Leer ¡Camino Marcial! (Novela) Capítulo 89 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Varios días después, en la Montaña Taiping.
En el interior de una lujosa mansión con diseño de dojo tradicional.
Li Nanshu concluyó su ciclo de respiración y contempló el horizonte frente a ella.
Los colosales cargueros descansaban anclados en el muelle y la deslumbrante prosperidad de Xianghai se desplegaba entera ante sus ojos. El viento marino soplaba con fuerza, haciendo ondear los faldones de su holgado traje de entrenamiento.
Siendo sincera, los progresos de A-Wen la habían dejado profundamente asombrada.
En apenas medio año, pasar de ser un civil corriente al Músculo de Serpiente era una proeza que ni muchos prodigios de aptitudes superiores lograban igualar. Al margen de si había consumido fármacos o no, el resultado tangible estaba a la vista de todos. Y haber derribado a Piernas Largas Siete demostraba que sus técnicas de combate eran demoledoras, prueba irrefutable de su brillante perspicacia.
Al rememorar la reunión con sus paisanos, recordó haber analizado los cambios de humor de A-Wen sin percibir el menor rastro de contaminación por los tres venenos. Por el contrario, a Ding Sheng le había bastado alcanzar la Membrana Púrpura a base de elixires para exhibir síntomas evidentes de degradación espiritual, mostrándose incapaz de gobernar sus arrebatos de ira y celos.
Otros tal vez no alcanzaran a descifrar el misterio, pero ella lo tenía muy claro: la voluntad marcial de A-Wen poseía una solidez inalcanzable para la gente común.
Una tenue sonrisa asomó a los labios de Li Nanshu.
Se dio media vuelta.
Sin que hubiera advertido el menor ruido, un hombre maduro ataviado con una túnica taoísta de tono verde ceniza aguardaba de pie a sus espaldas en absoluto silencio.
Sus facciones denotaron respeto inmediato e inclinó el torso con reverencia:
"Maestro".
El recién llegado no era otro que el líder del Gimnasio Nantian, presidente de la Asociación de Gimnasios de Artes Marciales de Xianghai y máxima eminencia del linaje Nantian: Ye Nantian.
Ye Nantian preguntó con voz serena:
"Nanshu, la técnica de espada que te transmitió este maestro, ¿cómo marcha su cultivo?".
Li Nanshu sonrió:
"Maestro, ya alcanzó el Gran Logro".
Ye Nantian asintió con leve complacencia:
"Aunque fuiste la última en cruzar las puertas de la escuela, el empeño que he volcado en ti no desmerece ante el dedicado a los Siete Héroes de Nantian. Tu talento natural es extraordinario; en este rincón estrecho de Xianghai, quienes pueden compararse con tu estructura ósea se cuentan con los dedos de una mano, y tu perspicacia sobrepasa incluso a la de los Siete Héroes. Con el tiempo necesario, sin duda dejarás atrás a este maestro para hollar un plano superior".
Li Nanshu inclinó la cabeza:
"Esta discípula jamás defraudará sus expectativas".
Tras dudar unos segundos, la joven se animó a preguntar:
"Maestro, si un joven de veintiún años con aptitudes de sirviente posee un discernimiento sobresaliente, ¿qué posibilidades alberga de obtener una plaza para el cruce del río?".
Ye Nantian meditó la respuesta un instante antes de sentenciar:
"Las esperanzas son casi nulas... a menos que cuente con una providencia monumental sobre sus hombros".
Dicho esto, se dio media vuelta y abandonó el salón.
Sola frente a la terraza, Li Nanshu contempló a lo lejos la silueta densa y amurallada de la ciudadela, recortada contra el corazón de la urbe como una cicatriz de dos mundos irreconciliables, y dejó escapar un leve suspiro.
A-Wen era, con certeza, el menos favorecido por la fortuna entre los cuatro paisanos.
En un tiempo más, cuando supere a los Siete Héroes y consolide mi peso ante el maestro, tendré la autoridad suficiente para admitir discípulos en su nombre, pensó para sus adentros. Si mi amigo no logra entrar a la Academia, al menos podré incorporarlo al Gimnasio Nantian para que su perspicacia y su disciplina no se pudran en el olvido.
En este mundo, al margen de su escuela, carecía de familiares vivos. Solo aquellos tres camaradas de infancia despertaban su afecto.
Zhao Dalong andaba demasiado escaso de talento y perspicacia; con la cabeza volcada en los manejos callejeros de las bandas, jamás alcanzaría grandes cimas.
