Leer ¡Camino Marcial! (Novela) Capítulo 75 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
En la Calle Guangwang reinaba un caos absoluto.
Al ver que Daoyou Ming desenvainaba su sable, la Duodécima Señora extrajo de su fina cintura un látigo de acero de nueve secciones, haciéndolo restallar en el aire con chasquidos ensordecedores.
El látigo colisionó contra el filo del sable: un estrépito metálico resonó por la calzada mientras brotaba una lluvia de chispas incandescentes.
"¡Todos, retirada! ¡Daoyou Ming, esto no se queda así!", escupió la mujer con el orgullo herido y la bilis ardiéndole en la garganta ante semejante acusación infundada.
"¿Retirada? ¡En tus sueños!", rugió Daoyou Ming. Con la mano desnuda atrapó las secciones de acero del látigo, sin inmutarse mientras los eslabones le desgarraban la palma y la sangre brotaba a borbotones entre la carne abierta.
Tiró con una fuerza descomunal. La Duodécima Señora trastabilló hacia adelante; reaccionando en una fracción de segundo, soltó el mango y aprovechó el impulso para dar un salto de más de una zancada de altura. Pasó por encima de la cabeza del gigante y se encaramó al balcón del segundo piso de los comercios aledaños.
"Maldito desquiciado, hoy no pienso seguirte el juego", soltó dándose media vuelta para emprender la huida.
En la palma de Daoyou Ming apareció de improvisto una diminuta pistola negra de bolsillo: ¡apuntó hacia ella y apretó el gatillo!
¡Pum!
El disparo retumbó a lo largo de toda la Calle Guangwang.
Al escuchar el chasquido del percutor, la Duodécima Señora intuyó el peligro y torció el cuerpo en el aire, pero el plomo alcanzó a rozarla. La bala perforó la dura membrana cutánea a la altura de la cintura, incrustándose en la masa muscular antes de detenerse por completo.
La gran virtud de estas pistolas compactas radicaba en su ligereza y facilidad para ocultarse en combate; su desventaja residía en una potencia de fuego inferior a las armas de ordenanza, nada comparable a los proyectiles de grueso calibre. Para una experta de su categoría, mientras no impactara en un órgano vital, no pasaba de ser una herida superficial que cicatrizaría con reposo.
"¡¿Te atreves a usar armas de fuego?! ¡Daoyou Ming, ¿acaso no le temes a la ley de tres puñaladas y seis orificios de la Gran División?!".
Buscando cobertura tras los parapetos de la azotea, ella también desenfundó su arma y abrió fuego hacia abajo.
¡El cruce de artes marciales acababa de degenerar en un tiroteo!
"¡Basta ya!", tronó una voz colérica cayendo desde las alturas.
Una figura de cabello violeta se precipitó desde el tejado; la onda expansiva del impacto reventó los adoquines del suelo, alzando serpientes de humo y polvo en todas direcciones. De un solo manotazo certero, arrebató sin esfuerzo la pistola que la Duodécima Señora empuñaba.
Era el mismísimo líder del Cobertizo Leigong: el Viejo Leigong.
El líder se volvió hacia Daoyou Ming y ordenó con voz glacial: "A-Ming, baja el arma".
El brillo sanguinario en las pupilas de Daoyou Ming se aplacó de golpe, recuperando la cordura. Tras enfundar la pistola, murmuró con voz ronca: "Jefe, mataron a Zajiú".
Con los ojos inyectados en sangre, el Viejo Leigong replicó con aspereza: "¡Lo sé! ¡Primero baja el hierro!".
Desde el extremo opuesto del callejón, una silueta rechoncha y pálida arremetió como una bola de bolos a toda velocidad; una corriente de viento intangible barrió a los combatientes de ambos bandos, separando a los miembros rasos y a las Sandalias de Paja.
Al detenerse, sostenía entre ambos brazos una montaña de cuchillos, machetes y pistolas confiscadas en plena carrera.
El Viejo Tianliang sonrió con su habitual campechanía: "Solo era una gresca de tanteo; sacar cuchillos y armas de fuego es una auténtica falta de modales. Si la Gran División se entera, a los dos nos tocará probar el filo de sus castigos".
El Viejo Leigong apretó los puños hasta hacer crujir los nudillos, esbozando una sonrisa siniestra: "¿Tanteo? ¡El coño de tu madre! Gordo grasiento, esta vez se te fue la mano".
