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Leer Classroom of the Elite (Novela) Capítulo 124 online gratis en español

🏴 Grupo: Koko88✍️ Traducción: Koko88
Me impulsé sobre el suelo empapado y salí corriendo tras Ibuki. El tiempo era un problema de lo más molesto. Si empeoraba mucho más, podía quedarme atrapado o sufrir algún accidente. Además, el hecho de que el sol estuviera poniéndose antes de lo que había previsto hacía difícil avanzar sin una linterna. Los chaparrones intermitentes se volvieron todavía más intensos, y el viento empezó a rugir con más violencia. El tiempo era negativo por todos lados. No tenía ni un solo punto a favor. Debido a la lluvia torrencial, apenas podía ver unos pocos metros por delante. Además, si me metía por cualquiera de los caminos secundarios, seguramente acabaría perdiéndome. Por suerte, dos pares de huellas seguían marcados en el barro y facilitaban seguir su rastro. Sin embargo, las huellas se detuvieron de repente. No, mirándolo mejor, no se detenían; continuaban más adentro del bosque. El hecho de que las huellas hubieran dado un giro brusco de repente significaba que no se habían perdido, sino que se habían internado en el bosque a propósito. Cuando enfoqué con la linterna hacia la espesura, vi que ambos pares de huellas se adentraban cada vez más. No había ninguna razón para meterse deliberadamente en un lugar tan peligroso. Por si acaso, iluminé también la ruta que llevaba a la playa, pero allí no había huellas. El terreno estaba limpio. Me aparté de la frente la lluvia que resbalaba por el flequillo y seguí las huellas hacia el interior del bosque. Naturalmente, la visibilidad empeoró aún más. Era como si ya hubiera caído la noche. La atmósfera resultaba inquietante y sombría, pero seguí adelante confiando únicamente en las huellas. Avancé unos treinta metros más. De pronto, una luz brillante se coló en mi campo de visión. Apagué la linterna al instante y contuve la respiración. Mirando en dirección a aquella luz, vi que brillaba una vez, luego dos más. Una linterna. Casi parecía que alguien estuviera enviando una señal. ¿Serían Ibuki y Horikita? No, eso no cuadraba. Ni Ibuki ni Horikita deberían haber llevado encima ninguna fuente de luz. Me giré en silencio hacia el resplandor y me acerqué al origen. Oí voces amortiguadas por la lluvia y me escondí. La conversación que mantenían sonaba trivial. Así que, mientras no me descubrieran, lo secundario era entender la situación; lo importante era que no me vieran. Poco después, la luz se alejó más. Parecía que todo había terminado. Aun así, por seguridad, avancé con cautela. Junto a un gran árbol yacía Horikita, cubierta de barro. Se había desplomado y estaba inconsciente. Cerca de su mano había una única tarjeta llave tirada en el suelo. En su cuerpo herido quedaban rastros de tierra removida. Tras examinar la escena, confirmé que, además de Ibuki, más personas habían descubierto que Horikita era la líder. Recogí la tarjeta y levanté a Horikita en brazos. ![](/api/get-image/9ce5bf1b-0462-4552-9e17-febb413e57e3.webp/chapters/false) —Ngh… Horikita dejó escapar un pequeño sonido. Poco a poco, sus ojos empezaron a abrirse. —¿Estás despierta? —pregunté. —Ayano…kouji-kun…? Sonaba aturdida, como si no comprendiera la situación. —Ah… La cabeza… me duele… —Tienes bastante fiebre. No te fuerces. —Ya veo… I-Ibuki-san… Pero… ¿por qué estás aquí? Aunque le dijera que descansara, Horikita no me haría caso, y mientras tanto su fiebre seguiría subiendo. Poco a poco empezó a entender lo que había ocurrido. —Lo sabía… Ibuki-san robó mi tarjeta. —Ya veo. —No puedo ser más tonta que Sudou-kun y los demás. Se recriminó a sí misma y cerró los ojos, como lamentando una situación en la que no tenía poder alguno. —Esta no es una prueba en la que puedas limitarte a esconderte veinticuatro horas al día, ¿verdad? Hagas lo que hagas, siempre puedes quedar expuesta a un ataque. Tenía intención de seguir hablando, pero parecía que cualquier cosa que dijera solo conseguiría hundir más a Horikita, que ya estaba destrozada. —Podría haber evitado esto si hubiera sabido apoyarme en alguien… Para proteger de verdad la identidad del líder, hacía falta depender de aliados en los que confiaras de corazón. Si hacías eso, podías proteger la tarjeta las veinticuatro horas del día. Sin embargo, Horikita no había hecho ni un solo amigo. No dejaba de murmurar en voz baja una y otra vez: —Qué