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Leer Classroom of the Elite (Novela) Capítulo 97 online gratis en español

🏴 Grupo: Koko88✍️ Traducción: Koko88
Nada más bajar del barco, mientras charlábamos amigablemente entre nosotros, nuestra tutora nos recibió con unas palabras bastante duras. —Voy a pasar lista a la Clase D. Cuando oigáis vuestro nombre, responded alto y claro. Nuestra tutora empezó a tomar asistencia con una carpeta en la mano, al mismo tiempo que nos ordenaba formar una fila. Chabashira-sensei llevaba el mismo tipo de chándal que sus alumnos. El ambiente se parecía más al de un campamento de entrenamiento que al de unas vacaciones de verano. Aun así, no parecía que muchos estudiantes estuvieran especialmente tensos. —Oh, venga ya… ¡Yo quiero mi tiempo libre de una vez! ¡Tengo el mar justo delante! —murmuró Ike, de pie justo detrás de mí. La mayoría de los alumnos quería salir corriendo hacia la playa de arena. Al poco rato, un profesor alto subió a una plataforma blanca que habían preparado. Era Mashima-sensei, el tutor de la Clase A. Normalmente enseñaba inglés y era bastante conocido por su carácter obstinado. A primera vista, cualquiera podría haberlo confundido con uno de esos tipos culturistas. Tenía complexión de luchador profesional, pero en realidad era bastante inteligente. Incluso había impartido cursos especiales en el pasado. —Antes de nada, me gustaría decir que me alegra que hayáis llegado sanos y salvos. Sin embargo, es una lástima que uno de vosotros no haya podido participar debido a una enfermedad. —Vaya… ¿Alguien no ha podido venir al viaje porque estaba enfermo? Qué mala suerte —dijo Ike en voz baja, procurando que los profesores no le oyeran. Y no le faltaba razón. Si hubiese sido una excursión cutre, todavía, pero unas vacaciones tan lujosas ya eran otra cosa. Me pregunté si ese chico se arrepentiría de no haber venido cuando escuchara a sus amigos hablar del viaje. Incluso encontrándose mal, creo que debería haberse esforzado y haber participado. Curiosamente, los propios profesores tenían un semblante bastante serio. Bueno, mientras que para nosotros aquello era un viaje de placer, quizá para los profesores encargados de vigilarnos no dejaba de ser trabajo. No. Parecía algo más que eso. Mientras Mashima-sensei observaba a los alumnos en silencio, vi que varios adultos uniformados habían empezado a montar una especie de tienda especial cerca de allí. También había un ordenador y más equipo sobre una mesa alargada. Todo aquel montaje, cada vez más propio de una operación empresarial, no encajaba en absoluto con la belleza natural del lugar, y muchos estudiantes miraban alrededor con desconcierto. Como si hubiera estado esperando a que el ambiente cambiara, Mashima-sensei pronunció unas palabras crueles. —Bien. Daremos comienzo a la primera prueba especial del presente curso académico. —¿Eh? ¿Prueba especial? ¿Qué quiere decir? Casi todo el mundo en nuestra clase hizo alguna variación de esa misma pregunta. Todos habíamos creído que aquello no era más que un viaje escolar, así que aquel anuncio nos pilló completamente por sorpresa. Nuestras vacaciones de verano, supuestamente fruto de la generosidad del centro, habían sido una ilusión. Pasamos del alivio a una tensión seca e inmediata. —La prueba comienza ahora y durará una semana, hasta concluir el 7 de agosto al final del año académico. Esta prueba determinará si sois capaces de convivir como grupo en una isla desierta. Además, debo advertiros de que esta prueba especial es práctica y realista, y está diseñada tomando como base programas de formación corporativa del mundo real. —¿Vivir en una isla desierta? ¿Eso significa que no nos vamos a quedar en el barco, sino en la isla? Algunos alumnos de las Clases B y C expresaron en voz alta esa preocupación tan obvia. —Correcto. Durante la prueba, no se os permitirá subir al barco salvo por una razón debidamente justificada. Mientras permanezcáis aquí, tendréis que arreglároslas por vuestra cuenta en esta isla: desde preparar un lugar donde dormir hasta conseguir comida. Una vez empiece la prueba, cada clase recibirá dos tiendas de campaña y dos linternas. También se os entregará una caja de cerillas. No habrá límite en la cantidad de crema solar que podéis solicitar. Cada alumno recibirá un cepillo de dientes. Como excepción especial, las chicas podrán disponer de todos los productos de higiene femenina que necesiten, sin restricción alguna. Pedídselos a vuestros respectivos tutores. Eso es todo. Con eso, los profesores empezaron a repartir los objetos. —¿¡Eh!? ¿¡Tenemos que vivir como supervivientes en una isla desierta!? ¡No quiero oír semejante locura! ¡Esto no es un anime ni un manga ni nada de eso! ¡No podemos dormir todos juntos en solo dos tiendas! ¡Y para empezar, qué se supone que vamos a hacer con la comida!? ¡Esto es increíble! —protestó Ike a voz en grito, lo bastante alto como para que todo el mundo lo oyera. Desarrollar habilidades de autosuficiencia en una isla desierta —cazar animales salvajes, lavarse en el río, hacerse una cama con ramas— era, sin duda, el tipo de cosa que uno vería en una película o leería en un libro. Nadie podría haber imaginado que el instituto nos sometería a una prueba así. Mashima-sensei no mostró en ningún momento que aquello fuese una broma. Si acaso, pareció sorprendido por lo que había dicho Ike. —Podéis decir que esto es increíble, pero eso solo demuestra que habéis llevado una vida corta y