Leer Conviviendo con la villana (Novela) Capítulo 7 online gratis en español
Los últimos trazos de luz azulada recorrieron la superficie del pequeño marco metálico.
Luke permaneció inmóvil unos segundos, observando el circuito grabado sobre la placa como si esperara que algo fallara en el último instante. En él, varios círculos pequeños se encontraban alineados y conectados en cadena iluminándose tenuemente como si estuvieran estabilizándose.
Nada ocurrió.
Con cuidado ajustó una última pieza con una diminuta herramienta de precisión.
Un clic casi imperceptible resonó dentro del artefacto.
Esperó pacientemente fijándose en aquella luz. Uno. Dos. Tres segundos.
Finalmente una sonrisa comenzó a dibujarse lentamente en su rostro.
—...
Le dio un par de golpecitos con el dedo, y como respondiendo a este llamado, la inscripción volvió a iluminarse. Esta vez de forma estable.
—...
—¡Perfecto!
No pudo evitar levantar ambos puños.
—¡Ja! ¡Sabía que era eso!
Después de varios intentos finalmente había conseguido estabilizar el flujo mágico.
No era un artefacto especialmente complejo.
De hecho, su complejidad normalmente residiría más en poder costearse los materiales mientras aprendía que en la dificultad para armarlo.
Pero para alguien que apenas llevaba una semana aprendiendo era suficiente para sentirse bastante satisfecho.
Se dejó caer unos segundos sobre el banco de trabajo mientras soltaba el aire.
Aquella habitación se encontraba separada del edificio principal de la mansión.
Originalmente había servido como pequeño taller para mantenimiento de herramientas y reparaciones sencillas, aunque llevaba bastante tiempo sin utilizarse.
Cuando pidió un lugar donde experimentar sin llenar la biblioteca de piezas metálicas, el conde simplemente ordenó acondicionarlo para él.
Ahora el lugar estaba irreconocible.
Libros abiertos ocupaban buena parte de la mesa.
Planos con anotaciones escritas a mano se mezclaban con pequeñas piezas de cobre, cristales mágicos, herramientas y varias pruebas fallidas repartidas por todas partes.
El orden había muerto aproximadamente el segundo día. Aunque también era cierto que recuperar el orden no había estado entre sus prioridades.
Tomó un paño para limpiarse las manos. Después apartó con cuidado un mechón rojizo que había caído sobre su rostro.
Su cabello seguía perfectamente cuidado pese a haber pasado horas trabajando.
Aquello ya era simple costumbre.
—Bueno...
Le dio otra mirada al artefacto. Luego, tomó también el segundo bloque metálico que descansaba junto a él.
Los dos tenían apenas el tamaño de la palma de una mano.
A simple vista parecían simples placas cuadradas atravesadas por delicados círculos grabados sobre el metal.
Solo alguien que entendiera ingeniería mágica reconocería los circuitos.
—Hora de cobrar mi recompensa.
Aquella frase lo puso de bastante mejor humor.
Salió finalmente del taller. Experimentando el aire fresco que recibía su rostro apenas cruzar la puerta.
Era curioso. Ya había pasado una semana completa desde que llegó a la ciudad de Rosenfall.
Una semana no parecía mucho tiempo, y aun así, sentía que aquella mansión había conseguido agotarlo más que varios meses completos en el ducado.
Aunque, siendo justos... tampoco todo había sido malo.
Desde aquella conversación con Arnold había pasado prácticamente cada día encerrado en el taller.
No porque de pronto hubiera descubierto una pasión incontrolable por estudiar ni mucho menos. En verdad se había sentido tentado mas de una vez en arrojar todas las cosas de la mesa e irse a su propia habitación a dormir. Pero incluso así, al final perseveró.
Lo hizo porque quería demostrar algo.
A Arnold.
Al Duque Valenroth.
Y a cualquiera que creyera que era incapaz de comportarse cuando realmente se lo proponía.
\
Aquello casi consiguió sacarle una sonrisa.
Casi, porque de inmediato recordó todo el suplicio que había tenido que soportar para llegar hasta ahí.
\
Seguía sin aceptar aquella vigilancia absurda.
Había cumplido.
Había asistido a las interminables clases administrativas.
Había permanecido dentro de la mansión.
Incluso había reducido considerablemente sus intentos de provocar a Arnold.
Bueno... Eso último solo un poco. Pero el esfuerzo existía.
Mientras atravesaba el jardín, una brisa agradable recorrió los senderos de piedra.
El clima seguía llamándole la atención sin importar cuanto tiempo pasara.
