arrow_back

Leer Classroom of the Elite (Novela) Capítulo 114 online gratis en español

🏴 Grupo: Koko88✍️ Traducción: Koko88
Mientras dormía, oía voces de chicas fuera de la tienda. Sonaban de bastante mal humor. —Eh, chicos. ¿Podéis reuniros todos aquí? La voz sonó brusca, como si en realidad quisiera decir: «¡Daos prisa y despertaos de una vez!». Yo acababa de dormirme al amanecer, así que me levanté despacio y me froté los ojos. —¿Pero qué coño…? Joder, estoy reventado… —Sudou salió de la tienda de mal humor y miró a su alrededor. —¿Qué pasa? —preguntó Hirata. —Ah, Hirata-kun. Lo siento, pero ¿puedes despertar a todos los chicos? Es importante —dijo Shinohara, con tono de disculpa. No parecía un problema solo suyo, ya fuera por nervios o por enfado. Un poco más allá, las chicas nos fulminaban con la mirada. —Entendido. Si grito, creo que saldrán. En menos de dos minutos, los chicos fueron saliendo de la tienda, frotándose los ojos aún medio dormidos. En cuanto echaron un vistazo a su alrededor, incluso en ese estado somnoliento comprendieron que aquello era algo serio. Las chicas tenían una expresión de miedo poco habitual. —¿Qué pasa? ¿Por qué nos habéis despertado tan temprano? —Lo siento, Hirata-kun. Esto no va contigo, pero… hemos reunido a todo el mundo para confirmar una cosa. Shinohara miró a todos menos a Hirata con un desprecio absoluto. —Veréis, esta mañana… ha desaparecido la ropa interior de Karuizawa-san. ¿Sabéis lo que significa eso? —¿L-la ropa interior? Hasta Hirata, que normalmente siempre estaba sereno, parecía visiblemente alterado. Hablando de Karuizawa, ella no estaba allí. Tampoco algunas de sus amigas. —Karuizawa-san está llorando ahora mismo dentro de la tienda. Kushida-san y las demás están con ella intentando consolarla, pero… —Shinohara dirigió la mirada hacia la tienda de las chicas. —¿Eh? ¿Eh? ¿Qué? ¿Y por qué nos miráis así por el hecho de que haya desaparecido su ropa interior? —¿No es obvio? Alguien rebuscó en su equipaje durante la noche y se la robó. Dejamos el equipaje fuera de la tienda, así que, si alguien quería robar algo, podía hacerlo fácilmente. Los chicos, todavía adormilados, se quedaron mirándose unos a otros. —¡No, no, no, no! ¡¿Qué?! ¡¿Qué?! Ike, completamente presa del pánico, no dejaba de mirar de un lado a otro entre los chicos y las chicas. Uno de los chicos, que había estado observándolo todo, murmuró con calma: —Ahora que lo pienso, Ike, ayer volviste bastante tarde del váter. Tardaste muchísimo. —¡N-no, no, no! Eso fue porque… bueno… ¡me costó volver porque estaba todo oscuro! —¿Ah, sí? Entonces fuiste tú quien robó la ropa interior de Karuizawa, ¿no? —¡N-no es verdad! ¡Yo no he sido! Los chicos empezaron a echarse la culpa unos a otros por un crimen tan desagradable. —En cualquier caso, esto es gravísimo, ¿no os parece? Es imposible convivir en un campamento con una panda de ladrones de ropa interior —dijo Shinohara con los brazos cruzados. Parecía a punto de estallar. —Hirata-kun, ¿puedes encontrar al culpable? —Bueno, no hay pruebas de que hayan sido los chicos. Puede que Karuizawa simplemente la haya perdido. —¡Eso, eso! ¡Nosotros no tenemos nada que ver! —gritaron los chicos a espaldas de Hirata, proclamando su inocencia. —No quiero pensar que haya un criminal entre nuestros compañeros. Parecía mal dudar de alguien de la clase. —Sé que tú no eres el culpable, Hirata-kun. Pero, por ahora, vamos a revisar el equipaje de los chicos. Las chicas no parecían tener intención de cambiar de idea. Ya habían decidido que el culpable estaba entre los chicos. Bueno, en realidad era la conclusión más natural. —¿Cómo que revisar? Ni de coña. No tenemos por qué aceptar eso. Hirata, diles que no. —De momento, intentaré reunir a los chicos y hablar con ellos. ¿Podéis darnos un poco de tiempo? —preguntó Hirata. —Si tú lo dices, Hirata-kun, vale. Lo entiendo. Intentaré