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Leer Conviviendo con la villana (Novela) Capítulo 3 online gratis en español

Arielle estaba enojada. No, esa palabra no podía abarcar la ira que cubría su piel. Estaba furiosa. Su padre la había comprometido sin preguntarle. Sin avisarle. Sin siquiera darle el lujo de fingir que su opinión importaba. Y encima había tenido la osadía de decir que era "necesario para su crecimiento". ¿Crecimiento de qué? ¿Ahora resultaba que necesitaba un esposo como fertilizante? Y su madre... su madre había asentido mientras la abrazaba. La había abrazado. Como si envolverla entre brazos cálidos hiciera que la traición supiera menos amarga. Los dos eran unos traidores. Unos completos traidores sonrientes. No podía creer que la hubieran engañado con tanta tranquilidad, como si fuera una niña a la que se le cambia el postre por verduras "por su bien". Y lo peor... Su prometido. Cabello rojo bermellón hasta debajo de los hombros. Ridículamente llamativo. Una cara demasiado bonita para ser tomada en serio, como si su único mérito fuera haber nacido con rasgos simétricos. Como si eso importara. Lo que realmente le hervía la sangre era la expresión que llevaba cuando la miró. Desgana. Aburrimiento. Como si todo aquello fuera un trámite molesto que quería terminar rápido para poder volver a algo más interesante. ¿Se creía que le estaba haciendo un favor? Si alguien estaba siendo sacrificada en ese compromiso, era ella. Y aun así, él tenía esa mirada medio dormida, como si el universo girara a su ritmo y ella fuera apenas una escena secundaria. Qué clase de persona mira así a su futura prometida. Qué clase de idiota. Arielle no se preguntó si tal vez estaba exagerando. No era una actividad que practicara con frecuencia. —Señorita Arielle, si me permite decirlo... retirarse del comedor de esa manera fue descortés con los allí presentes. La voz apareció detrás de ella con suavidad. Una maid de cabello corto color melocotón estaba allí, perfectamente erguida, como si hubiera estado observando desde siempre. Arielle ni siquiera se inmutó por la repentina aparición. —No es mi culpa —replicó con mal humor de inmediato—. Es culpa de padre y madre por obligarme a comprometerme sin mi consentimiento. Y no solo eso, sino con una persona frívola que no tiene el más mínimo respeto por lo que está pasando. Frívolo era una palabra amable para lo que realmente pensaba. La sirvienta no cambió de expresión. Ni siquiera realizó un parpadeo extra. —Creo que aún es pronto para juzgarlo de esa manera —respondió con calma —. Si realmente es la clase de persona que la señorita Arielle dice, no tardará en mostrarlo. Arielle chasqueó la lengua. —No me interesa. No pienso intentar llevarme bien con él. Si algo, debería ser él quien me ruegue que le dirija la palabra. Porque claramente era él quien debía esforzarse. Ella no tenía que demostrar nada. —Entiendo, señorita Arielle. Con su belleza, estoy segura de que caerá rendido a sus encantos sin siquiera tener que mover un dedo. La afirmación, pese a su contenido, no sonó exactamente como un halago; su expresión permaneció igual de serena que siempre. Aunque a ella poco le importó. En su mente ya estaba decidido. No iba a ceder. No iba a adaptarse Y definitivamente no iba a sonreírle a alguien que la miró como si estuviera perdiendo el tiempo. Si aquello iba a convertirse en una batalla silenciosa, entonces perfecto. Ella era excelente guardando rencores. \*\*\*\*\*\* Aquel mismo día, ya entrada la noche, finalmente terminaron los arreglos de la habitación de Luke. Ahora estaba acostado boca arriba, con la mirada fija en la lámpara del techo como si esperara que le revelara el sentido de su existencia. Después de la cena, se habían ultimado los detalles sobre lo que sería su convivencia con su prometida. Tras aquella "delicada" charla, el ambiente había regresado a una falsa normalidad. Los padres de Arielle explicaron con sorprendente sensatez qué esperaban del