Rosenfall era bastante más templado que el norte del ducado donde había crecido.
Allí los inviernos parecían no terminar nunca.
Aquí, incluso por las mañanas, el aire conservaba un calor ligero que hacía mucho más agradable caminar por el exterior.
\
Al menos en eso había salido ganando.
Durante aquella semana también había visto varias veces al conde y a su esposa.
Nunca permanecían demasiado tiempo en la mansión. Al fin y al cabo el territorio no se administraba solo. A pesar de eso, Pasaban a comprobar cómo avanzaba su adaptación. Conversaban unos minutos preguntaban si necesitaba algo y poco después regresaban nuevamente al castillo principal.
Aunque podría parecer que estaban siendo demasiado indulgentes respecto al compromiso, sobre todo considerando que era su amada hija una de las partes, se imaginó que querían inmiscuirse lo menos posible en su adaptación.
En realidad, aquello tampoco le molestaba demasiado.
Mantener aquella fachada de joven noble educado seguía siendo sorprendentemente agotador. Cuanto menos tuviera que usarla, mejor.
Y no muy desviado del tema, había otra persona con la que había cruzado incluso menos palabras en toda la semana.
Arielle.
Había estado decidida a no involucrase más con él, y vaya que lo había cumplido al pie de la letra.
Se habían cruzado varias veces en los pasillos.
En la biblioteca.
Durante las comidas.
Incluso una mañana coincidieron frente a la escalera principal.
Siempre ocurría exactamente lo mismo.
Ella levantaba apenas la vista. Confirmaba que era Luke. Y continuaba caminando como si acabara de pasar junto a una columna decorativa.
Ni una palabra.
Ni un saludo.
Ni siquiera un insulto.
\
Aunque, para ser justos, tenía que reconocerle algo: No había sido una amenaza vacía ni una pataleta del momento; ella realmente se había propuesto hacer como si él no existiera y no estaba dispuesta a dar un solo paso atrás. Qué manera tan implacable de mantener la distancia, pensó, encontrando aquella terquedad extrañamente admirable.
Fue entonces cuando una conversación llamó su atención.
No muy lejos del sendero principal, Belle permanecía frente a un hombre de mediana edad elegantemente vestido.
Junto a ellos, abandonada sobre la piedra, descansaba una maleta de cuero cuyo peso parecía reflejar la incomodidad de la situación.
—Lamento profundamente las molestias ocasionadas con esto, Señorita Belle. —El hombre realizó una reverencia cargada de incomodidad. —Sé perfectamente lo poco profesional que resulta esto.
Belle, en cambio, conservaba la misma compostura tranquila de siempre.
—¿Debo informar entonces que ha tomado una decisión definitiva?
El hombre dudó.
Su rostro reflejaba una culpa completamente genuina.
—...Sí.
Hubo un breve silencio.
—La señorita Arielle no ha hecho absolutamente nada incorrecto. —Se apresuró a aclararlo. —Es aplicada, estudia más que la mayoría de alumnos que he tenido y jamás falta a una lección.
El hombre guardó silencio un instante.
La siguiente parte parecía costarle bastante más.
—Simplemente... no hemos conseguido ningún avance.
Volvió a bajar la mirada.
—He intentado distintos métodos durante estos días, pero los resultados siguen siendo los mismos. Continuar de esta manera solo sería hacer perder el tiempo tanto a la señorita como a la casa Lioren.
La maid permaneció inmóvil unos segundos antes de asentir.
—Entiendo, Informaré al conde de su decisión y organizaré una reunión para que pueda explicarle la situación personalmente.
El hombre pareció soltar un peso de encima.
—Le estaré profundamente agradecido.
Tras una última reverencia, tomó la maleta y comenzó a alejarse por el sendero de piedra.
Belle tan solo realizó una ligera inclinación de cabeza mientras se alejaba.
Luke se permitió observar la escena apenas un momento.
\
La idea cruzó por su cabeza sin darle demasiadas vueltas.
Después de todo, no era un asunto que le incumbiera.
Como de costumbre, ella no mostró sorpresa alguna incluso tras quedarse sola. Se limitó a observar cómo el hombre desaparecía entre los jardines antes de dirigirse con la misma calma hacia el edificio principal.
Luke, sin detener el paso, volvió a bajar la vista hacia los dos pequeños artefactos que llevaba entre las manos.
Una sonrisa regresó inmediatamente a su rostro.
Comparado con aquello...
Lo suyo sí era importante.
No todos los días alguien lograba construir un artefacto funcional apenas una semana después de haber abierto su primer libro de ingeniería mágica.
