Leer Conviviendo con la villana (Novela) Capítulo 6 online gratis en español
Incluso durante el almuerzo, Arielle se negó a dirigirle una sola palabra.
Cada vez que Luke intentaba iniciar una conversación, ella simplemente continuaba comiendo como si el sonido de su voz no existiera. Ni siquiera se molestaba en rechazarlo de forma tajante como había hecho antes. Era una indiferencia mucho más eficaz.
Después de tres intentos consecutivos, terminó por rendirse. Para empezar, no era como si estuviera realmente interesado en acercarse a ella.
Toda aquella apuesta había surgido casi por impulso. Parte de la idea había nacido al recordar una de las frases del libro de ingeniería mágica; aquella insistencia en comprender primero para obtener mejores resultados. La otra parte... bueno, simplemente había sentido curiosidad.
Una curiosidad por saber qué clase de persona era la supuesta villana del juego.
Y la respuesta había resultado...
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Por un lado, esa última pregunta lo había dejado sin palabras.
Por otro, desde entonces Arielle parecía haber decidido borrarlo por completo de su mundo.
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Llevó tranquilamente un trozo de filete a la boca.
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Era una situación donde ambos salían ganando.
No necesitaba hacer ningún escándalo. No necesitaba quedar mal delante de los condes. Ni tampoco inventar alguna estupidez para provocar una ruptura. Ella misma terminaría apoyándola.
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Queriéndose convencer de aquello, Luke abandonó el comedor con un humor considerablemente complicado. Arielle en cambio ni siquiera levantó la vista del plato.
Ahora que había terminado la hora de la comida, decidió buscar a Arnold. Había algo que quería pedirle cuanto antes.
Después de preguntar a uno de los sirvientes por su ubicación, recorrió varios pasillos desconocidos hasta salir finalmente a uno de los patios laterales de la mansión.
Era una amplia explanada empedrada que conectaba con el camino a los establos, las cocheras y un pequeño campo de entrenamiento donde varios guardias practicaban con espadas de madera bajo la supervisión de un instructor. Al menos eso le dijo la sirvienta, ya que no estaba para nada familiarizado con la composición ni caminos de la mansión.
El sonido pausado de los pasos se mezclaba con el viento que recorría los jardines. Parecía que aquella zona servía como punto de encuentro para buena parte del personal encargado de la seguridad.
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Después de todo, Arnold también estaba encargado de familiarizarse con las rutas de la mansión y coordinarse con los escoltas de la familia Lioren mientras permanecieran allí.
No tardó demasiado en encontrarlo.
Su mayordomo conversaba tranquilamente con Belle, la doncella personal de Arielle.
Como cabría esperar de alguien entrenado como escolta, Arnold detectó su presencia incluso antes de que llegara a hablar.
Sus ojos se desviaron por un instante. Después sonrió ampliamente mientras levantaba una mano hacia él.
—¡Amo Luke! ¡Por aquí!
...
El párpado de Luke se contrajo casi imperceptiblemente.
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Ni siquiera habían pasado diez segundos desde que lo encontró y ya tenía ganas de golpearlo.
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Por fuera, sin embargo, mantuvo una sonrisa impecable.
Se acercó con la tranquilidad propia de un joven noble antes de detenerse frente a ambos.
—Arnold. —Su voz sonaba agradable. Demasiado agradable. —Procura moderar un poco más tus modales. Después de todo, seguimos siendo invitados de la familia Lioren.
Su escolta pestañeó por un instante. Solo para después soltar una pequeña risa despreocupada.
—Vamos, amo Luke. No hace falta ser tan rígido.
Hizo un ligero gesto con la mano alrededor.
—La casa Lioren ha sido increíblemente amable con nosotros desde que llegamos. Además, si todo sale bien, dentro de poco ambas familias estarán unidas.
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La sonrisa de Luke no cambió. Pero por dentro sintió un leve tic recorrerle la mejilla.
Arnold conocía perfectamente su opinión sobre aquel compromiso y aun así hablaba de ello con un ánimo que a Luke le resultaba irritante al extremo.
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Arnold continuó hablando como si nada.
—Aproveché para presentarme con Lady Belle mientras organizábamos algunas cosas relacionadas con el servicio durante nuestra estancia.
