Leer Classroom of the Elite (Novela) Capítulo 96 online gratis en español
🏴 Grupo: Koko88✍️ Traducción: Koko88
El interminable mar de verano. El cielo azul infinito. El aire, limpio hasta el extremo. Allí, en mitad del océano Pacífico, no se sentía el sofocante calor de pleno verano, y la suave brisa marina acariciaba nuestros cuerpos. Sí, aquello era, sin duda, un paraíso en medio del océano.
—¡Uoooooh! ¡Esto es lo puuuuuuuuuuuuto meeeeeejor! —gritó Ike Kenji, alzando ambas manos en el aire.
Su voz resonó por toda la cubierta del transatlántico de lujo.
En circunstancias normales, alguien se habría quejado o le habría soltado un «cállate ya». Pero, al menos por hoy, a nadie parecía importarle. Todos disfrutaban de aquel instante de felicidad. La vista desde los «asientos de primera» en la cubierta era espectacular.
—¡Estas vistas son una pasada! ¡Estoy flipando de verdad!
Un grupo de chicas encabezado por Karuizawa salió del interior del barco. Con una sonrisa radiante, señaló la inmensidad del océano.
—En serio, el paisaje aquí es increíble.
Kushida Kikyou también iba con ellas. Daba la impresión de que aquella vista fuera de lo común le había robado el aliento.
Después de superar toda clase de dificultades, los exámenes parciales y los finales, habíamos recibido las vacaciones de verano con los brazos abiertos. El Instituto Avanzado de Formación había preparado para nosotros un viaje deslumbrante de dos semanas: un crucero en un transatlántico de lujo.
—Vaya, Ken, tú debes de estar feliz por no haber sido expulsado. O sea, si esto hubiera sido un viaje normal, habría sido imposible que viniéramos. Oye, ¿qué se siente al haber estado a punto de que te echaran por sacar la peor nota en el examen final? Venga, cuéntanoslo. ¿Qué se siente? —preguntó Yamauchi Haruki.
Aunque aquello era claramente una pulla, Sudou Ken estaba de un humor demasiado bueno como para enfadarse. De hecho, respondió soltando una carcajada que sonaba más al aullido de un lobo solitario que a la risa de un estudiante de instituto.
—Con mis habilidades no había nada de qué preocuparse. ¿No os dije que demostraría lo que valgo y que sería fácil?
Hacía muy poco habíamos estado al borde del abismo, pero este viaje había barrido por completo aquella sensación. Puede que el mar azul hubiera lavado nuestras preocupaciones cotidianas.
—Jamás imaginé que unos estudiantes de instituto pudieran ir en un crucero tan lujoso. Y encima durante dos semanas enteras. ¡Dos semanas! Cuando mis padres se enteren, se van a quedar tan flipados que casi se van a mear encima.
Como había dicho Sudou sin rodeos, aquello distaba mucho de ser un viaje cualquiera. En nuestro instituto, financiado por el gobierno, no teníamos que pagar matrícula ni ningún otro gasto adicional, y eso, por supuesto, incluía este viaje. Recibíamos un trato especial de primer nivel. Tanto el crucero como sus instalaciones eran de la máxima categoría. El barco contaba con todo: desde restaurantes de lujo hasta un teatro, e incluso un spa de alto nivel. Si hubiera tenido que pagarlo por mi cuenta, probablemente me habría costado unos cien mil yenes, incluso en temporada baja.
Nuestro viaje, que prometía ser el culmen del lujo, por fin había comenzado aquel mismo día. Según el itinerario, pasaríamos la primera semana en una elegante residencia de verano situada en una isla desierta. Después, disfrutaríamos otra semana a bordo del crucero.
A las cinco de la mañana, los alumnos de primero habíamos subido a unos autobuses rumbo a la bahía de Tokio. Los barcos de pasajeros zarparon del puerto una vez llegamos. Tras desayunar en el salón, se nos permitió movernos libremente por toda la embarcación. Y lo mejor de todo era que podíamos utilizar cualquiera de sus instalaciones sin pagar nada. Para quienes llevábamos tiempo sufriendo a diario por la falta de puntos, aquel barco era poco menos que un regalo caído del cielo.