patética soy… —Cuando estaba perdiendo la consciencia, me pareció oír la voz de Ryūen… Es raro, creía que ya se había retirado… —Estabas perdiendo la consciencia. Quizá lo soñaste. —Si fue un sueño, fue una pesadilla… Me pregunté si de verdad había oído la voz de Ryūen. Incluso dormida o inconsciente, su cerebro probablemente había captado algo. No tendría nada de extraño que hubiera reconocido la voz de Ryūen mientras estaba inconsciente. —Lo siento… Mientras estaba absorto en mis pensamientos, Horikita se disculpó. —¿Por qué te disculpas conmigo? —pregunté. —No hay nadie más con quien pueda disculparme excepto contigo… Mmm. Eso me hizo pensar bastante. —Si de verdad crees que las cosas van mal, entonces hazte amigos en los que puedas confiar. Empieza por ahí. —Es un consejo difícil… Nadie querría estar conmigo. Sonaba como si se hubiera resignado a la infelicidad. Quizá hubiera en ella un cierto rastro de masoquismo. Me reí. —Aunque no me hace gracia que te burles de mí… —No, no es eso. —Negué con la cabeza—. Es solo que has empezado a sonar como alguien que necesita aliados. —Nadie diría algo así… En condiciones normales, Horikita me habría soltado alguna pulla, pero ahora sus palabras pesaban de otra manera. Se estaba culpando a sí misma, o no habría dicho algo así. Aun así, no iba a ser fácil. Sus ojos vacíos parecían atravesarme en vez de mirarme. —Debería haberlo entendido hace mucho… No se puede vivir solo en este mundo. Tanto la escuela como la sociedad están formadas por muchísimas personas. —No hables. Estás enferma. Intenté convencerla para que se callara, pero Horikita no se detuvo. Para ella, nunca había existido otra opción que no fuera depender de sí misma. No había podido escoger ninguna otra. —Voy a intentar llegar a la Clase A con mis propias capacidades. Sin falta me recuperaré de este error… Horikita me agarró débilmente de la manga mientras me lo decía. —Estoy preparada para que todos me odien… Todo esto ha sido culpa mía. —Según el sistema de esta escuela, si luchas tú sola no llegarás a la Clase A. Tenemos que cooperar con nuestros compañeros. Es inevitable. Horikita cerró los ojos, como si ya no le quedaran fuerzas para mantenerlos abiertos. Su agarre era débil, pero seguía sintiéndolo. —No puedo aceptarlo. Por muy duro que sea, yo sigo… sola. —Ah, cállate ya. Deja de hablar. Ahora mismo no vas a convencer a nadie. Abracé con fuerza a Horikita. —No puedes cargar con toda la responsabilidad. Por desgracia, no eres tan fuerte. —Entonces ¿me estás diciendo que me rinda? Tengo un sueño: llegar a la Clase A. Un sueño para que mi hermano me reconozca. —Nadie ha dicho que tengas que rendirte. Miré hacia abajo, a Horikita, que soltó un leve gemido contra mi pecho. —Si no puedes luchar sola, entonces es mejor luchar con un compañero. Yo te echaré una mano. —¿Por qué? Tú no eres de los que dicen cosas así… —Bueno, ¿por qué será? Quién sabe. Poco después, se le agotaron las fuerzas y Horikita volvió a perder la consciencia. Tenía que cargar con ella sin que nadie se diera cuenta. Habría sido fácil hacer que se retirara, pero no sabía cuál de los botones del reloj de pulsera era el de emergencia. Además, si enviaban de pronto el helicóptero, el ruido retumbaría por toda la zona. —Mmm… ¿Me he equivocado de camino? Oh, no, oh, no… La ruta terminaba en una pendiente escarpada y abrupta. Si daba un solo paso más, me caería. Intenté alumbrar hacia abajo para ver cómo era el terreno unos diez metros más abajo. Por desgracia, había estado caminando en la dirección equivocada. ¿Debería volver sobre mis pasos hasta la ruta original? Intenté cambiar de rumbo despacio, para no añadirle más carga a Horikita, pero justo después… La tierra bajo mis pies se vino abajo y perdí el equilibrio. Si hubiera estado solo, habría podido afirmarme y agarrarme al árbol. Pero, por desgracia, tenía las dos manos ocupadas. No pude evitar caer. Me hice un ovillo para proteger a Horikita mientras rodábamos ladera abajo. Durante varios segundos fue como salir volando. No recuerdo con mucha claridad lo que pasó después. Al menos, de algún modo, Horikita no había resultado herida. Miré hacia arriba, hacia la pendiente, pero tal y como estaban las cosas, no parecía que pudiera volver a subir cargando con ella. —Bueno, sí que la he liado. Sin embargo, no era momento de aceptar la derrota y dejarme morir. Cargando a Horikita inconsciente a la espalda, me interné en el bosque