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Leer Cloudless Sky (Novela) Capítulo 150 online gratis en español

🏴 Grupo: ACS✍️ Traducción: ACS
La segunda Gran Grieta en la República de Corea se produjo en un estado de total desprevención. Los pasillos de los hospitales estaban tan abarrotados de heridos y sus acompañantes, atacados por mutantes en zonas residenciales y centros urbanos, que no había espacio ni para caminar. La gente fruncía el ceño al ver las cámaras que se abrían paso a empujones, sin importarles la multitud. Incluso los intentos del hospital por disuadir a la gente fueron inútiles. ―Ah, no vamos a filmar a gente común, vamos a una habitación privada. Tenemos permiso. Finalmente, cruzaron el pasillo repleto de gente con sus equipos de transmisión. La joven presentadora acabó encogiéndose, cubriéndose el rostro para protegerse de las miradas fulminantes, pero el director siguió avanzando impasible. ―Ah, aquí está. El diputado Jin Sung-tae esperaba en el pasillo frente a la habitación privada. Aunque él también tenía un hijo hospitalizado en ese hospital, no se reflejaba en su rostro ninguna preocupación. Su atuendo era demasiado formal para una visita al hospital, más bien un traje impecable. ―Señor Jin, gracias por llamarnos en exclusiva. Es un honor tener la primera entrevista con un joven que despierta como primer grado. ―Siempre he tenido una buena opinión de B Broadcasting, ¿verdad? Además, como mi hijo todavía es estudiante, es mejor que aparezca primero en la televisión pública. ―No se arrepentirá de confiar en nosotros. El director recordó a los estudiantes que habían aparecido en las noticias. Entre ellos, Jin Soram era un chico guapo que parecía recién entrado en la pubertad. Ese chico había demostrado tener superpoderes extraordinarios y había salvado a ciudadanos en situaciones desesperadas. Incluso cuando rompía a llorar ante situaciones que no podía resolver, corría a la siguiente zona. La gente recordaría esa imagen pura, en lugar de las escenas desesperadas de la Gran Grieta. El problema era que, mientras que los otros dos que despertaron eran niños de familias normales, el chico había crecido en un entorno propicio para que los adultos lo destrozaran... Bueno, no tenía sentido preocuparse, viviría mejor que cualquiera de ellos. Al fin y al cabo, era un niño con poderes de primer grado. ―Ah, espera. Hay algo que necesito decirte con antelación. El diputado Jin impidió que el grupo se acercara a la habitación del hospital. ―Sí, adelante. ―El chico, bueno, no se expresa bien. Le faltan varias cosas, ¿sabes? Es porque creció siendo el menor, mimado. Sabes que hay que cortar esas partes como corresponde, ¿no? ―Por supuesto. Nos pondremos en contacto con su oficina con la versión final antes de la emisión. El diputado Jin Sung-tae asintió con satisfacción. El director se preguntó: “Si creció mimado por ser el menor, ¿por qué no se le dan bien las palabras?”, pero no preguntó. ―Entonces, comencemos desde aquí. En espera. ―Ejem, ejem. La cámara tomó posición, el locutor se aclaró la garganta y se colocó justo al lado de la puerta de la habitación del hospital. El diputado Jin Sung-tae también ocupó su lugar con naturalidad. ―La segunda Gran Grieta, que ostentaba un poder devastador al llegar a sus etapas finales. Mientras el personal del centro de operaciones de desastres bloqueaba las líneas del frente, fueron tres estudiantes de secundaria quienes, como agentes de alerta temprana, protegieron a los ciudadanos de toda la ciudad. La explicación continuó con un tono de voz pulcro. ―Y aquí, donde estoy parado, está la habitación del hospital donde se encuentra hospitalizado Jin Soram-gun (1), uno de los estudiantes héroes. Ahora, conozcamos a Jin