De pronto, Kushida se volvió hacia mí. Se notaba que quería preguntarme algo. Con el océano inmenso y el cielo azul infinito a su espalda, parecía incluso más radiante de lo habitual. Aunque no quería que ocurriera, el corazón empezó a latirme con fuerza. ¿Sería posible que…?
—Eh… ahora que lo pienso, ¿dónde estará Horikita-san? ¿No estabais juntos? —preguntó Kushida.
Al parecer, ni siquiera se me permitía recrearme en una simple fantasía. Lo que ocupaba la mente de Kushida era Horikita.
—Ni idea. No soy su cuidador —respondí.
No recordaba haberla visto desde después del desayuno.
—Como no le gustan mucho los viajes, igual está en su habitación.
—Seguramente.
—Sobre el mediodía podremos ir a la playa privada de la isla y bañarnos todo lo que queramos. ¡Qué ganas!
Al parecer, el instituto poseía una pequeña isla al sur. Ese era nuestro destino.
—Atención, alumnos. Reúnanse en la cubierta. Pronto podrán ver la isla. Es un buen momento para contemplar un paisaje de cierta importancia.
Aquel anuncio tan extraño sonó por la megafonía del barco. Kushida y las demás no parecieron darle importancia y siguieron esperando con ilusión lo que vendría después. La isla apareció en el horizonte pocos minutos después de que varios alumnos empezaran a reunirse. Ike dejó escapar un grito de entusiasmo.
Otros estudiantes se dieron cuenta y comenzaron a congregarse también en la cubierta. Cuando ya se había formado bastante gente, aparecieron algunos chicos especialmente prepotentes y empezaron a empujarnos para quedarse con la mejor posición.
—Eh, estorbáis. Apartaos, defectuosos.
Uno de ellos intentó intimidarme y me dio un empujón en el hombro. Sobresaltado, me agarré rápidamente a la barandilla para no caerme. Los demás se rieron con desprecio.
—¡Eh! ¿Qué coño hacéis? —saltó Sudou al instante, tratando de intimidarlos a su vez.
Kushida, preocupada, vino enseguida a mi lado. Supongo que un hombre que necesita que una chica salga en su defensa debe de dar una imagen bastante patética.
—Sí que entiendes cómo funciona este instituto, ¿no? La clase D no tiene derechos humanos. Los defectuosos como vosotros sois eso: defectuosos. Así que más os vale agachar la cabeza. Nosotros aquí somos todos de la clase A.
Los alumnos de la clase D nos apartamos de la proa como si nos hubieran echado a empujones. Sudou estaba claramente molesto, pero consiguió contenerse. Que no acabara estallando una pelea a puñetazos era una prueba de que, quizá, estaba madurando. O quizá simplemente entendía la débil posición de la clase D en aquel lugar. Aunque la situación era injusta, no necesitábamos problemas innecesarios, así que lo mejor era ignorarlo.
—Ah, hola. Así que estabais aquí. ¿Eh? ¿Qué pasa? —me llamó Hirata Yousuke, el líder de la clase D.
Era el último día del primer trimestre. Ya habían decidido cómo se repartirían las habitaciones para el viaje. No esperaba que me llamaran para ir con Ike, Sudou y los demás; su grupo ya era bastante numeroso. Justo cuando parecía que me iba a quedar aislado, apareció mi héroe salvador: el gran Hirata.
—Oye, Hirata, ¿qué tal va lo tuyo con Karuizawa? —preguntó Ike, al ver que Hirata no se dirigía hacia donde estaba ella—. Ya que estamos en este viaje tan esperado, ¿por qué no eres un poco más cariñoso con ella?
—Simplemente nos lo tomamos a nuestro ritmo.
Entonces sonó el móvil de Hirata.
—Ah, perdón. Parece que Miyake-kun tiene algún problema. Me voy un momento.
Mientras toqueteaba el teléfono, Hirata regresó hacia los camarotes. La gente popular era, sin duda, la que más ocupada estaba.
—¿Y a este qué le pasa? Estamos de viaje, ¿y está preocupado por sus compañeros?
