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Leer ¡Camino Marcial! (Novela) Capítulo 97 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Cuando un miembro bajo la enseña de Changle cometía una falta imperdonable contra las normas de la hermandad, existía un castigo tradicional reservado para purgar la culpa: ¡Tres cuchillos y seis orificios! Consistía en clavar tres filos limpios atravesando la carne de lado a lado. Ahora mismo, Changsan permanecía clavado al muro con ambas palmas y el omóplato perforados por las hojas de acero, evocando de forma inquietante aquel infame castigo. Los tres latigazos sucesivos cargados con la fuerza rígido-flexible habían detonado desde sus entrañas hacia el exterior. Por formidable que fuera la resistencia de un Músculo de Pitón, sus órganos internos estaban prácticamente destrozados. En esencia, aquella dualidad de dureza y maleabilidad era lo que ciertas escuelas denominaban "fuerza oscura": una energía que golpeaba por dentro, traicionera e imposible de bloquear. La cúspide de la Palma de Voltear la Arena descansaba precisamente en ese principio, y al incorporarla a los filos de «Mar Roto», Li Xiuwen había elevado una técnica ya devastadora a un plano superior. Bastaba con emplear el setenta por ciento de su capacidad para dejar a Changsan al borde del sepulcro. En el salón del bar se instaló un silencio sepulcral. Cuando los líderes de dos cuadrillas cruzaban golpes, las normas no escritas prohibían la intromisión de los subordinados, reduciéndolos a meros espectadores. Pero nadie —ni siquiera los hombres de Heshengtu— imaginó jamás que Changsan caería derrotado. Cabeza Roja Ocho contemplaba a Li Xiuwen con los ojos desorbitados mientras este recogía la pierna y asentaba la postura. El aura que desprendía el muchacho apenas aparentaba la cúspide del Músculo de Serpiente, un nivel idéntico al suyo; y sabiendo que había cruzado el paso en fechas recientes, estaba convencido de que su ascenso provenía de atiborrarse de píldoras de pescado. Sin embargo, aquel supuesto advenedizo inflado a fármacos acababa de rematar a una fiera consagrada con tres movimientos limpios y letales. Verlo combatir producía una fascinación casi estética: los movimientos fluían con una naturalidad absoluta, encadenándose con la soltura de quien ejecuta un arte consumado. Chen Jia estaba aún más atónito: apenas habían pasado días desde el duelo contra Piernas Largas Siete y sentía que, tanto en cultivo como en soltura técnica, A-Wen había subido otro peldaño. Tiempo atrás pensaba que gracias a su Camisa de Hierro podía plantarle cara en un choque parejo; ahora comprendía que, incluso si dominara la Campana de Oro, frente a esos latigazos solo conseguiría prolongar su agonía unos minutos más. Las dos Sandalias de Paja que acompañaban a Changsan ardían en deseos de intervenir, pero al ver a su jefe colgando como un guiñapo sangrante bajaron el tono, protestando entre dientes: "Hermano, te has pasado de la raya: una cosa era ganar la pelea y otra ensañarte con armas blancas. Sabes de sobra que Changsan es el brazo derecho de Daoyou Ming; si lo dejas lisiado, ¿crees que Daoyou Ming mirará hacia otro lado?". Li Xiuwen tomó una servilleta de papel del mostrador y se limpió con calma los restos de grasa de los labios. Aceptó un vaso de té con leche con sabor a cóctel que le tendió la camarera y sonrió: "No olviden las reglas sagradas de la ciudadela: las armas jamás tocan a los civiles. Se atrevió a levantarle la mano a los trabajadores de mi local, así que debía asumir las consecuencias de terminar lisiado". Uno de los subordinados replicó: "Aunque Changsan haya cometido una falta, ¡tú no tienes autoridad para juzgarlo! ¡Eso le corresponde a la Sala de Disciplina de la división territorial!". Li Xiuwen sentenció con frialdad: "Vayan a presentar su queja ante quien quieran; la razón está de mi lado. Vinieron a reventar mi negocio, les salió el tiro por la culata y ahora encima pretenden darse aires de víctimas". Los dos hombres apretaron los dientes sin replicar: sabían que carecían de argumentos. Creían toparse con un novato sumiso y se habían estrellado contra un muro de púas. Descolgaron a Changsan de la pared entre quejidos agónicos y se disponían a cruzar la salida cuando la voz de Li Xiuwen los frenó en seco: "Un momento". "¿Qué más quieres?", gruñó uno de ellos. Li Xiuwen miró a Chen Jia: "¿A cuánto