Belle se inclinó, y hasta ese gesto parecía medido al milímetro.
—Es un placer volver a verlo, señorito Luke.
Su expresión seguía siendo exactamente la misma que aquella mañana. Serena e impecable.
Tan impecable que por momentos parecía más una muñeca que una persona.
— ¿Señorito?— Un signo de interrogación salió de Arnold al escuchar a su amo ser nombrado de esa peculiar manera, pero aquella duda rápidamente se volvió en una sonrisa de diversión. — Pfft, veo que ya es bastante conocido en la mansión, amo Luke.
— Jaja, no es lo que estás pensando Arnold, aunque te aconsejaría no soltar risitas de la nada, es descortés con Belle — Luke se limitó a decirlo de manera casual, pero ya había formado un puño en sus manos, deseaba con toda su alma que la maid se diera la vuelta un momento para poder conectárselos a su basura de mayordomo.
—No existe ningún inconveniente si desean conversar libremente delante de mí. Mi obligación consiste únicamente en asistir a la señorita Arielle y apoyar al señorito Luke en sus necesidades. — Le devolvió Belle como si estuviera especificando las cláusulas de un contrato.
El hecho de que lo dijera como si nada solo le hizo sentir más vergüenza, no pudo evitar alternar la mirada entre ambos.
A un lado estaba Arnold.
Relajado. Sonriendo. Hablando con absoluta confianza.
Al otro...
Belle permanecía completamente inmóvil, con las manos delicadamente entrelazadas frente al delantal, manteniendo una postura tan elegante que parecía salida de un manual de etiqueta.
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Por algún extraño motivo, la sirvienta de Arielle parecía mucho más un mayordomo profesional que su propio mayordomo.
Aquello resultaba deprimente. Sin saber en que momento a alguien se le ocurrió asignarle a Arnold como acompañante.
Decidió dejar el asunto antes de seguir comparándolos. En cambio, tosió suavemente para cambiar de tema.
—En realidad venía porque necesito pedirte algo, Arnold.
—¿Ocurre algo, amo Luke?
—No exactamente. — Negó con tranquilidad—Es más bien una petición, mientras estaba en la biblioteca encontré un área que despertó bastante mi interés. Quería pedirte que prepararas algunos materiales relacionados con ella.
— Oh, fue bastante más rápido de lo que esperaría del amo Luke, ¿Qué tema encontró interesante?
—Busca materiales relacionados a la Ingeniería mágica.
...
Durante un instante, Arnold simplemente lo miró.
Un segundo, dos segundos, tres segundos, y Arnold seguía sin responder.
Una vena comenzó a marcarse en la frente de Luke.
—¿Por qué te quedas callado como un idio... — se cortó en seco al recordar que Belle seguía presente—? Ehem... como si te hubiera dejado de funcionar la cabeza?
Con eso Arnold finalmente volvió en sí.
—Perdón, amo Luke... solo estoy intentando imaginar en qué momento del día decidió interesarse precisamente por la ingeniería mágica.
—¿Y eso requiere tanto esfuerzo?
—Bastante. Hace cinco minutos habría apostado todo mi salario a que me pediría un caballo nuevo, licor o permiso para escaparse de la mansión. Ingeniería mágica estaba... bastante abajo en la lista.
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Luke decidió hacer como si no hubiera escuchado la última parte.
Discutir con Arnold sobre aquello solo conseguiría alargar una conversación que jamás había pretendido tener.
Sacó una hoja en la que había estado escribiendo y se la tendió.
—Toma. Consigue todo lo que aparezca aquí.
Arnold desplegó el papel y lo recorrió con la vista. Belle, situada a su lado, aprovechó la cercanía para echarle un vistazo.
Fue ella la que asintió primero con la misma precisión mecánica que había mantenido durante toda la conversación.
—Me encargaré de informar al personal de compras para que preparen todo lo necesario. Si el joven amo tiene alguna preferencia en cuanto a la calidad o procedencia de los materiales, bastará con comunicármelo.
—No hace falta nada demasiado específico. Con lo que se consiga en la ciudad será suficiente por ahora.
—Entendido.
La joven realizó una ligera inclinación de cabeza antes de guardar aquella información como si hubiera sido una orden escrita.