Ni siquiera él esperaba avanzar tan deprisa.
\
Puede que aún estuviera muy lejos de llamarse un maestro.
Pero aquello bastaba para demostrar una cosa.
No era un inútil. Y, más importante todavía...
No necesitaba que nadie le llevara de la mano.
Aceleró ligeramente el paso. Cada vez imaginaba con más claridad la cara que pondría Arnold al verlo.
\
Una risa escapó de sus labios.
—Qué expresión tan maravillosa va a poner.
Con el ánimo completamente renovado, continuó atravesando los jardines en dirección al edificio principal.
Solo quedaba encontrar a Arnold. Y, por una vez, sería él quien tendría la última palabra.
Después de caminar por un par de minutos, lo divisó.
Arnold se encontraba ayudando a descargar varias cajas de provisiones frente a uno de los almacenes secundarios de la mansión.
No era una tarea especialmente complicada.
De hecho, probablemente cualquiera de los sirvientes podría haberla realizado sin problemas.
Pero, por algún motivo, su mayordomo siempre terminaba metido en asuntos que poco tenían que ver con acompañarlo.
Un momento aparecía revisando los establos.
Después conversando con el jardinero principal.
Más tarde ayudando a algún sirviente.
Y ahora...
Cargando cajas.
Luke permaneció observándolo unos segundos desde la distancia.
\
\
Arnold seguía hablando tranquilamente con los sirvientes. Incluso parecía divertirse.
\
Veía como uno de los trabajadores le comentaba algo a lo que este ultimo respondía riéndose mientras levantaba otra caja.
Luke terminó suspirando.
\
La idea apareció sin previo aviso. Después de todo, Arnold rara vez permanecía quieto. Siempre encontraba algo que hacer y si lo dejaba allí, probablemente impediría que cualquier sirviente curioso entrara.
...
\
Negó para si mismo con la cabeza.
\
Además...
El taller era suyo.
Su pequeño refugio.
No quería convertirlo en otro sitio donde alguien estuviera pendiente de él.
—Gracias por la ayuda sir Arnold.
—No fue nada, esto no es nada para un caballero de mi calibre.
—Jaja, si lo escuchara el jefe de cocina, seguro vuelve a ponerlo a cargar sacos de harina.
—Mientras después vuelva a invitarme a comer, aceptaré con gusto el sacrificio.
Los sirvientes rieron con familiaridad antes de despedirse con una ligera reverencia.
Solo entonces Arnold giró completamente hacia él.
—Perdone la espera, amo Luke.
Luke levantó ligeramente una ceja.
—Así que sabías que estaba esperando, o mejor dicho, ¿Desde cuándo soy yo el que espera?
—Es una experiencia nueva para ambos. —Respondió su intento de mayordomo con tono confianzudo
— Bah, ahórrate tus chistes baratos.
Sacudió una mano como si quisiera cortar el tema de raíz.
—Necesito mostrarte algo.
Extendió ambas manos hacia delante.
Sobre las palmas descansaban dos placas metálicas apenas un poco más grandes que un sobre de correspondencia. Delicados grabados recorrían toda la superficie hasta converger en un pequeño cristal incrustado en uno de los extremos.
Arnold las reconoció casi de inmediato.
—¿Correspondencia mágica?
La satisfacción terminó por delatarlo en los labios.
—Exactamente, veo que no eres totalmente ignorante después de todo.
Tomó una de las placas y la sostuvo entre los dedos.
—Un par enlazado. Una vez calibradas, cualquier cosa que entre por una aparecerá en la otra.
Introdujo un pequeño sobre vacío en la abertura.
El cristal emitió un leve destello. Un instante después, el mismo sobre emergió lentamente de la segunda placa.
Después repitió la operación una vez más. Comprobado que el resultado era idéntico.
Sin retrasos, sin interferencias, funcionaba exactamente como debía.
—Todavía quiero optimizar el consumo de maná y simplificar algunos circuitos... pero para ser el primer modelo, me doy por satisfecho.
Dejó ambos artefactos con cuidado antes de volver a mirar a Arnold.
—¿Y bien?
El mayordomo permaneció unos segundos en silencio.
—...¿Lo hizo usted?
Preguntó completamente escéptico de lo que estaba viendo, mientras que Luke solo arqueó una ceja.
—¿Ves a alguien más por aquí?
Arnold dejó escapar una pequeña risa incrédula antes de volver a tomar una de las placas.
La giró varias veces entre sus manos.
Comprobó el cristal.
Las inscripciones.
Incluso volvió a activar el mecanismo por simple curiosidad.