hablar con Karuizawa-san. Pero, si no encontramos al culpable, ya tenemos algunas ideas en mente. Con eso, todo el mundo se dispersó. Hirata reunió enseguida a todos los chicos frente a la tienda. —Pasad de lo que han dicho. Me fastidia que me traten como a un sospechoso. ¡Yo pienso resistirme! Ike había conseguido ganarse cierta confianza de las chicas el primer día, pero parecía que no iba a durar. Era lógico que los chicos estuvieran indignados por aquella acusación injusta. —Exacto. No es que hayamos robado la ropa interior de Karuizawa ni nada. Yamauchi fue cruzando miradas con todos uno por uno. No es que Karuizawa no fuera mona, pero, siendo la novia de Hirata, habría sido bastante más lógico ir detrás de Kushida o Sakura. —Yo no dudo de vosotros, pero así no vamos a resolver nada. Las chicas, agrupadas en sus corrillos, parecían a punto de saltarnos encima. —Quizá lo mejor sea aceptar con dignidad que revisen el equipaje y demostrar así vuestra inocencia. —Dicho eso, Hirata sacó su propia mochila. —Por humillante que sea, creo que tendréis que hacerlo. ¿Os parece bien? —P-pero… —Por supuesto. Abriré mi equipaje el primero —dijo Hirata. Para que todos nos moviéramos, no le quedaba otra que dar ejemplo. Aun así, seguramente no había ni una sola persona allí que pensara que Hirata era el culpable. Además, robar la ropa interior de su propia novia no tenía ningún sentido. Pero, una vez que una persona abría su equipaje, el resto ya no podía negarse. Inevitablemente, quien no quisiera abrir la bolsa acabaría siendo sospechoso. Como era de esperar, en la mochila de Hirata no estaba la ropa interior. —Supongo que no nos queda otra… Uno tras otro, los demás chicos empezaron a sacar sus mochilas. Ike y Yamauchi estaban disgustados, pero no podían resistirse a la corriente. Nosotros tres fuimos los últimos. Entré en la tienda de mala gana, siguiendo a Ike y a Yamauchi. —Joder, qué cabreo llevo. Siempre sospechan de los hombres para estas cosas. Es ridículo. —Bueno, demostremos que somos inocentes. Ike agarró su mochila, pero de pronto se quedó helado. —¿Qué pasa? —N-no… nada… Nos dio la espalda a Hirata y a los demás, miró dentro de la mochila y la cerró de golpe con desesperación. —¿Kanji? Ike estaba pálido, completamente rígido. Se había quedado paralizado. —Oye, venga. Vamos, que tenemos que salir ya. —¿Qué pasa, que al final sí fuiste tú? —dijo Yamauchi medio en broma. —¡D-de qué hablas! Ike lo negó desesperadamente, sacudiendo la cabeza mientras aferraba la mochila con fuerza. Una reacción demasiado evidente. No éramos tan tontos como para pensar que no pasaba nada. —Espera, no me digas… —murmuró Yamauchi. —¿Qué? ¡¿No me crees?! —No, no digo eso. Déjame ver lo que hay dentro de la mochila. —¡Ah, espera! Yamauchi le arrebató la mochila a Ike y miró dentro. Y entonces vio… Ropa interior blanca, claramente de mujer, hecha un ovillo y escondida. —¡E-eso no es mío! ¡Alguien la ha metido en mi mochila o algo, no sé cómo! —Venga ya, no me salgas con esa excusa… Yamauchi miró a Ike con lástima. —¡Te digo que no sé cómo ha acabado eso ahí! ¡¿Por qué iba a haber ropa interior en mi mochila?! —Esto da vergüenza ajena. Vamos a explicárselo a Hirata y a los demás. —¡¿Eh?! ¡Pero si hago eso, me señalarán como el culpable! —No había ningún culpable… ¿verdad? ¿Por qué Yamauchi le hacía esa pregunta a Ike? La ropa interior de Karuizawa estaba en su mochila, así que, en apariencia, Ike era el culpable, ¿no? Dejando a un lado cuándo o cómo la robó, el ladrón difícilmente escondería lo robado en su propia mochila. Era evidente que, si aquello montaba escándalo, empezarían a buscar al culpable. Si Ike fuera realmente el responsable, habría entrado en pánico en el momento en que le dijeron que tenía que abrir su equipaje. Pero hasta entonces no había mostrado el menor indicio de eso. Concluí que el culpable era alguien distinto