Leer Classroom of the Elite (Novela) Capítulo 99 online gratis en español
🏴 Grupo: Koko88✍️ Traducción: Koko88
La exuberante vegetación del bosque nos rodeaba. Cuanto más nos internábamos, más espesa se volvía. Era preferible a la playa abrasadora, pero el calor húmedo resultaba agónico. Tiré del cuello de mi camiseta y me abaniqueé un poco para refrescarme. El aire era tan sofocante como vapor sobre piedras ardientes.
Cuando intentaba pensar en algo, solo se me venía una idea a la cabeza: qué calor hacía. Hacía demasiado calor. ¿Bastaría con hablar para distraerme?
—¿Kouenji?
—Ah, qué hermoso. De pie en medio de una naturaleza tan vasta, con esta serenidad que desprendo… de verdad soy demasiado hermoso. ¡La cúspide de la belleza!
No había nada que hacer. Era imposible mantener una conversación normal con él. En realidad, solo tenía a una persona con la que podía hablar.
—Impresionante, ¿verdad? —pregunté.
—¿Eh?
Sakura, que caminaba un poco por detrás de mí, dio un pequeño salto del susto. Quizá no esperaba que nadie le dirigiera la palabra.
—Has levantado la mano cuando Hirata ha dicho que quería una persona más, ¿no? Ahora mismo no es precisamente algo que cualquiera haría.
—Bueno, tampoco creo que sea para tanto. De verdad que no. Incluso ahora sigo un poco confundida.
Más que tímida, diría que Sakura era reservada y se le daba mal hablar con los demás. Probablemente también era bastante pasiva en cosas como los viajes en grupo. Había pensado que se apartaría de mí, pero seguimos caminando uno al lado del otro. El trayecto desde la playa hasta el bosque nos había pasado factura. No solo el terreno era inestable, sino que además el camino tenía bastante pendiente.
—Entonces, ¿por qué has levantado la mano para hacer algo tan duro como explorar el bosque?
—Bueno, es que… me sentía un poco incómoda viendo cómo todo el mundo se alteraba tanto…
—No sé exactamente cómo te sientes, pero incluso siendo pocos esto no va a ser fácil.
Ya estaba metido de lleno en aquella conversación, quisiera o no.
—P-pero Ayanokouji-kun, tú también has levantado la mano, así que…
Sakura alzó la cabeza sorprendida, se puso nerviosa y empezó a gesticular atropelladamente.
—¡N-no quería decir eso! Es solo que… como no hay nadie con quien pueda hablar, por eso… ¡Eso quería decir!
Tras esa negación tan precipitada, se apresuró a adelantarme.
—E-eh, cuidado…
—¿Eh? ¡Aaah!
Al girarse para mirarme, Sakura tropezó con las raíces de un árbol grande. Intenté agarrarla, pero no llegué a tiempo.
—¿Estás bien? —pregunté.
—Ay…
Por suerte, había caído sentada y apoyando las manos. No parecía nada grave.
—Si no vas con cuidado, acabarás haciéndote daño en el bosque. Toma, dame la mano.
—G-gracias.
Sakura acercó la mano con timidez, pero al darse cuenta de que la tenía sucia la retiró de golpe. A mí no me importaba en absoluto, así que la sujeté y la ayudé a levantarse.
—L-lo siento…
—No hace falta que te disculpes.
Le sacudí un poco la tierra de las manos. Probablemente era la primera vez que cualquiera de nosotros ponía un pie en un bosque tan salvaje. Había pensado que bastaría con caminar en una sola dirección, pero estaba equivocado. Para empezar, era imposible avanzar en línea recta. Había obstáculos naturales que no podíamos cruzar, así que nos obligaban a desviarnos a derecha o izquierda.
Si seguíamos así, acabaríamos perdidos. Tenía que asegurarme de no perder de vista a Kouenji, que seguía avanzando sin parar. Mientras tanto, Sakura guardaba silencio y miraba distraída la palma de su mano derecha.