El resultado seguía siendo exactamente el mismo.
Finalmente negó despacio con la cabeza.
—Amo Luke...
Su voz sonó extrañamente sincera.
—Esto es... increíble.
El pecho de Luke pareció inflarse por sí solo.
—¿Verdad?
Arnold volvió a dejar ambas placas sobre la mesa.
—Hace solo una semana abrió por primera vez un libro de ingeniería mágica... y hoy aparece con algo como esto.
Levantó la vista.
—No sé cuánto tardaría un ingeniero mágico novicio en fabricar un artefacto así desde cero... pero tengo bastante claro que una semana no entra dentro de una respuesta normal.
Luke sonrió con absoluta satisfacción.
—Humph, ¿Empiezas a entender con quién estás hablando?
—Sí, Parece que tendré que replantearme varias cosas.
—Más te vale.
Luke recibió aquellos elogios con una sonrisa difícil de disimular.
Normalmente le desagradaba que intentaran complacerlo. Desde pequeño había aprendido a desconfiar de los halagos dirigidos al hijo del duque más que a su propia persona.
Pero esta vez era diferente. Esta vez se los había ganado.
Arnold seguía observando ambas placas con una expresión difícil de ocultar.
Por último ladeó ligeramente la cabeza como si hubiera obtenido una nueva duda de todo aquello. Aquel gesto infantil le provocó una increíble repulsión a Luke viniendo de su escolta.
—Ahora que lo pienso...
Levantó una de ellas entre los dedos.
—¿Por qué precisamente un comunicador de correspondencia?
Todavía disfrutando de la admiración ajena, Luke tomó una de las placas y se la entregó sin demasiadas ceremonias.
—Porque esta ya está calibrada.
Arnold la recibió con cuidado.
—¿Calibrada?
—Las dos ya quedaron enlazadas. Esa solo funcionará con la otra.
—Aunque... ¿no habría sido mejor permitir que una misma placa pudiera enlazarse con varias? Me parece un poco ineficiente fabricar un artefacto que solo pueda comunicarse con un único destino.
La duda era razonable, para cualquier idiota, pensó Luke.
Negó con el dedo índice delante de él.
—Tch, tch, tch...
Una sonrisa llena de suficiencia apareció en su rostro.
—Por eso nunca entenderás la ingeniería mágica, Arnold.
Se cruzó de brazos con absoluta tranquilidad.
—Uno de los principios más importantes es no complicar una solución que ya cumple su propósito. Claro que podría hacer que almacenara varias conexiones, pero eso solo volvería el circuito más grande, más caro y mucho más tedioso de calibrar.
Se encogió ligeramente de hombros.
—¿Para qué iba a molestarme? —Levantó una ceja de forma sarcástica. —No tengo pensado cartearme con medio reino.
Hizo una breve pausa antes de rematar con una sonrisa orgullosa.
—Solo sería repetir el mismo procedimiento una y otra vez, Prefiero invertir ese tiempo aprendiendo algo nuevo.
Luego dejó escapar una pequeña risa.
—En serio... qué difícil debe ser vivir sin una mente dedicada a la investigación.
...
\
Arnold sintió un arrepentimiento casi inmediato.
Bastaron dos cumplidos para que su amo recuperara aquella confianza desbordante que tan bien conocía.
Aunque, siendo justos...
Esta vez tenía motivos.
El mayordomo tosió discretamente.
—Entonces... ¿piensa utilizarlo usted mismo?
Luke desvió la vista apenas un instante. El orgullo desapareció tan rápido como había aparecido.
—Bueno... —se rascó distraídamente la mejilla—. En realidad quiero que envíes esa placa al ducado.
—¿Al ducado Valenroth?
—Sí...
Esperó unos segundos más, convencido de que Luke continuaría hablando. Pero como no ocurrió, terminó preguntando él mismo.
—¿Con qué propósito?
—...
El silencio se prolongó unos segundos. No porque fuera difícil, simplemente no tenía demasiadas ganas de responderla.
Arnold, que ya empezaba a conocer demasiado bien aquel tipo de silencios, sonrió con paciencia.
—¿Puedo saberlo?
A Luke no le quedó mas remedio que soltar un largo suspiro.
—...Es para Cloe.
Bastó una sola frase para que el mayordomo comprendiera la situación.
—Ya veo.
Una sonrisa discreta apareció en su rostro.
—La señorita estará encantada.
Una ligera mueca de disgusto fue toda la respuesta que obtuvo.
—No es por eso —negó con un gesto de la mano, como si quisiera cortar aquella idea antes de que siguiera creciendo—. Es porque las cartas siguen llegando a la residencia del conde.
