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Leer Classroom of the Elite (Novela) Capítulo 110 online gratis en español

🏴 Grupo: Koko88✍️ Traducción: Koko88
Las preguntas de Kouenji siguieron rondándome la cabeza durante bastante tiempo. Al tercer día, salí del campamento base antes del mediodía y me dirigí hacia la entrada del bosque. —Ahh, ahh, ahh… ¿A-adónde piensas ir ahora, Ayanokouji-kun? Sakura estaba sin aliento, con el pecho agitándose al respirar. Debía de haber estado buscándome y había salido corriendo detrás de mí. —¿No até un pañuelo a un árbol? En fin, quería ir a comprobar una cosa. Había querido confirmarlo mucho antes, pero no había tenido tiempo. —¿N-no estaría mal que yo… fuera contigo? Seguro que solo te retrasaría, pero… —¿No es mejor que te quedes? ¿No te molestaría si la gente empezara a difundir rumores? —No me importa en absoluto. Además, yo… Sakura murmuró tan bajo que no la habría oído ni pegando la oreja. —No creo que vaya a ser precisamente fácil, ¿sabes? Quiero decir, después de todo el esfuerzo que nos ha costado venir a esta isla, creo que deberías divertirte un poco… Aunque no soy precisamente la más indicada para hablar de diversión. Pensé que rechazaría la oferta de Sakura con una excusa razonable. Sin embargo… —¡P-pero esto sí es divertido! Sakura opuso más resistencia de la que habría imaginado. Tras aquella reacción tan inesperadamente firme, nuestras miradas se cruzaron con sorpresa. Entonces, Sakura se agachó y se tapó la cara. —¡Ahhhhh! ¡N-no, no quería decir eso! ¡Ahh! ¡Quiero decir…! No tenía ni idea de qué intentaba decir Sakura. Lo único que sabía era que era una chica curiosa. Estaría bien que pudiera mostrar ese lado suyo a los demás. —Bueno, entonces ¿vamos juntos? Pero con una condición. Si luego pasa algo, no te echarás la culpa a ti misma. ¿De acuerdo? —¿De verdad? ¿Puedo ir? —gritó, todavía con la cara oculta entre las manos. ¿Qué clase de conversación era esa? Como quedarse callados mientras caminábamos resultaba un poco raro, maté el tiempo sacando un tema conocido. Cualquier cosa era menos incómoda que escuchar el crujido de nuestros pasos sobre el sendero. —¿Te llevas bien con las demás chicas? Quiero decir, en esta prueba no puedes hacer las cosas tú sola, ¿no? —No, en absoluto… En realidad no hablamos ni nada —murmuró Sakura, enroscándose un mechón de pelo en el dedo índice. Era como si le diera vergüenza de sí misma. —La verdad es que no valgo para nada. No sirvo para el deporte, ni para estudiar. Siento que no avanzo como persona en ningún aspecto. —Eso no es verdad. Estás avanzando, Sakura-chan. —¿Eh? ¿Yo, avanzar? Ja, ja, ja… No es verdad. —Sí que lo es. Puede que tú no lo veas, pero estás avanzando poquito a poco. Intenté transmitírselo tanto con mis palabras como con mi actitud. Era especialmente eficaz con alguien como Sakura, que carecía de confianza en sí misma. Era la primera vez que le decía algo así a alguien tan desde el fondo del corazón, y esperaba que le llegara. Sakura se detuvo y me miró con los ojos temblorosos. Intentaba averiguar el verdadero sentido de mis palabras. —No pasa nada. Dentro de muy poco harás amigos, Sakura. Entonces la escuela será mucho más divertida. Cuando nuestras miradas se encontraron, Sakura se sobresaltó y bajó los ojos. El mero hecho de que hubiera podido mirar a alguien, aunque solo fuera un instante, ya suponía una gran diferencia con respecto a cuando nos conocimos. —Ahora que lo pienso… Ese hombre, el del otro día… parece que dimitió. El hombre que trabajaba en la tienda de electrónica del campus había sido un fan extremadamente entusiasta de la época de Sakura como idol de gravure… No, en realidad era un acosador. No le bastaba con rondar la página web de Sakura; había tramado llegar a conocerla en persona. —Gracias por todo… Todo salió bien gracias a ti, Ayanokouji-kun. —Yo no hice gran cosa. Te salvaste porque te acercaste a Kushida, y porque Horikita e Ichinose ayudaron. Yo