de Ike, y que esa persona había metido la prueba en su mochila para incriminarlo. A menos que Ike fuera de verdad tan idiota y simple… pero no podía ser, ¿no? —Ayanokouji, tú me crees, ¿verdad? ¡Que no las he robado! —Si lo pienso con calma, Ike, no hay ninguna prueba sólida de que tú seas el culpable. —¡Ayanokouji! —Es poco probable que Ike sea el culpable. Si lo fuera, tendría que ser mucho más estúpido de lo que parece. —Bueno, eso tiene sentido, pero… Espera, ¿qué? ¿Quieres decir que alguien metió la ropa interior en la mochila de Kanji? —¡Lo único que tenemos que hacer es averiguar quién! —gritó Ike. —¡Eh, daos prisa! —gritó uno de los chicos desde donde estaba Hirata. —¡Ya voy! Ike murmuró un «cuento contigo» y salió disparado. Yamauchi, que no quería verse arrastrado, se disculpó rápidamente y fue tras él. —Oye, ¿vais en serio? Me entró un sudor frío. Cuanto más tiempo me quedara allí dentro, peor sería. Si hubiera tenido aunque fuera un minuto, la habría escondido en algún sitio difícil de encontrar, pero no lo tenía. Casi por reflejo, me metí la ropa interior en el bolsillo trasero, cogí mi mochila y salí de nuevo. —Perdón, perdón. La mochila se me había manchado un poco y la he limpiado. Con esa excusa, Ike lanzó su equipaje hacia delante. —Registradla si queréis. Soy inocente. ¿Verdad, Yamauchi? —S-sí. Los dos dejaron sus mochilas en el suelo con orgullo. Hirata, tras declinar con suavidad el papel de registrar a nadie, revisó el interior de las mochilas. Yo también dejé la mía y me aparté. Cuando terminaron de revisar el equipaje de todos, Ike llamó a Shinohara, que esperaba con los brazos cruzados. —Hemos revisado el equipaje de todos. Ninguno de nosotros ha sido. —¿De verdad? —Sí. No hay duda. Ninguno de los chicos es el culpable. —Esperad un momento. Shinohara se acercó y revisó el interior de la tienda. Parecía sospechar que habíamos escondido algo. Por supuesto, allí no había nada. Tras inspeccionar ambas tiendas, volvió con las chicas y se puso a hablar con ellas. —Oye, Hirata-kun. ¿Y si lo han escondido en los bolsillos? Antes Ike-kun, Yamauchi-kun e incluso Ayanokouji-kun estaban cuchicheando entre ellos. Me da mala espina. Por supuesto que nos comportábamos de forma sospechosa. Las chicas habían exigido revisar hasta el último rincón. —¡Joder, ya está bien! —gritó Ike. Las chicas se le echaron encima enseguida. —¿No estaba Ike-kun actuando de forma rara antes? Igual sí que está ocultando algo. —¡¿Eh?! ¡N-no escondo nada! ¡Registradme si queréis! Abrió los brazos de par en par mientras proclamaba su inocencia. Oye, Ike… si les dices eso… —Pues registremos. Hirata-kun, ¿puedes hacerlo tú? —De acuerdo. Si eso sirve para que las chicas se convenzan, bien. Pero, si no encuentro nada, quiero que dejéis de investigar a los chicos. Aquello era el peor desenlace posible. Mientras las chicas nos observaban a Ike, a Yamauchi y a mí, empezó el cacheo. Por supuesto, no encontrarían la ropa interior ni en Ike ni en Yamauchi. Ambos se quedaron quietos durante todo el registro minucioso de Hirata. Finalmente, llegó mi turno. Ya era demasiado tarde para huir. Tal vez, dentro de lo malo, era mejor que me tocara a mí. No, en realidad no lo era. Ya no había nada que pudiera hacer. Solo me quedaba confiar en que Hirata lo pasara por alto, aunque la posibilidad fuera de apenas un uno por ciento. Decidí quedarme completamente inmóvil, como un pez muerto. —Lo siento. Terminaré enseguida —dijo Hirata. Hirata, que no dudaba de mí en absoluto, empezó a registrarme despacio, empezando por la parte superior del cuerpo. Después metió la mano en mi bolsillo trasero, donde había escondido la ropa interior. Se había acabado, ¿no? Me resigné. Sentí la mano de Hirata rozando la tela. Bueno, no podía estar seguro al cien por cien de que hubiera tocado la ropa interior, pero lo más probable era que sí, que hubiera notado