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Leer ¡Camino Marcial! (Novela) Capítulo 96 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Li Xiuwen echó cuentas mentales. Incluso prescindiendo de los elixires, tenía fundadas esperanzas de pisar el Músculo de Jiaoji antes del Encuentro de Cruzar el Río. Sin embargo, Huang Sihai había advertido con total crudeza que el Músculo de Jiaoji representaba únicamente el listón de entrada; para asegurarse una plaza sin sorpresas, la cima de esa fase era el cimiento indispensable. Además, considerando que en la categoría juvenil todos los años surgían fieras inesperadas en el reino del Tigre y el Elefante, para garantizar el acceso al cien por cien Li Xiuwen consideraba imperativo cruzar él mismo hacia el Tigre y el Elefante. Superar el paso no era un obstáculo insalvable para su temple; lo verdaderamente arduo era acumular semejante volumen de vitalidad en tan poco tiempo. Por esa razón, ¡debía ingeniárselas para seguir ganando la Gran Medicina de la Inundación del Dragón! La Técnica de la Armadura Atada había ralentizado su marcha en los últimos días: cuanto más se avanzaba, más áspero se volvía el sendero; aun así, llevarla al Gran Logro antes del encuentro mayor no entrañaba problemas. «Mar Roto» y la Luz Flotante de las Mil Olas avanzaban con un ritmo implacable, calculando que en cuestión de un par de meses alcanzarían la Perfección absoluta. En maestría técnica, Li Xiuwen pronto le pisaría los talones a Lu Yu. Un discernimiento privilegiado, ciertamente, permitía romper cualquier molde. Las Tres Forjas del Crisol del Corazón, por su parte, progresaban de manera invariable sumando un uno por ciento diario de maestría; en unos tres meses completaría formalmente la primera forja espiritual. Apartó el quemador de incienso de sus pensamientos. Apenas se había llevado el primer bocado del desayuno a la boca cuando el comunicador timbró con insistencia. La voz sofocada y urgente de Chen Jia retumbó al otro lado: "¡A-Wen, ven rápido al bar Galaxia! ¡La gente del Cobertizo Leigong vino a reventar el local!". El semblante de Li Xiuwen se tensó. Tomó un muslo de oca asada para devorarlo por el camino: tras dos meses de aparente calma, la venganza del Cobertizo Leigong asomaba al fin las garras, y casualmente habían elegido descargar el golpe sobre su territorio. Estaba claro que medían a quién apretar: al verlo recién llegado y sin raíces, lo creían una presa fácil. Se asomó al alféizar, saltó al vacío y se descolgó por las tuberías exteriores con la agilidad de un gibón, aterrizando en el callejón con pisadas silenciosas. "Llevo demasiado tiempo manteniendo un perfil bajo; hoy toca marcar territorio...". Li Xiuwen consideraba que, metido en el fango de las bandas, la excesiva modestia resultaba perjudicial. Sin necesidad de destapar cartas cruciales como la Técnica de la Armadura Atada, debía sellar una victoria aplastante y vistosa para cortar de raíz los problemas futuros y evitar que una procesión interminable de provocaciones entorpeciera su cultivo diario. En su estado actual dominaba el Músculo de Pitón y contaba con la Armadura Atada en el Logro Menor. Las tornas habían cambiado radicalmente: incluso si Daoyou Ming descubría que él era el ejecutor de Zajiú, disponía de recursos suficientes para salvaguardar su pellejo. ... En el bar Galaxia Impresión. En el vestíbulo principal, dos bandos se sostenían la mirada con las armas desenfundadas en una atmósfera a punto de detonar. Un grupo vestía trajes oscuros y corbatas a juego: matones de corte profesional pertenecientes al Cobertizo Leigong. Al frente destacaba un sujeto enjuto de palidez cadavérica cuya estatura superaba holgadamente los dos metros; alrededor de su larguísimo cuello