Arnold, por el contrario, seguía con los brazos cruzados.
Todavía parecía procesando aquella inesperada revelación.
—En ese caso, hablaré con el duque para encontrarle un maestro adecuado.
—No será necesario.
Negó con la cabeza antes siquiera de que terminara la frase, dejando a su escolta un poco descolocado.
—¿No, entonces cómo aprenderá el amo Luke?
—Puedo aprender por mi cuenta.
Aquella respuesta pareció sorprenderlo incluso más que la primera.
—Amo Luke, no pretendo desanimarlo, pero la ingeniería mágica no es un campo precisamente amable con los autodidactas. Incluso quienes poseen talento necesitan meses para construir una base sólida antes de desarrollar algo por sí mismos.
Luke permaneció unos segundos en silencio.
Era exactamente la reacción que esperaba.
Después de todo, cualquiera que hubiera dedicado su vida a aquel campo asumiría que la única forma correcta de aprender era siguiendo el camino que otros ya habían recorrido.
Pero él no podía permitirse hacer eso.
Había leído un solo libro.
Y aun así ya había encontrado demasiadas ideas que parecían aceptar ciertas limitaciones como si fueran verdades absolutas.
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Aquellos recuerdos de otro mundo eran, probablemente, la única ventaja que realmente poseía.
No sabía hasta dónde podrían llevarlo.
Precisamente por eso no quería que nadie delimitara ese camino antes siquiera de haber dado el primer paso.
Volvió a mirar a Arnold.
—Agradezco la preocupación, pero prefiero intentarlo solo por ahora.
El mayordomo estudió su expresión unos instantes.
Lo conocía desde hacía demasiado tiempo.
Sabía reconocer cuándo Luke hablaba por simple terquedad.
Y también cuándo ya había tomado una decisión imposible de cambiar.
Finalmente dejó escapar un suspiro resignado.
—...Entiendo.
No sonaba convencido.
Pero tampoco insistió más.
Belle aprovechó la pausa para intervenir con delicadeza.
—En ese caso, aprovecharé el pedido de materiales del nuevo maestro de la señorita Arielle para solicitar también los del Señorito Luke. De esa manera, podremos recibirlos mucho más rápido.
Luke simplemente asintió.
—Perfecto. Gracias por el apoyo.
Belle realizó una nueva reverencia.
—Ha sido un placer poder ayudar. Si me disculpan, debo ocuparme de los preparativos antes de que cierre el mercado.
La joven dio un paso para retirarse, aunque pareció recordar algo a último momento.
—Ah, cierto.
Se volvió nuevamente hacia él.
—Señorito Luke, también han llegado varias cartas dirigidas a usted.
—¿Cartas?
—Sí. Fueron llegando durante estos últimos días, incluso antes de que usted llegara a la mansión. Como aún no se había instalado, se conservaron junto con el resto de su correspondencia.
Volvió a juntar las manos sobre el delantal antes de continuar.
—Todas provienen de la señorita Chloe Valenroth.
...
Luke se quedó inmóvil sintiendo por un instante un escalofrío recorrerle la espalda.
Por otro lado, Arnold escondió la sonrisa a duras penas.
—Parece que la señorita Chloe fue bastante rápida.
—Decir bastante es quedarse corto...
Belle continuó con absoluta normalidad, ajena al pequeño cambio de ambiente.
—Son varias cartas. Pensé que sería conveniente enviarlas esta misma noche a su habitación junto con el resto de su correspondencia.
Luke guardó silencio unos segundos.
—...Sí. Hazlo.
—Como ordene.
Finalmente, se retiró con la misma elegancia silenciosa con la que había permanecido allí desde el principio.
Arnold siguió su figura con la mirada hasta verla desaparecer entre los senderos del jardín.
Solo entonces volvió a relajar los hombros.
La expresión seria de mayordomo terminó de desaparecer casi por completo, si es que alguna vez la tuvo para empezar.
—Bueno...
Una pequeña sonrisa regresó a su rostro.
—La señorita Chloe debe de haberlo extrañado bastante.
—...Sí.
Luke dejó escapar un pequeño suspiro.
—Seguro llenó la mitad de las cartas preguntando cuándo pienso volver.
