Leer ¡Camino Marcial! (Novela) Capítulo 94 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Li Xiuwen pensó para sus adentros que en la sede central ciertamente abundaban los maestros consumados.
Desde luego, si fuera un enclave ordinario, no apostarían a semejantes fieras en la entrada; sería un absoluto desperdicio de talento. Siendo la Torre Changle el depósito de tesoros más vital de la organización, colocar a meros expertos del reino del Tigre y el Elefante difícilmente mantendría a raya a los maleantes que acechaban en las sombras.
"Bueno, recorramos esto por nuestra cuenta; nos vemos luego en Heshengtu", soltó He Sheng antes de apresurarse hacia el tercer piso, incapaz de contener las ganas.
"Hermano Wen, ¿no subes al tercero? En el primer piso solo hay manuales de boxeo callejero y disciplinas menores; nadie de un linaje formal pierde el tiempo aquí", comentó Jia Ren con una sonrisa.
Li Xiuwen sonrió con serenidad:
"Es mi primera vez aquí; quiero curiosear un poco".
"En ese caso, me voy al segundo piso", se despidió Jia Ren.
En la primera planta merodeaban varios combatientes de base del rango Cuarenta y Nueve, congregados casi en su totalidad alrededor de las secciones de manuales marciales y elixires secretos.
Li Xiuwen recorrió los pasillos hasta detenerse ante un rincón apartado donde se apilaban volúmenes de materias diversas; sus ojos brillaron con vivo interés.
Para consultar estos libros misceláneos no se exigía el pago con Tongbao de Changle. El préstamo mensual costaba apenas diez yuanes por tomo: para su bolsillo actual, una auténtica ganga.
Tras alcanzar el Gran Logro en su Conocimiento Marcial Básico, el progreso se había ralentizado en exceso. Los manuscritos del segundo piso del viejo Huang ya los había devorado enteros, y las Misceláneas de la Tumba Marcial habían dejado de reportarle aumentos de maestría. Necesitaba un lote fresco de lecturas para seguir desentrañando principios en casa.
Hojeó los tomos uno a uno, monitoreando las fluctuaciones en el quemador de incienso de su mente. Cada vez que percibía una leve sacudida en la barra de dominio, apartaba el libro; en poco tiempo seleccionó nueve ejemplares:
Tratado de Enfermedades Misceláneas, Notas sobre el Tigre y el Elefante, Registro de Criaturas Extraordinarias, Estudio Comparativo del Arte Marcial Antiguo y Moderno... y otros por el estilo.
En la primera planta regía un límite estricto de diez préstamos simultáneos.
Para escoger el décimo volumen, Li Xiuwen buscó con paciencia durante un largo rato. Al final, su mirada se posó sobre un tomo venerable del grosor de un puño cerrado, sepultado bajo una gruesa capa de polvo grisáceo.
"¿El Clásico de Sacudir al Dragón?".
Al abrir la portadilla, el inconfundible aroma a papel antiguo y moho seco acarició su olfato.
«Para buscar al dragón contempla millares de cordilleras entrelazadas; cada nudo en la montaña es un paso que desafía la mirada.
Si la puerta del collado guarda mil cerrojos de piedra cerrados, tesoros celestiales reposan en sus senos callados».
Tras leer el poema introductorio, una intensa sorpresa cruzó el semblante de Li Xiuwen.
¡Esta es una obra atribuida al patriarca fundador de la Escuela de Trasladar Montañas!
La Escuela de Trasladar Montañas era, precisamente, el linaje al que pertenecía la joya de su corona: la Técnica de la Armadura Atada. Esa disciplina de endurecimiento corporal le había salvado el pellejo frente a rivales superiores en incontables ocasiones, arrebatándole la victoria a las fauces de la muerte.
El viejo Chen solía relatar que la Escuela de Trasladar Montañas era un conglomerado sumamente heterogéneo. Al ser el Estado de Sheng un territorio tan vasto y de costumbres dispares, sus ramificaciones se contaban por legiones; incontables saqueadores de tumbas y buscadores de tesoros se hacían llamar discípulos de la escuela. La inmensa mayoría no pasaba de ser charlatanes de tres al cuarto, aunque de Pascuas a Ramos surgía una auténtica eminencia: tal fue el caso del maestro del linaje de la Armadura Atada, quien concibió un Qigong Duro capaz de medirse de igual a igual contra las tres grandes artes de fortalecimiento corporal de la Ciudad Amurallada.
