arrow_back

Leer Classroom of the Elite (Novela) Capítulo 134 online gratis en español

🏴 Grupo: Koko88✍️ Traducción: Koko88
Después de que Karuizawa monopolizara a Hirata, decidí volver a mi habitación. De todos modos, no tenía a nadie más con quien quedar o hablar. Subí por las escaleras en lugar de coger el ascensor y regresé a mi camarote en la tercera cubierta. Al llegar, me fijé en varias manchas de agua desperdigadas por el suelo del pasillo. Parecía que seguían una dirección… justo hacia mi habitación. Seguí el rastro y descubrí a un hombre elegante avanzando por el corredor, desnudo de cintura para arriba y con solo un bañador puesto. —¡S-señor! ¡Por favor, no camine por el pasillo todavía chorreando! Un joven botones corrió hacia él, claramente decidido a contener aquella situación de emergencia. Ya llevaba una toalla en la mano, excesivamente preparado, como si fuera por ahí siempre con una toalla táctica lista para usar. —¡Ja, ja, ja! Parece que me has encontrado, ¿eh? —dijo el hombre. —Sí, lo he encontrado. Esta es la cuarta vez. Ya se lo he dicho: por favor, sécese antes de salir de la piscina. Si no lo hace, molesta al resto de pasajeros. Al parecer, aquel hombre era reincidente. Eso explicaba la toalla preparada del botones. —¿Molestar? Yo no recuerdo haber molestado a nadie. Desde que alcancé la edad de razón, me niego por principios a secarme con una toalla. ¿No lo había dicho ya? «Un auténtico hombre gotea agua», ¿no? Sí. Aquel hombre era Kouenji. Se echó hacia atrás el pelo mojado, esparciendo gotas de agua por todas partes. El botones se apresuró a secar con la toalla las manchas de la alfombra y de la pared. Kouenji se detuvo. Me pregunté si estaría disfrutando con el nerviosismo del botones. —¿Tienes papel y bolígrafo a mano? —preguntó. —¿Eh? A-ah, bueno… por la naturaleza de mi trabajo, sí que suelo llevar una libreta y un bolígrafo, pero… Sin tener ni idea de adónde quería llegar aquella conversación, el botones sacó un bolígrafo con cierto temor. —¿Sabías que la firma de una celebridad importante puede adquirir con el tiempo un valor inesperadamente alto? En el extranjero, algunos autógrafos llegan a valorarse en millones, incluso en decenas de millones. —¿Y… eso qué tiene que ver? Después de garabatear algo en la libreta, Kouenji se la devolvió al botones. Estaba algo lejos, pero alcancé a distinguir el nombre «Kouenji Rokusuke». —¿Q-qué es esto? —¿No es obvio? Un autógrafo. Aunque esté escrito en una libreta tan barata, en el futuro tendrá, sin duda, un valor inmenso. Te lo entrego como muestra de agradecimiento por tus molestias. Acéptalo con gratitud y consérvalo bien. Por lo visto, Kouenji creía de verdad que el botones lo recibiría agradecido, o incluso con cierta devoción reverencial. Pero nadie en su sano juicio querría aquello. De hecho, probablemente valían más el bolígrafo y la libreta que la firma. —No pongas esa cara de sospecha. Soy el hombre que cargará sobre sus hombros el futuro de Japón. Cuando llegue ese día, pasaré mis vacaciones en un barco aún más grande, aunque estoy dispuesto a esperar hasta entonces. Por supuesto, será un crucero de un nivel muy superior a esta embarcación corriente en la que navegamos ahora. Bueno, un crucero de lujo seguía siendo un crucero de lujo. Personalmente, yo me daba por satisfecho con que no estuviera destinado a hundirse como el Titanic. Kouenji soltó una risotada, satisfecho consigo mismo. El botones, completamente atónito, siguió mirando las manchas de agua del suelo. Había perdido por completo la voluntad de seguir intentando detener a aquel hombre. Kouenji estaba siempre solo porque nuestros compañeros evitaban acercársele, asqueados por su personalidad exageradamente egoísta. Muchos de ellos ya habían vivido en carne propia lo mismo que estaba padeciendo aquel pobre botones. Hirata seguramente intentaría hablar con él, pero lo más probable era que también acabara rechazado. Kouenji era como un veneno. Todo el que se cruzaba con él, amigo o enemigo, salía perjudicado. Para evitar verme arrastrado a algo tan molesto, intenté escabullirme junto a ellos. Acercarse demasiado a alguien de tan alto rango era peligroso. —¿Oh? Pero si es el pequeño Ayanokouji, ¿no? Qué coincidencia. Uf. Kouenji dijo mi nombre. No podía estar hablándome de verdad, ¿no? En cuanto el botones advirtió que la atención de Kouenji se había desplazado hacia mí, pareció llenarse de alegría. Su expresión decía claramente: ¡Por fin soy libre! No, no. ¿Cómo podía reaccionar así un miembro de la tripulación? Debería seguir atendiendo al cliente, por muy molesto que fuera. Era como si alguien soltara en el río a su mascota sin permiso. Y más aún si ese pez era una especie invasora y feroz como Kouenji, capaz de devorar a todos los peces autóctonos hasta no dejar ni uno. —¿Quieres algo de mí? —pregunté. —No, no, no tengo nada