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Leer ¡Camino Marcial! (Novela) Capítulo 90 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
En las sombrías cloacas. Sujetándose el pecho y jadeando con dificultad, el Viejo Gorrión avanzaba acuclillado chapoteando en el agua cenagosa. "Menos mal que en este mundo de perros jamás me quito el chaleco antibalas; de no ser por eso, con ese tajo de Pequeña Corneta, ¿cómo habrían resistido estos viejos huesos?". A juzgar por la presencia que desprendía, Pequeña Corneta claramente había pisado el Músculo de Pitón, contradiciendo los informes que la situaban en el Músculo de Serpiente. Aunque, a decir verdad, frente al temible pupilo de hábito negro del Pabellón de los Niños, poco importaba si era serpiente o pitón: el destino era el mismo. "¡Quince años y ya en el Músculo de Pitón!... ¡Cómo detesto a estos pequeños monstruos!". Otros rondaban los sesenta años y seguían estancados en el Músculo de Serpiente, con su cultivo cayendo en picado como las acciones de una empresa en bancarrota. El Viejo Gorrión continuó mascullando maldiciones. Justo al doblar un recodo, una ráfaga de aire gélido le erizó el vello de la nuca. Reaccionando con los reflejos de un veterano, giró sobre sus talones y lanzó una puñalada directa con su daga hacia la sombra emergente. Aquella figura se movió como un espectro, esquivando el filo con pasmosa soltura. Una mano ancha, blanca y pulida como el jade, atenazó el brazo que empuñaba el arma y lo torció con brutalidad despiadada. "¡Aargh!". El Viejo Gorrión aulló con el rostro desencajado por el dolor; un crujido seco y continuado rasgó la penumbra mientras los huesos se partían en astillas. Sus cuerdas vocales se tensaron con la intención de escupir otro clavo de dátil de acero, pero lo que recibió a cambio fue una palma de jade resplandeciente con líneas místicas en negro y oro. ¡Clang! El clavo rebotó como metralla errante, clavándose en su propia mejilla cuajada de manchas seniles mientras la sangre manaba a borbotones. El dolor le saltaba los ojos de las órbitas, distinguiendo en sus pupilas la silueta de un cuerpo fibroso coronado por una máscara de Pai Gow fría como la muerte. La palma de jade se estampó de lleno contra el rostro del anciano, inyectando una violenta combinación de fuerza rígida y flexible. Sus facciones se arremolinaron como si un vórtice las succionara hacia el centro del cráneo. "¡Estalla!". Una voz gélida resonó bajo la máscara. El rostro desencajado del Viejo Gorrión detonó exactamente igual que una sandalia madura reventada a martillazos. Entre verdaderos expertos, ¡dos movimientos bastaban para zanjar la vida o la muerte! El agua fétida del canal arrastró los sesos esparcidos. El cadáver descabezado se desplomó cuan largo era sobre el fango. Salvo el difunto Tercer Amo, casi nadie conocía el entramado subterráneo de la Avenida Longjin tan bien como Li Xiuwen. Moverse por aquí era volver a casa. Por eso, al ver huir al Viejo Gorrión, no pensó en escapar de inmediato: tomó un atajo para tenderle una emboscada en su ruta de retirada. En medio de la negrura absoluta de las cloacas y gracias a la supresión del aliento del Arte del Tiburón Durmiente, los ojos seniles del viejo no advirtieron nada. Con su nuevo cultivo del Músculo de Pitón, emboscar a una decrépita "musculatura de gama baja" cuya energía llevaba décadas estancada era pan comido: dos golpes y liquidado. Matar a alguien no le generaba ninguna alegría; pero matar a alguien y abrir el cofre del tesoro... eso sí que le dibujaba una sonrisa. Li Xiuwen desgarró la camisa del cadáver, dejando al descubierto un chaleco negro, macizo y con reflejos metálicos. "Un buen chaleco antibalas; ahora es mío". Había venido precisamente a