—Aunque bueno, Karuizawa sigue siendo Karuizawa. Últimamente ella y Hirata tampoco parecen tan melosos… ¿No crees que igual han roto? Si es así, vaya faena. ¡Eso significa que tendré más rivales para conquistar a Kushida-chan!
Desde luego, daba la sensación de que Hirata y su novia ya no estaban tan unidos como cuando empezaron a salir. Aun así, no parecía que se hubieran peleado ni que la cosa se hubiera tensado. Siempre que los veía hablando, parecía que se llevaban bien.
—Ya lo he decidido, Haruki. Yo… ¡voy a declararme a Kushida-chan durante este viaje! —proclamó Ike.
—¿E-en serio? Pero si te rechaza, luego va a ser incómodísimo. ¿Seguro que vas a estar bien?
—Es solo mi lógica personal. Kushida-chan es monísima, ¿no? Por eso casi todos los chicos quieren salir con ella. Pero está tan fuera de alcance que nadie se atreve a confesársele. Eso significa que no está acostumbrada a que se le declaren, ¿verdad? Creo que mi confesión podría hacer tambalear su corazón. Quiero decir, no es del todo imposible.
—Ya veo. O sea, que ya te has decidido.
—¡Sí!
En condiciones normales, Yamauchi se habría exaltado y se habría opuesto con todas sus fuerzas a Ike, pero esta vez no fue así. En lugar de eso, se quedó mirando la cubierta como si estuviera buscando algo.
—¿Qué te pasa? —preguntó Ike.
—Ah, nada, nada —respondió Yamauchi distraídamente.
Al final, no volvió a sacar el tema de Kushida.
—Oye, oye, Kushida-chan. ¿Puedo hablar contigo un momento? —preguntó Ike.
—¿Mm? ¿Qué pasa?
Ike se acercó de inmediato a Kushida, que estaba contemplando el mar. Era obvio que aquello resultaba sospechoso.
—Pues verás… ya hace unos cuatro meses que nos conocemos, ¿no? Y… me preguntaba si quizá ya estaría bien que te llamara por tu nombre. Es que cuando te llamo por el apellido me da la sensación de que seguimos siendo unos desconocidos.
—Ahora que lo dices, creo que tú y Yamauchi lleváis bastante tiempo llamándoos por el nombre, ¿no? —dijo Kushida.
—Entonces… ¿no puedo? O sea, ¿llamarte Kikyou-chan?
Ante la pregunta de Ike, Kushida se limitó a sonreír.
—Claro que puedes llamarme así. Entonces, ¿yo debería llamarte Kanji-kun?
—¡Uoooooooooh! ¡Kikyou-chaaaaaaan! —gritó Ike, posando como si alargara el brazo hacia el cielo, en plan el del póster de Platoon.
Kushida soltó una risita.
—Llamarse por el nombre, ¿eh? Oye, ahora que hablamos de eso… ¿cuál era el nombre de pila de Horikita? ¿Eh? —me preguntó Sudou, como si yo tuviera por qué saberlo.
—Tomiko. Horikita Tomiko.
—Tomiko, ¿eh? Qué nombre más mono. Justo lo que esperaba. Le pega muchísimo.
—Ah, perdón. Me he equivocado. Es Suzune.
—¡Eh, no te equivoques con cosas así! Suzune, ¿eh? Tiene ese aire de Tomiko, ¡pero es cien veces mejor!
Total, que aunque el nombre de Horikita hubiera sido Sadako, Sam o cualquier otra cosa, seguramente le habría parecido perfecto igual.
—Yo también voy a llamarla por su nombre este verano. Suzune. Suzune…
En el fondo, parecía que los chicos querían acortar distancias con las chicas. Cabe señalar que ninguno de ellos me llamaba a mí por mi nombre de pila, ni yo a ellos por el suyo.
—Oye, venga. Déjame practicar contigo, Ayanokouji. Practicar diciendo el nombre de Suzune, quiero decir.
—¿Practicar? ¿Qué quieres decir con practicar? Eso no es algo que se practique.
No tenía sentido practicar cómo decir el nombre de alguien si no se lo ibas a decir a esa persona. Sudou me clavó la mirada. No iría a convertirme en su Horikita imaginaria, ¿verdad? Sería porque me estaba viendo como a alguien del sexo opuesto, pero aquella mirada me dio bastante mal rollo. En mi cabeza, incluso empecé a respirar de forma entrecortada.