Manteniendo una serenidad imperturbable, el Viejo Tianliang se encogió de hombros y entrecerró los ojos con una sonrisa zorruna: "Créelo o no, fue un simple accidente. Si quieres denunciarlo, acude a la Gran División. Por mi parte, tampoco me vendría mal pasar por allí a dar una vuelta; es una lástima ver lo turbia y degradada que está la Calle Guangwang... ¿cómo es que se han concentrado tantos fumaderos de opio por aquí?". La insinuación era transparente: sugería que la proliferación de adictos en la zona contaba con la connivencia del Cobertizo Leigong. En el bajo mundo, muchas faltas no pesan nada mientras nadie las ponga sobre la báscula; pero si se pesan formalmente, ¡ni mil quintales bastan para saldar la cuenta!
Comprendiendo el dardo envenenado, el Viejo Leigong soltó con ironía: "Esas alimañas del polvo blanco brotan como cucarachas imposibles de erradicar; a mí también me causan dolores de cabeza".
No pensaba recurrir a la Gran División: puestos a revisar trapos sucios, el Cobertizo Leigong estaba infinitamente más manchado que Heshengtu.
Daoyou Ming alzó el dedo medio hacia la Duodécima Señora y soltó con una risotada cargada de desprecio: "Esto... ¡no ha terminado!".
Dicho esto, bramó a pleno pulmón: "¡Muchachos, nos volvemos a la base!".
La multitud congregada en la Calle Guangwang comenzó a dispersarse en orden.
...
En el Casino Jinghai, Daoyou Ming cruzó directo hacia las habitaciones de Zajiú.
Los subordinados que custodiaban el establecimiento temblaban como hojas al viento: "Hermano Ming... parece que entraron a robar en el cuarto del Noveno Amo".
Daoyou Ming entrecerró los ojos con una frialdad asesina: "¡Heshengtu... a ver cómo carajo me niegan esto ahora!".
Apenas le había entregado la Gran Medicina de la Inundación del Dragón a Zajiú, este resultaba "muerto por accidente" y el elixir desaparecía sin dejar rastro. Aparte de Heshengtu —con quienes llevaban más de una década disputándose el territorio y cruzando topos e infiltrados—, no cabía otra posibilidad en su mente.
"¡Revisen todo! ¡Hay un infiltrado en el casino y quiero que lo saquen a rastras!", ordenó Daoyou Ming ajustándose la gabardina antes de dar una honda calada a su puro.
...
En la Fábrica de Fideos Chenji.
Tras trancar la puerta del dormitorio y asegurar los postigos de las ventanas, Li Xiuwen buscó un hueco disimulado en una esquina del muro y ocultó un paquete envuelto en papel encerado. En ese agujero solían anidar varias ratas, a las que él mismo había liquidado previamente.
Había contado el dinero en efectivo arrebatado a Zajiú: cincuenta mil yuanes redondos.
Quedaba demostrado que ni siquiera una Sandalia de Paja nadaba en la abundancia de ahorros. Con la posición de Zajiú, sin duda había generado mucho más a lo largo de los años, pero el grueso de sus ganancias se había evaporado entre los gastos de cultivo marcial y los excesos nocturnos. En un mundo caótico, casi ningún artista marcial tenía la costumbre de acumular capital: en cuanto entraba dinero, se invertía de inmediato en ganar fuerza. Dentro de su rango, los ahorros de Zajiú podían considerarse bastante respetables.
Aparte del dinero contante, sumó varias piezas de joyería en oro y plata al botín que ya guardaba de la herencia del Tercer Amo. Al sopesarlo en la mano, calculó que acumulaba ya cerca de un kilo de metales preciosos.
En cuanto a las diez píldoras de pescado, esperaría a que amainara la tormenta antes de deshacerse de ellas en el mercado negro.
Con ojos brillantes, acarició el frasco de porcelana que contenía la Gran Medicina de la Inundación del Dragón. Bastó con aspirar su fragancia y ejecutar un par de movimientos preliminares para notar cómo su vitalidad comenzaba a llenarse; era una pieza auténtica sin lugar a dudas.
Tengo que consumirla cuanto antes: si la guardo demasiado tiempo perderá potencia, y además, mantenerla encima solo atrae problemas; lo más seguro es tenerla en el estómago.
El único inconveniente es que mi vitalidad se disparará de golpe. Aunque el Arte del Tiburón Durmiente oculta mi aliento ante los demás, no estoy seguro de poder engañar los ojos de Huang Sihai.
En fin... con el estatus y el poder que ostenta el viejo, si guardara malas intenciones hacia mí, no habría llegado vivo hasta hoy.
Convencido de ello, Li Xiuwen extrajo la píldora bermellón, se humedeció los labios y se la tragó de un solo golpe.
