Leer Conviviendo con la villana (Novela) Capítulo 11 online gratis en español
El traqueteo constante de las ruedas terminó convirtiéndose en el único sonido que acompañó buena parte del viaje.
Sin nada más que hacer hasta llegar a la ciudad, Luke permaneció junto a la pequeña ventanilla trasera del compartimiento, siguiendo con atención el camino que iban dejando atrás. Cada curva, cada cruce y cada edificio que comenzaba a aparecer quedaban grabados poco a poco en su memoria. No esperaba tener que regresar solo, pero si por algún motivo llegaban a separarse, conocer la ruta siempre sería mejor que deambular sin rumbo.
Claro que también existía una solución mucho más sencilla: bastaría con acercarse a cualquier guardia y preguntar cómo volver a la residencia de los Lioren. Aunque prefería no llegar a ese punto. Tener que dar explicaciones sobre quién era, por qué se encontraba solo o de dónde había salido, únicamente serviría para atraer una atención completamente innecesaria. Y si además alguien decidía avisar a la mansión...
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Así que, por si acaso, continuó memorizando el recorrido.
Mientras tanto, al fondo del compartimiento, Arielle llevaba un rato librando una batalla bastante menos trascendental.
El aburrimiento.
Sentada contra la pared, apoyaba distraídamente la mejilla sobre una mano mientras esperaba a que el carruaje llegara de una vez a su destino.
—¿Falta mucho? —La pregunta rompió el silencio por enésima vez.—este carruaje no es nada cómodo y huele a viejo.
Sin apartar la vista de la ventanilla, la respuesta llegó casi por inercia.
—No, no creo que falte tanto.
Ante su respuesta, Arielle tan solo apoyó la cabeza contra la pared, atrapada en un fastidio evidente. Luke se limitó a ignorarla; después de todo, no había nada que pudiera hacer y, siendo honestos, tampoco es que le naciera mover un dedo si hubiese tenido la oportunidad. Verla así, consumida por el tedio, era su pequeña venganza personal, una justa retribución para su pobre mano, que todavía se estaba recuperando de aquel brutal mordisco.
Desde hacía un rato el paisaje había dejado de cambiar con la lentitud del campo. Las viviendas aparecían cada vez más juntas, los caminos se estrechaban y el número de personas aumentaba conforme avanzaban calle tras calle. De vez en cuando algún comerciante cruzaba apresuradamente frente al carruaje cargando mercancías, mientras otros abrían sus puestos aprovechando el movimiento de la mañana.
\ Pero lo que aún intentaba averiguar era otra cosa. Continuó siguiendo el recorrido con la mirada, atento a cada giro que daba el carruaje.
Dos calles más tarde aparecieron los primeros talleres; poco después, una hilera de tiendas ocupó prácticamente ambos lados de la avenida. El bullicio también cambió. Ya no predominaban los cascos de los caballos ni el chirrido de las ruedas, sino las conversaciones de los transeúntes y los pregones de los comerciantes.
Un brillo de satisfacción terminó encendiéndose en su mirada.
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La ventanilla volvió a cerrarse con cuidado, y por supuesto que el movimiento no pasó desapercibido por su acompañante.
—¿Qué ocurre? —preguntó Arielle, despegando la cabeza del costado del carruaje.
—Prepárate. No creo que tarden mucho en detenerse.
—¿Ya llegamos por fin? — Una mirada de esperanza iluminó su rostro al escuchar esas palabras.
—Probablemente. Ahora solo queda esperar dónde piensan descargar primero. —Comentó mientras sus manos descendían directamente hacia la pequeña bolsa que había dejado a un lado. La manta de camuflaje apareció una vez más entre los pliegues de tela.
Como si respondiera a esa misma señal, las ruedas dejaron de avanzar con la continuidad de antes y el carruaje fue perdiendo velocidad hasta detenerse por completo.
Sabiendo lo que esto significaba, Luke terminó de extender la manta entre ambos.
—Dentro de poco abrirán la compuerta para sacar la primera carga. Uno de los sirvientes entrará al local y el otro seguramente se quedará vigilando el carruaje.
