Leer Conviviendo con la villana (Novela) Capítulo 8 online gratis en español
El jardín abarcaba mucho más terreno de lo que había imaginado inicialmente.
Los senderos de piedra se abrían paso entre arbustos cuidadosamente podados y pequeños parterres llenos de flores que apenas alcanzaba a reconocer. Más al fondo, varios rosales crecían alrededor de una fuente de mármol cuya agua apenas producía un murmullo constante, suficiente para romper el silencio pero sin llegar a imponerse sobre él.
Un lugar tranquilo si lugar a dudas. Tal vez demasiado tranquilo para la situación en la que acababa de meterse.
Luke desvió la vista apenas un instante antes de volver a encontrarse con los fríos ojos celestes que seguían clavados sobre él.
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Había pasado una semana entera sin cruzar más de dos palabras con Arielle. No, ni siquiera recordaba haber escuchado una sola palabra dirigida hacía él directamente.
Y la primera conversación que conseguían mantener empezaba con ella acusándolo de espiarla. Si alguien le hubiera dicho cinco minutos antes que terminaría en aquella situación, probablemente se habría reído en su cara.
Sea como fuese, y dada la situación que ya se había desembocado, Luke intentó calmarse primero, actuar nervioso solo lo haría parecer más sospechoso.
Tragó una bocanada de saliva. No tenía sentido seguir dejando que el silencio empeorara las cosas.
—De verdad... fue un malentendido.
La joven ni siquiera pareció considerar sus palabras.
—No necesito escuchar excusas. Si tiene alguna explicación, será mejor que la reserve para madre y padre.
—¡Espera un momento! ¿Por qué demonios llegamos directamente a esa conclusión?
Sin molestarse en responder, Arielle simplemente dio media vuelta.
Un pequeño vuelco le recorrió el estómago.
—¡E-Eh, espera!
Antes de darse cuenta, ya había dado un par de pasos apresurados hasta colocarse delante de ella, obligándola a detenerse.
Los ojos de Arielle se estrecharon de inmediato al ser bloqueada.
— Quitate.
—¡Pero es que ni siquiera me estás dejando explicar!
—Ya vi suficiente.
—¡¿Qué viste exactamente?!
Se frotó la sien sin darse cuenta. Aquella conversación no avanzaba ni un solo paso.
—Escucha... de verdad solo iba pasando. Ni siquiera sabía que este jardín existía hasta hace unos minutos.
No obtuvo respuesta.
—Y sí... me quedé mirando un momento, pero fue porque me llamó la atención lo que estabas haciendo con la rosa. Eso fue todo.
Reconocer aquello le resultó extrañamente vergonzoso, pero ni siquiera eso parecía funcionar.
— Ya te dije que te quitaras, no pienso repetirlo nuevamente.
Su expresión dejaba claro que seguía sin creer una sola palabra. No, mas que eso, su enojo seguía creciendo, evitó volver a mirarlo directamente, aunque la fuerza con la que apretaba los puños dejaba claro que estaba cada vez más cerca de perder la paciencia.
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La respuesta apareció casi de inmediato.
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Después de todo, la única oportunidad que había tenido para cambiar aquella primera impresión había terminado arruinándola él mismo.
—...¿Por qué ocultas tu verdadera personalidad?
La pregunta que Arielle le había hecho en la biblioteca volvió a traspasó por su cabeza con una claridad incómoda.
Tenía que admitirlo.
Se arrepentía de haber respondido de aquella manera. No porque ella mereciera una explicación. Sino porque había sido él quien propuso aquel intercambio y, llegado el momento, decidió escapar con una respuesta vacía.
Eso sí le desagradaba.
Podía ocultar su verdadera forma de ser cuanto quisiera.
Podía fingir cuanto quisiera. Mentir, ocultar cosas o responder únicamente aquello que le conviniera.
Pero si decidía entrar en una conversación, lo mínimo era llegar hasta el final.
Haber sido el primero en romper esa regla por simple comodidad...
