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Leer Conviviendo con la villana (Novela) Capítulo 9 online gratis en español

La mansión donde se alojaban Arielle y Luke no era la residencia principal de los Lioren. Aunque su tamaño y elegancia eran más que suficientes para dejar clara la posición de la familia, aquella propiedad cumplía una función distinta dentro de sus extensos terrenos: estaba destinada a estancias prolongadas de familiares, invitados importantes y cualquier miembro de la familia que necesitara permanecer allí durante un tiempo sin tener que instalarse en la residencia principal. Esta última se encontraba bastante más alejada, en otra zona de la propiedad, separada por una extensión considerable de jardines y terrenos privados. No era un lugar al que pudiera llegarse simplemente caminando durante unos minutos, algo que los condes habían tenido en cuenta al decidir dónde alojar a Arielle y Luke. Después de todo querían que ambos tuvieran suficiente espacio para que aquel compromiso pudiera desarrollarse con cierta libertad, sin convertir cada encuentro en una situación vigilada por sus padres. Por la misma razón, aunque los condes visitaban la mansión con frecuencia para saludar y asegurarse de que todo marchara bien, rara vez permanecían demasiado tiempo. Su presencia era suficiente para dejar claro que seguían atentos a lo que ocurría, pero sin llegar a interferir en la convivencia que esperaban que surgiera entre los dos jóvenes. La habitación de Arielle ocupaba una de las esquinas del segundo piso, situado además a una altura considerablemente mayor de lo habitual para una mansión de ese tamaño. Todo el compromiso había sido decidido con tanta rapidez y tan poco respeto por su opinión que, cuando llegó el momento de escoger dónde instalarse, apenas prestó atención a la pregunta; estaba demasiado ocupada discutiendo con sus padres la decisión del compromiso como para darle importancia a un detalle tan absurdo como ese. Ahora empezaba a arrepentirse. De haber sabido que la habitación de al lado terminaría siendo la de su prometido, habría discutido esa particularidad con el mismo empeño. A diferencia de la mayoría de habitaciones nobles, apenas había adornos innecesarios. Las paredes estaban decoradas con tonos claros y discretos, una estantería repleta de libros ocupaba casi todo un lateral y, junto a la ventana que daba al jardín, descansaba una pequeña mesa donde varios tratados de magia permanecían abiertos sobre páginas distintas, como si alguien los hubiera consultado una y otra vez durante los últimos días. Solo había un lugar que rompía aquella sensación de orden. Los cajones del armario permanecían abiertos y parte de su contenido descansaba sobre la cama y una silla cercana, como si hubiera estado buscando una prenda concreta sin terminar de convencerse con ninguna. Sentada sobre el borde del colchón, Arielle dirigió otra mirada al reloj apoyado sobre la mesa de noche. El mediodía acababa de quedar atrás. Después de aquella conversación a duras penas habían tenido tiempo de regresar para tomar el almuerzo. Luke le había dicho que estuviera lista en una hora, pero aquella hora nunca llegó a existir realmente. Antes siquiera de volver a sus habitaciones ya los habían llamado a comer, reduciendo todavía más el escaso tiempo que tenía para prepararse. ¿Acaso no entendía que las personas necesitaban tiempo para alistarse? Más aún cuando ella ni siquiera había tenido pensado salir de la mansión esa tarde. Y, por si aquello no fuera suficiente, todavía estaba la petición más absurda de todas. "Ponte la ropa más barata que tengas." ¿Cómo se suponía que iba a saber cuál era? Ella jamás había comprado un vestido en su vida. Nunca había preguntado cuánto costaba uno ni tenía el menor interés en hacerlo. Simplemente utilizaba la ropa que preparaban para ella. Pedirle semejante cosa era una ocurrencia tan ridícula que solo podía venir de alguien que hablaba antes de pensar. Cuanto más repasaba aquella conversación, más convencida estaba de que había aceptado demasiado deprisa. Se dejó caer de espaldas sobre el colchón, lamentando su propio error. \ Ahora que lo pensaba con calma, todo aquello era bastante más engorroso de lo que había imaginado. Su mirada volvió una vez más al reloj. La aguja acababa de marcar la hora prometida. Aun así, la puerta seguía inmóvil frente a ella. Permaneció sentada mirando fijamente la entrada, esperando escuchar los golpes que anunciarían el inicio de aquella absurda operación. ... Pero no ocurría absolutamente nada. Los segundos siguieron acumulándose con la puerta aún inmóvil y el fastidio empezó a abrirse paso lentamente. \ Justo cuando aquella molestia comenzaba a transformarse en auténtico enojo... ¡TLUCK! Un golpe seco resonó dentro de la habitación. Sin embargo, no provenía del acceso al cuarto. Confundida, Arielle se levantó y giró la cabeza hacia el balcón. Y entonces lo vio. O mejor dicho... Vio una gran manta rodeada de varias cuerdas