Una breve pausa acompañó el último ajuste.
—No debería prestarnos demasiada atención si ya estamos fuera... pero, por si acaso, tenemos que evitar que nos vea salir directamente del compartimiento.
La explicación fue suficiente. Después de casi media hora encerrada allí dentro, cualquier plan que terminara con ella respirando aire fresco sonaba bastante razonable, así que simplemente asintió mientras se acomodaba a su lado para volver a cubrirse con la manta.
Claramente esta vez manteniendo su propio espacio personal.
...
Apenas unos segundos después...
El sonido del pasador al soltarse llegó desde el otro lado de la compuerta y las bisagras comenzaron a crujir lentamente.
La luz del exterior volvió a filtrarse entre las tablas.
—¿Eh?
La voz del sirviente llegó acompañada por un breve silencio.
—Qué extraño, está fresco aquí dentro...
No le dio muchas más vueltas al asunto. Se inclinó hacia el interior, apoyó una rodilla sobre el borde del carruaje y, tras localizar una de las cajas más cercanas, la levantó con ambas manos y desapareció de nuevo por la parte trasera.
Luke esperó un segundo más. Después otro.
Cuando los pasos terminaron de alejarse hacia el interior del comercio, retiró la manta de un movimiento.
—¡Ahora!
Las cuerdas y el resto de objetos improvisados para la escapada quedaron guardadas discretamente al fondo del compartimiento. Si alguien los encontraba más tarde, difícilmente pasarían de parecer herramientas olvidadas entre la carga.
La manta por su parte desapareció dentro de su bolsa personal junto con el resto de pertenencias. No hacía falta cargar con nada más.
Apenas terminó de agarrarla con ambas manos, evitando que soltara algo por error, ambos descendieron del carruaje con rapidez y echaron a correr en dirección contraria al comercio, mezclándose con las primeras personas que transitaban por la calle.
Un movimiento cerca del carruaje terminó llamando la atención del sirviente que esperaba afuera.
—¿Hm?
Dos figuras cubiertas por capas se alejaban entre la multitud. Habían aparecido demasiado cerca del carruaje como para no llamar la atención, aunque estaba completamente seguro de que no las había visto acercarse en ningún momento.
—¿Salieron de alguna tienda...? —murmuró, siguiendo a las dos figuras con la vista, hasta que un detalle terminó por llamar su atención—Espera... ¿ese era un uniforme de maid?
No solo eso, sino que era bastante parecido al que manejaban en la mansión Lioren, aun asíno podía verla bien desde ahí, así que la duda apenas duró un instante.
Con el carruaje todavía repleto de cajas y su compañero ocupado dentro del comercio, terminó por restarle importancia y volvió a vigilar la carga.
Mientras tanto, las dos figuras continuaban alejándose sin volver la vista atrás. Al principio mantuvieron el mismo paso apresurado con el que abandonaron el carruaje, pero conforme el bullicio de la ciudad comenzaba a envolverlos, la multitud terminó convirtiéndose en su mejor escondite. Cada cruce dejaba atrás un poco más el lugar donde habían descendido, hasta que incluso el carruaje desapareció de su vista.
No fue hasta doblar un par de esquinas que Luke redujo finalmente el paso.
—Creo que por aquí estaremos bie—
—¡E... es—pera...!
La voz llegó entre respiraciones entrecortadas.
Al volverse, Arielle ya se había detenido. Con ambas manos descansando sobre sus rodillas mientras intentaba recuperar el aliento sin demasiado éxito.
Luke la observó un instante antes de soltar una carcajada.
—Jaja, ¿en serio? Apenas corrimos unas calles.
Una mirada cargada de reproche se alzó inmediatamente hacia él.
—...C-Cá... lla... te.
—No hemos pasado cinco minutos corriendo y ya estás así... ¿Nunca haces nada de ejercicio?
—D—Dije... que te... ca—llaras...
Aquella respuesta sonó bastante menos amenazante de lo habitual, principalmente porque iba interrumpida por varios intentos de recuperar el aire.