compromiso. —Somos conscientes de que un acuerdo repentino puede provocar tropiezos iniciales —había dicho el conde—. No esperamos una convivencia forzada. Más allá de las clases matutinas según sus intereses y las comidas compartidas, el resto puede desarrollarse con naturalidad. En otras palabras: no los vigilarían las veinticuatro horas. Eso era, sin duda, lo mejor que Luke había escuchado en todo el día. Mientras menos contacto con su prometida, mejor. —Dos meses y tres semanas... El tiempo restante para el inicio de la academia se escapó de sus labios en un susurro. La decisión de asistir o no dependía del interés de cada casa. En familias con suficiente influencia, la elección recaía directamente en los hijos. Algunos buscaban experiencias compartidas. Otros, especialización. Otros, caos romántico innecesario. Luke no pensaba meterse en ese nido de locura disfrazado de "fantasía estudiantil". El sucesor de la orden de caballeros. El aprendiz del archimago. El heredero imperial. El misterioso espadachín con pasado oscuro. Todos orbitando alrededor de la protagonista plebeya mientras defendían su honor de la villana Arielle. Nada de eso le interesaba. —¿Con qué estudio debería distraerme entonces...? Hasta ahora había vivido cómodamente sin desarrollar pasión real por nada. La gestión del ducado ya recaía sobre su hermano mayor. Y en cuanto al combate... —Irónico, viniendo de un ducado famoso por sus peleadores... Antes todo ese esquema de caballeros y magos le parecía normal. Ahora, con sus nuevos recuerdos, le resultaba absurdamente excesivo. Tanto poder militar para un mundo en paz. Ni siquiera había un rey demonio al que culpar. —No tiene sentido pensar más en eso —murmuró sacudiendo la cabeza—. Mañana buscaré algo. Algo lo suficientemente impresionante como para decirle a mi padre: "No necesito este estúpido compromiso. Soy más útil en el ducado". Si lograba eso, el duque no tendría más remedio que reconsiderar su decisión. —Hehe... Luke, una vez más, estaba completamente satisfecho con sus propias divagaciones. Pero antes de perderse del todo en ese futuro glorioso que solo existía en su cabeza, una voz llamó desde el otro lado de la puerta. —Buenas noches, amo Luke. Parecía que Arnold tenía algo que decirle antes de que acabara el día. Un poco irritado por la interrupción de su brillante porvenir imaginario, Luke se levantó y abrió la puerta. Efectivamente, su escolta y mayordomo estaba allí, con una mirada cansada. Lo que se encontró fue un Arnold con ojeras y un semblante pálido que rara vez veía en él. —¿Por qué tienes esa cara? Pareciera que te hubieran puesto a contar ladrillos uno por uno. —El amo Luke, como siempre, expresando lo que piensa sin tapujos —respondió Arnold, recuperando un poco de ánimo con el comentario habitual. Se acomodó el cuello con resignación. —Desde que terminó la comida me han estado presentando todas las zonas y el personal de la mansión por temas de seguridad. Honestamente, ya lo había pasado lo suficientemente mal en el ducado como para volver a hacerlo aquí en el condado... y yo que pensaba que ya no sufriría desde que obtuve mi condición de mayordomo. El mundo definitivamente es cruel con algunos. —¿Y bien? —lo apresuró Luke—. ¿Qué necesitas de mí? —Qué malo, amo Luke. Incluso fue usted quien preguntó. Debería tener al menos el derecho a quejarme. —Lo entiendo, lo entiendo. Ahora dime de una vez. Un suspiró salió de la boca de su mayordomo. —Solo quería recordarle que los condes desean que usted y la señorita Arielle compartan las comidas. Sería conveniente que mañana no... intensifique el ambiente. Él tan solo soltó una risa breve. —¿Peor que hoy? Se nota a leguas que me odia. Y sinceramente, es mutuo. No pienso esforzarme por agradar a alguien que no puede siquiera disimular su descontento. La mano de Arnold terminó apoyándose sobre su frente con evidente resignación. —Al amo Luke le haría bien mirarse al espejo alguna vez. —Para tu información, me veo todos los días para