Dejó escapar un pequeño bufido.
—Empezó a escribir apenas supo que me trasladaban. Como ese artefacto tarda mucho menos que un carruaje, las primeras cartas llegaron incluso antes que yo.
Solo recordar la escena consiguió hacerle fruncir el ceño.
—Olvídate de saludar de vez en cuando, cada día Belle aparece para decirme que volvió a llegar otra.
Hizo una pequeña pausa antes de añadir con evidente desgana:
—Es bastante vergonzoso que los condes tengan que seguir recibiendo correspondencia personal dirigida a mí. Con esto las cartas llegarán directamente al ducado y desde allí podrán responder usando el otro artefacto. Todos se ahorran molestias.
—No se preocupe amo Luke, lo entiendo perfectamente.
Arnold asintió lentamente. Aunque la sonrisa que apareció después en su rostro decía exactamente lo contrario.
—Aun así, estoy seguro de que la señorita Cloe se pondrá muy contenta cuando descubra que podrá comunicarse con usted de esa forma.
—Eso ya es asunto suyo.
Sacudió una mano, dando por terminado el tema.
No tenía la menor intención de seguir hablando sobre su hermana.
—En cualquier caso, el problema está resuelto.
Una sonrisa satisfecha volvió a dibujarse lentamente en su rostro.
Le dio un par de golpecitos al pequeño artefacto que Arnold todavía sostenía entre las manos.
—Y, de paso, ya quedó demostrado que todo ese discurso de mi padre sobre "mostrar resultados" era una completa exageración. Solo una semana me bastó para fabricar un comunicador funcional desde cero.
Aquello, incluso para alguien que apenas entendiera de ingeniería mágica, era un logro difícil de ignorar.
—Cuando informes al duque, procura no olvidar ese pequeño detalle.
La sonrisa de Luke se ensanchó un poco más.
—Quiero imaginar la cara que pondrá cuando descubra que el supuesto inútil de su hijo terminó rompiendo sus estúpidos esquemas.
Arnold dejó escapar una risa discreta.
—Estoy seguro de que se sorprenderá.
—Más le vale, jejeje.
Con el buen humor completamente recuperado, estiró los brazos por encima de la cabeza.
—Y ahora por fin llegó el momento de la compensación.
Giró sobre los talones con total naturalidad.
—Creo que ya me gané el derecho de disfrutar un poco de esta ciudad.
ya podía imaginar todos los lugares que buscaría en la nueva ciudad, pero apenas dio el primer paso...
—Me temo que eso tampoco será posible, amo Luke.
...
El pie de Luke quedó suspendido en el aire durante un instante.
Está vez no necesitó procesar la información, su sonrisa había desaparecido por completo.
—¿..Por qué?
Arnold sostuvo su mirada sin perder la serenidad.
—El duque no me pidió que levantara la restricción en cuanto usted demostrara un resultado.
Hizo una breve pausa antes de continuar.
—Lo que pidió fue constancia.
Luke permaneció completamente inmóvil mientras lo escuchaba.
—...
—Una semana es, sin duda, un comienzo extraordinario. Estoy convencido de que cuando el duque reciba ese artefacto se sentirá orgulloso de usted.—Bajó la vista un instante hacia las dos placas. —Pero también me dejó instrucciones muy claras. Quería asegurarse de que este cambio no fuera algo pasajero.
El silencio volvió a instalarse entre ambos.
—Es decir... — Luke bajó apenas la cabeza, sin poder evitar empezar endurecer su propio agarre —, ¿me estás diciendo que una semana entera encerrado estudiando no cuenta?
—No he dicho eso, amo Luke.
—Eso acabo de escuchar.
...
No hubo una respuesta inmediata.
Arnold conocía demasiado bien aquella clase de silencios. El ligero temblor en la mano de su amo bastaba para saber que estaba a un paso de perder la paciencia.
Cualquier otro sirviente habría intentado disculparse o cambiar de tema.
Él no.
Sabía que, cuando Luke se enfadaba de verdad, cualquier palabra de más solo conseguía echar más leña al fuego.
Lo mejor era esperar.
Y dejar que decidiera por sí mismo qué hacer con aquel enfado.
Sin embargo...
—...Tsk.
El chasquido de lengua rompió finalmente el silencio.
Sin mirar a Arnold, Luke rebuscó dentro del bolsillo de su chaqueta y extrajo una hoja doblada varias veces.
La desdobló con un movimiento algo brusco antes de extenderla hacia él.
—Consigue todo lo que aparece aquí.
