Leer Conviviendo con la villana (Novela) Capítulo 2 online gratis en español
Una vez concluida la reunión con el duque, Arnold continuó cargando a Luke hasta que estuvieran lo suficientemente lejos para que sus gritos no llegaran a la oficina del lord.
Para entonces, el arrebato ya se había disipado casi por completo. Acomodándose nuevamente el cuello del traje, Luke dirigió Arnold una mirada tan afilada que cualquier carnicero de la capital habría pagado una fortuna por ella.
Un simple encogimiento de hombros fue toda la respuesta que su mayordomo le pudo ofrecer.
—No tiene que mirarme de esa forma, joven amo, ambos sabemos que solo hacía mi trabajo.
—¡Eres un traidor! Recordaré esta humillación por el resto de mi vida.
—Vamos, no es para tanto, hasta fui ordenado a acompañarlo al condado como chaperón de su nueva vida, ¿no es eso suficiente castigo ya?
—¿Cómo que nueva vida? Deja de escupir tonterías y ayúdame a pensar cómo revocar esta estúpida decisión.
—No pierda el tiempo, amo Luke, el maestro se veía bastante determinado con su decisión, no creo que exista algo que lo haga cambiar de opinión, y para rematar, no es como si tuviera tiempo para pensar en algo.
Es verdad que no lo tenía... Luke se puso a espaciar mientras caminaba por el pasillo.
—Aunque incluso con todo el tiempo del mundo sería difícil para el amo Luke pensar en general...
Su escolta personal, por su parte, estaba diciendo cosas que podrían ejecutarlo instantáneamente en otras circunstancias, pero su cabeza ya estaba en otro lado.
«No debería ser la misma persona, la villana en el sueño podía de hecho usar magia de fuego de alto nivel, lo sé porque lo usaba constantemente para intimidar a la protagonista del juego.»
Un pensamiento que parecía más de otra persona que de sí mismo se manifestó en él; esta nueva sensación le parecía increíblemente fastidiosa, como si su cabeza hubiera empezado a alojar a un nuevo inquilino no deseado.
Aun así, por alguna razón podía aceptar la información que le arrojaba sin mucho esfuerzo.
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Luke se encontró pensando una vez más en los recuerdos de la mañana; todavía no sabía si solo era un sueño profético, recuerdos de otra vida o algo más.
Pero por cómo se estaban desarrollando las cosas, no podía simplemente descartarlo como una tontería. Tampoco lo aceptaría como una realidad, pero necesitaba organizar sus pensamientos respecto a este tema, por lo menos para que dejara de fastidiarlo.
«Edad... 17 años, estatus... universitario, hobbies... jugar novelas visuales, tales características hacían parte del portador de esos pensamientos.»
En este lugar el mundo de Luke no era nada más que uno más de los muchos juegos que esa persona había jugado... no podía aceptarlo.
Pero dejando esto de lado, mostraba cosas que tenían sentido que pasaran; no, de hecho, muchas cosas no tenían el más mínimo sentido, como el por qué el sucesor de la torre mágica estaría transformándose en un cachorro a escondidas para recibir palmaditas en la cabeza por la protagonista.
¡Y a él lo llamaban problemático por querer salir a divertirse un poco!
Aunque, contrastando con este hecho, incluso con todo esto, los acontecimientos seguían siendo bastante detallados como para pasarlo por una alucinación.
La historia se desarrollaba en la academia Imperial Valdyr, en la capital del imperio, cuyas clases empezarían tres meses en el futuro.
No quedaba lejos del condado Lysanor, pero le parecía extraño que la villana hubiera ido, considerando que estaba en este extraño compromiso forzado.
Y el mayor problema era... que él no aparecía en la historia para nada.
No era tan raro que algunos nobles no fueran a la academia; si bien era un buen lugar para formar lazos desde temprana edad, algunos padres preferían que sus hijos se mantuvieran bajo su propia educación, ya podrían estrechar relaciones en las fiestas que se realizaran o en fiestas de té planeadas por ellos mismos.
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El caso era que el hecho de que Arielle, la villana, asistiera a la academia, pero no él, era increíblemente extraño. En este momento su padre había estado considerando si enviarlo o no, pero considerando el compromiso, se imaginaría que había descartado esa idea.
Volvió a rebuscar entre aquellos recuerdos, explorando información sobre la villana que le permitiera encontrar algo sobre él... sin embargo, solo consiguió encontrar una conversación sin demasiada importancia.
O al menos eso parecía.
—Arielle da bastante miedo, siempre con una mirada de que, si te topas en su camino, serás cortada en la mitad.
En un salón de clase se encontraban 2 alumnas charlando.
—¡Sí! Escuché que siempre que tiene la oportunidad obliga a Clara a hacer sparring con ella, con la excusa de enseñarle "modales".