y algunas bolsas desparramadas sobre el suelo, con dos piernas sobresaliendo por debajo. Solo unos segundos después, aquella montaña improvisada empezó a moverse hasta dejar al descubierto a Luke, que todavía intentaba recuperar el equilibrio tras una caída bastante absurda. Sin duda era una escena ridícula. Sin embargo, Arielle no encontró el menor motivo para sonreír; al contrario, sintió cómo la poca esperanza que todavía conservaba respecto a aquel plan acababa de desplomarse junto con Luke. —¿Se puede saber qué está haciendo? Su tono era cordialmente frío, como si quisiera desvincularse de cualquier relación que pudiera haber tenido con él. Pero Luke únicamente levantó un dedo desde el suelo, sin levantar la cabeza que seguía enterrada bajo las cosas que trajo consigo. —Shhh... Ni siquiera estaba segura de si aquello era una petición de silencio o simplemente un reflejo producto del golpe. Finalmente consiguió ponerse de pie, sacudiéndose el polvo con toda la naturalidad del mundo, como si acabar de caerse desde un balcón fuera parte del procedimiento habitual. Vestía una camisa de lino sencilla, unos pantalones oscuros algo gastados y una chaqueta corta de tela gruesa, prendas mucho más propias de un joven comerciante o un aprendiz que del hijo del duque. —Habla más bajo. ¿No ves que esto es una operación sec– Esta vez fue su turno de sorprenderse al detener su mirada sobre Arielle. —...¿Pero qué demonios? —La señaló sin ninguna clase de pudor con la mano que tenía libre. —¿¡Por qué estás vestida de sirvienta!? Así era. Arielle vestía un sencillo uniforme de sirvienta. El vestido negro llegaba hasta poco antes de las rodillas y estaba cubierto por un delantal blanco cuidadosamente planchado. El cuello y los puños lucían discretos volantes, mientras una pequeña cinta blanca recogía parte de su largo cabello celeste detrás de la cabeza. Incluso con aquella ropa tan sencilla, seguía conservando un aire refinado difícil de ocultar. ¿Pero qué otra cosa se suponía que debía hacer? La única instrucción que Luke le había dado era que buscara la ropa más barata que tuviera. Después de revisar prácticamente todo el armario, aquello había sido lo único que, al menos para ella, cumplía con esa condición. Respiró hondo para evitar responderle con un insulto, tenía que dejar de perder la compostura enfrente suyo solo por estupideces como esa. Siguiendo con la entonación formal que llevaba, respondió: —¿A qué se refiere con "por qué"? Fue usted quien me pidió que me pusiera la ropa más barata que encontrara. —¡Pero obviamente me refería a dentro de lo razonable! Luke se llevó la palma de las manos a los ojos y empezó a masajearlos como si hubieran acumulado todo el estrés de una vida en ese mismo instante. —¿Cómo demonios llegaste a la conclusión de que un uniforme de sirvienta era la mejor opción? Y, espera... ¿por qué siquiera tienes algo así en tu armario? No, olvídalo. No quiero saberlo. No pienso empezar a juzgar los gustos de cada uno. —¡¿Qué?! El rostro de Arielle adquirió un ligero tono rojizo que no pudo ocultar. \ Tenía unas ganas increíbles de arrojarlo ya mismo de donde había venido, enserio, ¿Cómo se podía ser tan descortés? No, no iba a darle el gusto de verla perder la compostura por semejante estupidez. Todavía podía mantener la calma. —Estás completamente equivocado. Su voz continuaba siendo fría. —Ese uniforme pertenecía a Belle cuando era más joven. Simplemente decidí conservarlo en su momento porque era distinto a todo lo que tenía. Pensó que, aclarado el malentendido, incluso alguien como él sería capaz de entender la situación y dejar el tema de una vez. Y de hecho, Luke asintió como si lo entendiera. —Claro, claro. La miró con una expresión tan comprensiva que resultaba casi ofensiva. —No se preocupe, señorita. Soy todo un caballero. Jamás cuestionaría las aficiones personales de una dama. —¡TE DIGO QUE NO ES ASÍ! La paciencia de Arielle terminó exactamente en ese instante. Su voz terminó escapando mucho más alta de lo previsto. A esas alturas, seguir intentando responder con la calma refinada empezaba a parecerle una pérdida de tiempo. Después de todo estaba convencida de que aquel hombre poseía un talento especial para sacarla de quicio. No importaba hacia dónde intentara llevar la conversación. De alguna manera, siempre terminaba completamente fuera de control. Apretó los puños con fuerza antes de cambiar de tema por la fuerza. —¡Olvídate de eso! ¡¿Cómo se te ocurre entrar en mi habitación sin avisar?! ¡Y encima por el balcón! ¿Acaso era lo bastante descolocado como para no tener conciencia del espacio personal? No. Estaba pensando por el camino equivocado: él era sin duda alguna un pervertido total. Debía informar de esto a sus padres en ese mismo instante. La confusión terminó reflejándose con total claridad en el rostro del joven. —¿Cómo que sin avisar? Si te dije que vendría dentro de una hora. Se cruzó de brazos. —Además... si sabías que iba a venir y aun así seguías haciendo