descansaban nueve aros de acero macizo. Era Changsan, una de las Sandalias de Paja más temibles bajo el mando directo de Daoyou Ming: consolidado en el Músculo de Pitón y con una estructura ósea notable que dejaba en ridículo al difunto Zajiú. Lo secundaban dos Sandalias de Paja en el Músculo de Serpiente y una veintena de soldados rasos de facciones sanguinarias. El bando local vestía con ropa de calle desenfadada: Chen Jia, Cabeza Roja Ocho y los porteros asignados a la custodia del recinto. "Changsan, ¿a qué demonios vienes? ¿Buscando pleito gratis?", encaró Chen Jia entrecerrando los ojos con voz sombría. Changsan soltó una risotada displicente mientras cruzaba el umbral a grandes zancadas: "En los negocios el cliente manda; ¿con qué derecho nos impiden beber aquí? ¿Acaso les da asco ganar plata?". "¿En el Cobertizo Leigong no tienen antros propios donde emborracharse?", replicó Cabeza Roja Ocho con aspereza. "A mí me gustan los cócteles que sirven las muñecas de este bar, ¿algún problema?". Changsan se apoyó de codos contra la barra; deslizó la mano y encajó un fajo de billetes en el escote pronunciado de la camarera. Soltando una carcajada lasciva, rodeó a la muchacha por la cintura y le estampó un beso forzado en la mejilla. La joven tembló de pánico, buscando auxilio con ojos aterrados hacia Chen Jia y Cabeza Roja Ocho. "¡Changsan, no te pases de la raya!", bramó Chen Jia dando un paso al frente con los puños apretados. "¿Qué pasa? Pagué por adelantado; las que trabajan en estos tugurios están para complacer al cliente, ¿o me equivoco?", escupió el intruso con desdén. Chen Jia apretó los dientes: "Nuestro jefe está a punto de llegar; espero que mantengas esa sonrisita cuando cruce la puerta". Aunque soltara la amenaza, por dentro Chen Jia andaba consumido por los nervios: Changsan era un veterano de la pitón que recorría holgadamente la mitad del camino de ese reino, superando por mucho el nivel de Piernas Largas Siete; no estaba nada claro que A-Wen pudiera imponer respeto. Changsan rio con descaro: "Nací con la risa en la cara; aunque venga el mismísimo Viejo Tianliang pienso seguir riéndome". No tenía prisa por romper la baraja: aguardaba a que el topo infiltrado de Leigong se aproximara para que la intervención de este resultara oportuna y luciera como un rescate providencial. En medio de la tensa espera, la puerta de cristal se abrió de par en par: Li Xiuwen cruzó el umbral. Venía masticando el muslo de oca asada con parsimonia, haciendo crujir los huesos entre los dientes y con aspecto de haber sido arrancado de la cama a desgana. Changsan lo midió de arriba abajo y soltó una media sonrisa burlona: "¿Tú eres el encargado de este antro? Los muchachos y yo queremos cerrar el local para nosotros solos y darnos un homenaje; hazme los honores". Había escuchado hablar de Li Xiuwen y de su victoria sobre Piernas Largas Siete, pero a su juicio el muchacho no pasaba de ser un afortunado: él cargaba más de diez años de veteranía callejera forjada en riñas a muerte, un abismo insalvable frente a los polluelos de gimnasio. Li Xiuwen sonrió entre masticadas: "Me parece magnífico: la exclusividad cuesta cincuenta mil yuanes por día; beban todo lo que gusten". Las pupilas de Changsan se afilaron, despidiendo un brillo peligroso: "¿Cincuenta mil? ¿Acaso este tugurio inmundo genera cincuenta mil en un mes entero?". Limpiándose la grasa de los labios con el dorso de la mano, Li Xiuwen replicó: "Es mi local y fijo las tarifas que me da la gana. ¿No hay plata? ¡Pues por donde vinieron se largan!... ¿No es así, muchachos?". A sus espaldas, la turba de subordinados de Heshengtu estalló en carcajadas burlonas: "¡Manga de pelados!". Changsan hizo tronar los nudillos de sus manos engalanadas con anillos