Esta vez el elixir no se disolvió de forma instantánea al tocar la lengua; la sensación fue similar a tragar un huevo embrionario tibio y viscoso. La medicina descendió por el esófago retorciéndose hasta asentarse en el estómago, donde comenzó a disolverse con parsimonia.
De inmediato activó el Arte del Tiburón Durmiente, canalizando la energía medicinal a través de los meridianos hacia sus cuatro extremidades y cientos de huesos, regando cada rincón reseco de su organismo.
Un torrente caudaloso de vitalidad brotó desde sus cavidades corporales, asemejándose a un río desbordado durante la temporada de lluvias, insuflando una vitalidad desbordante a sus tejidos. La membrana dérmica ganó una elasticidad superior y la musculatura se compactó con firmeza; en su interior descansaba una pegada de mil arrobas, semejante a un tiburón durmiente que se desliza con lentitud bajo las aguas superficiales.
\[El dominio del Arte del Tiburón Durmiente ha aumentado un 1%...\]
\[El dominio del Arte del Tiburón Durmiente ha aumentado un 1%...\]
Al cabo de dos horas, con las primeras luces del alba asomando en el horizonte, Li Xiuwen dirigió la mirada hacia el quemador de incienso en su mente:
\[Arte del Tiburón Durmiente: Iniciación (15%)\]
No por nada la llaman la Gran Medicina de la Inundación del Dragón: con apenas una breve sesión de refinamiento ya ha subido cuatro puntos de maestría... ¡y esto es en el reino del Músculo de Serpiente, no en el Paso de la Membrana!
Y apenas he consumido una mínima fracción de la potencia encerrada en mi interior.
Sintiendo la vitalidad desbordada bullendo bajo su piel, se puso en pie y ejecutó una serie de movimientos de la Palma de Voltear la Arena. El viento cortaba el aire con silbidos agudos, haciendo resonar una corriente intangible dentro de la habitación.
...
En el Gimnasio de Artes Marciales Sihai, Huang Sihai permanecía de pie en el patio en absoluta soledad.
Sobre el suelo yacían tres cuerpos reposando en un sueño profundo: Da Sha Qiang, A-Zhen y Liu Chun. Sus pechos subían y bajaban con un ritmo acompasado; seguían con vida.
Li Xiuwen llegó al gimnasio a la hora habitual. Al toparse con la escena, mudó el semblante y preguntó con fingida sorpresa: "¿Qué ha ocurrido aquí?".
Huang Sihai lo barrió con la mirada y respondió con desgana: "Apenas me despertaba cuando recibí una llamada de Buda Cabeza de León. Esta madrugada hubo una gran refriega entre el Cobertizo Leigong y Heshengtu; estos tres se fueron a meter en el embrollo y terminaron apaleados e inconscientes en un callejón".
Li Xiuwen preguntó con tono preocupado: "¿Es grave?".
Huang Sihai replicó con calma: "Para un artista marcial son simples rasguños; en un mes estarán como nuevos".
"Menos mal...", suspiró Li Xiuwen, añadiendo con pesar: "Moverse en las bandas es un peligro constante... Por fortuna la Hermana Fo no me aceptó en sus filas".
Poco después, los padres de los tres muchachos irrumpieron en el gimnasio hechos un manojo de nervios para recoger a sus hijos, deshaciéndose en reverencias de gratitud hacia Huang Sihai antes de marcharse. De no haber sido por el respeto que infundía el nombre del Maestro Huang en la zona, era muy probable que aquellos tres hubieran terminado "muertos por error" a manos del enfurecido Daoyou Ming.
"Maestro, subiré al segundo piso a entrenar", dijo Li Xiuwen.
Huang Sihai comentó: "Antes te aconsejé meterte a una banda para conseguir la Gran Medicina de la Inundación del Dragón, pero será mejor que esperes a pisar el Músculo de Pitón antes de dar ese paso; estos días la calle está revuelta y el Músculo de Serpiente se queda corto para imponer respeto".
Li Xiuwen asintió dócilmente: "Comprendo, maestro... Por cierto, ¿podría adelantarme la compra de mi cupo de píldoras refinadas de pescado de los próximos meses?".
Huang Sihai suspiró: "¿Cuántas quieres?".
"Cinco", respondió Li Xiuwen. No tenía prisa por consumirlas; le servirían principalmente como tapadera para justificar el repentino incremento de vitalidad provocado por la gran medicina.
"Diez mil yuanes", tasó el anciano.
"Trato hecho. Gracias a la vivienda que me consiguió, el negocio de mi tío marcha cada vez mejor y pudimos cobrar varias partidas pendientes", mintió Li Xiuwen con una sonrisa tranquila, adelantándose a cualquier sospecha sobre el origen del dinero.