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La duda apareció de forma completamente sincera.
Él mismo reservaba un momento del día para mantenerse activo. No era una rutina especialmente exigente, pero sí lo suficiente para conservar una figura de la que pudiera sentirse orgulloso. Con los años aquello había terminado por convertirse en una costumbre tan natural que apenas necesitaba pensar en ello.
Aun así, la incógnita quedó sin respuesta, después de todo, había demasiadas cosas ocurriendo a su alrededor como para seguir prestándole atención a aquella tontería, definitivamente no era porque estuviera celoso, por supuesto que no lo estaba…
Aprovechando aquella pausa, la vista recorrió por primera vez el lugar donde habían terminado; el corazón de la ciudad Rosenfall.
Frente a ellos se extendía una amplia plaza de piedra, atravesada por senderos que dividían el espacio entre pequeños puestos ambulantes y establecimientos permanentes. El aroma del pan recién horneado se mezclaba con el de carnes asadas y dulces recién preparados, mientras comerciantes de toda clase competían por atraer la atención de los transeúntes con voces cada vez más altas.
Algo más alejado del centro, un grupo considerable de personas se había reunido formando un amplio círculo.
Desde aquella distancia resultaba imposible distinguir qué ocurría exactamente, aunque los aplausos ocasionales y alguna que otra exclamación bastaban para intuir que algún artista callejero ofrecía un espectáculo.
El bullicio de la plaza se le metió por dentro, y no pudo evitar disfrutarlo.
—Ahora entiendo por qué tanta gente baja hasta el centro aunque no tenga nada que comprar. Solo caminar por aquí ya tiene gracia. — Soltó Luke.
Arielle recorrió lentamente los alrededores con la mirada.
Puestos abarrotados, comerciantes elevando la voz para atraer clientes, niños corriendo entre la multitud y personas entrando y saliendo constantemente de los establecimientos.
Tras unos segundos de silencio...
—No le encuentro el encanto. Solo veo un lugar lleno de ruido, gente estorbándose unos a otros y comerciantes intentando venderte cualquier cosa.
Una carcajada cortó sus quejas de golpe.
—Ja, con razón eres tan aburrida.
La respuesta llegó tan rápido que Arielle tardó un instante en reaccionar.
—¿Disculpa?
—Si consigues mirar todo esto y lo único que ves son molestias, el problema no es la ciudad, sino ese trozo de hielo que tienes por corazón.
Extendió un brazo señalando los alrededores.
—Mira a tu alrededor. Hay comida, espectáculos, tiendas por todas partes... hasta podrías pasarte un día entero aquí sin repetir un solo sitio. Si ni así consigues divertirte, ya no hay mucho que hacer contigo.
—¿Y qué sabes tú sobre divertirte?
—Ehh, cuidado con esas palabras. Podría tomármelas como un desafío, señorita "no tengo tiempo para la diversión".
Sin esperar respuesta, comenzó a internarse entre los puestos con un regocijo difícil de ocultar.
Encontrándose completamente en su propio mundo, avanzaba de un lado a otro con la misma curiosidad de un niño que acababa de entrar por primera vez a un parque de atracciones.
Arielle resopló con evidente fastidio.
Aquellas tonterías seguían irritándola, especialmente que insistiera en llamarla aburrida. Aun así, no creía que aquel lugar pudiera tener nada realmente interesante.
Con ese pensamiento, simplemente lo siguió unos pasos por detrás, convencida de que no tardaría en demostrarle que todo aquel entusiasmo era completamente exagerado.
Mientras tanto, a una distancia prudente, Arnold y Belle observaban la escena sin llamar la atención. Luke se movía entre los puestos de la plaza con un entusiasmo que Arnold pocas veces le había visto desde que llegaron al condado.
No había resultado difícil seguirlos.
Con la multitud llenando las calles y el constante ir y venir de personas, mantener cierta distancia sin llamar la atención era mucho más sencillo de lo habitual.
—Parece que realmente estaba esperando este momento.
Belle siguió la dirección de su mirada.