Ding Sheng estaba en peor situación todavía: su carácter se torcía día a día y la miraba con una lascivia mal disimulada; de no haber nacido en cuna de oro, sería el más desdichado del grupo.
Solo en A-Wen depositaba esperanzas: haber escalado desde el fango de la ciudadela hasta donde estaba hoy demostraba que tenía porvenir.
...
En el Gimnasio de Artes Marciales Sihai.
Dentro del despacho privado.
Huang Sihai observaba a Li Xiuwen, sintiendo la densa vitalidad propia del Músculo de Pitón emanar de su figura; rio complacido:
"Esa Gran Medicina de la Inundación del Dragón no cayó en saco roto".
Li Xiuwen respondió con una inclinación respetuosa:
"Agradezco al maestro; me ha ahorrado meses de martirio".
Huang Sihai advirtió:
"Al pisar el Músculo de Pitón, las propiedades extraordinarias del Arte del Tiburón Durmiente comienzan a manifestarse; dedícate a desentrañar sus secretos. Aún queda medio año: alcanzar el Músculo de Jiaoji es una posibilidad real".
Pasar del Músculo de Pitón al Músculo de Jiaoji constituía un paso crítico en sí mismo: para alguien con aptitudes de sirviente, la tasa de éxito al intentar transformar la pitón en jiaoji apenas rozaba el treinta por ciento. Y al llegar al Tercer Paso para buscar el Tigre y el Elefante, la probabilidad se desplomaba a un mísero diez por ciento. En ese terreno Huang Sihai no tenía margen para intervenir; todo quedaba en manos del destino del propio muchacho. En sus largos años de recorrer el mundo marcial, los casos de practicantes de bajo linaje que superaban esos umbrales eran una auténtica rareza; cuando uno lo conseguía dentro de la Academia, era exhibido como estandarte de superación en todos los panfletos oficiales.
Li Xiuwen subió al segundo piso, donde Lu Yu y Long'er aguardaban desde hacía rato.
"Mis disculpas: estuve entrenando a puerta cerrada en casa y se me hizo tarde", saludó Li Xiuwen con una sonrisa modesta.
Long'er refunfuñó para sus adentros: ¿Entrenar a puerta cerrada? ¡Inflándote a píldoras de pescado, querrás decir!. Al notar que la presencia marcial del muchacho había dado otro salto considerable, sobrepasando con creces la mitad del camino de la serpiente, dio por hecho que se había tragado de golpe todo el lote de píldoras otorgado por el viejo Huang: un auténtico suicida sin juicio.
Lu Yu sonrió con soltura:
"Hermano A-Wen, a partir de hoy te propongo que dediques una hora diaria a intercambiar golpes conmigo sin contenerte; te pagaré dos mil yuanes al mes por las molestias, ¿qué te parece?".
Para los golpeadores del Músculo de Serpiente que su familia contrataba habitualmente, la paga rondaba esa misma cifra, pero sus labores entrañaban riesgos y esfuerzos infinitamente mayores que una simple sesión de entrenamiento bajo techo.
Li Xiuwen lo sopesó: era dinero limpio. Ganar fondos mientras elevaba la maestría de sus técnicas sobre la marcha era una oportunidad redonda.
"Empecemos entonces", aceptó.
Lu Yu le tendió un paquete envuelto en papel encerado con dos mil yuanes en efectivo.
Li Xiuwen se embolsó el dinero y advirtió con tono bromista:
"Hermana Lu, mida sus fuerzas, por favor; con su cultivo en la cúspide del Músculo de Pitón me romperá en pedazos".
Ella sonrió:
"Descuida: solo emplearé un treinta por ciento de mi fuerza; si por accidente llego a lastimarte, además de costearte la recuperación te compensaré con el doble de dinero".
Dicho esto, rompió la inercia: su mano derecha salió despedida con ligereza, enredándose alrededor de Li Xiuwen como una cinta de seda.
Li Xiuwen activó su técnica de movimiento para zafarse del agarre y, cazando el momento exacto, desató un latigazo horizontal con la pierna derecha.
Lu Yu bloqueó con la espinilla; reaccionando en una fracción de segundo, Li Xiuwen ejecutó un giro en el aire, se posicionó a su espalda y descargó un palmetazo contra su omóplato.
El golpe no causó daño en la joven, pero verse tocada por alguien de un reino inferior le encendió el orgullo.