algo comprometedor... Se quedó pensándolo un segundo. —¿No te convertiría eso a ti en la pervertida? Como si hubiera al fin descubierto su plan, se abrazó a sí mismo de golpe, retrocediendo un paso con una expresión dramática. —¿¡N-No me digas que acabo de meterme en la boca del lobo!? Levantó ambas manos. —¡Auxilio! ¡Saquen a este pobre e inocente noble de aquí! —¡¡Ahhh, cállate de una vez!! Arielle ya ni siquiera intentaba conservar la compostura. —¡¿No eras tú el que hace un momento me pedía que hablara en voz baja?! Solo entonces pareció darse cuenta del problema y su expresión pasó de la indignación al desconcierto. ... —...Ah, tienes razón, a este paso nos descubrirán antes de salir. Y siendo sincero... esta situación tampoco me favorece demasiado. Arielle resopló. —Solo para que lo sepas, si alguien nos encuentra aquí voy a decir que intentabas asaltarme. —¡¿Q-Qué?! ¡Eso es falso testimonio! —Entonces deja las estupideces y termina de una vez con lo que sea que hayas venido a hacer. Lo instó a dejar de lado los temas innecesarios, aunque en realidad una duda muy distinta seguía rondándole la cabeza. Aun dejando de lado todo lo demás... ¿Cómo había llegado hasta su balcón? Las habitaciones eran contiguas, sí, pero entre ambos balcones había más de diez metros de separación. No existía forma de que una persona normal cruzara aquella distancia por su cuenta. \ No en el buen sentido, eso era. Ajeno por completo a aquella conclusión, Luke dejó el asunto atrás con la misma facilidad con la que había llegado. Se arrodilló junto al equipaje que había arrastrado consigo y comenzó a rebuscar en su interior, hasta que, tras remover varias capas de tela, encontró por fin lo que buscaba. —Toma. Voy a ignorar por el bien de la operación el pequeño detalle de que hayas decidido presentarte con un uniforme de sirvienta, y como propina, tampoco voy a preguntar por que diablos te pusiste hasta los accesorios y todo. Sin más explicación, le lanzó un bulto de tela. —Definitivamente tendremos que comprarte algo cuando lleguemos a la ciudad, pero por ahora ponte esto. Arielle lo atrapó antes de que cayera al suelo. Estaba preparada para volver a recriminarle que le arrojara cosas sin previo aviso, pero la tela llamó inmediatamente su atención. No era un simple trapo. Era una capa larga de color marrón, con los bordes desgastados y algunos remiendos visibles. A primera vista parecía vieja y bastante maltratada; sin embargo, al sostenerla entre los dedos descubrió que el tejido era sorprendentemente resistente. Aquellos desperfectos parecían hechos a propósito. La curiosidad terminó imponiéndose. —¿Y esto para qué es? La pregunta pareció satisfacer a Luke, que respondió con una sonrisa. —Para que no nos reconozcan, por supuesto. Ya es bastante raro que dos nobles anden solos por la ciudad. Si encima vamos vestidos como nobles, atraeremos todas las miradas. Para empezar, con mi deslumbrante belleza bastaría para que toda la ciu... —Sí, sí. Lo que sea. La curiosidad de Arielle desapareció casi tan rápido como había llegado. Luke hizo un leve gesto de fastidio, pero continuó como si aquella interrupción no hubiera existido. —Lo importante es que no te la quites bajo ninguna circunstancia. Y otra cosa... Su dedo terminó apuntando directamente hacia ella. —También tendrás que quitarte todos esos adornos. Especialmente los que tienes en la cabeza. Arielle volteó la vista al espejo de la habitación por un instante. A pesar de haberse cambiado de ropa, seguía llevando el pasador de plata adornado con pequeñas gemas azuladas que sujetaba parte de su cabello, además de una fina cadena alrededor del cuello, dos pulseras y varios anillos que llevaba consigo cada vez que salía fuera de la mansión. Tras aquella solicitud, respondió sin la menor vacilación. —Me niego. Madre me dijo que debería llevarlos para destacar cuando saliera afuera. —No es una petición —replicó Luke sin ceder un solo paso. —Incluso con la capa encima, cualquiera se dará cuenta de que eres noble si vas cargando todas esas joyas. Es pedir que nos metamos en problemas. —Ya estoy usando este ridículo uniforme por tu culpa. Su mirada volvió a endurecerse mientras negaba con firmeza. —No pienso quitarme también mis propias cosas. —Será solo por unas horas. — Se pasó una mano por el cabello, impaciente —Vamos, no tenemos tiempo para discutir esto. ¿O prefieres que me vaya y te deje aquí? La respuesta llegó casi al instante. —Si haces eso, les diré a mis padres que eres una escoria. —¡¿E-Ehh?! ¡Eso es trampa! —Luke la señaló con el dedo—. ¡Estás jugando sucio! ¡Yo solo estaba haciendo una simple amenaza de caballero, y tú me respondes con extorsión! Ella ignoró su payasada, Su voz seguía fría, pero el modo en que apretaba los labios delataba que se estaba conteniendo. —Para empezar, ¿no se suponía que eras un noble ejemplar? Toda la semana llevas comportándote con los sirvientes como si fueras el amo perfecto, y en cambio aquí estás actuando como el rey de la