Leer ¡Camino Marcial! (Novela) Capítulo 77 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
En la Fábrica de Fideos Chenji.
Dentro del dormitorio, el muchacho y la joven permanecían en silencio frente a frente.
Pequeña Corneta se acomodó el flequillo rubio recortado en línea recta y comenzó a soplar hacia arriba por pura diversión.
Tras una breve pausa, Li Xiuwen preguntó:
"¿Ocurre algo más?".
Pequeña Corneta lo miró de reojo:
"A-Wen, ¿cuándo crees que podrás entrar al Músculo de Serpiente?".
Li Xiuwen sonrió:
"Mi vitalidad ya tocó la cima de la Membrana Negra; calculo que en un mes más o menos. No pienso pasarme una eternidad acumulando cimientos".
Pequeña Corneta asintió:
"Está bien, pero ten en cuenta que tu porcentaje de éxito no es precisamente alto; ándate con pies de plomo".
"A mi edad no me sobra el tiempo... toca encomendarse a la suerte; no todos nacimos con las dotes de ustedes dos", respondió Li Xiuwen con una carcajada despreocupada.
La muchacha sonrió de medio lado y, cambiando súbitamente de tono, soltó:
"A-Wen... ¿acaso entrenas Qigong Duro?".
La expresión de Li Xiuwen no flaqueó ni un milímetro; sonrió con fingida intriga:
"¿De dónde sacas esa idea?".
Pequeña Corneta explicó:
"Aquel día recibiste un golpe directo de Zajiú a cuerpo limpio y te quedaste tan fresco; aparte de un arte de endurecimiento corporal, no se me ocurre otra explicación lógica".
Li Xiuwen siguió haciéndose el desentendido:
"¿A qué viene eso? ¿Acaso el sujeto de la máscara fantasmal de aquella tarde era Zajiú?".
Pequeña Corneta le clavó la mirada:
"Revisé su cadáver; Zajiú tenía el brazo derecho fracturado, exactamente igual que el hombre de la máscara de aquella tarde".
"Podría ser una simple coincidencia", replicó Li Xiuwen con indiferencia.
"A-Wen, no soy tonta", zanjó ella.
"De acuerdo, eres muy lista", rio Li Xiuwen, sellando los labios para no añadir más.
Pequeña Corneta meditó unos instantes en silencio y sonrió con picardía:
"Lo sabía: mi buen ojo no me engaña; un protector elegido personalmente por mí no podía ser un don nadie. Tranquilo, en el Jianghu la regla de oro es mostrar una carta y guardar tres bajo la manga. El Qigong Duro es tu baza oculta; si prefieres no pregonarlo, te guardaré el secreto. Soy tu jefa, ¡tengo que dar la cara por mis hermanos!".
Saltó del alféizar hacia el interior de la habitación con el semblante notablemente más despejado y alegre.
"Viniste hoy a buscarme solo para comprobar eso, ¿verdad?", comentó Li Xiuwen sonriendo.
"Exacto. Averigüé un secreto tuyo, así que a cambio te entregaré uno mío", declaró ella alzando un dedo con porte triunfal.
Li Xiuwen arqueó una ceja:
"Siendo tan cría, ¿qué clase de secreto puedes guardar?".
Pequeña Corneta soltó una risita cómplice y susurró:
"Zajiú... ¡lo maté yo! Muchacho guapo, ¡acuérdate de guardarme el secreto!".
Li Xiuwen se quedó perplejo un segundo y soltó una carcajada incrédula:
"Vaya ocurrencia; las palabras imprudentes traen desgracias, jefa".
Pequeña Corneta se dio una palmada en el pecho plano y rio:
"No pasa nada, confío en mi hermano. Muchacho guapo, me guardarás el secreto, ¿verdad?".
Le extendió el dedo meñique. Li Xiuwen comprendió el gesto y entrelazó su meñique con el de ella.
Feliz con el pacto, retiró la mano y extrajo de su bolso cruzado de osito una pequeña figurilla caricaturizada de cabeza prominente, mostrando los colmillos con picardía:
"Acabamos de jurar ante el mismísimo Santo Marcial; el pacto queda sellado y no admite retractación, ¡o que el Santo Marcial nos parta con cinco rayos del cielo!".
Li Xiuwen contempló la figurilla: representaba a un hombre maduro de apostura noble y porte firme como un pino, empuñando una lanza larga y envuelto en una suntuosa túnica oscura. En este mundo, el Santo Marcial ocupaba un lugar similar al de Guan Yu en su vida anterior: una deidad venerada por los hombres del bajo mundo y las artes marciales.