Li Xiuwen rio suavemente:
"Hermana Lu, en combate real es vital penetrar en cuanto se abre un hueco y golpear lo firme evitando lo ilusorio; se precipitó: mi primer movimiento no era más que una finta para medirla".
"¡Otra vez!", exclamó Lu Yu tras asimilar la lección, arremetiendo de nuevo.
En un abrir y cerrar de ojos transcurrió la hora reglamentaria; Li Xiuwen calculó el tiempo con exactitud y dio por terminada la clase.
Respirando con agitación y visiblemente insatisfecha, Lu Yu preguntó:
"¿Podemos... añadir más tiempo?".
Li Xiuwen lo meditó un segundo:
"Añadir tiempo extra cuesta cien yuanes la hora".
Lu Yu apretó los dientes:
"¡De acuerdo, cien yuanes!".
Desde un costado, Long'er miraba a Li Xiuwen maldiciendo su avaricia: cien yuanes era lo que un jornalero de los barrios bajos tardaba un mes entero en ganar.
Al concluir la tanda suplementaria, Lu Yu y Long'er se retiraron con evidente satisfacción en el semblante.
Li Xiuwen consultó el caldero en su mente: el dominio de la Luz Flotante de las Mil Olas y de «Mar Roto» había escalado otro uno por ciento.
El dinero de estos ricos de fuera de la ciudadela es una maravilla.
Haciendo números: Pequeña Corneta, Lu Yu, las apuestas de la arena y la vigilancia ocasional... sumaban fácilmente entre siete y ocho mil yuanes mensuales. Apretando un poco más el paso alcanzaría los diez mil, asegurando el gasto que demandaba la Técnica de la Armadura Atada.
...
En la calle.
Long'er preguntó con desconcierto:
"Hermana Lu, ¿no estás siendo demasiado generosa con él?".
Lu Yu sonrió con calma:
"Ese muchacho tiene tablas reales; los principios tácticos que explica resultan más útiles que las lecciones de los instructores del Tigre y el Elefante que mantiene mi familia: vale cada centavo".
"¿No te habrás encaprichado de él?", insinuó la pequeña con picardía.
Lu Yu le propinó un pellizco entre risas:
"¿Acaso te parece factible? Cuando aquel joven apuesto del reino del Tigre y el Elefante me invitó a salir, lo rechacé sin dudar".
"Pero financiándolo de ese modo, ¿qué pasará si te arrebata la plaza para el Encuentro de Cruzar el Río?", advirtió Long'er preocupada.
Lu Yu desestimó la idea:
"Tontita, en unos días alcanzaré el Músculo de Jiaoji y me queda medio año para tocar la cima de esa fase; por brillante que sea su discernimiento, jamás podrá alcanzarme".
Long'er sacudió la cabeza:
"No te fíes... El maestro tiene una debilidad evidente por él y seguro que le da ventajas bajo cuerda; te convendría no bajar la guardia".
...
En la quietud de la madrugada.
En la Avenida Longjin, dos siluetas se deslizaban al amparo de las sombras, sorteando muros y tejados con la ligereza de gatos callejeros hasta descender sobre el asfalto.
Una era una jovencita de tez pálida y melena rubia; la otra, una figura enjuta cubierta con una máscara de Pai Gow, cuya presencia marcial simulaba el modesto rango de un combatiente raso.
Pequeña Corneta susurró:
"Muchacho guapo, este tal Viejo Gorrión es más escurridizo que una anguila; bajé a buscarlo a las cloacas varias veces y siempre se me escapó: esta vez lo acorralaremos por ambos extremos".
Li Xiuwen se apresuró a frenarla:
"Jefa, nada de tonterías: nos movemos juntos. ¿Acaso no has visto películas de terror? Quien se separa para investigar por su cuenta es el primero en terminar en el hoyo".
La muchacha lo pensó un instante y asintió:
"Tiene sentido; menos mal que te traje: tu cabeza funciona mejor que la mía; serás mi estratega de cabecera".
Ambos levantaron la pesada tapa de la alcantarilla y se arrojaron a las profundidades subterráneas.
Li Xiuwen activó la Luz Flotante de las Mil Olas: la fuerza ingrávida sostuvo su cuerpo mientras avanzaba rozando la superficie de las aguas negras casi sin levantar salpicaduras. Los leves chasquidos que se escapaban quedaban camuflados por el chapoteo natural de las ratas y los caimanes que merodeaban por el drenaje. De haber dominado este juego de pies en la época en que liquidó al Tercer Amo, le habría bastado con deslizarse junto a su lecho para rebanarle el cuello en sueños sin necesidad de librar un combate encarnizado.
