Leer Conviviendo con la villana (Novela) Capítulo 13 online gratis en español
La calle volvió a recibirlos con su murmullo habitual, indiferente al bochorno que ambos habían arrastrado desde el interior de la tienda.
Arielle caminó unos pasos antes de que la indignación terminara de acumularse lo suficiente como para salir por sí misma.
—¡Esa mujer creía que éramos pareja! —pisó el suelo con fuerza, como si estuviera denunciando un crimen—. ¿Acaso está ciega? ¡Con razón siempre que nos miraba sacaba esa espeluznante sonrisa!
—Así que también lo habías notado...
—Pensaba que simplemente era rara. Espera... ¿cómo que "también"? ¿Estás diciendo que lo sabías todo ese tiempo y no dijiste una palabra? Eres absolutamente lo peor.
—Puff, créeme. Si hubiera sabido que esa mujer llevaba todo ese tiempo construyendo un romance entre nosotros dentro de su cabeza, habría salido de esa tienda mucho antes de llegar a la caja.
El tono despreocupado le arrancó otro resoplido a Arielle, aunque esta vez no hubo una réplica inmediata. La conversación terminó ahí, más porque ninguno tenía interés en prolongarla que porque hubieran llegado a un acuerdo. Sin darle más vueltas, ambos retomaron el paso por la acera.
La calle volvió a captar la atención de Luke. A ambos lados se sucedían tiendas y pequeños comercios, intercalados entre el constante ir y venir de una multitud que parecía completamente indiferente a los dos jóvenes, quienes avanzaban de nuevo con las capuchas puestas.
Tras los caóticos incidentes de la manzana y el helado, sumados a casi una hora de encierro en aquella tienda, el simple hecho de caminar libremente por la ciudad bastó para devolverle a Luke parte del entusiasmo perdido.
—Bien... ¿qué podríamos hacer ahora~?
Todavía quedaba tiempo y muchas opciones.
Entre todas las posibilidades, recordó el parque que había alcanzado a ver a través de la ventana del carruaje cuando llegó por primera vez al condado. No tenía muy claro qué tan lejos estaría desde donde se encontraban, pero sabía que estaba en una zona céntrica de la ciudad, así que no debería quedar demasiado lejos.
El clima de Rosenfall era agradable y, aunque los jardines de la mansión Lioren ya le habían dejado una buena impresión, sentía curiosidad por conocer uno de los espacios públicos de la ciudad y descubrir qué clase de ambiente podía encontrarse allí.
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Durante la semana que llevaba en Rosenfall ya descubrío que, aunque la ciudad mantenía un clima cálido y agradable durante buena parte del tiempo, las lloviznas eran bastante frecuentes. No solían ser lo bastante intensas como para arruinar el día, pero sí lo suficiente para recordarle que formaban parte habitual del clima de la ciudad.
Sea como fuere, antes de dejarse llevar por cualquier otro plan, recordó el motivo principal por el que había insistido en salir aquel día.
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No quería distraerse hasta terminar olvidándolo por completo. Podían visitar el parque o hacer cualquier otra cosa después; todavía tenían tiempo suficiente para recorrer la ciudad antes de regresar a la mansión.
Justo cuando terminó de decidirse por ese curso de acción, un sonido perfectamente audible se abrió paso entre el bullicio de la calle.
Grrrrr...
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No. Entre los abarrotados puestos de la plaza no había nada capaz de producir un sonido así. Además, el rugido venía de un punto demasiado cercano; una bestia capaz de semejante alarido ya habría causado algún alboroto de estar suelta por ahí.
Eso solo podía significar que la fuente estaba en otro lado.
Luke giró el cuerpo hacia la otra persona que, por su cercanía, debía haberlo escuchado incluso con mayor claridad.
—¿Escuchaste ese estrepitoso rugido? Ten cuidado, pero no te preocupes. Al fin y al cabo, sigo siendo del norte. Definitivamente protegeré a mi lady.
Era su momento de demostrar que no solo era una cara bonita, mucho menos la clase de escoria que abandonaría a alguien en peligro. Fuera lo que fuese aquella cosa, tenía que controlar la amenaza.
—¡I-Idi...!
—¡Atrás! Debe ser una bestia feroz. Sin duda, algo capaz de semejante alarido...
La interrumpió mientras se adelantaba unos pasos y se colocaba ligeramente por delante de ella, dejando el cuerpo ladeado como si estuviera listo para enfrentarse a la amenaza. Su instinto le decía que acababan de encontrarse con una calamidad de proporciones inigualables y por primera vez, tendría que dejar de lado su orgullo si quería salir con vida.
—¡CALLATE DE UNA VEZ, BASTARDO!
—¡Guh!
Un golpe de Arielle impactó de lleno en su plexo solar. Todo el aire abandonó sus pulmones de inmediato y Luke se dobló hacia delante, llevándose ambas manos al abdomen mientras luchaba por no terminar en el suelo.
—¿¡A quién rayos estás llamando bestia feroz?! ¡Te voy a matar!