—¡Qué horror! También escuché que apuñaló a su comprometido con un tenedor.
—¿Cómo alguien así puede incluso asistir a esta academia? Definitivamente tenemos que mantenernos lo más alejadas posible de ella.
...
...
—¡¿Pero qué carajos?! ¡Voy a ser apuñalado en menos de tres meses! ¡Tiene que ser un maldito chiste!
—¿De qué está hablando, amo Luke? ¿Le corté el flujo de sangre al cerebro mientras lo cargaba? Estaba bastante seguro de haberlo sujetado sin hacerle daño...
—Te voy a terminar enviando al condado corriendo detrás del carruaje.
—Le pido que no haga eso, amo Luke, sino no podré ser capaz de protegerlo en caso de problemas.
—Debiste pensar en eso antes de abrir esa sucia boca tuya.
Mientras tenía este intercambio inútil con su mayordomo, Luke había llegado nuevamente a su habitación. Al abrir la puerta, la mitad de su cuarto ya se encontraba siendo empacado por decenas de sirvientes.
—Vaya, el maestro definitivamente gestiona las cosas con rapidez —se sorprendió Arnold.
Sin prestar atención a los sirvientes que llenaban la habitación, avanzó directamente hacia la pequeña estantería ubicada al lado de su cama, Al llegar allí, Abrió el primer cajón y sacó una horquilla para el cabello, envuelta en finos hilos dorados y adornada con una brillante gema roja en la parte central.
Después de mirarla fijamente por un momento, la guardó en uno de sus bolsillos y se dirigió nuevamente a la salida.
Arnold no dijo nada. Solo se limitó a observar este gesto mientras mantenía su expresión usual.
Finalmente, al salir con Luke de la habitación una vez más, preguntó en voz baja:
—¿A dónde se dirige, amo Luke?
—¿Cómo que a dónde?, ¿no es obvio? Iré a darme un baño, no he tenido ni ese tiempo siendo arrastrado desde que me levanté.
—Entiendo...
La escena fue observada en silencio. Frente suyo, el joven amo siguió caminando por el pasillo delante de él.
Su espalda se encontraba un poco baja, al menos así le pareció a Arnold.
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El tiempo pasó mucho más rápido de lo que Luke habría querido.
La despedida de la mansión del ducado procedió implacablemente. Tan solo un par de horas después de ser informado de su compromiso, ya habían despachado a Luke a su nueva residencia.
Ver la cara de su padre mientras lo despedía le pareció increíblemente molesto. ¿Qué pensarían sus hermanos cuando se dieran cuenta de que el segundo hijo había sido prácticamente expulsado del ducado?
Su hermano mayor probablemente se compadecería de él; después de todo, era un santurrón en toda regla.
... Y su hermana menor... era mejor no pensar en eso.
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En serio creyó que conocía lo suficiente a su padre como para confiar en que no se desharía de él de esa manera, pero vaya equivocado que estaba.
—Va a ser un largo viaje, amo Luke. El lado bueno es que escuché que el condado Lysanor conlleva un clima fresco la mayor parte del tiempo.
A juzgar por el tono con el que hablaba, Arnold parecía convencido de que aquello podía terminar siendo algo bueno.
Luke, en cambio, no encontraba un solo motivo para compartir ese optimismo.
—Pareces bastante emocionado por el cambio de residencia. No me digas que... ¿en realidad estabas esperando algo como esto?
—Jaja, por supuesto que no. Pero aun así, ¿no puede traer algo bueno este cambio abrupto de ambiente? Ya sabes lo que dicen: no hay mal que por bien no venga.
—No hay forma de que algo así aplique en este caso.
Soltó Luke tajantemente. Aun así, dirigió su vista a la ventana del carruaje.
Más allá del cristal, los campos se extendían bajo una capa de niebla tenue que suavizaba el contorno de las colinas. El frío permanecía estable en el ambiente, impregnando el aire con una claridad cortante.
En realidad, debía admitir que tampoco le disgustaba especialmente este lugar, sin embargo, sentía que era un sitio bastante aburrido en donde ya lo había visto todo; tal vez esa fuera una de las causas de sus impulsos imprudentes.
Lo que en realidad le disgustaba era...
—Además... —Una sonrisa apareció en el rostro de Arnold, como si lo que estuviera a punto de decir le resultara especialmente divertido.— ¿No debería primero que todo felicitarlo por su compromiso? Pensar que el joven amo, al que incluso las plebeyas rechazan, no solo está comprometido, sino que lo está con la hermosa heredera de la familia Lioren... ¿no es esto una gran ganancia, lo vea por donde lo vea?
—No entiendes nada, así que cierra ese pico, que todavía estoy considerando si enviarte corriendo al condado.