Le resultaba irritante.
Aquella mentalidad era más bien retorcida que realmente respetable, pero a él no le importaba.
Enredó un mechón rojizo entre los dedos, dándole vueltas mientras ordenaba las palabras. No era precisamente alguien que disfrutara admitir cuando había manejado mal una situación, pero sentía que al menos esta vez tenía que realizar una concesión.
—...Supongo que tampoco ayudó cómo terminó nuestra conversación en la biblioteca.
—...
Esta vez Arielle no respondió. No sabía si aquel silencio significaba que seguía enfadada o simplemente que ya no le interesaba discutir, pero antes de perder el impulso decidió continuar.
—Aquella respuesta fue bastante mediocre. —Chasqueó la lengua con evidente disgusto. —Si ya iba a proponer un juego de preguntas, lo mínimo era responder como correspondía.— se llevó una mano a la nuca de la incomodidad— así que ya sabes... eso fue culpa mía.
No añadió nada más.
Tampoco tenía intención de hacerlo.
Aquello ya era bastante más de lo que acostumbraba reconocer delante de alguien a quien apenas conocía.
Levantó ligeramente la vista y continuó con un tono mucho más firme.
—Pero esto es otra cosa. No estaba siguiéndote ni vine aquí porque estuvieras tú. Encontré este jardín por casualidad y, cuando te vi con la rosa, hablé sin pensar. Eso fue todo.
Arielle permaneció inmóvil unos segundos más. Su expresión seguía siendo fría, pero por lo menos ya no mostraba signos de desbordarse. La tensión que había mantenido en los hombros pareció aflojarse apenas, casi imperceptiblemente, como si aquellas palabras hubieran conseguido convencerla de que, al menos en eso, Luke no estaba intentando inventar una excusa.
Finalmente apartó la mirada y volvió a girar el tallo de la rosa entre los dedos, como si aquello zanjara el tema mejor que cualquier palabra.
—Haah...Como sea.
No sonaba satisfecha del todo, pero aun así dio el asunto por terminado; en lugar de marcharse, volvió tranquilamente hasta el rosal y extendió la mano hacia una nueva rosa, como si Luke hubiera dejado de ser algo que mereciera seguir ocupando su atención.
— Ya comprobaste que existe un jardín, si eso es lo que querías. — Dijo finalmente, aun mirando a la flor.
Aquello era, probablemente, lo más parecido a una tregua que iba a conseguir de ella.
Los hombros se le aflojaron sin que lo decidiera. Al menos ya no parecía querer denunciarlo por existir, lo más sensato era aprovechar aquella oportunidad y marcharse mientras todavía podía.
De hecho, ya había comenzado a darse media vuelta.
Pero entonces...
" ..._La señorita Arielle no parece estar pasándolo especialmente bien, y usted... aunque diga que no le importa, tampoco parece disfrutar mucho cada vez que el tema sale a conversación."_
Las palabras de su mayordomo aparecieron en su cabeza con una claridad inesperada, obligándolo a chasquear la lengua.
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Podía irse.
Era, sin duda, la opción más sencilla.
Pero después de todo el esfuerzo que acababa de hacer para arreglar aquel desastre, marcharse en ese mismo instante le dejaba una extraña sensación de derrota. Además... Arielle tampoco parecía tener intención de echarlo ya. Simplemente había vuelto a sus flores, como si hubiera decidido tolerar su presencia mientras no volviera a molestarla.
Luke observó un instante el jardín que los rodeaba. Era cierto que había llegado allí por casualidad. Pero tampoco estaba nada mal.
—En realidad sí es bastante agradable.
Se llevó ambas manos a los bolsillos con total naturalidad mientras avanzaba unos pasos hacia otro de los rózales.
—Ya que estoy aquí, me quedaré un rato. no se ve un paisaje como este en el norte.
Por un momento se preguntó si aquello reavivaría el enojo de Arielle, pero, contrario a sus expectativas, ella solo soltó un casual —Como sea. —Antes de volver a lo suyo.