Este Clásico de Sacudir al Dragón arrastraba un renombre colosal: había sido redactado más de mil años atrás por un erudito de la dinastía Da'an. Aquel sabio firmaba bajo el seudónimo del Daoísta Sacudidor de Dragones, permaneciendo su identidad real en el misterio. Aquel maestro era reconocido unánimemente como uno de los patriarcas fundacionales de la Escuela de Trasladar Montañas.
La obra no constituía un manual de técnicas de combate en sí, sino un tratado de metafísica marcial centrado en la geomancia, la localización de corrientes telúricas y el arte de horadar cordilleras. Dicho de otro modo: enseñaba a rastrear parajes sagrados donde convergía la energía del cielo y de la tierra, facilitando el hallazgo de bestias exóticas, hierbas milagrosas y tesoros celestiales ocultos en las profundidades de los bosques remotos.
Sin embargo, con el fluir de las eras, el crecimiento demográfico, la proliferación de practicantes marciales y el avance de la tecnología moderna, tales portentos naturales se habían extinguido casi por completo de la superficie. Salvo en contadísimos valles recónditos donde jamás había pisado el pie humano, hallar tesoros al aire libre era una quimera.
Por esa razón, los saqueadores de tumbas volvieron sus ojos hacia los mausoleos subterráneos de reyes, caudillos y nobles del camino marcial: aquellos magnates del pasado sentían devoción por erigir sus sepulcros en enclaves de geomancia perfecta. Los buscadores de fortuna estudiaban El Clásico de Sacudir al Dragón para recorrer ríos y cumbres hasta las tierras secretas de Kunlun, con el afán de arrancar reliquias y manuales legendarios de las entrañas de la tierra.
De ese modo fortuito, el Daoísta Sacudidor de Dragones se transformó en el santo patrón de los profanadores de tumbas, y su guía para rastrear tesoros naturales mutó en un manual de expolio subterráneo.
A Li Xiuwen le traía sin cuidado la búsqueda de reliquias o la profanación de sepulcros: lo único que le importaba era si servía para elevar su Conocimiento Marcial Básico. Además, según las crónicas, aquel daoísta no solo fue un erudito de la metafísica, sino un auténtico gran maestro marcial de la dinastía Da'an. En sus páginas advertía una máxima: «Recitar el clásico sin tener vista certera vuelve vanos diez mil rollos de verdad sincera».
Su instinto le susurraba que, al igual que el Tratado sobre los canales de energía de las enseñas, este tomo encerraba perlas de incalculable valor.
Revisó la tarifa de alquiler: prestar este libro durante un mes costaba trescientos yuanes, una cifra desorbitada comparada con los demás volúmenes. Tratándose de una edición antigua impresa en los tiempos de la dinastía Daqian, si sufría algún daño la penalización ascendía a diez mil yuanes.
\[El dominio del Conocimiento Marcial Básico ha aumentado un 1%...\]
\[Conocimiento Marcial Básico: Gran Logro (13%)\]
Al advertir la notificación en el caldero mental, el júbilo iluminó su rostro. Hacía semanas que el Conocimiento Marcial permanecía estancado; hoy por fin se movía la aguja.
Si logro desentrañar esta obra por completo, bien podría bastar para alcanzar la Perfección.
Que sea cara da igual: ¡vale cada centavo!
Apretó los dientes, tomó el décimo volumen y subió las escaleras hacia la segunda planta.
En el segundo piso ya no había literatura miscelánea; el espacio se distribuía en tres áreas bien diferenciadas: técnicas marciales, elixires secretos y armamento.
Comenzó curioseando en la sección de artes marciales y no pudo evitar un chasquido de asombro.
No por nada es la sede central de Changle: este piso alberga ciento veintiocho linajes marciales y quinientas ochenta disciplinas básicas, cubriendo tanto golpeo como cultivo interno.
Incluso está la Palma de Voltear la Arena de nuestra Escuela de la Arena Marina: consultarla exige dos piezas de Tongbao de Changle, y si deseas instrucción personal de un instructor, la tarifa va aparte... qué caro.
Calculó que el Señor Ming mantenía acuerdos comerciales con los maestros de los gimnasios de la ciudadela; al registrarse préstamos aquí, Huang Sihai sin duda recibía una tajada de las ganancias.