Huang Sihai no hizo más preguntas; esbozó una leve sonrisa y despidió con la mano: "Ve a la administración a pedirle las píldoras a tu señora maestra".
Antes de que Li Xiuwen subiera los escalones, el anciano le soltó una advertencia inesperada: "A-Wen, las artes marciales de nuestra Escuela de la Arena Marina... procura no desplegarlas a la vista de testigos fuera de la Ciudad Amurallada".
El corazón de Li Xiuwen dio un brinco: "¿Por qué motivo, maestro?".
Huang Sihai refunfuñó con fastidio: "¡Tú solo hazme caso! Fuera de la ciudadela las reglas son completamente distintas a las de aquí dentro; allá afuera abundan monstruos y demonios de toda calaña".
"¡Entendido!". Li Xiuwen dio media vuelta y subió al segundo nivel.
Los pensamientos de Huang Sihai retrocedieron a sus años mozos, mucho antes de que los Tres Prodigios cruzaran las puertas de su escuela. Recién llegado a Xianghai, abrió su gimnasio y acogió a un huérfano como su primer discípulo. Aquel joven poseía una estructura ósea comparable a la de los Tres Prodigios y una comprensión aún más brillante; tenía todo a favor para ascender con paso firme hacia la cumbre del Camino Marcial. Por desgracia, cayó rendido ante la adicción a las píldoras, incapaz de resistir la embriaguez de avanzar a pasos agigantados.
Al final, los tres venenos terminaron destruyéndolo por completo...
Si el viejo Huang insistía tanto con el peligro de las píldoras de pescado, era únicamente para evitar que Li Xiuwen tropezara con la misma piedra.
...
Tras retirar las cinco píldoras refinadas de la administración, los fondos de Li Xiuwen quedaron reducidos a unos cuarenta mil yuanes. Guardó las píldoras como reserva para el futuro.
Durante los días sucesivos se entregó por entero a asimilar el poder residual de la Gran Medicina de la Inundación del Dragón. Su cultivo crecía a ojos vista, semejante a los brotes de bambú tras las lluvias de primavera: un nudo nuevo cada jornada, elevándose sin pausa.
Ese día, en la Fábrica de Fideos Chenji.
Dentro de su dormitorio, Li Xiuwen concluyó su ciclo de respiración y contempló el quemador de incienso en su mente:
\[Arte del Tiburón Durmiente: Iniciación (41%)\]
\[Fase: Músculo de Serpiente (41%)\]
La Gran Medicina de la Inundación del Dragón es una auténtica barbaridad: de una sola sentada me ha disparado casi un tercio del progreso total. Apenas llevo medio mes en el Segundo Paso y ya he recorrido casi la mitad del Músculo de Serpiente.
Sintiendo la vitalidad caudalosa agitarse en sus entrañas, apretó suavemente el puño: bajo la membrana cutánea, la musculatura entrelazada como serpientes produjo un siseo áspero y denso, cargado de una fuerza colosal.
La vitalidad de un artista marcial del Segundo Paso cuadruplica o sextuplica la de un civil ordinario.
El Músculo de Serpiente parte de cuatro veces; el Músculo de Pitón, de cinco; y el Músculo de Jiaoji, de seis. Y con cada etapa superada, la calidad de la energía experimenta una mutación cualitativa.
Con mi Qigong Duro y las líneas místicas en negro y oro resguardando mi cuerpo, mi capacidad defensiva está fuera de serie; incluso frente a un experto del Músculo de Pitón debería ser capaz de dar pelea.
Li Xiuwen cerró los ojos y se sumergió en el sueño hacia el Ilusorio Reino de la Suprema Vacuidad.
En el patio del Gimnasio Garza Nocturna.
Habiendo dejado atrás el fantasma de Zajiú, y sabiendo que en dos meses emprenderían la visita de desafío a esta escuela rival, decidió familiarizarse de antemano con los peleadores de Garza Nocturna.
Hizo un gesto con la mano. Piernas Largas Siete abrió de una patada los portones, surcó el aire con ambos brazos extendidos salvando una distancia de dos zancadas y descargó una patada aérea en picado.
Li Xiuwen no esquivó: cruzó ambos antebrazos y encajó el impacto a cuerpo limpio.
¡Pum!
Una onda de choque blanquecina se dispersó en el aire; Li Xiuwen retrocedió varios pasos hasta afianzar los talones contra el muro del fondo.
El segundo golpe de Piernas Largas Siete cayó como un martinete celestial contra la pared, astillando la piedra y haciendo saltar jirones de musgo.