Arnold recibió la lista casi por reflejo.
Todavía seguía observando a su amo, al bajar la vista, descubrió que era una lista bastante extensa de materiales.
Cristales mágicos.
Placas de cobre refinado.
Polvo conductor.
Mientras la recorría con la mirada, volvió a escuchar la voz de su amo.
Seguía claramente molesto.
—Y ni se te ocurra venir después con que ya es hora de las clases administrativas o cualquier otra pérdida de tiempo.
Cruzó los brazos.
—Hoy no pienso asistir absolutamente a nada.
El mayordomo terminó de leer la última anotación antes de doblar la hoja con cuidado. Posteriormente levantó la vista hacia Luke.
Durante unos segundos pareció meditar la respuesta, hasta que finalmente dijo:
—...Entiendo. Haré que cancelen sus clases por hoy.
—¡Absolutamente no voy a..!. — frunció el ceño antes de detenerse a mitad de la frase—. Espera... ¿Así de fácil?
Una expresión divertida cruzó fugazmente el rostro de Arnold.
—Creo que una semana entera encerrado en el taller también merece un descanso.
Luke tardó un momento en reaccionar.
Aquella respuesta había desarmado por completo la discusión que llevaba varios minutos preparando en su cabeza.
—Le pediré a los sirvientes que consigan las cosas en el mercado en el transcurso del día, así el amo puede descansar por hoy.
Definitivamente aquello había sido más fácil de lo que esperaba.
—Lo que sea... Solo espero que mantengan su palabra y no vengan a molestarme.
Soltó un largo bostezo, ahora que la tensión empezaba a disiparse.
—Pienso recuperar todo el sueño que me hicieron perder esta semana.
Arnold dejó escapar una pequeña risa.
—Procuraré que nadie interrumpa su descanso, amo Luke.
Dijo finalmente acomodando la lista dentro de su chaqueta. Parecía dispuesto a retirarse cuando algo cruzó por su mente.
—A propósito, amo Luke...
Esperó a que este levantara la vista nuevamente.
—¿Cómo van las cosas con la señorita Arielle? No los he visto intercambiar una sola palabra desde aquel primer día.
Un resoplido fue devuelto inmediatamente ante su pregunta.
—Porque no hay nada que hablar, cada uno va por su lado y asunto resuelto —se encogió de hombros—. Yo no soy el que decidió hacer como si el otro no existiera cada vez que nos cruzamos.
\
Solo recordarlo bastó para que el fastidio volviera a instalarse en su pecho.
\
Por supuesto que no.
Desde el principio su intención había sido mantenerse lo más lejos posible de la futura villana. Aun así, decidió darle una oportunidad, creyendo que quizás en realidad podrían vivir en la misma mansión sin complicarle la vida al otro .
¿Y qué obtuvo a cambio?
Desprecio.
No le interesaba perder el tiempo intentando reparar una relación que prácticamente había nacido rota.
Tras ordenar un poco aquellos pensamientos, volvió a mirar a Arnold.
—Es más, diría que he sido sorprendentemente considerado. No la he provocado, no he armado ningún escándalo porque me ignore y ni siquiera he dado problemas delante de los condes.
Una sonrisa de autosuficiencia apareció lentamente en su rostro.
—Si me preguntas, yo diría que estoy siendo increíblemente magnánimo.
Un suspiro escapó del mayordomo, recordando la lógica retorcida con la que trabajaba la mente de su joven maestro.
—No pongo eso en duda, amo Luke. —Hizo una breve pausa, escogiendo con cuidado las palabras.— Pero aun así me preocupa que las cosas continúen de esa manera.
Luke soltó un bufido.
—No exageres. Esto no va a durar tanto de cualquier manera, en cuanto menos te lo esperes este compromiso se vendrá abajo, me aseguraré de que así sea.
Lo dijo con una seguridad que no admitía discusión.
\
La academia aún tardaría al menos un par de meses en comenzar.
Definitivamente era tiempo suficiente.
Si todo salía como esperaba, para entonces el compromiso ya sería cosa del pasado y él habría abandonado aquella mansión mucho antes de que la historia principal empezara a moverse.
Por eso ni siquiera contemplaba la posibilidad de mejorar aquella relación. Sería un esfuerzo completamente inútil.
Arnold lo observó unos instantes antes de negar lentamente con la cabeza.
—Tal vez tenga razón, amo Luke.
Su voz sonaba tranquila, aunque había un matiz de preocupación que no intentó ocultar.