completamente a oscuras con una sola linterna. La lluvia caía sin piedad sobre nosotros, robándome las pocas fuerzas que me quedaban. Más que nada, el calor que desprendía Horikita no era normal. Si seguía expuesta a la lluvia más tiempo, la situación sería peligrosa. Pero estábamos en lo más profundo del bosque. No había cuevas ni refugios hechos por el hombre. No nos quedaba más remedio que depender del poder de la naturaleza. Por suerte, los árboles eran frondosos y estaban cubiertos de ramas, así que sus copas quizá mantendrían nuestros cuerpos relativamente secos. Miré alrededor, encontré un árbol especialmente grande y me coloqué justo debajo. Por supuesto, no bloqueaba la lluvia por completo, pero las hojas espesas sí detenían buena parte del agua. Depositando a Horikita con cuidado, la tumbé en el suelo. Seguramente su chándal acabaría manchado, pero teníamos problemas más graves ahora mismo. Me senté y coloqué la cabeza de Horikita sobre mi regazo. Si al menos hiciera fresco… Pero la temperatura seguía siendo alta, calurosa y húmeda. Horikita temblaba de vez en cuando, como si intentara encogerse sobre sí misma. Tratando de aliviar su carga aunque solo fuera un poco, la estreché contra mi pecho. Pasado un rato, Horikita se despertó y empezó a respirar con dificultad, soltando jadeos entrecortados. Todavía aturdida, no era capaz de comprender nuestra situación. —¿Por qué estás tú…? Yo…? No parecía recordar lo que había pasado. Le expliqué toda la secuencia de acontecimientos. Tenía mis dudas de si lo entendía todo. —Ya veo… Lo recuerdo. —Me alegro. —Recuerdo mi error, así que supongo que es horrible. Bueno, si era capaz de hacer bromas autocríticas, probablemente ya podía relajarme un poco. —Ya son casi las seis, Horikita. Puede que te suene duro, pero deberías retirarte. Tu cuerpo ha llegado probablemente al límite. Había llegado hasta aquí fingiendo que estaba bien, pero no era posible que siguiera adelante. —No puedo hacer eso. No podemos permitirnos perder treinta puntos por mi culpa… Yo fui quien se enfrentó a Karuizawa-san y a las demás por haber usado puntos, ¿verdad? Quedaría como una completa idiota… La penalización por mal estado físico era severa. Solo en puntos, era más de lo que Karuizawa había gastado ella sola. Horikita se cubrió los ojos con el brazo, probablemente para ocultar las lágrimas. —Y no solo eso… También me robaron la tarjeta llave. ¿Entiendes lo que eso significa? —Que la Clase D perderá otros cincuenta puntos. Horikita asintió levemente. A la Clase D solo le quedarían unos pocos puntos. —Déjame aquí y vuelve tú. Si lo haces, seré la única que falte en el pase de lista. —¿Qué piensas hacer? —Para mañana por la mañana… intentaré volver por mi cuenta, de algún modo. Si consigo sobrellevar mi mal estado durante el pase de lista, entonces ya me ocuparé de la retirada. De esa manera, la pérdida se reduciría a cinco puntos. —Las cosas no son tan fáciles. Ahora mismo estás muy débil, y nuestra profesora no es lo bastante amable como para dejarte salir del paso con una actuación. Será imposible que vuelvas al campamento tú sola. —Aun así, no tengo otra opción… Es para que a la Clase D le queden algunos puntos. Dejando aparte el incidente de la tarjeta llave, quizá aún podríamos conservar algunos puntos por el pase de lista y la retirada. Desde luego, no era una cifra pequeña. —Vete. Aunque Horikita estaba débil, detrás de aquellas palabras seguía sintiéndose una voluntad inquebrantable. Era capaz de soportar cualquier carga que se impusiera a sí misma, pero parecía incapaz de soportar implicar a otros. Me puse en pie y apoyé su cabeza contra el árbol. Quería que la dejara allí. —Muy bien, entonces me voy. Pero si todo sigue así, nuestros compañeros de clase te culparán. —Sí. Esa es la decisión correcta. Toda la responsabilidad ha sido mía. Horikita elogió mi decisión fría y calculadora. Se avergonzaba de sí misma por ser débil. Temblando, se obligó a soportar el frío. Esa era la clase de dureza a la que se enfrentaba la gente solitaria. El tiempo seguía embravecido, sin ninguna señal de que fueran a cesar la lluvia o el viento. —¿De verdad puedes volver sola mañana por la mañana? —Sí… Estaré bien. —Horikita. ¿De verdad crees que no retirarte es la decisión correcta? —No pude evitar soltar esas palabras. —Claro que sí. Retirarme no es una opción para mí. Era libre de aferrarse a su voluntad indomable todo lo que quisiera, pero