Ella guardó la figurilla en el bolso.
Li Xiuwen suspiró con ironía resignada:
"¿Llevas encima una estatua del Santo Marcial a todas partes? ¿Por qué no te cargas también una de la Emperatriz Celestial?".
Pequeña Corneta rio entre dientes:
"Es un amuleto que me dio mi padre; dice que sirve para espantar las desgracias, atraer buenas compañías y evitar rodearse de malas influencias". Dicho esto, sacó otra figurilla caricaturizada de la Emperatriz Celestial y añadió: "Esta también la tengo".
Li Xiuwen se quedó sin palabras.
Pequeña Corneta prosiguió:
"Hay otro asunto: mi padre tiene previsto reunir a todos los protectores de cabecera que mantenemos en la casa familiar para ponerlos a prueba. Pienso purgar a los que no den la talla o solo estén cobrando de balde, y a quienes destaquen se les aumentará la paga mensual fija. ¿Tienes seguridad de cruzar el paso el mes que viene?".
Li Xiuwen lo meditó con seriedad y respondió:
"Solo puedo prometer que lo intentaré. Acumular vitalidad no es problema mientras haya píldoras de pescado, pero cruzar el paso... es otra historia".
Pequeña Corneta le dio una palmada en el hombro para animarlo:
"Confía en ti mismo, ¡tú puedes! Me largo; ¡ya te avisaré cuando llegue el momento! Por cierto, como tu antigua Avenida Longjin ahora es territorio mío, date una vuelta de vez en cuando si tienes tiempo libre para espantar a los maleantes".
"Entendido", asintió Li Xiuwen.
Se quedó junto a la ventana observando cómo la figura de la muchacha se perdía doblando la esquina. Que la Avenida Longjin pasara a manos de Pequeña Corneta representaba, sin duda, una auténtica bendición para los vecinos de la zona.
...
En el Gimnasio de Artes Marciales Sihai.
Dentro del despacho privado, Huang Sihai cerraba las cuentas del mes con el ceño fruncido y cara de pocos amigos:
"Espero que en la visita de desafío del mes que viene estos granujas me hagan recuperar un poco de orgullo; tras la paliza que nos dio Garza Nocturna la última vez, los ingresos mensuales cayeron en picado más de diez mil yuanes".
Toc, toc, toc.
Unos golpes discretos sonaron en la puerta.
Huang Sihai apartó los libros de contabilidad y soltó con voz seca:
"Adelante".
Li Xiuwen cruzó el umbral con una sonrisa afable.
Huang Sihai arqueó las cejas al verlo:
"¿Vienes por más píldoras de pescado? Noto que tu vitalidad se ha disparado a un ritmo desmedido estos últimos días; seguro que no te has limitado a las cinco que compraste, ¿verdad?".
Li Xiuwen bajó la cabeza fingiendo arrepentimiento:
"Maestro, le pido disculpas. Temeroso de hacerle pasar vergüenza durante la visita de desafío, fui a la Calle Gui a conseguir unas cuantas píldoras adicionales por mi cuenta".
Huang Sihai se llevó la mano a la frente, exasperado por la terquedad del pupilo:
"¡¿Te atreviste a consumir fármacos comprados en la Calle Gui?!".
Li Xiuwen respondió con voz firme y llena de determinación:
"Maestro, ya mordimos el polvo una vez contra Garza Nocturna; ¡no pienso volver a perder... quiero ganar!".
Al comprobar que Huang Sihai no sospechaba de la ingestión de la Gran Medicina de la Inundación del Dragón y atribuía el salto a un exceso de píldoras de pescado, Li Xiuwen respiró aliviado para sus adentros.
El tono del anciano se suavizó sensiblemente:
"Te pedí que dieras lo mejor de ti, no que ganaras a cualquier precio; en el segundo piso todavía tengo a discípulos capaces de sacar la cara".
No esperaba que un simple comentario casual calara tan hondo en Li Xiuwen, hasta el punto de jugarse la salud con tal de defender el honor de la escuela. Aquello le conmovía el corazón, pero también le encendía las alarmas: temía que el muchacho terminara descarriándose.
Li Xiuwen sonrió:
"Lo comprendo, maestro. Hoy no venía a comprar más píldoras; venía a solicitarle que me instruya en las técnicas avanzadas de combate".
