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Leer Conviviendo con la villana (Novela) Capítulo 1 online gratis en español
Luke sintió como si acabara de despertar de un largo sueño.
¿O quizá recién estaba empezando a adentrarse en él?
No lo sabía. Su mente se encontraba confusa, como si varias ideas se superpusieran sin terminar de encajar.
Al abrir los ojos, lo primero que vio fue un techo tan desconocido como inquietantemente familiar.
Demasiado lujoso para una persona normal como él.
O, dicho de otra manera, exactamente lo que cabría esperar de alguien tan especial como él.
No estaba seguro de cuál de las dos opciones era la correcta.
Lo único claro era que no podía quedarse acostado por más tiempo.
No después de la noche anterior.
Se incorporó de golpe, preparado para una nueva fuga.
Debía de ser rápido. No tardarían en llamarlo, y cuando eso ocurriera, las cosas se pondrían feas.
TOC TOC.
Como confirmando sus peores presentimientos, unos golpes resonaron en la puerta, dejándolo helado.
TOC TOC.
Esta vez, los golpes fueron seguidos por una voz masculina, firme pero educada.
—Amo Luke, el maestro requiere verlo inmediatamente en su oficina.
Por un instante consideró esconderse. Tal vez, si no respondía, su mayordomo pensaría que no estaba en la habitación... y, con un poco de suerte, su padre se ocuparía con otro asunto.
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—Amo Luke —continuó la voz—, le recuerdo que puedo sentir sus signos vitales desde el otro lado de la puerta.
Sus últimas esperanzas se desvanecieron al recordar que su "mayordomo" era más un escolta que un sirviente común. Burlarlo era prácticamente imposible.
A menos que...
—Y le ruego que no intente escapar por el balcón. Ya hay guardias vigilando todas las salidas.
Bien. Ahora sí podía decir que estaba completamente jodido.
—Esperaré aquí mientras se cambia —añadió—. Por favor, salga cuando termine. El maestro no tolera que lo hagan esperar... y preferiría no recibir otro regaño por su culpa.
¿Cómo se atrevía a hablarle a su amo de esa manera?
Definitivamente merecía un castigo por su insolencia.
...O al menos ese pensamiento cruzó por su mente antes de extinguirse casi de inmediato.
—Apuesto a que todos estarían de su lado de igual manera.
Más allá de eso, en realidad prefería que lo tratara así. No muchos se atrevían y le desagradaba aún más recibir cumplidos falsos todo el tiempo.
Una extrañeza se filtró en su voz apenas fue consciente de ese pensamiento.
Rascándose la cabeza, decidió ignorarlo por el momento y se dirigió al armario frente a la cama.
Incluso sus pasos se sentían distintos.
Al mirarse al espejo, entendió por qué.
Su reflejo mostraba un rostro ligeramente andrógino, facciones finas y una complexión esbelta. Su cabello rojo estaba completamente desordenado —algo normal considerando que acababa de despertar—, aunque lo que más destacaba era su longitud, bastante más larga de lo habitual para los estándares masculinos.
Y aun así...
No se reconocía del todo.
—Este... ¿soy yo?
Sabía que lo era. Lo sentía. Pero al mismo tiempo, algo no encajaba.
—Ahhh, no tiene sentido.
Se rascó la cabeza otra vez. Incluso ese gesto le resultaba nuevo.
En su mente se libraba una lucha constante entre la negación y la aceptación de sí mismo.
¿La razón?
—Ese definitivamente fue el sueño más realista que he tenido nunca...
Todo se debía a eso.
Al sueño.
Pero, a diferencia de los sueños comunes, este no se desvanecía al despertar. No se fragmentaba ni perdía claridad.
Seguía ahí. Tan vívido como cuando abrió los ojos.
—Un juego... no tiene sentido...
—Amo Luke, apúrese —insistió la voz al otro lado de la puerta—. Intentar perder más tiempo solo nos perjudicará a ambos.