ascendían los destrozos que causó este sujeto? Me parece recordar que rondaban los cien mil yuanes". Chen Jia se estremeció y balbuceó: "Cien... cien mil, sí... Aunque, hermano, viendo cómo ha quedado, tal vez convendría dejarlo estar...". Temía que provocar a Daoyou Ming trajera una desgracia irreparable sobre la cabeza de su compañero. Li Xiuwen sonrió con fingida benevolencia: "Hagámoslo así: siendo todos hermanos bajo la enseña de Changle, aplicaré un descuento de cortesía: que paguen treinta mil y estamos en paz". El mobiliario roto no valía más de un par de miles; simplemente aprovechaba la coyuntura para cobrar un rescate desmedido. "¡¿Treinta mil?! ¡¿Por qué no sales a robar a mano armada?!", rugieron los dos secuaces indignados. Una Sandalia de Paja ordinaria quemaba casi todos sus ingresos en recursos de entrenamiento y rara vez acumulaba semejante suma de ahorros; e incluso teniéndola, no pensaban ponerla de su bolsillo para costear un altercado del clan. Li Xiuwen replicó con calma: "Si no tienen los fondos, aguarden aquí; si dan un solo paso fuera del local antes de liquidar la deuda, les romperé una pierna a cada uno". Tomó asiento y continuó bebiendo su té sin prestarles más atención. Acorralados, los dos hombres se apresuraron a marcar por teléfono al Cobertizo Leigong, debatiéndose entre pedir refuerzos armados o solicitar el rescate. Poco después, un nuevo grupo irrumpió desde la calle. Al frente marchaba un individuo de mandíbula cuadrada y presencia imponente en la cima del Músculo de Pitón: He Sheng. "A-Wen, me avisaron de que venían a buscar problemas a tu puerta", anunció He Sheng nada más entrar. Li Xiuwen señaló al herido con un gesto casual: "Ese de ahí". He Sheng volvió la cabeza y, al distinguir a Changsan tendido como un perro moribundo, el rabillo del ojo le dio un espasmo incontrolable. Había acudido a marchas forzadas al recibir el soplo para salvar la situación: creía que los tres muchachos del bar estarían mordiendo el polvo a manos del invasor y que su oportuna intervención le granjearía el reconocimiento del Viejo Tianliang. Jamás previó que Changsan estaría a las puertas del infierno. El tiro le había salido por la culata. Con el fantasma de Zajiú aún rondando en la memoria de Daoyou Ming, que su otro subordinado quedara destrozado en territorio ajeno era una bomba de relojería. Disimulando el desconcierto, He Sheng increpó a los invasores: "¡Manga de inútiles! ¡¿Cómo se atreven a provocar a Heshengtu?! ¡Lárguense de aquí!". Cuando los dos hombres intentaron levantar a su jefe para salir, Li Xiuwen arqueó una ceja: "Hermano Sheng, el responsable de este local soy yo, ¿verdad?". He Sheng reculó de inmediato forzando una sonrisa: "Desde luego... pero ya que lo dejaste fuera de combate, mejor no escalar el conflicto: déjalos marchar". Li Xiuwen señaló el desastre del vestíbulo: "Todo esto lo destrozó él; ¿cómo voy a dejar que se marchen de rositas?". He Sheng optó por callar y clavó la vista en los dos secuaces con el ceño fruncido: "¿Qué piensan hacer entonces?". Los dos hombres soltaron con sorna: "¡El hermano Ming viene hacia aquí; él decidirá cómo se zanja esto!". Daoyou Ming era la Sandalia de Paja más temida del distrito: un pilar indiscutible para los miembros del Cobertizo Leigong ante el cual nadie osaba toser si no mediaba un Palo Rojo. Li Xiuwen aguardó con serenidad. Minutos más tarde, dos comitivas numerosas convergieron simultáneamente frente a las puertas del bar, encarándose en plena calzada antes de entrar. Por un flanco avanzaba Daoyou Ming, flanqueado por dos moles en el Músculo de Jiaoji —Martillo de Cobre y Leopardo Dorado— junto a una docena de Sandalias de Paja y una marea de combatientes rasos. Por el otro flanco arribaba la Duodécima Señora, escoltada por sus propios maestros del Músculo de Jiaoji. Entre ellos destacaba Pequeña Corneta, quien contemplaba a Li Xiuwen sentado en el centro del bar con ojos chispeantes de asombro antes de dedicarle el pulgar en alto: al enterarse de que el pacífico muchacho casi había despachado a Changsan al otro barrio, creyó que se trataba de un disparate, hasta comprobar que la movilización de Daoyou Ming había arrastrado a los altos mandos de ambos bandos. Sentado tras la mesa con su taza en la mano, A-Wen desprendía un temple y una autoridad forjados en el choque de los filos. La Duodécima Señora sonrió con ironía: "Hermano