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Leer Classroom of the Elite (Novela) Capítulo 109 online gratis en español

🏴 Grupo: Koko88✍️ Traducción: Koko88
Vimos la entrada de una cueva que parecía internarse profundamente en la ladera de la montaña, como la boca de un demonio. Cerca de la entrada había dos baños portátiles y una ducha. —Desde aquí no se ve prácticamente nada del interior… Intentar confirmar qué había dentro manteniendo las distancias era casi imposible. Ni Horikita ni yo conocíamos a nadie de la Clase A. Aunque nuestra intención era movernos con sigilo, ocultarnos y reunir información, así no llegaríamos a ninguna parte. Pasé por delante de Horikita y avancé por el camino hacia la cueva. —E-espera. —Vamos. Quiero decir, es la Clase A, así que claro que impone un poco. No se puede evitar. Los dos nos dirigimos hacia el campamento base. —¿Qué estás pensando hacer? No ganamos nada exponiéndonos sin cuidado. —¿Y qué ganamos intentando fisgonear desde nuestro escondite? Apenas vemos nada, y no hay nadie por aquí. No vamos a sacar mucho en claro si no entramos en la cueva. —Estás demasiado tranquilo, ¿no? ¿Se te ha ocurrido algo? —preguntó Horikita. —No he pensado nada. Anda, no te preocupes. —Uf, qué respuesta tan vaga e incomprensible. Me fulminó con una mirada fría y bastante inquietante, pero hice como si no me diera cuenta. Como era natural, algunos alumnos de la Clase A que estaban por la entrada de la cueva nos descubrieron. Pensé que aún podría arreglar la situación con tal de echar un vistazo al interior. Sin embargo, en la entrada habían unido varias lonas de vinilo formando una especie de gran cortina que bloqueaba completamente la vista. No se veía nada dentro. —¿Y vosotros quiénes sois? ¿De qué clase sois? Aquel era, sin duda, uno de los dos chicos que encontraron la cueva enseguida el primer día. Yahiko. El otro, Katsuragi, el de aspecto avispado, no estaba por allí. —Hemos venido a curiosear. ¿Algún problema? —respondió Horikita con una actitud intimidante. Era como si en su cabeza se hubiera activado un interruptor temerario. Y añadió: —Quiero decir, habría pensado que, siendo de la Clase A, seríais más listos, pero… Miró la lona que cubría la entrada de la cueva y dejó escapar un suspiro claramente forzado. —Bueno, más que listos, diría que sois rastreros. Qué métodos tan cobardes. —¿Qué? Aunque era obvio que intentaba provocarlo, Yahiko sonó realmente molesto, como si le hubiera tocado la fibra. —Soy Horikita, de la Clase D. —Ja. Se nota a la legua que sois de la Clase D. Unos fracasados inútiles, vaya. —¿Inútiles, dices? En ese caso, no debería haber ningún problema en que veamos lo que hay dentro, ¿no? ¿O es que eso te incomoda? —¡No es eso! —Entonces no pasa nada si miramos, ¿verdad? Estorbas. —¡E-espera! ¡Eh, espera! ¡He dicho que esperes! ¡No hagas lo que te dé la gana! Yahiko se colocó delante de Horikita para bloquearle el paso, pero las palabras de ella lo dejaron clavado en el sitio. —Solo vamos a mirar dentro. Eso, en sí mismo, no va contra las normas, ¿verdad? —Deja de tocar las narices. La Clase A ocupa este sitio. La Clase D no tiene permiso para usarlo. —¿Ah, sí? O sea, que ocupáis este lugar. No lo sabía. ¿Entonces dentro hay un dispositivo? —S-sí. Así que largo de aquí. —Bueno, desde luego no hay ninguna norma que diga que no podamos entrar en la cueva. Es cierto que no podemos usarla mientras esté ocupada, pero eso no significa que tengáis derecho a monopolizarla ni nada parecido. Deberíamos tener derecho al menos a mirar dentro o a confirmar si hay equipo, ¿no? Si no fuera así, bastaría con que alguien se adueñara de todos los sitios por la fuerza. Y de eso no va esta prueba. —¡¿Eh?! Su argumento, afilado