Luke no pudo responder en ese instante. Bastante tenía con intentar recuperar el aire. Cuando finalmente consiguió llenar de nuevo los pulmones, levantó la cabeza y le dirigió a Arielle una mirada cargada de indignación.
—¿¡Qué diablos te pasa!? ¿¡Por qué me atacas de la nada!? ¡Me la vas a pagar! Y no creas que voy a ir fácil solo porque seas mi prometida.
—Te lo ganaste por ser una basura completa —replicó Arielle con los ojos todavía más fríos, sin mostrar la menor señal de intimidación—. ¿Acabas de decir que estoy rugiendo o algo parecido? ¡Qué descarado! ¡Solo porque me dio un poco de apetito!
Ups.
Luke cerró el puño y se dio un leve golpecito en el costado de la cabeza, ladeando el rostro y sacando la lengua en su mejor intento de recrear un gesto "moe" de sus otros recuerdos. Buscaba recrear la típica pose adorable, pero el resultado fue un desastre. La prueba definitiva fue la propia Arielle, cuya mirada pasó de la confusión a una frialdad que lo miraba con profundo desprecio.
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Un fugaz momento de retrospección pasó por la cabeza de Luke. Aunque llamarlo momento era exagerar; desapareció antes de que pudiera detenerse a pensar siquiera en ello.
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—Vuelve a burlarte de mí y lo pagarás car...
Grrrr...
Sus propias palabras fueron interrumpidas por otro sonido esta vez sin lugar a dudas proveniente del estómago de Arielle.
Ninguno de los dos dijo nada.
Pero la expresión divertida que comenzó a dibujarse en el rostro de Luke hizo que Arielle comprendiera demasiado rápido hacia dónde se dirigía aquello.
—¡¿Qué estás mirando?! —se apresuró a protestar antes de que pudiera decir una sola palabra—. ¡Pasamos bastante tiempo en el carruaje sin hacer absolutamente nada, ni siquiera me dejaste almorzar bien y, en cuanto llegamos, te pusiste a recorrer la plaza sin parar! Es perfectamente normal tener hambre después de estar caminando durante horas.
Lo dijo tan deprisa que sonó menos a una explicación y más a un intento desesperado por adelantarse a cualquier comentario que Luke pudiera hacer. Y cuanto más intentaba justificarlo, más evidente se volvía la vergüenza que pretendía ocultar.
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Una ceja de Luke se alzó ligeramente ante aquella defensa, pero decidió guardarse el comentario. No estaba interesado en recibir otro golpe.
—Además, no es como si estuviera realmente hambrienta. Simplemente llevamos bastante tiempo sin comer algo y es normal que el cuerpo empiece a pedir un descanso. Sí, es completamente normal.
Arielle asintió para sí misma, como si aquella conclusión bastara para zanjar el asunto.
—S-Si tú lo dices... pfft... n-no veo por qué tendría que d-discutirlo.
—Agh... Está bien, lo que sea. No perdamos más tiempo en esta conversación sin sentido. Quieres seguir recorriendo estas andrajosas calles, ¿no es así? Entonces apurémonos y sigamos.
La respuesta sonó como una retirada estratégica. Arielle parecía haber decidido que continuar hablando de su hambre era mucho más vergonzoso que simplemente fingir que el asunto no tenía importancia y continuar con el recorrido.
Luke no pudo evitar encontrar aquello un tanto adorable. Después de todo, descubrir una debilidad así en otra persona siempre podía resultar adorablemente útil. Nunca estaba de más tener algo que pudiera utilizar en su contra más adelante.
—Ya, ya, cálmate. No he dicho que me oponga a la idea. Así que busquemos algo para comer. A decir verdad, la verdad yo también tengo un poco de hambre.
Tampoco le parecía buena idea prolongar aquella conversación. Todavía quedaban cosas por hacer y, si iban a continuar recorriendo la ciudad, sería mejor hacerlo con algo en el estómago.
—Hmph, debiste haber empezado por eso.
Un pequeño puchero acompañó la respuesta, aunque el rubor que todavía conservaba en las mejillas no había desaparecido del todo.
Por suerte, el asunto terminó ahí.
La dirección de la plaza volvió a ocupar la atención de Luke mientras pensaba en la forma más rápida de resolver el problema.
—En ese caso, será mejor que volvamos a la zona donde estábamos.
—¿Para comer?
—Si nos metemos ahora en un restaurante, vamos a perder bastante tiempo entre encontrar uno, esperar a que nos atiendan y terminar la comida —explicó mientras retomaba el paso—. Todavía quiero seguir recorriendo la ciudad antes de que tengamos que regresar, así que será más práctico comprar algo cerca de la plaza y continuar desde allí.
La propuesta tenía bastante sentido. Regresar a la zona que ya conocían les permitiría encontrar algo de comer sin tener que interrumpir demasiado el recorrido.
Arielle caminó unos pasos en silencio antes de asentir.
—Está bien. Si podemos comer rápido y continuar después, tampoco tengo motivos para oponerme.