no significaba nada si al final acababa perdiendo. —Oye. ¿Por qué crees que hemos acabado arrinconados hasta este punto? —pregunté. —He fracasado por mi propia negligencia. Eso es todo. —No. Te equivocas. Estás completamente equivocada. Horikita Suzune había luchado con todas sus fuerzas y había intentado llegar al final de la prueba sin cometer errores. —Vete… Porque te considero mi amigo, por favor escucha mi petición… En cuanto dijo eso, se tapó la boca, sorprendida. —Voy a arreglar esto… Como si no hubiera pasado nunca. —No, esa es la elección equivocada. —Da igual. Yo puedo… Sola… Ugh… Horikita intentó ponerse en pie de repente, pero la carga fue demasiado. Cerró los ojos con dolor. —Vete… por favor… Volvió a perder la consciencia. La tomé suavemente en brazos y reajusté la postura para que estuviera un poco más cómoda. Luego me levanté, miré hacia la oscuridad interminable y solté un suspiro. —Habría sido más fácil si te hubieras retirado por voluntad propia. La princesa testaruda no parecía tener intención de rendirse. Maravilloso. Sí, me parecía maravilloso. Estabas a punto de acertar. Pero, por desgracia, Horikita, te equivocabas en una cosa. Ahora mismo, solo por esta vez, te lo diré. Nunca te he considerado mi amiga. Nunca me has importado como compañera de clase. En este mundo, ganar lo es todo. Da igual cómo lo consigas. No me importa lo que tenga que sacrificar. Mientras al final obtenga la victoria, me basta. Tú, Hirata… no, cualquier otra persona, no sois más que herramientas. Yo fui cómplice de lo que te ha empujado hasta esto. Así que no te culpes, Horikita. Me resultaste útil. ![](/api/get-image/3358a295-5ec8-470c-8940-c5235a452b64.webp/chapters/false) Eché a andar por el camino embarrado, iluminando el sendero con la linterna. Los zapatos ya estaban cubiertos de barro y llenos de agua. Pero eso no me importaba. Primero tenía que orientarme. Al caer por la pendiente, sin duda me había alejado del campamento base de la Clase D. Pero estaba seguro de que si tomaba la dirección opuesta, la playa debía de estar cerca. Podía seguir avanzando por el bosque durante varios días, confiando en el mapa que llevaba en la cabeza. —Al final estaba cerca. Con el tiempo, llegué a la playa. El barco flotaba en el agua y las luces seguían encendidas. Tardé unos minutos, pero volví al lugar del que había partido. Horikita se había desplomado allí. Seguía inconsciente cuando la recogí en brazos. Su hermoso rostro estaba salpicado de barro. Empecé a caminar hacia la playa, no hacia nuestro campamento base. De algún modo, había logrado llegar a tiempo. Eran alrededor de las siete de la tarde. Las tiendas de los profesores habían sido desmontadas para evitar que el viento se las llevara. Subí por la rampa hasta el muelle y llegué a la cubierta del barco. Uno de los profesores me vio y corrió hacia mí. —Tienes prohibido entrar aquí. Serás descalificado. —Es una emergencia. Tiene mucha fiebre y ha perdido la consciencia. Por favor, dejadla descansar enseguida. En cuanto expliqué la situación, el profesor se saltó las instrucciones y sacó una camilla. Dejé a Horikita sobre ella. —¿Está de acuerdo con retirarse? —Sin ninguna duda. Sin embargo, permítame confirmar una cosa. Como todavía no son las ocho, esto no debería afectar al pase de lista, ¿correcto? Eran las 7:58. Había llegado por los pelos, pero deberíamos estar a salvo. Aun así, necesitaba arrancarle esa promesa al profesor. —Desde luego, tienes razón. Ha sido por muy poco. Sin embargo, tú estás fuera. —Lo entiendo. Ah, una cosa más. Quisiera devolver esta tarjeta llave. Saqué la tarjeta llave del bolsillo y se la entregué. —Bien, entonces me vuelvo. No podía quedarme más tiempo, así que regresé a la playa mientras la lluvia seguía cayendo. Con esto, la Clase D perdería treinta puntos por la retirada de Horikita y otros cinco adicionales por mi ausencia en el pase de lista.
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Estás leyendo el capítulo 124 de Classroom of the Elite (Novela), un novela. Kiyotaka Ayanokouji se ha inscrito en la Preparatoria Metropolitana de Educación Avanzada, donde se dice que el 100% de los estudiantes van a la universidad o encuentran empleo. Pero termina en Clase 1-D, que está lleno… Este capítulo tiene publicado el 5 de mayo de 2026, Traducido por el grupo Koko88. Classroom of the Elite (Novela) tiene 159 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.