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Leer Conviviendo con la villana (Novela) Capítulo 10 online gratis en español

Solo habían pasado unos segundos y ya estaban a un paso de ser descubiertos. Clack. Las bisagras comenzaron a abrirse lentamente. La pequeña mirilla de inspección incrustada en la compuerta seguía cerrada, pero el sirviente ni siquiera intentó abrirla; simplemente levantó toda la puerta, dejando que el estrecho trazo de luz se expandiera poco a poco en el interior del carruaje. El sirviente apoyó una mano sobre el borde de madera y se inclinó con calma para echar un vistazo a la carga. No pensaba descuidar su trabajo solo por querer acabar rápidamente. La costumbre le había enseñado que un minuto invertido allí podía ahorrar varias horas de problemas después. Bastaba con olvidar una sola caja o dejar atrás cualquier encargo para verse obligado a recorrer el camino de vuelta hasta la mansión. Y si aquello ocurría... —Uggh —Volteó la cara de golpe hacia atrás. Al no ver a nadie, se dio la vuelta nuevamente, aliviado. Una imagen apareció en su cabeza con absoluta claridad. Belle esperándolo en la entrada. Sin levantar la voz y sin cambiar un solo gesto de aquella expresión imperturbable que llevaba prácticamente todo el día. —"¿Olvidó parte del pedido?" Solo imaginarlo bastó para que un ligero escalofrío le recorriera la espalda. No pensaba cometer ese error nuevamente. Prefería revisar la carga dos veces antes que volver a enfrentarse a aquella mirada completamente inexpresiva. —Haaah... Se limpió el sudor del rostro mientras repasaba la carga con calma. Todo seguía en su sitio. Las cajas ocupaban el mismo lugar donde las habían dejado aquella mañana y el espacio reservado para las compras permanecía completamente libre. Eso era lo importante. Esta vez no transportaría provisiones para la cocina ni herramientas para el mantenimiento de la mansión. Casi toda la lista estaba compuesta por materiales destinados a los experimentos del joven amo Luke. Solo de pensarlo volvió a dolerle la cabeza. La mitad de aquellas cosas tendrían que buscarse en talleres distintos, y la otra mitad ni siquiera estaba seguro de dónde conseguirlas. —Con lo fácil que sería pedir cosas normales... Murmuró mientras volvía a doblar la lista. A decir verdad, Todavía no terminaba de entender demasiado bien a aquel joven. Llevaba apenas una semana en la mansión y ya había dado bastante de qué hablar entre el servicio. Primero aquel incidente durante el desayuno en el que se le sirvió un plato que a duras penas podría considerarse comida... Después de lo ocurrido, varios sirvientes no tardaron en comentar entre ellos cómo el joven amo había dejado marchar a los responsables sin convertirlos en chivos expiatorios. En una casa noble, donde un error semejante podía costarle el puesto a cualquiera, aquella decisión había corrido de boca en boca con sorprendente rapidez. No era precisamente lo que esperaban de un noble recién llegado. Aun así... El joven amo Luke seguía resultándole una persona difícil de entender. Siempre saludaba a los sirvientes cuando se cruzaban con él por los pasillos. Incluso se detenía a agradecer cosas que ningún noble solía agradecer. Y, sin embargo, había algo extraño en aquellas acciones. No sabía cómo describirlo exactamente. A veces, después de despedirse con aquella sonrisa amable, alcanzaba a verlo unos metros más adelante... riéndose solo mientras murmuraba algo para sí mismo, completamente ajeno a que todavía hubiera alguien observándolo. Nunca llegaba a distinguir qué decía. Pero, por alguna razón siempre le dejaba una sensación difícil de explicar. —El amo Luke sin duda es un joven bastante raro... Murmuró casi sin darse cuenta mientras seguía repasando el interior del carruaje. —No sé por qué da la impresión de que siempre está tramando alguna tontería. Aquella impresión