—Sus bromas como siempre son bastante extremas, amo Luke. A lo que me refiero es; incluso si es un compromiso forzado entre dos personas con bastantes malos rumores, puede que congenien curiosamente bien.
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Le costaba bastante creerlo. No era la antagonista de la historia por nada.
Aún así, a lo mejor debería al menos darle el beneficio de la duda antes de conocerla.
El hecho de que él también fuera apodado como una oveja negra apoyó esa línea de pensamiento.
—Sabes qué, para toda la palabrería barata que sueltas, esta vez puede que tengas razón.
¿Y qué si era retratada como la villana en la historia? Quizá solo era su manera de divertirse... una manera retorcida y desviada de diversión...
«No, no, no.., no profundicemos en ello.»
—Por supuesto que puedo dar buenos consejos cuando me lo propongo. Incluso a mi joven edad he tenido varias experiencias cercanas a la muerte; uno o dos romances juveniles no son nada para mí.
—Hmm...
Costaba creer aquella última afirmación. Después de todo, nunca había visto a su escolta interactuar fuera de su trabajo con alguna mujer.
Sea como fuere, Luke decidió disfrutar del paseo; lidiaría con lo que fuera que pasara cuando llegara el momento.
Hasta ahora siempre le había funcionado.
Los días fueron pasando casi sin darse cuenta.
Fue un viaje bastante entretenido, debía admitir Luke. Las diferentes ciudades visitadas tenían un encanto único propio de cada una.
Lo único malo era que Arnold lo seguía arrastrando al carruaje al poco tiempo de llegar.
¿Qué tenía de malo quedarse al menos un mes en cada ciudad? No era como si el objetivo de Luke fuera posponer la reunión lo máximo posible.
O eso sostenía Luke, desesperado.
Siete días completos de viaje, finalmente habían llegado a la ciudad de Rosenfall; la ciudad en donde vivía la familia principal Lioren.
En contraste con el ducado Valenroth, que se caracterizaba por el clima helado que se esparcía por el aire la mayor parte del tiempo, la ciudad de Rosenfall le parecía a Luke más bien un nido cálido de vegetación. En medio de la ciudad se encontraban muchas zonas verdes, con bastantes parques distribuidos en diferentes sectores.
Ver tantas flores de diferentes tipos juntas, sin necesidad de mantenerlas en un invernadero, fue algo especialmente raro para Luke.
Al entrar el carruaje en la mansión, Luke visualizó grandes jardines a lo largo del recorrido: rosas, hortensias, magnolias, ya fuera por la facilidad del clima o por la preferencia de los condes, muchos árboles y campos se encontraban minuciosamente decorados y arreglados.
—Uaah, sería maravilloso que el ducado pudiera tener algunas zonas como las que maneja la familia Lioren.
Incluso Arnold parecía maravillado por el paisaje.
—Sería inútil llevarlas; con el clima no durarían mucho de igual manera.
Incluso si se pudieran mantener bajo un invernadero, Luke creía que no se verían igual de maravillosas que la vista frente a él.
Después de un tiempo, el carruaje se detuvo finalmente frente a la escalinata principal de la mansión Lioren. Antes de que Luke descendiera, varios sirvientes ya se habían alineado a ambos lados de la entrada, inclinando la cabeza en señal de respeto. La coordinación era impecable; evidentemente, su llegada había sido preparada con antelación.
Con calma descendió del carruaje, apoyándose un instante en el borde de la puerta. Apenas las botas tocaron el suelo firme, el cuello giró ligeramente hacia un lado antes de estirar los hombros.
Permanecer sentado durante tantos días seguidos resultaba más agotador de lo que parecía. Sentía la espalda tensa y las piernas algo entumecidas.
Más que cualquier tensión política, lo que realmente deseaba en ese momento era una cama.
Al frente, descendiendo un par de escalones, se encontraba un hombre de porte relajado y expresión cordial.
Su cabello celeste —rasgo distintivo de la familia Lioren— brillaba suavemente bajo la luz del día. El tono transmitía una serenidad difícil de ignorar, semejante al cielo despejado después de la lluvia.
A su lado permanecía una mujer de semblante delicado y postura elegante.
El hombre habló primero.
—Bienvenido a Rosenfall, joven Valenroth. Permítame presentarme. Soy Cedric Lioren, conde de estas tierras.
Hizo un gesto leve hacia la mujer a su lado.
—Y esta es mi esposa, la condesa Elowen Lioren.
La condesa inclinó la cabeza con elegancia. Su sonrisa era serena, casi acogedora, aunque su mirada era clara y atenta.
Sostuvo la mirada un instante antes de responder con una inclinación mínima, correcta pero sin exceso.
—Lucien Edward Valenroth. Agradezco la recepción. Aunque Luke es suficiente.
