Leer Classroom of the Elite (Novela) Capítulo 104 online gratis en español
🏴 Grupo: Koko88✍️ Traducción: Koko88
Cuando dieron las cinco, Kushida y su grupo regresaron. Al parecer, Hirata se había reunido con el grupo de Kushida. Como habían vuelto las figuras centrales de la clase, casi la mitad de nuestros compañeros empezó a reunirse alrededor de ellos.
Por lo visto, habían salido a buscar comida. Y se veía que habían tenido éxito. Desde lejos distinguí pequeños frutos rojos, como fresas, y quizá también tomates. También parecía que habían encontrado uvas y kiwis.
—Esto… ¿se puede comer? Quiero decir, parece fruta, pero…
Los alumnos no parecían demasiado convencidos.
—Aun así, tengo muchísima sed… Y hambre también.
—Yo también me estoy muriendo de sed…
Cuando cayó la tarde, era normal que empezaran a salir ese tipo de comentarios. Yo era uno de ellos. A medida que se acercaba la hora de cenar, el problema de la comida y el agua se hacía cada vez más evidente.
—¡Ah, oye, esto es arándano negro! ¿Lo habéis encontrado vosotras, Kikyou-chan? ¡Es increíble!
Ike se acercó, examinó la fruta y empezó a decirnos qué era cada cosa.
—Kanji-kun, ¿sabes qué es esto?
—Sí. Es una fruta, arándano negro. Los he comido antes cuando fui de acampada a la montaña. Como podéis ver, se parecen a los arándanos normales tanto en aspecto como en sabor. Esto es akebia. Es dulce y está muy rica. Jo, esto sí que me trae recuerdos.
No lo decía por hacerse el interesante; estaba siendo sincero. Todos miraban a Ike con interés mientras sonreía, disfrutando de aquellas frutas con nostalgia. Shinohara empezó a lanzarle preguntas una detrás de otra, e Ike le respondió sin rodeos.
—Ah… ya veo. Ah, esto me tranquiliza más de lo que pensaba.
A pesar de todos los problemas, al menos en eso habíamos logrado organizarnos. Aunque fuera poca cantidad, el simple hecho de haber encontrado comida era un alivio.
—Parece que habéis conseguido encender la hoguera. Gracias, Ayanokouji-kun.
—Deberías darle las gracias a Ike, no a mí.
El humo se elevaba en grandes bocanadas, suficiente incluso para servir como señal. Ike explicó:
—Si puedes ver el humo, podrás encontrar el campamento aunque te pierdas, ¿no?
—Sí, por eso hemos vuelto tan rápido. ¡Todo gracias a ti, Kanji-kun!
Aunque, al mismo tiempo, eso también significaba que corríamos el riesgo de que otras clases nos encontraran. Kushida y varios más parecieron darse cuenta de ello y asintieron en silencio. Habría pensado que recibir tanta atención y reconocimiento se le subiría a Ike a la cabeza, pero él no buscaba elogios de Kushida. En vez de eso, miró a Shinohara.
—Oye, Shinohara. He estado pensando en cómo me comporté hoy, con lo del baño y todo eso, y en lo cabezota que fui. Me puse tan pesado porque quería ahorrar puntos. Lo siento.
—¿P-por qué me pides perdón de repente?
—Es que me he acordado de la primera vez que fui de acampada. El baño era horrible, y encima había bichos por todas partes. Casi todo estaba sucio. Recuerdo que fui a quejarme a mis padres diciendo que odiaba tener que ir al baño allí y que quería volverme a casa. Seguro que para una chica es todavía peor…
Ike era increíble. Había entendido la situación por sí mismo y la había afrontado con calma. Tenía potencial para llegar lejos, a diferencia de una persona normal como yo. Hacía falta valor para decir algo así. Tardó en reunir ese valor y en disculparse, pero Shinohara también respondió con tono avergonzado.
—Yo… también siento lo de antes. Por decir que no podía beber agua del río. Creo que me dejé llevar demasiado. Si no aprendemos a adaptarnos, no vamos a conservar ni un solo punto.