por supuesto que nunca llegaría a oídos de Lord Luke. ... O al menos eso creía él. \ Apenas a unos metros de distancia, oculto bajo la manta de camuflaje, Luke reprimió el impulso de responder. \ Había conseguido reaccionar por pura inercia. En cuanto escuchó los pasos acercarse, todo ocurrió prácticamente al mismo tiempo: desplegar la manta, activarla, atraer a Arielle hacia el rincón más cercano y cubrirlos antes de que la compuerta terminara de abrirse. Había salido bien. Pero por muy poco. Aquello le arrancó una silenciosa mueca de fastidio. \ No era propio de él relajarse en mitad de una escapada, después de todo, si había algo en lo que confiaba de verdad era en su capacidad para escabullirse sin que nadie lo descubriera. Si tenía que señalar al que creía responsable de aquel descuido... Bastaba con bajar un poco la vista. Frente a él, casi pegada contra el lateral del carruaje, permanecía Arielle. Incluso con la capucha ya suelta sobre sus hombros, la oscuridad apenas le permitía distinguir el contorno de su rostro y el brillo apagado de su cabello. Para impedir que hablara en el peor momento posible, le había cubierto la boca con una mano mientras la otra mantenía la manta extendida sobre ambos. Su propio cuerpo terminaba de ocultar cualquier relieve extraño que pudiera delatarlos desde el exterior. Lo sorprendente era que no había reaccionado inmediatamente tras toda aquella ráfaga de movimientos. Honestamente, había esperado que empezara a forcejear en cuanto la sujetó. Sin embargo, contra todo pronóstico, había permanecido completamente inmóvil. \ Un pequeño alivio recorrió su espalda. Aquel incidente terminaría sin mayores problemas. ... O al menos eso creía él. \ La rabia de Arielle iba en una dirección completamente distinta. Todo había sucedido tan deprisa que ni siquiera había tenido tiempo de comprender qué estaba ocurriendo antes de terminar contra la pared del carruaje, con Luke prácticamente delante de ella y una mano cubriéndole la boca. \ Por un segundo estuvo a punto de apartársela de un manotazo. Pero los pasos, tan cercanos al otro lado de la madera, bastaron para contener cualquier impulso. Aquello no significaba que pensara perdonarlo ni mucho menos. \ De esa manera se hallaban las tres personas, cada una con sus propios pensamientos de la situación: El sirviente, completamente concentrado en revisar la carga. Luke, intentando que la manta no revelara la menor irregularidad. Y Arielle, cada vez más cerca del límite de su paciencia. Todos unidos por un mismo deseo: que la inspección terminara rápido, aunque por razones completamente distintas. El tiempo siguió avanzando. Lento. Desesperadamente lento. Cada segundo parecía durar una eternidad para Arielle. El reducido compartimiento empezaba a sentirse sofocante. El olor de la madera, las cuerdas y los sacos se mezclaba con el calor atrapado bajo la manta, obligándola a permanecer prácticamente inmóvil. Y para empeorar todavía más la situación... Luke estaba demasiado cerca. Muchísimo más cerca de lo que consideraba aceptable. \ No tenía sentido seguir tapándole la boca. Ella no era una niña. Sabía perfectamente que no podía hacer ningún ruido. ... Frunció apenas el ceño al enfrentarse a un pensamiento que se filtró espontáneamente. \ Su mano parecía inesperadamente delicada. Incluso podía distinguir un aroma tenue que le resultaba extrañamente familiar. No, eso no era lo importante. Al otro lado del carruaje, el sirviente terminó de revisar la última de las cajas. —Parece que todo está completo... Acomodó una pequeña cesta exactamente dónde estaba antes. —Será mejor irnos cuanto antes. No quiero terminar regresando cuando ya haya anochecido... Por fin. El alivio recorrió el cuerpo de Arielle al escuchar su murmullo. Solo unos segundos más. Bastaba con que cerrara la compuerta, entonces podría apartarse de una vez de