Su tono fue estable, aunque carente de entusiasmo.
—Lamentamos que su traslado haya sido tan repentino. —La sonrisa no desapareció de su rostro.— Esperamos que el viaje no haya sido demasiado pesado.
Luke no se molestó en suavizarlo.
—Lo fue.
La respuesta cayó plana, sin cortesía añadida.
Durante unos segundos nadie añadió nada.
Antes de que el silencio se volviera incómodo, Arnold intervino:
—El joven amo ha pasado varios días consecutivos de trayecto sin descanso adecuado. Agradecemos profundamente su consideración, conde.
Cedric asintió sin perder la cordialidad.
—Es completamente comprensible.
Elowen tomó entonces la palabra.
—Hemos dispuesto una comida de bienvenida. Nuestra hija se encuentra aguardando en el comedor, Por favor acompañenos.
No hizo falta añadir más.
Villana.
Prometida.
O simplemente una desconocida que lo esperaba al otro lado de una mesa.
En ese momento, sin embargo, lo único que deseaba era terminar con las formalidades lo antes posible. Cualquier conversación sobre su compromiso podía esperar hasta después de haber descansado.
—Entiendo.
Cedric extendió la mano hacia la entrada con gesto amable.
—Entonces, por favor, acompáñenos.
Con paso firme el conde comenzó a subir los escalones, atravesando la fila de sirvientes que permanecían inclinados. Todos ellos con una postura perfecta, como silo hubieran ensayado de mano cientos de veces, lo cual era imposible considerando la prontitud del compromiso.
El interior mantenía la misma atmósfera que el exterior: luminoso, adornado con arreglos florales discretos y una sensación general de hogar más que de fortaleza.
Demasiado cómodo.
Aquella sensación resultaba extraña.
Nunca se había parado a pensar en las diferencias de decoración entre las familias nobles hasta ahora que se había encontrado con una tan diferente.
Reprimió un bostezo apenas perceptible.
Si el destino insistía en arrastrarlo hasta aquí, al menos podría hacerlo después de una comida decente.
Y, con suerte, una habitación silenciosa.
Con ese pensamiento simple y nada decoroso, se dirigió hacia el comedor donde lo aguardaba su prometida.
La primera mirada recorrió el comedor hasta detenerse en la joven que aguardaba junto a sus padres.
Cedric hizo un gesto leve con la mano.
—Joven duque, permítame presentarle a mi hija, Arielle Lioren.
La joven permanecía inmóvil frente a él.
Un largo cabello azul claro descendía hasta más abajo de la cintura, perfectamente cuidado y sujeto por un delicado pasador plateado que apenas rompía la uniformidad de aquel color. Sus ojos, del mismo tono cristalino, transmitían una calma difícil de descifrar. Aunque la ligera frialdad con la que lo observaban hacía pensar que, más que calma, simplemente estaba poco interesada en todo lo que la rodeaba.
Incluso para alguien tan atractivo y maravilloso como él (en sus propios estándares), resultaba difícil negar que era hermosa incluso entre la nobleza.
Acortó la distancia con un único paso antes de presentarse.
—Lucien Edward Valenroth —su inclinación fue correcta, justo a la medida—. Estaremos comprometidos a partir de ahora, así que por favor no tenga reservas en llamarme Luke si así lo desea.
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Era una presentación impecable. Luke estaba convencido de que, con un poco de esfuerzo, podría sobrellevar aquel compromiso manteniendo una distancia prudente de la villana. No hacía falta más que una actuación mínima para que los demás asumieran una relación cordial y cada uno pudiera continuar con su vida sin interferencias innecesarias.
Arielle lo recorrió con la mirada sin el menor intento de disimulo.
No parecía una simple mirada de cortesía. Sus ojos descendieron despacio, deteniéndose en detalles concretos antes de continuar.
Finalmente volvió a su rostro.
—Así que tú serás mi prometido —no intentó ocultar el disgusto en su voz. Ni la mirada de desprecio, ni siquiera le devolvió el saludo. Como si desde el principio su impresión sobre él estuviera grabada en piedra.
—No imaginaba que llevarías el cabello tan largo. Desde lejos pensé que eras una niña.
Una vena brotó instantáneamente en la sien de Luke.
—¡Esta tipa!
Al diablo con fingir decoro. Si iba a empezar de esa manera, entonces que se preparara.
Luke cambió su plan de acción en ese mismo segundo; la fachada dócil acababa de perder sentido. No creía que la hubiese sostenido demasiado tiempo de todos modos, pero que, entre todas las personas, fuera precisamente Arielle quien lo evaluara de esa forma se sentía como una bofetada directa.
