Leer ¡Camino Marcial! (Novela) Capítulo 65 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
En el Tratado sobre los canales de energía de las enseñas, el autor había dejado plasmado un escrito testimonial:
\[Mi talento natural siempre fue torpe; dependiendo de las píldoras de pescado y entregado a una disciplina incansable sin aflojar un solo día, logré adentrarme en el reino del Tigre y el Elefante.
Pasada la treintena, mis meridianos y mis órganos internos se asemejaban a las cloacas de la Ciudad Amurallada, colmados de veneno medicinal acumulado.
Los tres demonios de la avaricia, la ira y la ignorancia atormentaban mi discernimiento.
Mi hija me decía que, por cualquier nimiedad, solía desatar ataques de furia inexplicables.
Por desgracia, purgar el veneno medicinal ha sido un enigma milenario sin respuesta, a menos que se cuente con tesoros celestiales capaces de lavar la médula y purificar los huesos.
Sin embargo, no me arrepiento: de no haber tomado aquellas medicinas, a los dieciséis años habría perecido a manos de un enemigo jurado en las refriegas de las bandas.
Al alcanzar los cuarenta años, mi estado físico se deterioró día tras día; mi vitalidad decayó y el contragolpe de la toxicidad se tornó cada vez más despiadado.
Al borde de la desesperación abandoné Xianghai rumbo a las lejanas tierras del Estado de Sheng; dilapidé la totalidad de mi fortuna recorriendo montañas ilustres y ríos legendarios, visitando a eminencias del budismo y del daoísmo en busca de un método de desintoxicación.
Llegado al norte del Estado de Sheng, en la provincia de Qizhou de la tierra de Lu, di con un anciano que me aconsejó buscar a un maestro consumado en el Monte de los Mil Budas.
Logré encontrar a dicho maestro.
Aquel sabio me reveló que, valiéndose de la voluntad marcial, era posible atar y encadenar el veneno medicinal para recluirlo en el palacio Niwan, mitigando así sus ataques.
Supliqué que me admitiera como discípulo y el maestro, al percibir que mi perspicacia era estimable, me aceptó bajo su tutela.
Permanecí a su lado cultivando el espíritu, templando el carácter y meditando en el Chan para desentrañar el Dao; de esa manera transcurrieron treinta años.
Consagré el resto de mi existencia a investigar cómo expeler el veneno medicinal sin depender de tesoros celestiales, mas en vida no logré alcanzar la iluminación completa.
Solo en el umbral de la muerte un relámpago de lucidez iluminó mi mente, trayéndome la comprensión súbita de un camino que dejé consignado en mis notas:
El veneno medicinal es semejante a una crecida desbordada; al gobernar una inundación, canalizar el cauce es infinitamente superior a erigir diques para frenarlo. Si se lograran transmutar los tres venenos de la avaricia, la ira y la ignorancia en el Qi del Valor, el Qi de la Dominación y el Qi Asesino...
Quizás sea posible erradicar el veneno medicinal desde la raíz, permitiendo en adelante consumir medicinas secretas sin la menor preocupación residual.
Si las generaciones venideras hallan mi Tratado sobre los canales de energía de las enseñas y logran, mediante un ingenio sin parangón, crear dicho método, sin duda se alzarán como grandes maestros indiscutibles de su era.\]
Li Xiuwen dirigió la mirada hacia el quemador de incienso en su mente:
\[El dominio del Conocimiento Marcial Básico ha aumentado un 1%...\]
Habiendo terminado de leer el tratado, aquel compendio de reflexiones no contenía técnicas de combate estructuradas ni postulados excesivamente enrevesados.
Sin embargo, encendió en Li Xiuwen una senda de iluminación revolucionaria:
Atar los tres venenos con la voluntad marcial para confinarlos en el palacio Niwan servía para aplacar sus efectos, pero no los erradicaba.
Mas si lograba concebir el método planteado por aquel anciano predecesor —templar y transmutar los tres venenos de la avaricia, la ira y la ignorancia en los tres Qi del dominio, la matanza y el valor—, la cura definitiva sería una realidad tangible.