Continuó recorriendo las estanterías y enarcó las cejas con genuina extrañeza:
"Incluso tienen técnicas de combate de los extranjeros occidentales...".
Técnica de Lucha del Caballo Salvaje, La Cruz de la Aurora, El Apocalipsis de los Caballeros del Ocaso...
Eran disciplinas con un marcado sabor foráneo, procedentes de las naciones de los colonos del continente occidental. En sus tierras de origen contaban con sus propias clasificaciones, pero en el Estado de Sheng eran agrupadas bajo la etiqueta genérica de "artes de combate cuerpo a cuerpo".
Abandonó la zona de manuales y pasó al área de medicinas: solo se ofrecían píldoras de pescado ordinarias; no había rastro de la Gran Medicina de la Inundación del Dragón.
En la sección de armas se exhibían piezas tradicionales forjadas para combatientes comunes. Se aseguraba que procedían de los maestros herreros de Changle, con un acabado ligeramente superior al del mercado callejero. Li Xiuwen carecía de interés en las armas blancas: para batirse recurría a sus palmas, a sus patadas o a su pistola compacta; y cuando tocaba tender emboscadas, la daga que cargaba en la bota le bastaba y sobraba. Además, sin dominar un método esgrimístico formal, blandir sables o lanzas no aportaba ventajas reales sobre el combate a puño limpio y solía entorpecer los desplazamientos.
Paseando con calma, subió a la tercera planta.
Allí solo existían dos divisiones: técnicas marciales y elixires secretos, con un catálogo infinitamente más reducido que el del piso inferior. En este nivel únicamente se custodiaban técnicas de nivel avanzado, cuya disponibilidad era muy escasa.
Revisó los estantes con atención: no figuraba ninguna técnica avanzada de la Escuela de la Arena Marina. En su lugar predominaban disciplinas pertenecientes a los grandes jerarcas de las bandas o a escuelas ilustres vinculadas estrechamente a la organización:
«El Boxeo del Tigre Feroz, técnica avanzada del linaje del Tigre Negro: ¡entre cien escuelas de la ciudadela, poder de aniquilación sin igual! Canjeable por 20 Tongbao de Changle».
«El Boxeo de los Nueve Pliegues, técnica avanzada de la Escuela del Alambre de Hierro: ¡dureza imparable, aunque carente de resistencia prolongada! Canjeable por 18 Tongbao de Changle».
«El Arte de los Ocho Reyes, método de respiración avanzado de la Escuela del Rey Supremo...».
Li Xiuwen sacudió la cabeza tras repasar los títulos:
"Son formidables, pero cuestan una auténtica fortuna".
"Visto así, ingresar formalmente a un gimnasio tradicional sale infinitamente más rentable: en cuanto subes al segundo piso, el maestro te transmite una técnica avanzada de golpeo y un método interno sin coste adicional".
"Aunque la existencia de las bandas abre una vía alternativa para aquellos que carecen de aptitudes para subir al segundo nivel en una escuela formal".
Pasó al área de elixires, acondicionada como una botica tradicional donde un anciano de rostro lozano y cabellos de nieve molía hierbas en un mortero de piedra. Las medicinas no permanecían expuestas en vitrinas, evitando que algún desesperado perdiera el juicio y se las tragara sobre la marcha.
"Venerable anciano, ¿dispone de la Gran Medicina de la Inundación del Dragón?", preguntó Li Xiuwen con una sonrisa afable.
El boticario tomó su placa identificativa de madera y revisó el rango:
"Como Zapato de Tela tienes derecho a canjear una unidad al mes; la tarifa son veinte monedas de Tongbao".
"¿Tanto?", soltó Li Xiuwen. Abajo, una sola moneda alcanzaba para adquirir varias píldoras de pescado comunes. Por lo que sabía, las misiones ordinarias de las bandas solo se remuneraban con dinero contante; aquellas que otorgaban Tongbao entrañaban un peligro considerable y solían premiar con apenas una o dos piezas por encargo. Ciertamente, hacerse con la Gran Medicina era una tarea titánica.
Al notar su sorpresa por el precio, el anciano rio entre dientes:
"Y eso contando con que los Zapatos de Tela y Palos Rojos en Reserva gozan de un diez por ciento de descuento... Muchacho, acabas de entrar, ¿verdad?".