Sin inmutarse ante la reacción apenas contenida, ella continuó:
—Supongo que en el ducado debe verse refinado... Pensé que la familia Valenroth valoraba más la fue—
—Cada región desarrolla sus propios estilos —intervino Cedric con prontitud, tomando la palabra antes de que su hija completara la frase—. Lo importante es que hoy podamos compartir la mesa como corresponde a dos casas aliadas.
Una fina gota de sudor se formó en su frente con una velocidad que delataba más esfuerzo del que su sonrisa pretendía ocultar.
—Por favor, tomemos asiento. Hemos preparado algo ligero tras un viaje tan extenso.
Elowen acompañó la transición con un gesto amable.
Los sirvientes se movieron con sincronía silenciosa mientras cada uno ocupaba su lugar. Luke se sentó frente a Arielle. La distancia de la mesa era correcta, pero la sensación resultaba considerablemente más estrecha.
Una joven sirvienta se acercó con pasos precisos y levantó las cubiertas de los platos con eficiencia impecable. El vapor ascendió en columnas suaves, revelando preparaciones delicadas: cortes de carne finamente dispuestos, verduras salteadas con equilibrio y una sopa clara cuyo aroma era sutil pero cuidado.
El silencio se instaló con rapidez mientras los utensilios comenzaban a moverse con orden medido. La tensión formada impedía que surgiera con naturalidad alguna charla ociosa propia de un primer encuentro.
Finalmente, el conde decidió aventurarse a romper la presión que pesaba sobre la mesa.
—¿Tuvo oportunidad de detenerse en alguna ciudad durante el trayecto? Esta temporada suele cambiar bastante el paisaje del sur.
Los cubiertos se detuvieron un instante antes de responder.
—Hicimos algunas breves paradas en las ciudades por las que pasamos. Si tuviera que destacar alguna, el clima fue especialmente caluroso en Aster.
Su voz mantenía la misma neutralidad sobria; hablaba lo necesario, sin añadir detalles que invitaran a extender el tema.
Arnold intervino entonces con tono respetuoso.
—El joven amo mostró particular interés por la arquitectura del puerto. A pesar del calor, insistió en recorrerlo antes de retomar el viaje.
Una mirada lateral bastó para transmitir el mensaje.
Como respuesta, Arnold simplemente encogió ligeramente los hombros.
—Disculpe mi intromisión.
—En absoluto. —Cedric negó ligeramente con la cabeza.— Nos alegra escuchar detalles adicionales.
La condesa acompañó aquellas palabras con un asentimiento sereno
—Siempre es interesante conocer qué impresiona a un visitante.
Poco a poco la conversación empezó a fluir con mayor naturalidad. Cedric habló de las rutas comerciales del sur; Elowen añadió una anécdota sobre temporadas anteriores. Incluso Luke respondió con frases algo más desarrolladas, lo justo para evitar que aquello pareciera un interrogatorio.
Durante unos minutos, la mesa pareció encontrar un equilibrio funcional.
Hasta que Arielle dejó caer los cubiertos con un golpe seco.
—¿Arquitectura del puerto? —repitió sin ocultar su escepticismo—. Vaya forma de perder el tiempo.
La calma recién construida volvió a tensarse como una cuerda estirada al límite.
Esta vez al conde no le quedó más remedio que intervenir directamente.
—Arielle.
No alzó la voz, pero la firmeza en el tono fue suficiente para marcar una línea clara.
Ella giró el rostro apenas, sin mostrar el menor indicio de arrepentimiento.
—¿Qué? Solo dije lo que pensaba.
Cedric soltó un suspiro.
—Y puedes hacerlo. Pero no de esa manera.
Elowen intervino con suavidad, aunque esta vez sin disfrazar del todo la incomodidad.
—Cariño, hay momentos para ciertas opiniones.
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...
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La silla retrocedió bruscamente.
—Ya estoy harta. Me largo.
No pidió permiso ni se disculpó por su comportamiento previo.
La expresión de Arielle no cambió en ningún momento, pero el portazo con el que abandonó el comedor bastó para dejar claro que no pensaba aceptar aquel reproche inclusive si venía de su propia familia.
Tal como había dicho, abandonó el salón con pasos pesados, dejando tras de sí el eco sordo de la puerta al cerrarse.
El silencio regresó al comedor.
Cedric se llevó la mano al puente de la nariz durante un segundo, sin saber cómo afrontar a Luke que había sido ofendido no una sino dos veces tan solo conocerse.
De no tratarse de una alianza tan particular, aquello habría sido suficiente para romperlo todo en ese mismo instante
Miró a una de las maid por un momento, parecía que solo este gesto era suficiente para transmitir sus intenciones, ya que la sirviente asintió con la cabeza y se disculpó antes de retirarse del comedor.
—Le pido disculpas, Lord Valenroth. Mi hija puede ser... impulsiva.
Elowen inclinó la cabeza ligeramente.
