Leer ¡Camino Marcial! (Novela) Capítulo 91 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
En el hedor de las cloacas, Li Xiuwen respiraba con agitación contenida mientras se enjugaba el sudor frío de la frente.
No había derrochado una cantidad excesiva de energía física; era el desgaste mental de mantener los nervios en tensión absoluta. Medirse cara a cara contra un experto del Músculo de Jiaoji por primera vez ponía a prueba el temple de cualquiera.
La brecha entre el Músculo de Pitón y el Músculo de Jiaoji pertenecía a otra dimensión. Bastaba examinar las denominaciones de los reinos: los dos primeros eran meras serpientes; el tercero ya tocaba la naturaleza del dragón. Los expertos del Músculo de Jiaoji poseían bandas musculares como colosales sierpes marinas: elásticas, densas e impenetrables.
De los tres disparos iniciales, uno le impactó directo en el pecho izquierdo y ni siquiera bastó para arrebatarle la vida. Tuvo que recurrir al cadáver del caimán como escudo para colocarle dos plomos adicionales. Había aprendido la lección: en vez de obsesionarse con la cabeza, apuntó directo a las piernas. Para un combatiente marcial, perder los brazos aún dejaba margen para defenderse a patadas; pero perder las piernas significaba quedar clavado al suelo, convirtiéndose en carne de cañón.
A base de quemar cinco balas había mutilado el setenta por ciento del poder destructivo de aquel monstruo. Frente al treinta por ciento restante, la contienda carecía de peligro; con la coraza de la Técnica de la Armadura Atada cubriéndole las espaldas, el riesgo de sufrir un percance fatal era nulo.
Li Xiuwen no pudo evitar suspirar con una mezcla de fascinación y respeto: las armas de fuego rompían por completo el equilibrio de poder. Décadas enteras de martirio físico no valían nada frente a un pedazo de plomo a propulsión. No resultaba extraño que Li Nanshu le hubiera racionado apenas diez cartuchos: depender de semejante atajo terminaba embriagando el ego, haciendo creer al portador que la potencia del disparo nacía de sus propios puños. Quien carecía de una voluntad marcial de hierro corría el riesgo de abandonar el cultivo tradicional.
Sin perder un segundo desnudó el cadáver del asesino, inspeccionando cada rincón hasta tres veces: las costuras, el cuero cabelludo, los forros e incluso la zona perianal.
Apenas halló la pistola compacta con el cargador vacío —otro modelo de mano idéntico al suyo— y una daga de acero templado de excelente factura. Fuera de eso, no portaba nada más. Un ejecutor que acudía a una emboscada planificada jamás cargaba pertenencias superfluas encima.
"Vaya decepción de botín... no le llega ni a la suela de los zapatos al hermano Ji".
Solo al comparar se daba cuenta del incalculable valor de aquel primer líder callejero: aquella presa inicial le había soltado la mismísima Técnica de la Armadura Atada, la carta de triunfo que sostenía toda su supervivencia.
Recogió los casquillos percutidos del suelo, borró meticulosamente las huellas del enfrentamiento y cargó con los restos del encapuchado hacia el canal profundo. Aguardó en la penumbra hasta ver cómo un caimán de gran tamaño arrastraba el cuerpo hacia las profundidades, iniciando el giro mortal para destazarlo. Solo entonces emprendió la retirada.
Al emerger por la boca de alcantarilla previa, encontró a Pequeña Corneta tendida sobre el adoquín de la calle solitaria. La tomó en brazos sin titubear.
Desplazándose por los callejones estrechos con la agilidad silenciosa de un felino nocturno, enfiló directo hacia el Distrito Central.
Acurrucada en su pecho, la muchacha apenas entreabría los ojos; sus mejillas lucían un rubor febril anormal, síntoma inequívoco del veneno perturbando el flujo de la vitalidad.
"A-Wen... llévame a la sede de Heshengtu...".
"Iremos a tu casa; en la sede del clan podría haber topos infiltrados".
"Buena idea... Papá me va a despellejar viva por esto; de todos modos, muchas gracias: de no haber sido por ti, hoy me quedaba en el hoyo".
"No hay de qué".
"¿Y el asesino del Músculo de Jiaoji? ¿Murió? Esos tres disparos los hiciste tú, ¿verdad?".
"Sí. Le acerté en órganos vitales; apenas dio unos pasos antes de desplomarse".
