arrow_back

Leer ¡Camino Marcial! (Novela) Capítulo 70 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Capítulo 70: La Duodécima Señora El tiempo fluyó con parsimonia. Vísperas de la gran reyerta entre las dos bandas clandestinas. En la Fábrica de Fideos Chenji. \[El dominio del Arte del Tiburón Durmiente ha aumentado un 1%...\] Li Xiuwen abrió los ojos y contempló el quemador de incienso en su mente: \[Arte del Tiburón Durmiente: Iniciación (11%)\] \[Fase: Músculo de Serpiente (11%)\] Tras examinar a fondo las sutilezas del Arte del Tiburón Durmiente durante estos días, comprendió la verdadera magnitud de sus misterios. De pie frente al espejo, lucía una apariencia serena, reposada y completamente inofensiva. Le daba la constante impresión de hallarse envuelto por un tenue velo invisible que lo convertía, en medio de la multitud, en aquel transeúnte anónimo o extra secundario al que nadie presta atención, destinado únicamente a ser el espectador boquiabierto de las hazañas del protagonista. "Esta es la premisa del letargo del tiburón durmiente: la mayor parte del tiempo el filo se repliega hacia adentro y la presencia permanece aletargada". "Pero al asomar el peligro, en cuanto entra en acción, despierta de golpe como un escualo hambriento, sumergiéndose de inmediato en el fragor de la batalla con una explosividad demoledora". Tras dos jornadas consagrado en cuerpo y alma al Arte del Tiburón Durmiente, apenas había arañado un uno por ciento de dominio. La aspereza del Segundo Paso sobrepasaba con creces los niveles anteriores. Desde luego, no solo para alguien con aptitudes de sirviente como él, sino incluso para un practicante de facultades intermedias, semejante ritmo de avance ya calificaba de prodigioso. Sin embargo, quien apunta a lo más alto alcanza la medianía, y quien aspira a lo mediocre cae a lo más bajo; lo que Li Xiuwen perseguía en su interior era un horizonte infinito: ¡la cúspide absoluta del Camino Marcial! "¡Llegados a este punto, solo la Gran Medicina de la Inundación del Dragón que mencionó el maestro puede salvarme!". Habiendo afianzado el Músculo de Serpiente, su entrenamiento en la técnica de endurecimiento, la Palma de Voltear la Arena y el juego de pies marchaba sobre ruedas. Esa noche, Li Xiuwen se sumergió en el sueño hacia el Ilusorio Reino de la Suprema Vacuidad. Sobre la estructura de andamios de bambú, Zajiú aguardaba como de costumbre. Li Xiuwen le hizo una seña con la mano; Zajiú arremetió de frente. "¡En menos de diez movimientos acabaré contigo!". ... Dos horas más tarde, en el reino ilusorio. \[El dominio de la Palma de Voltear la Arena ha aumentado un 2%...\] Sobre las vigas de bambú, Li Xiuwen pisaba el cadáver de Zajiú. La cabeza del enmascarado colgaba desarticulada, con el cuello partido; la osamenta entera estaba hecha trizas y la carne desgarrada en jirones, mientras hilos escarlatas goteaban a través de las rendijas de los maderos hacia el pavimento, siendo lavados por el aguacero torrencial. "Veinte combates, veinte victorias...". "Zajiú, ya puedes marcharte a la tumba en paz". ... Al día siguiente, a las tres de la madrugada, un insistente repique telefónico despertó a Li Xiuwen. Del otro lado de la línea resonó la voz cantarina y decidida de Pequeña Corneta: "Muchacho guapo, agarra los trastes. Nada demasiado vistoso, no vayas a salir con un sable colosal de media luna; llévate algo discreto: navajas cortas, dagas, un martillo o nudilleras de acero. Las armas blancas no son para usarlas a la ligera, pero son obligatorias para cubrirte las espaldas. Ponte una máscara y arréglate con pulcritud; que mi protector de cabecera sea temible o no es secundario, ¡pero tiene que lucir elegante por decreto! Ponte el conjunto que te mandé". "¿Empieza la pelea?", preguntó Li Xiuwen, sintiendo cómo una chispa de emoción y sed combativa comenzaba a bullir en su pecho. "Sí, frente a las puertas del Casino Jinghai", confirmó ella. "Jefa, ¿el