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Leer Classroom of the Elite (Novela) Capítulo 152 online gratis en español

🏴 Grupo: Koko88✍️ Traducción: Koko88
A veces, un ruido grave y pesado resonaba por todo aquel nivel oscuro. Tal vez era el sonido del barco cambiando de rumbo, o quizá se debía a que había chocado contra algo. No estaba del todo seguro. Pero una chica llegó sola a aquel lugar, donde lo único que podía oírse era el sonido de las máquinas. —¿Qué pasa? No puedo conectarme a… No hay señal. Todavía faltaban más de diez minutos para la hora acordada con Hirata. Quizá había llegado un poco antes para calmarse. Después de darse cuenta de que no podía usar el móvil, volvió a guardárselo en el bolsillo y se apoyó contra la pared, aparentemente aburrida. Cerró los ojos y abrió ligeramente la boca, murmurando algo para sí misma. Murmuraba tan bajo que no pude oírla en absoluto. ¿De qué estaba hablando? Por desgracia, Hirata no iba a escucharlo. Cuando dieron las cuatro, la puerta se abrió. Oí el sonido sordo que hizo. Tres chicas de la Clase C entraron: Manabe y sus amigas. Espera… Había otra persona con ellas. Parecía tímida, bastante parecida a Sakura. Probablemente era Rika. —Está bien —dijo Manabe. Entonces vio a Karuizawa. Naturalmente, Karuizawa también se dio cuenta de su presencia. —¿Q-qué hacéis aquí? —preguntó, temblando. Los pasillos del interior del barco eran estrechos, así que no había muchas vías de escape. Huir sería difícil. —Solo te he visto entrar aquí, eso es todo. Bueno, supongo que es la oportunidad perfecta. Deja que te la presente. Esta es Rika. ¿La recuerdas, Karuizawa-san? —preguntó Manabe. Manabe agarró a Rika, que se escondía detrás de ella, y la empujó hacia delante. Ella y Karuizawa quedaron frente a frente. Karuizawa apartó la mirada, fingiendo que no la conocía, pero a juzgar por su comportamiento era obvio que la recordaba. —Oye, Rika. Karuizawa-san fue quien te empujó, ¿verdad? —preguntó Manabe. —Sí, fue ella —dijo Rika. Tras oír una respuesta tan clara, Manabe sonrió, más satisfecha que nunca. Karuizawa, por el contrario, parecía cada vez más ansiosa y confundida. Lo único que podía hacer ahora era quedarme callado y observar los miserables acontecimientos que estaban a punto de desarrollarse. Aunque Karuizawa fuera sometida a una experiencia todavía más lamentable de lo que yo pudiera imaginar, no tenía intención de salvarla. —Discúlpate con Rika —exigió Manabe. —¿E-eh? ¿Quién va a disculparse? Yo no he hecho nada malo —dijo Karuizawa. —Sigues haciéndote la dura. Menuda pieza estás hecha, ¿eh? Pero creo que ahora lo entiendo, más o menos —soltó Manabe. —¿Entender qué? —preguntó Karuizawa. —Tu comportamiento. Eres extrañamente miedosa. Karuizawa-san, a ti te acosaban, ¿verdad? —¿Qu…? Había intentado ocultar la verdad, pero su pasado la había alcanzado. —He dado en el clavo, ¿verdad? Lo sabía. Lo noté desde el principio —continuó Manabe. —¡No, te equivocas! Karuizawa lo negó, pero sus palabras sonaron débiles. Aunque hubiera sido una actriz excelente, no habría servido de nada. No era que Manabe fuera especialmente perspicaz ni nada por el estilo. Lo sabía porque yo se lo había contado todo de antemano. Le había contado que Karuizawa había sufrido un acoso cruel desde la infancia. Que cargaba con un trauma profundo. —Si ahora te arrodillas y suplicas, quizá te perdone. ¿Qué me dices? Quiero decir, se te da bien arrastrarte, ¿no? Ponerte de rodillas —se burló Manabe. —¡N-no, no pienso hacerlo! ¡Nunca he hecho algo así! —gritó Karuizawa. Karuizawa intentó pasar junto a Manabe, pero Manabe le agarró el pelo largo y tiró de ella hacia atrás, estampándola contra la pared. Manabe estaba convencida de que el escenario para su venganza ya estaba preparado, así que no podía controlarla aquí. Al fin y al cabo, yo solo había prometido que se «reuniría» con Karuizawa. Debería haber dudado sobre si usar la violencia. Sin embargo, cuando por fin tuvo la oportunidad de quedarse a solas con Karuizawa, dejó de lado cualquier otra preocupación. Como sus amigas esperaban que se vengara de Karuizawa, no podía imaginar que aquello terminara hasta que Manabe hubiese administrado una buena dosis de castigo. Eso era precisamente lo que yo buscaba. Era como el experimento de Milgram, un estudio psicológico llevado a cabo en la década de 1960. La prueba, también conocida como el experimento de Eichmann, se realizó con dos grupos de personas en una instalación aislada. Los miembros de esos dos grupos asumían el papel de profesor o de alumno. Primero, la persona que hacía de profesor —el sujeto del experimento— administraba una descarga eléctrica leve al alumno para que recordara el dolor y el miedo asociados a ella. Después, el alumno era separado del profesor y colocado al otro lado de un cristal. En el lado del alumno se instalaba un dispositivo que supuestamente transmitía la descarga eléctrica, mientras que el interruptor para aplicarla quedaba en manos del profesor. En ese momento, el supervisor del experimento ordenaba al profesor que planteara una serie de problemas al alumno. Si el alumno cometía un error, se le indicaba al profesor que activara la