Li Xiuwen omitió los detalles del combate cuerpo a cuerpo. En apariencia, que un practicante del Músculo de Serpiente liquidara a tiros a un experto del Músculo de Jiaoji gravemente herido resultaba verosímil sin levantar sospechas.
"Menos mal... La pistola que te di solo tenía una bala, ¿de dónde sacaste las otras?".
"Tengo otra arma personal; me la regaló una amiga".
"Las pistolas de mano cuestan un ojo de la cara; esa amiga tuya vale oro".
Conforme hablaba, el sopor comenzó a cerrarle los párpados. Li Xiuwen continuó haciéndole preguntas para evitar que perdiera el conocimiento.
Finalmente divisó la elegante residencia independiente de los Mo. Se quitó la máscara de Pai Gow antes de franquear la verja; los guardias de la entrada mudaron el semblante al ver llegar a la heredera en brazos de su protector:
"¡Señorita!".
"¿Está el Jefe Mo adentro?".
"Sí, en sus aposentos".
"Llévenme con él".
Li Xiuwen cruzó el patio y, de un salto ágil, se encaramó al balcón de la segunda planta para llamar a la puerta del patriarca.
El Jefe Mo abrió con los ojos pesados de sueño; mas al contemplar a su hija ensangrentada, una presencia marcial sobrecogedora brotó de su figura, asemejándose a un tigre colosal que despierta furioso:
"A-Wen, ¿quién fue?".
Li Xiuwen negó con la cabeza:
"Pequeña Corneta me llevó a cazar a un maleante del Músculo de Serpiente en la Avenida Longjin; caímos en una emboscada tendida por un experto del Músculo de Jiaoji".
El patriarca tomó a la joven en brazos y aplicó una serie de presiones sobre puntos de acupuntura específicos, sellando la propagación de la toxina. De inmediato extrajo un frasco de jade de su armario, vertió una píldora translúcida y se la introdujo en la boca a la muchacha.
La recostó sobre el lecho; al notar que el pulso de la joven comenzaba a estabilizarse, inquirió con voz gélida:
"¿Qué aspecto tenía el agresor?".
Li Xiuwen describió los rasgos y el armamento del asaltante.
El Jefe Mo entrecerró los ojos:
"Atuendo negro, rostro cubierto, uso de pistolas de mano compactas, emboscada calculada en el drenaje y disciplina militar... casi con total seguridad pertenece al Pabellón de los Niños".
"¿El Pabellón de los Niños?", preguntó Li Xiuwen fingiendo ignorancia.
"Una organización clandestina de asesinos subordinada al mismísimo Rey Celestial Tong. Operan en la ciudadela como cucarachas en las cloacas y solo se accede a ellos por canales muy exclusivos; con suficiente plata de por medio se atreven a atentar contra los Palos Rojos. Alguien pagó para poner precio a la cabeza de mi hija... Vaya, ¿quién podrá haber sido? Qué dilema tan difícil de resolver", ironizó el anciano líder con una mueca sombría.
Li Xiuwen ató cabos al instante:
"¿El Cobertizo Leigong?".
El Jefe Mo asintió:
"No es la primera vez que recurren a estas bajezas; el problema es que carecemos de pruebas para acusarlos formalmente ante la Gran División".
Li Xiuwen comentó con desprecio:
"Perteneciendo todos a la enseña de Changle, recurrir a puñaladas traicioneras demuestra una bajeza absoluta; si guardan rencor, que lo resuelvan en la Gran Arena".
El Jefe Mo rio con amargura:
"Estando yo con vida, ¿quién se atrevería a desafiar abiertamente a Pequeña Corneta en la arena? Por cierto, ¿dónde quedó el asesino?".
"Aproveché que perseguía a la jefa para dispararle por la espalda: los proyectiles le dieron de lleno y cayó muerto unos metros más adelante; su cuerpo probablemente ya fue devorado por los caimanes", explicó Li Xiuwen.
El Jefe Mo ordenó con calma:
"No te marches todavía; espera a que despierte".
Li Xiuwen comprendió la desconfianza: que el protector resultara ileso mientras la señora de la casa terminaba herida era un detalle que exigía confirmación de primera mano.