aquel trozo de tela hecho un ovillo en mi bolsillo. El cuerpo de Hirata se tensó y me miró directamente a los ojos. Tras una breve mirada, siguió palpando mi chándal sin sacar la ropa interior del bolsillo. Cuando terminó, se volvió hacia las chicas. —Ayanokouji-kun tampoco la tiene. Caminó hasta donde estaba Shinohara. Ike y Yamauchi intercambiaron miradas de puro desconcierto. —Ninguno de esos tres la cogió. —Qué raro… Estaba segura de que había sido uno de ellos. Pero si tú lo dices, Hirata-kun… Si el sincerísimo Hirata decía algo así, Shinohara no tenía más remedio que creérselo. —Bastará con ordenar bien el equipaje. Ya hablaremos luego. En cuanto terminó el registro, volví a toda prisa al interior de la tienda. Hirata entró detrás de mí. —Hirata. ¿Por qué no has dicho nada? —le pregunté sin rodeos. —Era la ropa interior lo que tenías en el bolsillo, ¿verdad? —Sí. —¿La… robaste tú, Ayanokouji-kun? —No. Yo no. ¿Cómo respondería este buen chico a mi negación? —Te creo. No eres esa clase de persona. Pero entonces, ¿por qué la tenías en el bolsillo? Después de que dijera con tanta claridad que me creía, ya no había forma de no contarle la verdad. Le expliqué que había salido de la mochila de Ike. Hirata se quedó un momento pensativo. —Ya veo. Entonces está claro que no has sido tú. Pero tampoco creo que hayan sido Ike-kun ni Yamauchi-kun. Si fueran los culpables, no habrían guardado la ropa interior en su propia mochila. La habrían escondido en otro sitio. La rapidez mental habitual de Hirata me había salvado. Ni siquiera tuve que esforzarme en explicarle nada. —Si no te importa, ¿puedo quedarme yo con la ropa interior? —preguntó. —Sí, claro, pero… ¿de verdad te parece buena idea? Tener aquella ropa interior encima era como quedarse con el comodín en una baraja. En ambos casos, solo traía problemas. —En el peor de los casos, si acabaran señalándome a mí como culpable, yo sería quien menos daño sufriría. Al fin y al cabo, soy más o menos su novio. Tras decir eso, cogió una de las bolsas de vinilo que usábamos para el váter y metió dentro la ropa interior. Me pregunté si a Karuizawa le dolería saber que varias personas habían estado tocando su ropa interior con las manos desnudas. —Pero sí hemos descubierto una cosa mala. Si la ropa interior salió de la mochila de Ike-kun, entonces hay bastantes probabilidades de que el culpable sea alguien de nuestra clase. —Sí… Lo miraras como lo miraras, si algún alumno de otra clase hubiera estado merodeando por allí, lo habríamos visto. Salí de la tienda y eché un vistazo alrededor. Nuestro equipaje estaba envuelto individualmente en bolsas de vinilo y colocado delante de nuestra tienda. La tienda de las chicas estaba a unos metros de distancia, donde dormían Karuizawa y las demás. Hasta este incidente, el equipaje de las chicas había estado amontonado fuera, sin protección, igual que el nuestro. Si querías robar algo, podías hacerlo con facilidad. El primer día yo mismo rebusqué sin problemas en la mochila de Ibuki. ¿Cuándo habían robado la ropa interior? Como no hubo ningún problema hasta la hora de ducharse, el robo tuvo que producirse en algún momento entre las ocho de la noche de ayer y las siete de esta mañana. Si era así, cualquiera de nuestra clase podría haberlo hecho. Aun así, dudaba mucho que lo hubieran hecho en plena madrugada. Si el culpable hubiera estado hurgando en el equipaje con una linterna, alguien se habría dado cuenta. En ese caso, era muy probable que el robo se hubiera producido al amanecer, pasadas las cinco de la mañana. Incluso acotando así la franja horaria, seguía siendo difícil reducir la lista de sospechosos. ¿Y si intentaba mirarlo desde otro ángulo? Imaginemos que Karuizawa hubiera cogido su propia ropa interior y la hubiera escondido en la mochila de Ike. ¿Pero con qué motivo iba a hacer algo así? —Te creo cuando dices que no eres el