Su escolta seguía apurándolo con el mínimo decoro posible.
—Ya estoy saliendo.
Terminó de vestirse con ropa noble aunque ligeramente informal, adecuada para alguien de su posición dentro de la mansión.
Al girar la perilla, la puerta se abrió revelando a un hombre de aspecto feroz pero joven: cabello negro despeinado —aunque en su caso no era por haberse levantado recientemente— y una presencia intimidante, contrastada por una vestimenta impecable.
—Esta vez el maestro está realmente enfadado —comentó Arnold, soltando un suspiro—. Incluso dijo que yo también recibiría un castigo... En serio, ¿cuándo será el día en que obtenga algo bueno de escoltar al amo Luke?
Sus hombros se hundieron con solo pensarlo.
—¿Huh? ¿De qué hablas, Arnold? —respondió Luke con voz indignada—. Es lo mínimo que te mereces por no informarme que no podía salir de la mansión.
—Vamos, amo Luke. Si va a mentir así, el maestro podría desheredarlo en el acto. Nadie creería que burló toda la red de guardias y salió "casualmente" por no haber sido informado.
—Que se lo crean o no, no es mi problema. Eso pasó y punto.
Claramente, no había pasado.
Sin esperar réplica, Luke comenzó a caminar por el pasillo. Arnold lo siguió de cerca.
A pesar de la actitud arrogante que acababa de mostrar, su cabeza seguía siendo un caos.
¿De verdad debía creer que no había sido un sueño?
No tenía sentido. No podía ser real.
Pero los recuerdos...
Memorias de lo que consideraba otra vida se reproducían en su mente. Un mundo sin magia, gobernado por algo llamado "ciencia".
No lo entendía del todo, pero sabía que no se trataba de poderes sobrenaturales, sino de razonamiento y lógica.
Aun así...
—Poder prever el futuro... ¿es siquiera posible? —murmuró sin darse cuenta.
—Por supuesto que no, amo Luke —una pequeña burla salió de sus labios—. Todavía alberga esos sueños infantiles. A pesar de intentar actuar como adulto, sigue siendo solo un niño.
—Molesto.
—Aunque, pensándolo bien, si dice algo así frente al maestro, tal vez se apiade un poco —continuó—. Todos pasamos por esa etapa... aunque no a los dieciséis. Eso ya es excesivo.
—Haah... cállate.
¿Por qué tenía que ser tan irritante?
No era que creyera en fantasías absurdas. Ni el mejor mago podría lograr algo así.
Y aun así...
Lo había visto.
Un artefacto que mostraba su mundo, exactamente en la época actual, narrado desde la perspectiva de una plebeya que asistía a la academia más prestigiosa del imperio.
Una plebeya que, además, lograba seducir a futuras figuras clave del imperio.
Una ridiculez absoluta.
Pero, por alguna razón, no le parecía tan descabellado.
«Esto me está influyendo más de lo que esperaba.»
Y la punzada de incomodidad al recordar cómo había tratado a Arnold era prueba de ello.
¿Y si todo fuera real?
¿Qué cambiaría para él?
Por suerte, en ese "futuro" no había una amenaza continental ni un desastre inminente.
Como mucho, el mayor problema eran los jóvenes nobles estúpidos enamorándose de una plebeya sin prestigio ni honor.
¿Confiarle el futuro del imperio a un príncipe que hacía el ridículo por atención?
Patético.
Aunque, siendo honesto, el imperio le importaba poco, siempre y cuando no quedara reducido a ruinas.
Mientras tanto, estaba seguro de que seguiría disfrutando de sus comodidades.
—Ya casi llegamos, amo Luke —dijo Arnold, dándole una palmada en el hombro.
Al mirarlo, notó una expresión seria poco común en él.
—Esta vez hablo en serio. No provoque al maestro. Hasta yo creo que se pasó anoche.
Luke pensó en responder con sarcasmo, como siempre. Pero la incomodidad persistía.