Soram-gun. Chiiir― La puerta de la habitación privada se abrió. Al mismo tiempo, un fuerte olor a medicamento agresivo se extendió con el aire frío. La cortina que colgaba de la ventana ondeaba. Fuera de la ventana, se extendía un cielo azul intenso. La ventana estaba completamente abierta a pesar del frío invernal. En la cama que había debajo de la ventana, solo quedaba una pequeña cueva hecha con mantas, de la que parecía haberse escabullido una persona. \*\*\* Si tomabas un autobús rural durante 30 minutos desde las afueras de la ciudad, encontrarías una parada con un simple letrero. Era una señal que indicaba el final del camino asfaltado. Al bajarte allí, un sendero entre arrozales te lleva directamente al pueblo. Tae-un, mientras caminaba a casa desde la escuela, un camino más largo que el de los demás, con los auriculares puestos, pensó. ¿Había algún hogar de ancianos por aquí? De inmediato llegué a la conclusión de que no. Aunque esta zona tenía aire puro y un paisaje muy bonito, estaba lejos incluso de un centro de salud público, y mucho más de un hospital grande. No era un buen lugar para un hogar de ancianos. ¿Entonces había una sala psiquiátrica? Tampoco era eso. Los alrededores, con sus extensos arrozales y tierras de cultivo, solo tenían casas bajas y antiguas. Si hubiera habido instalaciones como una sala de hospital blanca, se habría notado de inmediato. ¿Entonces qué demonios era? Finalmente, Tae-un y el objeto de sus reflexiones se acercaron, y Tae-un se detuvo a aproximadamente un metro de distancia. Una persona vestida con ropa de paciente estaba sentada en la cresta helada entre los arrozales. Levantaba la cabeza constantemente, jugueteaba con el suelo y arrancaba hierba seca. Tae-un lo observó un rato y luego se acercó lentamente. Quizás le llamó la atención que en el pueblo solo había días tranquilos sin incidentes. ―Disculpe. En el momento en que se acercó, la persona levantó la cabeza. Ah. Hasta ahora, Tae-un había pensado que esa persona era un anciano. En parte, porque su cabello rubio reflejaba la luz del sol y parecía blanco, pero también porque su espalda desprendía una apariencia similar a la de un árbol delgado. Sin embargo, el rostro que se giró para mirar a Tae-un era terso y sin una sola arruga. Los ojos marrones velados, y el enrojecimiento alrededor de los ojos y las mejillas por el frío, parecían los de alguien que ni siquiera era adulto. Y Tae-un conocía a esa persona. Era aquel sobre quien Tae-un había estado siguiendo todos los reportajes y artículos durante días sin perderse ni uno solo. ―¿Jin Soram...? Él era el chico que despertó y fue el héroe de la Segunda Gran Grieta. El chico cuyo nombre fue mencionado ladeó la cabeza. Tae-un comprendió tardíamente que se trataba de una relación unilateral. Quizás le sorprendió oír su nombre en su primer encuentro. ―Ah, yo... ―Tu cabello podría estar aún más corto, ¿eh? ...¿Eh? Soram trazó una curva en el aire con la punta del dedo, siguiendo la forma de una cabeza. ―Pensar que eso había crecido... ―... Tae-un se cubrió la coronilla con la palma de la mano, sintiendo el pelo áspero y parecido a la hierba. Era un cabello corto que llevaba porque no era difícil de manejar y no tardaba mucho en secarse por la mañana. Pero eso no era lo importante. ―¿Eres, eres realmente Jin Soram? ―Lo soy, pero... Soram frunció el ceño. ―¿Por qué hablas de forma informal? Eres más joven. Esto también molestó un poco a Tae-un. ―Ahora mismo estás hablando de forma informal. ―Hablo de manera informal porque te conozco, pero tú no me conoces a mí. ―¿Me conoces? ―Eres Han Tae-un. Soram pronunció su nombre con calma. En ese instante, la curiosidad de Tae-un se transformó en recelo. Era un mundo turbulento. Días atrás, habían