—Oye, Sakura. Vamos, date un poco de prisa.
—¿Eh? A-ah, s-sí.
Al oírme, Sakura se sobresaltó y aceleró apresuradamente. A ese paso volvería a tropezar.
—Vaya, Kouenji-kun sí que camina rápido, ¿eh?
Kouenji se internaba más y más en el bosque sin tener en cuenta en ningún momento el ritmo de una chica. Sinceramente, admiraba su resistencia y la fortaleza de sus piernas.
—Para empezar, no me puedo creer que él…
—¿Qué pasa?
—No, nada…
¿Qué demonios estaba haciendo? ¿Era casualidad? No, Kouenji avanzaba sin titubear. Aunque nuestro grupo tuviera libertad para elegir dónde montar el campamento base, lo normal sería ir observando el terreno a medida que avanzábamos. Kouenji caminaba en línea recta, casi como si tuviera otro objetivo.
Más que nada, me sorprendía su forma de avanzar. Era posible que no se estuviera limitando a lanzarse hacia delante sin pensar. Tal vez tenía una meta clara. El problema era que Sakura, en su intento de seguirle, se estaba quedando sin aliento.
—Kouenji. ¿No crees que es mala idea avanzar tan deprisa? Vamos a perdernos.
Yo ya empezaba a sentirme inquieto por ambos compañeros. Kouenji siguió dándonos la espalda y empezó a arreglarse el pelo.
—Soy un ser humano perfecto. Jamás me perdería tontamente en un bosque. Si surge algún problema, lo más probable es que sea porque vosotros dos me habéis perdido de vista. Y cuando eso ocurra, más os vale rendiros.
Tal y como esperaba, era el tipo de persona a la que solo le interesaba él mismo. ¿De verdad podía ser tan desconsiderado, dadas las circunstancias?
—Por cierto, me gustaría preguntaros algo a vosotros, gente corriente. ¿No os parece que esto es verdaderamente hermoso?
Kouenji nos dedicó una sonrisa atrevida, enseñando sus dientes blancos.
—Bueno… yo sí creo que el bosque… es decir, la naturaleza… tiene algo misterioso, o más bien bonito.
Intenté responderle más o menos con sinceridad. Sin embargo, Kouenji soltó un suspiro decepcionado.
—Pero ¿qué estás diciendo? No me refería a eso. Hablo de cómo yo, con esta perfección física, brillo en un lugar como este. ¿No lo entiendes?
Así que quería que alabara su autoproclamada «perfección física». Ya veo.
—Seguramente el calor le ha afectado un poco a la cabeza. Será mejor que no le hagas mucho caso, Sakura.
—S-sí. Kouenji-kun lleva actuando raro desde el principio, así que no pasa nada.
Vaya. Era verdad, pero había sido inesperadamente duro.
En cualquier caso, Kouenji, al parecer satisfecho con su propia belleza, volvió a echar a andar. A partir de ese momento, decidí no esperar nada de nuestro tercer compañero.
—No hay necesidad de preocuparse. Aunque ocurriera algo en un bosque como este, no habría ningún problema.
—¿Qué quieres decir con eso, Kouenji? —pregunté.
—No llamaría a esto un bosque natural. La probabilidad de perderse aquí durante el día es extremadamente baja. Precisamente por eso me pica la curiosidad.
Después de soltar esas palabras enigmáticas, Kouenji siguió avanzando a toda velocidad, como si hubiera perdido el interés por nosotros. Iba tan rápido que Sakura ya no podía seguirle.
—¡Oye! —lo llamé.
—E-estoy bien. Haré todo lo posible por seguirle.
Aunque estaba empapada en sudor, Sakura intentó animarse levantando el puño con torpeza. Seguía dando la impresión de que iba a tropezar en cualquier momento, pero supuse que se había mentalizado para esforzarse. Kouenji, por supuesto, ni se percató de sus esfuerzos y se fue alejando cada vez más. Yo pensaba que seguiría así hasta cruzar el bosque entero, pero de repente se detuvo.
