Leer Classroom of the Elite (Novela) Capítulo 133 online gratis en español
🏴 Grupo: Koko88✍️ Traducción: Koko88
Habían pasado tres días desde el final de aquella prueba especial en la isla.
A bordo del lujoso crucero que nos había proporcionado la Preparatoria de Educación Avanzada no había ocurrido nada especialmente emocionante desde entonces, así que disfrutábamos de aquel respiro.
Era evidente que pasar tanto tiempo en una isla desierta había trastornado a un grupo de estudiantes jóvenes y rebosantes de energía como nosotros. Los chicos éramos, básicamente, bestias: carnívoros salidos. Mientras observábamos a las chicas charlar y perder el tiempo como si fueran herbívoras, nosotros aguardábamos una oportunidad como los depredadores que éramos.
Aquel crucero de lujo, equipado con absolutamente de todo, parecía un sueño hecho realidad. Este viaje nos permitía olvidarnos de todo lo desagradable. No habría tenido nada de extraño enamorarse allí. Corría el rumor de que muchas parejas se habían formado durante el viaje.
Por desgracia, eso no iba a pasarme a mí.
Yo llevaba una vida más bien solitaria.
La prueba no había cambiado mi situación… No, eso no era del todo cierto. Mi entorno había empezado a cambiar. Muy a mi pesar, me habían obligado a corregir el rumbo de forma importante. Yo había entrado en esta escuela por un motivo muy concreto.
«Queda prohibido el contacto con cualquier persona del exterior hasta la graduación».
Esa norma fue la razón por la que me matriculé aquí. Sin embargo, cierto hombre había estado intentando ponerse en contacto conmigo por la fuerza. Eso fue lo que me dijo Chabashira-sensei, mi tutora. Después, me amenazó con expulsarme de este paraíso si me negaba a trabajar para llegar a la Clase A. Aunque no había hecho nada escandaloso, una criatura indefensa como yo no tenía más remedio que aceptarlo. No sabía si decía la verdad o mentía. Así que no me quedó otra que asumir que era cierto.
Aun así, no pensaba bailar eternamente al son de mi tutora. Mientras reunía la información necesaria, consideré que quizá tendría que pasar a la acción. Un pequeño diablo posado en mi hombro me susurró al oído: Más vale ir a por ellos antes de que ellos vayan a por ti. Me puse a pensar en todas las maneras posibles de forzar su dimisión. Mmm.
Pero aquel pensamiento inquietante apenas duró un segundo.
Mi mente volvió enseguida a su habitual estado en blanco.
—_Uf_. Ojalá tuviera el poder de hacer girar yo mismo la Tierra sobre su eje…
Si pudiera hacerlo, viviría a mi aire, sin tener que preocuparme por minucias. Miré por la ventana y me quedé fantaseando con Dragon Ball. Ya habían pasado tres días desde el final de la prueba. Justo después de que terminara aquel examen de supervivencia, la mayoría de los estudiantes había estado en guardia. Se movían con cautela, por si la escuela tramaba algo.
Pero no había señales de ninguna mala jugada.
Todo era tranquilo y apacible, como si las vacaciones de verano hubieran empezado de verdad y aquello se hubiera convertido en un viaje real, agradable y divertido. Los estudiantes empezaron a relajarse y a comportarse como si la prueba hubiera terminado de verdad. Creían que aquella segunda semana era puro descanso. Todos se fueron volviendo cada vez más despreocupados.
Y, sin embargo, bajo esa calma exterior seguíamos manteniendo cierta alerta. Saber relajarse también puede ser una fortaleza.
—¿Hm? ¿No habrás estado todo el rato metido en la habitación, verdad?
Hirata Yousuke, uno de mis compañeros de camarote, me sacó de mi ensimismamiento mientras yo contemplaba el mar.
—No tengo ningún motivo especial para salir. Tampoco tengo a nadie con quien quedar.
—Eso no es verdad. Quiero decir, tienes a Sudou-kun y a los demás, y también a Horikita-san.