—No era nuestra intención que este encuentro comenzara de esa forma.
Sus palabras fueron soltadas con delicadeza, temiendo la ira justificada del Joven Valenroth frente a tales agravios.
Pero lo que no sabían, era que Luke lejos de estar ofendido permanecía maravillado por cómo se estaba desarrollando la escena.
—No se preocupen. Las primeras impresiones suelen ser... intensas. Entiendo que la situación pueda resultar repentina para ella.
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Del mismo modo apoyó los cubiertos con calma manteniendo su actuación pulcra.
—Después de todo, estaremos compartiendo un compromiso. Es natural que haya fricciones iniciales.
Por primera vez desde que había comenzado la comida, el gesto preocupado del conde se relajó ligeramente.
Mientras tanto en la cabeza de Luke se encontraba entrelazándose lo que para él parecía la cúspide de los planes.
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Mientras hablaba, una idea comenzaba a tomar forma con sorprendente rapidez en su mente.
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Sintió una satisfacción prematura expandirse en su pecho.
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Arnold por su parte no pudo evitar levantar las comisuras de su boca al presenciar el repentino comportamiento de su amo, rápidamente reprimiendo este gesto con una tos seca temiendo que una risa saliera involuntariamente se su boca.
—El joven amo siempre ha sido considerado en sus decisiones.
La ligera curvatura que aún luchaba por aparecer en sus labios decía bastante más que aquellas palabras.
Apenas percibió aquella diversión, la cabeza giró hacia Arnold. La mirada que le dirigió era lo suficientemente fría como para transmitir advertencia sin necesidad de palabras.
\[Arruina esto y lo pagarás caro.\] Era lo que su mirada transmitía.
Arnold entonces retomó la compostura con impecable neutralidad, o eso le hubiera gustado ver a Luke, contrario a esto Arnold solo pudo alzar su mano hasta su boca para reprimir la gracia constante que lo invadía.
Luke estaba a punto de devolverle una mirada incluso más afilada pero Cedric retomó la conversación con un tono más introspectivo.
—Lord Valenroth... hay algo que considero apropiado explicarle.
El ambiente entonces cambió de matiz. El conde llevó su vista hasta el asiento que ahora se encontraba vacío y se quedó allí. observándolo.
—Arielle es nuestra única hija.
Apoyó ambas manos sobre la mesa, entrelazando los dedos como si el recuerdo exigiera cierta estabilidad.
—Durante muchos años, mi esposa y yo no pudimos tener descendencia. Intentamos todo lo que estuvo a nuestro alcance. Con el tiempo, comenzamos a asumir que no seríamos bendecidos con un heredero.
Elowen permaneció en silencio mientras escuchaba, aunque su expresión se suavizó ligeramente ante solo aquella mención.
—Ya habíamos iniciado conversaciones dentro de la familia para resolver la sucesión. Ramas lejanas, sobrinos, posibles acuerdos políticos... todo parecía encaminarse hacia una solución práctica.
Cedric hizo una breve pausa.
—Y entonces, cuando prácticamente habíamos perdido la esperanza, Elowen quedó embarazada.
El recuerdo transformó su expresión por completo. Una emoción sencilla pero no superficial se desarrolló en sus ojos, casi íntima.
—Ella fue un milagro para nosotros.
Sin interrumpir en ningún momento, Luke esperó a que el conde continuara.
—Desde el día en que nació —continuó el conde— me prometí que jamás le faltaría nada. Que conocería la felicidad sin reservas. Que nunca experimentaría la carencia que nosotros sentimos durante esos años.
Elowen añadió en voz baja:
—Y quizá, en ese empeño, la protegimos demasiado.
El conde asintió con una cálida honestidad.
—Siempre rechazó compromisos. Siempre se negó a seguir expectativas. Y nosotros... lo permitimos.
Una leve sombra de lo que parecía ser arrepentimiento se manifestó en su rostro. Sin embargo, Cedric no se detuvo a tratar de camuflarla.
—Pero el tiempo no se detiene. Hemos comenzado a preocuparnos por su futuro. No estaremos aquí para siempre.
Elowen lo miró con afecto.
—Y no queremos que el mundo golpee sin preparación a nuestra pequeña. Cuando el duque Valenroth propuso este compromiso, lo consideramos con cautela. Siendo sinceros, habíamos oído rumores sobre su persona.
La mirada de Luke permaneció inamovible por fuera. Pero un escalofrío lo recorría al escucharse ser nombrado de esa forma.
—Se hablaba de un temperamento fuerte. De decisiones poco convencionales.
La elección de palabras fue cuidadosa. Escogiendo el mejor termino entre la gran variedad de palabras.
—Confieso que eso nos inquietó bastante.
El conde no apartó la vista.