Pequeña Corneta se desplazaba mediante el paso de loto, alzando sutiles ondas concéntricas a su paso con una gracilidad aún más depurada que la de Li Xiuwen: dominaba la técnica de movimiento Loto Cayente de la Escuela de la Veneración a Buda en el Gran Logro, mostrando una perspicacia que aventajaba por una cabeza a la de Piernas Largas Siete.
...
En una plataforma elevada dentro de los canales subterráneos de la Avenida Longjin.
Un anciano enjuto cubierto de manchas de vejez reposaba apoyado contra la pared húmeda, haciendo girar una daga corta entre los dedos.
Era el Viejo Gorrión, el cebo que el Pabellón de los Niños había plantado en la zona. Durante semanas se había dedicado a enviar maleantes menores a cometer fechorías en la superficie para alimentar las represalias de Pequeña Corneta, con el único objetivo de atraerla gradualmente hacia el laberinto de las cloacas: el feudo natural de la Banda Tong.
Murmuró hacia las sombras como hablando consigo mismo:
"En cuanto remate este encargo me retiraré al campo a pasar la vejez; las rencillas del Jianghu son un peligro que estos viejos huesos ya no pueden permitirse".
Con la vitalidad mermada por los años, apenas lograba sostenerse dentro del Músculo de Serpiente.
De pronto, un silbido cortante rasgó el aire. El anciano se incorporó de un salto, esquivando el ataque por escasos milímetros.
Enfundada en un traje negro de combate y empuñando una espada corta, Pequeña Corneta se abalanzó directa hacia su cuello.
"¡¿Quién eres?! ¡¿Acaso ignoras que pertenezco a la Banda Tong?!", gritó el viejo fingiendo pánico mientras huía siguiendo la corriente de agua, evitando el choque frontal. Practicaba las disciplinas de la Escuela de la Culebra de Agua, habituales entre los maleantes de la banda: ineficaces en combate abierto, pero idóneas para escurrirse por túneles anegados.
"¡Viejo decrépito, conque eras tú quien venía a causar estragos en mi territorio! ¡Prepárate a morir!".
Pequeña Corneta le dio alcance en un parpadeo, descargando una estocada hacia su torso.
De improvisto, el anciano giró sobre sus talones; abriendo la boca dejando ver sus dientes amarillos, escupió un clavo de dátil de acero brillante que salió disparado como un proyectil hacia el rostro de la muchacha.
Ella desvió el proyectil con el antebrazo; la piel endurecida, comparable a la madera maciza, sufrió un corte superficial del que brotó sangre de un tono azul violáceo.
En respuesta, hundió su hoja directo hacia el pecho del anciano; incapaz de esquivar, el viejo salió despedido por el impacto escupiendo sangre, pero no murió: se puso en pie de un salto y se escurrió hacia un ramal oscuro riendo con descaro:
"No te lo esperabas, ¿verdad, niñata? ¡Este abuelo lleva chaleco antibalas!".
Cuando ella se disponía a lanzarse tras él, una mano firme le atenazó el hombro, frenándola en seco.
Bajo la máscara de Pai Gow, la voz ronca de Li Xiuwen advirtió:
"No lo sigas; hay gato encerrado".
"¡Vaya que lo hay! Es la primera vez que veo a un maleante callejero con chaleco antibalas; ¡solo le falta ponerse casco militar, al muy desgraciado!", masculló ella en guardia, mientras sentía el brazo entumecido y la sangre manando sin pausa: el proyectil venía impregnado de veneno de serpiente diseñado para invadir el torrente sanguíneo a la menor herida.
"Retirémonos", propuso Li Xiuwen al ver el corte en la mano de la muchacha, pensando para sus adentros que la piel de la chica era demasiado frágil si una simple arma arrojadiza bastaba para herirla.
Ella apretó los dientes:
"De acuerdo, te hago caso; nos largamos".
En ese instante, una mole oscura surcó el aire envuelta en un hedor nauseabundo: ¡un caimán arrojado con fuerza descomunal!
Sintiendo el vendaval que caía sobre ella, Pequeña Corneta partió al reptil en dos de un tajo certero.
¡Pum, pum, pum!