—Lady Arielle no parece compartir ese entusiasmo.
—Es normal. No todos disfrutan de las mismas cosas.
Tras una breve pausa, añadió con un tono casi despreocupado:
—Pero conociendo al joven amo, no me sorprendería que antes de que acabe el día termine arrastrándola a recorrer media ciudad.
Belle permaneció observándolos unos instantes más hasta que las comisuras de sus labios se elevaron casi de forma imperceptible.
—Eso parece muy probable.
A Arnold también se le escapó una risita antes de reanudar la marcha; el hecho de que internamente disfrutaba de vigilar las escapadas de su amo era algo que pensaba guardarse para sí.
...
Apenas unos metros más adelante, Luke ya se había detenido frente al primer puesto.
La mirada recorría cada estante con evidente curiosidad. Frutas, especias, pequeños adornos de madera, herramientas cuyo uso apenas podía imaginar y un sinfín de objetos que jamás había visto reunidos en un mismo lugar.
No era que necesitara comprarlos. Simplemente resultaba entretenido observarlos.
—¿Piensas detenerte en todos los puestos que encontremos? —La voz de Arielle sonó desde atrás con un cansancio difícil de ocultar.
Pero el joven ni siquiera apartó la vista de los productos.
—Claro. Ya que conseguimos escapar, lo mínimo es aprovecharlo. Sería un desperdicio cruzar media ciudad para luego caminar mirando solo el suelo.
Mientras hablaba, tomó una pequeña figura tallada en madera, la observó unos segundos y volvió a dejarla exactamente dónde estaba.
—Además, nunca había venido al centro de Rosenfall. Si algo me llama la atención, pienso verlo de cerca.
Arielle dejó caer los hombros, resignada. Aquel entusiasmo seguía pareciéndole completamente incomprensible.
Mientras Luke pasaba al siguiente puesto casi con la misma ilusión de un niño descubriendo algo nuevo, ella simplemente caminaba unos pasos por detrás, dejando que la vista vagara sin demasiado interés entre los productos expuestos.
Hasta que una brillante manzana roja terminó llamando su atención.
Sin pensarlo demasiado, la tomó del montón... y le dio un mordisco.
Apenas había alcanzado a dar el primer mordisco...
—¡¡Eh, tú!!
El grito resonó por toda la calle.
Tras el mostrador, un hombre corpulento salió prácticamente disparado del puesto y señaló directamente a Arielle.
—¡¿Qué crees que estás haciendo?!
La joven bajó la vista hacia la manzana que sostenía entre las manos y luego volvió a mirarlo con la misma naturalidad de siempre.
—¿Comiéndola? Creí que era bastante evidente. ¿Ocurre algún problema?
Aquella respuesta solo consiguió alterarlo aún más.
—¡Claro que ocurre algo! ¡Acabas de coger mi mercancía sin pagar!
Una ligera confusión apareció por primera vez en el rostro de Arielle.
—No entiendo el problema. ¿Por qué tendría que pedir permiso por una simple manzana? Como si fuera algo importante.
El comerciante tardó unos segundos en encontrar palabras.
—¡Porque la estoy vendiendo!
—¿Vendiendo una mísera manzana? ¿Algo así se puede vender?
El comerciante la miró incrédulo.
—¡¿"Una mísera manzana"?! ¡Claro que sí!
Arielle torció el gesto con incredulidad.
—Es solo una fruta. ¿Quién se pone a contar algo así? En la mansión nadie paga por una manzana. No entiendo por qué aquí sería distinto.
—¡¡¿Qué?!!
El rostro del comerciante comenzó a teñirse de rojo mientras varias personas de los puestos cercanos giraban la cabeza hacia el escándalo.
Aquello había escalado de forma alarmantemente rápida. Sin darle más vueltas, Luke terminó colocándose entre ambos antes de que el comerciante explotara del todo.
—Ya… ya… —apresuró a decir— Perdone. Ha sido un malentendido. Mi acompañante no está acostumbrada a... cómo decirlo... las reglas de la calle.