Li Xiuwen asintió y preguntó:
"Si uno asciende a Palo Rojo formal, ¿la rebaja es mayor?".
"Treinta por ciento de descuento para los Palos Rojos... Si andas corto de fondos, puedes optar por esta otra alternativa; su efecto tampoco está nada mal", ofreció el anciano mientras extraía una píldora azulada que desprendía un penetrante olor a pescado crudo y hierbas amargas.
"¿Qué es esto?", inquirió Li Xiuwen con recelo instintivo.
"Una Píldora de Pescado Preciosa; una sola unidad rinde el equivalente a tres de las píldoras refinadas de tu Escuela de la Arena Marina: cuesta cinco Tongbao", explicó el boticario. Las píldoras elaboradas a base de pescado constituían el compuesto más estandarizado del bajo mundo; las recetas de Changle eran plenamente compatibles con las suyas.
"Lo dejaré para más adelante; prefiero ahorrar... Gracias por su atención", declinó Li Xiuwen con amabilidad. Estaba harto de consumir píldoras de pescado: por muy potente que fuera esa versión preciosa, arrastraría una carga tóxica considerable. Se había impuesto una regla estricta: o entrenaba a base de pura disciplina, o consumía la Gran Medicina de la Inundación del Dragón. Nadie sabía con certeza cuál era el límite exacto antes de que los tres venenos estallaran en el organismo; un grano de pescado de más podía ser la gota que colmara el vaso.
"Por cierto, venerable anciano, ¿en este piso no disponen de tesoros celestiales ni hierbas milagrosas?", indagó Li Xiuwen.
El boticario soltó una carcajada franca:
"Con la marea de artistas marciales que puebla el mundo hoy en día, ¿cómo iban a estar los tesoros celestiales al alcance de tu nivel? En la Torre Changle existen, desde luego... pero incluso las variedades más comunes solo se custodian de la cuarta planta en adelante. En cuanto una pieza asoma por el inventario, los jerarcas de las cuatro grandes divisiones o de la sede central se enteran al instante por canales internos y la compran antes de que toque el mostrador; jamás llegan a los ojos de los recién llegados".
Li Xiuwen respiró aliviado para sus adentros: Pequeña Corneta no le había mentido. Los tesoros milagrosos existían dentro de la organización y no estaban extintos; por tanto, curar la enfermedad de su tío seguía siendo una meta alcanzable.
En la planta baja, He Sheng, Li Xiuwen y Jia Ren se reunieron ante los Dos Ancianos Blanco y Negro para liquidar sus cuentas.
Al ver la pila de libros que Li Xiuwen cargaba bajo el brazo, He Sheng no pudo disimular su extrañeza:
"Nuevo compañero, ¿te gastas el dinero en semejantes cosas?".
Li Xiuwen sonrió:
"No tengo grandes aficiones; solo me gusta entretenerme leyendo historias raras".
Jia Ren comentó con desdén:
"Con el tiempo que vas a perder en eso te convendría más entrenar; ¿de qué sirve leer tanta paja mientras sepas descifrar los manuales de golpes?".
El anciano de túnica negra soltó un bufido sarcástico:
"Mente superficial... ya lo entenderás con los años".
El Anciano Negro examinó a Li Xiuwen con renovada atención: en estos tiempos de prisas y atajos, los jóvenes dispuestos a serenar el espíritu para estudiar los fundamentos teóricos del camino marcial eran una auténtica rareza.
El Anciano Blanco señaló el tomo más grueso y preguntó:
"¿Estás seguro de pagar trescientos yuanes por alquilar este libro?".
"¿Trescientos por un libro de cuentos? ¡Vaya locura, A-Wen!", soltó He Sheng con el pulgar en alto, aunque conteniendo una risotada burlona. Cada vez entendía menos cómo aquel novato había recibido el rango de Zapato de Tela directamente: ¿por vencer a un prodigio de la serpiente ya le regalaban el ascenso? Él había tardado diez años enteros de peleas callejeras y heridas para consolidar la cúspide de la pitón y ganarse esos zapatos; ver semejante trato de favor le despertaba una inevitable punzada de envidia y desprecio.
Tras abonar el alquiler, He Sheng y Jia Ren se marcharon a toda prisa.
Li Xiuwen acomodó los volúmenes con sumo cuidado dentro de su mochila de tela.