Aunque ninguno de los dos miraba al otro directamente a los ojos, parecía que se habían reconciliado. Quizá la clase D aún podía terminar con puntos, después de todo. Probablemente los demás alumnos también lo interpretaron como una buena señal. Hirata, decidido a no dejar pasar aquella oportunidad, levantó la mano y atrajo la atención de todos.
—Escuchadme un momento. Este examen especial es algo completamente nuevo para todos nosotros. Entiendo que estéis confundidos. Además, cada uno ve las cosas a su manera, así que es natural que haya choques. Aun así, quiero que avancemos juntos y confiemos los unos en los otros hasta el final, sin dejarnos llevar por el pánico.
Hirata pronunció aquellas palabras con claridad. Después de tomarse un instante para recomponerse, continuó.
—Al fin y al cabo, todos los que estamos aquí queremos terminar con al menos un punto, ¿verdad? Por eso he intentado pensar en una cifra realista a la que podamos aspirar. Al final de la prueba, podríamos conservar 120 puntos o más. Ese es el objetivo por el que lucha la clase D.
—En otras palabras, ¿piensas gastar 180 puntos? No estoy seguro de estar de acuerdo, Hirata.
Yukimura lo miró con dureza, como si usar más de la mitad de nuestros puntos fuera un pecado imperdonable. Hirata, notando el peligro de que aquello se torciera, dejó el manual en el suelo y empezó a explicarlo.
—Quiero que escuchéis todo antes de sacar conclusiones. Para empezar, supongamos que vamos a usar puntos para todas las comidas. Si intentamos gastar lo mínimo posible, eso significa comprar los lotes de comida nutritiva y agua mineral.
La comida y el agua solían costar seis puntos por unidad, pero en pack costaban diez. Diez puntos por comida, dos veces al día, suponían una pérdida diaria de veinte puntos. Si hacíamos un pedido esta noche y otro el último día del examen, eso daba un total de doce comidas. En total serían 120 puntos. Si el último día aguantábamos y nos saltábamos una comida, la deducción sería de 110 puntos. Si a eso añadíamos los veinte puntos del váter provisional y otros veinte por las dos tiendas para los chicos, nos plantábamos en 150 puntos. Los treinta restantes seguramente se habían reservado para cubrir pequeñas necesidades varias, de modo que el gasto estimado total ascendía a 180 puntos.
Todos escucharon la explicación de Hirata en silencio.
—Entiendo que, al oír que nos quedarían 120 puntos, os parezca poca cosa. Pero creo que estamos demasiado obsesionados con estos 300 puntos. Si miráis los resultados del examen parcial y del final, creo que será fácil entender por qué lo digo.
Habíamos recibido puntos de clase extra antes de las vacaciones. Incluso la clase A, considerada superior a nosotros, no había llegado a sumar más de 100. Desde luego, 120 puntos no podían considerarse una cifra pequeña. Además, como también podíamos ganar puntos según el número de veces que ocupáramos una zona, existía la posibilidad de acabar con más de 120.
—Además, esa cifra de puntos es nuestro mínimo. Si conseguimos encontrar comida y agua suficientes para pasar el día, ajustaremos el cálculo y podremos ahorrar hasta veinte puntos. Y si logramos asegurar agua potable para toda la semana, ahorraremos cincuenta puntos o más.
Mientras hablaba, Hirata miró al río. A nuestros ojos, su valor acababa de dispararse.
—Ya veo… O sea, que si conseguimos resistir, solo con eso la situación puede cambiar muchísimo…
Cualquiera podría haber llegado a esa conclusión, pero la forma de hablar y de presentar las cosas de Hirata la hacía convincente. Había estado impecable. Primero nos mostró el límite mínimo, y después nos explicó que incluso podríamos rondar los doscientos puntos. Así consiguió motivar a todos hacia un objetivo alto. Si nos esforzábamos, podríamos acabar con muchos puntos. Más aún: con esfuerzo, podríamos aumentar muchísimo la cantidad final.
—Eso está bien, ¿no, Hirata? Podemos conseguir al menos 120 puntos. Y si nos esforzamos, incluso ganar más, ¿verdad? ¡Entonces hay que intentarlo sí o sí!