—Perfecto. Entonces ya tenemos nuestro siguiente destino.
Con eso, ambos retomaron el camino hacia la plaza.
Para sorpresa de Luke, encontrar algo que comer resultó ser mucho más sencillo de lo que había imaginado. Los puestos callejeros seguían ocupando buena parte de los alrededores, y el bullicio de los vendedores anunciando sus productos apenas había disminuido desde que habían pasado por allí hacía poco más de un par de horas.
Lo que no esperaba era que Arielle se mostrara tan dispuesta a probarlos.
Al principio, Luke supuso que se limitaría a observar los puestos con cierta curiosidad antes de decidir que nada de aquello era apropiado para alguien acostumbrada a comer en una mesa atendida por varios criados. Sin embargo, aquella idea desapareció casi de inmediato cuando la vio detenerse frente al primer vendedor y señalar uno de los pinchos que tenía preparados.
—Quiero probar ese.
No hizo ninguna mueca de desagrado ni mostró la menor duda sobre la procedencia del puesto. Simplemente tomó el pincho que le ofrecieron y empezó a comérselo mientras seguían recorriendo la plaza.
Aquello no habría sido tan extraño si se hubiera quedado en uno.
Pero no lo hizo.
Después del primero vino otro, seguido de una pequeña porción de carne especiada que había llamado su atención unos metros más adelante. Luego apareció un puesto de panes rellenos y, antes de que Luke pudiera terminar de preguntarse dónde pensaba guardar todo aquello, ya tenía otro en la mano.
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La situación resultaba todavía más extraña porque Arielle ni siquiera parecía estar comiendo con especial rapidez. Sencillamente encontraba algo que llamaba su atención, lo compraba y continuaba caminando como si aquella fuera la actividad más natural del mundo.
Luke terminó aceptando que juzgó demasiado pronto sus hábitos por la forma en que solía comportarse en la mansión. Aunque, pensándolo mejor, tampoco era como si aquella fuera la primera vez que podía comprobarlo.
—Pensé que ibas a rechazar la mitad de estas cosas por no estar acostumbrada a la comida callejera y exigir que entráramos a algún restaurante a esperar por horas.
—¿Por qué habría de hacerlo? —respondió Arielle, sin darle demasiada importancia mientras terminaba otro bocado—. Que normalmente coma en casa no significa que no pueda disfrutar de algo preparado de esta manera. Además, algunas de estas cosas están bastante buenas.
—Me acabo de dar cuenta de eso, al fin y al cabo la señorita Lioren fue capaz de completar toda una oración sin insultarme. —La mirada de Luke descendió hacia la cantidad de comida que llevaba consigo.—Lo que todavía no entiendo es dónde estás metiendo todo eso.
—Qué descortés.
Arielle siguió engulléndose otro plato con normalidad, como si la pregunta le pareciera absurda.
—¿Acaso estabas esperando un insulto? Que asqueroso. Además, apenas y he probado algo.
La respuesta consiguió que Luke la mirara con una mezcla de incredulidad y resignación.
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Ya sabía perfectamente que aquella joven tenía un apetito fuera de lo común, pero ver la naturalidad con la que seguía devorando plato tras plato, después de todo lo que ya había despachado, transformaba su certeza en un asombro mayúsculo.
Y por supuesto, todo aquello terminó siendo pagado por Luke.
Mientras continuaban caminando, aprovechó para explicarle brevemente por qué impidió que sacara su dinero en la tienda. No podía decirle delante de la encargada que una sola moneda de oro blanco definitivamente iba a llamar demasiado la atención, pero ahora que estaban lejos de oídos ajenos podía explicarle la diferencia entre las monedas que utilizaban normalmente los nobles de clase alta y las que circulaban entre la gente común.
Arielle escuchó la explicación sin demasiado interés, aunque terminó comprendiendo sus motivos. Nunca se le ocurrió pensar que pagar una compra cotidiana con una moneda de oro blanco pudiera provocar semejante reacción.
Luke, por su parte, se limitó a guardar aquel detalle en su memoria. Después de lo ocurrido en la tienda, prefería no volver a enfrentarse a una situación parecida.
Para cuando terminaron de recorrer aquella parte de la plaza, la cantidad de comida que había esfumado entre ambos ya era considerable, aunque solo una de las dos personas mostraba espacio para continuar probando cosas.
A varios metros de distancia, oculto tras el toldo de un puesto de telas, un hombre que fingía interesarse por los pliegues de una cortina los observaba con un interés que no tenía nada que ver con la mercancía expuesta frente a él. A su lado, una joven de movimientos impecables fingía examinar un rollo de tela azul sin perder de vista ni un segundo a la pareja que se alejaba entre la multitud.
—Debo decir que lady Arielle sin duda tiene un estómago que no concuerda para nada con esa figura tan delicada. ¿La cocina de la mansión nunca se ha quedado corta?
—El presupuesto ya contempla ese margen —respondió Belle, sin apartar la vista del rollo de tela que sostenía entre las manos—. Se calculó hace tiempo.