Arnold sonrió con naturalidad.
—Y la otra mitad diciéndole todo lo que hizo mientras usted no estaba.
...
\
Por alguna razón, ya podía imaginarse el contenido sin siquiera haber abierto el primer sobre.
Resignado, no le quedó más remedio que aceptar su destino.
—Supongo que tendré que responderle esta noche.
—Me parece una buena idea.
Arnold habló con total tranquilidad.
—Si tarda demasiado, es muy capaz de presentarse aquí solo para preguntarle por qué aún no le contesta.
...
No hubo respuesta.
Lo peor era que no sonaba imposible.
—En fin... al menos es un alivio.
—¿Un alivio?
—Porque ya puedo decirte que eres un incompetente sin que me hagas quedar mal delante de otra casa.
Una pequeña risa escapó del mayordomo.
—Ah, volvió el amo de siempre, y yo que pensaba que el amor le había abierto el corazón.
—Decir eso es una gran idiotez incluso viniendo de ti, Arnold. — Una mirada de reproche fue arrojada a su dirección.
Aún así el mayordomo no pudo evitar sentir curiosidad.
—Entonces... ¿qué tal le fue con la señorita Arielle? Una empleada me comentó que compartieron un agradable tiempo juntos en la biblioteca.
Luke lo miró unos segundos antes de soltar una risa irónica.
—¿Cómo crees que me fue?
Arnold permaneció pensativo unos segundos.
—Mmm...
Fingió pensarlo con detenimiento, aunque al final simplemente arrojó lo primero que le vino a la cabeza.
—Viendo que pude hablar con el amo Luke sin escuchar rumores antes por boca de algún sirviente... creo que, sorprendentemente, todo marchó sin problemas.
—Error. Tal como ambos esperábamos, no quiere saber nada de mí. Es más, dudo que vuelva a dirigirme la palabra de ahora en adelante.
Luke bostezó con desgana al terminar la frase.
No se mostró especialmente decepcionado. Más bien pensaba que debía estar aliviado.
—Pero mejor así. Al menos no tendré que ser yo quien la aparte cada vez que aparezca.
Una breve risa vibró en la garganta de Arnold al escuchar sus palabras.
—Bueno... todavía compartirán esta mansión durante bastante tiempo. Con un poco de suerte terminarán haciendo las paces rápidamente.
—Con un poco más de suerte el compromiso se romperá antes. —Corrigió Luke sin el menor remordimiento.
Arnold ya estaba demasiado acostumbrado para molestarse en insistirle a su amo.
—Supongo que también sería una solución.
—En cualquier caso, ya me cansé de hablar del tema.
Luke se estiró con pereza, sintiendo por primera vez el peso de toda la mañana.
—Lo único que quiero ahora es salir un rato de esta mansión.
Miró directamente a Arnold.
—Prepara un carruaje. Quiero recorrer la ciudad con calma antes de empezar a encerrarme entre libros.
Dio media vuelta, dispuesto a regresar a su habitación para cambiarse.
O al menos...
Eso pretendía.
—Me temo que hoy no será posible, amo Luke.
El comentario hizo que se detuviera en seco, Girando la cabeza lo justo para mirarlo por encima del hombro.
—...¿Qué?
Su mayordomo mantenía exactamente la misma expresión tranquila de siempre, pero esta vez cambio su tono a uno un poco mas serio.
—El maestro me dejó instrucciones muy claras antes de partir.
Un mal presentimiento le recorrió el cuerpo.
—¿Qué instrucciones?
—No debo permitirle abandonar la mansión hasta que el duque considere que puede confiar en usted.
Hubo un breve silencio, aunque incluso eso duró poco, continuó como si estuviera leyendo una nota cualquiera.
—Según sus palabras, primero necesita demostrar que puede comportarse como corresponde... y que está dispuesto a tomarse en serio el compromiso con la señorita Arielle.
...
Luke permaneció inmóvil.
Durante unos segundos no dijo absolutamente nada.
Después...
—...¿Perdón?
Su sonrisa desapareció.
—¿Me estás diciendo que decidió encerrarme aquí... sin siquiera preguntarme?
Esta vez la respuesta no llegó enseguida. Arnold sabía exactamente lo que venía después.