aquel estúpido escondite. El sirviente comenzó a bajar lentamente la puerta dando por finalizado su trabajo. Pero justo entonces, Arielle sintió un leve movimiento frente a ella. El chico frente a ella empezó a inclinar la cabeza muy despacio. No fue un movimiento brusco ni evidente. Más bien parecía alguien intentando cambiar de postura sin alterar un solo pliegue de la manta. Cada centímetro que descendía lo hacía con una lentitud casi desesperante, procurando que ni su hombro ni la tela rozaran la estructura del carruaje. Arielle no entendía qué estaba haciendo. Permaneció completamente inmóvil mientras lo veía acercarse cada vez más. Al estar atrapada entre la pared y él, apenas tenía espacio para apartarse inclusive aunque hubiera querido hacerlo. \ La distancia entre ambos terminó reduciéndose todavía más. Luke inclinó apenas el cuello hasta quedar a la altura de su rostro y, apenas un instante después, sintió un suave roce de aire junto a la oreja. Había acercado la boca para advertirle sin que el sonido escapara de la manta. —Tú... O, al menos eso creía ella. —...Hueles bastante bien. ... Durante un instante... Su cerebro simplemente dejó de funcionar. ¿Había escuchado bien? ... ... \ ¡CHOMP! Sin pensarlo dos veces, hundió los dientes con todas sus fuerzas sobre la mano que seguía cubriéndole la boca. Las pupilas de Luke se contrajeron de golpe. \ El grito quedó completamente atrapado dentro de su garganta. El dolor fue tan repentino que, durante un instante, Luke creyó que le había arrancado un pedazo de mano. No emitió un solo sonido, pero el reflejo fue imposible de contener. Y con él, la manta tembló apenas un instante. —¿Mmm? El sirviente ya había dado medio paso hacia atrás cuando algo llamó su atención. Frunciendo ligeramente el ceño. —... ¿Se había movido...? Entrecerró los ojos, intentando aferrar el destello efímero que acababa de cruzar su visión. No estaba del todo seguro, pero aquella esquina del carruaje le produjo un vuelco extraño durante un instante; como si la madera no terminara de verse... correcta. Inclinó un poco la cabeza. El dibujo del lateral parecía normal. Y, al mismo tiempo había algo raro en él. Se llevó una mano al rostro y se frotó ambos ojos. —Qué demonios... Volvió a mirar, y esta vez le pareció distinguir una ligera ondulación en la veta de la madera. Duró menos de un segundo. Cuando volvió a enfocar la vista. Todo parecía exactamente igual que antes. ... —¿Estoy cansándome demasiado...? Murmuró para sí. Aun así, aquella sensación no desaparecía. Una incómoda impresión de que algo no encajaba y no lograba descubrir qué era. Dentro del carruaje, Luke seguía completamente inmóvil pese a que el dolor seguía latiendo en su mano. \ Aun asi, no retiró la mano ni siquiera un centímetro. Hacerlo ahora sería mucho más peligroso. Apenas podía escuchar la respiración contenida de Arielle bajo la manta. Ella tampoco entendía qué estaba ocurriendo. Pero ambos entendían una cosa. Los pasos no se alejaban en absoluto. \ Los segundos comenzaron a hacerse insoportablemente largos. El silencio volvió a apoderarse del carruaje. Nadie se atrevía a moverse; incluso respirar parecía demasiado arriesgado. Entonces, el crujido de la madera rompió aquella inmovilidad. —... —Qué raro... La mano del sirviente descansó sobre una de las cajas mientras adelantaba el cuerpo lentamente. Parecía dispuesto a entrar. El corazón de Arielle dio un vuelco. \ La comprensión llegó sin necesidad de siquiera verlo directamente. Solo por la dirección del crujido supo exactamente lo que estaba haciendo. \ El sirviente adelantó otro poco el cuerpo, preparado para subir del todo a la parte trasera del carruaje Solo necesitaba acercarse un poco más para notar aún más fuerte la discrepancia en su posición. Ambos cerraron los ojos al unísono al ver cómo se acercaba su final. Y entonces... —¡Hey! ¿¡Qué haces