solo estaba por allí. En cualquier caso, más importante aún… no ha vuelto a pasar nada raro, ¿verdad? Aunque el acosador ya no estaba dentro del recinto de la escuela, seguía existiendo la posibilidad de que intentara contactar por internet. —No, todo ha ido bien. De hecho, también me he tomado un pequeño descanso del tablón de mensajes. Probablemente era una medida de precaución. Seguramente una decisión sensata. —Además, aunque normalmente siempre pareces nerviosa, cuando eras idol tenías una expresión muy segura de ti misma. —Bueno, eso… eso era porque yo misma hacía las fotos. —¿Hace mucho tiempo? Pero cuando salías en revistas no te harías tú misma las fotos, ¿no? Sakura respondió con una sonrisa torpe, algo avergonzada. —No se me daba bien, y además tardaba mucho más que las demás. Un fotógrafo se encargaba de hacer las fotos a las chicas para que hubiera el menor número de personas posible. Y además… por aquel entonces podía soportarlo porque me vaciaba por dentro. Era como borrarme a mí misma, eliminar mis sentimientos. Pero al final llegué a mi límite y tuve que parar un tiempo. Sakura soltó todo eso de una sola vez y, justo al final, se detuvo para tomar aire. El incidente con el acosador parecía haberle dejado cicatrices, pero ahora las cosas iban mejorando. Delante de nosotros se alzaba una densa masa de árboles. Me adelanté a Sakura y seguí hasta la abertura del sendero. El camino que teníamos por delante comenzó a empinarse bastante. Como ya llevábamos un rato andando, decidí que era momento de hacer una pausa. Miré hacia atrás. Sakura estaba temblando, con los hombros sacudiéndose. Puede que no hubiera esperado que fuera a volverme. —¿Qué te parece si descansamos un poco? Seguramente todavía nos queda un rato hasta llegar. Después de recorrer un sendero tan accidentado durante media hora, Sakura probablemente estaba agotada. Pareció aliviada. Busqué un árbol grande que nos diera sombra frente al calor sofocante, y nos sentamos entre sus raíces, donde había espacio suficiente para dos personas. Sin embargo, Sakura decidió sentarse un poco más lejos, quizá por su carácter reservado. Pero el suelo allí era irregular y lleno de bultos, así que seguramente le resultaría incómodo. —Siéntate aquí. —¿Está bien? —Sí, claro. Allí no estás cómoda, ¿no? —S-sí… Todavía cohibida, Sakura se sentó a mi lado. Dejó tanta distancia entre los dos que apenas se rozaban las mangas de nuestros uniformes de gimnasia. —La naturaleza es increíble, ¿verdad? A mí me gusta pasar bastante tiempo libre en sitios así, aunque solo sea paseando —dijo Sakura. —Teniendo en cuenta incluso a alguien como Kouenji, supongo que la escuela se ha esforzado mucho en mantener este lugar en buen estado. En circunstancias normales, una selva en el extranjero sería bastante más peligrosa. —Cuando salimos de excursión, al principio me sentí deprimida. No tenía amigos, y además no me gustan mucho los viajes. Pensé que me habría dado igual quedarme en mi habitación. Si hubiera hecho eso, mi vida habría seguido exactamente igual que siempre. Pero entonces pasó todo esto. Nos dijeron que era una especie de prueba… Sakura alzó la vista al cielo, con la espalda apoyada en el árbol. —Pero ahora me alegro un poco de haber venido. Porque nunca había tenido la oportunidad de hablar así contigo, Ayanokouji-kun… Allí, en lo profundo del bosque, la naturaleza y aquella serenidad nos envolvían por completo. —Ojalá pudiéramos quedarnos así para siempre… —Sí. En los tres días que llevábamos en la isla desierta, aquel era el tiempo más largo que había pasado a solas con Sakura. Me pregunté si aquello sería algún tipo de encuentro dictado por el karma entre dos personas sin amigos. No se sentía extraño ni inútil. Como había dicho Sakura, daba la impresión de que la distancia entre nosotros se había acortado un poco. No diría que estuviéramos enamorándonos ni nada por el estilo, pero sí que era como si nos estuviéramos haciendo