mantener esta hermosa cara en su mejor condición. —No me refería a eso... pero de igual forma es increíble que a pesar de la buena apariencia del amo tanto los anteriores compromisos como las plebeyas que se encontraba en sus escapadas terminaban diciéndole cosas como "Gracias, pero no estoy interesada en pasar mi vida con alguien tan frívolo" o "Lo siento, no me puedo imaginar pasando tiempo contigo con esa personalidad" —Pfff— Arnold ni siquiera intentó contener la risa mientras continuaba. —Aunque, sin duda, la más divertida provino de la hija de la familia Peimon. Hizo una pausa mínima, como si saboreara el recuerdo. —"Lord Luke, llevo tres meses intentando encontrar una sola cualidad redimible en usted. ¡Tres! ¡Meses! Y lo único que he descubierto es que su mayor talento es sacar de quicio a los demás!" Arnold negó suavemente con la cabeza, todavía con esa media sonrisa traicionera. —Fue bastante impresionante. Después de eso, ella misma envió la carta disolviendo el compromiso. Con firma, sello... y una nota adicional recomendándole "abstenerse de contraer nuevos compromisos". —Pfff. —¡Hey. Esta prohibido recordar esas cosas! ¡Bórralo absolutamente de tu memoria, es una orden! —Entendido, amo Luke. Me aseguraré de que esas historias no lleguen a oídos de la señorita Arielle. —¡Ese no es el problema! Un suspiro escapó de sus labios, ya sin ganas de profundizar en el asunto. —Y bien, ¿Eso es todo? —También me pidieron preguntar qué actividad realizará por las mañanas para organizar los recursos necesarios. Luke entonces cruzó los brazos mientras explicaba su propia respuesta. —Por ahora no es necesario que preparen nada. Mañana iré a la biblioteca y buscaré algo que me llame la atención. Hasta entonces no tengo nada en mente. Su mayordomo parpadeó como si el mundo se fuera a acabar al día siguiente. —¿El amo Luke... irá voluntariamente a la biblioteca? —No pongas esa cara. —Con todo respeto, abandonar los acuerdos iniciales entre el duque y el conde desde el primer día podría resultar... inconveniente. —No estoy abandonando nada. Solo estoy buscando algo interesante. Así que informa eso y deja de dramatizar. Arnold lo miró fijamente unos segundos. —El joven amo tomando iniciativa... Esto es histórico. Debe ser el poder del amor. A pesar del tropiezo inicial, el amo Luke claramente quedó enc— —¡Cállate de una vez! La puerta se cerró de golpe frente a su nariz. Pero ni siquiera eso pareció alterar a Arnold, que simplemente dio el último aviso que le faltaba. —Finalmente, mañana estaré ocupado desde temprano con el reconocimiento de seguridad. La sirvienta personal de la señorita Arielle vendrá a despertarlo personalmente. Dentro de la habitación no hubo respuesta. Después de todo Luke ya no estaba escuchando. Había apagado las luces y se había hundido bajo las mantas de la lujosa cama. —Aghh... Un gran bostezo se filtró de su boca. Había tenido suficiente por hoy. —Definitivamente... me libraré del compromiso... Con ese pensamiento y la repentina somnolencia, finalmente cerró los ojos. Mañana comenzaría su brillante plan para liberarse. Probablemente. \*\*\*\* Al día siguiente, Los pájaros revoloteaban al otro lado de la ventana, cruzando de un lado a otro mientras el sol comenzaba a ascender con calma tras una noche larga y silenciosa. La luz se filtraba entre las cortinas abiertas, extendiéndose poco a poco por la habitación con una calidez tenue que no resultaba agresiva. Era, sin duda, un buen día. lo suficientemente fresco para disfrutar de alguna actividad al aire libre pero también lo suficientemente templado para poder elegir estudiar tranquilamente en la mansión. Un día perfecto para empezar de nuevo. —Zzz... ugh... esa maldita luz... La voz de Luke emergió amortiguada entre las sábanas. —¿Quién fue el idiota que dejó abiertas las persianas...? Él había sido ese idiota. Sin mayor reflexión, se limitó a arrastrar una almohada sobre su rostro, aplastándola con fuerza contra su cabeza como si eso fuera