mansión. Aquello tomó a Luke completamente desprevenido. —¿Q-Qué? Luke no esperaba que le recriminara precisamente su comportamiento dentro de la mansión. La acusación lo tomó tan de imprevisto que, durante un instante, ni siquiera encontró cómo responder. Sin embargo, la sorpresa apenas duró un momento antes de transformarse en una ligera molestia. —¿Y qué hay de ti? —replicó casi sin pensar—. No sabía que la señorita Arielle me hubiera estado prestando tanta atención durante toda esta semana si se supone que ni siquiera quería dirigirme una sola palabra. Apenas terminó de decirlo, la idea terminó de tomar forma por sí sola. —¡Y deja de actuar como si yo fuera el único que se ha comportado diferente! A duras penas conocía tu voz hace unos días y ahora no has parado de discutir conmigo. Pareces un loro. ¿Qué pasó con la lady "no me molesten" de hielo? —¿Q-Qué? ¡Cállate! ¿Qué se supone que significa eso? Esta vez fue Arielle quien quedó completamente desprevenida. El calor le subió a las mejillas antes siquiera de entender por qué. Sin darse cuenta, olvidó por completo la compostura que tanto había intentado conservar y descargó una rápida sucesión de puñetazos contra él, más movida por la vergüenza que por una verdadera intención de hacerle daño. —¡H-Hey! ¡E-Espera...! Luke todavía sujetaba las cosas que había llevado consigo. Instintivamente levantó ambas manos para evitar que todo terminara desparramado por el suelo. Fue un grave error. Al proteger las cosas, dejó completamente descubierto su abdomen. —¡GUH! Uno de los puños impactó de lleno. Todo lo que llevaba terminó cayendo al suelo mientras él retrocedía un paso, doblándose ligeramente y llevándose ambas manos al estómago en busca de aire. —Ghh... ¡¿E-Estás loca?! —protestó entre jadeos—. ¡Primero te burlas de mí y ahora intentas destrozar mi cuerpo y mis cosas que valen una fortuna! ¡Voy a denunciarte ante la corte por intento de homicidio y daños a la propiedad privada! —¡Hmph! Arielle apartó la mirada con un resoplido. —Es tu culpa por empezar a decir cosas extrañas. —¡Pero si fuiste tú la que...! Las palabras murieron a mitad de camino. Abrió la boca para seguir protestando, pero terminó desviando la vista hacia la ventana. El carruaje no tardaría en abandonar la mansión. —...Haaah. —Se frotó la frente con una mano. —¿Sabes qué? Olvídalo. Ya no tenemos tiempo para seguir discutiendo. Se agachó para recoger todo lo que había dejado caer. —Solo quítate los accesorios por un rato. No debería ser tan difícil, ¿verdad? Si tanto te preocupan, incluso podemos comprar otros cuando estemos en la ciudad. No hacía falta mencionar que pensaba reponerlos en los puestos del mercado y no en una joyería noble. ... Aún así, el cambio de actitud fue tan repentino que Arielle permaneció varios segundos observándolo en silencio. Él tampoco dijo nada. No tenía idea de qué estaría pensando, pero, por una vez, decidió no interrumpirla. Finalmente... —...Está bien. Comenzó a quitarse lentamente los anillos. —El pasador, sin embargo, se queda. Me siento extraña sin él y no pienso discutir ese punto. Todo lo demás puede esperar hasta que volvamos. Un suspiro de alivio escapó de sus labios. —Muchas gracias, mademoiselle. Recogió por fin todas las cosas que había desparramadas por el suelo. —Ahora sí. Como ya no estamos peleando, voy a explicarte el plan. \ Pensó Arielle sin ser demasiado consciente de que buena parte de aquella discusión también había sido culpa suya. —La idea es bastante sencilla. Vamos a escondernos dentro del carruaje de provisiones antes de que salga de la mansión. Pedí una cantidad ridícula de mercancías, algunas incluso bastante extrañas, así que el encargado tardará mucho más de lo normal haciendo las compras. Mientras él está ocupado en el mercado, nosotros salimos, damos una vuelta por la ciudad, compro unas cuantas cosas que necesito y regresamos al carruaje antes de que vuelva. Arielle lo observó unos segundos antes de preguntar: —...¿Ese es tu supuesto gran plan? Como si hubiera estado esperando exactamente esa pregunta, Luke levantó un dedo con orgullo. —Corrección, este es mi increíble y grandioso plan. Había repetido ambas palabras únicamente porque consideraba importante dejar clara la diferencia. Los hombros de Arielle se hundieron un poco más. Jamás se había sentido tan cerca de arrepentirse de una decisión. —Ajá...