cobrarse esa prenda. Al despojarlo del cuerpo notó que estaba en "versión de combate veterano": tenía abolladuras de impactos de bala, huellas de palmetazos y cortes limpios de hojas afiladas. "Este viejo pellejo tenía más vidas que un gato para haber sobrevivido hasta hoy con semejantes marcas". Li Xiuwen era prudente por naturaleza: tiempo atrás había buscado comprar protección balística para evitar quedar atrapado en el fuego cruzado de las bandas, pero carecía de los contactos necesarios. Aun así, se había informado bien sobre el tema: este modelo era un chaleco de Kevlar confeccionado con fibras aramidas y plásticos reforzados, el blindaje de dotación de los agentes novatos de la Policía de Xianghai. Pesaba fácilmente cinco kilos y resultaba tosco y pesado. Ningún artista marcial con orgullo lo vestiría porque mermaba la movilidad, estando pensado exclusivamente para policías frente a maleantes armados. Sin embargo, para resistir munición de armas cortas cumplía de sobra. Pretender que su Qigong Duro alcanzara en poco tiempo la invulnerabilidad total ante el plomo no era realista; llevar un blindaje encima aportaba una capa extra de tranquilidad. Tras limpiarlo a conciencia, Li Xiuwen se encasquetó el chaleco bajo su holgado traje de entrenamiento: una reconfortante sensación de seguridad le inundó el pecho. "Chaleco antibalas más la Técnica de la Armadura Atada en el Logro Menor... Me pregunto si un golpe a plena potencia de un experto del Tigre y el Elefante lograría perforar mi defensa". Aunque lo dijera en voz alta, no pensaba ponerlo a prueba: los métodos de ataque de las armas de fuego y los grandes maestros marciales eran mundos aparte. Una bala común que no perfora transfiere poca energía residual; pero el puño de un coloso marcial era como el choque de un camión de volteo, capaz de transmitir la fuerza a través de los órganos. Incluso si el chaleco resistía intacto, la onda expansiva convertiría sus vísceras en papilla. En el Ilusorio Reino de la Suprema Vacuidad, un solo palmetazo del viejo Huang lo había empotrado contra el techo, agrietando los muros. El blindaje servía, principalmente, para cubrirse de proyectiles, dardos envenenados y puñaladas traicioneras de rivales de su mismo nivel. Rebuscó minuciosamente entre los bolsillos del muerto, las costuras, los forros de las botas e incluso en la ropa interior cubierta de manchas dudosas. "Menudo muerto de hambre", masculló con desdén. El dinero en efectivo apenas sumaba trescientos yuanes; ni siquiera superaba el botín que le sacó a A-Ji. Tampoco cargaba armas de fuego, solo una daga ordinaria. "Un momento... aquí hay algo". Li Xiuwen tiró con fuerza de la cabellera del anciano, arrancándola junto con el cuero cabelludo postizo. "Ya decía yo: rondando los sesenta y luciendo una melena negra impecable... era una peluca". En el forro interior del peluquín descubrió varios pequeños lingotes de oro; sopesándolos, calculó que rondarían unos doscientos cincuenta gramos. Los guardó complacido antes de notar un librillo fino de hojas amarillentas y bordes gastados encajado en el mismo doblez. Entornó los ojos al leer el título en la portada: El Libro de Escupir Arena. El tiempo apremiaba y no había margen para hojearlo con calma, pero asociándolo a la técnica del clavo bucal del anciano, dedujo que se trataba de un manual de armas arrojadizas y proyectiles ocultos. En estos tiempos, con la proliferación de pistolas compactas adaptadas para artistas marciales, el uso de dardos y agujas casi había desaparecido. Por mucho que se pulieran, las armas ocultas eran consideradas trucos menores y artimañas baratas que los talentos desdeñaban. Sin embargo, a Li Xiuwen le parecía una herramienta muy práctica: soltar un proyectil por la boca