"¿Técnicas avanzadas?", soltó Huang Sihai quedándose de piedra. Tardó unos segundos en procesar las palabras antes de inquirir: "¿Acaso completaste la Palma de Voltear la Arena hasta la Perfección?".
Li Xiuwen asintió:
"Así es, maestro. ¡Júzguelo usted mismo!".
Tensó el cuerpo como un resorte de acero: las líneas de fuerza ascendieron por su torso como viejas serpientes entrelazadas, convergiendo al unísono en ambas palmas antes de detonar al frente.
El vendaval generado arrastró el polvo del suelo en remolinos concéntricos; el aire pareció comprimirse hasta su límite extremo antes de quebrarse en una detonación sorda.
¡Bum!
La onda expansiva sopló en sentido inverso, sacudiendo los faldones de la túnica de Huang Sihai y alborotando los mechones canosos de su cabello.
¡Aquel palmetazo encerraba la contundencia de una ballena colosal revolviéndose en las profundidades para volcar los cuatro mares!
Tras un largo silencio, Huang Sihai entrecerró los ojos y sentenció con gravedad:
"La ballena gigante traga el mar, mutando sin cesar... ciertamente lo has logrado".
Hizo un cálculo mental rápido: desde que le enseñó los primeros rudimentos de la Palma de Voltear la Arena apenas habían transcurrido cuatro meses largos.
Llevar una técnica de combate hasta la Perfección en ese tiempo... ¿de verdad era el mismo A-Wen que había admitido al principio?
Cualquiera en el medio sabía que completar una técnica de combate era infinitamente más difícil que perfeccionar una postura estática de templado. Acumular vitalidad admitía atajos artificiales si se disponía de dinero y desdén por los efectos secundarios; dominar las artes de golpeo, en cambio, dependía con exclusividad del talento, la perspicacia y el martirio diario.
Había subestimado de forma flagrante el entendimiento marcial del muchacho.
Al pensarlo, sintió una punzada de impotencia hacia los designios del destino: ¡maldito cielo ciego! Si la estructura ósea de Li Xiuwen hubiera sido apenas un peldaño superior... Por desgracia, lo que el muchacho exhibía hoy descansaba en tres partes de dedicación, tres partes de fármacos y cuatro partes de pura suerte al cruzar el paso; si lograría pisar el reino del Tigre y el Elefante seguía siendo una incógnita absoluta.
"Maestro... maestro...", lo llamó Li Xiuwen, sacándolo de su ensimismamiento.
Huang Sihai carraspeó:
"A-Wen, ¿has llegado a percibir el 'ímpetu'?".
Li Xiuwen reflexionó un instante antes de responder:
"Al desatar la técnica de la ballena gigante tragando el mar, me pareció vislumbrar la silueta de un inmenso océano...".
Los ojos de Huang Sihai brillaron con expectación:
"¿Y nada más?".
Li Xiuwen fingió desconcierto:
"¿Debería haber algo más?".
Una sombra de desilusión cruzó el semblante del viejo maestro, aunque forzó una sonrisa complacida:
"Poder percibir el ímpetu ya es un logro extraordinario; soy un insensato por pedir imposibles".
"Maestro, si hay algo más detrás de ello, le ruego que me lo aclare; este discípulo siente curiosidad", insistió Li Xiuwen.
Huang Sihai suspiró:
"Al alcanzar la Perfección en la Palma de Voltear la Arena es posible despertar dos manifestaciones distintas del ímpetu. La primera es el 'Mar Negro', la más habitual de todas". Tras una breve pausa, añadió con solemnidad: "Sin embargo, aquellos bendecidos con una perspicacia fuera de serie albergan una mínima probabilidad de despertar una manifestación superior, conocida como... ¡la Ballena Carmesí!".
De improviso, el anciano se quedó petrificado, clavando la mirada en el muchacho que tenía delante.
En su percepción sensorial emergió de golpe la estampa de un océano negro e insondable, en cuyo horizonte un colosal remolino unía el cielo con las aguas para engendrar una descomunal ballena bermellón capaz de devorar el firmamento y sacudir los cimientos del mundo.
"¡¿Despertaste el ímpetu de la Ballena Carmesí?!". Los ojos de Huang Sihai se abrieron de par en par, perdiendo la compostura por primera vez ante su discípulo.