de jade: ¡Crac, crac, crac! El chasquido óseo retumbó en la estancia. El gigante curvó los labios: "Muchachito, desbordas demasiada soberbia". Li Xiuwen arrojó el hueso pelado a un cenicero: "Quien no tiene soberbia de joven no es joven... Viejo pellejo: o pones la plata sobre el mostrador o te largas a la calle sin estorbar el negocio". Volviéndose hacia Chen Jia, añadió: "Calcula las pérdidas por el tiempo que nos han hecho perder y cárgaselas a su cuenta antes de que crucen la puerta; y añade una indemnización por el susto de la camarera". Chen Jia tragó saliva con dificultad y forzó un asentimiento: "Entendido...". Estaba perplejo: jamás imaginó que aquel dócil hermano menor de escuela exhibiera un filo tan implacable. Sin embargo, temía que estallara una carnicería antes de que llegaran los refuerzos del clan; y peor aún: si Changsan caía, Daoyou Ming intervendría en persona, un demonio al que nadie en Heshengtu osaba provocar salvo los propios Palos Rojos. Changsan jamás esperó semejante desplante. Alzó una de sus largas piernas y descargó un pisotón brutal contra la mesa más próxima: ¡Plaf! La madera maciza reventó en astillas, arrojando copas y botellas rotas por los suelos. La camarera y los empleados se refugiaron en un rincón cubriéndose la cabeza, habituados a los destrozos cotidianos entre facciones rivales. Cabeza Roja Ocho bramó furioso: "¡Changsan, qué pretendes!". Changsan rio con suficiencia: "Nada en especial: veníamos a gastar dinero, se negaron a atendernos y nos hicieron perder un tiempo precioso; y el tiempo es oro. Consideren la mesa rota como compensación por los minutos que me han robado; soy un hombre generoso y paso por alto la falta... Muchachos, vámonos a otro lado; este sitio da asco". En cuanto el gigante dio media vuelta para marcharse, Cabeza Roja Ocho perdió los estribos y arremetió al frente. La vaga estampa de un pantano se condensó a su alrededor, desatando una ráfaga tupida de puñetazos. Preparado de antemano, Changsan ladeó el torso con soltura eludiendo la embestida; de la manga holgada asomó su antebrazo cubierto por relucientes aros de metal. Tensó la masa muscular en ondas sucesivas, haciendo chocar los aros en un estruendo metálico que multiplicó la inercia del golpe antes de estamparse de lleno contra el puño de Cabeza Roja Ocho. ¡Bum! El impacto sonó como un petardo reventando en una lata cerrada: la sangre brotó en niebla de los nudillos del joven pelirrojo, cuyo rostro se desencajó de dolor mientras la inercia lo empujaba hacia atrás varios metros. Al frenar en seco, su brazo derecho colgaba inerte y destrozado: la distancia entre el Músculo de Serpiente y el Músculo de Pitón era aplastante. "La Escuela del Alambre de Hierro... el Boxeo de los Nueve Pliegues...", balbuceó el pelirrojo con la respiración entrecortada. Changsan se mofó: "Estando en la serpiente sigues dependiendo del Boxeo del Ave Acuática básico; te falta foguearte, niñato: los hombres de verdad peleamos con técnicas avanzadas". Sabía muy bien que los jóvenes bendecidos con buenas aptitudes escalaban reinos a toda prisa, alcanzando en pocos años lo que a un mediocre le costaba una década entera; sin embargo, al carecer de horas de lona, sus técnicas solían quedarse rezagadas frente a su cultivo. En cambio, él arrastraba diez años puliendo el Boxeo de los Nueve Pliegues hasta rozar el Gran Logro. Cuando Cabeza Roja Ocho se disponía a lanzarse de nuevo a la desesperada, una mano firme se posó sobre su hombro: Li Xiuwen se interpuso con voz serena: "Yo soy el responsable del local; hazte a un lado". "Tú...", vaciló el pelirrojo. "Ten cuidado: ese desgraciado tiene buena técnica; sus golpes son más traicioneros que los de una Sandalia de Paja ordinaria". Chen Jia insistió: "A-Wen, no te precipites; ya vienen refuerzos en camino". Li Xiuwen avanzó un paso, señaló los restos de la mesa destrozada y sonrió con ironía: "Magnífico: esa mesa cuesta cinco mil yuanes; Chen Jia, anótalo en el libro... Y los licores derramados eran importados de primera marca, a mil la botella: anótalo todo, que nos lo van a pagar hasta el último centavo". Chen Jia sintió un escalofrío: aquella mesa no valía ni cien yuanes y el alcohol derramado era garrafón barato adulterado... Aquel muchacho estaba dispuesto a sacar de quicio al gigante a propósito. "¿Cinco mil? ¡Cinco mil puñetazos te voy a meter en la boca!". Fuera de sí, Changsan aprovechó la enorme envergadura de sus brazos para descargar un martillazo directo hacia la cabeza de Li Xiuwen. Un vendaval cortante rasgó el aire. Li Xiuwen flexionó el torso con una inclinación milimétrica, sorteó el puño y se deslizó hacia el flanco de su adversario buscando el choque corporal. Curtido en mil refriegas, Changsan alzó la rodilla desatando una patada interceptora; Li Xiuwen dio un salto ingrávido y, apoyándose en la corriente de la Luz Flotante de las Mil Olas, se encaramó sobre la lámpara colgante del techo. Changsan se impulsó de inmediato soltando una patada aérea contra la lámpara: ¡Crac! El artefacto estalló en una lluvia de cristales rotos. Para entonces, Li Xiuwen ya reposaba plácidamente al otro extremo de la sala. Humedeciéndose los labios, le gritó a Chen Jia: "¡La lámpara son diez mil yuanes; añádelo a la cuenta!". "¡Hijo de perra!", rugió Changsan perdiendo los estribos por completo. Sentía que el cultivo del muchacho no era superior al suyo, pero su juego de pies era tan escurridizo que no lograba rozarle un pelo. Momentos antes se jactaba de su técnica frente a Cabeza Roja Ocho, y ahora las tornas se invertían, siendo él quien quedaba en ridículo. La realidad era que Li Xiuwen jamás lo había considerado un obstáculo serio: según sus cálculos en el Ilusorio Reino de la Suprema Vacuidad, el nivel de Changsan apenas equivalía a la cuarta tarima de la Segunda Arena, claramente por debajo del guardián del Alambre de Hierro que él ya había vencido en la simulación. La técnica y las lecturas de Changsan estaban plagadas de fisuras ante los ojos de alguien que se había medido contra centenares de expertos virtuales. Viendo que no podía alcanzarlo, Changsan cambió de objetivo y arremetió contra los empleados aterrados en el rincón, soltando con malicia: "¿A que eres muy rápido esquivando? ¡A ver si te atreves a no meterte ahora!". "¡Changsan, las armas no tocan a los civiles!... ¡Si cruzas esa línea estás muerto, y ni Daoyou Ming podrá salvarte!", rugió Cabeza Roja Ocho. Respetar a los inocentes era una regla sagrada en los choques territoriales: quebrantarla autorizaba a Li Xiuwen a despedazarlo en el acto sin que la división central pudiera reprocharle nada. Cegado por la ira, Changsan ignoró la advertencia dispuesto a cobrarse una víctima. De pronto, una corriente gélida le erizó la espalda. El gigante cruzó ambos antebrazos a la defensiva; desde las alturas descendió una cascada de latigazos de pierna envueltos en estelas residuales: ¡ondas blanquecinas de choque detonaron en el aire barriendo el salón entero! La onda expansiva dispersó los escombros del suelo, dejando un círculo impecable alrededor de ambos. Changsan retrocedió trastabillando contra una hilera de mesas hasta que sus subordinados lo frenaron por la espalda. Agitando los aros de metal, soltó una carcajada forzada: "¿Te dolió la pierna, muchachito?". La gracia del Alambre de Hierro radicaba en que sus aros acumulaban potencia ofensiva a la par que blindaban la defensa física. "¡A tu madre le va a doler!", escupió Li Xiuwen arremetiendo de nuevo. Teniendo la coraza