Se volvió hacia nosotros, se pasó la mano por el pelo y nos lanzó otra de sus sonrisas descaradas.
—¿Puedo haceros otra pregunta, gente vulgar?
Antes de que pudiéramos responder, continuó:
—¿Qué pensáis de este lugar? ¿Qué veis a vuestro alrededor?
—¿Eh? ¿Q-qué quiere decir? Ayanokouji-kun…
Ante la mirada afilada de Kouenji, Sakura se escondió detrás de mí. ¿Qué pensaba yo de aquel lugar? Examiné el entorno con la vista. Sakura también miró alrededor, pero no parecía haber nada especialmente destacable. Solo era bosque. ¿Qué demonios intentaba decir?
—Bien. Ya lo entiendo. No os preocupéis. Al fin y al cabo, la gente vulgar es simple.
Cuando Kouenji comprendió que no iba a obtener la respuesta que buscaba, volvió a internarse a buen paso entre los árboles.
—¿Eh? ¿Ha cambiado algo? —preguntó Sakura.
—No…
Si te tomabas en serio todo lo que decía Kouenji, acabarías volviéndote loco. Era el tipo de persona capaz de convertir cualquier cosa en un juego. Aun así, también era posible que se nos estuviera escapando algo. En cualquier caso, no teníamos tiempo para rebuscar con calma.
—Sakura, ¿llevas pañuelo?
—Ah, sí. ¿Te vale este?
Como era de esperar de una chica, iba preparada.
—Si no te importa, ¿me lo dejas? Puede que se ensucie un poco, eso sí.
—Claro, no pasa nada —respondió Sakura sin mostrar la menor objeción.
Me entregó su pañuelo.
Lo até a una rama cercana, una que no pareciera fácil de romper. Serviría como una especie de marca para más tarde.
—Ah, vamos a perder de vista a Kouenji-kun. Vamos, Ayanokouji-kun.
Sakura estaba nerviosa y cada vez más agotada. Parecía bastante probable que fuera a tropezar y caer. Después de todo, seguramente estaba al límite de sus fuerzas. Aunque se obligara a seguir, no podría mantener ese ritmo.
—Perdona, pero esto exige demasiado físicamente. ¿Te importa que vayamos un poco más despacio?
Dicho eso, reduje el paso. Así Sakura no sentiría que ella era el problema. Probablemente se dio cuenta de mi intención, pero a mí no me importó. No era como si fuera a decírmelo.
A esas alturas, ya habíamos perdido de vista a Kouenji. Muy por delante de nosotros, de vez en cuando solo alcanzaba a oír el roce de la hierba y sus pisadas sobre la tierra.
—Desde luego, es un hombre de muchos talentos. Me refiero a Kouenji.
Poseía una mente brillante y unas capacidades físicas sobresalientes, y se había adaptado al bosque sin vacilar. Si solo tuviera una personalidad como la de Hirata, sería un superhumano perfecto.
—…
Sakura llevaba un rato mirando en silencio hacia algo. Sentí curiosidad, pero ella no comentó nada, y ambos seguimos buscando.
—Sería genial asegurar una fuente de agua potable. O quizá un sitio donde refugiarnos.
Como no tenía nada mejor que hacer, traté de sacar un poco de conversación. Si conseguíamos asegurar un punto que permitiera ahorrar puntos, nuestra vida se volvería mucho más fácil.
—Sí… Supongo que dos tiendas probablemente no bastarán… Pero no encuentro nada.
Por mucho que buscara y por mucho que camináramos, no conseguía ver ni un solo objeto artificial. Bueno, aunque diga que caminamos bastante, en realidad no habíamos recorrido ni una fracción mínima de la isla. El instituto no iba a ser tan amable como para ponérnoslo fácil.
Tras avanzar entre el terreno salvaje, apareció ante nosotros un sendero.
—Esto es un camino, ¿no?
—Eso parece.