Li Xiuwen preguntó con una sonrisa inocente:
"Maestro, ¿significa eso que mi perspicacia es aceptable?".
Huang Sihai exhaló una honda bocanada de aire y murmuró con voz trémula:
"En todos los años que llevo al frente de este gimnasio he formado a incontables alumnos que completaron sus técnicas; pero aquellos capaces de manifestar el ímpetu de la Ballena Carmesí se reducen a solo cinco personas".
"¿Tan pocos? ¿Quiénes son?", inquirió Li Xiuwen sorprendido.
Huang Sihai había graduado a más de una docena de expertos del Segundo Paso y a una legión en el Paso de la Membrana, la mayoría integrados en las bandas callejeras. En teoría, cualquier practicante en la Membrana Negra podía completar la técnica y despertar el ímpetu; calculaba que varias decenas de discípulos debían haberlo conseguido, por lo que llegó a sospechar que el anciano se estaba inventando una nueva patraña para inflar el precio de sus enseñanzas.
Sin embargo, el semblante de Huang Sihai denotaba una seriedad absoluta:
"Chen Beiwang, Qiu Xiang, Tianhong, tú... y otro más del que prefiero no hablar".
"Parece que este discípulo no lo hace del todo mal", bromeó Li Xiuwen.
Huang Sihai replicó con gravedad:
"A-Wen, tu entendimiento es ciertamente brillante... pero tu estructura ósea es tu gran lastre. No quiero sermonearte; sé que tienes tus razones para acelerar el cultivo, pero solo te daré un consejo: el día que notes que tu temperamento cambia sin motivo aparente, significará que el veneno medicinal ha comenzado a corromper tu juicio y los tres demonios de la avaricia, la ira y la ignorancia han llamado a tu puerta; en ese instante preciso, suspende todo consumo de inmediato.
Antes de la llegada de los Tres Prodigios tuve a un discípulo aún más formidable que ellos: los fármacos terminaron pudriéndole el alma y cometió atrocidades, obligándome a expulsarlo de la escuela. En respuesta, perpetró actos que desataron la furia del cielo y de los hombres: traicionó a la ciudadela y cargó con un reguero de vidas inocentes en una sola noche. A partir de aquel día, el renombre de nuestra Escuela de la Arena Marina se vino abajo, forzándome a mantener un perfil bajo para evitar que los viejos conocidos me señalaran por la calle".
Li Xiuwen asintió:
"Descuide, maestro; sé muy bien dónde están mis límites. Solo por curiosidad, ¿quién era ese individuo?".
Huang Sihai reveló con amargura:
"Su nombre es Bai Lang. Traicionó a la Ciudad Amurallada para unirse a Tianyi, convirtiéndose en el hijo adoptivo del Magnate Tianyi. Es un ser despiadado, errático y sanguinario, conocido en el Jianghu como... ¡el Treceavo Joven! Grábate bien ese apodo: si algún día te cruzas con él en tu camino, huye sin mirar atrás".
Al escuchar aquello, los engranajes en la mente de Li Xiuwen giraron a toda prisa.
Aquella historia le resultaba sumamente familiar: ¿no era exactamente el mismo trasfondo del leopardo traidor en Kung Fu Panda? ¡El viejo Huang parecía haber calcado el guion de DreamWorks; solo le faltaba recibir una demanda por derechos de autor!
Recuperando la compostura, preguntó:
"¿El Treceavo Joven es más fuerte que los Tres Prodigios? Siendo ellos tan poderosos, ¿por qué no limpian el nombre de la escuela eliminando al traidor?".
Huang Sihai suspiró con pesadumbre:
"Los Tres Prodigios fueron a buscarlo en su día y regresaron molidos a golpes; él mismo los mandó de vuelta a la ciudadela con un recado personal para mí". Hizo una pausa y concluyó con voz quebrada: "Me mandó a decir que sería mejor que no pusiera un pie fuera de la ciudadela, porque temía no ser capaz de contenerse... y cometer parricidio marcial".
El corazón de Li Xiuwen dio un vuelco.
Asesinar al propio maestro constituía el tabú más imperdonable del Jianghu: quien incurría en semejante bajeza era perseguido como un perro rabioso por todos los practicantes del mundo marcial.
Al notar el semblante ensombrecido del muchacho, Huang Sihai intentó tranquilizarlo:
"Solo te lo advierto por prudencia; en la práctica, es casi imposible que mueva un dedo contra ti".
"¿Por qué motivo?", indagó Li Xiuwen.