Ike, que hasta entonces había sido el más conflictivo, fue el primero en alzar la voz a favor. Sudou y Yamauchi también tenían pinta de estar de acuerdo, más que nada porque tampoco les quedaba otra. Yukimura seguía viéndose reacio, pero al ver a Ike ponerse del lado de Hirata, terminó cediendo.
—Ah, ahora que lo pienso, Hirata. Quería comprobar una cosa —dije.
Como Yamauchi se había olvidado de informar sobre Ibuki, no me quedaba otra. Sin embargo, la conversación entre nuestros compañeros siguió animándose, y no encontré oportunidad para meter baza.
—Supongo que ese es el destino de la gente popular. Bueno, esperaré un poco.
Me acerqué a Ibuki, que observaba la escena desde bastante más lejos.
—Perdona. ¿Puedes esperar un poco más? Voy a hablar con él sobre ti.
—No hace falta que te esfuerces. Seguramente solo acabaría siendo un estorbo.
Ibuki arrancó un puñado de hierba, visiblemente irritada.
—Total, me echarán de aquí igualmente. ¿Me equivoco?
—No lo sé. Hirata es exageradamente buena persona.
No podía imaginar que Hirata la expulsara si conocía su situación.
—Ah, por cierto, antes no me presenté. Me llamo Ayanokouji.
—Entonces, ¿quieres que me presente otra vez?
—No hace falta. Eres Ibuki, de la clase C. Me acuerdo.
Nos habíamos presentado cara a cara, pero Ibuki seguía sin mirarme a los ojos.
—Para futuras referencias, que levante la mano quien no tenga problema en beber agua del río —preguntó Ike.
La discusión pasó al siguiente tema, dejando atrás a Ibuki y a la clase C. Ike no obligaba a nadie a beber agua del río, pero sí quería saber qué opinaba la gente. Por supuesto, fue el primero en levantar la mano a favor. Casi la mitad de los chicos hicieron lo mismo. Shinohara parecía algo desconcertada, pero Ike le dijo con suavidad que no tenía por qué forzarse.
—Q-quiero esforzarme, pero… creo que me da un poco de miedo.
—Si es por lo que dijo Sudou, lo de hervir el agua, en realidad no es para tanto. Si te da miedo beberla tal cual, ¿por qué no lo probamos primero?
Unos cuantos alumnos más se sumaron. Poco a poco, algo que al principio había sido rechazado casi de plano empezaba a verse con mejores ojos. Shinohara seguía pareciendo asustada, pero levantó la mano.
—No sé si podré beberla, pero… estoy dispuesta a intentarlo.
—Estoy de acuerdo. Si la primera persona que la pruebe puede beberla, entonces debería estar bien.
Los demás parecieron aceptar esa idea, y entonces Kushida también levantó la mano. ¿Quizá quería influir en el grupo? Al poco tiempo, todos tenían la mano levantada salvo Horikita y yo. Todos nos miraron, y nosotros también levantamos la mano despacio. Aun así, seguía siendo difícil dar el paso y empezar a beber del río. Por si acaso, decidimos comprar algo de agua como reserva de emergencia.
—Tengo una petición, Ike-kun. Quiero que a partir de ahora nos prestes tu experiencia. Parece que eres el único aquí con experiencia en acampadas. ¿Puedes ayudarme? —preguntó Hirata.
—B-bueno, si me lo pides así, supongo que tendré que colaborar.
—¡Gracias!
Hirata casi dio un salto de alegría al oír la escueta respuesta de Ike. Shinohara, que antes había sido la que más se había quejado, no puso objeciones. Entonces Hirata empezó a recoger opiniones sobre la comida.
—Bueno, pronto anochecerá, así que por ahora no nos queda otra que pedir comida. Pero me gustaría que pensarais un poco en los días siguientes. Puede que por aquí cerca haya varios alimentos, y quería explorarlo.
—¿Qué quieres decir con por aquí cerca? ¿Aparte de la zona donde Kushida-san y las demás encontraron fruta?
—Sí. El río. Estaría genial si pudiéramos pescar y comernos algunos peces. Parece que hay bastantes peces de agua dulce. Así podríamos limitar en cierta medida el gasto de puntos. Además, pescar y asarlos en la hoguera suena bastante apetitoso.