La constitución física del Músculo de Pitón estaba fuera de serie y el veneno del clavo bucal tampoco era un compuesto letal de última generación. Al cabo de un rato, Pequeña Corneta abrió los ojos; el tono violáceo de su brazo se había disipado casi por completo.
Sujetándose las costillas se incorporó en la cama, mirando a su padre con timidez culpable.
El Jefe Mo reprendió con aspereza:
"Una negligencia imperdonable: una costilla rota. Menos mal que el golpe no perforó el corazón; aun así, te esperan dos semanas de reposo absoluto".
La madre de la muchacha intervino con ojos llorosos:
"Hija, déjate de bandas por un tiempo y quédate en casa a recuperarte; prométemelo".
Pequeña Corneta hizo un puchero:
"Está bien, mamá... Maldita sea: quince días sin entrenar y ese insoportable de Piernas Largas Siete me va a sacar ventaja". Al reparar en Li Xiuwen, sonrió: "A-Wen, toma asiento".
"Me alegra ver que estás fuera de peligro", sonrió él.
El Jefe Mo interrogó a su hija:
"Pequeña Corneta, ¿estás segura de que el agresor pertenecía al Músculo de Jiaoji?".
"Totalmente segura: ¿o crees que alguien inferior podría haberme puesto una mano encima? ¡Por debajo de Jiaoji, ni la cúspide de la pitón me hace sombra! Si no fuera por el veneno traicionero, jamás me habría alcanzado el paso. Cuando vi que era un experto de ese calibre mandé a A-Wen a replegarse para pedir refuerzos, temiendo que su presencia estorbara mi escape. Jamás imaginé que el muchacho fuera tan valiente: dio la vuelta en silencio y abatió al asesino con su arma para salvarme el pellejo. De no haber sido por su tiro certero, no habría llegado viva a la superficie... Papá, ¿qué te parece? El protector que recluté tiene agallas e inteligencia".
Al constatar que los testimonios coincidían al milímetro, el semblante del Jefe Mo se relajó y miró a Li Xiuwen con renovada estima:
"Gracias, A-Wen; te debo una deuda de gratitud".
Aunque proteger a la muchacha fuera su deber formal, salvarle la vida era un favor de sangre que un antiguo líder jamás pasaría por alto.
Tras meditarlo unos segundos, el patriarca preguntó:
"Tengo entendido que aspiras a presentarte al Encuentro de Cruzar el Río del año entrante, ¿cierto?".
"Así es, señor".
El Jefe Mo reflexionó:
"Hagámoslo así: si consigues una de las plazas de recomendación de tu gimnasio y cumples un papel digno en el torneo, moveré mis influencias para intentar conseguirte un cupo asignado por cuota especial... Sabes bien que la categoría juvenil solo ofrece cuatro plazas regulares; con el nivel que se maneja este año, quien no pise el reino del Tigre y el Elefante difícilmente se clasificará".
Como antiguo Dragón a la Cabeza, el poder del Jefe Mo dentro del Tigre y el Elefante era indiscutible en el Distrito Este. Además, en sus años mozos había salvado la vida de un camarada que actualmente ocupaba un alto cargo administrativo dentro de la Academia. Si Li Xiuwen demostraba solidez —colándose entre los ocho mejores de la categoría juvenil, por ejemplo—, conseguirle un pase por la puerta trasera era perfectamente viable.
"¿Un cupo asignado por cuota especial?", soltó Li Xiuwen, visiblemente asombrado.
Sabía que las treinta plazas oficiales del torneo representaban el cupo base, pero las normas admitían excepciones: en años donde proliferaban talentos excepcionales, el comité organizador ampliaba las plazas para no desperdiciar promesas. Esos cupos especiales solían estar reservados para las cuatro grandes escuelas ilustres gracias a sus redes de contactos internos. Jamás imaginó que el Jefe Mo pudiera intervenir en ese tablero. Semejante favor no se pagaba con montañas de dinero: incontables magnates de fuera de la ciudadela desembolsaban fortunas millonarias sin lograr jamás colar a sus vástagos en la Academia.
"Tenía pensado reservar ese favor para Piernas Largas Siete o Pequeña Corneta, pero ellos dos tienen madera suficiente para entrar por sus propios méritos", aclaró el patriarca.
Pequeña Corneta rio complacida:
"¡Claro que sí! ¡Yo no necesito favores para entrar! ¡Dáselo a A-Wen! Piernas Largas Siete todavía es joven y tiene tiempo de sobra; a A-Wen se le acaban los años: le corresponde a él".