en medio de un intercambio cuerpo a cuerpo podía tener un efecto demoledor. La Escuela de la Arena Marina valoraba la eficacia pura sobre el honor marcial, razón por la cual existían brebajes como el "Polvo Desgarrador de Almas". Aunque en reinos superiores una simple corriente de vitalidad bastaba para dispersar tales polvos, un recurso extra jamás estorbaba. Guardó el manual, arrojó los restos del Viejo Gorrión a los "perros del drenaje" que aguardaban hambrientos en el agua, y se marchó a paso vivo. ... En la penumbra asfixiante de los túneles. Pequeña Corneta desplegaba su técnica del Loto Cayente al límite de sus fuerzas, buscando una salida al exterior. Por desgracia, no dominaba la geografía del alcantarillado; perseguida de cerca y presa del pánico, había tomado desvíos erróneos y no hacía más que dar vueltas en círculos. Su brazo derecho estaba completamente insensible y presentaba una coloración violácea: el veneno comenzaba a extenderse. En las arcas de Heshengtu disponían de antídotos para toxinas callejeras ordinarias, pero para acceder a ellos necesitaba alcanzar la superficie con vida. Ojalá A-Wen haya logrado escapar... Por ahora solo me queda exprimir mi juego de pies para ganar tiempo y esperar que traiga refuerzos. Daba gracias al cielo por no haber descuidado su desplazamiento: con el Loto Cayente en el Gran Logro y dominando el secreto de "Flotar sobre el Loto", avanzaba rozando el agua sin dejar estela. Su perseguidor, aunque superior en potencia física general, se quedaba un escalón por detrás en pura agilidad. El asesino de negro la seguía con paso implacable, deslizándose sobre el lodo con movimientos parecidos a los de una locha marina. Practicaba el Paso de la Locha, la disciplina básica de la Banda Tong: efectiva para avanzar por el cieno, pero infinitamente menos sofisticada que el Loto Cayente, una técnica exclusiva del Gimnasio de la Veneración a Buda. No tenía prisa: la muchacha estaba envenenada y su circulación marcial se deterioraba a cada segundo. Cuanto más se esforzara físicamente, más rápido avanzaría el veneno por el torrente sanguíneo; en cuanto le tocara el corazón, la muerte sería inmediata. Poco después, el semblante de la joven empeoró visiblemente: su vitalidad decayó en picado y sus zancadas comenzaron a tambalearse. ¿Voy a morir aquí?, pensó con amargura. ¡Maldito sea el cabrón que orquestó esto; si me muero, regresaré como fantasma a cobrarme venganza! De pronto, un tenue resplandor atrajo su atención: más adelante se filtraba un hilo de luz procedente de una alcantarilla, mientras que a su espalda la figura del asesino parecía haberse desvanecido. Aferrándose a su instinto de supervivencia, quemó sus últimas energías en un salto desesperado, empujó la pesada tapa de hierro con el hombro y aferró el borde con ambas manos para impulsarse hacia arriba. En ese instante preciso, una mano callosa emergió de las sombras laterales: le atenazó el tobillo con una presa de hierro mientras una risa siniestra retumbaba en el túnel: "Llevaba rato esperando que mordieras el anzuelo...". ¡Pum, pum, pum! Tres disparos consecutivos rasgaron la oscuridad. Pequeña Corneta sintió que la garra aflojaba la presión. Aprovechando la fracción de segundo, se impulsó fuera del pozo, inhalando una bocanada del aire viciado de la ciudadela. Con la cabeza pesada y la vista nublada, apenas dio un par de pasos tambaleantes antes de desplomarse inconsciente sobre el pavimento. ... Ling-Ling-Ba, como ejecutor profesional curtido en mil batallas, reaccionó al instante. Al percibir el primer chasquido ladearon la cabeza por puro reflejo, esquivando un plomo mortal por milímetros. Sin embargo, los dos proyectiles restantes le perforaron el lado izquierdo del pecho, incrustándose