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Leer Classroom of the Elite (Novela) Capítulo 115 online gratis en español

🏴 Grupo: Koko88✍️ Traducción: Koko88
—¿Podríais reuniros todos aquí? Cuando salí de la tienda, la reunión de Hirata ya había empezado. Vi a Karuizawa temblando de rabia, con los ojos hinchados y enrojecidos. —No podemos confiar en los chicos. Es completamente imposible que sigamos en el mismo sitio que ellos. —Pero habría problemas si los chicos y las chicas viviéramos separados, ¿no crees? La prueba está a punto de terminar. Como somos compañeros, tenemos que confiar unos en otros y cooperar. —Puede que tengas razón. Pero no podemos aguantar estar en el mismo sitio que un ladrón de ropa interior. Karuizawa negó con la cabeza, descartándolo como si fuera algo impensable. Si la propia víctima lo decía, Hirata no podía obligarla a nada. Shinohara cogió una rama y trazó una línea en el suelo. —Pensamos que el culpable es un chico, así que vamos a dividir claramente la zona entre chicos y chicas. Los chicos tenéis terminantemente prohibido entrar en nuestro lado. La propuesta de Shinohara era una separación por sexos llevada al extremo. —¿Pero qué coño? Nos estáis tratando como criminales porque sí. ¿No os dejamos revisar nuestras mochilas y hasta cachearnos? —Puede que no estuviera escondida en una mochila. Los hombres sois unos pervertidos. En fin, no entréis en la zona de las chicas hasta que aparezca el culpable. Idos allí. Con eso, exigió que los chicos movieran su tienda. Como era de esperar, nadie lo aceptó de buen grado. Los abucheos no tardaron en empezar. —Si desconfiáis tanto, moved vuestra propia tienda. Nosotros no vamos a mover la nuestra. Y tampoco vamos a ayudaros. —Ah, ya veo. O sea que solo fingisteis ayudar mientras rebuscabais entre nuestro equipaje. —Ah, y desde ahora tampoco podéis usar la ducha. No estamos de broma. No vamos a dejar que un ladrón pervertido la use. La unidad de nuestra clase se había venido abajo por completo. —Je. ¿Es que siquiera sabéis clavar las estacas de una tienda? Shinohara, al ver que la situación empezaba a torcerse, miró a Hirata en busca de ayuda. —Eh, Hirata-kun. ¿Puedes ayudarnos, por Karuizawa-san? —Vale. Os ayudaré. Aunque puede que lleve algo de tiempo. ¿Os parece bien? —Gracias, Hirata-kun. ¿No te alegras, Karuizawa-san? —Sí. Hirata-kun es el único en quien podemos confiar. Karuizawa se sonrojó, contenta y algo avergonzada. —Je. Igual hasta Hirata es el culpable. —¿Eh? Hirata-kun no es el culpable. Menuda tontería acabas de decir. ¿Por qué no te tiras por un barranco? —¡¿Qué?! No me vengas con esas, Karuizawa. Que sea tu novio no significa que no pueda ser el culpable. Como era natural, empezaron a llover cada vez más quejas por parte de los chicos, pero sus palabras no sirvieron de nada. Todos, salvo Hirata, eran sospechosos, así que no había mucho que hacer. Enseguida llegamos a un punto muerto, con Karuizawa y Shinohara dominando por completo la situación. —Un momento. Quiero plantear una objeción… especialmente contra ti, Karuizawa-san. Horikita habló con calma, oponiéndose de frente a Karuizawa. —¿Qué pasa, Horikita-san? ¿No te convence lo que estamos diciendo? —No me importa especialmente dividir las zonas de convivencia entre hombres y mujeres. Mientras no se encuentre al culpable, desde luego parece razonable mantener cierta distancia con los chicos, teniendo en cuenta que lo más probable es que el culpable esté entre ellos. Sin embargo, yo no confío en Hirata-kun. No puedo descartar la posibilidad de que él sea el ladrón de ropa interior. Tampoco me convence que quede excluido de la prohibición solo por ser él. —Hirata-kun jamás haría algo así. ¿No puedes entender al menos eso? —Eso no deja de ser una creencia personal tuya, ¿no? No me impongas tu forma de pensar. Karuizawa se acercó a Horikita, claramente molesta por su actitud. —Hirata-kun no es el culpable. Tú no tienes ni amigos, ya no digamos novio. Supongo