Tras el trance de muerte, la gratitud de la muchacha hacia su compañero se había disparado a niveles estratosféricos.
Li Xiuwen hizo una reverencia solemne:
"Agradezco de corazón al líder; en verdad carezco de garantías absolutas para clasificarme por la vía regular".
El Jefe Mo sonrió con calidez:
"Salvar una vida humana está por encima de todo. Incluso si las gestiones no fructifican, jamás olvidaré esta deuda. Quienes andamos en este mundo debemos tener las cuentas claras: a los benefactores se les devuelve el favor con creces... ¡y a los enemigos se les cobra con ojo por ojo y diente por diente!".
Li Xiuwen asintió:
"Me retiro entonces. Cuídate mucho, jefa".
"Vuelve cuando quieras", despidió ella con una sonrisa. "Ven a verme todos los días si tienes un rato libre".
Al salir al pasillo se cruzó con Piernas Largas Siete, que acudía alarmado por las noticias. Al ver a su hermana herida y a Li Xiuwen intacto, soltó con aspereza:
"¿El subordinado sale ileso mientras la jefa termina con los huesos rotos? Menuda incompetencia la de tu protector".
Pequeña Corneta lo fulminó con la mirada:
"¡Cierra la boca, renacuajo! El enemigo era un Músculo de Jiaoji; si A-Wen se quedaba solo habría servido para morir a lo tonto. Supo fingir la retirada y contraatacar en el momento justo: gracias a eso sigo con vida".
El Jefe Mo intervino con severidad:
"A-Qi, ignoras los hechos: frente a un experto de ese nivel, quedarse a cuerpo limpio habría sido un suicidio inútil".
Piernas Largas Siete enmudeció, dándose cuenta de que sus palabras habían sido injustas. Buscó con la mirada a Li Xiuwen, pero este ya se había esfumado escaleras abajo.
El muchacho sacó un frasco de jade y lo dejó sobre la mesa:
"Son las Píldoras Songhe de mi maestro; un remedio soberbio para acelerar la curación: en tres días estarás sana".
Pequeña Corneta tomó el frasco con una sonrisa burlona:
"Vaya, el hermanito sabe cuidar de su hermana mayor; me conmueves".
"No te confíes: ¡antes del torneo te habré pasado por encima!", espetó el chico antes de dar media vuelta, arrepintiéndose de haberle regalado la medicina.
Cuando quedaron a solas, el Jefe Mo advirtió con tono sombrío:
"De lo sucedido esta noche, ni una sola palabra hacia afuera; me encargaré de investigar en las sombras".
...
Al día siguiente.
En la Fábrica de Fideos Chenji, Li Xiuwen abrió los ojos; sobre el suelo descansaba una alfombra de huesos de dátil escupidos durante la noche.
La fase inicial del Libro de Escupir Arena requería practicar la trayectoria con huesos de fruta; solo al alcanzar el Logro Menor se pasaba a proyectiles de metal para evitar lacerarse la boca.
Consultó el estado en su mente:
\[Libro de Escupir Arena: Iniciación (1%)\]
"Una disciplina menor; asimilarla no entraña mayor misterio".
El núcleo de la técnica se resumía en dos pilares: potencia de salida y puntería milimétrica. De alcanzar la Perfección, colocar un proyectil a cien pasos de distancia sería coser y cantar. Aquello le permitiría disparar armas de fuego con una precisión quirúrgica, ahorrándose el gasto innecesario de munición.
Barrió los restos y salió rumbo al gimnasio. En una bocacalle divisó una rata enorme cruzando el canal:
¡Fiu!
Un hueso de dátil salió disparado de su boca, perforándole el cráneo con precisión mortal.
\[El dominio del Libro de Escupir Arena ha aumentado un 1%...\]
"Práctico y eficaz... Además, con la última actualización del reino ilusorio, los roedores y cuervos de la ciudadela también han sido replicados: me servirán de dianas vivientes".
Recogió el proyectil y continuó su camino.
...
En cierto fumadero de opio clandestino.
El Viejo Mono Fantasma consumía su pipa con evidente desasosiego. Había transcurrido una noche entera sin noticias de Ling-Ling-Ba, y el Viejo Gorrión tampoco daba señales de vida.