a escasa distancia del corazón. Una tercera bala le rozó el lateral del cuello, arrancándole un pedazo de piel y desatando un chorro continuo de sangre. Estaba gravemente herido. ¿Quién demonios dispara? ¿El lacayo de la máscara? ¿O llegaron los refuerzos de Heshengtu? Preso de la incertidumbre, abortó la persecución de inmediato. En su oficio, fallar el primer golpe exigía una retirada sin contemplaciones. Se había confiado y lo había pagado caro. Al ser un ejecutor de sigilo no vestía protecciones pesadas, pues habrían entorpecido su velocidad. Se replegó hacia un ramal secundario, vadeando el agua con la sangre goteando tras de sí. En una cavidad lateral del túnel, Li Xiuwen permanecía pegado al muro aferrando la diminuta pistola con ambas manos. Con razón dicen que en tiroteos a corta distancia es inútil apuntar a la cabeza: a menos que seas un tirador de élite, frente a un maestro marcial es casi imposible acertar. Menos mal que le metí dos tiros directos al pecho; aunque con la resistencia de un Músculo de Jiaoji, seguro que sigue en pie. Recogió los casquillos calientes del suelo para no dejar rastros. Activó la fuerza ingrávida de la Luz Flotante de las Mil Olas, que ya rozaba el Gran Logro: rozando la superficie del agua como una libélula, tomó un atajo para tenderle otra emboscada. Si uno se ganaba un enemigo, la única opción sensata era enterrarlo de inmediato; si la organización detrás de ese hombre tiraba del hilo hasta dar con él, los problemas no tendrían fin. Además, las balas seguían incrustadas en el cuerpo del asaltante: debía recuperarlas y echar los restos a los caimanes antes de que nadie pudiera atar cabos. ... "Uf... uf...". La respiración de Ling-Ling-Ba se tornaba cada vez más pesada; el pecho y el cuello le ardían en una hemorragia incesante. "¡Maldición!... Si estuviera en el reino del Tigre y el Elefante, me bastaría con contraer la musculatura para expulsar el plomo de mi cuerpo...". Aunque, a decir verdad, de haber pisado ese reino, sus sentidos habrían neutralizado la emboscada sin encajar un solo rasguño. El cazador se había transformado en presa acorralada. "Tengo que contener la sangre ya...". Divisó una plataforma elevada donde descansaba un viejo sillón de chatarra herrumbrosa, vestigio de algún indigente del pasado. Se apoyó contra el respaldo, hundió los dedos en la herida del pecho y apretó los dientes; el dolor atroz le hinchó las venas de la frente mientras gotas gruesas de sudor frío le caían por las mejillas. "Ese tipo de la máscara era el sirviente de Pequeña Corneta... Maldito malnacido: en cuanto supere esta noche, si no puedo matar a la mocosa, ¡al menos te despellejaré a ti!". "Capaz de esquivar mis disparos a traición... debe de ser otro experto del Segundo Paso. Pequeña Corneta no tiene tantos subordinados; dar con su identidad será sencillo". Tras extraer el proyectil deformado, lo guardó en el bolsillo y rasgó una tira de su manga para improvisar un vendaje compresivo. De pronto, sus orejas se crisparon: captó un chapoteo sumamente sutil en las aguas negras. ¿Un reptil? ¿Una rata gigante? ¿O un ser humano? Se puso en pie apoyando la espalda contra el muro, empuñó la daga corta y contuvo el aliento con los sentidos al límite. Una sombra voló hacia él; el ejecutor descargó un tajo descendente y, tras un desgarro de carne dura, un caimán seccionado en dos cayó al suelo. ¡Pum, pum! Dos disparos más retumbaron en la galería. En condiciones normales los habría esquivado con facilidad; en su estado actual apenas alcanzó a desviar los órganos vitales, interponiendo los antebrazos como escudo. Una bala perforó la membrana dérmica y se clavó en la tibia. La otra le destrozó la rodilla: las articulaciones eran de las pocas zonas desprotegidas