amigos. Probablemente era la primera vez que sentía que una relación se inclinaba hacia la amistad. —Oh… Qué pena. Si hubiera traído mi cámara digital, seguro que habría podido hacer las mejores fotos, pero… Sakura formó un marco con los pulgares y los índices, y varias veces nos encuadró a ella y a mí dentro de él. Después puso una cara avergonzada, como arrepintiéndose de haberlo hecho. Desde luego, una cámara era imprescindible para conservar recuerdos. Como Sakura siempre iba con su cámara digital por la escuela, imaginé que aquel momento debía de parecerle perfecto para fotografiarlo. Conservar recuerdos, ¿eh? Así que por eso Ibuki llevaba una cámara digital. —Pero si yo salgo en la foto, ¿no estropearía el paisaje? —No, si sales tú en la foto, Ayanokouji-kun, sería la mejor de todas… ¡Ah! ¡No! Quiero decir… es que nunca me he hecho una foto con un amigo —gritó Sakura, negando apresuradamente con la cabeza. Sakura era completamente sincera. Mientras estábamos sentados uno al lado del otro, de pronto me la quedé mirando. Al principio Sakura no se dio cuenta, pero tras un largo silencio terminó notándolo. Nuestras miradas se cruzaron. ![](/api/get-image/71153466-7b37-4563-8210-3a7e56406a11.webp/chapters/false) —¡¿Q-qué?! ¡¿Qué pasa?! —Tranquila. No hagas ruido. Sakura entró en pánico. Puse ambas manos sobre sus hombros y la sujeté con firmeza. —¡Iiiih! Acerqué mi cuerpo al suyo, deslizándome hasta quedar pegado a ella. Cuando lo hice, Sakura se quedó petrificada, como una rana atrapada bajo la mirada de una serpiente. Mis ojos se clavaron en su pelo, donde algo se movía. Incluso alguien como yo, que no sabía mucho de insectos, era capaz de reconocerlo. Era lo que todo el mundo llamaría una oruga peluda. Sinceramente, me daba un asco tremendo. La forma en que se retorcía y el hecho de que tuviera tantísimas patas me provocaron un escalofrío. Seguramente se habría caído del árbol en el que estábamos apoyados. ¿Qué debería hacer? pensé. Si le decía a Sakura que tenía una oruga en el pelo, probablemente entraría en pánico y se pondría a gritar. Y si la oruga se le metía dentro de la ropa, aquello sí que sería un desastre aún peor. —Sakura, hay algo que quiero preguntarte… —¿Q-qué pasa? —Tú… ¿llevas bien los insectos? —¿L-los insectos? —Sí. Insectos. Saltamontes, libélulas, ese tipo de cosas. —N-nada bien. No los soporto. Ni siquiera a las hormigas. —Ya veo. Vale, entonces… No podía decírselo sin más. Tenía que pensar otra forma de hacerlo. Ojalá pudiera quitársela de encima de un manotazo rápido, pero como chico de ciudad, yo también odiaba los insectos. Incluso si intentaba apartarla con una ramita o algo así, Sakura se daría cuenta enseguida. —Mmm. En cualquier caso, intenta no moverte por ahora, ¿vale? —V-vale. Sí… Tras advertírselo con cuidado, aparté las manos de sus hombros. Mientras tanto, la oruga se retorció como si fuera a echar a andar. Seguro que solo quería escapar, y yo tenía que pensar una forma de librarme de ella sin poner a Sakura en peligro. —¿Qué pasa? Mientras intentaba idear un plan, Sakura inclinó la cabeza con expresión desconcertada. Como si hubiera percibido el peligro en aquel movimiento, la oruga trató de huir desesperadamente. Ah, no, esto no pintaba bien. ¡No hagas tonterías, bicho! Ya no podía retrasarlo más. Tenía que salvar a Sakura aunque eso implicara sacrificarme. Con la mano temblorosa, la extendí con valentía hacia su cabello. ¡Ahí! Toqué la oruga, la agarré de golpe y la lancé hacia los arbustos. Sakura seguramente no entendió qué había pasado, pero al menos había conseguido protegerla. —Ugh… Tengo la sensación de que había algo asqueroso sobre mí… Después del descanso seguimos charlando con naturalidad y, guiados por el pañuelo que había dejado como marca, llegamos a nuestro destino. Habíamos tardado menos de lo que pensaba, apenas unos veinte minutos en total. En cualquier caso, recuperé con cuidado el pañuelo y se lo devolví a Sakura. Luego observé los