Era cierto que esas personas me habían metido en la categoría de «amigo», y yo había hecho lo mismo con ellas. Pero los que están en el estrato más bajo de esa categoría reciben un trato distinto del de los amigos mejor posicionados. Cuando alguien quiere quedar, a los amigos de bajo rango solo los invitan un diez por ciento de las veces. Y, naturalmente, yo era ese amigo de poca monta.
—A lo mejor harías más amigos si fueras un poco más proactivo, Ayanokouji-kun. Aunque supongo que no es asunto mío.
Hirata era muy popular y admirado por muchos estudiantes. Todas las chicas lo adoraban, y además tenía novia: Karuizawa. Un hombre con tanta felicidad encima probablemente no podía entender la punzada de la soledad.
—Eres un buen tío, Ayanokouji-kun. Creo que solo te falta la oportunidad adecuada.
No necesitaba unas palabras tan amables y crueles a la vez. No necesitaba oír cosas del tipo: «Ah, pero he oído que eres genial», porque si yo respondiera: «Entonces, ¿quieres salir conmigo?», ellas dirían: «Bueno, tanto como eso…». No, gracias. Paso tiempo solo porque no puedo hacer amigos ni echarme novia. Pedazo de idiota.
—He quedado con Karuizawa-san y las demás a las doce y media para comer. ¿Quieres venir? Creo que lo pasaríamos muy bien.
—¿Karuizawa y las demás? —pregunté.
—Sí. Van a venir unas tres chicas más. ¿Te apuntas?
Tuve que pensarlo.
Si soy sincero, llevaba tiempo queriendo relacionarme un poco más con Karuizawa. Pero tampoco había necesidad de precipitarse. Además, si había otras chicas, mejor olvidarse de siquiera iniciar conversación. No me imaginaba siendo capaz de animar el ambiente. Más bien, seguramente lo enfriaría.
—Paso. No diría que me lleve especialmente bien con el grupo de Karuizawa.
Desde que terminó el primer trimestre, las relaciones dentro de la clase ya habían quedado bastante definidas. ¿Cómo iba a ponerme ahora a construir amistades con otras personas? Ya podía imaginarme la cara de asco de Karuizawa y las otras.
Aunque no entendía del todo mi miedo a relacionarme con los demás, Hirata se sentó a mi lado.
—Entiendo que te dé reparo. Precisamente por eso quiero que cuentes conmigo.
Hirata lucía su eterna sonrisa optimista. Aunque agradecía la oferta, negué con la cabeza.
—Te quedan diez minutos escasos antes de quedar con ellas. Será mejor que me dejes aquí.
—No hace falta correr tanto. Además, me gusta pasar tiempo contigo.
Solo los dos. Sentados juntos en la cama. Hirata se volvió hacia mí con una expresión seria. Si en ese momento me empujaba suavemente hacia atrás, la cosa se pondría rara.
—Bueno, la idea no me disgusta especialmente, pero… ¿no habías quedado ya con Karuizawa?
—Con Karuizawa-san y las demás puedo comer cualquier día, pero contigo apenas he tenido ocasión de hacerlo, Ayanokouji-kun.
Lo normal sería que cualquier chico hiciera lo que fuera por tener la oportunidad de comer con una chica. Mentalidad masculina estándar. Pero Hirata parecía perfectamente capaz de priorizar sin vacilar una comida con otro chico. Lo suficiente como para hacerme sospechar. Quizá tiraba «por ahí». Hirata servía para todo con una naturalidad irritante, pero nunca hacía nada sin motivo.
—Luego me sentiré mal si Karuizawa te lo reprocha.
Intenté rechazarlo con suavidad, pero debió de tocarle la fibra sensible. Me pregunté si Hirata me vería como un cervatillo recién nacido incapaz de dar ni un paso.
—No te preocupes. No creo que Karuizawa-san sea de las que guardan rencor.
No, no. Karuizawa sí que parecía exactamente de ese tipo. Aunque delante de Hirata fingía ser amable, con las demás chicas era bastante mandona. Me pregunté si Hirata la habría clasificado como «no es de esas». Me recordó a aquel profesor de Yomawari Sensei que mostraba compasión por alumnos problemáticos.
—Vale. Hoy cancelaré lo de Karuizawa-san.