—Bueno, dejando de lado si estarán ricos o no, ¿cómo piensas pescar?
—Me meteré en el agua. Aunque nunca lo he hecho antes.
Ike hizo el gesto de nadar, pero atrapar peces buceando a pulmón no parecía precisamente fácil.
—Aunque pueda sonar imposible capturar un pez con las manos desnudas, tenemos herramientas de sobra —dijo Hirata, señalando una entrada del manual.
“Cañas de pescar”. Además, había varios tipos.
—Una caña con cebo cuesta un punto, y una caña con señuelo cuesta dos.
No sería difícil recuperar el coste. Incluso podría salirnos muy rentable si lográbamos conseguir comida para uno o dos días gastando solo un punto. Y aunque no pescáramos nada, el coste era tan pequeño que apenas suponía un riesgo. No hubo objeciones.
—Bueno, entonces queda decidido. Vamos a coger una caña y pescar unos cuantos peces. Y, por supuesto, iremos a por la más barata.
Y así decidimos que nuestro objetivo sería pescar en el río y recolectar bayas en el bosque. Si nos salía bien, ya decidiríamos si comprar también un set de utensilios de cocina por cinco puntos más. Además, acordamos gastar otros veinte puntos para instalar una ducha. Esperábamos oposición, pero si solo usábamos agua fría, nuestra salud podía resentirse. Eso sí, los chicos solo podrían usar la ducha en mitad de la noche. En cuanto a las chicas, todas parecieron aceptar que beberían agua del río. Así que, una vez convencidos los que se oponían, la propuesta salió adelante.
—Por cierto… ¿esa chica, Ibuki-san, de la clase C? La he visto antes.
Una chica llamada Satou, que por fin se había fijado en la intrusa, miró a Ibuki con recelo. Ibuki seguía sentada en silencio, apartada del resto. Parecía que ya no me hacía falta romper el hielo.
—Bueno, parece que ha tenido algún problema en su clase…
Yamauchi, algo nervioso, explicó por qué Ibuki parecía haber sido apartada de sus compañeros.
—Ya veo. Habéis juzgado bien la situación. No podemos dejarla sola.
—Pero, Hirata-kun… ¿y si fuera una espía? Quiero decir, si descubre quién es el líder… —preguntó Yamauchi, alzando la voz para llamar la atención.
—Ah, es verdad. Supongo que es posible. Lo comprobaré. ¿Os parece bien, Yamauchi-kun? ¿Ayanokouji-kun?
Hirata se acercó a Ibuki. ¿Habría dejado fuera a Sakura por su exagerada delicadeza de chico perfecto? Sakura parecía aliviada por no verse involucrada.
—¿Tienes un momento, Ibuki-san? Quería hablar contigo —dijo Hirata.
—Seguramente solo estoy molestando. Ya habéis hecho bastante por mí.
Se puso en pie enseguida, como si quisiera salir corriendo.
—Espera un momento. Quiero preguntarte qué ha pasado. Quiero ayudarte.
Se detuvo al oír aquellas palabras. Después de ver su mejilla hinchada, Hirata seguramente había deducido que el asunto no era ninguna nimiedad.
—Nada va a cambiar aunque me quede. No quiero perder el tiempo sentada sin hacer nada.
—Esto es un examen, así que es normal que algunos desconfíen de ti. Pero estás herida. No quiero echarte si no puedes volver con tu propia clase. Creo que por eso Yamauchi-kun te trajo aquí. Así que cuéntame qué te pasa.
—No es algo que pueda contar así como así. Además, ya he oído todos vuestros planes. No os haría ninguna gracia que se filtraran más de vuestras estrategias, ¿verdad?
Ibuki echó a andar, pero Hirata la detuvo.
—Si de verdad fueras una espía, no querrías que te echaran, ¿no? ¿Me equivoco?
—Basta ya. Solo busco un sitio donde dormir.
Como esperaba, no pensaba regresar con la clase C. El sol estaba poniéndose, y pronto sería de noche.
—Es una locura que una chica duerma sola en el bosque.
