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Leer Classroom of the Elite (Novela) Capítulo 111 online gratis en español

🏴 Grupo: Koko88✍️ Traducción: Koko88
En el cuarto día alcanzamos un punto de inflexión. Los gritos y las quejas desaparecieron, sustituidos por risas. Además del maíz que habíamos encontrado, Ike y los demás habían pescado algunos peces. Tampoco quedaba ya resistencia a beber agua del río. Gracias a la fruta que habían encontrado nuestros compañeros, habíamos ahorrado más puntos de lo previsto y estábamos superando la prueba. Por ahora, habíamos gastado en total unos 100 puntos, contando contratiempos como la retirada de Kouenji. Si seguíamos así, terminaríamos la prueba con bastantes puntos de sobra. Teniendo en cuenta cómo estaba la Clase D al principio, aquellas cifras eran simplemente extraordinarias. Incluso Yukimura, que había sido quien más se resistió al comienzo, ya no tenía quejas. Todo el mundo estaba satisfecho con los resultados. Empecé a notar un pinchazo molesto en la cabeza, acompañado de un leve martilleo. Pedí prestado un bolígrafo, me lo guardé en el bolsillo junto con el papel doblado de antes, y salí del campamento base. Ya empezaba a entender mejor esta prueba. Si tuviera que dividirla, diría que un ochenta por ciento era defensiva: servía para determinar si tu clase era capaz de establecer relaciones cooperativas. Por tanto, concluí que el veinte por ciento restante era ofensivo: evaluaba si tenías la capacidad de explorar, investigar y reunir información. Sin embargo, esa proporción de 8 a 2 no se reflejaba directamente en los resultados. Más bien, ese veinte por ciento influía aún más en el desenlace. Ya conocíamos los planes de cada clase. En ese caso, también sabíamos qué debíamos hacer: atacar a las demás clases. Así que me dirigí hacia la zona de la Clase A. Como la Clase D tenía su base cerca del río, lo más probable era que la Clase A hubiera centrado sus actividades en torno a su cueva. El verdadero atractivo de aquel lugar no era solo que ofreciera refugio frente a la intemperie; el sitio en sí tenía valor. Mientras avanzaba por el bosque, oí a lo lejos el débil sonido de las olas. Aceleré el paso y conseguí abrirme camino entre los árboles hasta llegar a la costa. —Vaya… Frené en seco al borde de un acantilado. —Seguro que vi algo desde el barco. Estaba ahí abajo. Distinguí varias instalaciones bastante cerca de la cueva. No parecía haber ningún camino alternativo para llegar, pero, al bordear el acantilado, descubrí una escalera colocada en un punto ciego. Cualquiera la habría pasado por alto a primera vista. Me agarré con fuerza a la escalera. Parecía sólida, así que la utilicé para bajar hasta el pie del acantilado. Poco después de bajar, encontré una pequeña caseta. Junto a la entrada vi un dispositivo: la prueba de que aquello era un punto. Al asomarme por la ventana, vi material de pesca. En otras palabras, si ocupabas ese punto, podías pescar sin tener que pedir equipo prestado a la escuela. Cuando comprobé si el punto estaba ocupado, vi en la pantalla las palabras Clase A. Al parecer, les quedaban cuatro horas. No me cabía duda de que Katsuragi y los demás habían venido allí y se habían adueñado de la zona después de asegurarse la cueva. No habrías sabido de la existencia de ese punto si no lo hubieras descubierto cuando aún estábamos en el barco. Además, como la caseta estaba justo al pie del acantilado, no tenías que preocuparte de que nadie de los alrededores te viera. Las herramientas del interior parecían sin usar. Había polvo acumulado sobre ellas. Saqué el mapa del bolsillo y anoté la ubicación aproximada de la caseta. Solo aproximada, claro. Medirla con precisión me habría llevado un tiempo absurdo. Cuando terminé de marcarlo en el mapa, volví a doblar el papel y me lo guardé en el bolsillo. Como no parecía haber nada más, trepé de nuevo por la escalera hasta lo alto del acantilado. —Cuando dimos la vuelta a la isla, vi una torre por allí… Me apoyé en la memoria mientras observaba la zona. Dirigí la vista hacia el suelo, donde se notaban huellas de gente que había pasado por allí, y seguí aquel rastro bosque adentro. Finalmente llegué a una zona elevada. ¿También habría un punto allí? Parecía posible tener una vista de toda la playa subiendo por la escalera instalada, pero la instalación no parecía tan útil. Daba la impresión de que unos puntos eran mejores que otros. Me acerqué para comprobar el equipo que había en la pared de la instalación. A diferencia del lugar anterior, este no parecía estar ocupado. El edificio en sí era bastante grande, así que, aunque se encontrara en plena espesura, habría sido fácil de localizar. En otras palabras, eso significaba que no sabía quién podía estar vigilando la zona. El hecho de que nadie ocupara la torre demostraba que controlarla conllevaba el riesgo de ser observado por el enemigo. Katsuragi era un