corriente eléctrica. Al profesor se le decía que aumentara el voltaje cada vez que el alumno respondiera mal. El interruptor podía administrar descargas de más de cuatrocientos cincuenta voltios, una potencia suficiente para resultar mortal. Por otro lado, la descarga administrada por la primera respuesta incorrecta era de solo cuarenta y cinco voltios, lo que equivalía a un leve picor. El sujeto podía oír la voz del alumno, lo que significaba que, cada vez que se aplicaba una descarga, el profesor podía escuchar sus gritos de agonía. Sin embargo, sin que el sujeto lo supiera, el dispositivo de descargas instalado en el lado del alumno era falso. El alumno solo fingía estar siendo electrocutado. Aun así, el profesor podía oír su sufrimiento. Al principio, apenas había reacción. A medida que el voltaje aumentaba, los gritos agónicos del alumno se volvían más fuertes. Finalmente, el alumno guardaba silencio. El sujeto, el profesor, no era amenazado. Solo se le decía que recibiría una recompensa y que era libre de hacer lo que quisiera. En otras palabras, aunque el profesor pidiera abandonar la prueba, no le pasaría nada. A pesar de eso, casi el 66 % de los sujetos aumentaron el voltaje hasta administrar descargas eléctricas lo bastante potentes como para matar a alguien. El experimento demostró que, dependiendo de las circunstancias, cualquiera era capaz de una crueldad y una brutalidad increíbles. —¡Ay, ay! ¡Duele! ¡Suéltame! —gritó Karuizawa. Karuizawa lloraba mientras le tiraban del pelo y suplicaba, pero Manabe solo se reía como si lo estuviera disfrutando. Ahora mismo, estaban en el nivel más bajo del barco, un entorno cerrado. Manabe era el sujeto, y Karuizawa, la alumna. Había logrado preparar el escenario para una situación parecida al experimento de Milgram. Aunque pudiera decirse que las condiciones no eran exactamente las mismas, teniendo en cuenta la relación que habían desarrollado aquellas dos, la situación se parecía bastante al experimento original. Ver sufrir a Karuizawa, sobre todo después de su comportamiento arrogante, seguramente les resultaba placentero. —¡Agh! —gritó Karuizawa. —Vaya, Shiho. ¿No crees que la estás golpeando un poco demasiado? Madre mía, qué dura eres. Manabe siguió clavándole la rodilla en el estómago a Karuizawa. Por supuesto, Manabe no estaba acostumbrada a golpear a alguien así, de modo que sus movimientos eran torpes. No debía de doler demasiado. Pero el dolor de Karuizawa era la mayor recompensa de Manabe. Aparentemente de muy buen humor, invitó a Rika a unirse. Rika había estado observando con ansiedad desde cierta distancia. —Vamos, Rika. Pruébalo tú también —la animó Manabe. —N-no. Estoy bien —respondió Rika. —Estamos haciendo esto por ti, ¿no? Vamos, no hay nadie cerca —replicó Manabe. Rika quería negarse a vengarse, pero ahora mismo eso no estaba permitido. Si tu amiga te insistía y te animaba a unirte a la diversión, era difícil seguir negándose. Rika sabía que, si la ira de Manabe se redirigía hacia ella, podría convertirse en la siguiente víctima. —V-vale. Lo intentaré. Se oyó el sonido de una bofetada patéticamente ligera. Plaf. —¿A-así? —preguntó Rika. —No, no, así no sirve de nada. Tienes que ponerle más fuerza, así. ¡Paf! El sonido resonó por toda la sala. Karuizawa pareció sentir dolor tras aquel golpe. Rika volvió a abofetear a Karuizawa una y otra vez, tal como le habían indicado. Sus bofetadas fueron ganando fuerza poco a poco. —¡P-p-parad! —suplicó Karuizawa. —¡Ja, ja! ¡Esto es divertido! ¡Ja, ja! Bueno, quizá era más apropiado pensar en Rika como el sujeto del experimento de Milgram. —¡Por favor, perdonadme! —suplicó Karuizawa. Aunque intentaba mantener la compostura, era evidente que estaba sufriendo. Verla así debía de resultar eufórico para Manabe y las demás. Rika empezó a golpearla y darle patadas con bastante fuerza, hasta el punto de que me costaba creer que alguna vez le hubiera tenido miedo. Además, aunque dejó algunas marcas en lugares fáciles de ver, como las mejillas de Karuizawa, Rika se centró en golpear zonas que normalmente no se verían, como bajo el uniforme o debajo del pelo. Karuizawa se desplomó aterrada, con lágrimas corriéndole por la cara. Me moví sin hacer ruido. Abrí la puerta en silencio, procurando que Manabe y sus amigas no me vieran. Todas seguirían descargando sus frustraciones contra Karuizawa durante un rato más. No me importaba especialmente. Al fin y al cabo, cuando algo queda completamente destruido, me ahorra tiempo y esfuerzo a la hora de reconstruirlo. Cerré la puerta en silencio y dejé de oír los gritos de Karuizawa.
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Classroom of the Elite (Novela) Capítulo 152

Estás leyendo el capítulo 152 de Classroom of the Elite (Novela), un novela. Kiyotaka Ayanokouji se ha inscrito en la Preparatoria Metropolitana de Educación Avanzada, donde se dice que el 100% de los estudiantes van a la universidad o encuentran empleo. Pero termina en Clase 1-D, que está lleno… Este capítulo tiene publicado el 9 de julio de 2026, Traducido por el grupo Koko88. Classroom of the Elite (Novela) tiene 159 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.