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Leer El Ataúd del Héroe (Novela) Capítulo 58 online gratis en español

🏴 Grupo: ACS✍️ Traducción: ACS
Ese amanecer Harenir von Luchete siempre tuvo el mismo sueño. Era un sueño que lo había perseguido durante mucho tiempo. Lo tuvo el día que ingresó en la Orden de los Caballeros Sagrados, el día en que se conectó con la espada sagrada Piarus y fue designado como el próximo Comandante de los Caballeros Sagrados, y el día en que recibió la bendición de Dios en su ceremonia de mayoría de edad y fue proclamado héroe del imperio. Aunque no solía soñar, siempre que lo hacía, veía “aquel momento”. Había pasado tanto tiempo que lo supo en cuanto vio la primera escena. Pero incluso cuando lo reconoció, nada cambió en el sueño. Harenir solo pudo observar. “Haren, no te preocupes. Solo confía en tu padre y sígueme.” La escena del bosque, antaño verde, se desvanecía gradualmente en blanco y negro; la espalda de "él" le agarraba la mano con fuerza y lo guiaba. Era una imagen inquietantemente familiar. Harenir era hijo de la Comandante de los Caballeros Sagrados Evelyn y del Vicecomandante Hileon. Su infancia, nacida en la era de paz que siguió al fin de la guerra entre humanos y demonios, fue muy tranquila. Su madre, que había ascendido a Comandante de Caballeros Sagrados gracias a su excelente manejo de la espada y su puro poder sagrado, y su padre, que había ascendido a Vicecomandante tras recibir la guía personal del Comandante a pesar de ser un caballero común, dieron como resultado un niño con un inmenso poder sagrado y una asombrosa capacidad de recuperación, recibiendo bendiciones de todos. Hasta los ocho años, el niño vivió feliz. Siempre estaba con su familia y, demostrando talento para la esgrima, soñaba con convertirse en un caballero sagrado como sus padres. Así que, cuando exclamó que quería ser un gran comandante como su madre, ella le dijo en broma: “Tendrás que estudiar mucho de ahora en adelante”, y su padre simplemente sonrió y le acarició la cabeza. Fue una época de pura alegría y felicidad. Por eso, la repentina catástrofe tuvo un impacto aún mayor. Cuando aparecieron los Dium, el mundo entero ardió y se convirtió en ruinas. La Orden de los Caballeros Sagrados se movilizó con ahínco para detenerlos, y el olor a sangre que emanaba del regreso de sus padres se hizo cada vez más intenso. Pero su madre siempre decía que todo estaba bien. Solo le decía al pequeño que no se preocupara, que los caballeros sagrados se encargarían de todos los monstruos malvados, así que no debía tener miedo. Cuando partía a la batalla, extendía su dedo meñique y le imponía tareas extrañas. “Hoy tienes que jugar con Noi y construir una casa de madera. ¡Lo comprobaré cuando vuelva!” Sonaba bastante absurdo que le dijeran que jugara mientras todo el continente se ponía negro y se descomponía. El niño era inteligente y había notado todos los acontecimientos ominosos de la guerra: la atmósfera agitada en el templo, la moral cada vez más baja de la Orden de los Caballeros Sagrados y el hecho de que el frente retrocedía sin cesar. Pero el niño sonrió y entrelazó su dedo meñique con el de su madre. Al comprender que actuar con inocencia era por el bien de sus padres, asintió con una sonrisa radiante. Por otro lado, también pensó con optimismo que si seguía sus consejos al pie de la letra, sus padres podrían resolverlo todo algún día. Ese día, la Orden de los Caballeros Sagrados se propuso eliminar a los Dium. Al enterarse de que los Dium habían aparecido en una aldea a las afueras de la ciudad santa, la Comandante de los Caballeros Sagrados sacó a sus subordinados temprano por la mañana. Pero el Vicecomandante descansó, diciendo que no se sentía bien, aunque ahora caminaba perfectamente bien frente a Harenir. Le apretaba la mano con tanta fuerza que casi le dolía. “Padre, me duele la mano…” “Camina derecho.” El niño no entendía a su padre en absoluto. ¿Por qué se adentraban cada vez más en la Zona de Invasión? ¿Por qué lo sujetaba y lo guiaba con más brusquedad incluso cuando decía que le dolía, como si temiera que pudiera escaparse...? Y finalmente, frente al Dium con el que se encontraron, se arrodilló e hizo una reverencia. “Ofrezco a este niño en sacrificio. Posee un gran poder sagrado, por lo que quedarás satisfecho.” \[Oh, verdaderamente un alma poderosa.\] “Sí. Así que, por favor, cómanse a este niño con gusto y acéptenme como ciudadano del nuevo mundo.” Harenir no podía entender nada. ¿Fue porque solo había interpretado las ojeras cada vez más oscuras de su padre como cansancio, o porque había ignorado el “nuevo mundo” del que a veces murmuraba? La mente del niño estaba llena de preguntas, y permaneció aturdido incluso cuando el Dium lo agarró. El Dium era tan enorme que su mano podía envolver por completo todo su cuerpo. «Cinco cuernos. Así que este es Dedium, el dios de aquellos llamados catástrofe...» “¡No, Haren!” Aprendió entonces que, ante un impacto demasiado fuerte, uno queda paralizado. Así que solo pudo observar impasible cómo su madre acudía a salvarlo. Vio a su padre apuntándole con una espada y, finalmente, a su madre acabando con la vida de su padre. Posteriormente, la Comandante de los Caballeros Sagrados Evelyn tomó esa decisión para impedir que Dedium atacara al niño. Decidió derramar todo su poder sagrado e incluso ofrecer su alma para sellar