superficial. Existe una empresa real y de gran prestigio que organiza entrenamientos en islas deshabitadas. —¿Eh? P-pero esto… esto no tiene nada de especial. ¿O sí? ¿No es demasiado pedir que empecemos a vivir en una isla desierta sin previo aviso? ¡Ni hablar! ¡Esto no es normal! —Ya basta, Ike. Seguir por ese camino solo te hace quedar en ridículo. Lo que acaba de decir Mashima-sensei es solo una parte. Hay muchísimas empresas en el mundo y muchísimas formas distintas de formación. Hay lugares de trabajo donde no hay sillas en la oficina y empresas que deciden los salarios tirando dados. El mundo es mucho más amplio y profundo de lo que imaginas. Chabashira-sensei, incapaz de seguir ignorando que Ike no cerraba la boca, lo reprendió. Luego añadió: —En otras palabras, no estás preparado para distinguir lo que es real de lo que no lo es. Muchos estudiantes no parecían convencidos y mantenían expresiones de disgusto. —Supongo que todos estaréis pensando algo como: «¿Qué sentido tiene esta prueba?». O quizá algunos dudéis siquiera de que existan programas de formación así. Sin embargo, los estudiantes que se quedan en un nivel de pensamiento tan básico difícilmente llegarán a convertirse en alguien prometedor en el futuro. ¿En qué os basáis para decidir que esto es «increíble» o «ridículo»? No sois más que estudiantes. En mi opinión, todos sois igual de inútiles. ¿Quién sois para creer que podéis criticar a una empresa puntera? Eso sí que es absurdo. Si fuerais presidentes de una compañía importante, entonces quizá tendríais cierto derecho a negar nuestras afirmaciones. Pero alguien de vuestra posición no tiene base alguna para hacerlo. Mientras escuchábamos, desde luego juzgábamos que algunas cosas sonaban irracionales o poco realistas. Pero, tal y como decía Mashima-sensei, no teníamos ninguna base para oponernos a sus palabras. Quien no pudiera comprender aquello podía llamarlo «extraño» o «increíble», pero para alguien que sí entendiera el planteamiento, sería absurdo pensar lo contrario. —Pero, profesor, se supone que esto eran nuestras vacaciones de verano. Nos han traído aquí con la idea de que veníamos a hacer un viaje relajado. ¿No le parece injusto traernos hasta aquí y soltarnos de repente este entrenamiento corporativo? Algunos alumnos de nuestra clase empezaron a protestar en esa línea. —Ya veo. Supongo que no os falta razón. Entiendo por qué podéis estar descontentos. La respuesta de Mashima-sensei demostraba que reconocía que aquel argumento tenía fundamento, a diferencia de las quejas de Ike. Había alumnos descontentos con la situación actual, y otros descontentos con el propio procedimiento. —Sin embargo, no os preocupéis. Sería lógico que os quejarais si se os estuviera obligando a una situación severa. Pero, aunque lo llamemos prueba especial, no hace falta que lo veáis en términos tan negativos. Durante la próxima semana podéis bañaros, hacer una barbacoa o sentaros alguna noche junto a una hoguera a charlar con vuestros amigos. El tema de esta prueba especial es, después de todo, «la libertad». —¿Eh? ¿Eh? ¿El tema es la libertad? ¿Podemos hacer una barbacoa? ¿Cómo? ¿Y esto sigue siendo una prueba? Ya no entiendo nada… Aunque fuese una prueba, éramos libres de jugar. Esa contradicción confundió a los alumnos, y nuestras dudas no hicieron más que aumentar. —Como parte fundamental de esta prueba especial, hemos decidido asignar 300 puntos a cada clase. Si administráis bien esos puntos, quizá podáis disfrutar de esta semana de prueba especial como si fuera un viaje normal. También hemos preparado un manual precisamente con ese propósito. Mashima-sensei recibió de otro profesor un cuadernillo que parecía tener varias decenas de páginas. —En este manual figuran todas las formas en las que podéis gastar puntos. También explica dónde conseguir agua potable, comida y otros artículos de primera necesidad. Si quisierais organizar una barbacoa, por ejemplo, detalla cómo preparar tanto el equipo como los ingredientes. Además, hemos preparado numerosas herramientas para que podáis disfrutar del mar al máximo. Poco a poco, las expresiones sombrías de los alumnos fueron relajándose. —Entonces… ¿podemos hacer lo que queramos con esos 300 puntos? —Exactamente. Es posible conseguir cualquier cosa usando puntos. Por supuesto, debéis emplearlos de forma planificada, pero con una buena estrategia podréis pasar la semana sin dificultades. Si de verdad podíamos pasar la semana simplemente usando los puntos que teníamos, entonces aquello se parecía mucho más a unas vacaciones que a una prueba. Podría acabar sintiéndose como unas vacaciones de verano de verdad. —P-pero, profesor… Ha dicho que esto era una prueba, ¿no? Entonces debería tener algún tipo de dificultad. —No, no hay nada difícil. Ni siquiera tendrá efectos negativos en vuestro segundo semestre. Os lo garantizo. —¿Entonces de verdad podemos limitarnos a divertirnos durante una semana? —Así es. Sois libres de hacer lo que queráis. Naturalmente, hay unas normas mínimas que debéis respetar como grupo, pero no debería haber nada particularmente complicado. Si eso era cierto, ¿significaba entonces que realmente no había riesgo alguno? En ese caso, lo lógico era preguntar cuál era el propósito de esta prueba. ¿Tenía relación con algún tipo de competición entre cursos? No conseguía entender las verdaderas intenciones del instituto, pero la siguiente frase de Mashima-sensei lo aclaró todo. —Cuando termine el periodo de esta prueba especial, los