—Oye, Horikita, ¿tienes un momento? Hay algo de lo que quería hablar contigo… —murmuró Sudou.
—No soy Horikita.
Asqueado, aparté la mirada.
—¡Pedazo de idiota! ¡Es un ensayo! ¡A mí tampoco me hace gracia, pero tengo que practicar! Es como en el baloncesto: si quiero mejorar, tengo que entrenar. En cualquier caso, tengo que tirar.
No quería escuchar aquello ni un segundo, pero tampoco tenía muchas alternativas. No me quedó otra que aguantar.
—Horikita. ¿No te parece raro que hablemos como si fuéramos desconocidos? Hace ya tiempo que nos conocemos. Los demás se llaman por el nombre. ¿No va siendo hora de que hagamos lo mismo?
—…
Quise darle a Sudou un coscorrón, pero traté de soportarlo como un adulto.
—¡Di algo! ¿Por qué no practicas?
—¿Qué quieres que diga?
—Contesta como lo haría Horikita. La conoces desde hace tiempo, así que sabrás cómo respondería, ¿no?
Solo nos conocíamos desde hacía cuatro meses, así que no tenía por qué saberlo. Aun así, Sudou me había pedido que interpretara a su Horikita imaginaria. Cerré el puño con una amenaza más bien implícita.
—Voy un paso por delante en el camino hacia la madurez. ¿Quieres que practique esto contigo en lugar de con Horikita? Ensaya tú solo.
Ike se metió por medio para sustituirme. Cuando Sudou empezó a hablar, resultó un poco inquietante.
—Horikita… ¿te parece bien que empiece a llamarte por tu nombre?
—¿Eh? A ver, Sudou-kun, tú tampoco es que estés muy bueno, ¿no? Y no pareces tener dinero, así que no eres para nada mi tipo, ¿sabes? O sea, perdona, perdona, pero paso, ¿vale?
A pesar de no tener el más mínimo aspecto de ello, Ike estaba intentando interpretar a una gyaru de instituto. Sudou le hizo un estrangulamiento hasta que empezó a retorcerse de dolor sobre la cubierta. Aquellos tíos siempre parecían llenos de energía. Solo con mirarlos ya me agotaba. Aun así, la escena tenía su gracia.
Poco después, la multitud empezó a agitarse y a hacer más ruido. La emoción de los alumnos aumentó a pasos agigantados a medida que nos acercábamos y la isla se veía con más claridad.
Yo había dado por hecho que el barco iría directamente hacia la isla, pero por algún motivo dejamos atrás el muelle y empezamos a rodearla. La isla, cedida por el gobierno, tenía una superficie aproximada de medio kilómetro cuadrado. Su punto más alto alcanzaba los doscientos treinta metros. Comparada con la superficie total de Japón, era diminuta, pero vista por un centenar largo de personas desde un crucero, parecía inmensamente grande.
Al final, el barco completó una vuelta entera alrededor de la isla. Seguía trazando círculos sin cambiar de velocidad, avanzando por el agua con una rapidez casi antinatural y apenas levantando oleaje.
—¡Qué vista tan misteriosa! ¡Emociona muchísimo! ¿No te lo parece, Ayanokouji-kun? —dijo Kushida con entusiasmo.
—S-sí. Supongo.
Mientras miraba a Kushida, cuyos ojos brillaban al contemplar la isla desierta, sentí cómo el corazón volvía a latirme con fuerza. Kushida era realmente mona. Quería proteger su sonrisa, y también aquel lado suyo tan inocente y casi infantil.

Entonces sonó un anuncio por los altavoces.
—Desembarcaremos dentro de treinta minutos. Reúnanse en la cubierta. Todos los alumnos deben haberse cambiado ya y llevar el chándal puesto. Asegúrense de comprobar la bolsa asignada y su equipaje, y no olviden el teléfono móvil. Dejen todos los demás objetos personales en su habitación. Existe la posibilidad de que no puedan ir al baño durante algún tiempo, así que háganlo ahora.