En mitad del bosque de una isla deshabitada, alguien había abierto un camino. No estaba pavimentado ni nada parecido, claro, pero habían talado árboles y el suelo mostraba señales claras de paso. Si el instituto había preparado aquello, quizá hubiera uno de esos puntos más adelante. Sakura y yo seguimos avanzando.
—Vaya… ¡Increíble!
Al poco rato llegamos a lo que parecía un gran agujero en la ladera de la montaña: la entrada de una cueva. A simple vista parecía una cueva natural, pero al fijarse mejor, el interior daba la impresión de estar debidamente reforzado. Puede que el hueco en sí hubiera sido creado por mano humana.
—¿Podría ser esto… un punto?
—Quizá.
Desde tiempos antiguos, las cuevas han sido refugios excelentes para el ser humano. Si aquel lugar había sido designado como punto, debería de haber alguna prueba.
Me acerqué a la entrada para comprobarlo, pero entonces vi a un chico salir de ella. Al instante agarré a Sakura del brazo y tiré de ella para ocultarnos en la sombra. Me sentí un poco mal, pero no entendía la situación. Esperaba que me lo perdonara.
El chico se detuvo en la entrada y miró en silencio hacia el suroeste. Se quedó así uno o dos minutos. Había asegurado aquel punto sin perder ni un segundo. Parecía haber ido directo a la cueva sin vacilar. Además, sujetaba con fuerza algo que parecía una tarjeta. Entonces oímos una voz procedente del interior de la cueva. Sobresaltado, escondí el rostro.
—Con una cueva de este tamaño, deberíamos tener espacio suficiente para dos tiendas, Katsuragi-san. Hemos tenido suerte. Hemos asegurado un punto enseguida.
Escuché con atención, tratando de entender la situación.
—¿Suerte? ¿De qué estás hablando? Ya había deducido que aquí había una cueva antes incluso de que desembarcáramos. Encontrarla era inevitable. Vigila lo que dices y lo que haces. No sabemos si hay alguien ahí fuera escuchándonos. Como líder, tengo una responsabilidad. Procura no cometer ni el más mínimo error.
—L-lo siento. Pero cuando dice «antes incluso de desembarcar», ¿a qué se refiere?
—Antes de atracar en el muelle, el barco dio una vuelta alrededor de la isla por algún motivo. Probablemente fue una maniobra deliberada del instituto para darles pistas a los alumnos. Desde la cubierta vi un sendero que atravesaba el bosque. Lo único que tuve que hacer fue tomar la ruta más corta desde el muelle hasta ese sendero, una vez desembarcamos.
—P-pero también podría haber sido simplemente una oportunidad para disfrutar del paisaje…
—Aquello fue un rodeo demasiado largo como para ser turismo. Además, el anuncio también resultó extraño.
—Yo no me di cuenta de nada, y aun así… Katsuragi-san, usted consiguió ver las verdaderas intenciones del instituto. Por eso supo que aquí había una cueva. ¡Tal y como cabía esperar de usted!
—Vamos al siguiente, Yahiko. No tiene sentido quedarse aquí después de haber asegurado el punto. Desde el barco vi un camino que conducía a otros dos lugares. Más adelante debería de haber algún tipo de instalación.
—¡S-sí! ¡Si seguimos así, Sakayanagi no tendrá más remedio que callarse!
—Si solo miras de frente, corres el riesgo de pasar cosas por alto.
—Ya, pero ¿no basta con tener cuidado con la Clase B? Quiero decir, la Clase D no es más que un conjunto de fracasados, ¿no? Son defectuosos. Teniendo en cuenta la diferencia de puntos, supongo que podemos ignorarlos perfectamente, ¿no?
Ya había oído comentarios de ese estilo antes en el barco: para la Clase A, la Clase D ni siquiera merecía atención. Nos trataban como si fuéramos simples guijarros en su camino.
—Ya basta de charla. Vámonos, Yahiko.
Esperé a dejar de oír sus voces y sus pasos, y luego aún aguardé dos minutos más.
—¿Se han ido? —susurró Sakura.