Li Xiuwen esquivó hacia un flanco; desde su manga, una palma rugosa emergió como una víbora saliendo de su madriguera, liberando en un palmo de terreno una fuerza combinada de dureza y tenacidad que se estampó directo en la cintura de su rival.
¡Bum!
El polvo se arremolinó en espiral. Con el rostro crispado por el dolor y el equilibrio roto, Piernas Largas Siete ejecutó dos giros en el aire antes de recomponer la postura a duras penas.
Apenas iniciado el choque, aquel adversario que antaño lo masacraba a su antojo acababa de verse en desventaja.
Li Xiuwen redobló la ofensiva.
Tras más de trescientos intercambios encarnizados, Piernas Largas Siete soltó un alarido agudo y desató su movimiento insignia. En una fracción de segundo, a Li Xiuwen le pareció vislumbrar a sus espaldas la silueta de una majestuosa ave acuática planeando sobre los pantanos; una lluvia incesante de puñetazos y patadas cubrió el firmamento, emulando la estampa de una bandada alzada en vuelo frenético:
Otra vez esta técnica... el golpe mortal supremo del Boxeo del Ave Acuática en la Perfección...
Li Xiuwen intentó bloquear a duras penas, pero la marea de impactos era interminable y la potencia parecía no tener fin. Piernas Largas Siete encontró una rendija en su guardia y, de un golpe angulado y letal, le partió el cuello, arrebatándole la vida.
En técnica pura de combate, Piernas Largas Siete seguía situándose un paso por delante.
Por supuesto, en el mundo real, contando con la coraza de la Técnica de la Armadura Atada, ese puñetazo no habría bastado para matarlo. Al contrario: Li Xiuwen habría tenido margen de sobra para encajar el castigo y devolver un golpe demoledor capaz de dejar a Piernas Largas Siete al borde de la muerte.
Tener o no un arte de endurecimiento corporal marcaba un abismo descomunal: por esa misma razón Daoyou Ming, apoyado en su Campana de Oro perfecta, mantenía a raya a la mismísima Duodécima Señora.
Estuve a un pelo de vencerlo... Tener una técnica de combate en la Perfección cambia las reglas por completo.
La figura de Li Xiuwen volvió a condensarse en el plano ilusorio, dirigiendo la mirada hacia el quemador de incienso:
\[Palma de Voltear la Arena: Gran Logro (96%)\]
¡A seguir adelante! ¡En estos dos días tengo que alcanzar la Perfección sí o sí!
La contundencia de una técnica completada le despertaba un apetito insaciable de progreso.
¡Solo pensaba en matarse a entrenar sin descanso!
En medio de la ilusión, incansable y resuelto, Li Xiuwen arremetió de nuevo contra Piernas Largas Siete.
...
Con el transcurrir de los días, miembros de Heshengtu acudieron a interrogar formalmente a A-Zhen y a sus compañeros. Como era de esperar, las pesquisas no arrojaron el menor resultado: los tres habían permanecido inconscientes durante todo el incidente, ignorando por completo cómo había muerto Zajiú o quién había sido el autor del golpe.
En el primer piso del Gimnasio Sihai, los tres muchachos comían cabizbajos, envueltos en vendajes de pies a cabeza.
Li Xiuwen bajó a verlos y preguntó: "¿Se encuentran bien?".
Apenas escuchó sus palabras, A-Zhen rompió a llorar con amargo desconsuelo: "A-Wen, ¡los del Cobertizo Leigong son unos bastardos sin honor que abusan de los novatos!".
Da Sha Qiang la miró conmovido y consoló: "No llores más; haber salido con vida ya es la mayor de las fortunas".
Liu Chun contempló a Li Xiuwen sin saber qué decir, devorado por una profunda frustración. Ya de por sí la distancia que lo separaba de A-Wen se hacía más grande cada día; ahora, cargando con una lesión que demandaría tres meses de reposo para sanar huesos y tendones, si pretendía darle alcance, ¡iba a tener que dejarse la piel en el intento!
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• Novela: ¡Camino Marcial! (武道!)
• Título en inglés: Martial Dao!
• Autor: Tian Li (田隶)
• Traducción del chino al español: Inmensurable
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Estás leyendo el capítulo 75 de ¡Camino Marcial! (Novela), un novela. Ciudades amuralladas, fumaderos de opio, distritos rojos, casinos, tríadas, grandes detectives... Li Xiuwen transmigró a Xianghai, bajo el dominio del gobierno colonial. En este mundo, aún permanecen los vestigios del… Este capítulo tiene publicado el 9 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. ¡Camino Marcial! (Novela) tiene 107 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.