alrededores desde el lugar donde creía que Kouenji había estado mirando la otra vez. A simple vista, no había nada en aquel bosque que destacara. No parecía haber absolutamente nada. ¿Qué demonios había estado mirando? —¿Tú has notado algo? —pregunté. —Ehmm… ¿Qué es lo que debería ser distinto? Si la vista no bastaba, había que recurrir al resto de sentidos. —Por ahora, investiguemos la zona, pero no te alejes mucho. Y vayamos comprobando cada poco dónde está el otro. Si no nos concentramos, es fácil despistarse. Nos arrodillamos para examinar la tierra y las raíces del gran árbol, y tocamos las hojas y ramas verdes que se extendían sobre nuestras cabezas. Afinamos el olfato mientras aspirábamos por la nariz el aire cálido. También abrimos bien los oídos y escuchamos. Pusimos en juego los cinco sentidos y revisamos la zona a fondo, procurando no pasar por alto ni el más mínimo cambio. —¡¿Qué…?! Sakura, que estaba registrando unos arbustos apartada de mí, dejó escapar un grito de sorpresa. La maleza era tan densa que solo alcanzaba a ver parte de su cuerpo, y pensé que quizá se había vuelto a caer. —¡Mira! ¡He encontrado algo increíble! —La voz de Sakura rebosaba una emoción ansiosa. Mientras intentaba adivinar a qué se refería, vi que entre los arbustos asomaban unas hojas verdes de otro tipo. También se dejaban ver algunas partes amarillas. —¿Esto es… maíz? —Eso parece. Me pregunté si el maíz solo crecía en esa zona. No sabía mucho de plantas, pero era obvio que aquello no era natural. La tierra allí tenía un color distinto a la del resto del bosque, prueba de que aquel maizal había sido cultivado artificialmente. También resultaba extraño que estuviera rodeado de arbustos por todos lados, oculto entre la maleza de forma que costaba mucho encontrarlo. —Así que esto era lo que vio Kouenji… Lo había descubierto de un solo vistazo y no dijo nada por culpa de su maldito orgullo. En cualquier caso, estaba completamente seguro de que los responsables de la escuela habían estado entrando y saliendo de esta isla desierta. Aquel lugar cultivado lo dejaba claro. Examné las mazorcas, que tenían un aspecto estupendo gracias al buen cuidado y mantenimiento. —Habría estado bien traer bolsas… Aunque supongo que no podemos, ¿crees que deberíamos intentar llevarnos todo esto? Había unas cincuenta mazorcas, pero transportarlas sin ayuda era imposible. Si queríamos llevarlas todas al campamento, inevitablemente tendríamos que hacer varios viajes. Me quité la camiseta. —¡¿Eh?! ¡Q-q-q-qué estás haciendo, Ayanokouji-kun?! ¡Es demasiado pronto para eso! Sakura soltó el maíz y se tapó los ojos con ambas manos. —Perdón, perdón. Pensé que no pasaría nada. Espera… ¿qué querías decir con “demasiado pronto”? No creía que a una chica de su edad le importara ver a un chico sin camiseta, pero quizá no había sido lo bastante considerado. —Si atamos las mangas y el bajo, podemos usar mi camiseta como bolsa. Así podríamos cargar más de una vez. Temía que, si nos íbamos y otra clase encontraba este sitio, se llevaran el maíz. Quería minimizar ese riesgo al máximo. —Cuando volvamos, se lo contaremos a todos y vendremos a recoger más. —Vale. El hallazgo inesperado nos tenía a ambos radiantes de alegría… hasta que divisamos a unos visitantes igual de inesperados. —Vaya. ¡Mire, Katsuragi-san! ¡Aquí hay una cantidad increíble de comida! Sakura, que estaba completamente pendiente del maíz, pegó un salto del susto. Se escondió detrás de mi espalda. Al verla así, Katsuragi se disculpó. —Lo siento. No pretendíamos asustaros. Él tampoco tenía mala intención. Por favor, perdonadnos. Le lanzó a Yahiko una mirada severa, obligándolo a disculparse. Yahiko, visiblemente desanimado, murmuró una disculpa. Ya me había encontrado con esos dos antes. Katsuragi no mostró ninguna reacción, pero Yahiko me reconoció al instante. —¡Eh, tú eres el espía de ayer! Yahiko levantó la voz, gritándome con irritación. Sakura volvió a sobresaltarse y se encogió