en particular contigo. Simplemente te he reconocido porque somos compañeros de escuela. Además, aunque desde luego no estamos al mismo nivel, eres mi compañero de camarote. Kouenji volvió a apartarse el pelo, lanzando otra lluvia de gotas que me salpicaron la cara y el uniforme. Por supuesto, no parecía ser mínimamente consciente de lo que estaba haciéndoles a sus víctimas. Mientras yo sufría aquello, el botones observaba la tragedia con una sonrisa. Sí, sí, comprendo perfectamente tu dolor… o más bien no, parecía decir. —Bueno, me retiro. Por favor, ten más cuidado a partir de ahora. Con ese golpe final, el botones se escabulló, habiendo cumplido apenas con lo mínimo exigible de su trabajo. Claro que, por mi parte, tampoco me hacía ninguna gracia quedarme a solas con Kouenji. —¿De qué estabais hablando, Kouenji? —pregunté. Por un instante, la expresión del botones se torció con enfado, pero en cuanto Kouenji se volvió, su sonrisa regresó. Parecía Asuraman o algo así. —Ah, um… Bueno, como puede ver, estaba mojado. He intentado ofrecerle una toalla, y… —O sea, que estabas llamándole la atención. Debo de haberos interrumpido, así que me iré y os dejaré seguir con lo vuestro. Por decirlo de algún modo, le devolví la pelota al botones en forma de recta endiablada que lo aplastó y me dio a mí la oportunidad de escapar. —¿Este botones ha venido a llamarme la atención? —exclamó Kouenji. —Ah, no. Bueno, o sea, quiero decir… Aproveché para huir de Kouenji y volver hacia mi habitación. —Pero si voy allí, acabaré topándome otra vez con Kouenji, ¿no? —murmuré. Mi habitación iba camino de dejar de ser un santuario para convertirse en un infierno. Durante el viaje ya me había quedado a solas con Kouenji varias veces, y cada experiencia había resultado insufriblemente incómoda. Como no quería volver a enfrentarme a ese ambiente tan raro, me di la vuelta. Todavía no regresaría al camarote. Volvería más tarde, cuando estuvieran allí Hirata y Yukimura, mis otros compañeros de habitación. En un panel cercano había un mapa del barco bastante fácil de entender. Puede que el hecho de tenerlo enmarcado en dorado fuese algo excesivo, pero también le daba ese aire propio de un crucero de lujo. Tracé mentalmente una ruta con la que matar bastante tiempo y me subí enseguida al ascensor. Bajé en la segunda cubierta. El barco tenía nueve cubiertas en total, además de la azotea. La quinta estaba por encima del nivel del mar y la cuarta por debajo. En la primera cubierta se encontraban tanto el salón como la zona de banquetes, mientras que en la azotea estaban la piscina, la cafetería y otras instalaciones. La tercera y la cuarta cubiertas estaban destinadas a los camarotes. Los chicos estábamos en la tercera; las chicas, en la cuarta. Los chicos y las chicas, profesores incluidos, estábamos ordenadamente separados. Aun así, no había restricciones especiales en nuestros movimientos, así que un chico podía pasearse sin problemas por la zona de las chicas. Supuse que lo que estaría prohibido sería quedarse allí demasiado tiempo o entrar después de medianoche. El barco también contaba con distintos tipos de entretenimiento, como cine y teatro en directo. Todo eso se extendía desde la primera planta subterránea hasta la tercera. En la cuarta planta subterránea —la más baja de todas, en el fondo del barco— había algo parecido a una sala de cuadros eléctricos o de distribución. Aquella zona, en concreto, no tenía ninguna relevancia para los estudiantes. El salón abría las veinticuatro horas del día. Podíamos ir allí a cualquier hora, por tarde que fuese, pero había un aviso de la escuela recomendándonos que evitáramos hacerlo en la medida de lo posible. Mientras atravesaba la zona de la segunda cubierta, me di cuenta de que el ambiente allí era bastante distinto. Las salas parecían vacías y no lograba deducir para qué se usaban. Había tan pocos estudiantes en los pasillos que aquello daba la impresión de estar desierto. Justo entonces, el móvil me vibró en el bolsillo. Lo saqué y vi que había recibido una llamada. Era una chica en concreto. Me venía de perlas, porque pensaba matar el tiempo de todos modos. Como no tenía ninguna razón para rechazarla, descolgué encantado.
Classroom of the Elite (Novela)

Continúa leyendo

Classroom of the Elite (Novela)

Capítulo 135

Siguiente Capítulo ›

Classroom of the Elite (Novela) Capítulo 134

Estás leyendo el capítulo 134 de Classroom of the Elite (Novela), un novela. Kiyotaka Ayanokouji se ha inscrito en la Preparatoria Metropolitana de Educación Avanzada, donde se dice que el 100% de los estudiantes van a la universidad o encuentran empleo. Pero termina en Clase 1-D, que está lleno… Este capítulo tiene publicado el 6 de mayo de 2026, Traducido por el grupo Koko88. Classroom of the Elite (Novela) tiene 159 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.