—¿Quién demonios se cree para decidir algo así?
La voz de Luke subió varios tonos sin que él mismo se diera cuenta.
—¡Como si esto fuera una maldita prisión!
Su frustración llevaba acumulándose desde que había despertado aquella mañana.
El compromiso. La vigilancia. Las clases. La etiqueta. Y ahora... ¿Ni siquiera podía recorrer la ciudad en la que se había mudado?
Era demasiado.
Pero su escolta, sin decir una palabra, levantó discretamente un dedo hacia un lado.
Luke siguió la dirección que señalaba.
A varios metros de distancia, dos jardineros habían detenido su trabajo para mirar hacia ellos con evidente confusión.
Un par de sirvientas también habían girado la cabeza.
Su escolta bajó la voz.
—Amo Luke.
Solo esas dos palabras bastaron.
Cerró los ojos con fuerza.
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Inspiró lentamente. Luego exhaló, obligándose a recuperar la calma.
Los sirvientes, al comprobar que no ocurría nada más, retomaron poco a poco sus labores.
Solo entonces Luke pudo volver a mirar a Arnold.
—Entiendo perfectamente cómo se siente.
—¡No lo entie...! —Luke se mordió la lengua antes de volver a levantar la voz. Cerró los ojos un instante y volvió a intentarlo—. No... no lo entiendes para nada. Ni siquiera puedo empezar a estudiar de forma realista sin los materiales. Ya pasé toda la mañana leyendo, me merezco al menos un descanso.
—Lo sé, amo Luke. Pero comprenderá que tampoco puedo desobedecer una orden directa del duque.
Chasqueó la lengua.
Sabía perfectamente que seguir insistiendo no cambiaría nada.
Arnold podía tener una personalidad desastrosa para alguien que se suponía debía ser un mayordomo. Era descuidado, hablaba de más, se tomaba demasiadas confianzas y, cuando tenía oportunidad, incluso encontraba la forma de burlarse de él.
Pero cumplía con su trabajo con normalidad.
Eso era precisamente lo irritante.
—Tch... bien.
Su voz seguía cargada de molestia.
—Entonces solo tengo que demostrar resultados.
El mayordomo no pudo evitar arquear una ceja.
—¿Resultados?
—Exacto.
Una sonrisa desafiante apareció lentamente en el rostro de Luke.
—Si lo único que quieren es convencerse de que puedo comportarme...
Entonces simplemente les demostraré que están equivocados por haber dudado desde el principio.
Arnold no supo si aquello debía tranquilizarlo o preocuparlo.
Probablemente lo segundo.
Con el asunto aparentemente zanjado, volvió a girarse.
— De todas maneras, iré a descansar, ya tuve un día lo suficientemente ajetreado.
—Me temo que tampoco podrá hacer eso todavía.
...
Luke permaneció completamente inmóvil.
Muy despacio...
Volvió a girar la cabeza.
—...Arnold.
—¿Sí?
—Empieza a preocuparme que disfrutes diciendo esas frases.
—Es solo coincidencia.
Una sonrisa inocente apareció en el rostro del mayordomo.
—Hay un último asunto pendiente. Dentro de un rato comenzarán sus lecciones administrativas.
Esta vez el silencio fue distinto.
—...
—¿Mis qué?
—Las clases administrativas. El duque preparó un horario para usted desde esta misma semana. Después de todo, tarde o temprano también tendrá que hacerse cargo de un territorio. Conviene que empiece cuanto antes.
Luke lo miró con absoluta incredulidad.
—...¿Tengo que seguir soportando esas clases aburridas? ¿No se suponía que todo esto de escoger un área de interés era precisamente para dejar atrás esa basura?
Aquellas lecciones lo habían perseguido prácticamente desde que tenía memoria.
Administración.
Economía.
Política.
Historia nobiliaria.
Horas enteras escuchando a viejos explicar asuntos que, según ellos, todo futuro noble debía dominar mientras él calculaba cuánto faltaba para poder escapar por la ventana.
—Por supuesto que no, amo Luke. Cambió de territorio, no de responsabilidades.
—Qué frase tan deprimente...
Arnold soltó una pequeña risa.