suficiente para devolverle la oscuridad... y con ella, el descanso. Planeaba volver a dormirse. Definitivamente planeaba hacerlo. Pero entonces— Toc. Toc. Ni un solo músculo respondió. En su estado actual, levantarse no era una opción. Ni siquiera una consideración lejana. Necesitaba, como mínimo, otras cuatro horas de sueño antes de poder enfrentarse al día... o, más exactamente, a lo que ese día implicaba. Después de todo, la verdadera pesadilla empezaba una vez abriera los ojos. Toc. Toc. El sonido volvió a repetirse con la misma cadencia que antes, constante y sin variaciones, como si quien estuviera al otro lado no tuviera intención de rendirse. —Zzz... Ignorarlo parecía la decisión más sensata. Toc. Toc. —Mmm... no molestes... Toc. Toc. —Dormiré otro rato... Toc. Toc. La insistencia comenzó a hacerse notar. Lo peor era que los golpes eran suaves. Si al menos hubieran sido fuertes, habría tenido una excusa para lanzar algo contra la puerta. Ese mismo golpe ligero, repetido una y otra vez con una regularidad casi irritante, empezó a colarse en su paciencia como una gota constante. Toc. Toc. —¡Que te calles de una maldita vez...! Toc. Toc. Y ahí terminó todo. Luke se incorporó de golpe en la cama, con el cabello completamente desordenado y una expresión que mezclaba cansancio con una irritación ya imposible de disimular. Toda la somnolencia se evaporaba con ese maldito sonido. —Te juro que esta vez me la pagas, Arnold... —murmuró mientras se levantaba—. Voy a descontarte una semana completa de salario por esta estupidez... Cegado por la molestia —y todavía medio dormido— avanzó hacia la puerta sin preocuparse por su aspecto. Ni postura, ni ropa, ni nada que se pareciera a dignidad. Giró el pomo con brusquedad y abrió de golpe. —¿¡Qué te he dicho de no arruinar mis doce horas de sueño!? ¿Cuántas veces debo repetirte que esta belleza necesit— Se detuvo en seco. Porque frente a él no estaba Arnold. Sino la joven sirvienta de la noche anterior. Estaba pulcramente vestida con su uniforme de maid, con su cabello relativamente corto, de color melocotón perfectamente ordenado. Luke acababa de gritarle en la cara, con el pelo hecho un nido y sin pensar siquiera en su apariencia, pero ella… ni siquiera había parpadeado con todo eso. Ni sorpresa, ni incomodidad, ni reacción alguna frente al estallido que acababa de recibir. Como si aquello no hubiera ocurrido, o mejor dicho, como si fuera algo que ocurriera todo el tiempo. —Buenos días, señorito Luke. Espero haya tenido un excelente descanso. \ Las palabras quedaron atrapadas en su garganta. El contraste entre su propio arrebato y la absoluta falta de reacción frente a él lo dejó momentáneamente descolocado. \ —Buenos dí—... espera —frunció el ceño—. ¿Qué acabas de decir? La sirvienta inclinó levemente la cabeza, sin alterar su expresión. —¿Ocurre algo, señorito Luke? —¡Eso! —respondió al instante—. ¿A quién demonios estás llamando "señorito"? \ No estaba dispuesto a dejarlo pasar. Ni de su prometida, ni de nadie más. Belle no respondió de inmediato, como sino entendiera realmente donde estaba el problema. Su escepticismo llegó a tal punto que fue Luke el que empezó a preguntarse si tal vez había hecho una pregunta estúpida. —He utilizado "señorito" debido a que el señorito Luke no se encuentra casado aún. —Hizo una pausa breve, como si estuviera verificando su propia lógica. —¿Es incorrecto? —¿Eh...? Luke no podía creer la excusa que acababa de entrar en sus oídos. —A las jóvenes no casadas se les llama "señoritas". Consideré apropiado aplicar la misma lógica. El silencio se prolongó durante unos segundos. —Eso no tiene sentido... —murmuró Luke— ...o espera... ¿sí lo tiene? Abrió la boca para rebatirlo, pero no llegó a formular la primer palabra, al final solo se decantó por llevarse la mano hasta su despeinado cabello. —Ah... da igual. Llámame como quieras. El enojo se había disipado por completo, reemplazado por una confusión bastante más cansada. Ni siquiera sabía en qué