aparecido grietas y monstruos que dañaban a la gente. Además, se decía que las estafas y el phishing telefónico, que se aprovechaban de la ansiedad de las personas en situaciones de desastre, también eran frecuentes. No le extrañó. Por mucho que lo pensara, la aparición repentina de "Jin Soram" no tenía sentido. Más bien parecía más apropiado que algún estafador hubiera rastreado su identidad, sabiendo que había estado buscando sus vídeos todo el día, y hubiera venido a estafarlo. Correcto. ¿Por qué vendría Jin Soram a Otgil-eup, Guncheon-gun? Tae-un retrocedió con expresión severa. Soram ladeó su rostro sereno. ―¿Te vas? ―Sí. ―Ya veo. Cuídate. ¿Eh? Soram volvió la mirada hacia la cresta del arrozal y abrazó sus rodillas. ¿No me va a detener? ¿No iba a obligarme a firmar algo o a hacer un depósito? Si es así, qué suerte. Dicen que en Seúl te robarían la nariz delante de tus narices. Mejor me voy ya. Cof. En ese instante, se oyó una tos a sus espaldas. Tae-un se detuvo bruscamente, como si alguien le hubiera agarrado el tobillo. Incluso él, que medía casi 190 cm, llevaba una chaqueta acolchada a pesar del frío, pero el estafador solo vestía una bata de paciente. Los alrededores eran campos abiertos sin ningún lugar donde resguardarse del viento. ―...¡Ey! Tae-un finalmente gritó desde unos diez pasos de distancia. ―No hace falta que grites, te oigo. ¿Qué? ―¿Por qué has venido aquí? ―Simplemente salí sin pensarlo. Quería hacer algo que nunca antes había hecho. Tae-un vaciló. Lo mirara por donde lo mirara, todo era demasiado sospechoso. Cada palabra que habían intercambiado hasta el momento era extraña. Pero. ―... Por alguna razón que no comprendía, cuanto más miraba ese rostro, más se le aceleraba el corazón. Era cierto que era lo suficientemente guapo como para que lo confundieran con una chica de pelo corto. Y se parecía muchísimo a Jin Soram, lo suficiente como para llevar a cabo semejante estafa. ―¿Vas a quedarte ahí? ―No sé. ―¿Qué quieres decir con que no lo sabes? ―Estoy pensando adónde ir. ―... ―No me importa morir así tampoco... La información sobre el chico se resumía en lo siguiente: un fugitivo, un estafador guapo sin ningún plan. Tae-un se quedó allí, sin saber ni dónde retroceder ni avanzar. Finalmente, dio un paso. En dirección al atractivo estafador que se había fugado sin ningún plan. ―Te vas a congelar si te quedas ahí. Sígueme. ―... Tae-un extendió la mano, y Soram se limitó a mirarla fijamente sin expresión. Luego entrecerró los ojos. ―Eres muy joven. Está limpia. ―¿Qué? ―Nada. Tomó la mano y se puso de pie. La mano que Tae-un tenía en la palma estaba helada. Tae-un se quitó la chaqueta acolchada que llevaba puesta y se la ofreció. Quizás tenía algo de frío, pero aun así iba más abrigado que con la bata del hospital. ―Oh, vaya. Un uniforme escolar... El atractivo estafador no aceptó la chaqueta acolchada que le ofrecieron, sino que se maravilló ante algo extraño. ¿Qué otra cosa podría usar un estudiante si no un uniforme escolar? Aun así, dejar de lado ese tono frío y fuera de lugar y abrir bien los ojos en ese momento era mucho más... ―Da-date prisa y póntelo. ―¿Adónde me llevas? ―...Mi casa. Tae-un se hacía numerosas justificaciones internamente. ¿Qué tan problemático sería para el dueño de ese campo si muriera congelado allí? Dado que es una persona sospechosa, sería mejor capturarlo e interrogarlo, y así sucesivamente. Y el que venía un paso detrás, trotando, murmuró distraídamente otra vez. ―Es la primera vez que vengo a tu casa. Por supuesto que debería ser tu primera vez. Tae-un se dio por vencido en intentar tener una conversación sensata. \*\*\* El frío aroma del bosque invernal, la humedad que retenían los árboles y un ligero olor a calefacción por