Tres detonaciones rasgaron la penumbra desde el fondo del túnel.
Alertados de antemano, ambos esquivaron hacia los lados en cuanto sonó el chasquido del percutor; el plomo silbó rozando sus cuerpos.
La muchacha sintió una punzada ardiente en la cintura: una bala había penetrado la carne.
Li Xiuwen permanecía pegado al muro con una diminuta pistola de mano en la diestra, palpándose el costado: un proyectil rebotado lo había rozado, pero las líneas místicas de su armadura apenas habían permitido un rasguño superficial sin causarle el menor dolor.
Soportando la quemazón, Pequeña Corneta extrajo un arma de fuego de la manga y abrió fuego a ciegas hacia las sombras. Como Sandalia de Paja oficial disponía de armamento asignado, aunque rara vez lo utilizaba; pero frente a un adversario que abría fuego a traición y estando herida, prescindir de las balas sería un suicidio.
El túnel se transformó en un campo de batalla cerrado.
Las detonaciones cesaron en la oscuridad: el atacante parecía haber agotado la munición.
Pequeña Corneta le arrojó su arma a Li Xiuwen:
"El enemigo podría estar en el Músculo de Pitón; aquí dentro solo serás un estorbo: ¡huye tú primero! Me queda una bala en el cargador; saldré detrás de ti".
"Ten cuidado", murmuró Li Xiuwen con voz áspera antes de poner pies en polvorosa sin dudar. Sabía muy bien cuándo convenía no estorbar: aquello era una emboscada planificada al milímetro para segar la vida de la muchacha.
Al ver desvanecerse la figura de Li Xiuwen, Pequeña Corneta escupió su caramelo, estiró los brazos y sonrió con fiereza:
"¡Aquí voy!".
Tras encadenar varios saltos ágiles localizó a la figura vestida de negro agazapada en una bifurcación; arrojó una estocada con su daga al frente:
"¡¿Quién te mandó?!".
La figura encapuchada guardó silencio absoluto; deslizando una hoja corta desde la manga, lanzó una puñalada directa hacia los ojos de la muchacha.
Ella alzó su arma para bloquear mientras soltaba una patada al bajo vientre del intruso.
Nada más colisionar las hojas, una potencia avasalladora se transmitió desde el filo del asaltante, desencajando las facciones de Pequeña Corneta:
"¡¿Músculo de Jiaoji?!".
El atacante dominaba disciplinas para ocultar el aliento marcial: creyó medir fuerzas contra un Músculo de Serpiente y se topaba de bruces con un Músculo de Jiaoji consolidado. Recién estrenada en el Músculo de Pitón, por brillantes que fueran sus dotes, salvar la brecha frente al peldaño cumbre del Segundo Paso rozaba lo imposible.
El abdomen del encapuchado vibró como un resorte de acero, repeliendo la planta del pie de la muchacha.
Apoyándose contra el muro de un pisotón, se proyectó en el aire desatando un latigazo rotatorio: las aguas negras del canal se agitaron en ondas concéntricas como si un helicóptero descendiera sobre el drenaje.
¡Plaf!
La carne de Pequeña Corneta onduló por el impacto y sus huesos crujieron; su cuerpo salió despedido hacia atrás, azotando contra el fango.
Sujetándose el pecho y tosiendo sangre, se puso en pie a duras penas y corrió hacia la salida iluminada activando su juego de pies al límite mientras gritaba a pleno pulmón:
"¡El enemigo está en el Músculo de Jiaoji!".
El eco retumbó por las galerías subterráneas, buscando alertar a su compañero.
El encapuchado ni se molestó en mirar hacia donde se había esfumado el sirviente de la máscara: el tiempo apremiaba y su única presa era Pequeña Corneta.
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• Novela: ¡Camino Marcial! (武道!)
• Título en inglés: Martial Dao!
• Autor: Tian Li (田隶)
• Traductor: Inmensurable
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¡Camino Marcial! (Novela)
Capítulo 90
¡Camino Marcial! (Novela) Capítulo 89
Estás leyendo el capítulo 89 de ¡Camino Marcial! (Novela), un novela. Ciudades amuralladas, fumaderos de opio, distritos rojos, casinos, tríadas, grandes detectives... Li Xiuwen transmigró a Xianghai, bajo el dominio del gobierno colonial. En este mundo, aún permanecen los vestigios del… Este capítulo tiene publicado el 9 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. ¡Camino Marcial! (Novela) tiene 107 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.