momento había dejado de discutir. Y peor aún— Ni siquiera sabía quién era ella. Como si hubiera esperado exactamente ese punto, la sirvienta realizó una leve inclinación formal. —Permítame presentarme, señorito Luke. Mi nombre es Belle Arclight. He sido asignada temporalmente a su asistencia el día de hoy. Ahora que se encontraba un poco más despierto, Luke la observó unos segundos más, todavía sin demasiado entusiasmo. —...Claro. Belle continuó, sin variar el tono ni la postura. —El mayordomo Arnold se encuentra actualmente colaborando con el personal de la mansión en la verificación de seguridad de las áreas asignadas. Por ello, se me ha encargado atenderlo en su lugar durante la mañana. Luke tardó un momento en asimilarlo. —¿Arnold... ocupado? La idea no terminaba de encajar del todo en su cabeza... hasta que algo, muy al fondo, hizo clic. \ —Ah... Su expresión se volvió rígida. \ El problema no era que no se lo hubieran dicho. Era que él había decidido, activamente, dejar de escuchar. La vista terminó escapando hacia un lado por puro reflejo, como si aquello pudiera borrar la evidencia. —...Sí. Me suena. Belle asintió con total naturalidad, como si esa respuesta fuera más que suficiente. —El desayuno ha sido dispuesto en el comedor. Los condes consideran apropiado que el señorito Luke y la señorita Arielle compartan las comidas. Hizo una breve pausa antes de añadir: —Agradecerían su presencia. Los hombros de Luke terminaron vencidos por la resignación. —...Sí. Ya voy. \*\*\*\*\*\*\*\*\*\* Guiado por Belle, Luke recorrió los pulcros pasillos de la mansión donde se alojaría a partir de entonces. La luz de la mañana entraba por los ventanales altos, proyectando sombras alargadas sobre el suelo pulido. A diferencia de la mansión de los condes, el lugar resultaba más cargado de decoraciones, aunque la sensación de orden absoluto seguía presente en cada detalle. Al llegar al comedor, las puertas ya estaban abiertas. —Puede tomar asiento, señorito Luke —indicó Belle con su tono neutro habitual—. La señorita Arielle debería estar por llegar. Sin discutir, se acercó a la mesa y tomó asiento en uno de los extremos, apoyando un brazo con cierta pesadez antes de dejar escapar un bostezo que ni siquiera intentó disimular. —Me retiraré por ahora. —Belle inclinó una vez más la cabeza antes de alejarse con la misma discreción con la que había llegado. No pasó mucho tiempo Antes de que nuevos pasos se acercaron desde el pasillo. —...Como si no fuera suficiente tener que verlo ayer, ahora también tengo que compartir la mesa... —murmuró con evidente fastidio—. ¿Por qué Belle tuvo que encargarse de él? La voz llegó antes que su dueña. Arielle apareció un instante después, acompañada por otra sirvienta. Avanzó sin prisa, sin molestarse siquiera en bajar el tono de sus quejas. —Qué molestia. Luke alzó la vista, y entonces, sus miradas se cruzaron. La cara de Arielle se agrió en cuanto lo vio. El desagrado, directo y sin filtros, fue suficiente para darse cuenta de que no era ni remotamente bienvenido en aquella mesa. Pero él no apartó los ojos. Si esperaba incomodarlo, no pensaba darle esa satisfacción. Durante unos segundos, ninguno cedió. Finalmente, Arielle desvió la vista con desinterés y caminó hacia el extremo opuesto de la mesa, marcando la distancia de forma casi exagerada antes de sentarse. Luke relajó la mano que había tensado sin darse cuenta. \ No era una victoria importante... pero tampoco iba a dejar pasar ninguna. A la luz del día, pudo observarla mejor. Su apariencia no era particularmente recargada; no había exceso de adornos ni intentos evidentes de destacar. Aun así, todo en su porte transmitía una seguridad difícil de ignorar. No necesitaba joyas ni un vestido exagerado para parecer la dueña del comedor. Probablemente porque lo era. \ Ya lo había pensado desde la noche anterior, pero la idea que tenía de ella, formada por el juego, no terminaba de encajar del todo con lo que veía frente a él. Al menos en su primera