Asomé un poco la cabeza para comprobarlo, pero no vi a nadie. Cuando por fin respiré con calma, me di cuenta de que mis manos estaban más calientes de lo normal. Debía de haber seguido sujetando las manos de Sakura después de agarrarla presa del pánico.
—Perdona, Sakura. ¿Sakura?
—¿¡Eh!?
Sakura estaba bien, aunque por alguna razón parecía casi en trance.
—¿E-estás bien?
—E-e-e-estoy b-bien…
Se le puso la cara tan roja que por un momento pensé que iba a echar humo. Se dejó caer al suelo sin fuerzas. Puede que la hubiera sujetado con más fuerza de la que pensaba.
—Ah, ah, ah… P-pensé que me moría. El corazón se me paró…
Esperaba que estuviera exagerando. Sakura se ajustó las gafas mientras su respiración iba volviendo poco a poco a la normalidad.
—Por lo que decían, esos dos parecían de la Clase A.
Me preocupaba abandonar aquel sitio. Si no se quedaba nadie vigilándolo, otra clase podía arrebatárselo. Cuando Sakura recuperó algo de energía, volvimos a acercarnos a la entrada de la cueva. Aquellos dos se habían marchado sin la menor vacilación…
En el interior, había incrustado en la pared un terminal con monitor. En la pantalla aparecía el texto «Clase A», junto a una cuenta atrás que marcaba siete horas y cincuenta y cinco minutos restantes. ¿Aquello era la prueba de que poseían el punto? No podíamos hacer nada para interferir hasta que la cuenta llegara a cero, ni tampoco podíamos arrebatárselo por la fuerza.
Por eso esos dos se habían ido sin ninguna preocupación. Pero ese no era el único problema. Mientras otra clase no les arrebatara los derechos de posesión, la Clase A seguiría obteniendo un punto cada ocho horas. Aunque habían perdido treinta puntos por la enfermedad de un alumno, ya estaban empezando a recuperarlos. Además, aquel tal Katsuragi parecía haber deducido que había varias instalaciones más. Si alguno de esos puntos contaba con comida y agua, ¿podrían ampliar todavía más la distancia con las otras clases?
—Dijo que ya se había dado cuenta de ciertas cosas incluso antes de desembarcar…
Habían memorizado la topografía de la isla y la habían usado para localizar un punto. Brillante. Supuse que los alumnos de la Clase A veían el mundo de una forma distinta.
Sin embargo, esa forma de pensar llevaba a una conclusión bastante deprimente.
—O-oye, Ayanokouji-kun. ¿Esa persona de antes podría haber sido… el líder?
Tenía razón. Aquello había resultado ser un error fatal. La Clase A había necesitado usar su tarjeta para mantener los derechos de posesión exclusiva de la cueva. Nos habían revelado claramente quién era su líder. Por supuesto, probablemente no habían contemplado la posibilidad de que alguien de otra clase los estuviera observando, pero aun así había sido un descuido.
Pensé en investigar la cueva a fondo, pero no había señales de que nadie se hubiera quedado escondido.
—¿Q-q-qué hacemos? ¡Acabamos de descubrir un secreto increíble! —dijo Sakura.
Sonaba impaciente, quizá porque le emocionaba haber asestado un golpe tan grande a la Clase A.
—Luego se lo contaré a Hirata.
Sakura pareció aliviada. Como se le daba mal comunicarse, al asumir yo esa responsabilidad le había quitado un peso de encima.

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Classroom of the Elite (Novela)
Capítulo 100
Classroom of the Elite (Novela) Capítulo 99
Estás leyendo el capítulo 99 de Classroom of the Elite (Novela), un novela. Kiyotaka Ayanokouji se ha inscrito en la Preparatoria Metropolitana de Educación Avanzada, donde se dice que el 100% de los estudiantes van a la universidad o encuentran empleo. Pero termina en Clase 1-D, que está lleno… Este capítulo tiene publicado el 27 de abril de 2026, Traducido por el grupo Koko88. Classroom of the Elite (Novela) tiene 159 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.