—Tsk.
Chasqueó la lengua y se rascó la cabeza por tercera vez ese mismo día. Enserio le estaba disgustando este nuevo habito que acababa de adquirir.
Incluso él sabía que esta vez se había excedido. Su antiguo yo ni siquiera se habría planteado que hubiera hecho algo mal. Pero ahora sentía una espinilla que lo molestaba por dentro.
Arnold dio un paso al frente y golpeó la enorme puerta.
TOC TOC.
—Maestro, Arnold Fall y el amo Luke solicitan permiso para entrar.
Silencio.
Durante unos segundos, no hubo respuesta.
—Adelante.
Finalmente, una voz respondió desde el otro lado de la gran puerta.
La puerta se abrió con un sonido grave.
El despacho del duque Valenroth era amplio y sobrio, dominado por un escritorio de madera oscura cubierto de documentos cuidadosamente ordenados. Las estanterías repletas de archivos daban al lugar más aspecto de oficina administrativa que de una residencia noble.
Detrás del escritorio, el duque Albrecht Valenroth no levantó la vista.
—Arnold —dijo con calma—. Puedes retirarte.
Luke soltó un resoplido sin siquiera disimular su desagrado.
Siempre el mismo teatrillo.
Arnold no reaccionó más allá de lo necesario. Se inclinó con corrección, dio media vuelta y salió del despacho. La puerta se cerró tras él con un clic seco.
Por su parte Luke cruzó los brazos, esperando el sermón habitual que solía acompañar ese tipo de situaciones.
Pero, a pesar del paso de los segundos, el sermón no llegó.
Nada lo hacía.
Su padre continuó revisando los papeles como si su hijo no estuviera allí, pasando páginas con parsimonia, alineando documentos, haciendo anotaciones breves.
El silencio se estiraba poco a poco en aquella oficina.
El tamborileo de sus dedos contra el brazo rompió poco a poco el silencio de la habitación. La paciencia terminó por agotarse y finalmente, no pudo contenerse más.
—¿Va a hacerme esperar mucho más o ya podemos terminar con esto? —resopló sin ganas de continuar con aquella estupidez—. Me dijeron que era urgente.
Albrecht terminó de leer el documento que tenía entre manos antes de responder. Lo dejó a un lado, acomodó el resto con cuidado y recién entonces alzó la mirada.
No había ira en sus ojos.
Solo cansancio.
—Paciencia —dijo mirándolo directamente—. Es una virtud que nunca te tomaste el tiempo de aprender.
La molestia se reflejó de inmediato en el rostro de Luke.
Siempre era lo mismo con su padre, Albrecht Valenroth: monólogos vacíos disfrazados bajo una fachada de elocuencia impecable.
—Además, urgente no implica inmediato —continuó el duque, ajeno a sus pensamientos—. Implica importante.
Se levantó de su asiento y caminó con paso tranquilo hacia uno de los estantes.
—Anoche abandonaste la mansión sin autorización. No lo hiciste solo. Involucraste a otros jóvenes de familias nobles. Bebieron en exceso, llamaron la atención y, como si eso no fuera suficiente, cruzaron al distrito rojo.
Su tonó neutral, sin siquiera un matiz de reproche, le dio peores vibras a Luke que si lo acusara directamente.
—Fueron detenidos por la guardia del distrito sur antes de que la situación escalara aún más. Hoy, varias casas agradecen que eso haya ocurrido... y, al mismo tiempo, exigen explicaciones.
Luke chasqueó la lengua. Sabía que esta vez se había pasado un poco, pero escucharlo en boca de su padre lo irritó de forma desproporcionada.
—Vaaaaaya tragedia. Lo dice como si los hubiera arrastrado conmigo. Todos buscaban lo mismo que yo. Solo un poco de diversión.
Como si quisiera sacudirse ese pensamiento incómodo, Luke se obligó a argumentar de vuelta.