impresión. ¿Cómo decirlo...? La Arielle que tenía delante parecía más... infantil. Mostraba el desagrado en cuanto aparecía, mientras que la villana de sus recuerdos solía ocultarlo tras una calma mucho más calculada. Esta era más impulsiva. Y más fácil de irritar. Casi incapaz de esconder aquello que le molestaba. ¿Será porque era el primer encuentro sin los condes que sentía más hostilidad? No, eso no significaba que estuviera equivocado. Los sirvientes se acercaron en silencio, colocándose a ambos lados de la mesa. Con movimientos coordinados, retiraron las cubiertas de los platos. Luke bajó la vista hacia el suyo. Y se detuvo. El contenido no coincidía con el resto. Mientras frente a Arielle había un desayuno perfectamente dispuesto —panes, frutas, algo caliente recién servido—, lo suyo... El olor llegó primero. Algo entre carne mal preparada y una acidez desagradable que no encajaba en absoluto con el entorno se filtraba a la vista frente suyo. No reaccionó de inmediato, pero su mirada se afiló lo suficiente para que el sirviente frente a él lo notara. —¡L-lord Luke! —la criada reaccionó al instante—. D-Disculpe, esto... esto debe ser un error. El chef seguramente... No. Eso no era un error normal. La criada retiró el plato con rapidez, inclinando la cabeza en una reverencia tan profunda que parecía que si se esforzaba más podría dar la vuelta completa. —Lo corregiremos de inmediato. Luke no dijo nada. En cambio, mientras el plato desaparecía de su vista, sintió una presencia distinta al otro lado de la mesa. Alzó ligeramente la mirada hacia la fuente. Al otro lado de la mesa, Arielle ya lo estaba observando. Sus labios ya estaban curvados antes de que sus miradas se cruzaran. No hizo ningún esfuerzo real por ocultarlo. Y entonces— —pff... —la risa se le escapó sin disimulo—. ¿Qué tiene de raro? A mí me parece bastante apropiado. Era evidente que lo estaba disfrutando. —Aunque... quizá el problema sea la cantidad —añadió, como si lo considerara de verdad—. ¿Esperabas algo más? Luke entrecerró los ojos. \ Se había refrenado de insultarla por el mínimo de decoro que guardaba como noble, pero al diablo con todo. Ahora iría con todo... o al menos, hasta donde le convenía. Los sirvientes regresaron con los nuevos platos y después de disponerlos sobre la mesa se arrodillaron al unísono frente a él. —S-Sentimos mucho nuestro error nuevamente, Lord Luke. A-aceptaremos cualquier castigo que considere apropiado p-para enmendarlo. La voz de la maid parecía quebrarse por el nerviosismo, pero aun así logró terminar la frase. Increíblemente asustada por su destino. — ¡¿?! No fué Luke el primero en reaccionar a sus palabras, sino Arielle. Su expresión de desconcierto era evidente, como si no entendiera por qué habían regresado después de haber cumplido con su trabajo. \ Creían que podían hacer lo que quisieran sin consecuencias reales, como si todo lo que ocurría a su alrededor existiera únicamente para entretenerlos. Ni siquiera podía llamarlo malicia, al fin y al cabo su entorno los había convencido que ellos eran los más importantes, pero no por eso significaba que no fueran culpables de las desgracias que se desencadenaban gracias a ellos. Volviendo a la escena, Luke se tomó un momento para decidir. Era evidente que los sirvientes no habían actuado por cuenta propia, pero tampoco tenía sentido convertir aquello en un escándalo. Demostrarlo implicaría más ruido del necesario... y, sobre todo, arruinaría futuras oportunidades. Aun así, ignorarlo por completo lo haría ver débil. Apoyó el codo sobre la mesa con desgana, sosteniendo la mirada sobre los sirvientes que aún permanecían arrodillados. —Levántense. Los sirvientes dudaron antes de obedecer. Tensos por la sentencia que se aproximaba. Aun así, acataron la orden todavía con la cabeza baja. —Mi mayordomo está ocupado desde esta mañana con el reconocimiento de la mansión por órdenes del conde —continuó, como si el asunto le resultara apenas digno de mención—. Vayan con él