ahí!? Aquella frase no fue pronunciada por el sirviente, sino por su compañero desde el exterior del carruaje. —¿Vas a quedarte a vivir ahí dentro? Si seguimos perdiendo tiempo, volveremos de noche. El sirviente no respondió enseguida. Continuó observando aquella esquina unos segundos más. Incluso volvió a frotarse un ojo, convencido de que el cansancio le estaba jugando una mala pasada. ... Al final levantó los hombros dándose por vencido contra aquella sensación. —Sí... creo que ya está. Dio media vuelta y descendió del carruaje. —Vamos antes de que lady Belle nos agregue alguna otra cosa. El silencio se adueñó de nuevo del carruaje. El tiempo pareció congelarse durante un segundo, y luego otro más. Cuando ya no se escuchó nada más que los pasos alejándose sobre la gravilla, Luke dejó escapar lentamente el aire que llevaba conteniendo. —...Se fueron. La mano abandonó por fin la boca de Arielle y la manta de camuflaje cayó sobre las cajas a un lado. La presión que había mantenido a ambos inmóviles durante aquellos interminables minutos se desvaneció de golpe. Aunque solo durante un instante. —¡¿Qué demonios te pasa?! —le susurró a Arielle, llevándose la mano mordida frente a la cara—. ¡Casi me arrancas un dedo! Arielle ni siquiera miró la herida y en vez de eso dio un paso al frente, con una mirada que destilaba puro fuego. —¡¿Y qué demonios esperabas después de esa estupidez que soltaste en medio de todo eso?! Su voz seguía siendo baja, pero el enfado apenas cabía en un susurro. —¡¿Tienes idea de lo cerca que estuvimos de que nos descubrieran por tu culpa?! Luke la observó como si acabara de escuchar el mayor disparate del día. —¡¿Por mi culpa?! ¡Casi nos descubren porque decidiste arrancarme la mano de una mordida! Le volvió a mostrar la palma marcada por los dientes. —¡Todavía me duele como el demonio! —¡Pues no hubieras dicho semejante cosa justo cuando estábamos escondidos! —¿Semejante cosa...? —repitió, como si la palabra no le dijera nada—. ¿De qué demonios estás hablando? —¡No te hagas el tonto! —¡No me estoy haciendo el tonto ni nada! ¡En serio, no tengo la menor idea de lo que estás balbuceando! Finalmente, la paciencia de Arielle terminó de agotarse. —¡Entonces explícame por qué demonios me dijiste de repente que huelo bien! Solo entonces Luke descubrió la causa de su enojo. —¿Eh? ¿Era por eso? Parpadeó un par de veces antes de llevarse una mano a la frente. —...En serio, ¿armaste todo ese escándalo por eso? Su respuesta únicamente sirvió para avivar su rabia. —¡Respóndeme de una vez! —Solo estaba diciendo que tienes buen gusto. Como si la explicación fuera más que suficiente, señaló su propio cabello con absoluta naturalidad. —Usas el champú del territorio kaftein, ¿verdad? —... ¿Champú? —Me resultó familiar desde que entraste en la habitación, pero no estaba completamente seguro. Hace un momento estabas tan cerca que terminé de reconocer el olor y lo comenté sin pensar. ... \ Después de todo aquello... ¿Ese era el motivo? Ni una pizca de arrepentimiento podía encontrarse en sus palabras. Si acaso, parecía convencido de haber hecho una observación perfectamente razonable. —¡¿Qué demonios?! ¡¿Y te parecía un buen momento para decir algo así?! —¡Por supuesto! —respondió sin dudar—. Siempre es un buen momento para reconocer un buen cuidado, y mucho más si sale de la boca de un experto del refinamiento. Si acaso, deberías estar agradecida de mi distinción. \ Abrió la boca para responder, pero no llegó a hacerlo. Justo en ese instante, un leve tirón recorrió el suelo bajo sus pies y el carruaje crujió. Las ruedas comenzaron a girar lentamente sobre la gravilla y, apenas un segundo después, el movimiento terminó de propagarse por todo el compartimiento. La discusión murió allí mismo y, aprovechando aquel breve silencio, Luke se dirigió hacia la parte trasera del compartimiento y levantó