enemigo lleva armas de fuego?", indagó Li Xiuwen con prudencia. Pequeña Corneta explicó: "En las disputas territoriales internas entre facciones de la enseña de Changle está terminantemente prohibido disparar; esa es una orden directa del Señor Ming y a quien la infrinja le cae un castigo ejemplar. De todos modos, ándate con ojo: cuando a algunos se les nubla el juicio por la desesperación pierden la cabeza. Si en plena gresca ves a alguien desenfundar, ¡tu prioridad número uno es quitarle el hierro de las manos!". Dicho esto, colgó la llamada. Li Xiuwen se dirigió al dormitorio y se vistió con el traje de entrenamiento gris claro. Su corte recordaba a la sobriedad de un traje tradicional, pero el diseño de las costuras estaba pensado expresamente para otorgar soltura a un artista marcial en combate. Ajustó a su costado una hoja corta de apenas un pie de longitud, algo más larga que su navaja mariposa pero lo bastante compacta para ocultarse bajo la ropa sin llamar la atención. ... Calle Guangwang, Casino Jinghai. Aprovechando su convalecencia, Zajiú se había regalado la compañía de tres hermosas cortesanas del prostíbulo contiguo. Tras una noche entera de jolgorio y excesos, se hallaba en ese instante de absoluto agotamiento físico y mental. Justo cuando se disponía a conciliar el sueño, un alboroto de gritos e improperios estalló en el exterior del establecimiento. Como uno de los encargados directos del local, Zajiú se puso el traje a toda prisa, se anudó la corbata, encendió un puro y cruzó hacia la sala principal, densamente envuelta en humo de tabaco, bramando con aspereza: "¿A qué viene tanto escándalo?". "Noveno Amo, este desgraciado está haciendo trampas", se quejó un muchacho de base señalando a un joven con gafas oscuras apostado frente a una mesa de juego. El sujeto lucía el cabello engominado hacia atrás con una raya impecable y sostenía un cigarrillo entre los labios, replicando con arrogancia: "¿Acaso no han preguntado por ahí quién soy yo? ¡El Dios del Juego Qin Dos jamás necesitaría recurrir a trampas!". Zajiú soltó una risa gélida: "Si haces trampas o no, se sabrá en cuanto eches una partida bajo mis propios ojos". Qin Dos volcó la mesa de golpe, escupiendo con desdén: "¡Que juegue tu reverenda madre! Me arruinaron las ganas; me largo". Giró sobre sus talones para salir, pero varios secuaces del casino se abalanzaron sobre él en manada, lo estamparon contra el piso y le propinaron una paliza feroz que lo dejó al borde del desmayo. "Vaya, vaya... Zajiú, ¿tan mal perdedores son en este casino?", resonó una voz burlona: una muchacha de cabello rubio acababa de cruzar la entrada. "Pequeña Corneta, si en Heshengtu tienen ganas de darse de palos, díganlo de frente en lugar de inventarse pretextos tan patéticos", se mofó Zajiú. Pequeña Corneta se encogió de hombros con desparpajo: "Nosotros tenemos dignidad y nos molestamos en buscar una excusa; no como ustedes, que son tan desvergonzados como esos demonios extranjeros y se dedican a saquear sin pudor". La tensión llegó al punto de ebullición. Zajiú hizo una señal con los ojos y un subordinado a su lado extrajo un revólver, disparando un tiro al aire. El estruendo desgarró la quietud de la madrugada en la Calle Guangwang. Los escasos transeúntes que aún merodeaban por el callejón huyeron a refugiarse a sus casas. Quienes llevaban años residiendo en la zona sabían de sobra que una detonación al aire era la señal inequívoca de una reyerta formal entre bandas: bastaba con trancar puertas y postigos para no verse salpicados. "Salgamos al callejón; no vayamos a destrozar el negocio", dijo Zajiú poniéndose el abrigo por encima de los hombros mientras miraba su reloj de pulsera con una sonrisa de suficiencia. "Me gusta tu presteza", replicó Pequeña Corneta, haciendo una seña a sus hombres para despejar el salón. La mayor parte de los dividendos generados por ese local debía tributarse a la Sede Central de