como un cuchillo, atravesó a Yahiko sin esfuerzo. El pelo de Horikita se agitó cuando intentó apartar la cortina que ocultaba la entrada de la cueva. Sin embargo… —¿Qué estás haciendo? No recuerdo haberte dado permiso para invitar a nadie. Un chico especialmente alto pasó por mi lado y avanzó hasta colocarse delante de Horikita. Era, sin duda… —¡Katsuragi-san! ¡Estos dos han venido a fisgonear nuestro campamento! ¡Son unos perdedores de mierda! —Qué exagerado. Solo es vinilo. Enséñamelo un poco. Horikita se volvió hacia los dos chicos sin mostrar el menor signo de miedo. —Muy bien, podéis echar un vistazo al interior. Eso sí, preparaos. En el momento en que toquéis algo, avisaré a la escuela y denunciaré vuestras acciones como una obstrucción contra otra clase. No puedo garantizar qué consecuencias tendría eso para la Clase D. Katsuragi seguramente estaba fanfarroneando. Había muy pocas probabilidades de que nos descalificaran por tocar una lona. Y aun así, en sus palabras se intuía un peligro real. —Estáis monopolizando este lugar por la fuerza. Las normas no protegen ese tipo de comportamiento. —Tienes razón en eso. No puedo rebatírtelo. Sin embargo, es una especie de norma tácita. Vosotros, en la Clase D, tenéis vuestro sitio junto al río. La Clase B tiene el pozo. Vivís dentro de ese espacio y lo rodeáis, así que, en cierto modo, también lo estáis monopolizando. ¿Habéis tomado alguna medida contundente contra quienes entran en vuestra zona? Las palabras tranquilas de Katsuragi detuvieron a Horikita en seco. —Una clase ocupa un lugar. Después, sigue protegiéndolo para poder obtener puntos hasta el final de la prueba. Si se rompe esa norma no escrita, se desata el caos. Naturalmente, la Clase A irrumpirá en la base de la Clase D en represalia. Deberíamos evitar problemas. Podíamos ignorarlo, pero no nos convenía hacerlo. Tal como decía Katsuragi, las demás clases habían acabado apropiándose, de forma inconsciente, de un área cada una. Si rompíamos esa regla, nuestros problemas no harían más que aumentar. Horikita se dio media vuelta y se alejó de la cueva. —Muy bien, como quieras. Tengo ganas de ver los resultados… y de comprobar la capacidad de la Clase A. —Somos muy capaces. Y también esperamos cosas de vosotros, Clase D. Me refiero, claro, a vuestros inútiles esfuerzos. Después de aquel breve intercambio, a Horikita se le desinfló por completo el ímpetu. Si Katsuragi no hubiera aparecido, probablemente habría atravesado la lona y habría entrado sin dudar. —Yahiko, no respondas a provocaciones baratas. Su objetivo era abrirse paso y mirar dentro. Si le plantas delante una superioridad incontestable, el otro lado acabará reculando. —L-lo siento. Habían dejado a Horikita sin otra opción que retirarse. Maravilloso, de verdad. —Parece que no nos queda otra que dejar en paz a la Clase A. Desde luego, así no vamos a poder investigarlos. Una vez que se hicieron con el lugar, ocultaron gran parte tras una muralla prácticamente inexpugnable. Aun así, pese a todo, sí habíamos conseguido sacar algo en claro de aquel encuentro. ![](/api/get-image/a599391f-10de-4846-8bf8-3bba0a751895.webp/chapters/false)
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Classroom of the Elite (Novela) Capítulo 109

Estás leyendo el capítulo 109 de Classroom of the Elite (Novela), un novela. Kiyotaka Ayanokouji se ha inscrito en la Preparatoria Metropolitana de Educación Avanzada, donde se dice que el 100% de los estudiantes van a la universidad o encuentran empleo. Pero termina en Clase 1-D, que está lleno… Este capítulo tiene publicado el 30 de abril de 2026, Traducido por el grupo Koko88. Classroom of the Elite (Novela) tiene 159 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.