—Vamos, joven amo. A pesar de lo vago que es, nadie en la casa duda de que nació con buen cerebro. Unas cuantas clases más no deberían representar semejante tragedia para el gran amo Luke.
Luke respondió con un bufido cargado de evidente disgusto.
No tenía ganas de seguir escuchando ni de discutir.
Simplemente estaba harto.
—...Tch. Me largo.
Dio media vuelta sin esperar respuesta y comenzó a alejarse hacia la mansión.
Arnold lo observó marcharse unos segundos antes de negar con una sonrisa resignada.
—Definitivamente sigue siendo el mismo.
...
Los pasos de Luke continuaron un rato más mientras entraba nuevamente a la residencia.
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Entre el compromiso, la biblioteca y la discusión con Arnold, el día se le había hecho larguísimo, y todavía le quedaban esas estúpidas y anticuadas clases. Sentía que, desde que había llegado al territorio de la familia Lioren, cada vez que resolvía un problema aparecían otros dos esperando su turno.
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Mientras avanzaba por el amplio corredor del segundo piso, comenzó a aflojar ligeramente los hombros.
Al menos todavía podía encerrarse un rato en su habitación. No era mucho, pero en este momento cualquier cosa funcionaba.
Solo entonces reparó en que prácticamente no había prestado atención a aquella parte de la mansión. Entre el cansancio, el sueño y el cambio de ambiente, difícilmente habría podido recordar por dónde lo habían llevado hasta allí.
Ahora, en cambio, el pasillo estaba completamente iluminado por la luz de la tarde. Los grandes ventanales dejaban entrar una brisa agradable que movía apenas las cortinas, mientras algunas pinturas antiguas decoraban las paredes junto a puertas idénticas distribuidas a intervalos regulares.
Luke avanzó distraídamente, dejando que la mirada recorriera aquel lugar que hasta entonces apenas había tenido oportunidad de observar.
Entonces, unos metros más adelante, una puerta se abrió. De allí salió Arielle al pasillo con un libro entre los brazos.
Al percatarse del otro, los dos levantaron la vista casi al mismo tiempo.
Sus miradas se cruzaron apenas por un instante. Sin embargo, ninguno de los dos dijo una palabra.
Arielle desvió la vista primero.
Como si él no mereciera siquiera un comentario, mucho menos un saludo, continuó caminando hacia el pasillo con el libro apoyado contra el pecho.
Su mirada la siguió por pura inercia. Y fue entonces cuando lo notó.
Ella había salido de la habitación contigua a la suya.
Miró la puerta de la que ella había salido. Su mirada alternó entre ambas: la suya, la de ella, y otra vez la suya.
...
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Tampoco era tan extraño. Después del viaje, la reunión con el conde, la cena y todo lo ocurrido aquel día, apenas recordaba haber llegado hasta la habitación antes de dejarse caer sobre la cama.
Pero ahora, con la cabeza mucho más despejada...Resultaba imposible ignorarlo.
A unos pasos de distancia, Arielle también redujo ligeramente el paso.
Sus ojos se desviaron por un instante hacia la puerta que frente a la que se había detenido.
Después miró la suya y su ceño se contrajo de inmediato.
—Tch.
Un chasquido seco fue todo lo que concedió antes de reanudar la marcha como si quisiera alejarse de aquel descubrimiento cuanto antes.
Luke observó su espalda desaparecer al doblar el corredor.
Solo entonces volvió a mirar ambas puertas.
...
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La sonrisa amable que llevaba practicando desde la noche anterior desapareció por completo.
Por un momento incluso llegó a imaginar al conde Lioren organizando las habitaciones con una enorme sonrisa de satisfacción.
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Con un largo suspiro, abrió finalmente la puerta de su habitación.
Aquella jornada ya le había dado suficientes problemas por un solo día.

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Estás leyendo el capítulo 6 de Conviviendo con la villana (Novela), un novela. Luke es un joven noble que disfruta de una vida cómoda, evitando a toda costa cualquier responsabilidad. Y se supone que así debería seguir siendo. Hasta que una mañana despierta con los recuerdos de otra vida. En… Este capítulo tiene publicado el 2 de septiembre de 2026. Conviviendo con la villana (Novela) tiene 15 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.