puntos restantes de cada clase se añadirán a sus puntos de clase totales. Esos cambios se reflejarán una vez terminen las vacaciones de verano. Mientras hablaba, una ráfaga de viento cruzó la playa y levantó una nube de arena. Las palabras de Mashima-sensei fueron la mayor sacudida del día. En exámenes anteriores se habían medido cosas como nuestras capacidades académicas. Naturalmente, eso favorecía a los alumnos con una base académica alta. Cada vez, nosotros, la Clase D, acabábamos en situaciones en las que perdíamos puntos de clase. Pero esta vez las reglas eran completamente distintas. La prueba estaba diseñada de una forma que no abría una diferencia excesiva entre la Clase A y la D. —¡Entonces, si aguantamos una semana, el mes que viene podríamos ver un aumento enorme en nuestra paga! —preguntó Ike. Así era… Esto no era una competición para medir nuestras capacidades intelectuales, sino nuestra resistencia. Si conseguíamos contener nuestros deseos más básicos, podríamos acercarnos a la clase superior. —Cada clase recibirá una copia del manual. Si lo perdéis, podéis solicitar otra. Sin embargo, os costará puntos, así que tened mucho cuidado. Además, el alumno que figuró como ausente en este viaje pertenece a la Clase A. Según las reglas de esta prueba especial, si algún alumno tiene que retirarse por enfermedad, su clase sufrirá una penalización de treinta puntos. Por lo tanto, la Clase A comenzará con 270 puntos. Aunque no afectara a nuestra clase, la sanción era despiadada. Los alumnos de la Clase A estaban visiblemente tensos. Las demás clases también parecían sorprendidas. En cuanto Mashima-sensei terminó de hablar, nos dijo que nos dispersáramos. La voz de otro profesor sonó por los altavoces, informándonos de que cada clase recibiría instrucciones complementarias de su respectivo tutor. Después nos reunimos alrededor de Chabashira-sensei. Las cuatro clases se habían agrupado manteniendo cierta distancia unas de otras. —Treinta mil puntos el mes que viene, treinta mil puntos el mes que viene, treinta mil puntos el mes que viene. ¡Vamos a por ello! Ike y los demás posaron como si ya hubieran ganado. Las chicas hablaban encantadas de las cosas que se comprarían. El deseo más profundo de la Clase D era aumentar nuestros puntos. Solo teníamos que pasar una semana sin lujos. Sobre el papel, sonaba sencillo. —Ahora voy a repartiros un reloj de pulsera a cada uno. No debéis quitaroslo hasta que termine la prueba. Si alguien se lo quita sin permiso, será castigado. Este reloj no solo da la hora. Sus sensores también controlan vuestra temperatura corporal, vuestro pulso e incluso vuestros movimientos. Lleva GPS incorporado. Además, en el improbable caso de que ocurra algo malo, este reloj incluye un sistema para avisar al instituto. Si os encontráis en una situación de emergencia, no dudéis en pulsar ese botón. El proveedor que había traído los relojes los había apilado al lado de Chabashira-sensei. Había llegado el momento de que la Clase D recogiera su equipo. Nos indicaron que sacáramos los relojes de sus cajas y nos los pusiéramos. —Cuando dice una emergencia… ¿se refiere a algo como que aparezca un oso? —preguntó alguien. —Aunque lo hayas dicho en broma, la prueba ya ha empezado. No puedo responder a ninguna pregunta que pudiera influir en vuestros resultados. —Eh… esa respuesta da bastante mal rollo. —No creo que haya animales salvajes aquí. Si algún alumno resultara herido, sería un problema grave. Seguramente nos han dado estos relojes únicamente para controlar nuestro estado físico. ¿No os parece? Al fin y al cabo, estamos en una isla deshabitada y el instituto tiene que garantizar nuestra seguridad —dijo Hirata. Y tenía razón. El instituto nos había dado esos relojes para mantenernos a salvo. Si íbamos a movernos libremente por la isla, los profesores no podrían vigilar nuestro estado solo con sus ojos. Además, sería difícil instalar cámaras aquí como en el recinto escolar. Lo más probable era que quisieran controlar nuestra condición física para poder reaccionar ante cualquier imprevisto. El helicóptero que habíamos visto antes en el barco seguramente estaba ahí precisamente para una emergencia así. A medida que los alumnos recibían sus relojes, se los colocaban en el brazo derecho o izquierdo, según prefirieran. —¿Podemos meternos en el agua con esto puesto? —No debería haber ningún problema. Son impermeables. Sin embargo, si alguno dejara de funcionar, informaos inmediatamente ante un administrador de la prueba para cambiarlo por otro. El diseño de esta prueba especial era bastante peculiar, así que probablemente no era la primera vez que el instituto la llevaba a cabo. Era evidente que habían previsto varias situaciones. Aunque, quizá, no todas. —Chabashira-sensei. Entiendo que vamos a pasar una semana en esta isla, pero ¿es posible arreglárselas sin gastar ni un solo punto? —Mmm… Bueno, el instituto no interviene en absoluto en el desarrollo de la prueba. Eso significa que debéis conseguir por vuestra cuenta vuestra comida y vuestra agua. Pensar en soluciones para resolver ese problema forma parte de la prueba. No conozco ninguna manera de hacerlo sin gastar puntos. Las chicas parecían visiblemente más inquietas que los chicos. El hecho de que ni siquiera estuviera garantizada una cama debía de hacerlas sentirse inseguras. —No os preocupéis. Si pescamos y cogemos fruta en el bosque, estaremos bien. También podemos usar hojas y árboles para hacer tiendas y todo eso. Y