la pequeña tapa de madera que cubría la ventanilla. La luz del exterior volvió a filtrarse entre las tablas. A través de la estrecha abertura, la residencia principal comenzaba a alejarse lentamente. El estacionamiento comenzaba a quedarse atrás y las figuras de los sirvientes se reducían poco a poco hasta convertirse en simples manchas de color sobre el camino. Solo entonces ambos pudieron convencerse. Lo habían logrado. Pese a los inconvenientes, habían conseguido escapar sin levantar sospechas. \*\*\*\*\*\*\*\*\*\*\*\*\*\*\*\*\* Mientras tanto, la mansión continuaba con absoluta normalidad. Desde la llegada de Luke, la rutina de Arnold también había cambiado bastante más de lo que esperaba. Como mayordomo personal, buena parte de su jornada solía girar alrededor de su joven amo. Supervisar sus necesidades, coordinar a los sirvientes asignados y, sobre todo, asegurarse de que no terminara metido en algún problema. Sin embargo, durante la última semana aquello había resultado sorprendentemente sencillo. Desde primera hora de la mañana, Luke desaparecía dentro del taller destinado a la ingeniería mágica y apenas volvía a salir hasta entrada la noche. Como consecuencia, Arnold había terminado con bastante más tiempo libre del habitual. Lejos de desperdiciarlo, lo había dedicado a algo mucho más útil: conocer a las personas con las que trabajaría de ahora en adelante. Y, siendo honestos... Todos le habían parecido bastante agradables. —¿Así que el jardín del ala oeste también queda a cargo de ustedes? —Solo durante esta temporada —respondió la joven sirvienta con una sonrisa—. Cuando llega el invierno redistribuyen los turnos. La conversación continuó unos minutos más entre pequeñas anécdotas sobre la mansión, hasta que Arnold recordó algo. —Por cierto... La sirvienta volvió a prestarle atención. —¿De casualidad conoce si el carruaje de mercancías ya salió? El que suele bajar a la ciudad. —Creo que sí. Hace un momento lo vi cruzando el portón principal. —Ya veo, gracias por la información. Aquella respuesta pareció despertar la curiosidad de la muchacha. —¿Ocurre algo, sir Arnold? ¿Olvidó pedir algún material? Las comisuras de los labios del mayordomo se alzaron un poco. —No exactamente. Solo me preocupaba haber dejado una pertenencia por error. —Ah... La joven pareció tranquilizarse enseguida. —Entonces no creo que deba preocuparse. Los sirvientes encargados del transporte suelen revisar el carruaje antes de partir. Si se encontró algo fuera de lugar, seguramente ya lo habrán dejado en la mansión. —Mmm entiendo, en ese caso espero que así haya sido Una leve inclinación de cabeza bastó para dar por terminada la conversación. —Ha sido un placer conversar con usted. La próxima vez espero que me cuente un poco más sobre ese jardín. —Será un gusto. Arnold entonces se desvió del camino sin afán ni apuro y, tras atravesar el patio interior, se detuvo frente al ala destinada a su joven amo. Desde allí podía verse con claridad el balcón de la habitación. Permaneció observándolo unos segundos mientras el viento hacía ondular las hojas de los árboles. ... Una pequeña negación acompañó la sonrisa resignada que acababa de marcarse en su cara. —Bueno... supongo que se acabó la tranquilidad. Sin añadir nada más, giró sobre sus talones y tomó el sendero que conducía hacia las caballerizas. Más valía adelantarse antes de que cierto joven noble consiguiera poner demasiada distancia de por medio. Llegar no le tomó mucho tiempo; al fin y al cabo, había tenido que aprender todos los lugares de la mansión. El olor a heno y madera húmeda lo recibió apenas cruzó la entrada. —Buen día, Sir Arnold. El encargado de los establos levantó una mano a modo de saludo mientras terminaba de ajustar una de las monturas. —Buenas tardes, Sir Freit. —¿Que le trae por acá al escolta del joven amo? ¿Necesita algún caballo? —Tomaré uno