en un artista marcial, y el impacto le fracturó la rótula de cuajo. "¡Aaaaargh!". Bramando de agonía, Ling-Ling-Ba recogió pedazos de chatarra del suelo y los arrojó con furia hacia la penumbra. La silueta atacante interpuso otro caimán a modo de escudo, desviando los proyectiles de hierro. Cuando el cadáver del reptil cayó sobre él, el ejecutor lo apartó de una patada con la pierna sana. A través del hueco apareció la figura de la máscara de Pai Gow, arremetiendo envuelta en un vendaval demoledor. En la percepción de Ling-Ling-Ba emergió la imponente ilusión de un vasto océano negro y una descomunal ballena bermellón escupiendo llamaradas incandescentes. Un palmetazo en apariencia ligero cayó sobre él con el peso de una marea embravecida: ¡la técnica cumbre de la Escuela de la Arena Marina! Alzó ambos brazos para bloquear. Una sacudida colosal recorrió sus extremidades, haciendo vibrar la carne endurecida de su Músculo de Jiaoji hasta entumecerle tendones y huesos. "¡¿Músculo de Pitón?!". El asombro desencajó sus facciones: ¿desde cuándo Pequeña Corneta contaba con un sirviente de semejante calibre? ¿Un experto de ese nivel se rebajaba a seguir a una cría? ¿O se trataba de un guardaespaldas secreto contratado por su padre? Estando desangrado y con apenas un treinta por ciento de su fuerza disponible, el impacto lo empotró de espaldas contra la pared de piedra, golpeándose la nuca. Intentó alcanzar la daga caída, pero una bota descendió como un pilar de plomo sobre su mano, triturándole los huesos contra el suelo. Haciendo acopio de sus últimas fuerzas, se impulsó sobre su pierna derecha sana y soltó una patada lateral dispuesta a quebrar la roca. Li Xiuwen dio un paso atrás con fluidez esquiva y, en el mismo movimiento, arrojó una daga que se clavó de lleno en la garganta de Ling-Ling-Ba, asomando la punta ensangrentada por la nuca. La vista del asesino comenzó a nublarse; las pupilas se dilataron en un estertor agónico. En su campo visual borroso vio aproximarse una pierna que desataba estelas superpuestas en un torbellino aéreo. En un último acto de rabia ciega, Ling-Ling-Ba arrojó todo su peso contra el atacante... pero la sensación fue idéntica a estrellarse contra una colosal campana de bronce ancestral: el enmascarado apenas retrocedió un par de pasos para asentar la postura. ¡¿Capaz de encajar una embestida del Músculo de Jiaoji a cuerpo limpio?! ¡¿Qué clase de Qigong Duro es este?! ¡¿La Camisa de Hierro del Rugido del Dragón?! ¡¿O la Campana de Oro del Rugido del Tigre?! El pensamiento cruzó su mente como un relámpago antes del final. Al instante siguiente, el latigazo de pierna impactó de lleno contra su cráneo con una violencia incontenible. Un chasquido cruento resonó en las bóvedas de piedra. La cabeza de Ling-Ling-Ba giró varias vueltas sobre el cuello como una tuerca desatornillada antes de desprenderse del torso y rodar por el cieno, con los ojos abiertos de par en par en una mueca de espanto absoluto. \----- • Novela: ¡Camino Marcial! (武道!) • Título en inglés: Martial Dao! • Autor: Tian Li (田隶) • Traductor: Inmensurable ¡No olvides dejar tu reacción y comentar para acelerar el cultivo de los siguientes capítulos! ¡Gracias por el apoyo, compañero daoísta!
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Estás leyendo el capítulo 90 de ¡Camino Marcial! (Novela), un novela. Ciudades amuralladas, fumaderos de opio, distritos rojos, casinos, tríadas, grandes detectives... Li Xiuwen transmigró a Xianghai, bajo el dominio del gobierno colonial. En este mundo, aún permanecen los vestigios del… Este capítulo tiene publicado el 9 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. ¡Camino Marcial! (Novela) tiene 107 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.