aunque empecéis a encontraros mal, esforzaos al máximo —dijo Ike, aparentemente sin la menor preocupación. Estaba decidido a conservar intactos los 300 puntos. Aunque a Ike le pareciera bien vivir así, en nuestra clase había más de treinta alumnos. Conseguir lo necesario para todos seguramente no sería tan fácil. —Lo siento, Ike, pero no creo que las cosas salgan como has planeado. Abre el manual. Hirata hizo lo que le indicó Chabashira-sensei. —Primero, quiero que leáis la última página, donde figuran las penalizaciones. Es información muy importante que resume la dificultad de esta prueba especial. De ello dependerá que viváis o muráis. En la última página podía leerse: «Se aplicarán las siguientes penalizaciones a quienes incurran en las siguientes condiciones». —«Todo alumno que sea considerado incapaz de continuar la prueba debido a un deterioro grave de su salud o a una lesión seria será penalizado con treinta puntos. Ese alumno se retirará de la prueba». —«En caso de que un alumno contamine el entorno, se le impondrá una penalización de veinte puntos». —«En caso de que haya alumnos ausentes durante el pase de lista de las 8:00 o de las 20:00, se descontarán cinco puntos por cada alumno ausente». Sin embargo, el castigo más grave estaba en el cuarto apartado. «En caso de que un alumno sea hallado culpable de ejercer violencia contra otra clase, robar a otra clase o causar daños a las propiedades de otra clase, la clase del infractor quedará inmediatamente descalificada, y el alumno perderá todos sus puntos privados». Parecía que la Clase A estaba sujeta a las mismas penalizaciones. La cuarta norma era completamente razonable, escrita para impedir conductas dañinas, mientras que las otras tres estaban claramente ahí para evitar que los alumnos actuaran con despreocupación. Como había pase de lista por la mañana y por la noche, era imposible limitarse a dormir todo el día en el campamento. También servía para contener comportamientos bastante bárbaros, como que alguien se dedicara a ensuciar el lugar sin más. En esencia, aquello era una competición de autocontrol. —Sois libres de comportaros como queráis. Sin embargo, si diez alumnos acaban con problemas de salud, todos vuestros esfuerzos no habrán servido de nada. Una vez que un alumno se haya retirado de la prueba, no podrá volver. Los estudiantes que habían pensado que podrían superar la prueba simplemente apoyándose en su resistencia física parecían ahora desconcertados. Era imposible no gastar ni un solo punto, pero eso valía para todas las clases. Sin embargo, tanto si participabas activamente como si te resignabas a tu suerte en esta prueba, aquí la resistencia por sí sola no bastaría para ganar. ¿Cómo usaríamos nuestros puntos con eficacia, cómo los ahorraríamos y cómo superaríamos la semana? Poco a poco, la forma de aquella «prueba especial», en el sentido más literal de la palabra, empezaba a definirse. —Entonces… ¿es inevitable gastar al menos algunos puntos? —preguntó una chica llamada Shinohara, que había estado siguiendo atentamente la conversación. —No estoy de acuerdo con rendirnos tan pronto. Creo que deberíamos aguantar todo lo que podamos. —Entiendo lo que sientes, pero será un problema si nuestra salud empeora. —Vamos, Hirata, ¡no seas tan aguafiestas! Esto va de poner a prueba nuestra paciencia, ¿no? Cuanto más entendíamos las reglas, menos conseguíamos ponernos de acuerdo sobre qué hacer. Nuestras opiniones estaban divididas. En cualquier caso, el manual incluía una gran variedad de artículos disponibles para comprar: equipo esencial de supervivencia, como tiendas y utensilios de cocina; máquinas y herramientas, como cámaras digitales y walkie-talkies; objetos de ocio, como sombrillas, flotadores, material para barbacoa y fuegos artificiales; y, por supuesto, comida y agua, lo más básico. Con puntos podíamos prepararnos para casi cualquier cosa. Al parecer, cualquiera podía solicitar algo y bastaba con informar al tutor correspondiente para gastar puntos en ello. —Chabashira-sensei, ¿puedo preguntarle una cosa? Si alguien tuviera que retirarse después de haber gastado ya los 300 puntos, ¿qué ocurriría? —preguntó Horikita, levantando la mano. —En ese caso, lo único que aumentaría sería el número de personas obligadas a retirarse. Una vez que vuestros puntos llegan a cero, ya no pueden modificarse más. —Entonces, en otras palabras, ¿no podemos entrar en puntos negativos durante la prueba? Chabashira-sensei respondió afirmativamente. Mashima-sensei había dicho que esta prueba no tendría efectos negativos. Parece que era verdad. Chabashira-sensei siguió hablando, mirando de vez en cuando su reloj de pulsera para comprobar la hora. —Cada una de las tiendas suministradas tiene capacidad para ocho personas. Pesan cerca de quince kilos, así que tened cuidado al transportarlas. Además, el instituto no intervendrá para ayudaros si perdéis o estropeáis los objetos suministrados. Si necesitáis una tienda nueva, recordad que tendréis que usar puntos. —¿Puedo preguntar algo? ¿Dónde se pasará lista? —Cada clase estará acompañada por su respectivo tutor hasta el final de la prueba. Cuando hayáis decidido dónde queréis instalar vuestro campamento base, informadme. Una vez esté establecido, pasaré lista allí. Pensadlo bien, porque no podréis cambiar la ubicación del campamento base sin una razón justificada una vez la hayáis decidido. Las demás clases están sujetas a las mismas condiciones. No habrá excepciones. ¿Eso significaba