hombre prudente, que confiaba en estrategias sólidas y seguras. No mordería el anzuelo a la ligera, por apetitoso y cercano que fuera. Los arbustos cercanos crujieron pese a que no soplaba viento. —Entonces, ¿no vais a ocupar este punto por simple cautela? —¿Qué haces tú aquí? Este lugar lo está usando la Clase A. Dos chicos salieron de los arbustos como si llevaran esperando justo a que alguien cayera en su trampa. Me habían rodeado. Uno de ellos fue enseguida al terminal para comprobar su estado. Seguramente estaba verificando si yo había reclamado el punto o no. —¿Quién eres? No te he visto la cara antes. Era normal. Un marginado de la Clase D, una cochinilla autoproclamada que se escondía debajo de una piedra, no era precisamente memorable. El chico que tenía delante blandió una rama como si fuera un arma y me la acercó a la garganta. Intentaba intimidarme. —Soy Ayanokouji, de la Clase D. Por supuesto, me doblegué al instante y les dije mi nombre. —Regístralo. Mira a ver si lleva algo sospechoso. Me metieron las manos en los bolsillos e incluso me revisaron los tobillos por si ocultaba algo, como si fuera un sospechoso rodeado por la policía. —Esto no es violencia. ¿Entendido? Ante una pregunta así, probablemente solo había una respuesta posible: asentir. Me registraron y me quitaron el bolígrafo y el mapa doblado. —¿Para qué quieres el bolígrafo? ¿Y este mapa dibujado a mano? En el mapa había un boceto aproximado de la isla, junto con mis notas sobre los puntos ocupados. —Devuélvemelo. Extendí la mano, pero no me lo dieron. Al final solo agarré el aire. —¿Cuál es tu objetivo? ¿Actúas solo? Mientras me acribillaban a preguntas, guardé silencio. Tres segundos, cuatro segundos. Me aclaré la garganta. —No puedo decirlo. —Ya veo. Así que no puedes hablar de alguien de la Clase D que mueve los hilos. ¿Está planeando algo toda la Clase D? ¿O solo algunos estudiantes están tramando algo? Me lanzaban preguntas una tras otra, como en un interrogatorio. —No puedo decirlo. Si lo hiciera… puede que no pudiera volver a mi clase. —Ser un subordinado debe de ser duro, Ayanokouji. Bueno, da igual. No sé qué te han mandado hacer, pero no causes problemas innecesarios. Lo mejor para ti sería quedarte calladito en el campamento base. Me tiraron el bolígrafo a los pies, pero se quedaron con el papel. No tenían ningún derecho a darme órdenes, pero aun así eran coercitivos. —Hay una cosa más de la que quiero hablar contigo. Si nos dices la identidad de tu líder, estamos dispuestos a ofrecerte una generosa recompensa. Cien mil o doscientos mil puntos. —¿Me estáis pidiendo que venda a mi clase por dinero? —Eres libre de interpretar mis palabras como quieras, pero ya he hecho la misma oferta a otras personas. Es una oferta limitada al primero que llegue. Te conviene venir y contármelo cuanto antes. La estrategia de la Clase A prácticamente no implicaba ningún riesgo. Era un método sencillo, que podía ponerse en práctica siempre que se dispusiera de fondos abundantes. Aunque la probabilidad de que funcionara era baja, no se podía descartar la posibilidad de que algún estudiante se dejara deslumbrar por el dinero y traicionara a sus amigos. —Lo siento, pero no me lo creo. ¿Cómo ibais a pagarle a alguien? Aquí no tenemos móviles, ¿no? —Es cierto que ahora no podemos hacerlo. Si fuera necesario, no nos importaría redactar un compromiso por escrito. En otras palabras, pensaban firmar un acuerdo ahora y transferir los puntos privados después de la prueba. —¿Un compromiso por escrito, eh? Déjame preguntarte algo por curiosidad… ¿Cuántos puntos me daríais si os contara algo? —Eso depende de tu actitud. —¿Podría dejar el asunto en manos de alguien de confianza? Por ejemplo, alguien como Katsuragi. O tal vez Sa— En cuanto pronuncié el primer nombre, la expresión de uno de los chicos cambió. —¿Por qué has dicho Katsuragi? —He oído rumores de que Katsuragi es el representante de la Clase A. —No me hagas reír. La representante de la Clase A es Sakayanagi. No Katsuragi. Ya puedes irte. Por lo que acababan de decir, sonaba a que ya no tenían más uso para mí. Se apartaron para dejarme pasar. Parecía que esos dos eran enemigos de Katsuragi. Si eso era cierto, ¿estaban trabajando bajo las órdenes de Sakayanagi? ¿Era Sakayanagi quien lideraba la clase y no Katsuragi? Necesitaba aclararlo.
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Classroom of the Elite (Novela) Capítulo 111

Estás leyendo el capítulo 111 de Classroom of the Elite (Novela), un novela. Kiyotaka Ayanokouji se ha inscrito en la Preparatoria Metropolitana de Educación Avanzada, donde se dice que el 100% de los estudiantes van a la universidad o encuentran empleo. Pero termina en Clase 1-D, que está lleno… Este capítulo tiene publicado el 30 de abril de 2026, Traducido por el grupo Koko88. Classroom of the Elite (Novela) tiene 159 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.