culpable, Ayanokouji-kun. Por eso te he cubierto. —A-ah. Gracias. —Pero eso no es lo único que quería decirte. Quiero que me ayudes a encontrar al verdadero culpable, Ayanokouji-kun. Hirata me cogió la mano al pedírmelo. —¿Quieres que encuentre yo al culpable? —Creo que tanto chicos como chicas estarán intranquilos hasta que aparezca el ladrón. Sinceramente, lo ideal sería que lo encontrara yo mismo, pero parece que me va a resultar difícil reunir a todo el mundo… Una figura central de la clase como Hirata tenía también sus limitaciones. —No creo que vaya a ser fácil encontrar a alguien que además se dedica a esconder cosas en la mochila de Ike. Hirata tenía que saber de sobra lo complicado que iba a ser encontrar al culpable. —Bueno, haré lo que pueda. Pero no esperes demasiado de mí. —¡Gracias! ¡Muchas gracias, Ayanokouji-kun! —dijo Hirata, inclinando profundamente la cabeza, casi a punto de abrazarme. Entendía que me estaba agradecido, pero su reacción me pareció un poco excesiva. Quizá el robo de la ropa interior le estaba afectando especialmente. Como líder, tenía que tomarse en serio aquella crisis e intentar encontrar una solución para la clase. —Si das con el culpable, quiero que me lo digas primero a mí. Bajo ningún concepto quiero que se lo digas a nadie más. La forma en que abrió los ojos mientras me hacía aquella petición tan sincera prácticamente anuló mi capacidad para negarme. Estaba demasiado sereno. Daba hasta un poco de mal rollo. —Si esa información se hace pública, nuestra clase sufrirá un golpe enorme. Quiero evitarlo. Por eso quiero encontrar una forma pacífica de arreglar las cosas con el culpable. Si hablo yo con él, creo que podremos resolverlo hablando. —Entonces, dicho de otro modo, ¿piensas ocultar la verdad? —¿Ocultarla? Es una forma bastante fea de decirlo, pero tampoco puedo hacer nada si lo interpretas así. Incluso si resulta que el culpable es uno de los chicos, creo que será mejor esconder la verdad. Me miró fijamente. Casi parecía que intentaba proteger al culpable. —Entendido. Te informaré primero a ti. ¿Te vale así? —Gracias. Entonces, volveré al trabajo. Cuando Hirata salió de la tienda, llamó a los demás. Vi cómo varias siluetas al otro lado de la lona se alejaban. —Hirata Yousuke… ¿eres el héroe de la Clase D? Había una contradicción en la historia de Hirata. Justo después de decir que confiaba en mí, soltó de inmediato que la verdad debía ocultarse incluso si el culpable resultaba ser uno de los chicos. Es decir, aunque alguien tuviera la ropa interior, se lo ocultaríamos a las chicas. Hirata no confiaba del todo en mí. Seguramente pensaba que había bastantes probabilidades de que yo fuera el culpable. Y era lo más natural del mundo. Desde fuera, yo era el que tenía la ropa interior encima, y encima había señalado a Ike como responsable. Hirata me había asignado a mí, un sospechoso potencial, el papel de detective para ofrecerme una salida. Al mismo tiempo, me estaba lanzando una advertencia para que no repitiera la ofensa. Pensándolo así, conseguí encajar todas las piezas. Estaba convencido de que solo quería tapar la verdad. Yo también había barajado la posibilidad de que Hirata fuera el culpable, pero… bueno, eso lo sabríamos bastante pronto.
Classroom of the Elite (Novela)

Continúa leyendo

Classroom of the Elite (Novela)

Capítulo 115

Siguiente Capítulo ›

Classroom of the Elite (Novela) Capítulo 114

Estás leyendo el capítulo 114 de Classroom of the Elite (Novela), un novela. Kiyotaka Ayanokouji se ha inscrito en la Preparatoria Metropolitana de Educación Avanzada, donde se dice que el 100% de los estudiantes van a la universidad o encuentran empleo. Pero termina en Clase 1-D, que está lleno… Este capítulo tiene publicado el 1 de mayo de 2026, Traducido por el grupo Koko88. Classroom of the Elite (Novela) tiene 159 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.