cuando terminen aquí y asegúrense de que no se le pase nada por alto. Hizo un leve gesto con la mano, como quitándole importancia. —Así al menos compensan la molestia. El silencio se mantuvo unos segundos hasta que los sirvientes comprendieron sus palabras. Alzaron la cabeza con cautela, como si no hubieran entendido bien. —¿...eh? —¿Hay algún problema? —preguntó, ladeando la mirada con aparente desinterés—. Pueden irse. —¡S-Sí, Lord Luke! ¡Muchas gracias! Uno de ellos casi se va de bruces al levantarse. La criada que había hablado parecía a punto de llorar otra vez, aunque ahora por motivos muy distintos. Luke desvió la mirada con fastidio, pero por dentro estaba pensando en otra cosa. \ —Espera. La voz de Arielle cortó el momento. Ya no había rastro de diversión en su expresión. —¿Quién te crees para decidir eso? Su tono era seco, molesto. —Son sirvientes de esta casa —continuó, apoyando el tenedor con un pequeño golpe—. No puedes disponer de ellos como si fueran tuyos. Luke apenas giró el rostro hacia ella, sin cambiar de postura. —Fueron ellos quienes hablaron de castigo —respondió, como si fuera obvio—. Solo elegí una opción. El ceño de Arielle se cerró de golpe. —No actúes como si ya pertenec— —Entonces llamemos a tus padres. La interrumpió sin elevar la voz. —Y les explicamos por qué estamos discutiendo esto en primer lugar. \ Arielle se quedó en silencio un instante. Era consciente de que por muy favorecida que fuera, los condes eran personas rectas que no ocultarían bajo la alfombra sus errores, o por extensión, los de ella. Su rostro entonces se tensó. —...Tch. Y desvió la mirada con fastidio. —Haz lo que quieras. Luke no respondió. Solo volvió la vista hacia su plato, como si el asunto hubiera dejado de existir en el mismo momento en que dejó de ser un inconveniente. O eso es lo que su expresión hacía creer. \ El tenedor giró entre sus dedos con una ligereza casi innecesaria. \ Cortó un trozo con calma, llevándoselo a la boca mientras una satisfacción creciente se le subía al pecho. \ Sus ojos se deslizaron hacia el otro extremo de la mesa. Su supuesta prometida seguía ahí. Claramente molesta. Una nueva emoción empezó a nacer dentro de Luke al ver a la villana caer en su propio juego. no sabia que era exactamente... pero no le desagradaba del todo. \ Un pensamiento del otro mundo se cruzó por el cerebro. Lo que fuera, no le desagradaba. De hecho... \ La comisura de sus labios se elevó apenas mientras dejaba el cubierto sobre el plato con un sonido suave. —Al final —dijo con calma—, parece que no fue más que eso. Hizo una pausa breve, como si eligiera con cuidado cada palabra. —Un intento bastante pobre. Luke apoyó la barbilla en la mano y la miró condescendientemente, con una pequeña sonrisa de autosuficiencia. El cambio fue inmediato. Arielle dejó de moverse. Muy despacio, giró el rostro hacia él. —...¿perdón? No había rastro de burla en su voz. Esta vez era directo. —¿Te estás burlando de mí? Luke no retrocedió. Al contrario. —En absoluto —respondió sin apuro—. Solo me sorprende la imaginación que pueden tener algunas personas, lastimosamente también hay casos en donde sus habilidades no les respaldan. La mano de Arielle se tensó alrededor del tenedor, con una fuerza poco acorde a la de una dama. Se levantó de su asiento con brusquedad y lo señaló sin ningún tipo de sutileza. —Escúchame bien, en esta mansión no hay espacio pa— —¡HUUUOOH! No llegó a terminar. En un instante, Luke ya no estaba sentado. Su silla rechinó contra el suelo mientras él daba un salto hacia atrás, encorvándose en una postura extraña, con los brazos levantados de forma rígida y las manos abiertas, como si intentara imitar a algún tipo de bestia lista para atacar. —¿Qué... se supone que es eso? —la pregunta se le escapó a Arielle sin el menor rastro de burla; el desconcierto fue tan genuino que ni siquiera intentó disfrazarlo. —¡N-No te hagas la tonta! —espetó, claramente alterado—. ¡Sé perfectamente lo que estás intentando! ¡No voy