Mientras hablaba, sacó unas cuantas monedas de cobre de la bolsa, un poco más de lo que costaba la propia manzana y las dejó sobre el mostrador.
—No pretendía llevársela sin pagar. Simplemente... nunca se le ocurrió que hubiera que hacerlo.
El comerciante alternó la mirada entre las monedas y Arielle.
—¿Nunca se le ocurrió?
Luke no pudo evitar desviar la mirada al responderle.
—Digamos que creció en un entorno donde coger una fruta y comerla era lo más normal del mundo.
—¡Pues esto no es una mansión! —refunfuñó el hombre mientras recogía las monedas—. Aquí cada manzana cuesta dinero.
—Sigo pensando que resulta exagerado montar semejante escándalo por una fruta.
—¡¿Exagerado?!
Antes de que el comerciante terminara de levantar la voz, un ligero golpecito cayó sobre la cabeza de Arielle.
—Deja de decir esas cosas o van a echarnos antes de que podamos recorrer siquiera una calle.
Un lento giro de cabeza bastó para que la mirada de Arielle terminara clavándose sobre Luke.
—Atrévete a tocarme otra vez y te rompo la mano.
—Sí, sí, lo que tú digas... —respondió Luke con evidente cansancio antes de volver la vista hacia el comerciante—. Lo que intenta decir es que ya entendió la situación. No volverá a ocurrir.
El hombre bufó con fuerza, aunque ahora que el dinero ya estaba sobre el mostrador; discutir más no iba a cambiar nada.
—...Más les vale.
El ambiente terminó relajándose por fin.
Con una sonrisa algo incómoda, Luke volvió a dirigirse al comerciante.
—Aunque debo admitir que me sorprendió la rapidez con la que se dio cuenta. Apenas la vio coger la manzana y enseguida supo lo que estaba pasando.
El comerciante exhaló con el ceño ligeramente apretado y volvió a acomodar las frutas.
—Cuando llevas semanas aguantando a los mismos desgraciados, terminas desarrollando ojo para esas cosas.
—¿Los mismos desgraciados?
—Ladrones. Últimamente no dejan de aparecer por la plaza. Aprovechan cualquier descuido, meten la mano donde pueden y desaparecen entre la multitud antes de que alguien alcance siquiera a reaccionar.
Señaló con un gesto la plaza repleta de gente.
—Y no solo nos pasa a los comerciantes. También ha habido más de un cliente al que le han vaciado los bolsillos sin darse cuenta.
—Entonces simplemente hagan que los guardias vigilen la plaza —comentó Arielle con absoluta naturalidad—. Si saben que ocurre tan seguido, no debería ser difícil atraparlos.
El comerciante negó con una mueca seca, más de resignación que de humor.
—Ojalá fuera tan fácil… tch…es por eso que los jóvenes de ahora…
Luke no lo dejó seguir refunfuñando y terminó la idea por él
—Con tanta gente, basta mezclarse unos segundos para desaparecer. Aunque los guardias atrapen a uno, los demás ya estarán al otro lado de la plaza.
El comerciante asintió varias veces.
—Exacto. Y tampoco podemos tener un guardia detrás de cada persona que viene a comprar.
Arielle permaneció en silencio unos instantes.
—...Qué ineficiente.
El hombre soltó otro resoplido.
—Llámelo como quiera, pero así están las cosas. Si no quieren acabar llorando por lo que les falte después, procuren andar con los ojos bien abiertos.
—Entiendo, gracias por el aviso.
Tras despedirse, Luke hizo un gesto para que Arielle lo siguiera y ambos volvieron a perderse entre la multitud.
Apenas dejaron atrás el puesto, Luke se pasó una mano por el cabello con claro agotamiento.
—La próxima vez, si quieres algo, dímelo primero.
—¿Y por qué debería hacerlo?
—Porque prefiero pagarlo yo a tener que volver a salvarte de un escándalo.
Un leve resoplido fue toda la respuesta que recibió.
—Sigo pensando que exageraron por una simple manzana.
—Y yo sigo pensando que algún día vas a conseguir que nos echen de algún sitio.