Hirata sacó el móvil para llamarla. Intenté detenerlo, pero me lanzó una mirada.
—¿Te apetece comer algo en particular?
—Puedo comer casi cualquier cosa, supongo. Aunque preferiría evitar algo pesado —murmuré.
En el crucero había muchos restaurantes. La oferta iba desde comida basura, como ramen o hamburguesas, hasta cocina francesa. Como aún era mediodía, me apetecía algo ligero. Oí a Hirata decirle a Karuizawa, en tono tajante, que cancelaba sus planes. No podía escuchar bien la voz de ella, pero Hirata colgó de forma bastante seca.
—¿De verdad estás seguro de esto? —pregunté.
—Claro. Bueno, ¿vamos a la cubierta? Si solo quieres algo ligero, será más cómodo comer allí.
Hirata abrió la puerta como si me guiara, mientras yo seguía relajado sobre la cama. Estaba siendo tan atento como siempre, pero sacarme de allí cuando yo no mostraba demasiado entusiasmo resultaba extraño. En el caso de Hirata, que normalmente sabía leer cualquier situación a la perfección, aquella insistencia se sentía incluso un poco forzada. Lo más probable era que tuviera un motivo oculto.
—Gracias por lo de la isla desierta. Siento no haberte dado las gracias como es debido por ayudar a encontrar al culpable, Ayanokouji-kun.
—No hace falta que te disculpes. Ni siquiera fui útil. Horikita fue quien encontró a la ladrona de ropa interior.
—Aun así, te agradezco que ayudaras.
Ya que había salido el tema de aquel incidente, había algo que quería preguntarle. Miré alrededor para asegurarme de que estábamos solos y saqué el asunto.
—Karuizawa recuperó la ropa interior, ¿no? —pregunté.
—Sí. En cuanto se supo que la culpable era Ibuki-san, todo fue sobre ruedas.
En la isla le robaron la ropa interior a Karuizawa y durante un tiempo aquello causó un buen revuelo. Como las prendas aparecieron en la bolsa de un chico, la relación entre los chicos y las chicas de la Clase D se quedó en una situación delicadísima. Pero Hirata supo reaccionar con rapidez y ocultó la ropa interior. Gracias a eso, las cosas se calmaron. La verdad, me alegré muchísimo. Había sido una maniobra muy delicada, así que no pude evitar impresionarme. A pesar de sus habilidades, yo había pensado a medias que Hirata acabaría metiendo la pata al devolverla.
La forma discreta y serena en que resolvió aquel lío demostraba que estaba subiendo poco a poco la escalera hacia la madurez.
Cogimos el ascensor del barco hasta la cubierta superior. Muchos de nuestros compañeros parecían estar disfrutando al máximo de sus vacaciones de verano. En la piscina se veía a chicos y chicas en bañador jugueteando sin vergüenza alguna. La atmósfera cargada y tensa que había pesado sobre nosotros durante la prueba se había disipado por completo.
Aquel espectáculo de desenfreno venía del deseo liberado de los estudiantes, que había permanecido reprimido en la isla. No hacía falta usar puntos para ninguna de las instalaciones del crucero, ni para la comida ni para la bebida. Todo era gratis. Nadie tenía necesidad de contenerse. Había que pedir prestados bañadores y cierto equipamiento, pero poco más. Aquello era el paraíso.
Cuando llegamos al restaurante, más de la mitad de las mesas ya estaban ocupadas. Nos abrimos paso entre la gente y conseguimos sentarnos en dos asientos libres.
—La verdad es que hay algo sobre lo que me gustaría pedirte consejo.
Hirata habló en un tono ligeramente apurado mientras bajaba la vista al menú.
—¿Consejo?
Así que sí tenía una intención oculta, después de todo. Seguramente por eso había querido comer conmigo. Bueno, se lo agradecía. No iba a ponerme exquisito por el motivo de una invitación.
—No creo que yo sea la persona más indicada para pedir consejo. ¿Puedes resumírmelo?
No era precisamente un gran conversador ni un gran oyente, pero Hirata me habría escogido por alguna razón.