que Chabashira-sensei iba a pasar una semana con la Clase D como supervisora? Claro que probablemente no iba a ayudarnos. —Oiga, profe. Perdón por interrumpir mientras habla, pero el zumo de antes me ha entrado del tirón. ¿Dónde está el baño? Sudou apareció ante nosotros como si no hubiera escuchado nada del anuncio. —¿El baño? Justo iba a llegar a ese punto. Si quieres ir al servicio, usa esto. Chabashira-sensei cogió una de las cajas de cartón de la pila. Quitó la cinta adhesiva del embalaje y sacó varias piezas de cartón plegadas. —¿Eh? ¿Qué es eso? —preguntó Sudou. —Es un váter básico. Se entregará uno a cada clase. Usadlo con cuidado. Sudou no fue el único desconcertado. Las chicas se quedaron de piedra. —¡No me diga que tenemos que usar eso! —Shinohara, del grupo de Karuizawa, alzó la voz horrorizada. Más que una simple compañera del grupo, parecía casi una extensión de la propia Karuizawa. —Lo usarán tanto los chicos como las chicas. Pero no os preocupéis, viene con una tienda individual que podéis usar cuando necesitéis cambiaros. De ese modo, nadie podrá veros. —¡Ese no es el problema! ¡S-si eso no deja de ser una caja de cartón! ¡Esto es completamente imposible! —Será de cartón, pero está especialmente bien hecha. Incluso puede utilizarse en caso de desastre. Os enseñaré cómo usarla, así que prestad atención. Mientras las chicas protestaban, Chabashira-sensei montó el váter. Parecía estar acostumbrada a hacerlo. Después le puso una bolsa de vinilo azul y colocó en su interior algo parecido a una lámina blanca. —Esta lámina está hecha de un polímero absorbente. Cubre y solidifica los desechos. Hará que no se vean y, además, reducirá el olor. Después de usarlo, colocad otra lámina encima. Repitiendo este proceso, se puede llegar a unas cinco usos por bolsa de vinilo. Se os proporcionarán bolsas y láminas en cantidad ilimitada. Incluso podéis cambiarlas después de cada uso, si queréis. Las chicas escucharon en silencio la explicación de Chabashira-sensei. Si realmente ocurriera un desastre, daría igual que fueras chico o chica, o que no fuera más que una caja de cartón. Pero seguramente era difícil imaginar aquella isla idílica como una zona catastrófica. —¡Es que no hay manera! ¡Ni de broma! Empezando por Shinohara, casi todas las chicas rechazaron la idea. Ike, que hasta entonces había guardado silencio, frunció el ceño y dijo: —Venga, aceptadlo de una vez. Este no es momento de ponerse a discutir, Shinohara. —¡No digas tonterías! A vosotros los chicos igual os da, pero yo no pienso ir al baño en una caja de cartón. —La decisión es vuestra. Sin embargo, no se os permite hacer vuestras necesidades en el bosque, en el mar ni en los ríos. No lo olvidéis. Incluso al advertirnos de eso, nuestra profesora sonaba completamente desinteresada. —¡Pero es que definitivamente no puedo hacerlo en una caja de cartón! Además, los chicos vais a estar cerca, ¿no? ¡Qué asco! Shinohara, todavía incapaz de aceptar la situación, dirigió su enfado hacia los chicos, especialmente hacia Ike. —¿Pero qué demonios? No entiendo por qué nos tratáis como si fuéramos unos pervertidos —dijo Ike. —Pero si es verdad, ¿no? Tú sí que pareces bastante pervertido. —¿Eh? Vaya, eso duele. ¡Yo soy un caballero de los de verdad! —No me hagas reír. ¿Un caballero? Ya. Tú eres, con diferencia, el principal candidato a mayor pervertido del grupo. Saltaron chispas cuando Ike y Shinohara empezaron a discutir acaloradamente. —En cualquier caso, para mí es imposible —sentenció ella. Shinohara y la mitad de las chicas parecían cerradas por completo a entrar en razón. —Bueno, entonces ¿qué vais a hacer? No podéis estar una semana entera sin ir al baño, ¿no? —Eso es… Nuestra tutora, que había contemplado la discusión entre Ike y Shinohara con calma, como si no fuera asunto suyo, de pronto miró detrás de nosotros con una expresión de fastidio. —¡Yujuuu! Oímos una voz aguda. Su dueña se lanzó hacia su objetivo, atrapó a nuestra tutora y la abrazó con fuerza por la espalda. —¿Qué estás haciendo? —gruñó Chabashira-sensei. —¿Qué pasa, no puedo ser cariñosa? La verdad, quería ver cómo reaccionabas —dijo Hoshinomiya-sensei, la tutora de la Clase B. Le acarició suavemente los brazos a Chabashira-sensei—. Siempre que te toco el pelo, Sae-chan, lo tienes suavísimo. ![](/api/get-image/5b123aed-b831-463e-9157-3021f4c4ee32.webp/chapters/false) —¿Es que no entiendes en absoluto las normas del instituto? Escuchar a escondidas cuando otra clase está recibiendo información es imperdonable. —Ay, pero si yo no soy más que una profesora sin importancia. Aunque oyera algo, jamás se lo contaría a nadie. Pero ¿no te parece que esto es cosa del destino? No me puedo creer que las dos hayamos venido juntas a esta isla. ¿Destino? Chabashira-sensei ignoró el significado oculto en las palabras de Hoshinomiya-sensei. —Cállate y vuelve de una vez con la Clase B. —¡Ah! ¿Pero si es Ayanokouji-kun? ¡Cuánto tiempo! A diferencia de otros profesores, que a veces se pasaban por clase, yo normalmente no tenía muchas oportunidades de tratar con Hoshinomiya-sensei. Le hice una ligera reverencia. —El verano es la estación del amor. Si quieres declararte a la chica que te gusta, ¿no sería más efectivo hacerlo delante de un mar tan hermoso? —El mar será muy bonito, pero no puedo permitirme hacer algo así en horario de clase. Las lágrimas empezaron a correrle por las mejillas. Como todo el mundo nos estaba mirando, deseé de verdad que dejara de meterse en mi vida