que no lo entenderías. —No me hagas repetirlo. Digas lo que digas, no vas a convencerme. Pese a la provocación, Horikita no se inmutó y respondió con total frialdad. —Bueno, entonces déjame preguntarte una cosa. ¿Estás diciendo que no hay ni un solo chico tan fiable como Hirata-kun? ¿Ni uno? —No voy a hablar a la ligera. Dicho de forma simple, me bastaría con añadir a un chico más. Así podrían vigilarse mutuamente. —Esto no es ninguna broma. Me han robado la ropa interior, ¿vale? ¡Me han humillado! ¿Lo entiendes? No sé ni qué haré cuando encontremos al culpable. —¿Y si todo esto está pasando por una gestión de crisis demasiado ingenua por tu parte? Puede que el robo de la ropa interior tenga un objetivo oculto que todavía no hemos comprendido. —¿Pero qué narices quieres decir con «gestión de crisis»? Hemos revisado el equipaje de todo el mundo. ¿Qué tiene eso de ingenuo? —Me da igual que te hayan robado la ropa interior. Ese tipo de cosas pasan todos los días y, en realidad, poco puedes hacer al respecto. Lo más probable es que aquí haya alguien que te guarda rencor. Horikita estaba contemplando la posibilidad de que el verdadero objetivo del culpable no hubiera sido la ropa interior de Karuizawa en sí. Lo que quería era descargar su rabia contra ella y humillarla deliberadamente. Horikita era libre de razonar como quisiera, pero exponer esa idea en público, delante de la propia Karuizawa, era una jugada bastante mala. Supongo que ahí se veía el punto débil de Horikita: las relaciones sociales. Era inteligente, pero se le daba fatal tratar con otras personas. Si provocabas a Karuizawa delante de tanta gente, solo conseguirías herirla más y enfurecerla aún más. Y entonces su rabia ya no iría solo contra los chicos, sino también contra Horikita. —¡Oye, tú! Karuizawa estaba al borde de perder los nervios, pero Hirata se interpuso junto a ella con bastante elegancia. —Karuizawa-san, estaría bien que hubiese otro chico aquí ayudándome. ¿Te parece bien? Había vuelto a adoptar el papel de mediador. —P-pero… ¿cómo voy a confiar en alguien que no seas tú, Hirata-kun? —¿Qué tal yo? —preguntó Ike, levantando la mano. Hacía un momento estaba discutiendo a gritos con Shinohara, ¿y ahora levantaba la mano? —Espera. Si hace falta fuerza física, yo me encargo —dijo Sudou, alzando la mano enseguida. —Espera. Si lo que buscáis es al tío con habilidades, ese soy yo —añadió Yamauchi. Por muy fuerte que hubiera sido la discusión con las chicas, no podían evitar querer acercarse a ellas. —N-no me hagáis reír. No vamos a invitar tan alegremente a un pervertido a que nos ayude. No me sorprendería que cualquiera de vosotros fuera el culpable. ¿O crees que estos valen, Horikita-san? —En eso estoy de acuerdo contigo. Teniendo en cuenta cómo se comportan estos tres a diario, resultan totalmente indignos de confianza. Lo he pensado con mucho cuidado y pienso elegir a alguien que no pueda ser el culpable. —¿A quién? ¿Hay alguien aparte de Hirata-kun? Miré a los chicos. ¿Había algún chico que pudiera inspirarle tranquilidad aparte de Hirata? Yukimura era brillante, pero también había tenido sus más y sus menos con las chicas. ¿A quién podía referirse? —A ti, Ayanokouji-kun. ¿Eh? ¿Yo? ¿Cómo que yo? Me quedé con la boca abierta, completamente desconcertado. —Ja, ja, ja. No me hagas reír. Es tu único amigo, ¿no? No hay forma de que pueda confiar en un tipo tan apagado, salido y sin presencia como él —dijo Karuizawa. No es que me importara especialmente lo que pensaran de mí, pero daba la impresión de que muchos ya me habían encasillado como «ese tío» o «el salido sombrío». ¿Ese era el triste destino de alguien solitario que ni siquiera había logrado hacer amigos en su primer semestre? —Es más, yo creo que Ayanokouji-kun es el culpable. Esta mañana se estaba comportando de forma bastante sospechosa. Cuando encontramos la ropa interior en la mochila de Ike, desde luego no estuve especialmente rápido ni eficiente. Bueno, era