez no se sintió indignado. Al contrario, el hecho de que Harenir diera una respuesta razonable lo tranquilizó, dándole la excusa de que no había nada que hacer.
Podía sentir la mirada furiosa de Kalterik, pero no tenía fuerzas para fijarse en lo que ocurría fuera. En cambio, impulsado por el deseo de provocarlo, se relajó por completo y se tumbó cómodamente, apoyándose en Harenir. Parecíaría que estaba usando al héroe simplemente como medio de transporte.
Como era de esperar, Kalterik gritó: ¡Tú...!, pero Harenir solo dudó un momento. Mientras Harenir lo miraba con una expresión muy extraña, cerró los ojos descaradamente. «Estoy cansado, así que muévete solo... cama.»
...No lo arrojaría, ¿verdad? Se puso tenso tardíamente, pero Harenir solo dejó escapar un pequeño suspiro y continuó moviéndose.
Parecía que habían salido bastante tranquilos, pero pronto surgió un problema.
—¡Hay un alboroto en el salón principal...!
—¡Ahí es donde está guardado “Piarus”!
Justo cuando estaban a punto de salir del edificio, se oyeron varios gritos muy cerca. Parecía que no eran solo una o dos personas, sino decenas. Con la alarma sonando tan fuerte, no era de extrañar que la gente hubiera acudido a investigar.
Con prisa, todos se escondieron entre los arbustos. Era una espesura lo suficientemente grande como para ocultarse agachándose. El vasto bosque que habían usado para ir de la prisión al templo aún quedaba lejos. Este lugar estaba prácticamente en medio del recinto del templo.
También logró recobrar la compostura y zafarse de los brazos de Harenir. Había demasiados caballeros. Además, desde el momento en que comenzaron a buscar lo que llamaban “Piarus”, probablemente la espada sagrada, el desenlace era previsible.
Los caballeros se horrorizaron al encontrar el interior del salón principal devastado por el ataque del monstruo, y luego jadearon de consternación al descubrir el ataúd vacío. Los sacerdotes cayeron de rodillas, lamentándose: Oh, Solnium…
—¡Encuentra la espada sagrada!
—No podían haber ido muy lejos. ¡Muévanse rápido!
Se oyeron órdenes atronadoras, diciendo que tenían que encontrarlo rápidamente, ya que la señal de alarma no había sonado hacía mucho. Como no estaban muy lejos, miró con ansiedad en esa dirección y preguntó
—¿Debería invocar a algunos muertos vivientes para desviar su atención...?
—¿Piensas anunciar que hay un preso fugado aquí?
Harenir frunció el ceño como si la situación se hubiera vuelto problemática. A medida que el número de buscadores seguía aumentando, Kalterik dijo gravemente:
—¡Saldré! Distraeré su atención y, en ese momento, podrás escapar...
—No puedes mentir.
—Mela...
Pero Mela lo interrumpió con firmeza. Lo examinó con fríos ojos azul marino y negó con la cabeza. Su mirada parecía indicar que era obvio que lo atraparían en el momento en que diera un paso al frente para hablar.

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El Ataúd del Héroe (Novela) Capítulo 6
Estás leyendo el capítulo 6 de El Ataúd del Héroe (Novela), un novela. —Hora de comer, prisionero número 444. Me encontré transmigrando al cuerpo de un prisionero. Un prisionero en el corredor de la muerte, cuya ejecución está programada para mañana. Sin embargo, antes de que pudiera… Este capítulo tiene publicado el 11 de septiembre de 2026, Traducido por el grupo ACS. El Ataúd del Héroe (Novela) tiene 101 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.