amorosa. —¡Tienes que vivir con más despreocupación! —Oye. ¿Quieres que informe al instituto de tus problemas de conducta? Además, no tengo más tiempo que perder —dijo Chabashira-sensei. —Uuuh, no me mires así. Vale, vale, ya lo pillo. ¡Hasta luego! Hoshinomiya-sensei se alejó con expresión triste. Chabashira-sensei retomó de inmediato la explicación. —Bien. Permitidme explicaros algunas normas adicionales. —¿N-normas adicionales? ¿Aún hay más? —Dentro de poco se os permitirá moveros libremente por la isla, pero en ella hay varios «puntos» designados. En esos puntos existe lo que se conoce como derecho de posesión exclusiva, y solo la clase que ocupe ese lugar podrá ejercer esos derechos. La clase que obtenga esos derechos será totalmente libre de decidir cómo quiere utilizarlos. Sin embargo, los derechos de posesión exclusiva solo son válidos durante un periodo de ocho horas desde el momento en que se activan; pasado ese tiempo, se revocan automáticamente. Eso significa que, a partir de entonces, otra clase puede adquirirlos. Además, obtendréis un punto de bonificación cada vez que ocupéis un punto. No obstante, ese punto es provisional y no puede utilizarse durante el periodo de la prueba. Por tanto, los puntos extra se calcularán y se sumarán al total una vez finalice la prueba. Como el instituto os está vigilando constantemente, no hay margen para el fraude. Tenedlo presente. —¿Eh? ¿Eh? Bueno… espera, ¡pero eso es importantísimo, no?! ¡Poder sumar un punto está genial! ¡Dejadlo en nuestras manos! —¡Vamos a buscarlos ahora mismo! —dijo Ike a Yamauchi y los demás, con los ojos brillantes. El manual explicaba el sistema de puntos extra con bastante detalle. Al parecer, cerca de cada punto había instalado algún tipo de dispositivo que mostraba quién tenía el derecho de posesión exclusiva. No quedaba claro cuántos puntos había en la isla, pero estaba claro que eran importantes. Sin embargo… —Entiendo vuestras prisas, pero sed conscientes de los riesgos. Una vez los tengáis en cuenta, ya podréis pensar qué hacer. Todo está escrito en el manual. Se requiere una tarjeta especial para ocupar un punto. Podéis ganar un punto cada vez que ocupéis un punto. Los puntos ocupados pueden utilizarse libremente. Recibiréis una penalización de cincuenta puntos si utilizáis sin permiso un punto ocupado por otra clase. Solo el líder designado puede usar la tarjeta. Es imposible cambiar de líder sin una razón justificada. El manual recogía esas normas. Mientras Chabashira-sensei hablaba, me fijé en detalles como que los derechos de posesión exclusiva se reiniciaban cada ocho horas; que, si un espacio no estaba ocupado, podías tomarlo de inmediato; o que una misma clase podía ocupar repetidamente el mismo lugar. Así que, si una clase lograba mantener tres puntos durante bloques continuos de ocho horas, al final de la prueba podría conseguir cincuenta puntos o más. Sin embargo, había riesgos importantes. Con las reglas expuestas hasta ese momento, parecía una simple cuestión de que el que llegara primero se llevara el premio. Parecía un buen sistema, siempre que fueras capaz de ocupar puntos una y otra vez. Pero eso era imposible. La última regla explicaba por qué. El séptimo día, el último de la prueba, durante el pase de lista tendrías derecho a intentar adivinar la identidad del líder de otra clase. Si acertabas, podrías obtener cincuenta puntos por cada respuesta correcta. A cambio, la otra clase tendría que pagar cincuenta puntos como compensación. Si te movías para asegurar puntos sin la debida cautela y descubrían a tu líder, podías perder una enorme cantidad de puntos. Mucho riesgo, mucha recompensa. Pero adivinar tampoco estaba exento de peligro. Si te equivocabas, sufrirías una penalización de cincuenta puntos por error. Además, una clase cuyo líder hubiera sido descubierto perdería todos los puntos extra acumulados hasta ese momento. Esa norma hacía que, si no estabas muy seguro, te pensaras mucho entrar en la lucha por los puntos. —Debe elegirse a una persona como líder, sin excepciones. Sin embargo, sois libres de no participar. Decídmelo una vez hayáis elegido a alguien. En ese momento, le entregaré una tarjeta con el nombre del líder estampado. Tenéis hasta el pase de lista de hoy. Si para entonces no habéis tomado una decisión, decidiremos nosotros por vosotros. Eso es todo. En otras palabras, bastaba con echar un vistazo a la tarjeta para descubrir la identidad del líder. Con eso, Chabashira-sensei dio aparentemente por terminada la explicación. La suerte estaba echada. Hirata se puso en marcha de inmediato. —Ya tendremos tiempo después para pensar quién debería ser el líder. Primero, ¿dónde vamos a poner nuestro campamento base? ¿Acampamos por aquí, en la playa? ¿O nos metemos en el bosque? Tenemos que pensarlo bien. El manual incluía un mapa simple de la isla, donde solo aparecían dibujados su tamaño y su forma. No sabíamos nada del área total del bosque ni de la topografía. Era poco más que una hoja en blanco. —Parece que tendremos que ir completando nosotros mismos las partes necesarias. También nos habían dado un bolígrafo precisamente para eso. —¿No es mejor quedarse cerca del barco, donde hay muchos profesores? —No estoy tan seguro. Puede que aquí no haya nada útil. Si no había agua, no había comida. Montar la base en ese lugar podía significar estar lo más lejos posible de recursos convenientes. Encima, el sol sería durísimo durante el día, así que el entorno resultaría bastante hostil. Por