—Lo miró con absoluta falta de esperanza. —¿Y en ningún momento se te ocurrió pensar que el carruaje será revisado tanto al salir como al entrar en la mansión? ¿O esa parte también forma parte del increíble y grandioso plan? En lugar de responder de inmediato, Luke infló el pecho con una sonrisa de autosuficiencia, gesto que hizo fruncir ligeramente el ceño a Arielle. \ —Por supuesto. Puede que no lo sepas, pero actualmente me encuentro en proceso de convertirme en un genio de la ingeniería mágica. Mientras hablaba, se agachó para recoger el enorme bulto de telas que había dejado caer hacía apenas unos minutos y lo levantó con ambas manos. —Y precisamente para eso... tenemos esto. Agitó la enorme manta con orgullo. —¡Observa!... ¡Activar! Suush... Una tenue luz recorrió el tejido y desapareció casi al instante. Apenas lo hizo, la superficie comenzó a transformarse. Los colores se mezclaban de forma irregular, pasando del blanco al gris, del rojo al marrón, como si el propio artefacto estuviera buscando la combinación correcta antes de estabilizarse por completo. Solo cuando el cambio terminó, Luke extendió la tela sobre el suelo de la habitación. —¡Ta-dah! Durante un instante, Arielle creyó que la manta simplemente había desaparecido. No. Seguía allí. Lo que ocurría era que el dibujo imitaba el suelo con tanta precisión que, vista desde cierta distancia, costaba distinguir dónde terminaba una cosa y empezaba la otra. Solo cuando fijó la vista durante varios segundos empezaron a hacerse evidentes las pequeñas imperfecciones. Algunas líneas no coincidían del todo y ciertos colores fluctuaban ligeramente, como si al artefacto todavía le costara decidir cuál era el patrón correcto. No era un camuflaje perfecto. Pero seguía siendo extraordinario. Sin darle tiempo a seguir examinándola, Luke volvió a recoger la manta. —Ey, no la mires tanto. Le da vergüenza. Aquella explicación era una completa estupidez. Aun así, Arielle apenas llegó a escucharla. Su atención seguía completamente fija en la tela que acababa de desaparecer frente a sus ojos. Luke, por su parte, acarició el artefacto con un orgullo imposible de ocultar. —No sabes lo asombrosa que es esta belleza —dijo mientras volvía a pasar la mano sobre la tela—. Fue carísima, pero desde que la tengo mis escapadas del ducado son muchísimo más fáciles. \ Solo reunir el dinero ya había sido una odisea. Después vinieron los contactos, las negociaciones y encontrar a la persona adecuada para venderle algo semejante. Había invertido una cantidad absurda de esfuerzo en hacerse con aquel artefacto, pero jamás se había arrepentido de comprarlo. La cantidad de veces que lo había salvado de la monotonía del ducado justificaba con creces el precio. —Espera. —Arielle entrecerró los ojos—. ¿No decías que ibas camino a convertirte en un genio de la ingeniería mágica? —... —Pero acabas de admitir que lo compraste. Luke tardó un instante de más en encontrar una respuesta digna. —¡E-Eso también cuenta como mérito al fin y al cabo reconocer buen una buena reliquia tambien requiere un ojo entrenado!. —...Patético. Arielle ni siquiera se molestó en desarrollarlo más. Simplemente volvió a dirigir la mirada hacia la manta. Permaneció callada unos segundos hasta que finalmente rompió el silencio. —Aún así... es un buen artefacto. —Realizó un pequeño asentimiento para sí misma.— Parece que no eres un completo inútil después de todo. Luke se quedó procesando su respuesta, sin entender cómo podía convertir un halago en ofensa de aquella forma. —No sé muy bien cómo debería tomarme eso... —Terminó encogiéndose de hombros con un gesto relajado. —Pero voy a asumir que era un cumplido. —Humph. No te emociones solo por contar con algo que, a diferencia de su propietario, realmente sí es útil. Devolvió la frase con la misma sequedad de siempre, aunque esta vez algo del filo parecía haberse gastado. —Entonces usaremos ese artefacto para entrar y salir del carruaje sin que nadie nos descubra. —Exactamente. La satisfacción regresó inmediatamente a su expresión. —¿Ves? Al final mi increíble y grandioso plan tampoco estaba tan mal. —Vamos de una vez —concluyó Arielle, cortando cualquier conversación banal antes de que se formara. Apenas dio un paso hacia la puerta cuando unos dedos sujetaron su muñeca apenas un instante, lo justo para hacerla detenerse. Al girarse, encontró a Luke negando con la cabeza. —Me temo que por ahí no podemos salir. Siempre hay, como mínimo, un sirviente rondando los pasillos. En cuanto nos vean abandonar la habitación, no tardarán demasiado en preguntarse dónde estamos. Frunció ligeramente el ceño al escuchar su plan de acción ser negado. —¿Y entonces por dónde esperas que salgamos? Luke sonrió con una confianza que ya empezaba a resultarle sospechosa. —A menos que tengas una compuerta secreta escondida por aquí, solo tenemos dos salidas. Levantó dos dedos. —La puerta... Los bajó mientras señalaba el balcón con el pulgar. —...o por donde entré. Su mirada siguió aquella dirección casi por reflejo. Se acercó hasta la barandilla y se asomó apenas lo suficiente para observar el pequeño jardin varios metros más abajo. ... Después volvió a mirar a Luke. —No lo pienso hacer. —Lo siento, pero mi plan no contempla más opciones. Mientras hablaba, se agachó para recoger una de las bolsas que había traído consigo. Tras rebuscar unos segundos, sacó una gruesa cuerda perfectamente enrollada. —Iré primero para que veas cómo se hace. En realidad no tiene mucha ciencia: solo tienes que sujetarte bien para no terminar estampada contra la gravilla. Una sola mirada al vacío bastó para reafirmarla. —Definitivamente no lo pienso hacer. Sin embargo, en lugar de responder como había esperado, Luke simplemente asintió. —Entiendo. Aquella respuesta la descolocó más que cualquier discusión. Sin añadir una sola palabra, dejó la bolsa en el suelo y empezó a desenrollar una gruesa cuerda. —...