"¿Habrán fallado?... No tiene sentido".
El Viejo Gorrión no era más que un cebo prescindible; pero Ling-Ling-Ba era un combatiente consumado en el Músculo de Jiaoji en la plenitud de sus facultades físicas: un solo experto de ese rango podía barrer con cinco practicantes del Músculo de Pitón al mismo tiempo. Y encima portaba arma de fuego. Por mucho talento que tuviera Pequeña Corneta, apenas rozaba el Músculo de Pitón; vencer a un verdugo despiadado de semejante calibre era inconcebible.
"¿Acaso la muchacha ocultaba su verdadero nivel?".
Antes de que pudiera ordenar sus pensamientos, una silueta imponente cargada de hostilidad cruzó el umbral:
"Pequeña Corneta sigue viva", soltó Daoyou Ming entre dientes.
El anciano mudó el semblante:
"Cálmate. Cabe la posibilidad de que la chica guardara más fuerza de la que aparentaba... o que tuviera un protector de élite a sus espaldas".
"¿Un protector? Es una simple Sandalia de Paja recién estrenada; a lo sumo su padre le asignó un guardaespaldas secreto", gruñó Daoyou Ming antes de darse media vuelta con frialdad: "Me tiene sin cuidado: pagué por un trabajo y el Pabellón de los Niños tiene que cumplirlo; de lo contrario, arrancaré este nido de raíz".
"¡Atrévete a tocar esta filial y verás si el Rey Celestial Tong no te aplasta de un solo estornudo!", replicó el viejo con desdén.
Daoyou Ming soltó una carcajada burlona:
"¿El Rey Celestial Tong? Con el Señor Ming custodiando este recinto, ¡ninguno de ustedes se atreve a poner un pie en la Ciudad Amurallada! ¡Ni el mismísimo Magnate Tianyi tiene las agallas!".
El viejo escupió una calada de humo con una sonrisa helada:
"Tomaremos medidas; no cometas imprudencias o nos hundiremos todos juntos".
...
En el Gimnasio de Artes Marciales Sihai.
Li Xiuwen retomó su austera rutina cotidiana.
Cumplió su tercer mes en el segundo piso, restando poco más de cinco meses para la celebración del certamen mayor.
Pequeña Corneta se recuperó por completo de sus heridas, volviendo a merodear por los locales del clan con su habitual vivacidad.
Llegó la primera evaluación trimestral del segundo nivel: quienes no daban la talla debían descender a la planta baja. Huang Sihai estaba más que complacido con el rendimiento de Li Xiuwen, asegurándole la permanencia sin objeciones. En cambio, tres discípulos vinculados a las bandas que llevaban demasiado tiempo estancados en el Músculo de Serpiente fueron invitados a marcharse sin contemplaciones: el segundo piso quedaba cada vez más desierto y silencioso, reducido en la práctica a dos fanáticos del entrenamiento incansable: Ao Jiu y Li Xiuwen.
Li Xiuwen volvió a dejarse caer por la Gran Arena de Kowloon para apostar en combates selectos, embolsándose cinco mil yuanes limpios. Sus ahorros apenas rondaban los diez mil yuanes, lo justo para costear un mes de ungüentos para la Técnica de la Armadura Atada.
Esa noche, en el Ilusorio Reino de la Suprema Vacuidad.
Sobre las aguas turbias de los canales subterráneos virtuales, Li Xiuwen avanzaba con zancadas ingrávidas, deslizándose sobre el lodo sin levantar más que leves ondas imperceptibles.
Tras encadenar ciento ochenta pasos a pie seco, frenó la marcha con natural soltura:
¡La Luz Flotante de las Mil Olas había alcanzado el Gran Logro!
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• Novela: ¡Camino Marcial! (武道!)
• Título en inglés: Martial Dao!
• Autor: Tian Li (田隶)
• Traductor: Inmensurable
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¡Camino Marcial! (Novela)
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Estás leyendo el capítulo 91 de ¡Camino Marcial! (Novela), un novela. Ciudades amuralladas, fumaderos de opio, distritos rojos, casinos, tríadas, grandes detectives... Li Xiuwen transmigró a Xianghai, bajo el dominio del gobierno colonial. En este mundo, aún permanecen los vestigios del… Este capítulo tiene publicado el 9 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. ¡Camino Marcial! (Novela) tiene 107 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.