—Pero aun así me inquieta verlo convivir con alguien de esa manera. — Desvió la mirada un instante hacia uno de los ventanales.— La señorita Arielle no parece estar pasándolo especialmente bien, y usted... aunque diga que no le importa, tampoco parece disfrutar mucho cada vez que el tema sale a conversación.
...
Luke frunció ligeramente el ceño, extrañado por las palabras que había arrojado de repente su mayordomo.
—¿Desde cuándo te volviste tan sentimental?
Esbozó una sonrisa burlona.
—No me digas que ahora también vas a empezar a preocuparte por si estoy comiendo bien.
Su mayordomo simplemente dejó escapar una tenue sonrisa.
—No... solo siento que el amo Luke ha cambiado un poco desde que llegamos a esta mansión. —Dudó apenas un instante. —Tal vez incluso desde antes, y no me gustaría que algo como esto terminara pesándole más adelante.
...
Luke permaneció unos segundos en silencio.
Aquellas palabras no tenían demasiado sentido.
O, al menos, eso quería creer.
No debería tener nada que ver con él... y aún así, chasqueó la lengua con evidente fastidio.
—Te preocupas por unas tonterías increíbles.
—Si de verdad no hay ningún problema, entonces me alegra escucharlo.
—Eso es exactamente lo que llevo diciéndote todo este tiempo, estoy perfectamente bien como están las cosas.
Resopló con cierta indignación.
—Y además, no he cambiado en lo más mínimo. Sigo siendo el mismo de siempre.
Se dio media vuelta antes de volver a mirarlo por encima del hombro.
—Haah...Será mejor que no empieces a hablarme como padre, no tenerlo cerca es uno de los pocos alivios que me ha traído el compromiso.
Dijo finalmente mientras se marchaba, tratando de ignorar la molestia que su escolta le había provocado.
\*\*\*\*
Habiendo abandonado finalmente la zona principal con las manos dentro de los bolsillos.
El buen humor que había recuperado gracias al invento no tardó demasiado en desinflarse.
\
Un largo suspiro escapó de sus labios.
Odiaba admitirlo, pero al final Arnold tenía razón.
Una semana no bastaba para demostrar que realmente había cambiado. Si quería que levantaran las restricciones contra él, tendría que seguir comportándose, seguir estudiando y, sobre todo, construir un historial completamente distinto al que llevaba acumulando desde hacía años.
Sí, un nuevo comienzo, para que su padre al final pudiera reconocerlo
...
...
\
Una sonrisa torcida apareció sola.
—¡Ni loco haría algo como eso, ¿quién se creen, condicionándome como si tuviera ocho años?!
¿A quien le importaba lo que el viejo pensara de él? Incluso si hubiera gente que lo hiciera, Luke definitivamente no era uno de ellos.
No.
No iba a seguir aquel juego.
Si no pensaban dejarlo salir de la mansión por las buenas, encontraría otra manera. Al fin y al cabo, no sería la primera vez que tuviera que escaparse de algún sitio, y probablemente tampoco sería la última.
Con aquella conclusión, el ánimo pareció volverle casi de inmediato.
Ahora solo necesitaba esperar a que los sirvientes salieran a comprar los materiales de la lista. Después...
Bueno.
Ya improvisaría el resto cuando llegara el momento.
Con las manos todavía dentro de los bolsillos, continuó caminando sin un destino demasiado definido por los senderos que rodeaban la residencia.
Como se había mencionado, durante aquella semana prácticamente no había salido del taller. Entraba cuando el sol apenas comenzaba a iluminar la propiedad y, para cuando volvía a salir, casi siempre era únicamente para tener las comidas, asistir a alguna clase, revisar la biblioteca o regresar a su habitación.
En consecuencia...
Conocía sorprendentemente poco de la propia mansión donde llevaba viviendo.
—Qué desperdicio...
Murmuró para sí.
Después de todo, seguía siendo la residencia de una de las casas más importantes del reino.
Los jardines parecían extenderse mucho más allá de lo que había imaginado.
Pequeños senderos de piedra se dividían una y otra vez entre zonas cuidadosamente mantenidas. Arbustos recortados con precisión, árboles ornamentales y fuentes de distintos tamaños aparecían dispersos como si cada rincón hubiera sido pensado para verse agradable desde cualquier ángulo.
No era un lugar especialmente ostentoso.
Más bien...
Transmitía una elegancia tranquila. Muy distinta al gusto exagerado que predominaba entre varios nobles del norte.
—Al menos aquí saben cuándo dejar de decorar...
Comentó con una sonrisa distraída.
Sin darse demasiada cuenta, terminó desviándose hacia uno de los caminos laterales.