—Aunque sea una locura, no me queda otra. Ayudarme no os aporta nada.
—Esto no tiene que ver con ganar o perder. No podemos dejar abandonada a alguien que lo está pasando mal. Todos pensamos así.
La expresión de Ibuki se suavizó, y se volvió hacia nosotros sin vacilar. Algo así estaba hecho para derretir hasta la coraza más dura. Parecía haber creído a Hirata, y eso le dio cierta seguridad.
—Tuve una pelea con un chico de mi clase. Me pegó y me echó. Eso es todo.
—Eso es horrible. Lo de ponerle la mano encima a una chica, quiero decir.
Ni yo mismo me lo había esperado. Estaba convencido de que se habría peleado con otra chica.
—No voy a decir nada más sobre el tema. Tampoco pensaba que fuerais a acogerme y darme cobijo. Nos vemos.
—Espera. Entiendo que estás metida en un buen lío. Dame un poco de tiempo, por favor. Si puedes hacerlo, les contaré a los demás lo que te pasa e intentaré encontrarte un sitio. Ayanokouji-kun, ¿puedes quedarte con Ibuki-san? Voy a hablar con todos.
Hirata nos dejó y regresó con el grupo. Me pregunté si me había dejado con ella porque confiaba en mí o, al menos, porque confiaba más en mí que en Yamauchi. Me dio un poco de curiosidad.
—De verdad que es buena persona, ¿eh? —preguntó Ibuki.
—Creo que aquí, más o menos, todos lo son. ¿En tu clase no hay gente así?
—En absoluto… En la clase C no hay nadie así.
Ibuki se sentó, abrazándose las rodillas y bajando la cabeza. Gracias a la capacidad de persuasión de Hirata, la clase D aceptó hacerse cargo de Ibuki. Algunos se opusieron con fuerza, pero cada vez que la clase C pasara lista, perderían puntos sin remedio. En cuanto todos empezaron a verlo como una oportunidad, por fin aceptaron. Las intenciones de Hirata habían sido puras, pero no se podía decir lo mismo de los demás. La posibilidad de sacar beneficio fue lo que les empujó a asumir el riesgo.
Aun así, mantener la posesión exclusiva de aquel lugar era un asunto extremadamente delicado. Se lo explicamos a Ibuki, y ella prometió no acercarse al dispositivo. Si alguien descubría que Horikita era la líder, el daño sería enorme. Después de eso, decidimos comprar la comida y el agua necesarias para esa noche, junto con las tiendas de los chicos. Gracias a Hirata e Ike, las tiendas se montaron sin problemas. Justo antes de que se pusiera el sol, terminamos todos los preparativos y los alumnos empezaron a cenar.
—Oye, Ibuki-san. Toma, come esto.
Kushida se acercó a Ibuki, que seguía sentada sola, apartada del resto. Le ofreció una de las raciones de comida nutritiva y una botella de agua.
—¿Qué? ¿Por qué me das esto?
—Bueno, probablemente tendrás hambre, ¿no?
—La comida se reparte según el número de alumnos de cada clase. No deberían sobrar raciones.
—Sí. Pero no te preocupes, hemos decidido compartirlo entre nosotras.
Más allá, las otras cuatro personas del grupo de Kushida saludaron a Ibuki con la mano y le sonrieron. Es decir, entre cuatro habían compartido tres raciones de comida y agua, y la que sobraba se la habían dado a Ibuki.
—¿Sois idiotas o qué? Estáis siendo demasiado amables.
—No seas tímida y cómetelo. Luego hablamos, ¿vale? Te esperaré en la tienda.
Con eso, Kushida volvió con su grupo. Había parecido fácil ayudar a una chica de otra clase… hasta que eso implicó reducir nuestras propias raciones. Ahí la cosa ya no era tan simple. Pero Kushida, que deseaba la felicidad de todo el mundo, tenía bondad de sobra para regalar.
—Vaya, mirándolas así, los grupitos de chicas son dignos de estudio.
Yamauchi, en mitad de la cena, fue señalando a cada grupo por separado.