Huang Sihai respondió con resignada franqueza:
"Porque eres demasiado débil: tan insignificante a sus ojos que sentiría que mancha sus manos al tocarte. Si de verdad albergara sed homicida contra sus condiscípulos, los Tres Prodigios habrían muerto fuera de los muros hace mucho tiempo. Te cuento esto únicamente para que andes prevenido, no para que vivas consumido por el pánico. Al final de cuentas, a quien odia con toda su alma es a mí, por haber sido ciego y haber expulsado al más fuerte de mis alumnos. En realidad, con el poder que ostenta hoy, podría haberse colado en la ciudadela para degollarme en silencio cuando quisiera; pero prefiere mantenerme vivo para que me consuma en el remordimiento y el terror de su sombra. Es un megalómano que se compara con figuras de la talla del Señor Ming o el Magnate Tianyi: se rige por unos códigos morales que nadie ordinario alcanza a comprender".
Li Xiuwen respiró con alivio: mientras aquel monstruo no fuera tras su cabeza, el resto le tenía sin cuidado.
Huang Sihai le advirtió con severidad:
"Que esto no salga de estas cuatro paredes; ocurrió hace muchos años y la mayoría ya lo ha borrado de la memoria".
"Descuide, maestro", aseguró Li Xiuwen. De ventilarse semejante escándalo, el gimnasio tendría que cerrar las puertas al día siguiente.
Huang Sihai carraspeó para retomar el hilo:
"Volviendo a lo nuestro: el Patriarca Jiulong solía enseñar que el ímpetu de la Ballena Carmesí es la piedra de toque definitiva para evaluar el discernimiento de los miembros de nuestra escuela. Manifestarlo sitúa tu perspicacia en el primerísimo escalón del linaje y te habilita para heredar el manto de la tradición bajo el título de: ¡el Hijo de la Ballena Carmesí!
A igualdad de cultivo y con la técnica en la Perfección, el poder de tu Palma de Voltear la Arena superará en un treinta por ciento al de cualquiera que solo manifieste el Mar Negro, permitiéndote arrollar a tus pares de escuela. En los demás linajes rige una regla semejante: por ejemplo, el Boxeo del Ave Acuática de Piernas Largas Siete cuenta también con dos niveles de ímpetu tras completarse: el primero es el 'Gran Pantano' y el segundo es el 'Millar de Aves'... y ese mocoso domina precisamente el segundo nivel".
Li Xiuwen comprendió al fin: aquella manifestación era una auténtica ventaja para duelos internos. No resultaba extraño que Piernas Largas Siete fuera un rival tan correoso en la ilusión; su ímpetu equiparaba en jerarquía a la Ballena Carmesí.
Huang Sihai agregó con tono solemne:
"A-Wen, posees la madera de la Ballena Carmesí; si continúas por esta senda tienes opciones reales de consagrarte como el Cuarto Prodigio de Sihai y mi discípulo directo de transmisión. Sin embargo, antes debo ponerte a prueba durante un tiempo: aquel miserable me dejó escarmentado de por vida".
Li Xiuwen asintió con respeto:
"Lo entiendo perfectamente, maestro. Le ruego que me instruya en las técnicas avanzadas de combate".
Huang Sihai sonrió:
"No comas ansias. Ahora mismo hay demasiada gente en el segundo piso; guarda silencio sobre la Perfección de tu técnica de palma para evitar que los espías del viejo Ye filtren la información antes de tiempo. Ven más tarde cuando el gimnasio quede vacío y te transmitiré el arte... pero vete preparando: dominar una técnica avanzada es un auténtico suplicio".
Li Xiuwen asintió convencido.
El viejo Huang, ciertamente, no daba puntada sin hilo.
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• Novela: ¡Camino Marcial! (武道!)
• Título en inglés: Martial Dao!
• Autor: Tian Li (田隶)
• Traducción del chino al español: Inmensurable
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¡Camino Marcial! (Novela)
Capítulo 78
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Estás leyendo el capítulo 77 de ¡Camino Marcial! (Novela), un novela. Ciudades amuralladas, fumaderos de opio, distritos rojos, casinos, tríadas, grandes detectives... Li Xiuwen transmigró a Xianghai, bajo el dominio del gobierno colonial. En este mundo, aún permanecen los vestigios del… Este capítulo tiene publicado el 9 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. ¡Camino Marcial! (Novela) tiene 107 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.