—No es la primera vez que te escapas —el duque continuó sin que le afectara el comentario —. Tampoco es la primera en que haces el ridículo. Pero sí es la primera en que arrastras a otras familias a un escándalo que no pueden ignorar.
Se giró levemente, tomando otro documento del estante.
—Y conviene hacer una corrección —añadió—. No fueron arrastrados, es cierto. Pero fueron persuadidos a continuar por alguien cuya sola presencia sirve de aval. Una figura que representa uno de los pilares del imperio.
Alzó el documento, sin mirarlo realmente y pronunció su nombre completo, sin un atisbo de titubeo.
—Lucien Edward Valenroth.
Luke frunció el ceño al escucharse nombrado de esa forma.
—Cuando un error es aislado, se gestiona como un incidente. Se archiva, se silencia, se olvida. —Levantó por fin la vista. —Cuando se repite, deja de ser un hecho y pasa a ser una reputación.
La atmósfera pareció enfriarse con esas palabras.
—Y una reputación no recae sobre una persona. Recae sobre un nombre. Sobre una casa.
La mandíbula de Luke se tensó.
¿Qué se suponía que tenía que hacer entonces?
Si no querían que hiciera cosas impropias para la reputación de esa "prestigiosa familia", entonces no debieron asfixiarlo con reglas vacías y anticuadas desde el principio, reglas que jamás se molestaron en explicarle más allá de exigir obediencia.
—¿Y qué quiere que haga? —replicó con una sonrisa torcida—. ¿Que vaya de puerta en puerta pidiendo perdón? ¿Que prometa, con cara solemne, que voy a cambiar? Eso sí sería hacer el ridículo de verdad.
Abrió los brazos en un gesto exagerado.
—¿O prefiere mandarme a un monasterio? ¡Con gusto compartiría mis creencias con todos esos cultistas!
Pero Albrecht negó suavemente con la cabeza.
—No te estoy pidiendo nada. No espero promesas. A estas alturas, sé que no vas a cambiar. Y, afortunadamente, la casa Valenroth no depende de ello.
Su tono no buscaba ser acusatorio. Para el duque hacía tiempo que ya se había perdido la oportunidad de razonar con su hijo.
—Hay un heredero que cumple con su papel, entiende el peso del nombre y actúa en consecuencia. Eso es suficiente para garantizar la continuidad.
Luke sintió el comentario como una presión sorda en el pecho.
—He considerado otras opciones —prosiguió el duque—. Enviarte a estudiar a un reino vecino, como hacen otras casas con hijos problemáticos. Lejos del escrutinio inmediato, bajo supervisión externa.
Se detuvo un segundo.
—Pero incluso allí, tu nombre seguiría precediéndote. Y tus acciones tendrían un margen mayor para causar daños irreversibles.
Volvió a mirarlo fijamente.
—Por eso no te estoy dando alternativas. Te estoy informando de las consecuencias.
dijo finalmente. Dejando que las palabras se hundieran en el aire.
—…Y de la decisión que he tomado al respecto.
El duque permaneció de pie frente al estante unos segundos más, como si hubiera cerrado un apartado invisible del asunto.
Luego habló.
—La casa Valenroth no puede permitirse más correcciones. No en este momento.
Luke alzó la cabeza, alerta pese a sí mismo. Había algo distinto en el tono con el que comenzaba a expresarse su padre.
Un nuevo desagrado comenzaba a apoderarse de él, pero esta vez no provenía de su cabeza, sino del propio duque.
—Las explicaciones ofrecidas esta mañana han sido... aceptadas —continuó Albrecht—. No sin reservas, pero aceptadas. Eso nos concede margen. Escaso, pero suficiente.
Luke frunció el ceño.
—¿Margen para qué?
El duque giró por fin hacia él.
—Para redirigir la conversación.
Luke soltó una risa corta, incrédula. Al final, todo se trataba de aprovecharse de la situación. No podía esperar menos del grandioso e inteligente jefe de la familia Valenroth.