otro lado, internarse demasiado en el bosque también entrañaba riesgos. —Más importante aún: tengo que ir al baño. Ya no puedo aguantar más. Sudou cogió el váter improvisado que había montado Chabashira-sensei. Armamos la tienda instantánea y la colocamos a poca distancia. Shinohara y las demás observaban la situación apiñadas unas junto a otras. Chabashira-sensei se apartó. Probablemente quería dar a entender: «Yo ya no me meto. Haced lo que queráis». —Oye, Hirata-kun. ¿No sería mejor decidir ya qué vamos a hacer con el baño? Estaba claro que el tema del váter iba a convertirse en un problema tarde o temprano. La postura de las chicas era razonable. —Bueno, podemos debatirlo, pero al final no nos quedará más remedio que aguantarnos, ¿no? —No, puede haber otra forma. Hirata miró el manual y luego volvió a alzar la vista. —Aquí pone que se pueden comprar e instalar baños portátiles usando puntos. Shinohara y las demás se arremolinaron de inmediato alrededor del manual. Las funciones de esos baños portátiles parecían impecables. Las imágenes de referencia los hacían parecer inodoros con cisterna, como los de casa. Si era así, las chicas se subirían encantadas al carro. El problema era que cada uno costaba veinte puntos. Era difícil juzgar si eso era caro o barato. —¡Lo necesitamos sí o sí! Sé que no me gusta tener que gastar puntos, pero si no lo hacemos, esto es imposible. Muchas chicas, animadas por las palabras de Shinohara, estuvieron de acuerdo. Para ellas, tener un váter podía pesar más que disponer de comida o agua. En este tema no pensaban ceder. —¡U-un momento! ¿Veinte puntos? ¿¡Solo por un váter!? Ike reaccionó horrorizado. Su deseo de ahorrar y conservar puntos lo dominaba por completo. Además, algunos chicos sí podían soportar usar el váter de cartón. Probablemente querían evitar al máximo cualquier compra que no considerasen imprescindible. —Sí, ese váter estará muy bien como váter. ¡Pero ya tenemos este! ¿No? Aún nos queda muchísimo tiempo para usar nuestros puntos. ¡Nos vendría fatal derrochar ahora! —Eso no te toca decidirlo a ti. Hirata-kun va a escuchar la opinión de todos y decidirá. ¿Verdad, Hirata-kun? —Shinohara ignoró a Ike y le suplicó a Hirata que comprara un baño portátil. —Ya veo. Como mínimo, tener un baño para las chicas sería… —Eres libre de tener en cuenta las opiniones de todos, pero eso no significa que te corresponda a ti tomar las decisiones —dijo Ike, tratando desesperadamente de detener a Hirata, que parecía a punto de comprarlo. —¡Ah, cállate ya! Karuizawa-san, di algo, ¿quieres? ¡Necesitamos un váter! —rogó Shinohara a Karuizawa, la representante de las chicas. —¿De verdad? Bueno, supongo que será duro, pero yo quiero de verdad puntos de clase. Así que, qué remedio, me aguantaré. Fue una respuesta inesperada por parte de Karuizawa, que parecía justo la primera que se habría quejado. —El instituto ya ha preparado lo necesario. Yo puedo soportarlo. Si nos bañamos en el río y usamos lo que tenemos aquí, ¿no creéis que saldrá todo bien? —¡P-pero, Karuizawa-san! Si Karuizawa lo decía así, ni siquiera una testaruda como Shinohara podía oponerse abiertamente. Al fin y al cabo, muchas de las chicas seguían a Karuizawa. Sin embargo, Yukimura intervino de repente. —No es que no entienda que las chicas quieran un baño portátil. Sin embargo, no me convence que debamos gastar puntos arbitrariamente, ya sea para chicos o para chicas. Supongo que, si de verdad lo queréis, al menos me gustaría que la decisión se tomara tras una votación mayoritaria. Se subió las gafas por el puente de la nariz y expresó su desacuerdo con un tono bastante agresivo. —Solo estoy haciendo una petición normal para una chica, nada más. No tiene nada que ver con los chicos. —¿Una petición normal? ¿Nada que ver con los chicos? No lo entiendo. ¿No es eso, sencillamente, una forma de discriminación? —¿Discriminación? Ah, me está entrando dolor de cabeza. Hirata-kun, por favor, haz que me dejen en paz. Shinohara, incapaz de renunciar al asunto del váter, pidió ayuda con desesperación. —Esta prueba es una oportunidad única para recortar la diferencia de puntos con las otras clases. No podemos malgastar puntos valiosos en cosas como baños portátiles. No tengo intención de seguir en la Clase D para siempre. No estoy de acuerdo con Shinohara-san, que hace peticiones arbitrarias basadas en sus deseos personales. Me gustaría que decidiéramos una política clara que valiera para todos. —¿Eh? ¿Estás intentando decir que yo no estoy pensando en nada? —preguntó ella. —Hasta el dinero puede moverse solo por instinto. Detesto que las mujeres discutan de forma tan emocional. —¿Perdona? Eso no significa que quiera gastar puntos sin pensar. Lo que digo es que deberíamos tener al menos lo mínimo indispensable. ¿No entiendes eso? —Calmaos los dos. Yukimura-kun, entiendo lo que quieres decir, pero si hablas con tanta hostilidad no vamos a resolver nada, ¿no? Intentemos hablarlo con calma. —¿Con calma? ¿No estás de acuerdo en que, bajo ningún concepto, deberíamos gastar puntos arbitrariamente? —preguntó Yukimura. —Bueno… Hirata se había quedado atrapado en una situación cada vez más tensa. No sabía qué hacer y, aun así, intentaba mediar frenéticamente mientras trataba de no dejar ver la preocupación creciente que llevaba encima. —La Clase D no tiene liderazgo, y eso me preocupa. Además, Hirata es demasiado blando. Ni siquiera es capaz de tomar una sola decisión, ¿verdad? Me había quedado a cierta distancia, observando