—Eso suena más a un problema tuyo que mío.
Una leve sensación de impotencia empezó a instalarse en Luke.
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Ya no sabía si estaba intentando explicárselo o simplemente perdiendo el tiempo. Giró un poco más el rostro para enfrentarla directamente.
—Lo que intento decir es qu—
¡Plof!
De repente, algo frío y pegajoso se estampó de lleno contra su pecho.
El resto de la frase murió antes siquiera de salir.
...
Su mirada descendió lentamente hacia la fuente. Al llegar, Una enorme bola de helado blanco se deslizaba con absoluta tranquilidad por el centro de su camisa, dejando tras de sí un rastro pegajoso que amenazaba con llegar hasta el pantalón.
Durante unos instantes, el mundo pareció detenerse.
Frente a él, un niño permanecía inmóvil sujetando el cono entre las manos. Una parte del helado seguía milagrosamente encima, aunque bastante más pequeña que hacía un instante.
Los ojos del pequeño se abrieron de par en par al comprender lo que acababa de pasar.
—¡¿Qué demonios?! —Se llevó las manos al pecho, extendiendo los bordes del nuevo manchón—. ¡Me tomó horas lograr que este lino ordinario tuviera una caída digna en mis hombros!
El grito hizo que el pequeño se estremeciera. Sin embargo, lejos de responder, toda su atención seguía fija en el desastre que acababa de ocurrirle a su helado.
Sus labios empezaron a temblar.
—M... mi helado...
—¡Hey! ¡Te estoy hablando, pequeño mocoso!
Luke todavía mantenía el ceño fruncido cuando una risa escapó justo a su lado.
—Je...
Otra más.
—Jajaja...
Apenas un paso bastó para que Arielle se colocara a su lado.
—¡Te lo mereces! —Una nueva carcajada interrumpió la frase—. Te burlabas de mi atuendo, pero al menos el mío no está cubierto de helado.
Disfrutando con descaro el suceso, bajó la mirada hacia el pequeño y añadió con una modestia venenosa:
—Bien hecho chico, me agradas. No es nada fácil conseguir que se calle.
Aquellas palabras terminaron de rematar la paciencia de Luke.
—¡¿Todavía te hace gracia?! ¡Mírame! ¡Tengo helado hasta en la camisa!
Pero ni con eso la sonrisa divertida desapareció de su rostro. Mejor dicho, eso exclusivamente elevó su dicha.
—Al menos ahora combinas mejor con tu...
—¡Uaaaaaaah...!
El llanto del niño estalló de repente, ahogando el resto de la frase. Entre sollozos, las pequeñas manos terminaron aflojándose alrededor del cono. Produciendo que este resbalara de entre sus dedos, describiendo un corto arco en el aire y...
Plaf.
La bola de helado aterrizó de lleno sobre una de las zapatillas de Arielle, salpicando incluso el borde de su media.
...
El llanto del niño seguía resonando por toda la calle, pero Luke apenas lo escuchaba. Su vista bajó lentamente hacia la zapatilla de Arielle y después volvió a subir. Por último, la comisura de sus labios se curvó poco a poco, olvidando hasta su propio infortunio.
—Pfft… p-parece que ahora… pfft…sí estamos iguales.
Intentó mantener la compostura pese a la placentera escena, al fin y al cabo, era un verdadero caballero.
No, ¿A quien quería engañar? ¡Simplemente le pareció que de esa manera la haría enojar más! Y pareció haber funcionado muy bien, porque la joven, apartando muy lentamente el pie, observó el helado que acababa de arruinar su zapatilla mientras temblaba de la rabia.
...
—¡Que lo encarcelen!
Dictó sentencia sin siquiera presentar un juicio de lo sucedido, o mejor dicho, quería condenar al chico por el accidente acontecido.
—Jaja... ¿Y de paso no quieres que lo exilien del reino? — Luke continuó burlándose un poco más de ella. Pero Arielle seguía firme.
—No pienso conformarme con menos. Quiero verlo entre rejas antes de que termine el día.