—Quería pedirte que hicieras de puente para acercarme a Horikita-san. A partir de ahora la Clase D va a tener que unirse y esforzarse de verdad, y creo que Horikita-san será indispensable.
Así que quería hablarme de eso, ¿eh? Cuando asentí, Hirata siguió hablando con seguridad.
—El otro día, la Clase D recibió un gran impulso gracias a Horikita-san. La moral de la clase ha subido muchísimo y, sobre todo, ha aumentado el número de personas que la admiran. Esta es una gran oportunidad.
—Bueno, supongo que sí.
Horikita Suzune era una alumna de la Clase D y la primera amiga que hice al empezar el curso. Yo también fui su primer amigo, pero ella era una persona solitaria y distante. Era una estudiante excelente, sobresaliente tanto en lo académico como en lo físico. Su punto débil era su carácter arisco e independiente. No se implicaba con nadie por culpa de su actitud altiva, y no se le daba bien relacionarse.
—Por eso creo que ahora debería intentar llevarse bien con todos. Si cooperara con nosotros, creo que podríamos llegar a la Clase C, luego a la B… No, incluso a la A.
Si eso lo hubiera dicho otra persona, habría sonado falso, pero Hirata llevaba alabando a Horikita desde que empezó el curso. Había percibido su potencial desde el principio y no parecía tenerle ninguna antipatía. No me importaba echarle una mano. La tarea en sí era simple. Como mínimo, podía acercar a Hirata y a Horikita, aunque seguramente eso no bastaría para resolver el problema de fondo.
—Pero aunque consiga juntaros, no va a ser tan fácil. Horikita es complicada.
Si yo le pedía que suavizara su actitud, me mandaría a paseo. Si creyera que intento manipularla, la cosa podría acabar en desastre. Pondría aún más distancia. La forma en que reaccionó al intento de Kushida de hacerse amiga suya en la cafetería, durante el primer trimestre, era la prueba.
—Sí, claro que lo entiendo. Horikita-san solo se abre contigo, Ayanokouji-kun. No quiero forzar su confianza. Por eso quería explicarte mis intenciones, para que hables tú con ella. Y luego finge que nunca te he dicho nada.
Así que me tocaba ser el susurrador de Horikita, ¿no? Yo haría de intermediario, llevándole a Horikita las opiniones de Hirata. Si lo hacía, Horikita acabaría colaborando con él sin siquiera darse cuenta.
—Si creyera que me va a escuchar, todo sería mucho más simple. Pero no será tan fácil. Normalmente solo sigo la corriente de lo que dice Horikita. Nunca le he impuesto de verdad mi opinión. Si de pronto empiezo a hablarle con firmeza, le parecerá sospechoso. Y si descubre que en realidad es tu opinión, creo que se cerrará del todo.
—Pero ahora mismo no se me ocurre otra cosa. No creo tener la confianza necesaria para hablar con Horikita-san y menos aún para convencerla. Esto es mi último recurso.
—¿No te parece un poco pronto para recurrir al último recurso?
Hirata quería claramente unir fuerzas con Horikita, pero tendría que encararla directamente. Entendía que le resultara difícil, pero coordinar a un grupo de personas también lo era. Seguramente la propia Horikita estaría de acuerdo. En toda la clase no había nadie que valorara la amistad y la cohesión tanto como Hirata.
Yo seguía sin tener del todo claro su plan. Daba la impresión de que había perdido seguridad y empezaba a dudar de sí mismo. Además, ya había notado que Hirata se comportó de forma extraña en la isla. No era un tema sin importancia.
Pedí un sándwich ligero y una bebida. Cerca de nosotros, algunos estudiantes se bañaban en la piscina, mientras otros comían todavía en bañador. Todo el mundo parecía estar pasándoselo bien. Si Ike y Yamauchi estuvieran allí, probablemente habrían ignorado la comida para dedicarse a deleitarse con las chicas. Hirata, en cambio, ni siquiera las miraba; mantenía la atención fija en mí.
—Sí, puede que tengas razón, Ayanokouji-kun. Mi idea ha sido bastante precipitada.