Solo entonces el jardín recuperó el silencio.
El murmullo constante de la fuente volvió a hacerse presente entre el suave vaivén de las hojas mecidas por el viento. Luke tampoco sintió la necesidad de decir nada de inmediato. Después de todo, ya era un avance bastante considerable que ambos pudieran permanecer en el mismo lugar sin discutir.
Sin darse cuenta, los minutos comenzaron a pasar.
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Hasta ese momento apenas había salido del taller, la biblioteca o su habitación. Desde que llegó a la mansión había pasado la mayor parte del tiempo encerrado estudiando o construyendo el artefacto de correos mágicos, así que ni siquiera se había molestado en explorar los alrededores.
Ahora empezaba a arrepentirse un poco de ello.
Contrario a la impresión que solía dar, Luke también disfrutaba de lugares tranquilos como aquel. En la alta sociedad era raro poder elegir cuándo tener un momento de verdadera calma; de pequeño siempre había alguien esperando una conversación, una reunión o alguna obligación absurda. Quizá por eso terminaba apreciando tanto aquella clase de espacios, donde incluso el silencio parecía tener su propio lugar.
Su mirada recorrió distraídamente los rosales, la fuente y los senderos de piedra antes de detenerse, casi por inercia, en Arielle.
Ella seguía exactamente donde estaba. No parecía incómoda por compartir el jardín con él. Pero tampoco interesada.
Toda su atención permanecía sobre la rosa que sostenía entre los dedos, como si el resto del mundo hubiera dejado de existir hacía varios minutos.
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El pensamiento apareció casi por costumbre.
Esta vez, sin embargo, no sonó realmente como una crítica. Más bien... como una simple observación.
La curiosidad terminó imponiéndose sobre él.
—Oye...
Arielle no reaccionó.
—Pensaba que te gustaban las rosas.
El silencio volvió a instalarse entre ambos.
Luke llegó a creer que simplemente había decidido ignorarlo otra vez, pero justo cuando estaba a punto de dar el tema por perdido, la voz de Arielle rompió la quietud sin apartar la vista de la flor.
—Me gustan.
Aquella respuesta, lejos de resolver su duda, solo consiguió aumentarla.
—Entonces... ¿por qué les arrancas los pétalos?
Arielle giró lentamente la rosa entre los dedos, observándola durante unos instantes antes de responder con la misma tranquilidad de siempre.
—Porque me gusta hacerlo.
Luke aguardó unos segundos más.
Nada.
Era evidente que no pensaba desarrollar aquella respuesta.
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A pesar de eso, no insistió en el tema. Algo le decía que, aunque volviera a preguntar, obtendría exactamente las mismas dos o tres palabras.
Su mirada terminó perdiéndose nuevamente entre los senderos del jardín hasta que recordó algo que había visto aquella misma mañana.
—Por cierto... hace un rato vi a Belle hablando con un hombre mayor. Creo que era uno de tus profesores.
Esta vez sí obtuvo una reacción. Los dedos de Arielle dejaron de girar la rosa durante apenas un instante antes de continuar como si nada hubiera ocurrido.
—Lo era.
Asintió distraídamente.
—Parecía que buscaba reunirse con el conde antes de marcharse a algún sitio; incluso llevaba una maleta. Pensé que quizá lo habían enviado a algún otro lugar.
Arielle permaneció unos segundos en silencio. Su mirada siguió fija sobre la rosa, mientras el pulgar rozaba distraídamente uno de los pétalos.
—Renunció.— Hizo una pausa casi imperceptible.—Era un inútil, después de todo.
El comentario quedó suspendido en el aire, haciendo que Luke desviara la mirada hacia la fuente mientras procesaba aquellas palabras.
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El pensamiento se filtró sin censura, pero en realidad no lo había pensado en mala manera. Después de todo, la Arielle que él recordaba de la historia principal no parecía tener ningún problema usando magia. Si había logrado instalarse con normalidad a la academia, significaba que tarde o temprano aquello había terminado resolviéndose.