cierto que en ese momento tenía en las manos la ropa interior de Karuizawa, así que no era precisamente inocente a primera vista. —Es posible… Ayanokouji-kun estuvo hasta tarde anoche junto a la hoguera… Las dudas de las chicas se intensificaron y yo me convertí en su siguiente objetivo. También empezaron a surgir voces de sospecha entre los chicos. Ike y Yamauchi fingieron no saber nada. Incluso si me hubiera quedado callado o hubiera intentado explicarme, la situación ya iba cuesta abajo. Opté por no decir nada. Por mucho que las chicas dudaran de mí, Hirata tenía la prueba, así que no iba a señalarme como culpable. Aun así, que sospecharan de ti resultaba bastante desagradable. —Ayanokouji-kun sí que es el ladrón de la ropa interior, ¿verdad? Ni siquiera intenta excusarse. Antes ya ha mirado a Karuizawa-san con cara de salido, ¿no? Oí una voz dubitativa desde el lado de las chicas. No recordaba haber mirado a Karuizawa de forma lasciva en ningún momento, pero ahora mismo no había forma conveniente de corregir mi memoria. —E-eh… yo no creo que A-Ayanokouji-kun hiciera algo así… Había dado por hecho que todas las chicas dudaban de mí y que nadie iba a defenderme, pero alguien bastante inesperado habló a mi favor. Sakura, encorvada detrás de las demás, jugueteaba nerviosa consigo misma mientras salía en mi defensa. No habría imaginado jamás que una chica a la que le molestaba más que nada llamar la atención fuera a hacer algo así. —¿Eh? ¿Qué quieres decir? ¿Por qué dices eso? —respondió Karuizawa, claramente molesta porque Sakura hubiera intervenido. Sakura, tímida y nerviosa, era un blanco mucho más fácil para alguien tan popular como Karuizawa. Era mucho más sencillo encararse con ella que con Horikita. En un instante, Karuizawa cambió de objetivo y empezó a lanzarle palabras afiladas como si estuviera hincando los dientes en una presa. —¿Eh? ¿Por qué? ¿Cómo lo sabes? ¿Cómo sabes que Ayanokouji-kun no es el culpable? —B-bueno… porque… él no es esa clase de persona… Sakura, acorralada, apenas logró sacar una respuesta temblorosa. —¿Eh? No entiendo qué quieres decir. Eso no responde a nada. Karuizawa cruzó los brazos y se rio con burla. —¿Oh? ¿No será que te gusta alguien tan soso e invisible como Ayanokouji-kun, Sakura-san? Más que decirlo con desprecio, lo dijo como si fuera la conclusión más natural del mundo. Habría bastado con que Sakura ignorara aquel comentario, pero no fue capaz. —¡N-no es eso! Sakura retrocedió presa del pánico, con la cara completamente roja. —¡Guau! Esa reacción es de lo más evidente. ¡Parece la de una niña de primaria! Las demás chicas se unieron a Karuizawa y rompieron a reír a carcajadas. —¡Eso…! B-bueno… ¡Ah! —Je, pero si eso no tiene nada de malo, ¿no? A ti te gusta, y a nadie más. Oye, ¿quieres confesártele aquí mismo? ¡Hasta te ayudaré! —¡Ah! Sakura, incapaz de soportar más aquella atención, salió corriendo hacia el bosque. Kushida la siguió enseguida, juzgando con acierto que era peligroso que alguien se internara solo en el bosque. —¿Y a esa qué le pasa? Si solo estaba bromeando. En fin, por eso no consigue hacer amigos. Horikita, que había observado en silencio cómo Karuizawa despedazaba a Sakura en público, suspiró y se apartó el pelo con la mano, como si acabara de presenciar algo completamente aburrido. —¿Podemos continuar ya con la discusión? Este teatro es una pérdida de tiempo. —Oye, Horikita-san. Tu forma de hablar hace daño y resulta irritante. Karuizawa, tras perder el interés por Sakura en cuanto salió huyendo, volvió a tomar a Horikita como objetivo. —A ver, Horikita-san. ¿Por qué eres tan fría conmigo? ¿Ha pasado algo? —¿Algo? ¿Qué se supone que ha pasado? —Bueno, ¿no te parece que Hirata-kun es genial? Además de ser listo, hasta es amable con una chica como tú. Cualquier chica normal acabaría enamorándose de él. Entre risitas, Karuizawa se agarró al brazo de Hirata y lo atrajo hacia sí, como si quisiera exhibirlo. —En cuanto a