¿Qué estás haciendo? No respondió. Se limitó a pasar la cuerda por encima de la barandilla, tensarla varias veces y comprobar con ambas manos que soportara el peso. —Quiero asegurarme de que siga aguantando. La última vez casi terminé besando el pavimento del ducado. Dio un último tirón y esta vez la cuerda apenas cedió. —Perfecto. —Te estoy diciendo que no pienso bajar por ahí. —Lo sé. La respuesta llegó con la misma calma con la que terminó de asegurar el último nudo. Después volvió a cargar todo el equipo al hombro y apoyó una pierna sobre la barandilla. Solo entonces Arielle comprendió que no pensaba cambiar el plan por ella. —¡...Espera! —Voy primero. Presta atención de cómo se hace. No le dejó tiempo de añadir una palabra más: se impulsó hacia el exterior y la cuerda se tensó de inmediato mientras su cuerpo desaparecía por el borde del balcón. Casi por instinto, Arielle dio dos pasos hacia delante y se asomó. \ Volvió a asomarse por el balcón, pero la altura seguía pareciéndole completamente absurda. Apenas la vio aparecer sobre la barandilla, Luke levantó un brazo ya desde el jardín y le hizo una seña impaciente para que bajara de una vez. \[Ahora tú\] Arielle respondió cruzándose de brazos. \[Ni hablar\] Desde allí, Luke dejó caer los hombros con resignación, pero enseguida volvió a hacerle la misma seña, esta vez con bastante menos paciencia. Como si le importara, pensó Arielle, aquello solo consiguió que entrecerrara los ojos mas bruscamente. \ Ni siquiera había esperado una respuesta. Simplemente había decidido que acabaría siguiéndolo de todos modos. Y lo peor era que, después de haber llegado hasta ese punto, regresar sola a la habitación tampoco parecía una opción especialmente inteligente. \ Resignada, apretó los dientes y se acercó por fin a la barandilla y, tras sujetar la cuerda con ambas manos, se asomó hacia el jardín. Seguía pareciéndole absurdamente alto. Como si temiera que volviera a echarse atrás, Luke insistió una vez más con la mano para que descendiera de una vez. Arielle respondió dedicándole una mirada cargada de evidente fastidio antes de cerrar los ojos un instante. \ \ Con mucha más decisión de la que realmente sentía, pasó una pierna al otro lado de la barandilla y comenzó a bajar, asegurando primero que su propia falda no empezara a revolotear por el viento. Los primeros metros resultaron sorprendentemente sencillos. La cuerda permanecía firme entre sus manos y el descenso era mucho más estable de lo que había imaginado. \ Precisamente por confiarse fue que cometió el error. Al intentar apoyar un pie contra la pared para acomodarse mejor, no encontró ningún punto de apoyo. El cuerpo se le descompensó y, antes de que pudiera reaccionar, la tensión que mantenía sobre la cuerda desapareció por completo. Durante un segundo solo sintió como empezaba a flotar en el aire. —¿Eh? Inadvertidamente, su campo de visión se llenó del techo de la mansión y lo único que fue capaz de hacer en ese lapso fue cerrar los ojos con fuerza preparándose para el golpe que se avecinaba. Sin embargo el impacto nunca llegó a concretarse. Antes de tocar el suelo, unos brazos la sujetaron por debajo y amortiguaron casi toda la caída. La inercia apenas obligó a ambos a retroceder medio paso antes de recuperar el equilibrio. ... Durante un instante ninguno de los dos se movió. Arielle fue la primera en reaccionar. Abriendo los ojos lentamente con una expresión completamente apagada, posteriormente levantó despacio la vista hasta encontrarse con Luke. —...Bájame. —No dijo nada más. Un segundo de espera fue suficiente para entender a qué se refería. —...ahh.— Como si acabara de recordar que seguía sosteniéndola, Luke la soltó inmediatamente y dio un paso hacia atrás apresuradamente, casi resbalándose en el camino. Arielle ignoró esto último y se dispuso a acomodar la capa con aparente tranquilidad antes de incorporarse del todo. La mirada que le dirigió bastó para dejar claro que seguía culpándolo absolutamente de todo lo que acababa de ocurrir. —...Vámonos de una vez. —Espera un segundo. Sin añadir ninguna explicación, volvió a agacharse junto al enorme bulto de telas y comenzó a rebuscar entre las bolsas que había traído consigo. Aquello le dio, por fin, un instante de silencio. Arielle dejó escapar el aire lentamente. Definitivamente había sobrestimado la idea de salir de la mansión. No solo había terminado descendiendo por el balcón como una delincuente, sino que además seguía las instrucciones de un muchacho cuya mayor habilidad parecía consistir en convertir cualquier situación en un desastre distinto al anterior. Y, para colmo... Ni siquiera podía decir que todo hubiera salido mal. Eso era, quizás, lo que más