suelo radiante al encender la caldera se mezclaban. Era un olor completamente desconocido para Soram. Pero era el lugar perfecto para su propósito: hacer algo que nunca antes había hecho. El joven Tae-un dejó a Soram solo en la sala de estar y se movió afanosamente. Primero, una toalla voló hacia él. ―Espera aquí. ―Bueno. Soram se cubrió el cuerpo con la toalla obedientemente y solo miró a su alrededor con los ojos. La casa a la que lo llevaron tenía una sala de estar, una cocina y dos habitaciones. La estructura era como la de una casa familiar normal, pero las huellas de la vida eran un tanto peculiares. En la sala de estar había un único escritorio con ordenador. Y sobre la espaciosa mesa del comedor de la cocina, en lugar de comida, había cuadernos de ejercicios que se presumía que pertenecían a Tae-un, apilados o colocados en estanterías. ¿Cómo debería decirlo? En general, había rastros de alguien de la edad de Han Tae-un que hubiera vivido allí, pero ningún rastro de adultos. Tae-un, que había entrado en una habitación, salió y le entregó a Soram una sudadera y unos pantalones de entrenamiento. ―¿Por qué me das esto? ―¿Vas a seguir usando eso? Ah, claro, sí que tenía nieve y tierra. Soram empezó a desabrocharse la bata de paciente desde arriba. ―¡¿Qué-qué estás haciendo?! Pero Tae-un gritó de repente y retrocedió mucho. ¿Qué quieres decir con qué? ―Me dijiste que me cambiara. ―¿Por qué te estás quitando la ropa aquí? ―Tengo que quitármelos para cambiarme. ―... El joven Han Tae-un era algo inquieto. Aún no se había convertido en la roca rígida que conocía, sino que era más bien como una patata ligeramente blanda pero aún dura. Su cabeza también era exactamente como la de una patata, igual que la de Crayon Shinchan. Mientras desabrochaba todos los botones, la bata suelta del paciente se deslizó hacia abajo. Su cuerpo estaba cubierto de vendas que cubrían las heridas que había sufrido de joven tras experimentar la Segunda Gran Grieta. Aun así, salvo las lesiones más graves, la mayoría sanaban a un ritmo inusualmente rápido. Han Tae-un le dio la espalda a Soram, dejándolo fuera de su vista. Sus lóbulos de las orejas y su nuca, al descubierto por el pelo corto, estaban de un rojo intenso. La patata se había convertido en una patata asada. ¿Por qué actúa así? ―¿Ya terminaste de cambiarte? ―No, todavía no. ―... ―Ahora mismo me voy a quitar los pantalones. Se sobresaltó. Su espalda se movió visiblemente, algo que cualquiera podía notar. ¿Será porque está pasando por la pubertad? Es muy tímido... ―Ya terminé de cambiarme. Cuando Han Tae-un las sostenía, parecían un poco pequeñas, pero al ponérselas a Jin Soram, de 18 años, con su complexión menuda, las mangas y los pantalones le quedaban demasiado largos. Además, hubo que ajustar la cintura de los pantalones con un nudo completo. Gracias a eso, los vendajes que le envolvían el cuerpo con fuerza quedaron completamente cubiertos. Además, gracias a esto, Han Tae-un, que se había sonrojado al ver a un chico de su edad cambiándose de ropa, no vio ni un solo trozo de piel al descubierto. Soram agitó las mangas, que eran lo suficientemente largas como para cubrir el dorso de sus manos. ―... Pero, ¿por qué se está poniendo rojo otra vez?
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Estás leyendo el capítulo 150 de Cloudless Sky (Novela), un novela. Jin Soram, el cazador mejor clasificado de la Sede Central de Gestión del Fenómeno de la Grieta de Corea del Sur, es más fuerte y más perezoso que nadie. En cuanto llega a la oficina, se mete bajo una manta y se queda… Este capítulo tiene publicado el 21 de septiembre de 2026, Traducido por el grupo ACS. Cloudless Sky (Novela) tiene 181 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.