Reconoció su error de juicio y reaccionó con sinceridad y flexibilidad. Otro de los muchos encantos de Hirata. Aun así, su deseo de colaborar con Horikita era tan fuerte que no daba señales de rendirse.
—Supongo que tendré que replantearme cómo hacerlo. Horikita-san parece muy quisquillosa y bastante crítica con todo. ¿Cómo haces tú para llevarte bien con ella, Ayanokouji-kun?
Hirata quería hacerse amigo de Horikita antes incluso de establecer una relación de cooperación. En el fondo, yo pensaba que lo correcto era que se enfrentara a ella directamente. Era lo más constructivo, y me apetecía echarle una mano, pero…
—La verdad es que no creo que Horikita y yo nos llevemos especialmente bien. Últimamente incluso me he preguntado si de verdad se nos puede llamar amigos.
—Pero da la impresión de que Horikita-san solo se lleva bien contigo, Ayanokouji-kun. Eres alguien especial para ella.
Especial, ¿eh? Costaba creer que alguien con más de cuarenta amigos dijera eso de otra persona que apenas se entiende con una sola. O quizá precisamente porque se llevaba bien con tanta gente, Hirata sentía más frustración por no lograr conectar con una alumna concreta.
—No hace falta ir con prisas, ¿no? El primer trimestre acaba de terminar.
Los vínculos entre personas, en esencia, se fortalecen con el paso del tiempo. A veces puedes meter a la gente de golpe en una situación dura, como aquella prueba en la isla, y ver cómo ese vínculo se refuerza de la noche a la mañana. Claro que un avance tan repentino también puede dar lugar a relaciones frágiles.
—Horikita no es de las que hacen amigos con facilidad.
Quería que Hirata entendiera eso.
—Probablemente tengas razón.
Hirata pareció algo arrepentido. Quizá sentía que estaba volviendo a precipitarse.
—No estaba pensando en cómo se sentiría ella. Solo estaba pensando en mí.
Hirata se sacudió su ensimismamiento. Después volvió a sonreír.
—Perdona. Te he invitado a comer y al final lo he convertido en una conversación sobre mí. Bueno, comamos, ¿te parece?
Con eso, empezamos a comer lo que acababa de llegar. Sin embargo, Hirata alzó la vista y pareció darse cuenta de que alguien se acercaba. Me lanzó una mirada desconcertada.
—Ah, así que estabas aquí, Hirata-kun. ¡Vamos a comer juntos!
Karuizawa apareció guiando a un grupo de chicas. Sonaba alegre y despreocupada.
—Eh… Karuizawa-san, creía que había cancelado nuestros planes…
Hirata tartamudeó, inseguro. Mientras tanto, Karuizawa y las demás cogieron sillas de otra mesa, me apartaron de en medio y rodearon a Hirata. Nuestra tranquila comida pasó a ser un caos ruidoso en cuestión de segundos. Yo no era precisamente una persona habladora, así que tampoco me preocupé demasiado.
Ya estaba acostumbrado a este tipo de situaciones.
Probablemente había llegado el momento de usar esa habilidad especial que había adquirido desde que empezó el curso: mi «Huida Relámpago». Cogí la comida y me levanté en silencio, sin hacer ruido. Por un instante, los ojos de Hirata se cruzaron con los míos, pero las chicas cerraron filas a su alrededor y desapareció de mi vista.
Supongo que esa era una de las pocas desventajas de tener tantos amigos. Como dedicas tanto tiempo a los demás, apenas te queda tiempo para ti mismo. Aunque Hirata tuviera problemas rondándole la cabeza, no podía hablar de ellos con Karuizawa y las demás. Tenía que seguir cargándolos en silencio dentro de sí.

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Classroom of the Elite (Novela) Capítulo 133
Estás leyendo el capítulo 133 de Classroom of the Elite (Novela), un novela. Kiyotaka Ayanokouji se ha inscrito en la Preparatoria Metropolitana de Educación Avanzada, donde se dice que el 100% de los estudiantes van a la universidad o encuentran empleo. Pero termina en Clase 1-D, que está lleno… Este capítulo tiene publicado el 5 de mayo de 2026, Traducido por el grupo Koko88. Classroom of the Elite (Novela) tiene 159 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.