Al parecer, la playa privada estaba cerca. Ike y los demás fueron a cambiarse rebosantes de entusiasmo. Yo también me dirigí hacia la habitación que compartía mi grupo. Allí me puse el chándal que usaba en clase de gimnasia, regresé a la cubierta del barco y esperé a que llegáramos a la isla. Cuanto más cerca estábamos, más alcanzaba su punto máximo el entusiasmo de los alumnos de primero.
—Procederemos ahora al desembarco, empezando por los alumnos de la clase A. Los teléfonos móviles están prohibidos en la isla. Entréguenselos a su tutor al bajar.
Siguiendo la orden de la megafonía, los estudiantes empezaron a bajar las escaleras de forma ordenada.
—Vamos, daos prisa. ¡Con lo poco que llevamos encima, estamos empapados de sudor!
En la cubierta del barco no había ningún lugar donde refugiarse del sol. No era raro que la gente se quejara. Los alumnos de la clase D esperamos bajo aquel calor sofocante. Fue entonces cuando Horikita se reunió por fin con nosotros. A simple vista no parecía que hubiera cambiado nada, pero había una ligera diferencia, algo que no encajaba. Incluso Horikita, siempre tan meticulosa, parecía tener descuidado el aspecto. En aquel momento llevaba el pelo revuelto.
También daba la impresión de tener algo de frío, porque se frotaba los brazos inconscientemente mientras esperábamos para desembarcar y pisar la isla.
—¿Qué has estado haciendo hasta ahora? —le pregunté.
—Solo estaba leyendo en mi habitación. Por quién doblan las campanas. No la conocerás.
Pero bueno, pensé. Aquella novela era probablemente una de las obras más representativas de Ernest Hemingway, una obra maestra indiscutible. Siempre me había impresionado la afición de Horikita por leer libros tan reconocidos. Aun así, no pude evitar preguntarme qué prioridades tenía, si se ponía a leer en mitad de un crucero de lujo. En un caso así, que se hubiera encerrado sola en su habitación para leer me resultaba, como poco, sospechoso.
Ella no añadió nada más, y ponerse a indagar sería ridículo. Lo mejor era dejarlo correr.
—Me inquieta lo que nos espera, pero como nos prohíben llevar objetos personales, no hay nada que pueda hacer —murmuró, claramente descontenta.
No era precisamente una frase normal en alguien que iba camino de la playa.
El desembarco llevó más tiempo del que esperaba, probablemente porque los profesores vigilaban a los alumnos por ambos lados al bajar del barco y revisaban el equipaje.
—Oye, ¿no te da la sensación de que están siendo raramente cautelosos? Como si estuvieran en guardia. Quiero decir, ni siquiera nos confiscaron los móviles en el examen final. Pero con los objetos personales sí que están siendo durísimos.
—Desde luego lo parece. Si solo fuéramos a pasar el rato en el mar, no me imagino que hiciera falta llegar a este extremo.
Y, hablando de cosas extrañas, había un helicóptero aparcado en la popa del barco. Aunque sí había ciertos detalles que me llamaban la atención, seguramente estaba dándole demasiadas vueltas. Si los estudiantes llevaban el móvil a la playa, cabía la posibilidad de que se mojara y se estropeara. Y probablemente no querían objetos personales porque les preocupaba que la playa se llenara de basura. Además, si alguien enfermaba de repente, el helicóptero estaría ahí para evacuarlo, ¿no?
Pronto llegaría nuestro turno de pasar la inspección y bajar por la pasarela. Aún no era consciente de que aquel lugar iba a convertirse en la frontera entre el cielo y el infierno.

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Classroom of the Elite (Novela)
Capítulo 97
Classroom of the Elite (Novela) Capítulo 96
Estás leyendo el capítulo 96 de Classroom of the Elite (Novela), un novela. Kiyotaka Ayanokouji se ha inscrito en la Preparatoria Metropolitana de Educación Avanzada, donde se dice que el 100% de los estudiantes van a la universidad o encuentran empleo. Pero termina en Clase 1-D, que está lleno… Este capítulo tiene publicado el 26 de abril de 2026, Traducido por el grupo Koko88. Classroom of the Elite (Novela) tiene 159 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.