Arnold soltó una risa breve entre dientes y se ajustó el cuello de la chaqueta antes de seguir la distancia prudente que llevaban manteniendo toda la tarde.
Finalmente, las calles comenzaron a resultarles familiares otra vez. A lo lejos podían distinguir la zona desde la que habían iniciado el recorrido, y el movimiento de personas alrededor del espacio abierto les confirmó que todavía mantenía bastante actividad.
—Parece que incluso el espectáculo sigue ahí.
La observación hizo que ambos dirigieran la atención hacia la concentración de personas.
Efectivamente, el pequeño espectáculo que habían visto al llegar seguía desarrollándose en el mismo lugar. La gente continuaba agrupándose alrededor del espacio central, mientras las voces y los sonidos provenientes del interior de la multitud alcanzaban a escucharse incluso desde cierta distancia.
Arielle todavía llevaba algo de comida con ella, pero eso no le impidió reducir el paso al acercarse.
—¿Qué estarán haciendo para que tanta gente se amontone ahí?
—Quién sabe... Si tanta curiosidad tienes, vamos a echar un vistazo.
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Pensó Arielle con sarcasmo para sí misma, pero su propia curiosidad terminó imponiéndose, ya se estaba cansando de tener que insultarlo cada que soltaba alguna oración ¿pero qué más podía hacer si no abría la boca sino para decir sandeces...?
Se acercaron un poco más, buscando un punto desde el que pudieran ver por encima de las personas reunidas. Esta vez, sin embargo, querían descubrir exactamente qué era lo que estaba ocurriendo allí.
Al conseguir un lugar desde el que podían ver con mayor claridad, la naturaleza del espectáculo se hizo evidente.
En el centro del pequeño círculo se encontraba un hombre de mediana edad vestido con ropas llamativas. A su lado descansaba una mesa pequeña sobre la que había colocado varios objetos, aunque por el momento toda la atención estaba puesta en él.
Era un mago ambulante.
En aquel mundo, encontrar a alguien capaz de utilizar magia por sí mismo no era algo especialmente común. La mayoría de las personas podían aprender a manipular herramientas mágicas o utilizar objetos preparados para producir determinados efectos, pero la capacidad de generar y controlar magia directamente dependía del talento de cada individuo.
Y aquel hombre parecía haber convertido esa habilidad en su forma de ganarse la vida.
Con una sonrisa exagerada y una voz lo bastante fuerte como para mantener la atención de todos los presentes, hizo aparecer una pequeña llama sobre la yema de su dedo índice. La dejó crecer hasta convertirse en una esfera del tamaño de una naranja antes de soplarlo y hacer que desapareciera.
Los niños que estaban en primera fila reaccionaron inmediatamente. Algunos señalaron la llama con entusiasmo, mientras otros intentaban acercarse un poco más para descubrir cómo había conseguido producirla.
—¡Oh, mira eso! ¡Puede utilizar magia!
La exclamación escapó de Arielle casi sin darse cuenta. Con la misma ilusión que los demás niños.
—Mmm... te sorprendes con bastante facilidad para ser la hija de dos de los magos más poderosos del reino. ¿No deberías estar acostumbrada a cosas más impresionantes que un par de chispas de feria?
—Eso y esto son cosas diferentes. Padre y madre están fuera de lo normal, hasta yo puedo reconocerlo. —Dijo cruzando los brazos e inflando el pecho— Pero no por eso el show deja de ser entretenido.
El mago continuó sin darles tiempo a aburrirse. Una corriente de aire comenzó a girar alrededor de su cuerpo, levantando ligeramente los bordes de su capa antes de desaparecer. Después hizo brotar pequeñas gotas de agua entre sus dedos y las lanzó hacia arriba, donde se dispersaron como diminutos puntos de luz antes de evaporarse.
No parecían hechizos especialmente complejos, aunque había que admitir que resultaban bastante llamativos. Incluso desde el otro extremo de la plaza podían distinguirse con claridad.
—Está bastante bien —comentó Luke de forma relajada llevado más por el ambiente del espectáculo que por los trucos en sí.
Arielle abrió la boca para decir algo, pero terminó por cerrarla sin llegar a soltar palabra. Su atención volvió enseguida al espectáculo, siguiendo cada movimiento del mago con una curiosidad que difícilmente habría podido disimular.
Luke, en cambio, permaneció un poco más reservado. Aquella escena le había provocado una sensación extraña.
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La comparación apareció de manera natural.
Entre los recuerdos que conservaba se encontraba también la imagen de un espectáculo parecido. En aquella ocasión no existía magia real, por supuesto, pero las luces, los efectos y la forma en que los artistas mantenían la atención del público tenían cierto parecido con lo que estaba viendo ahora.
No era la primera vez que una experiencia de ese mundo despertaba recuerdos similares.
Con el tiempo, Luke había dejado de cuestionarse constantemente su existencia. Seguían siendo memorias extrañas, pertenecientes a una realidad que no podía comprobar y que, aun así, formaba parte de lo que ahora sabía.