—...Espera ¿vas en serio?
—Por supuesto que hablo en serio. ¡Ese mocoso acaba de manchar mis zapatos! ¡Que lo encierren de por vida!
—¡Shhh, baja la voz!
Luke miró rápidamente a ambos lados antes de acercarse un poco más.
—¿Quieres dejar de pedir que encierren gente? Se supone que estamos intentando pasar desapercibidos.
—Me da igual. Alguien tendrá que hacerse responsable de esto.
—Los únicos responsables vamos a terminar siendo nosotros si nos reconocen, así que deja de armar un escándalo por un helado.
Sin esperar respuesta, terminó agachándose frente al pequeño.
—Oye...
El niño levantó apenas la cabeza entre sollozos, todavía aferrado al cono vacío.
—Olvida lo que dijo, no fue para tanto. Toma.
Una moneda de cobre cayó suavemente sobre la palma de su mano.
—Ve a comprarte otro antes de que se acaben.
Los ojos del pequeño se abrieron poco a poco.
—¿...Puedo?
—Claro. Pero la próxima vez procura mirar por dónde vas antes de convertir el helado en proyectil.
El llanto desapareció casi de inmediato. Sujetando la moneda con fuerza, el niño volvió a iluminar su rostro con una mueca radiante.
—¡Muchas gracias!
Sin perder un segundo, salió corriendo de nuevo hacia el puesto de helados.
—¡Espera! ¡Esto todavía no ha terminado! —exclamó Arielle, dando un paso al frente.
El brazo de Luke se interpuso antes de que pudiera seguirlo.
—Olvídalo.
—¿Olvidarlo? ¡Lo acabas de recompensar después de atacarme!
—Si sigues así, cualquiera diría que el helado te cayó en la cabeza y no en el zapato.
Ella entonces apartó la mirada con evidente fastidio, dejando claro que seguía completamente en desacuerdo.
Un pequeño suspiro escapó de los labios de Luke antes de volver la vista hacia la mancha blanca que seguía adornando su ropa.
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—En fin... ya que estamos hechos un desastre, aprovechemos para buscar una tienda de ropa.
La mirada pasó de su propia camisa al uniforme de maid que Arielle seguía llevando.
—Necesito cambiarme esto... y tú deberías quitarte ese uniforme de una vez en vez de estar peleando con niños pequeños.
—...Tch.
La respuesta tardó un instante en llegar.
—Está bien, pero escogeré la ropa yo misma, no necesito comentarios de lo que debería o no vestir.
Aquello le arrancó una ligera risa a Luke. Recordando que seguía tratando con una señorita de la nobleza.
—Naturalmente la escogerás tú misma, ¿qué acaso tienes ocho años?
Esta vez Arielle no replicó y solamente giró el rostro. El ligero rubor que le subió a las mejillas delató que se había dado cuenta de que su propia afirmación ya de por si era infantil. —...Mmm.
Con el asunto del helado finalmente atrás, ambos retomaron el camino entre el incesante ir y venir de personas. A diferencia de Arielle, que avanzaba haciendo un puchero mientras revisaba de vez en cuando el estado de su zapatilla, Luke volvió a dejarse llevar por el ambiente de la plaza como si nada hubiera ocurrido.
No parecía existir un rincón que no llamara su atención.
De un lado llegaba el inconfundible aroma de pan recién horneado; del otro, el chisporroteo constante de carne cocinándose sobre brasas atraía a un grupo de curiosos. Más adelante, un artesano golpeaba pequeñas piezas de metal con sorprendente precisión mientras, unos metros más allá, varias mujeres discutían animadamente el precio de unas telas expuestas sobre un improvisado puesto de madera.
Todo resultaba caótico. Y precisamente por eso le gustaba.
Sin necesidad de seguir un rumbo fijo, fueron abandonando poco a poco la zona de los vendedores ambulantes para adentrarse en una calle donde los establecimientos permanentes comenzaban a ganar protagonismo. Los pequeños puestos de madera dieron paso a fachadas de ladrillo y piedra, escaparates mucho más cuidados y letreros tallados que anunciaban toda clase de negocios.