...Seguramente.
Y, casi como si su propia memoria hubiera decidido burlarse de él, otra escena apareció de golpe en su cabeza.
Un grupo de alumnas cuchicheando en uno de los pasillos.
"¿Escuchaste lo del prometido de la señorita Arielle?"
Los dedos se le tensaron sobre nada en particular.
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Intentó tranquilizarse.
Aquello probablemente había ocurrido después de una larga cadena de conflictos entre ambos.
Y, sobre todo, porque el Luke de antes de los recuerdos seguramente se lo había ganado a pulso.
Definitivamente no como él, que jamás haría algo tan estúpido. Sería un completo idiota si, conociendo de antemano cómo terminaban las cosas, decidiera recorrer exactamente el mismo camino.
Se convenció de ello con un resoplido, ignorando lo poco que lo respaldaba la evidencia.
Fuera como fuera, no pensaba repetir su error. Mientras pudiera evitarlo, se mantendría lo más lejos posible de despertar el odio de aquella futura villana.
Aunque eso no evitó que, por un instante, volviera a mirar de reojo el tallo de la rosa que Arielle sostenía entre los dedos.
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Apartó la vista de la rosa antes de que su imaginación siguiera llevándolo por caminos innecesarios.
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Qué chica tan complicada.
Desde que había llegado a la mansión no recordaba una sola conversación con ella que hubiera seguido un curso normal. Casi todas terminaban igual: dos o tres respuestas cortantes, un silencio incómodo y él preguntándose qué demonios acababa de pasar.
Y lo peor era que ni siquiera conseguía hacerse una idea clara de cómo era realmente.
Solo conocía algunos retazos de ella: una chica incapaz de usar magia, la futura villana de un juego y una noble orgullosa que parecía irritarse con solo respirar el mismo aire que él.
Pero ninguna de esas cosas terminaba de explicar a la persona que tenía delante.
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Cuanto más lo pensaba, menos sentido le encontraba. La chica que tenía delante no parecía encajar del todo con la imagen que se había formado a partir de la historia. Había algo que no terminaba de cuadrar, y precisamente por eso empezaba a picarle la intriga.
La idea terminó de tomar forma en su cabeza antes de que pudiera contenerla.
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Se le acaba de ocurrir algo divertido. Sin detenerse a pensar si era una buena idea o no, simplemente tomó la iniciativa.
—Oye.
Esta vez fue él quien se acercó hasta quedar frente a ella.
Arielle levantó apenas la vista y, al verlo invadir nuevamente su espacio personal, frunció ligeramente el ceño.
—Muévete. Estás siendo molesto.
—Olvídate de eso. ¿No quieres salir de la mansión? Tienes suerte. Resulta que hoy voy a hacer una visita a la ciudad y, como soy una persona increíblemente generosa, he decidido darte el privilegio de acompañarme.
Dejó que sus palabras se asentaran un momento, y añadió con una sonrisa descarada:
—En serio, deberías sentirte afortunada.
Arielle lo observó unos segundos, como intentando decidir si acababa de escuchar correctamente aquellas palabras.
—...¿De qué estás hablando?
¿Acaso se había vuelto más idiota desde la última vez que cruzaron palabra? Ni siquiera estaba segura que algo así fuera posible. Dicho eso, no le costó mucho elegir sus siguientes palabras.
—No me interesa.
—Claro que te interesa. ¿A quién no le gustaría salir un rato? Si por mí fuera, me la pasaría descansando y perdiendo el tiempo todos los días.
—Ya te dije que no.
Un rechazo tajante salió nuevamente, sin siquiera molestarse en suavizar la respuesta. Pero eso solo era un zumbido para el joven noble frente a ella.
— No te noto tan convencida de que de verdad rechaces la idea.