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—¿Redirigirla hacia dónde? ¿Ahora resulta que todo esto forma parte de algún plan brillante?
Era molesto que lo usaran de esa manera, pero si con eso dejaban pasar su comportamiento reciente, no estaría del todo insatisfecho con el resultado.
Conociendo a su padre, probablemente le ordenaría que se acercara a otras casas a disculparse como excusa o algo similar.
Claramente no pensaba disculparse, pero incluso él sabía que seguir la corriente era lo mejor en este caso.
Albrecht no respondió de inmediato.
—En circunstancias normales, un segundo hijo con antecedentes como los tuyos habría sido apartado del foco principal hace tiempo. No como castigo, sino como medida preventiva.
Luke entornó los ojos.
—¿…Apartado cómo?
—Asignaciones menores. Estancias prolongadas fuera de la capital. Funciones que no atraen atención innecesaria. Nada extraordinario.
Luke bufó, recordándose a sí mismo que debía empezar a refrenarse solo un poco para cerrar el trato.
—¿Y qué cambió?
—Que ya no se trata de prevenir. Se trata de contener.
—¿Así que la decisión es encerrarme aquí o algo así? No es muy diferente a lo que ya hacen en primer lugar.
—Decido mantenerte donde tus acciones no generen un efecto dominó imposible de revertir —corrigió el duque—. Y donde las consecuencias recaigan, si es necesario, de forma inmediata.
Luke lo miró con incredulidad, pero no replicó. El silencio volvió a caer sobre la oficina.
—Esto se olvidará —intentó concluir Luke, buscando terminar rápido con aquel sermón—. Siempre se olvida.
—No esta vez.
La respuesta fue seca.
—No después del distrito rojo. No después de arrastrar a otras casas a dar explicaciones que no pidieron. Y no cuando los rumores han empezado a cambiar de forma.
Luke chasqueó la lengua.
—Los rumores siempre lo exageran todo ¿Qué más da eso?
—Exageran a partir de algo real —respondió el duque—. Y esta vez, el punto de partida es tu nombre.
El joven tan solo abrió las manos con fastidio.
—Entonces dígame qué piensa hacer.
El esfuerzo por buscar conciliación se vino abajo rápidamente, pero ¿qué podía hacer? Su padre era un experto en sacarlo de quicio.
Albrecht dio un paso hacia el escritorio.
—He tomado una decisión que cumple varias funciones a la vez: reduce la especulación. Reordena prioridades. Y te sitúa dentro de un marco que no podrás ignorar.
Una incomodidad extraña comenzó a instalarse en su pecho, como si el aire de la habitación se hubiera vuelto más pesado.
—¿De qué está hablando esta persona?
Albrecht apoyó ambas manos sobre la superficie del escritorio.
—Lucien Edward Valenroth —el duque finalmente arrojó la conclusión—. Serás comprometido.
Por un instante, Luke creyó no haber oído bien.
—...¿Qué?
—Un compromiso formal. Acordado entre casas.
Luke no pudo evitar levantar las comisuras de sus labios en una sonrisa completamente cínica.
¿Su castigo iba a ser comprometerse? Era una completa estupidez. Incluso a su edad, como miembro de una familia ducal, ya había albergado múltiples compromisos, y todos habían terminado rotos al poco tiempo por la otra parte, alegando que no eran capaces de soportar su comportamiento.
¿En serio? ¿Qué se creían?
Incluso se acercaban primero buscando pegarse a su nombre, solo para después decir que querían romper. Estaban podridas hasta la médula.
Como cabía esperar, Luke en ningún momento se imaginó que el problema pudiera ser él.
—No puede estar hablando en serio —dijo, estupefacto—. ¿Mi escándalo me consiguió un nuevo compromiso?
—Lo estoy.
—¿Con quién? ¿Quién sería tan osado como para buscar compromiso con la supuesta oveja negra de la gran familia Valenroth?