prestado durante unas horas si no le molesta. —Para nada... de hecho, ya que estamos, ¿me haría un favor? Señaló el interior del establo. —Necesito ausentarme unos minutos. ¿Podría vigilar esto mientras regreso? Unos segundos de silencio bastaron antes de responder con un leve asentimiento. —Si solo será un momento... —No se preocupe, Antes de que algún corcel relinche ya me verá nuevamente. —Dijo en tono de broma. —Entonces no hay problema. Sin añadir nada más, el encargado salió prácticamente al trote, dejando el edificio en un silencio únicamente interrumpido por el resoplido ocasional de los caballos. Entre los establos, el paso continuó con la misma calma de siempre. Al llegar al caballo que ya conocía, la mano recorrió el lomo del animal con familiaridad mientras comprobaba el estado de la montura y comenzaba a ajustar las correas con movimientos precisos. Siempre había preferido revisar personalmente cada detalle antes de emprender un viaje; aquel no sería la excepción. Después de unos minutos, el último ajuste a la montura quedó listo y una rápida revisión bastó para confirmar que todo estaba en orden. Si el carruaje mantenía un ritmo constante... —Supongo que tardarán alrededor de media hora en llegar a la ciudad. —Probablemente un poco más. Ese carruaje suele avanzar bastante despacio cuando va cargado. —Tiene sentido. Con todo ese pe... ¡¿Wah?! Un sobresalto le recorrió el cuerpo antes de girarse de golpe hacía la fuente desconocida. Belle permanecía allí, de pie, observándolo de forma sosegada, casi mecánica. ... \ La mirada viajó casi por reflejo hasta la entrada del establo. Seguía abierta. No recordaba haber escuchado unos pasos, ni una puerta, ni siquiera el roce de la ropa. Aquello era sencillamente imposible. —Disculpe... —terminó diciendo, todavía con el desconcierto pintado en el rostro—. ¿En qué momento llegó? —Hace apenas un momento. La mayoría de las personas suele pasar por alto mi presencia, así que no es extraño que no me haya notado. ... La explicación no hizo más que aumentar su desconcierto. —¿Pasar por alto... su presencia? No terminaba de creerlo. Después de todo, había recibido entrenamiento como escolta desde muy joven. Detectar la presencia de otra persona era una de las habilidades más básicas para cualquier caballero. Belle no recibió respuesta alguna. Frente a ella solo se extendió el silencio. Aquella pausa le resultaba conocida. Casi siempre comenzaba igual; Primero el desconcierto, después, una expresión difícil de describir aparecía poco a poco en el rostro de la otra persona, como si intentara comprender algo que no terminaba de hacer clic. A partir de allí, la conversación solía volverse ligeramente más rígida. Era una secuencia que había visto repetirse demasiadas veces. Sin embargo, tampoco había nada que hacer al respecto, al fin y al cabo formaba parte de su trabajo. —Eso... Un ligero temblor recorrió las manos de Arnold. Ahí venía una vez más... ... —¡Es asombroso! Antes de que pudiera reaccionar, ambas manos quedaron entre las suyas. —¡En verdad es un talento espléndido! ¡No exagero cuando digo que jamás había visto a alguien moverse de una forma tan imperceptible! —La emoción en su voz era imposible de ocultar. —¡Ni siquiera yo fui capaz de percibir su presencia! ¿Sabe lo difícil que es sorprender a alguien entrenado como escolta? ¡Eso no lo consigue cualquiera! —... Aquella reacción no entraba dentro de lo habitual. Casi siempre, después del desconcierto, bastaban unos pocos segundos para que la actitud de la otra persona cambiara de forma sutil. No era algo especialmente evidente, pero sí lo suficiente para percibir que ya no la miraban igual. Esperó aquel momento como siempre solía hacerlo. Sin embargo, la expresión de Arnold nunca llegó a cambiar. Lejos del rechazo o la incomodidad que solían aparecer después de la sorpresa inicial, la admiración