La mayoría no tardó en quedar descartada.
Una joyería. Una relojería. Una librería. Ninguna servía para lo que necesitaban.
Fue entonces cuando una vidriera particularmente cuidada terminó captando la atención de Luke.
Tras el cristal descansaban varios vestidos confeccionados con bastante esmero, acompañados por conjuntos masculinos sencillos pero bien presentados. Sin alcanzar, ni de lejos, el nivel de las boutiques frecuentadas por la nobleza, el lugar transmitía una imagen mucho más elegante que el resto de comercios de la calle.
—Creo que ya encontré el sitio —murmuró, sin poder disimular el gusto.
Al levantar la vista, un discreto letrero de madera confirmó que se trataba de una tienda de ropa.
Exactamente lo que necesitaban.
Sin esperar respuesta, cambió ligeramente el rumbo y comenzó a dirigirse hacia la entrada.
\*\*\*\*\*
Al mismo tiempo, varios metros más atrás, dos figuras continuaban siguiéndolos sin llamar la atención.
—Parece que esta vez van a realizar un cambio de ropa.
La vista de Arnold permanecía sobre el establecimiento al que ambos acababan de entrar.
Habría sido preferible que lo hicieran desde el principio. Incluso antes de lo del helado, el uniforme de la señorita Arielle llamaba demasiado la atención.
Arnold inclinó ligeramente la cabeza con desdén de la propia situación.
—Ahora que lo mencionas... ¿por qué llevaba un uniforme de sirvienta para empezar?
—Es una larga historia.
Arnold dejó escapar un bufido divertido y negó levemente con la cabeza.
—Eso me lo imaginaba. Por otro lado probablemente ese siempre fue el plan.—respondió con la despreocupación de costumbre—. Solo que el joven amo tiene la extraña habilidad de desviarse cada dos minutos de lo que pensaba hacer. Si algo consigue despertar su curiosidad, todo lo demás deja de existir hasta que la satisface.
Después de todo lo ocurrido desde que habían llegado a la plaza... Aquella explicación resultaba sorprendentemente convincente para Belle.
Un sonoro mordisco interrumpió el hilo de sus pensamientos. Belle bajó la mirada hacia la mano de Arnold, donde un cono de crema empezaba a derretirse, y luego contempló el barquillo idéntico que ella misma sostenía sin darse cuenta...
—Sigo sin entender por qué estamos comiendo helado. — Dijo de forma neutra. Sin mostrarse realmente alterada incluso tras la hilarante situación.
—Porque estaremos esperando un buen rato. —Otro mordisco interrumpió brevemente la respuesta.— Además, ya que estamos en la ciudad, sería una pena no aprovechar la salida. Oh, pero no necesita preocuparse, madam, disfrutar un poco del ambiente mientras mantengo un ojo sobre ambos es pan comido.
Para Belle rebatir aquella lógica resultaba... sorprendentemente difícil. Casi sin darse cuenta, terminó probando un pequeño bocado del suyo.
...
—Está bueno.
Una sonrisa ligeramente pícara apareció en el rostro de Arnold.
—¿Verdad?
Ninguno volvió a decir nada y el helado fue desapareciendo poco a poco mientras seguían con la vista fija en la entrada de la tienda.
Después de todo, ambos compartían la misma conclusión.
Siempre que el joven amo o señorita Arielle estaban involucrados...
Lo más prudente era no dar el día por terminado demasiado pronto.

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Conviviendo con la villana (Novela)
Capítulo 12
Conviviendo con la villana (Novela) Capítulo 11
Estás leyendo el capítulo 11 de Conviviendo con la villana (Novela), un novela. Luke es un joven noble que disfruta de una vida cómoda, evitando a toda costa cualquier responsabilidad. Y se supone que así debería seguir siendo. Hasta que una mañana despierta con los recuerdos de otra vida. En… Este capítulo tiene publicado el 9 de septiembre de 2026. Conviviendo con la villana (Novela) tiene 15 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.