No los consideraba su segunda vida. Habían nacido simplemente como recuerdos, y estaba convencido de que así morirían con él. No tenía ninguna intención de dividir su identidad en dos por el simple hecho de haber arrastrado vivencias de otro lugar; este cuerpo, esta vida, seguían siendo completamente suyos, y nadie más que él tenía derecho a opinar sobre ello.
El problema era que no podía saber aún cuánto de ellos correspondía realmente al mundo en el que vivía, Aunque reconocía la utilidad de aquellos conocimientos, no tendría forma de confirmar cuánto de lo que recordaba terminaría ocurriendo tal como lo había visto, y cuánto ya se habría desviado, al menos hasta que comenzara la historia principal.
Solo podía esperar. Tampoco era como si la academia tuviera relación con él, al fin y al cabo.
Y, mientras contemplaba al mago continuar con su espectáculo, otra idea mucho más incómoda apareció en su cabeza.
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La ironía de la situación se instaló en el pecho como un nudo pesado.
En lugar de buscar una manera de alejarse de Arielle, llevaba toda la tarde recorriendo la ciudad a su lado.
Habían paseado por las calles. Habían comprado ropa juntos. Habían comido en puestos callejeros. Y ahora estaban frente a un espectáculo, observándolo como si aquello fuera simplemente otra parte de su paseo.
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Esto no era exactamente como se suponía que él se comportaba, ¿O sí lo era? Tan solo la pregunta ya parecía una equivocación; ¿qué actuar estaba obligado a mantener para seguir siendo él?
Cuestionarse aquello era una estupidez. Lo mismo pasaba con Arielle: el simple hecho de haberla invitado a salir a la ciudad no significaba que su relación hubiera cambiado. Seguía pareciéndole una molestia, y también continuaba queriendo evitarla en lo posible.
Era solo que…
Cuando vio a Arielle en el jardín aquella mañana, le pareció que estaba completamente hastiada. Ella probablemente jamás admitiría algo semejante, pero aquella expresión le había resultado demasiado familiar.
No se trataba simplemente de aburrimiento; más bien se asemejaba a la sensación de estar dedicando esfuerzo a cosas que uno hacía porque los demás esperaban que las hiciera.
En su propio caso, Luke pasó años aprendiendo etiqueta, administración y todas aquellas obligaciones que se suponía que debía dominar por ser un miembro de la familia Valenroth. Había cosas que sabía hacer perfectamente y que, aun así, jamás sintió como algo que realmente quisiera hacer.
Quizás por eso aquella escena del jardín había llamado tanto su atención.
Según los recuerdos que conservaba, en poco más de dos meses, cuando la historia en la academia realmente comenzara, Arielle ya sería capaz de utilizar la magia de fuego que tanto caracterizaba a la familia Lioren. No se trataba simplemente de haber conseguido realizar magia por primera vez, sino de haber encendido un interruptor que había permanecido apagado durante todo ese tiempo. Aquello, sin duda, era sorprendente de muchas maneras.
Pero ahora que podía verla de cerca, a Luke le era imposible no preguntarse algo diferente.
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Tal vez después de tantos años esforzándose por cumplir con aquello que los demás esperaban de ella, alcanzar aquella meta había significado realmente algo. Quizá aquella sensación de logro fue suficiente para darle una satisfacción que nunca había encontrado en ninguna otra parte.
O quizá no.
Puede que incluso después de conseguirlo hubiera descubierto que aquella meta tampoco le pertenecía realmente, que solo había estado persiguiendo aquello porque era lo que todos esperaban de ella.
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No tenía forma de saberlo. Ni tampoco pensaba esforzarse solo para saciar su curiosidad.
La historia no era lo suficientemente profunda como para detenerse en algo así. Arielle no era la protagonista ni uno de los personajes sobre los que se centraba la trama; la futura villana no era más que otro obstáculo que la protagonista debía superar.
La perspectiva cambiaba por completo cuando te tocaba habitar el reverso de la moneda.
Pero a pesar de todo, seguía siendo contradictorio. Podía ser orgullosa, temperamental e irritante hasta el cansancio, y sin embargo seguía insistiendo en enfocarse en la magia, maravillándose incluso con trucos tan baratos como los de aquel mago.
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Completamente ajeno a todo el soliloquio de Luke, el espectáculo continuaba frente a ellos. El mago terminó una de sus demostraciones cosechando una avalancha de aplausos sobre sí, y, aprovechando el entusiasmo del público, comenzó a elevar todavía más la voz.
—¡JAJA, muchas gracias a todos por sus ánimos, pero aún queda una cosa sorprendente por mostrarles, así que manténganse bien puestos en sus puestos! ¡Ohh! ¿Eso sonó redundante no es así? ¡Esperen, ese no es el punto!
Las carcajadas estallaron nuevamente con el discurso teatral del hombre. Un Luke completamente impresionado empezó a tomar nota mental de aquella elocuencia. ¿Qué conseguía aprendiendo de aquello? Era una pregunta que nadie sabría responder. Aun así, el mago continuó.