Changle, de modo que el Señor Ming había fijado como norma inquebrantable que las refriegas callejeras no debían dañar los bienes de la organización matriz: los pleitos se resolvían al aire libre. Sobre el suelo empapado y angosto del callejón Guangwang, los adoquines comenzaron a vibrar con una leve trepidación, como si dos tormentas sordas avanzaran al encuentro. Dos contingentes humanos, semejantes a procesiones espectrales en plena noche, rasgaron la densa niebla matutina para converger en medio de la vía, justo frente al Casino Jinghai. Uno de los bandos vestía trajes negros de combate con corbata; todos eran curtidos artistas marciales cuya vitalidad semejaba hornos encendidos que evaporaban la humedad circundante. Al frente marchaba un coloso calvo de complexión descomunal, con la camisa a punto de reventar por la presión de sus músculos, vistiendo una gabardina negra y cruzando los brazos sobre el pecho: Daoyou Ming, del Cobertizo Leigong. El segundo grupo presentaba una vestimenta mucho más ecléctica: algunos llevaban trajes tradicionales de entrenamiento, otros lucían prendas modernas de calle y no pocos se cubrían el rostro con máscaras extravagantes, apostando por la total informalidad. A la cabeza se encontraba una mujer menuda de cabello corto peinado hacia atrás, vestida con un traje sastre oscuro y sosteniendo un cigarrillo entre los labios. Apenas rozaba el metro sesenta de estatura, pero la presencia que proyectaba parecía alzarse por encima de los dos metros. A su alrededor flotaba la vaga ilusión de una feroz deidad budista con cabeza de león y cuerpo de mujer, envuelta en hábitos sagrados y entronizada sobre un loto, barriendo a los presentes con sus ojos de jade esmeralda: La Duodécima Señora, la Sandalia de Paja más temible de Heshengtu y encargada de gobernar los prostíbulos del clan. Tras ella aguardaban Pequeña Corneta, Chen Jia, Da Sha Qiang, Liu Chun, A-Zhen y un nutrido grupo de Sandalias de Paja y miembros de base, alternando semblantes de relajada expectación y tensa cautela. "Duodécima Señora, te propiné una paliza hace apenas tres meses y ya estás aquí de vuelta; ¿acaso te pica el trasero?", soltó Daoyou Ming entre carcajadas, coreado por las risotadas de sus subordinados. La Duodécima Señora sonrió con fingida coquetería: "Hermano Ming, me enteré de que tu Campana de Oro alcanzó la Perfección y la curiosidad me come por dentro; cuando choquemos las manos, no vayas a contenértelas solo porque soy una flor delicada". "En descaro nadie te gana; bien se nota de qué calle saliste", replicó Daoyou Ming sonriendo con ironía. Ella rio con sorna: "Mutuamente, cariño; ¿acaso tú no eras el prostituto estrella más cotizado de la Calle Guangwang en tus años mozos? Si escalaste hasta donde estás, fue gracias a venderle las carnes al Viejo Leigong". Daoyou Ming alzó el dedo medio hacia las filas enemigas y sentenció a voz en cuello: "¡Mientras yo siga ostentando el rango de Sandalia de Paja, mantendré bajo mi bota a cada uno de los bastardos de Heshengtu! ¡Frente a ustedes, yo soy... su puto padre!". \----- • Novela: ¡Camino Marcial! (武道!) • Título en inglés: Martial Dao! • Autor: Tian Li (田隶) • Traducción del chino al español: Inmensurable Si encuentras algún error tipográfico o inconsistencia en los términos, déjamelo saber en los comentarios.
¡Camino Marcial! (Novela)

Continúa leyendo

¡Camino Marcial! (Novela)

Capítulo 71

Siguiente Capítulo ›

¡Camino Marcial! (Novela) Capítulo 70

Estás leyendo el capítulo 70 de ¡Camino Marcial! (Novela), un novela. Ciudades amuralladas, fumaderos de opio, distritos rojos, casinos, tríadas, grandes detectives... Li Xiuwen transmigró a Xianghai, bajo el dominio del gobierno colonial. En este mundo, aún permanecen los vestigios del… Este capítulo tiene publicado el 9 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. ¡Camino Marcial! (Novela) tiene 107 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.