Albrecht no vaciló.
—Con la casa Lioren.
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El nombre se asentó como un tractor caído del cielo. Fuera lo que fuera que significara eso.
Durante un instante solo pudo parpadear.
Lioren.
Una familia condal reconocida por su linaje en la magia de fuego. Habían producido magos excepcionales durante incontables generaciones. Pero, por otro lado, entre las familias nobles corrían rumores de que esta generación estaba maldita. Después de todo, los condes actuales solo habían sido capaces de tener una hija.
Y no solo eso: ella ni siquiera podía usar la magia de fuego instintiva de su linaje.
Casi como complementando esas etiquetas, algo se agitó en el fondo de su mente.
"La villana."
No como un recuerdo claro, sino como un concepto que aún no terminaba de encajar.
—No... —murmuró sin siquiera darse cuenta de que retrocedió unos pasos por puro reflejo—. No puede ser ella.
Pero el duque confirmó sus temores.
—Arielle Lioren. La única hija del conde Cedric.
Un sentimiento de urgencia empezó a carcomerle todo el cuerpo. Debía evitar el encuentro con esa persona fuera como fuera. Había banderas rojas por todas partes. Olvídate de conocerse: estar comprometidos era un no rotundo.
—¡¿Estás loco?! ¡¿Has oído siquiera los rumores?! ¡Esa chica es—!
—He oído las descripciones — Albrecht lo interrumpió de forma tajante—. Igual que he oído las tuyas.
La irritación se reflejó de inmediato en su mirada.
—No es lo mismo.
—Desde fuera, las diferencias son mínimas.
La uñas de Luke empezaron a clavarse lentamente en sus palmas.
—Sus padres no aceptarían algo así, incluso si la petición proviniera del propio duque. Atesoran demasiado a su única hija como para ofrecerla a alguien con una reputación como la mía.
—Lo saben. Y afortunadamente aun así aceptaron.
El cuerpo se le tensó con su respuesta.
—¿Qué? ¿Cuándo?
—Esta mañana. La conversación fue directa. No exenta de reservas, pero productiva.
—¡Ni siquiera se me informó de este asunto!
—porque no era necesario.
—¡Es mi maldita vida!
—Es tu posición. Y viene con responsabilidades que has ignorado durante años.
Solo entonces Luke se dio cuenta de que estaba cavando su propia tumba. A este paso, ya no podía darse el lujo de seguir actuando de forma desafiante. Salir de esta situación era la prioridad.
Respiró hondo, como si intentara recomponerse. Aún tenía la esperanza de que esto pudiera solucionarse de alguna manera.
—Está bien —dijo finalmente—. Entonces haré lo necesario para que esto no escale más. Me controlaré un poco. Evitaré problemas mayores.
El duque alzó ligeramente una ceja.
—Puedo dejar de salir. Mantener un perfil bajo. No volver a meterme en problemas como antes. Si eso es lo que se requiere para acabar con esta tonteria, puedo hacerlo.
…
—Puedo cambiar.
Albrecht lo observó en silencio. El mismo silencio que ya había arrojado múltiples veces a través de aquella conversación.
—Si creyera que alguien como tú puede refrenarse por convicción propia, entonces estoy seguro de que ella podrá hacer lo mismo.
No había burla en su voz. Tampoco expectativa.
Las palabras tardaron un instante en hacer efecto. Luke bajo la cabeza. Su labio empezó a sangrar repentinamente. Soltando pequeñas gotas de liquido carmesí en el suelo.
—…Así que no importa nada de lo que diga o haga.
—Ese tipo de intercambios empezó a desvanecerse desde hace mucho tiempo y terminó de romperse anoche.
Luke volvió a tensarse. Luchando fervientemente por no alzar la voz. Definitivamente no podía hacer eso ahora.
—Entonces al menos pospóngalo lo más que pueda. Un año. Dos. Lo que sea.