—¡Porque la magia no es solamente para quienes han nacido con un gran talento! ¡Con suficiente esfuerzo, cualquiera puede aprender a sentir el poder que recorre su cuerpo!
¡¡UOOOOHH!! La gente empezó a lanzar ovaciones por la declaración del hombre. Incluso el rostro de Arielle se iluminó al escuchar sus palabras.
Por el contrario, a Luke le fue complicado tragarse aquella declaración de buenas a primera. Las palabras sonaban bastante bien para un espectáculo callejero, pero no terminaban de sonar realistas. Si realmente fuera tan sencillo, la capacidad de utilizar magia no sería algo tan poco común en su mundo.
El mago extendió ambos brazos hacia el público, dejando que los vítores se prolongaran durante unos segundos antes de lanzar la siguiente pregunta con una sonrisa teatral.
—¡Así que díganme, damas y caballeros! ¿Quién se atreve a intentarlo?
Varias manos se alzaron inmediatamente sobre la multitud.
Los niños fueron, como era de esperar, los más entusiastas. Algunos incluso comenzaron a saltar para conseguir que el mago los escogiera, pero incluso algunos adultos querían que los seleccionaran.
Justo a su lado, otra extremidad imitó el movimiento.
—Baja el brazo.
La orden llegó en voz baja, sin que Luke apartara la vista del espectáculo. Esperaba que aceptara la instrucción sin darle tantas vueltas, pero por supuesto que no sucedería.
—¿Por qué debería? Quiero intentarlo y voy a hacerlo.
—Sabes perfectamente que no podemos darnos el lujo de llamar la atención de esa manera. Ya tuvimos suficiente suerte consiguiendo recorrer la ciudad sin que nadie nos reconociera.
Arielle no cedió.
—No me importa. Quiero saber si realmente funciona. Esa fue precisamente la razón por la que decidí salir de la mansión en primer lugar, así que no fastidies y espera a que me elijan.
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Las personas que no pensaban antes de actuar definitivamente eran una piedra en el zapato, no podía entender en lo más mínimo cómo alguien podía ser tan incapaz de prever sus propias consecuencias.
Eso no aplicaba a él por supuesto, no hacía falta siquiera explicarlo.
—Mocosa malcriad- tch—Se mordió la lengua antes de concluir la palabra, no podía permitirse armar un escándalo entre tanta gente, así que intento tranquilizarse— Haah… mira, si tanto quieres ver si es real o no entonces espera a ver la demostración. Si de verdad funciona, podemos pedirle que te enseñe después. Pero si alguien llega a reconocernos mientras haces el ridículo delante de toda esta gente, nos llevarán de vuelta a la mansión antes de que siquiera puedas descubrir qué piensa hacer.
Aquello consiguió que el brazo por fin descendiera lentamente. Después de unos segundos de fastidio evidente, Arielle llegó a la conclusión de que esperar unos minutos le costaría menos disgustos que seguir discutiendo.
El hombre recorrió la multitud con la mirada hasta detenerse frente a uno de los niños que todavía mantenía el puño en alto.
—¡Tú! ¡Sí, tú, el de la mirada decidida! —el mago señaló al niño con un gesto exagerado, como si acabara de descubrir al elegido entre una multitud de mortales comunes—. ¡Ven aquí, joven aprendiz, que el destino no espera a los tímidos!
El pequeño buscó con la mirada a sus padres, apretando los puños contra el pantalón, antes de avanzar entre la multitud. Por su parte, el mago se agachó frente a él y adoptó una expresión solemne.
—No tengas miedo, muchacho. La magia no muerde... casi nunca —soltó una risa grave, bien calculada para sacarle una carcajada nerviosa al público—. Lo único que necesitas es concentrarte. Respira. Siente. Y sobre todo, cree.
El niño tragó saliva y asintió, sin apartar los ojos del suelo.
—Cierra los ojos. Respira lentamente y piensa en la energía que recorre tu cuerpo. Imagina que toda esa fuerza se reúne en tu palma.
El pequeño obedeció a su instrucción, inclusive si no lo comprendía del todo.
La plaza quedó extrañamente silenciosa mientras todos esperaban.
—¡Ahora! extiende los brazos y deja que tu magia salga ¡libérala toda de golpe!
Durante unos segundos no ocurrió nada. Pero entonces apareció una pequeña esfera de luz entre los dedos del niño, diminutas ráfagas recorriéndola sin cesar antes de asentarse en un brillo estable.
Los espectadores reaccionaron de inmediato. Los niños gritaron emocionados y algunos adultos comenzaron a aplaudir.
Arielle fue la más impresionada con diferencia, abrió los ojos con evidente fascinación e incluso agarró a Luke del hombro antes de empezarlo a sacudir.
—¡Lo consiguió! ¿Viste eso? ¡Tenemos que ir a preguntarle cómo lo hizo, ahora mismo!
Ya se había adelantado medio paso entre la gente cuando una mano le sujetó suavemente la muñeca.
—Espera.