Ayanokouji-kun… bueno, físicamente quizá esté mejor que la mayoría de los chicos, pero, aparte de eso, ¿no es un desastre en todo lo demás? Seguro que estás celosa. Eso es lo que pienso. —Qué ingenua eres, Karuizawa-san. —Es bastante vergonzoso ser tan celosa. Había oído decir que el comportamiento de un grupo hace aflorar la posición, la personalidad y el estado mental de cada individuo. Aquí empezaban a salir a la luz cosas que normalmente no se expresaban en nuestra vida diaria dentro del colegio. Eso era especialmente cierto en el caso de Horikita, que solía estar sola. Las otras chicas de la clase la trataban con frialdad, pero las cosas se sostenían porque, bueno, a ella le daba exactamente igual. Ambas partes se ignoraban mutuamente. Pero, ahora que todos teníamos que convivir juntos, el choque de temperamentos era inevitable. —Es verdad que Ayanokouji-kun tiene muchas cosas poco agradables —dijo Horikita. Oye… yo pensaba que ibas a defenderme… —Pero aquí la cuestión es si Hirata-kun puede confiar en Ayanokouji-kun. Sería incómodo y absurdo que dieras tu aprobación a alguien que para Hirata-kun no significa nada. Lo cierto es que no hay una sola cosa en él que me inspire confianza, pero no tengo intención de mezclar mis sentimientos personales en este asunto. Por descarte, he llegado a la conclusión de que es el chico más fiable de la clase. ¿O preferís a otro? Si lo hay, me gustaría que lo dijerais. Cuando Horikita terminó, Karuizawa echó un vistazo a los chicos, como evaluándolos, y soltó un suspiro. —Bueno, supongo que, de todos los chicos de aquí, es el que parece más inofensivo. No tiene presencia. No pude evitar estar de acuerdo en eso. La forma en que las chicas me percibían era demasiado dura. —Bueno, pues ya está, ¿no? Tengo mis dudas, pero si Hirata-kun está conforme, servirá. Parecía que Karuizawa y las demás me habían aceptado, pero yo no estaba nada conforme. Claro que no se me ocurrió decirlo en voz alta. Solo habría provocado otra pelea. En cuanto terminó la discusión, todo el mundo empezó a dispersarse. La unidad de la clase se había roto. —Entiendo lo que todos queréis decir, pero no estoy de acuerdo con sospechar de un compañero sin pruebas. No debería haber nadie en nuestra clase capaz de hacer algo así —dijo Hirata, incapaz de seguir callado ante el deterioro de la situación. —Eres demasiado bueno, Hirata-kun. Entonces, ¿estás diciendo que lo robó otra persona? —No lo sé, pero no quiero dudar de mis compañeros. Era lógico que a los chicos les sentara fatal que las chicas los trataran como criminales. —Oye. ¿Y si fue esa chica, Ibuki? —murmuró alguien, lanzando una mirada a Ibuki, que estaba sentada en el extremo del campamento. En un instante, todas las sospechas se dirigieron hacia Ibuki. El grupo había encontrado una nueva presa. —Ibuki-chan es de la Clase C, ¿no? No sería raro que estuviera intentando sabotear a la Clase D. Puede que esté usando trucos para hacer que desconfiemos entre nosotros. —Dejadlo ya. Los principales sospechosos siguen siendo, sin ninguna duda, los chicos. Shinohara seguía sospechando muchísimo de los chicos. Se mantuvo a distancia y nos hizo gestos con las manos para que nos fuéramos. —Hasta que aparezca el culpable, no podemos confiar en los chicos. ¿Verdad, Karuizawa-san? —Por supuesto. Sin duda ha sido uno de los chicos. Y así fue como se decidió que chicos y chicas viviríamos separados.
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Classroom of the Elite (Novela) Capítulo 115

Estás leyendo el capítulo 115 de Classroom of the Elite (Novela), un novela. Kiyotaka Ayanokouji se ha inscrito en la Preparatoria Metropolitana de Educación Avanzada, donde se dice que el 100% de los estudiantes van a la universidad o encuentran empleo. Pero termina en Clase 1-D, que está lleno… Este capítulo tiene publicado el 1 de mayo de 2026, Traducido por el grupo Koko88. Classroom of the Elite (Novela) tiene 159 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.