—Sin embargo, conozco al duque desde hace años. No creo que hubiera criado a sus hijos para convertirse en hombres crueles.
El tirón interno que arremetió contra el pecho de Luke no llegó a reflejarse en su rostro.
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—Los rumores rara vez cuentan la historia completa —respondió con calma el conde, ajeno a sus pensamientos.— lo mismo aplica a nuestra pequeña. Nuestra hija no es especialmente buena expresando lo que piensa.
—Así que nos alegra comprobar que no es como dicen.
Luke inclinó ligeramente la cabeza, dejando que el gesto transmitiera una modestia calculada.
—No se preocupen. Mi intención es mantener una convivencia respetuosa con Arielle y hacer lo posible para que el compromiso avance de forma armoniosa.
Arnold nuevamente no pudo evitar que la risa se apoderara de él asi que rápidamente torció su cuello para que ni los condes ni sirvientes pudieran notar su expresión, realizando una par de toses secas para disimular.
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Al otro lado de la mesa, Cedric dejó escapar el aire con visible alivio.
—Le agradezco esas palabras. Son importantes para nosotros.
Honestamente estaba empezando a sentirse un poco mal por las mentiras que le estaba soltando a los condes, la realidad era que no quería saber nada de Arielle y si por él fuera habría disuelto el compromiso desde la primer mirada fría que le dio.
Pero sus padres en realidad se preocupaban por su hija, No tenía intención de sacrificarse para que ella aprendiera empatía y humildad bajo su guía. No era su deber educar al mundo... aunque claramente podría hacerlo si se lo propusiera.
—Por cierto Lord Luke...
La entonación fue tan mesurada que, por un instante, Luke creyó que se trataba de un comentario trivial.
Se equivocó.
Cedric entrelazó nuevamente los dedos sobre la mesa, esta vez sin la calidez previa en el gesto.
—Hay un rumor reciente que ha llegado a nuestros oídos.
Sin alterar un solo gesto, sostuvo la mirada.
—¿Ah, sí?
No era algo nuevo, las constantes escapadas de Luke siempre daban material fresco a los salones de té y a las tertulias entre la nobleza, aunque la mayoría tendían a exagerarse mas de la cuenta, como la vez en la que se dijo que había sido secuestrado por una organización criminal, cuando en realidad había pasado la noche en una taberna de mala muerte tras aceptar el absurdo reto de unos jóvenes aristócratas demasiado aburridos con su propia fortuna.
O aquella ocasión en la que se difundió que había desafiado a duelo a un vizconde extranjero por el honor de una dama, cuando en realidad había sido una apuesta para ver quien podía conquistar a una plebeya que habían encontrado por casualidad, solo para ambos ser brutalmente rechazados...
En fin, fuera lo que fuera Luke explicaría calmadamente que el rumor estaba descontextualizado, la conversación había fluido lo suficientemente bien como para verse retraída por el nombramiento de un simple rumor.
—Se dice que fue visto en los distritos bajos de la capital. Más específicamente... en la zona de los barrios rojos.
Durante una fracción de segundo, sintió su propia expresión quebrarse y recomponerse casi al mismo tiempo.
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No permitió que el gesto amable abandonara su rostro. En cambió, giro su cuello de tal manera que incluso se podría llegar a pensar que alguien se lo hubiera torcido, mirando a Arnold en busca de ayuda.
¡Esta vez su escolta se encontraba mirando al frente con la cara más seria que le había visto nunca!
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—Me disculpo si eso es un malentendido, pero varias familias nobles comentan que incluso sus hijos fueron manipulados para acompañarlo...
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La conversación empezaba a tomar un rumbo en el que le era difícil para Luke defenderse.
—Nuestras casas no estaban comprometidas en ese momento —aclaró con calma Cedric—. Soy consciente de ello.
—Sin embargo —continuó el conde—, la nobleza vive bajo una vigilancia constante. Incluso antes de firmar alianzas formales.
Sus dedos se entrelazaron sobre la mesa, esta vez con mayor firmeza.
—Los lugares que uno decide pisar hablan tanto como las decisiones que toma dentro de ellos.
La mirada de Cedric comenzó a enfriarse, apenas de forma perceptible.
—La castidad en nuestra clase no es únicamente una expectativa hacia las mujeres.
A Luke se le disparó de inmediato el pulso.
Era verdad que había ido, pero lo había hecho solo por el acto de mostrarse temerario frente a los otros nobles que lo acompañaban. Peor aún, sólo habían estado unos minutos antes de que los atraparan los guardias, pero admitirlo abiertamente solo empeoraría aún más su reputación.
—La historia ha sido exagerada —dijo con cuidado, sintiendo una leve humedad en la espalda—. Estuve allí apenas unos minutos. No ingresé a ningún establecimiento ni hubo conducta que pudiera considerarse impropia.