Ming, nos vemos de nuevo. ¿Vienes buscando camorra para vengar a tu difunto compadre?". Daoyou Ming soltó un bufido gélido sin dignarse a responder. Entró al local a grandes zancadas y, al contemplar a Changsan reducido a una masa inerte, su mirada se tornó fría como las profundidades del averno. Conteniendo la furia homicida, clavó los ojos en el artífice del desastre, aquel joven recién llegado al clan: "Muchacho, gastas una mano bastante despiadada". Li Xiuwen permaneció sentado sin amagar con levantarse; posó el vaso sobre la mesa y replicó con una sonrisa templada: "Tal para cual: Changsan no se quedaba atrás en crueldad". Daoyou Ming sentenció con voz grave: "Li Xiuwen, veintiún años, alumno del segundo piso del Gimnasio Sihai, discípulo de Huang Sihai, ¿me equivoco?". Li Xiuwen asintió con mesura: "¿Trajo el dinero, hermano Ming? Siendo usted su jefe, le corresponde saldar los destrozos que causó su hombre". Daoyou Ming soltó una carcajada áspera: "Ciertamente los jóvenes ignoran el peligro: es la primera vez que alguien se atreve a hablarme en esos términos". Sus facciones fluctuaron en una sombra de rabia antes de ordenar a su subordinado: "Entrégale diez mil yuanes; cárgalo a mi cuenta". El secuaz extrajo un paquete envuelto en papel, pero Li Xiuwen negó con la cabeza: "Treinta mil". Daoyou Ming entrecerró los ojos: "No tientes a la suerte; sé de sobra lo que cuestan esos taburetes podridos". Li Xiuwen sonrió: "Yo también lo sé... Pero venir a reventar un local ajeno, morder el polvo y pretender marcharse pagando el precio de saldo de los muebles sería una burla. Hermano Ming, no está siendo razonable". ¡Bum! La presencia marcial de Daoyou Ming detonó en el salón, desatando una marea de sed homicida. En la percepción de Li Xiuwen emergió la imponente silueta de un coloso oso pardo sacudiendo las cordilleras con zarpazos brutales. "Muchacho, estás cruzando la línea", advirtió el gigante con voz cavernosa. "Solo he cumplido con mi deber como miembro de Heshengtu; ¿dónde está la falta?". Li Xiuwen no pestañeó. Si se había atrevido a quebrar a Changsan era porque contaba con cartas de sobra para lidiar con Daoyou Ming: aunque no pudiera derrotarlo en combate abierto, aquel hombre tampoco tenía forma de liquidarlo en silencio. Además, la razón asistía a su bando: los jerarcas de Heshengtu estaban obligados a respaldarlo si no querían que la organización perdiera toda credibilidad en la calle. La Duodécima Señora intervino con una media sonrisa: "Dejémoslo en veinte mil yuanes y llévate a tu hombre, hermano Ming... o de lo contrario el altercado llegará a oídos del Viejo Leigong y el Viejo Tianliang, teniendo que dirimirse ante la sede central". Con el arbitraje de la líder, Li Xiuwen cedió con soltura: "Acato la orden de la jefa: veinte mil". Daoyou Ming recobró la serenidad y ordenó: "Añadan otros diez mil". "Hermano Ming...", protestaron sus hombres contrariados. "He dicho que paguen", zanjó él exhalando una bocanada de aire viciado antes de clavar la mirada en Li Xiuwen: "Mocoso, me he grabado tu cara". El Jianghu era un pañuelo donde los caminos volvían a cruzarse tarde o temprano. Li Xiuwen sonrió con cortesía: "Un absoluto honor... Muchachos, despejen la salida". Los subordinados abrieron paso. Un mastodonte calvo con un mazo de combate al hombro levantó a Changsan del suelo y encaró a Li Xiuwen: "Te devuelvo tus cuchillos". Con un chasquido de los dedos despidió las tres hojas de fruta por el aire; silbaron rozando las orejas de Li Xiuwen antes de clavarse en el muro a su espalda. Li Xiuwen sostuvo su vaso con una mano, se dio media vuelta para recuperar los cuchillos y dedicó una leve sonrisa a la mole: "Muchas gracias... Martillo de Cobre". Las dos últimas palabras encerraban un filo helado. Martillo de Cobre era el brazo más devastador de Daoyou Ming, situado en la fase tardía del Músculo de Jiaoji. A su costado, una mujer de tez morena le dedicó una mirada gélida mientras se pasaba un dedo por la garganta con una sonrisa siniestra antes de marcharse. Leopardo Dorado, recién iniciada en el Músculo de Jiaoji..., tomó nota mental Li Xiuwen. Martillo de Cobre, Leopardo Dorado, Changsan, Zajiú... conocía al dedillo a cada uno de los alfiles del gigante. Bajo su semblante impasible, una marea de frialdad se agitaba en su pecho. La comitiva de Leigong abandonó el establecimiento. He Sheng observó la escena en