—Está el Equipo Emperatriz, liderado por Karuizawa. Luego está el Equipo de la Amistad de Kushida-chan y el Equipo de las Arrogantes de Shinohara. Y luego están Horikita y Sakura, que van cada una por libre.
Todos los chicos estábamos relativamente juntos mientras comíamos, pero las chicas se sentaban separadas por grupos. Había una barrera clarísima entre ellas, como si fueran grupos de clases distintas. Quizá el grupo de Kushida era el más neutral, o simplemente el que tenía más influencia.
—Pobre Sakura, ahí tan sola. Me pregunto si debería ir a comer con ella —dijo Yamauchi.
—Será mejor que lo dejes, ¿no crees? Solo conseguirías asustarla.
—Joder. Quiero conocerla mejor, pero es demasiado introvertida…
Además de ser tímida, seguramente a Sakura le costaba especialmente tratar con gente insistente como Yamauchi. A pesar de la advertencia, él parecía impaciente por acercarse a ella.
—¿Qué coño, Haruki? Eso no vale, acosando así a una belleza solitaria. Venga, ¡déjame apuntarme también!
Ike, al ver las miradas de Yamauchi, lo malinterpretó y se acercó.
—Tengo que decir que el pecho de Sakura es una barbaridad. No se ven pechos así de grandes tan a menudo en una alumna de primero de bachillerato. La ropa le va a reventar. Es demasiado sexy. Solo con esas tetas ya resulta más atractiva que Kikyou-chan.
Ike se quedó mirando fijamente el pecho de Sakura, como si quisiera devorarlo con la vista. Yamauchi le bloqueó la línea de visión.
—Oye, ¿qué coño haces?
—No te quedes mirando a Sakura como un pervertido. Además, tú vas detrás de Kushida-san, ¿no?
—Bueno, sí. Pero da igual, ¿no? Quiero decir, una idol es de todos, ¿verdad? Haruki, no será que tú… Ooh, ¿es Sakura tu…?
—¡N-no es eso! Venga, come de una vez.
Por lo visto, Yamauchi quería ocultar que había cambiado de objetivo y que ahora iba detrás de Sakura. Además, ya era de noche y no quedaba nada por hacer. Era natural que la conversación terminara derivando hacia el sexo opuesto. Entonces vi a Hirata cerca, repartiendo comida.
—Ahora que lo pienso, ¿dónde está Kouenji-kun?
Todo el mundo se había reunido, pero Kouenji no aparecía por ninguna parte.
—Ah, Kouenji se quejó de encontrarse mal físicamente y regresó al barco. Por supuesto, eso significa que se os han descontado treinta puntos. Así son las normas, no hay nada que hacer. Kouenji se ha retirado y está obligado a permanecer una semana a bordo recibiendo tratamiento médico —dijo Chabashira-sensei.
—¡¡¿Quééé?!!
Los gritos resonaron en la noche.
—¡No me jodas! ¡Kouenji, pedazo de cabrón! ¡¿Pero en qué coño estabas pensando?! —Yukimura, que normalmente apenas hablaba, gritó y dio una patada al suelo. Ya sabía que Kouenji iba siempre a su aire, pero nunca habría imaginado que se retiraría sin más. Quizá no le importaba en absoluto llegar a la clase A. Si así se hacía la vida más fácil, perder treinta puntos le daba igual.
—¡Joder! ¡Hemos perdido treinta puntos! ¡Esto es una mierda!
Tanto chicos como chicas estaban furiosos por lo que había hecho Kouenji, pero no podían hacer nada al respecto. En nuestras mentes resonaba aquella risa altiva y estridente tan propia de él.


Continúa leyendo
Classroom of the Elite (Novela)
Capítulo 105
Classroom of the Elite (Novela) Capítulo 104
Estás leyendo el capítulo 104 de Classroom of the Elite (Novela), un novela. Kiyotaka Ayanokouji se ha inscrito en la Preparatoria Metropolitana de Educación Avanzada, donde se dice que el 100% de los estudiantes van a la universidad o encuentran empleo. Pero termina en Clase 1-D, que está lleno… Este capítulo tiene publicado el 28 de abril de 2026, Traducido por el grupo Koko88. Classroom of the Elite (Novela) tiene 159 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.