—¡Ya basta!, ¡Deja de ser tan increíblemente molesto! Ya es bastante fastidioso recorrer la ciudad en carruaje como para que encima tenga que escuchar tus balbuceos también. Además, estoy lo suficientemente ocupada como para perder el tiempo como tú.
—Ohhh... Así que sí puedes decir más de dos palabras seguidas. Eso sí que es nuevo.
Luke sonrió con evidente satisfacción.
—Y tienes razón. Ir sentado en un carruaje mientras cuatro escoltas te siguen delante y detrás es un aburrimiento absoluto.
Su sonrisa se ensanchó todavía más.
—Por eso solo tenemos que escabullirnos sin que nadie se dé cuenta. Fácil, ¿no crees?
Por primera vez desde que comenzó aquella conversación, Arielle pareció quedarse sin una respuesta inmediata.
—...¿Hablas en serio?
—Siempre lo hago cuando se trata de perder el tiempo según los demás.
—No hay forma de que te dejen salir de la mansión. Mucho menos de que nadie note durante horas que el hijo del duque ha desaparecido.
—Ahí es donde te equivocas.
Luke cruzó los brazos con un orgullo imposible de ocultar.
—No quiero presumir, pero soy un auténtico experto escapándome de los sitios donde no quiero estar. De hecho, llevo varios días preparando todo, así que detalles como esos ni siquiera entran dentro de mis preocupaciones, aunque si no quieres venir también está bien. Yo pienso salir igual.
...
La respuesta no llegó enseguida. Permaneció observándolo unos segundos más, sin que la propuesta fuera realmente lo que le daba vueltas en la cabeza.
¿Por qué había decido de quedarse en el jardín incluso tras haberlo amenazado? ¿Por qué de repente había decidido invitarla? ¿Por qué le estaba contando, con tanta naturalidad, que pensaba escapar de la mansión?
Si quisiera, podría avisar en ese mismo instante a los sirvientes, a su escolta o incluso a los condes. Bastaría una sola palabra suya para echar abajo aquel supuesto plan antes de que empezara.
Y, aun así...
Él seguía hablándole como si esa posibilidad ni siquiera existiera.
Verdaderamente... ¿Qué bicho le había picado tan de repente?
La pregunta aún no terminaba de formularse cuando Arielle volvió a apartarla. No tenía sentido perder el tiempo intentando entender la forma de pensar de aquel chico.
No mientras siguiera siendo incapaz de alcanzar su objetivo.
—No iré.
Su voz volvió a endurecerse con nueva determinación de no verse involucrada en sus planes.
—Y será mejor que te largues antes de que me entren ganas de contarlo en la mansión.
Pensó que aquello bastaría para terminar la conversación. Pero la expresión de Luke ni siquiera cambió.
—¿Estás segura?
La pregunta salió con una tranquilidad desconcertante viniendo de él.
—No me importa si decides contarlo. Si digo que hoy voy a salir de esta maldita mansión, entonces voy a salir. Ni aunque trajeran al Emperador de la Espada conseguirían impedirlo.
Lo dijo con una seguridad tan absurda que, por un momento, hasta pensó que podía creerlo de verdad.
Entonces, como si acabara de recordar algo completamente distinto, volvió a hablar con el mismo tono desenfadado de siempre.
—Pero, ya que estamos... te voy a contar una cosa curiosa.
Ella no respondió. Por otro lado, Luke tampoco esperaba que lo hiciera.
—¿Sabías que no todo el mundo aprende magia encerrado entre libros? La mayoría sí, claro. Pero también hay personas que la despiertan después de vivir alguna experiencia. A veces buena, a veces mala. Incluso hay gente a la que simplemente... le ocurre.
Hizo un pequeño gesto con la mano.
—Como si el cerebro dijera "ya está" y, de repente, apareciera.
Se encogió de hombros.
—No puedo asegurar que funcione así, pero pensé que quizá a alguien le hubiera interesado probarlo.
Dicho eso, se dio media vuelta con total naturalidad.