Justo antes de cruzar la puerta, el Anciano Negro comentó con voz pausada:
"Muchos años atrás, hubo alguien que meditó profundamente sobre ese Clásico de Sacudir al Dragón y logró desentrañar una disciplina ciertamente formidable... el Arte de Observar el Qi".
El corazón de Li Xiuwen dio un vuelco y saludó con respeto:
"Agradezco la revelación del venerable maestro".
Sabía que aquella obra guardaba secretos mayores.
Al verlo alejarse, el Anciano Blanco sonrió con desgana:
"Aunque logre despertar el Arte de Observar el Qi, ¿de qué le servirá? Poseer la técnica para dar caza al dragón es inútil cuando los dragones del mundo ya se han extinguido".
El Anciano Negro se encogió de hombros:
"Al menos le servirá para dar con un paraje de excelente geomancia donde hacerse enterrar el día que le toque morir".
...
De regreso en la planta baja de Heshengtu.
Pequeña Corneta se acercó a grandes zancadas luciendo sus propios zapatos de tela:
"A-Wen, ¿qué tal la Torre Changle? ¿Entretenida?".
"Entretenida lo es; el problema es que sin Tongbao de por medio no puedes mover un dedo", respondió él. "Jefa, ¿qué clase de misiones permiten ganar esas monedas?".
La muchacha suspiró:
"Cuesta un ojo de la cara conseguirlas: las labores ordinarias de vigilar locales solo pagan en billetes comunes; para sacar Tongbao hay que involucrarse en asuntos de envergadura".
Li Xiuwen lo pensó un instante:
"¿Tienes alguna vía a mano?".
Pequeña Corneta lo tomó del brazo y lo arrastró hacia un rellano desierto, susurrando al oído:
"El mes que viene, la Duodécima Señora encabezará una redada para reventar un fumadero de opio clandestino que la gente de Tianyi instaló dentro de la ciudadela".
"¿Es peligroso?".
"El cabecilla del antro pertenece al Músculo de Jiaoji y tiene a varias Sandalias de Paja en la serpiente y la pitón bajo su mando. Del jefe se encarga la Duodécima Señora; de los esbirros nos encargamos nosotros".
Li Xiuwen no vaciló:
"Si tienes mano con ella, pídele que me sume a la partida".
"Cuenta con ello; espera mi aviso", asintió la joven.
Poco después, en el Salón Cuiyun, el cuartel general de la Duodécima Señora.
La temperamental líder de cabello corto sostenía un puro entre los labios, mirando a Pequeña Corneta con el ceño fruncido:
"¿Pretendes que me lleve a ese Zapato de Tela recién llegado? Acaba de entrar al clan; meterlo en una operación de semejante calibre... ¿dará la talla?".
"Hermanita, déjalo venir; es de confianza", insistió Pequeña Corneta con tono mimado.
La mujer soltó un suspiro de resignación:
"Tenía pensado asignarle esa plaza a He Sheng... En fin, sumémoslo a él también: haber derribado a Piernas Largas Siete demuestra que su poder real roza el Músculo de Pitón. Dile que se presente en el Salón Cuiyun dentro de diez días para coordinar los detalles de la emboscada; allí evaluaré sus facultades personalmente: si compruebo que es demasiado blando, se queda fuera sin contemplaciones".
Pequeña Corneta se dio una palmada en el pecho con orgullo:
"Quédate tranquila: A-Wen responderá con creces".
Así concluyó la primera jornada de Li Xiuwen bajo la disciplina de Heshengtu.
El día se había consumido en juramentos protocolares sin mayores novedades. A partir de mañana le correspondía asumir la custodia de un concurrido bar nocturno asignado a su nombre: Galaxia Impresión. La remuneración pactada ascendía al cinco por ciento de la recaudación mensual total del establecimiento.
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• Novela: ¡Camino Marcial! (武道!)
• Título en inglés: Martial Dao!
• Autor: Tian Li (田隶)
• Traductor: Inmensurable
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¡Camino Marcial! (Novela) Capítulo 94
Estás leyendo el capítulo 94 de ¡Camino Marcial! (Novela), un novela. Ciudades amuralladas, fumaderos de opio, distritos rojos, casinos, tríadas, grandes detectives... Li Xiuwen transmigró a Xianghai, bajo el dominio del gobierno colonial. En este mundo, aún permanecen los vestigios del… Este capítulo tiene publicado el 9 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. ¡Camino Marcial! (Novela) tiene 107 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.