Cedric escuchó atentamente sus palabras sin realizar ninguna expresión especifica.
—En ese caso me alegra —respondió con mesura—, pero comprenderá... que el problema no es solo lo que ocurre dentro, sino el hecho mismo de haber estado allí.
La mirada del conde se volvió un grado más fría.
—Hay lugares cuya sola mención despierta interpretaciones inevitables.
Su defensa comenzaba a erosionarse con cada palabra.
—Fue una curiosidad momentánea —intentó, aunque incluso para él sonó lamentable—. Nada más.
En cuanto la palabra abandonó sus labios, supo que había sido un error.
—¿Curiosidad? —repitió Elowen, con una consternación tan refinada como incómoda.
Las manos se alzaron casi por instinto, negándolo con un apuro impropio de su posición.
—No, no, no... no me refiero a ese tipo de curiosidad —se apresuró a corregir—. Me refiero a las calles, al ambiente en general. Quería conocer mejor la ciudad. Como ya he dicho, mi estancia fue muy corta.
Mientras hablaba, podía escuchar el deterioro de su propia credibilidad. Quienquiera que lo escuchara lo tomaría como la típica actitud de un culpable intentando justificarse, en lugar de alguien que buscara esclarecer el malentendido con calma.
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Cedric no dijo nada. Solo lo miró fijamente durante varios segundos como si estuviera esperando el resultado de un detector de mentiras que claramente ni existía en su mundo.
Para Luke, aquel silencio se extendió como una eternidad.
No entendía del todo por qué le importaba tanto la opinión de los condes... nunca fue el tipo de persona que le importara lo que los demás opinaran de él. Pero dejar sin resolver este malentendido se sentía como una acción prohibida.
Sostuvo la mirada.
Si algo debía quedar claro, al menos, era que no mentía sobre lo esencial.
—Hah... —el conde exhaló finalmente, rompiendo la tensión—. Entiendo, joven Luke.
La atmósfera no se suavizó del todo, pero al menos dejó de oprimirle el pecho con fuerza.
—Me disculpo si mis palabras parecieron un interrogatorio o una acusación —continuó Cedric intentando calmar la situación—. No era mi intención ponerlo en aprietos. Solo deseaba transmitirle que debe tener especial cuidado con aquellas acciones que puedan dar origen a rumores desagradables.
Sus ojos se mantuvieron firmes.
—Porque esta vez, como ya comprenderá, no solo repercutirán en usted.
El peso de esas palabras se asentó con total claridad en la cabeza de Luke.
—S-Sí, señor. Lo tendré en cuenta.
No pudo evitar responder educadamente, y pese a ello, titubeó en su respuesta. Pero al menos parecía que la charla por fin hallaba su conclusión.
—Arielle es lo más valioso que tenemos.
Soltó la condesa Lioren como buscando cerrar el tema. Cedric la acompañó asintiendo levemente.
—Y aunque confiamos en que sabrá actuar con rectitud, le aseguro algo, Lord Luke...
Los ojos del conde se nublaron por unos instantes mientras respondía.
—Si alguna vez nuestra hija sufre por una imprudencia evitable, no dudaremos en tomar medidas acordes a la magnitud del daño.
No especificó cuáles. Pero Luke sintió que era porque no había un límite en esas medidas.
—Nuestra casa no escatima cuando se trata de proteger lo que ama —añadió Elowen con una calma inquietante.
Por un instante, Luke tuvo la vívida impresión de que, si fuese necesario, serían capaces de enfrentarse no solo a la familia Valenroth... Sino incluso a la propia casa imperial.
Y lo peor era que no sonaba a fanfarronería. La familia era reconocida por su linaje de magos. Poderosos, influyentes y antiguos.
Si después de tantas generaciones seguían teniendo el rango de conde era precisamente porque sus prioridades se alejaban de principios como el honor o la nobleza.
Aún así, no era descabellado pensar que pudieran respaldar aquellas palabras.
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El sueño que tenía de antes se había extinguido por completo, pero sus ganas de acostarse solo habían aumentado gracias a todo el cansancio mental generado en la comida.
Aun así, había una cosa que tenía perfectamente clara.
Romper aquel compromiso iba a ser mucho más difícil de lo que había imaginado.

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Conviviendo con la villana (Novela)
Capítulo 3
Conviviendo con la villana (Novela) Capítulo 2
Estás leyendo el capítulo 2 de Conviviendo con la villana (Novela), un novela. Luke es un joven noble que disfruta de una vida cómoda, evitando a toda costa cualquier responsabilidad. Y se supone que así debería seguir siendo. Hasta que una mañana despierta con los recuerdos de otra vida. En… Este capítulo tiene publicado el 30 de agosto de 2026. Conviviendo con la villana (Novela) tiene 15 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.