cómo se desarrollaba la situación. Horikita estaba a mi lado. Al darse cuenta de que era poco probable que se avanzara nada, soltó un largo suspiro. —Parece que esta prueba va a ser más compleja y difícil de lo que pensábamos… Curiosamente, Horikita también parecía desconcertada. —Es una oportunidad para conseguir muchos puntos. ¿Estás bien, Horikita? Al mirarla de perfil, parecía más irritada que indecisa. —Quién sabe. A estas alturas no soy tan optimista como para decir que será fácil. Estoy igual que los demás. Nunca he vivido en un entorno así, así que no puedo hacer predicciones. Ahora me doy cuenta de que esta prueba es más complicada de lo que creíamos, y de que nuestra situación es más delicada. Claro que quiero aumentar nuestros puntos, pero no se me ocurre una buena solución. Qué prueba tan desagradable. Había un grupo que quería usar puntos, otro que no quería usarlos y otro que solo quería usarlos cuando fuera necesario. Solo con eso ya teníamos tres facciones claramente separadas. Y, además, incluso dentro de esas facciones había pequeñas diferencias. Aquella semana no iba a ser sencilla en una clase de más de treinta personas. El manual parecía representar todas las dificultades a las que nos enfrentaríamos para actuar como una clase unida, al mismo tiempo que nos concedía libertad. Un poco más apartada, Chabashira-sensei observaba nuestro enfrentamiento con mirada fría. No iba a evaluar a sus alumnos. Después de todo, la Clase D era una colección de fracasados; existíamos únicamente para fracasar. ¿Era ese el auténtico núcleo de la prueba? —Horikita, ¿tú qué piensas? —Como dice Yukimura-kun, a mí también me gustaría salir adelante sin gastar puntos innecesarios. Sin embargo, no tengo confianza en poder pasar la semana sin un equipo mínimamente adecuado. Esa es mi opinión sincera. Aun así, creo que deberíamos ponernos a prueba y ver cuánto somos capaces de soportar. ¿Tú qué dices? —Pienso igual. Hay demasiadas cosas que no sabemos —respondí. —Eh, mirad. ¿Puede ser que la Clase A y la Clase B ya hayan decidido qué van a hacer? Volvimos la vista hacia una voz femenina alterada. Aunque apenas habían pasado unos minutos, varios alumnos ya se habían agrupado y se dirigían hacia el bosque. Probablemente estaban buscando el mejor sitio para montar su campamento base. Casi simbolizaba su superioridad. Mientras tanto, las Clases C y D seguían sin cohesión. Ni siquiera éramos capaces de arrancar de una forma aceptable. —¡Ah, joder! ¡Este no es momento para tirarnos siglos hablando del váter! Yo pienso hacer lo que sea para proteger nuestros puntos. Voy a buscar zonas de campamento y puntos. Yukimura, Shinohara y los demás: no os pongáis a gastar puntos. —Entendido. No tenemos intención de hacerlo. No se podía decir que Ike y Yukimura fueran precisamente íntimos, pero al parecer podían cooperar cuando compartían un objetivo. —Espera un momento, Ike-kun. Es peligroso meterse en el bosque sin un plan. —¿Y acaso quedarnos aquí preocupándonos va a solucionar algo? No. El deseo de ir y el deseo de quedarse chocaron frontalmente. Sin embargo, Hirata no tenía la autoridad suficiente para detener a Ike y los demás. —Volveré en cuanto encuentre un sitio que podamos usar. Luego, cuando todo el mundo se haya movido allí, hablamos. Es un plan sencillo, ¿no? ¿Sudou y Yamauchi también pensaban ir a buscar puntos? Se reunieron junto a un Ike cada vez más impaciente. —¿Tú también vienes, Ayanokouji? —preguntó Sudou, mirándome fijamente. Negué con la cabeza con naturalidad. —No quiero que hagáis nunca nada los tres solos. Si os perdéis, tendremos un problema. Hirata parecía haberse dado cuenta de que ya no podía detenerlos. —Sí, sí, ya lo sabemos. ¡Venga, vamos a encontrar un montón de cosas! Tal y como había imaginado, sin ninguna sombra que nos protegiera del sol, el calor se volvió insoportable. Mientras habíamos pasado el tiempo allí sentados, discutiendo, todos habíamos empezado a notar la deshidratación. —Sería durísimo intentar montar aquí el campamento. El calor abrasador hizo que algunos compañeros empezaran a quejarse. Hirata también pareció darse cuenta de hasta qué punto sería difícil acampar en la playa. Si aquello hubiera sido un campamento de verdad, con sombrilla, tienda de playa y un montón de posibilidades para bañarse y protegerse del sol, habría sido otra historia. Pero en nuestra situación actual, eso era complicado. —Por ahora, ¿qué tal si buscamos un sitio con sombra? Podemos seguir hablando mientras nos movemos. Hirata tomó la iniciativa y empezó a cargar con la tienda. Los demás chicos lo siguieron. —Por cierto… ¿Sudou-kun ha recogido bien lo del váter? Una de las chicas señaló el váter con expresión inquieta. Era cierto que Sudou había salido sin llevar nada en las manos después de entrar para hacer sus necesidades. Así que, como mínimo, el interior… Dejamos el váter bajo el sol abrasador. Dentro de la tienda debía de hacer un calor de sauna.
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Estás leyendo el capítulo 97 de Classroom of the Elite (Novela), un novela. Kiyotaka Ayanokouji se ha inscrito en la Preparatoria Metropolitana de Educación Avanzada, donde se dice que el 100% de los estudiantes van a la universidad o encuentran empleo. Pero termina en Clase 1-D, que está lleno… Este capítulo tiene publicado el 26 de abril de 2026, Traducido por el grupo Koko88. Classroom of the Elite (Novela) tiene 159 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.