de la Técnica de la Armadura Atada en el cuerpo, si no temía a las hojas de acero, ¿iba a arredrarse ante un par de aros de metal? Creyendo que su rival solo fanfarroneaba, Changsan se lanzó al choque con una risotada salvaje; sus puños pesados descargaron impactos alternos que hacían restallar el aire con estruendo de truenos. Tras eludir un nuevo embate, Li Xiuwen apoyó la bota contra el muro y se catapultó en un giro rotatorio completo; sus piernas zumbaron en el aire como las aspas de un molino desatado, levantando un torbellino que barrió los cristales del suelo: ¡Segundo nivel de Mar Roto: Muerte de Sombras! El golpe parecía idéntico a las patadas anteriores; incluso, como si acusara el cansancio acumulado, lucía ligeramente blando y falto de tensión. Changsan lo recibió con desdén, cruzando los aros como de costumbre. En el instante del contacto... Al principio, el impacto se sintió leve como una pluma. Mas en cuanto la corriente interna penetró la guardia, ¡una fuerza titánica y aplastante detonó hacia las entrañas con el peso de una marea embravecida! El rostro de Changsan mutó a un tono negruzco, retorciéndose en una mueca de espanto. A pesar de los aros disipadores, las masas musculares de sus brazos se desgarraron de cuajo: aquella potencia maleable y flexible se había deslizado a través de los tendones para quebrar los huesos desde adentro. La sangre brotó a borbotones por las laceraciones abiertas, dejando al descubierto jirones de carne viva y astillas óseas ensangrentadas. El gigante aulló de agonía: ¡aquel dolor superaba con creces el suplicio de raspar el hueso en vivo! "La fuerza rígido-flexible...", balbuceó Chen Jia con los ojos desorbitados. Aquel latigazo encerraba la esencia más refinada de la Palma de Voltear la Arena transferida a los filos de pierna: en todos los meses que llevaba entrenando en el segundo piso, jamás había presenciado semejante prodigio marcial. Li Xiuwen soltó un rugido sordo: encadenando tres giros aéreos sucesivos, desató tres latigazos residuales a quemarropa. ¡Unión de dureza y flexibilidad: el contacto detona la aniquilación! ¡Pum! ¡Pum! ¡Pum! Tres anillos de choque blanquecino se abrieron en el aire del vestíbulo como aros de circo. Changsan atravesó la onda expansiva saliendo disparado por los aires hasta incrustarse pesadamente contra el muro del bar, deslizándose inerte hacia el suelo. Li Xiuwen curvó los labios en una sonrisa gélida. Recogió del mostrador tres cuchillos para fruta, los arrojó al aire y canalizó el cien por cien de su potencia en la pierna: ¡Tensión extrema, liberación inmediata! Una fuerza abrumadora quebró el aire en ondas concéntricas. ¡Fiu! ¡Fiu! ¡Fiu! ¡Tres destellos plateados salieron disparados como relámpagos! ¡Un cuchillo le atravesó la palma derecha! ¡El segundo le clavó la palma izquierda! ¡Y el tercero le perforó el omóplato, clavándolo al muro de cemento! ¡Tres cuchillos! ¡Seis orificios! \----- • Novela: ¡Camino Marcial! (武道!) • Título en inglés: Martial Dao! • Autor: Tian Li (田隶) • Traductor: Inmensurable ☯️ ¡Compañero(a) daoísta, deja tu reacción y comentario para ayudar a acelerar el cultivo de los próximos capítulos! ¡Tu apoyo es nuestra energía espiritual! ¡Que tu Gran Dao prospere! 🙏
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Estás leyendo el capítulo 96 de ¡Camino Marcial! (Novela), un novela. Ciudades amuralladas, fumaderos de opio, distritos rojos, casinos, tríadas, grandes detectives... Li Xiuwen transmigró a Xianghai, bajo el dominio del gobierno colonial. En este mundo, aún permanecen los vestigios del… Este capítulo tiene publicado el 9 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. ¡Camino Marcial! (Novela) tiene 107 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.