la irritaba. —Toma. La voz de Luke interrumpió sus pensamientos. Cuando levantó la vista, él ya le estaba tendiendo un pequeño frasco de cristal lleno de un líquido rojizo. —Úsala rápido que debemos llegar al carruaje cuanto antes. Ella lo observó sin entender. —¿Para qué? —Tus manos. —se limitó a señalar su propia mano. Solo entonces Arielle bajó su mirada. Las palmas presentaban varias marcas rojizas y pequeñas heridas donde la cuerda había rozado con demasiada fuerza durante el descenso. ... Ni siquiera se había dado cuenta. Volvió a mirar el frasco un tanto insegura de cómo responder. Después su mirada pasó a Luke, sin embargo, él ya estaba cerrando la bolsa otra vez sin darle la más mínima importancia. —Andando. Se echó nuevamente el enorme bulto al hombro y arrancó nuevamente, aunque de forma lenta, seguramente para darle el tiempo de aplicarse la poción. Para alguien que decía ser experto escapándose, aquel tipo de precauciones parecían nada mas que una molestia... a no ser que no lo hubiera traído para él mismo. Miró nuevamente su propia palma, donde la raspadura ya empezaba a desvanecerse velozmente. Con una sensación compleja, finalmente optó por levantar su vista una vez más, intentando decir algo. —G-Gra— pero fue entonces cuando lo notó. Luke, dándole la espalda mientras intentaba continuar con su paso normal, estaba aplicándose su propia poción en las palmas con el mismo gesto rápido y disimulado con el que ella acababa de usar la suya. —Date prisa, apenas eran unos metros de todas formas, y todavía nos queda bastante camino.—incluso tenía el descaro de hacerse el duro. Se formó un puño en su mano, ya sin rastro de la herida, aunque finalmente simplemente se sacudió ligeramente la cabeza y aflojó su agarre. parecía que los idiotas simplemente seguirían siendo idiotas sin importar la situación. Sin intercambiar palabras adicionales, ambos echaron a andar. Unos pasos por delante, Luke giraba la cabeza antes de doblar cada esquina para asegurarse de que el camino siguiera despejado. Solo entonces hacía un pequeño gesto con la mano para indicar que podían continuar. Arielle lo seguía a corta distancia, todavía envuelta por la capa que ocultaba casi por completo su figura. A cada paso sentía lo absurdo de aquella situación, pero ya había llegado demasiado lejos para echarse atrás. La mansión permanecía sorprendentemente tranquila. De vez en cuando algún sirviente cruzaba un pasillo cargando bandejas, ropa o documentos, obligándolos a detenerse unos segundos antes de continuar. Sin embargo, aquella parte del edificio nunca había sido especialmente vigilada. Después de todo, cualquiera que quisiera entrar o salir de la propiedad no lo haría atravesando los dormitorios. La mayor parte de la seguridad se concentraba alrededor de las entradas principales, los establos y el portón exterior, donde realmente existía la posibilidad de una intrusión. Precisamente por eso había dedicado los últimos días a estudiar aquel trayecto. No necesitaba conocer toda la mansión; le bastaba con memorizar un único camino que pudiera recorrer sin levantar sospechas. No era el más corto. Pero sí el que menos ojos tenía encima. Tras varios minutos bordeando pasillos secundarios y atravesando un pequeño jardín interior, el edificio principal quedó finalmente a sus espaldas. Frente a ellos, algo apartado del resto de carruajes de la familia, descansaba uno considerablemente más ancho y alto que los demás. Su estructura era mucho menos elegante que la de un carruaje noble. La parte trasera estaba diseñada para transportar cajas, barriles y todo tipo de provisiones que la mansión necesitaba adquirir en la ciudad. A unos metros de allí, dos sirvientes conversaban tranquilamente junto a la parte delantera mientras repasaban una lista de compras. Todavía no parecían tener intención de partir. Luke esperó unos segundos, estudiando la situación. Solo cuando comprobó que los sirvientes seguían distraídos se inclinó ligeramente hacia Arielle. Su voz no fue más que un susurro. —Entraremos por detrás. Ella siguió la dirección de su mirada. La compuerta trasera permanecía cerrada, aunque sin ningún tipo de candado. —Cuando empiecen a hablar otra vez, cruzamos. Sin correr. La joven respondió únicamente con un leve movimiento de cabeza, mientras ambos permanecían inmóviles, atentos a la conversación de los dos sirvientes. Uno de los sirvientes señaló varias veces la lista que sostenía entre las manos, provocando que el otro girara completamente el cuerpo para observarla mejor. \[Ahora\] Un ligero gesto de la mano bastó para dar la señal. Ambos abandonaron la protección del muro al mismo tiempo. Los pasos resonaban apenas sobre la gravilla del camino mientras reducían al mínimo cualquier movimiento innecesario. Ninguno de los dos apartaba la vista de los sirvientes. Cinco metros. Cuatro. Tres. Uno de ellos soltó una pequeña carcajada. Produciendo que el corazón de Arielle le diera un vuelco. En serio, ¿Cómo había terminado en esta