sobre sí misma. Al verla así, Katsuragi dejó caer el puño sobre la cabeza de Yahiko. Incluso desde donde estábamos se oyó el golpe seco y doloroso. —Me llamo Katsuragi, de la Clase A. Él es Yahiko. Ya que esta es la segunda vez que nos vemos, supongo que una presentación formal está bien, ¿no? —Soy Ayanokouji, de la Clase D. Ella es Sakura. Tras intercambiar un saludo breve, Katsuragi echó un vistazo a la gran cantidad de maíz. —Lo habéis encontrado vosotros. No os preocupéis, no tenemos intención de quitároslo. Pero si otro encuentra este sitio, es muy probable que se lo lleve. —No podemos hacer nada. Solo estamos aquí los dos. No nos quedaba otra que confiar en que nadie más lo descubriera. Una posibilidad era ocultarlo todo, pero eso tampoco eliminaba el peligro. —Sois idiotas. ¡Uno de vosotros dos podría quedarse vigilando! ¿No es así, Katsuragi-san? —El que no entiende la situación eres tú, Yahiko. No subestimes el peligro de moverse solo por el bosque. Incluso para un grupo de chicos ya es complicado, pero cuando van un chico y una chica, inevitablemente surgen ciertas limitaciones. Por eso Katsuragi no se internaba solo en el bosque. —Os ayudaremos. —¿E-en serio, Katsuragi-san? Pero cooperar con la Clase D es… Yahiko quería negarse a todas luces, pero se calló al recibir una mirada cortante de Katsuragi. —Agradecemos la oferta, pero nuestra clase nos ha dicho que tengamos cuidado. Si descubren que dependimos de la Clase A, se enfadarán. Lo siento, pero tenemos que rechazarlo. Era mentira, pero Katsuragi no tuvo más remedio que echarse atrás. —Ya veo. No podemos obligaros. Pero ¿de verdad podéis confiar en nosotros? Una vez os vayáis de aquí, existe la posibilidad de que nos llevemos todo esto, ¿no? —En ese caso, no me quedaría más remedio que dar por perdido lo que llevo ahora mismo. Katsuragi se apartó en silencio y nos dejó paso. Sakura seguía mostrando inquietud mientras nos alejábamos a toda prisa. Después, cuando Sakura y yo regresamos al campamento base, informamos a todos sobre el maíz. —¡Menudo hallazgo, Ayanokouji! ¡Y tú también, Sakura! ¡Vamos a por ello, Yamauchi! Ike llamó a Yamauchi, que estaba cerca. En cuanto nos vio a Sakura y a mí hablando con Ike, Yamauchi vino corriendo con una intensidad fuera de lo normal. Me agarró del brazo y me apartó bruscamente de Sakura. —¡O-o-oye, tú! ¿Por qué estabas a solas y sin camiseta con Sakura? ¡¿Por qué?! ¡¿Eh?! —Tranquilízate. Es un malentendido, nada más. No ha pasado nada. No sabía qué tipo de fantasías se estaba montando Yamauchi, pero aquel no era el momento de discutirlo con él. —Tengo que ir a hablar con Hirata. Perdona. —¡Yo confiaba en ti, Ayanokouji! Mientras Yamauchi desvariaba a gritos, fui a informar a Hirata. Poco después organizamos un grupo y salió del campamento para ir a recoger el maíz. Además, nos marcamos como objetivo explorar otros lugares y buscar más comida. Alrededor de la una de la tarde, todos regresaron tras terminar la recolección. —¡Hemos conseguido un montón de comida! La bolsa parecía ir absolutamente repleta. —Aunque fue bastante peligroso. Aquel tipo de la Clase A, Katsuragi, andaba cerca. Por lo visto, Katsuragi no se había llevado el maíz después de que Sakura y yo nos fuéramos. En vez de eso, se había quedado allí para vigilarnos. No sabíamos con certeza si sus intenciones eran buenas o malas. ![](/api/get-image/7927d212-3082-4322-ac88-f37b2f4246f9.webp/chapters/false)
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Estás leyendo el capítulo 110 de Classroom of the Elite (Novela), un novela. Kiyotaka Ayanokouji se ha inscrito en la Preparatoria Metropolitana de Educación Avanzada, donde se dice que el 100% de los estudiantes van a la universidad o encuentran empleo. Pero termina en Clase 1-D, que está lleno… Este capítulo tiene publicado el 30 de abril de 2026, Traducido por el grupo Koko88. Classroom of the Elite (Novela) tiene 159 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.