Era evidente que aquella parte recibía menos visitantes.
Los árboles crecían algo más juntos y el murmullo de la fuente principal desapareció poco a poco, sustituido únicamente por el canto ocasional de algunos pájaros y el suave movimiento de las hojas provocado por la brisa.
El ambiente resultaba... extrañamente agradable.
Se estiró con pereza mientras caminaba, mientras una ligera fragancia comenzó entonces a mezclarse con el aire.
Era dulce.
Luke levantó apenas la vista.
Más adelante, el sendero desembocaba en un pequeño jardín que todavía no había visto.
Cientos de rosales ocupaban el lugar formando hileras perfectamente cuidadas. Blancas, amarillas, rosadas y rojas se mezclaban entre sí sin perder cierta armonía, convirtiendo aquel rincón en uno de los lugares más vistosos de toda la propiedad.
—Vaya...
No esperaba encontrarse algo así escondido detrás de los árboles.
Movido por la simple curiosidad, avanzó unos pasos más.
Y entonces la vio.
A unos metros de distancia, de espaldas al sendero.
El largo cabello celeste descendía hasta casi la cintura, balanceándose apenas con la brisa de la tarde. Bajo aquella luz adquiría un tono sereno, parecido al cielo despejado después de la lluvia.
La figura era esbelta, elegante sin siquiera proponérselo. Y su vestido claro contrastaba suavemente con el intenso color de las rosas que la rodeaban, mientras una mano sostenía con delicadeza una rosa recién cortada.
Por un instante...
La escena parecía sacada de una pintura.
Luke terminó deteniéndose sin darse cuenta.
Hasta ese momento nunca se había parado realmente a observarla con detenimiento.
Siempre que Arielle aparecía delante de él, lo primero que acudía a su cabeza era una única palabra.
Villana.
Tan rápido que ni siquiera le dejaba espacio para verla como cualquier otra chica de su edad.
Era extraño, porque dejando de lado esa etiqueta que su cabeza insistía en pegarle encima, tenía que admitir que era innegablemente bella.
No tenía la belleza llamativa o expresiva que solía captar todas las miradas de inmediato.
La suya era mucho más silenciosa.
Casi fría.
Como si el propio jardín hubiera terminado adaptándose a su presencia en lugar de ocurrir al revés.
\
El pensamiento escapó antes de que pudiera detenerlo.
Aunque, siendo sinceros...
Callada sí que se veía bastante bien.
Permaneció observándola apenas unos segundos más. Y fue entonces cuando notó un pequeño movimiento en su mano.
Levantó la rosa que sostenía en su mano unos centímetros.
Luke creyó, por un instante, que simplemente estaba admirándola.
Hasta que, con absoluta naturalidad...
Arrancó uno de los pétalos.
Luego otro.
Y otro más.
...
...
— ¡Hey, que le estas haciendo a la pobre rosa!
Las palabras escaparon antes de que pudiera detenerlas, al instante se dio cuenta de que había cometido un error, pero ya era demasiado tarde.
\
Arielle se giró hacia la voz repentina, al notar su presencia y sus ojos cristalinos encontraron los de Luke sin dificultad.
Si alguna sorpresa había cruzado por su expresión, se había evaporado en un segundo, pues de inmediato frunció el ceño enojada intentando descifrar cuanto tiempo habían estado observándola.
—¿Es divertido espiar a los demás? —su voz se volvió todavía más fría—. No imaginé que tuviera un pasatiempo tan desagradable.
La acusación salió tan natural que daba la impresión de no contemplar ninguna otra posibilidad.
Un escalofrío recorrió el cuerpo de Luke al escuchar sus palabras.
Desde fuera...
La escena era condenadamente difícil de justificar.
—¡N-No, espera! No es eso.
Las palabras salieron antes incluso de que pudiera ordenarlas.
Arielle no respondió, pero sus ojos no mostraban el menor indicio de haberle creído.
...
Después de una semana completa ignorándolo...
La primera conversación que iban a tener empezaba exactamente de la peor manera posible.

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Conviviendo con la villana (Novela)
Capítulo 8
Conviviendo con la villana (Novela) Capítulo 7
Estás leyendo el capítulo 7 de Conviviendo con la villana (Novela), un novela. Luke es un joven noble que disfruta de una vida cómoda, evitando a toda costa cualquier responsabilidad. Y se supone que así debería seguir siendo. Hasta que una mañana despierta con los recuerdos de otra vida. En… Este capítulo tiene publicado el 3 de septiembre de 2026. Conviviendo con la villana (Novela) tiene 15 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.