seguía reflejada con total claridad en su rostro, casi como la de un niño que acababa de descubrir algo fascinante. ... Aquello era nuevo. Por un breve instante, incluso Belle tardó en encontrar la siguiente frase. Sin embargo, recuperó rápidamente la compostura, después de todo, una criada no debía alterarse por algo así. —Sir Arnold. —¿Sí? —Agradezco sinceramente sus palabras. No es habitual que alguien vea esa característica de forma tan positiva. Desvió la mirada un instante antes de añadir con el aparente mismo tono sereno: —Dicho eso... ¿podría soltar mis manos, por favor? Como si solo entonces hubiera recordado que seguía sujetándolas, el agarre desapareció de inmediato. —¡Ah! Mi error. Es que siempre me han gustado ese tipo de habilidades. Cuando veo algo así, termino emocionándome sin darme cuenta. La disculpa vino acompañada de una leve inclinación de cabeza. —Entiendo. No se preocupe. La breve justificación bastó para dejar atrás el pequeño incidente. —Cambiando de tema... ¿qué se encuentra haciendo, sir Arnold, en el establo? —Ah, eso... La respuesta no llegó instantáneamente. Después de todo, explicar que el joven amo acababa de escaparse oculto en un carruaje de mercancías no era precisamente la presentación más digna para un mayordomo. Aunque, pensándolo mejor. Tampoco tenía demasiado sentido ocultarlo. Belle acabaría enterándose tarde o temprano. —A decir verdad, el joven amo decidió salir de la mansión aprovechando el carruaje de mercancías, No obstante, no es la primera vez que intenta algo parecido. Iré a buscarlo antes de que convierta un simple paseo en un dolor de cabeza. Empezó a realizar ligeros estiramientos con los pies, como si preparara el cuerpo antes de montarse al caballo. —Lleva toda la semana encerrado estudiando acerca de la ingeniería mágica. Apenas ha salido del taller para comer o dormir. Francamente, creo que un descanso le vendrá bien. Lo dejaré despejarse un rato... siempre que no se descontrole demasiado. Técnicamente era un desacato a las órdenes de su maestro. Para Arnold, sin embargo, no suponía una amenaza especialmente aterradora, imaginaba que el propio duque lo entendería. —En cualquier caso, no hay de qué preocuparse. —Lamentablemente —respondió la maid—, también tendré que intervenir esta vez. Aquellas palabras bastaron para disminuir sus movimientos por un momento. —¿Ocurrió algo con el joven amo? Si es así, me gustaría disculparme en su nombre antes que nada... —No exactamente. Una extraña punzada de presentimiento le rozó la nuca. Arnold apenas tuvo tiempo de extrañarse por esa sutil alarma mental antes de que ella continuara. —El motivo es que lady Arielle también se encuentra en ese carruaje. ... La mano quedó inmóvil sobre la silla de montar. \ La confirmación tardó apenas un instante en recorrer su cabeza, pero las consecuencias llegaron todas de golpe. Si su amo había escapado solo, todavía podía llamarse una travesura. Sin embargo, llevar consigo a la hija de los condes convertía el asunto en algo completamente distinto. Bastaba que alguien relacionara ambas desapariciones y el historial de Luke para que toda la responsabilidad terminara cayendo sobre los Valenroth. Una mano terminó cubriéndose el rostro al mismo tiempo que susurraba para sí mismo. —¿¡En qué estaba pensando ese muchacho...!? —Los hombros se le hundieron en arrepentimiento. —No... esto ya no puede dejarse pasar... \ —Lady Belle, le ofrezco mis más sinceras disculpas. Iré a traer al joven amo de inmediato. No permitiré que esta situación continúe ni un minuto más. Después de todo, si los condes llegaban a descubrir que su hija había abandonado la mansión escondida junto al segundo hijo del duque... ... \ \ Sin perder un segundo más, se dispuso a montar el caballo. —Sir Arnold. La voz de Belle volvió a detenerlo antes de que pudiera dar el siguiente paso. —Le agradecería que