—¿Qué pasa? ¡Acaba de utilizar magia! ¡Al primer intento, ni más ni menos! ¿O ahora piensas sacar otra ridícula excusa?
—No. —sacudió la cabeza—Él no hizo nada de eso.
—¿Acaso estás ciego, o simplemente decidiste dejar de usar los ojos hoy? Esa luz está saliendo de él mismo, justo frente a tus narices.
—La que no está viendo con claridad eres tú —respondió con calma, contrastando demasiado con su entusiasmo—. Mira bien de dónde proviene el flujo de energía. Incluso si no puedes usar magia, conoces sus fundamentos perfectamente, ¿no?
Por un instante, aquellas palabras la dejaron descolocada.
¿Cómo sabía que no era capaz de utilizar magia? No, esa no era realmente la cuestión. A esas alturas, aquel hecho ya era un rumor bastante extendido entre las casas nobles. Lo extraño era que Luke pareciera saber que, a pesar de ello, había estudiado la teoría hasta dominarla casi por completo.
Y sí, incluso con su magia prácticamente inutilizable, Arielle tenía una enorme confianza en sus propios conocimientos. Estudiaba magia desde pequeña y hacía años se propuso convertirse en una maga excelsa, digna de alcanzar el mismo nivel que sus padres. No tenía sentido que Luke supiera hasta qué punto se había esforzado en ello.
Aun así, dejó aquel pensamiento de lado y volvió a concentrarse en la demostración.
Siguiendo la indicación, observó la chispa con mayor atención y comenzó a percibir el flujo de poder mágico que la rodeaba.
Suaves ondas de energía flotaban por distintos rincones de la plaza. Al final, el poder mágico no siempre permanecía atado a quien lo producía; una buena parte simplemente flotaba, dispersa, en el aire que los rodeaba a todos.
Arielle enfocó su atención en el niño y en el hombre que dirigía el espectáculo. Y entonces lo vio.
Una línea extremadamente fina conectaba aquella pequeña manifestación con una fuente distinta al cuerpo del muchacho. La energía estaba siendo conducida con tanta precisión que resultaba casi imposible distinguirla a simple vista, pero una vez que supo qué buscar, la conexión se volvió evidente.
No nacía del niño.
La luz estaba siendo guiada desde el hombre que realizaba el espectáculo.
—¡Lo ven, damas y caballeros! ¡Con fe y espíritu, cualquiera puede convertirse en un gran mago!
Como dando por terminada la demostración, la chispa desapareció de los dedos del muchacho.
El niño bajó la mirada, decepcionado al ver desaparecer aquello que creía haber conseguido por sí mismo.
—¡Oh! Vaya, vaya... parece que el joven perdió la concentración justo en el último instante —chasqueó la lengua con pesar, aunque sus ojos ya habían encontrado a su siguiente candidato entre la multitud—. No te aflijas, pequeño. Estas cosas requieren años de entrenamiento. Lo tuyo, para ser un primer intento, ya fue casi un milagro.
¡HUOOO!
Los vítores no tardaron en aparecer. Para todos los presentes, acababan de presenciar el nacimiento de un nuevo mago.
Hasta hacía unos instantes, Arielle había creído exactamente lo mismo.
Pero después de haber comprobado esa farsa, sentía que acababan de arrancarle aquella ilusión del pecho.
—Esa escoria... ¡¿Cómo se atreve a hacer algo así?!
Los puños se le cerraron solos. Las uñas se hundieron en la palma hasta dejar marca.
Luke abrió la boca, preparado para soltar un comentario ligero ya a medio formar. Pero se le murió ahí mismo, sin llegar a salir.
Porque Arielle no lo estaba mirando a él.
Miraba al mago. Solo al mago. Con una fijeza que no dejaba espacio para nada más, ni siquiera para la burla que normalmente le dedicaría a Luke de tenerlo tan cerca.
—Hey, espera, espera...
Una alarma se encendió en su cabeza. Esa quietud repentina le decía que no debía dejarla avanzar ni un paso más.
Le sujetó la muñeca.
—Suéltame. —La palabra salió baja. Plana—. No te lo pienso repetir.
—Cálmate, entiendo que estés frustrada, pero—
—¡ESTOY PERFECTAMENTE CALMADA!
El grito consiguió que varias personas cercanas giraran la cabeza.
Luke se quedó completamente inmóvil.
Aquellos ojos eran completamente distintos a los que había visto hasta entonces. No quedaba rastro de la irritación habitual ni de uno de sus arranques de orgullo.
Por primera vez, la imagen de la villana que recordaba de aquella historia pareció reflejarse realmente frente a él.
Y por primera vez, no supo qué decir.
El enojo casi palpable le puso los nervios de punta. Sin embargo, él mismo no podía dar marcha atrás tampoco.
Varias personas de los alrededores ya habían comenzado a prestarles atención y, un poco más lejos, incluso podía divisar un par de guardias haciendo patrulla.
Todavía no se acercaban, pero bastaría con que Arielle volviera a levantar la voz o diera un paso hacia el mago para que terminaran interviniendo.