—Es una lastima que no se pueda comprobar a ciencia cierta.
No dijo nada más, simplemente empezó a retomar el camino de vuelta, a fin de cuentas, ya casi era hora de empezar los preparativos.
...
...
—Espera.
Luke se detuvo, todavía dándole la espalda.
No sabía qué expresión exacta estaba haciendo su rostro, pero estaba convencido que no era una que pudiera mostrar al público.
Al girarse nuevamente, encontró a Arielle evitando mirarlo directamente.
Después de unos segundos, terminó preguntando:
—...¿De verdad estás seguro de que puedes hacerlo?
—Hay muy pocas cosas de las que esté más seguro que de mi habilidad para incumplir órdenes.
—Haaah...
Arielle dejó escapar un largo suspiro.
Todavía no había aceptado. Y, sin embargo, ya empezaba a arrepentirse de lo que estaba a punto de decir.
—...Yo también iré.
Apartó la mirada con evidente desgana.
—Aunque siga pensando que todo esto es una completa estupidez, hoy tampoco tenía pensado hacer nada más, así que podría participar en tu estúpida sali—.
Luke ni siquiera se molestó en procesar la segunda parte, mucho menos en la contradicción que había creado su comentario con el de tan solo unas frases atrás.
—¡Ja! Sabía que terminarías entrando en razón. ¡Que les den a todos los que pretenden mantenernos encerrados como si fuéramos mascotas!
Arielle lo observó con una mezcla de desconcierto y resignación.
—...A mí sí me permiten salir.
— Eso es solo mover de sitio la jaula, te voy a mostrar algo mil veces mejor.
Recuperó inmediatamente el tono práctico.
—Dile al sirviente encargado de ti que hoy quieres descansar en tu habitación y que no te moleste. Conociendo tu historial, nadie sospechará nada.
Levantó un dedo.
—Dentro de una hora pasaré por ti a tu habitación.
—¿Qué?
Arielle únicamente frunció el ceño al escucharlo.
—¿Cómo que pasarás por mi habitación? ¿No sería más lógico encontrarnos en algún sitio apartado?
Luke descartó la idea sin piedad.
—Por eso te dije que dejaras los preparativos en manos de un experto.—Sonrió con orgullo —Aprovecharemos que nuestras habitaciones son contiguas. Créeme, es mucho más fácil así.
Se dio media vuelta, cortando cualquier otra pregunta que pudiera hacerle Arielle.
—Bueno, me adelanto. Todavía tengo un par de cosas que preparar.
Comenzó a alejarse a paso ligero.
—¡Ah! Y otra cosa.
Echó la cabeza hacia atrás, lo justo para mirarla:
—Ponte la ropa más barata que tengas. No queremos llamar la atención cuando lleguemos a la ciudad. Seguro que encontrarás algo.
—¿Q-Qué...?
No llegó a terminar la frase.
Luke ya había desaparecido trotando entre los senderos del jardín.
...
Arielle se quedó mirando el punto exacto donde él había desaparecido, como si el sendero pudiera devolverle alguna explicación que él no se había molestado en dejar.
¿Qué acababa de pasar?
Aquel chico cambiaba de tema cuando le daba la gana, ignoraba los rechazos como si jamás los hubiera escuchado y, para colmo, tomaba decisiones por los dos sin molestarse siquiera en pedir opinión.
Verdaderamente era un completo dolor de cabeza.
pero sin duda lo más importante era...
\
Al final, solo consiguió una duda más que terminó llevarse de toda la conversación.

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Estás leyendo el capítulo 8 de Conviviendo con la villana (Novela), un novela. Luke es un joven noble que disfruta de una vida cómoda, evitando a toda costa cualquier responsabilidad. Y se supone que así debería seguir siendo. Hasta que una mañana despierta con los recuerdos de otra vida. En… Este capítulo tiene publicado el 5 de septiembre de 2026. Conviviendo con la villana (Novela) tiene 15 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.