se calmara primero —se tomó un breve respiro para suavizar el tono antes de continuar—. Entiendo perfectamente su preocupación. Sin embargo... me gustaría pedirle que no los trajéramos de vuelta todavía. Aquellas palabras bastaron para congelarlo. —¿...Perdón? —Durante todos los años que he servido a lady Arielle, nunca la vi mostrar interés por salir de la mansión por iniciativa propia. Más allá de sus estudios de magia, muy pocas cosas conseguían apartarla de su rutina. El tono se mantuvo tan sereno como de costumbre, pero a pesar de ello, había una ligera disonancia que no se terminaba de concretar. —Sin embargo, hoy decidió ocultarse en un carruaje de mercancías para abandonar la mansión. —... —No creo que esa decisión haya sido impulsiva, o, mejor dicho, incluso si lo fue, jamás habría actuado así en el pasado. La mirada permaneció fija en Arnold. —Precisamente por eso, me gustaría darle la oportunidad de descubrir por sí misma aquello que despertó ese interés. ... Las palabras de Belle lo dejaron pensativo. No porque dudara de su juicio. Si no, precisamente porque, al escucharlas, no pudo evitar recordar el motivo por el que había decidido perseguir al joven amo sin traerlo de vuelta de inmediato. Él también había pensado concederle un pequeño respiro, vigilarlo desde la distancia e Intervenir únicamente si la situación escapaba de control. Viéndolo de esa manera la única diferencia ahora era que lady Arielle también formaba parte de aquella ecuación. ... Liberó la tensión de sus manos sin darse cuenta, dejando que los hombros se le aflojaran. —Supongo que... ambos terminamos llegando a la misma conclusión. La mano volvió a acomodar las riendas sobre la montura. —Está bien. Los vigilaré a ambos y, si ocurre algo fuera de lo previsto, los traeré de vuelta inmediatamente. Un leve asentimiento respondió a sus palabras. —Estoy segura de que así será. Cuando ya estaba dispuesto a montar... —Porque yo también los acompañaré. Afirmó la maid con total confianza, dejando al mayordomo dubitativo de esta decisión. —¿Está segura? El trayecto no es precisamente corto. —Titubeó apenas un instante queriendo no sonar descortés. —Además... montar no es algo sencillo. Si lo prefiere, puedo pedir que preparen un segundo carruaje. —No será necesario. La respuesta llegó sin la menor vacilación. Mientras terminaba de hablar, ya se había acercado al establo contiguo. Bastó desatar uno de los caballos, comprobar el estado de la silla y ajustar un par de correas para dejar la montura lista con una soltura difícil de pasar por alto. ... \ Un silbido escapó casi por inercia. \ La idea le resultó divertida, aunque no dejó de parecerle absurda. \ Sin darle demasiadas vueltas, terminó de subir a la silla de montar. —Entonces, lady Belle. Una mano sujetó con firmeza la correa. —Será mejor que no perdamos de vista a esos dos. Sin perder más tiempo, ambos montaron casi al mismo tiempo. Bastó un leve tirón de las riendas para que los caballos abandonaran el establo y cruzaran el portón de la mansión al trote., divisando en la lejanía al encargado que ya se acercaba nuevamente al establo. Muy por delante de ellos, el viejo carruaje de mercancías continuaba avanzando con absoluta tranquilidad. Ni Luke ni Arielle tenían la menor idea de que, desde ese momento... Ya no viajaban solos.
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Conviviendo con la villana (Novela) Capítulo 10

Estás leyendo el capítulo 10 de Conviviendo con la villana (Novela), un novela. Luke es un joven noble que disfruta de una vida cómoda, evitando a toda costa cualquier responsabilidad. Y se supone que así debería seguir siendo. Hasta que una mañana despierta con los recuerdos de otra vida. En… Este capítulo tiene publicado el 7 de septiembre de 2026. Conviviendo con la villana (Novela) tiene 15 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.