Apretó los dientes. Antes de que ella empezara forcejear su agarre, dijo:
—¿Y qué pasa si es un acto? Todos están felices con aquello.
—¿Un acto? —la voz de Arielle subió otro escalón—. ¿Después de hacerle creer a ese niño que realmente consiguió utilizar magia? ¡Lo viste igual que yo! Se irá de aquí creyendo que logró algo que ni siquiera hizo. Y cuando descubra la verdad, solo le va a quedar la decepción de haber creído en una ilusión que nunca fue suya. ¿Y todo para qué? ¿Para que un puñado de desconocidos se entretenga durante unos minutos?
—Eso no te corresponde decidirlo. Si quienes están aquí quieren verlo como un espectáculo, no eres tú quien decide que todos deberían irse decepcionados solo porque te sabes el truco.
—¿Y a quién le corresponde entonces? ¿A ellos? Ni siquiera saben lo que están viendo. Para ellos ese muchacho acaba de hacer magia real, para los demás también, ¡y ese hombre se está aprovechando exactamente de eso!
La discusión ya había empezado a robarle atención al propio espectáculo. Luke lo notó, pero no tenía tiempo para ocuparse de eso; el solo hecho de que la discusión pasara a hacer de ellos dos le daba un margen para concluir las cosas rápidamente si llegaban los guardias.
—¿Y qué tiene de malo, mientras nadie salga perjudicado? El público disfruta, el niño está feliz, el hombre se gana la vida. Nadie pierde nada con esto.
—¡No entiendes nada!
La frase escapó en un siseo, ahogada entre sus dientes apretados
—Entonces quizá el problema sea que te importa demasiado. —Lo dijo con una seriedad que rara vez usaba, sosteniéndole la mirada—. No puedes decidir que algo es imperdonable solo porque para ti significa más que para cualquiera de esta gente.
—No tienes idea de lo que estás hablando.
—Tal vez no. Pero tampoco hace falta ser un genio para notar que esto dejó de tratarse del niño hace un buen rato.
Arielle apretó la mandíbula.
—Cállate.
—Llevas toda la conversación defendiendo a un desconocido como si le hubieran robado algo tuyo. —Luke bajó un poco la voz, casi sin darse cuenta de que ya no estaba discutiendo, sino tocando una fibra mucho más frágil—. Eso no es indignación por un espectáculo callejero.
—He dicho que te calles.
Por un segundo, algo pareció tambalearse detrás de sus ojos, como si la furia hubiera encontrado, por fin, una grieta por donde escapar en otra dirección.
Luke debería haberlo dejado ahí.
—¿O tal vez lo que te molesta es lo fácil que fue creerle? Cualquiera puede prometer algo que buscas.
—¡No te lo pienso repetir!
Su mirada vaciló un instante… casi apartándose de la de ella. Pero terminó regresando de todas formas.
—...Él no tiene la culpa de que tú no puedas usar magia.
Silencio.
Uno demasiado efímero.
¡Plaf!
La mano de Arielle se adelantó antes de que ninguno de los dos pudiera decir nada más.
El sonido del golpe se perdió entre el ruido de la calle. Por un instante, ninguno de los dos se movió. Su mano quedó suspendida en el aire, tan solo por una fracción de segundo, antes de caer de nuevo a su costado. La mirada de Arielle ahora permanecía fija en él.
—Tú...
A Luke le pareció ver una fina capa de humedad en aquellos ojos que lo juzgaban.
—...Eres igual de escoria.
El momento se prolongó por tan solo unos segundos antes de romperse por sí solo. La muñeca quedó libre y Arielle se apartó de él, alejándose de la gente hasta encontrar la sombra de un tejado que bordeaba la plaza.
Los guardias que habían comenzado a acercarse al notar el alboroto recibieron una breve señal de Luke. Una ligera negación con la cabeza bastó para hacerles detenerse. No necesitaba que intervinieran en aquello; probablemente, desde su posición, solo parecía una rencilla entre dos enamorados, pero a estas alturas eso ya ni siquiera importaba.
Luke se quedó ahí, sin seguirla, observando su espalda desde la distancia. El ardor de su mejilla volvió a hacerse presente, pero era apenas una molestia comparada con todo lo demás.
Levantó su cabeza al cielo. Las nubes seguían iguales, grises y pesadas, como si nada hubiera ocurrido. Pero incluso tan inalteradas como parecían, diminutas gotas empezaban a caer sobre la plaza.

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Conviviendo con la villana (Novela)
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Conviviendo con la villana (Novela) Capítulo 13
Estás leyendo el capítulo 13 de Conviviendo con la villana (Novela), un novela. Luke es un joven noble que disfruta de una vida cómoda, evitando a toda costa cualquier responsabilidad. Y se supone que así debería seguir siendo. Hasta que una mañana despierta con los recuerdos de otra vida. En… Este capítulo tiene publicado el 21 de septiembre de 2026. Conviviendo con la villana (Novela) tiene 15 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.