silencio con emociones encontradas. La Duodécima Señora cruzó el salón con paso firme y le dedicó un abrazo afectuoso: "No habíamos tenido ocasión de presentarnos formalmente, muchacho; puedes llamarme Duodécima Señora". Li Xiuwen correspondió al saludo: "Agradezco a la jefa por mediar en el asunto". La mujer encendió un puro y le ofreció otro: "Fuma uno". Li Xiuwen declinó con amabilidad: "Se lo agradezco, pero no tengo la costumbre". "Haces bien: el tabaco perjudica el templado de la vitalidad", asintió ella sin darle importancia. "Buen trabajo hoy; mañana pásate a ver al Viejo Tianliang para cobrar tu recompensa". Pequeña Corneta le propinó un codazo amistoso en el pecho, quejándose con envidia: "Qué suerte tienes: acabas de inaugurar el local y ya te toca una fiesta semejante; a mi territorio nunca viene nadie a armar jaleo". Por lo general, la custodia de negocios solo reportaba comisiones porcentuales a fin de mes; pero rechazar una provocación violenta con semejante solvencia abría la puerta a recibir bonificaciones en piezas de Tongbao. La muchacha sospechaba que su propio perfil intimidaba a los rivales, mientras que la discreción de A-Wen atraía a las moscas como miel fresca. La Duodécima Señora ordenó a los subordinados limpiar los destrozos y condujo a Li Xiuwen y a Pequeña Corneta a un reservado privado. Descorchó una botella de licor y sirvió dos copas, deteniendo la mano de Pequeña Corneta con una risita: "Tú eres menor de edad; ni lo sueñes". La muchacha torció el morro: con el cultivo que poseía jamás se embriagaría, pero la líder insistía en tratarla como a una niña. Chocando su copa con la de Li Xiuwen, la mujer fue al grano: "Pequeña Corneta ya te habrá puesto al tanto de la operación del mes que viene, ¿verdad?". "Así es; tenía previsto presentarme en su despacho dentro de tres días", asintió él. La Duodécima Señora rio entre dientes: "Ya no hace falta ninguna prueba previa: con la exhibición de hoy estás más que aprobado. Menuda maña te gastas, granuja: incorporar la fuerza rígido-flexible de la Palma de Voltear la Arena a las patadas de Mar Roto... Como el viejo Huang se entere, se va a despertar riéndose a carcajadas a medianoche. Me parece que la cuarta plaza de prodigio en Sihai ya tiene dueño indiscutible". Li Xiuwen rio con fingida modestia: "Exagera, jefa; fue un destello de inspiración fortuito que Changsan no esperaba, permitiéndome ganar por la mínima". "Basta de falsa modestia: los que salen de la Escuela de la Arena Marina son todos unos santurrones reservados; los Tres Prodigios eran exactamente iguales en sus inicios". Ella era una veterana del clan y había coincidido con los Tres Prodigios cuando estos sirvieron en Heshengtu en sus años mozos; hoy aquellos tres habían superado los Tres Pasos mientras ella seguía encallada en el Músculo de Jiaoji. "¿Qué fecha exacta está prevista para la redada?", inquirió Li Xiuwen. "Todavía no está fijada; te avisaré con la debida antelación antes de movernos. En un principio no pensaba incluirte, pero Pequeña Corneta no paró de insistir". Al apurar la botella, la mujer extrajo una pistola compacta de mano y se la tendió sobre la mesa: "A-Wen, sabes disparar, ¿verdad?". "Sé disparar", asintió él. "Mejor así. En el futuro, si vuelven a cruzarse con bajezas semejantes, tira de plomo sin dudar: que un experto del Músculo de Pitón venga a abusar de un Músculo de Serpiente es una auténtica desvergüenza". Li Xiuwen sonrió con tranquilidad: "Tampoco fue para tanto: al fin y al cabo estoy en la cúspide de la serpiente, a un paso de la pitón". \----- • Novela: ¡Camino Marcial! (武道!) • Título en inglés: Martial Dao! • Autor: Tian Li (田隶) • Traductor: Inmensurable ☯️ ¡Compañero(a) daoísta, deja tu reacción y comentario para ayudar a acelerar el cultivo de los próximos capítulos! ¡Tu apoyo es nuestra energía espiritual! ¡Que tu Gran Dao prospere! 🙏
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Estás leyendo el capítulo 97 de ¡Camino Marcial! (Novela), un novela. Ciudades amuralladas, fumaderos de opio, distritos rojos, casinos, tríadas, grandes detectives... Li Xiuwen transmigró a Xianghai, bajo el dominio del gobierno colonial. En este mundo, aún permanecen los vestigios del… Este capítulo tiene publicado el 9 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. ¡Camino Marcial! (Novela) tiene 107 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.