clase de situación, avanzando y escondiéndose como si fuera alguna clase de fugitiva, y sobre todo en su propia casa? A diferencia de ella, que avanzaba conteniendo la respiración cada vez que escuchaba pasos cercanos, Luke parecía moverse con una naturalidad insultante, como si llevara años haciendo exactamente aquello. \ Aún así, ninguno volvió la cabeza. Sin detenerse, Luke alcanzó primero la parte trasera del carruaje y levantó despacio la compuerta. Las bisagras emitieron un leve crujido. Obligando a ambos a permanecer completamente inmóviles. ... La conversación continuó exactamente igual. Con el pulso todavía acelerado, Luke terminó de abrir la compuerta y, con una rápida inclinación de cabeza, le indicó que subiera primero. Arielle no perdió un solo segundo. Se impulsó hacia el interior mientras él sostenía la puerta para impedir que golpeara la madera y delatara su presencia. Solo después subió él también, cerrando la compuerta con el mismo cuidado con el que la había abierto. La oscuridad volvió a envolverlos, la única fuente de luz que iluminaba el espacio ahora era las estrechas aberturas en los costados del techo del carruaje que filtraban el brillo del atardecer. Durante unos instantes ninguno dijo una palabra, Al entrar, Luke le hizo una seña a Arielle para que se mantuviera callada mientras intentaba escuchar al otro lado del carruaje. Desde el otro lado de la madera, las voces continuaban sonando exactamente igual que antes, sin el menor indicio de que hubieran descubierto algo, solo entonces el nudo en el pecho de Luke terminó de aflojarse. El interior del carruaje era bastante más estrecho de lo que Arielle había imaginado. A ambos lados se apilaban cajas de distintos tamaños, sacos de tela y varias cestas vacías preparadas para llenarse en el mercado. Apenas quedaba un estrecho pasillo en el centro, suficiente para que una persona pudiera avanzar de lado entre toda la mercancía. El olor a madera, cuerda y grano seco impregnaba el reducido espacio, muy distinto de cualquier carruaje en el que hubiera viajado antes. Una pequeña risa escapó de Luke mientras apoyaba la espalda contra uno de los laterales. —Otra interpretación perfecta para agregar al historial. ¿Ves? Al final no era para tanto. Arielle negó con la cabeza, todavía sin terminar de creerse la lista de despropósitos que acababa de vivir. —Después de obligarme a bajar por un balcón, atravesar media mansión escondiéndome y meterme en un carruaje de mercancías... ¿de verdad esa es la conclusión a la que llegas? —Bueno... — Ladeó la cabeza, sin molestarse en disimular. —Si lo dices así, suena un poco peor de lo que recordaba, y hasta un poco exagerado si me lo preguntas. —... —¿Quieres que salga ahora mismo y termine con esto? El joven alzó inmediatamente ambas manos en un gesto conciliador. —Está bien, está bien. No fue la mejor ejecución, pero ya pasó la parte complicada. Arielle dejó el tema ahí, sin muchas ganas de seguir discutiendo ahora que por lo menos ya estaban allí. —Bien... ¿y ahora qué? —Ahora todo lo que tenemos que hacer es esp- —Oye. Ambos se quedaron completamente inmóviles. La voz provenía del otro lado del carruaje. —¿Terminaste de acomodar todo? —Sí, ya está. Podemos irnos. Hubo un breve silencio, apenas roto por el crujido de una bota sobre la gravilla. —... —Aunque... espera un momento. —¿Qué pasa? —No hemos revisado la carga. —¿Hace falta? Ya la acomodamos hace un rato. —Nos toma un minuto. Mejor hacerlo ahora que descubrir algo cuando ya estemos de camino. —...Tienes razón. \ La sonrisa que hasta hacía un instante había permanecido en el rostro de Luke desapareció sin dejar rastro. No perdió tiempo maldiciendo su suerte ni buscando otra alternativa; simplemente se agachó y comenzó a desatar el enorme bulto de telas que había llevado consigo. Arielle ensanchó ligeramente el entrecejo al escuchar los pasos acercarse hasta detenerse frente a la compuerta. —¡Vienen para ac-! La advertencia quedó a medio camino, pues la manta ya estaba en manos de Luke. Antes de que pudiera comprender qué pretendía hacer, una mano sujetó su muñeca y la atrajo hacia él al mismo tiempo que la otra desplegaba la tela sobre ambos. —Activar. El susurro apenas fue audible. Una tenue luz recorrió el tejido y desapareció casi al instante. Clack. Las bisagras comenzaron a abrirse lentamente, trayendo consigo la luz del exterior que empezó a colarse por la abertura. Y entonces... La inspección comenzó.
Conviviendo con la villana (Novela)

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Estás leyendo el capítulo 9 de Conviviendo con la villana (Novela), un novela. Luke es un joven noble que disfruta de una vida cómoda, evitando a toda costa cualquier responsabilidad. Y se supone que así debería seguir siendo. Hasta que una mañana despierta con los recuerdos de otra vida. En… Este capítulo tiene publicado el 5 de septiembre de 2026. Conviviendo con la villana (Novela) tiene 15 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.