De esa forma podría buscar alternativas, incluso si eso implicaba cambiar la impresión de los demás hacia él. Pero su padre no le dio ni el más mínimo respiro.
—Los preparativos para la convivencia comenzarán hoy.
Luke lo miró, incrédulo.
—¿Qué?
—No habrá un periodo de encuentros formales ni visitas esporádicas como suele hacerse en este tipo de compromisos. Vivirán bajo el mismo techo desde ahora.
Por un instante, Luke creyó haber escuchado mal.
—¿Estás diciendo... convivencia?
—La mansión se encuentra en el territorio de Lysanor, en su condado, y ya está siendo preparada para recibir la mudanza —continuó el duque—. Los sirvientes fueron informados hace poco y ya deberían estar empacando tus cosas. Partirás en unas horas.
Dio otro paso atrás superado por la absurda situación.
—N-No puede obligarme a eso.
Albrecht sostuvo su mirada.
—Puedo hacerlo como cabeza de esta casa y de esta familia.
—¡Soy tu hijo!
—Eres un Valenroth —corrigió—. Y si decides desobedecer esta orden, dejarás de ser parte de esta casa hoy mismo.
El silencio fue absoluto. Luke buscó cualquier resquicio al que aferrarse. Sin embargo, por más que buscara siempre llegaba al mismo punto.
Al final, solo pudo bajar la cabeza y mirar al suelo, rogando que todo aquello no fuera más que una mala pasada.
—...Debe de ser una broma.
No podía creer que todo se hubiera desarrollado de forma tan indiscriminada, rápida y sin darle el más mínimo derecho a protestar.
—Siempre hablo en serio en asuntos como este.
El duque no cambiaría de opinión.
Algo terminó de quebrarse.
—¡Esto es absurdo! —estalló Luke—. ¡No voy a aceptar vivir con esa chica! ¡Si crees que esto se quedará así, estás muy equivo—!
—Arnold —dijo el duque antes de que se desarrollara cualquier otra situación, sin alzar la voz.
La puerta se abrió casi de inmediato.
—Sí, mi lord.
—Llévatelo. Tiene que prepararse para marcharse al condado.
Se giró hacia él completamente indispuesto a aceptar algo así.
—¡No hemos terminado de hablar, Espe—!¡Arnold, suéltame, es una orden como Valenroth!
Arnold suspiró con calma y lo sujetó del cuello del traje, firme, pero sin brusquedad, como un veterinario inmovilizando a un gato enloquecido.
—Vamos, amo Luke.
Luke solo podía intentar forcejear, pero incluso eso era inútil.
—¡Hey, basta! ¡Esto no ha terminado!
Arnold se disponía a salir del despacho con él. Pero el duque lo llamó nuevamente, obligándolo a darse la vuelta.
—Sé que escuchaste, y no tengo problema con ello, pero debo informarte que también irás con él como mayordomo. Considéralo parte de tu castigo.
Arnold inclinó ligeramente la cabeza.
—Entendido, mi lord.
Luke siguió protestando mientras lo retenían, pero nada impidió que terminara siendo arrastrado fuera de la oficina.
Finalmente, la puerta se cerró. Y el despacho recuperó su silencio. Dentro, Albrecht volvió a tomar asiento y empezó a ojear nuevos documentos.
Entre ellos, el compromiso con la familia Lioren destacaba especialmente.
La mirada del duque no pudo evitar temblar por un momento.

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Conviviendo con la villana (Novela)
Capítulo 2
Conviviendo con la villana (Novela) Capítulo 1
Estás leyendo el capítulo 1 de Conviviendo con la villana (Novela), un novela. Luke es un joven noble que disfruta de una vida cómoda, evitando a toda costa cualquier responsabilidad. Y se supone que así debería seguir siendo. Hasta que una mañana despierta con los recuerdos de otra vida. En… Este capítulo tiene publicado el 30 de agosto de 2026. Conviviendo con la villana (Novela) tiene 15 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.