a caer dos veces en lo mismo! Arielle parpadeó varias veces seguidas. Su mirada descendió desconcertadamente hacia el tenedor todavía en su mano, como si intentara entender qué parte exacta había provocado esa reacción. \ Desvió apenas la mirada hacia los sirvientes, buscando alguna reacción que le indicara que no era la única viendo aquello. Al verlos igual de perplejos, se alivió de que no fuera la única que cuestionara su estupidez. Arielle volvió a mirarlo, esta vez sin molestarse en ocultar la expresión de fastidio que se le dibujaba con total claridad en el rostro. —No tengo la más mínima idea de lo que estás diciendo —soltó finalmente, con un tono plano que dejaba poco espacio a interpretación—, más allá de que claramente estás actuando como un completo idiota. Fue entonces cuando Luke, al notar las reacciones de todos a su alrededor, empezó a darse cuenta de que tal vez había malinterpretado... bastante... la situación. Los sirvientes lo miraban con expresiones difíciles de describir, todas dirigidas hacia él, que en ese momento seguía con los brazos al frente y las palmas abiertas, como si estuviera en medio de algún ritual incomprensible. \ La culpa no era suya. Él sabía perfectamente que ese tenedor, en manos de esa persona, representaba una amenaza real. El problema era que nadie más compartía ese conocimiento. \ Su mente avanzó un paso más allá, y el panorama empeoró. \ Sin muchas opciones, bajó los brazos con la mayor naturalidad que pudo reunir y tosió ligeramente, como si todo hubiera sido parte de algo perfectamente normal. —Esto es... ya sabes... un estiramiento —dijo, improvisando sobre la marcha—. Dicen que es importante mantener disciplina en todo lo que uno hace... o algo así. Ni él mismo estaba convencido. La expresión de Arielle pareció haber quedado grabada en piedra. Permanecía igual, pero Luke tuvo la incómoda sensación de que acababa de ser clasificado a algo que no era humano. Nadie dijo nada. Un sirviente descubrió de repente que el mantel era fascinante; otro se puso a doblar una servilleta que ya estaba doblada. A sus ojos, la situación había descendido un escalón más: de loco a... algo difícil de clasificar. Por suerte —o por desgracia—, Arielle fue la primera en reaccionar. Chasqueó la lengua sin ningún intento de suavizar el gesto. —Sería mejor que te estiraras lo suficiente como para desaparecer de mi vista —escupió con total naturalidad—. Te lo voy a dejar claro: no me importa qué clase de estupideces quieras hacer. Solo deja de involucrarme en ellas. La sirvienta que la acompañaba cerró los ojos un segundo. Luke sospechó que no era la primera vez que la oía hablar así. Aun así, Luke no se alteró. En el fondo, el objetivo era el mismo para ambos, aunque por razones distintas. Mientras eso no se torciera, podía tolerar ese tipo de ataques sin mayor problema. —Vamos, no es necesario tanta hostilidad, señorita Arielle —respondió con una calma que contrastaba ligeramente con lo ocurrido segundos antes—. Entiendo que cada uno necesite su propio espacio para adaptarse al compromiso. —No me interesa —cortó ella sin dudar—. Solo no te acerques a mí. Tch... ya hasta se me quitó el apetito con todo esto. Dicho eso, se levantó y comenzó a dirigirse hacia la salida sin mirar atrás. Luke la siguió con la mirada por pura inercia. Y fue entonces cuando lo notó. Los platos de su lado de la mesa estaban vacíos. Todos. No quedaba absolutamente nada. \ Frunció el ceño. \
Conviviendo con la villana (Novela)

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Estás leyendo el capítulo 3 de Conviviendo con la villana (Novela), un novela. Luke es un joven noble que disfruta de una vida cómoda, evitando a toda costa cualquier responsabilidad. Y se supone que así debería seguir siendo. Hasta que una mañana despierta con los recuerdos de otra vida. En… Este capítulo tiene publicado el 30 de agosto de 2026. Conviviendo con la villana (Novela) tiene 15 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.