la catástrofe. Todo ese momento quedó plasmado en los ojos de Harenir. Su madre, con sus ojos azules que siempre habían brillado con tanta claridad, ahora llenos de lágrimas, mirándolo por última vez, y luego encarando directamente a Dedium, mientras su espalda se desvanecía lentamente, todo. Aun sabiendo que era inútil porque era un sueño, en ese momento Harenir siempre extendía la mano hacia ese lugar. Extendía la mano como si quisiera ser transportado de vuelta a ese tiempo y abrazarla. Estiró el brazo desesperadamente, pero... Inevitablemente, esa situación se desarrolló. Lo más terrible de esta pesadilla era que la escena se repetía sin cesar. Aun sabiendo que era un sueño, no podía escapar y solo le quedaba observar aquel momento. Con la mano extendida de forma ridícula, sentía una asfixiante impotencia hacia la espalda, algo que jamás podría alcanzar en su vida. La mano que le tendió en el sueño comenzó siendo la manita de un niño y poco a poco fue cambiando. Se convirtió en una mano callosa por sostener una espada, luego en una mano cubierta de heridas. Entonces, aunque era un sueño, inconscientemente intentó que esa mano pareciera sana. Fue ese día cuando Harenir descubrió que su capacidad de recuperación tenía límites. Hasta entonces, desconocía esta verdad porque nunca había sufrido heridas tan graves, pero incluso después de ese día, no se lo contó a nadie. De esa forma, todos pensarían en su madre, no en su padre, al mirarlo. Deseando dejar solo el nombre del ser noble hasta el final, y no el del terrible traidor que se alió con los Dium, Harenir se esforzó por ser el Comandante de los Caballeros Sagrados más perfecto. Pero, extrañamente, en el sueño de hoy, su disfraz se deshacía una y otra vez. La maldición del Dium aparecía repetidamente en su mano, provocándole una terrible ansiedad. Cuanto más intentaba recuperar su apariencia normal, más miserable se veía. Incluso sentía todo el cuerpo oprimido, como si Dium lo hubiera agarrado aquel día... Tap, su hombro se sacudió. —Detente... Los ojos de Harenir se abrieron de golpe mientras agarraba la mano de la otra persona. Alguien lo había tocado. Fue impactante. No se había percatado en absoluto de que alguien había entrado en ese lugar, y mucho menos de que se le había acercado. Esto jamás podría haber ocurrido de forma normal. Inmediatamente levantó la guardia y miró fijamente a la otra persona, pero entonces. —Por favor, durmamos... Al ver a Isaph allí de pie con el rostro extremadamente cansado, sintió una perplejidad que iba más allá de la conmoción. Solo Isaph tenía ese cabello negro como la noche que parecía contener solo oscuridad, largo como una cortina que ocultaba su rostro, y esos ojos violetas con una energía inquietante que se arremolinaba débilmente en su pálido rostro desprovisto de color sangre. Un ser con una vitalidad tan tenue que uno podría dudar de si estaba vivo. Pero ahora las ojeras de Isaph estaban aún más oscuras que la última vez que lo había visto, y su agotamiento era aún más intenso. Quizás la razón por la que no se había despertado de inmediato era el cansancio provocado por la maldición, pero Isaph, que había aparecido de repente, parecía mucho más fatigado que él. Harenir lo miró con curiosidad... y pronto logró deducir cierta verdad de sus palabras anteriores. Mientras su rostro se tensaba fríamente, Isaph dejó escapar un profundo suspiro. —Cuando tienes pesadillas, para mí también es difícil... —¿Tú también puedes ver mis sueños? —No, no puedo verlos. Sigo sintiendo que me arrastran a la fuerza, ja... Como si llevar un collar no fuera suficiente, tener que pasar también por esto... Isaph refunfuñó irritado mientras se tocaba el cuello. —A partir de ahora, presta atención a tu sueño. Intenta no tener pesadillas si es posible, tómate un buen té, cuelga algo junto a tu cama o abraza una muñeca mientras duermes... Harenir parpadeó ante aquellas palabras desconcertantes que lo dejaron exhausto. Debería desconfiar de alguien que lo visitara en la oscuridad del amanecer, y aún más si se trataba de "ese" Isaph... pero parecía tan genuinamente cansado que no despertó sospechas. Aun así, miró a su alrededor con disimulo, pero no vio nada sospechoso. Isaph simplemente había venido a despertarlo. Le resultaba extraño que alguien lo despertara de una pesadilla por primera vez. Harenir miró a Isaph con los ojos aturdidos y entonces se dio cuenta de que aún le sostenía la mano. Una mano pálida con venas azules visibles, dedos delgados. Aunque había observado cómo esa pequeña mano emanaba una energía ominosa, una impresión verdaderamente inesperada lo asaltó de repente. —...Tu mano está caliente. —Por supuesto que sí. No soy un cadáver ni un espíritu maligno. —Veo... —¿Por qué te muestras tan sorprendido? Pareces estar medio dormido, ¿por qué no sueltas mi mano?
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El Ataúd del Héroe (Novela) Capítulo 58

Estás leyendo el capítulo 58 de El Ataúd del Héroe (Novela), un novela. —Hora de comer, prisionero número 444. Me encontré transmigrando al cuerpo de un prisionero. Un prisionero en el corredor de la muerte, cuya ejecución está programada para mañana. Sin embargo, antes de que pudiera… Este capítulo tiene publicado el 24 de septiembre de 2026, Traducido por el grupo ACS. El Ataúd del Héroe (Novela) tiene 101 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.