Y la clave absoluta para obrar semejante prodigio descansaba en la etérea fuerza de la voluntad espiritual.
Maldita sea... el valor del viejo demente y de las Tres Forjas del Crisol del Corazón no deja de subir como la espuma.
¡En cuanto tenga ocasión, iré sin falta a la provincia de Qizhou en la tierra de Lu para visitar el Monte de los Mil Budas!
...
Ese día, apenas Li Xiuwen pisó el Gimnasio Sihai, el viejo Huang lo llamó a un lado.
"A-Wen, tu presencia marcial ha crecido a un ritmo inusitado estos días", comentó Huang Sihai frunciendo sutilmente el ceño.
Li Xiuwen respondió con honestidad: "Maestro, consumí las tres píldoras refinadas que me regaló el hermano Tianhong sumadas a la asignación mensual; en este momento me encuentro al borde del umbral extremo del Paso de la Membrana".
"¿Aún pretendes lanzarte a por la Academia, verdad?", suspiró Huang Sihai con pesar. "Ah... también eres digno de lástima; empezaste demasiado tarde y el tiempo apremia".
"Guardo cada una de sus enseñanzas en el corazón, maestro; pero tengo mis motivos y he asumido las consecuencias... Solo aspiro a avanzar con paso firme mientras mi vitalidad arda con vigor, y jugármela".
Li Xiuwen habló con una sinceridad transparente. Comprendiendo sus motivos, Huang Sihai sentenció: "En fin, ya he dicho cuanto debía decirte; allá tú con lo que hagas. Pero hay algo crucial que debo advertirte".
"Lo escucho, maestro". Li Xiuwen sabía que, una vez más, había contrariado las expectativas de su mentor.
"Al tocar el límite del Paso de la Membrana, pule tus bases con calma y no te precipites a cruzar el paso. Con tus dotes innatas, sin una preparación exhaustiva, tus probabilidades de éxito al cruzar el Segundo Paso... no llegan al treinta por ciento".
Huang Sihai jamás se lo había dicho abiertamente a Li Xiuwen.
Para cruzar el Segundo Paso... Las aptitudes superiores gozaban de un noventa por ciento de probabilidades. Las aptitudes intermedias alcanzaban un cincuenta por ciento. Y las aptitudes de sirviente apenas rascaban un treinta por ciento.
En un principio había preferido callarlo para no evidenciar la dura realidad de que Li Xiuwen solo poseía aptitudes de sirviente; si el chico caía en la desilusión y abandonaba las artes marciales, todo se iría al traste.
Lo que jamás imaginó fue que Li Xiuwen alcanzaría la cúspide del Paso de la Membrana con semejante rapidez.
Tras un largo silencio, Li Xiuwen sonrió con calma: "Maestro, en realidad mis dotes siempre fueron de sirviente, ¿verdad? Me dijo aquella piadosa mentira al inicio solo para que me quedara entrenando".
Habiendo devorado tantos volúmenes, estaba perfectamente al tanto de la regla universal para cruzar el Segundo Paso: "nueve para las superiores, cinco para las intermedias y tres para las inferiores".
Al margen de la velocidad para acumular vitalidad y sangre, esa era la brecha más aplastante que separaba a los talentos natos de los practicantes ordinarios. Y esa era la razón de fondo por la cual los hombres comunes, aun recurriendo a fármacos para igualar el ritmo de cultivo corporal, jamás conseguían emparejarse con los prodigios de élite: la inmensa mayoría mordía el polvo ante las puertas del cruce.
Aunque un fracaso no costaba la vida, sí dejaba al practicante atrapado en un bache crítico; recomponer el espíritu para un segundo intento exigía quemar años enteros de esfuerzo. Y tratándose de personas con aptitudes mediocres y edad avanzada, el declive de su vitalidad no quedaba lejos: un solo tropiezo equivalía a una sentencia de muerte marcial, cerrándoles para siempre el acceso al Segundo Paso.
Por ello, la inmensa mayoría de quienes poseían aptitudes intermedias o de sirviente solía permanecer anclada en la cima del Paso de la Membrana durante meses o años enteros —a veces tres o cinco años— buscando cualquier resquicio para elevar sus probabilidades. Muchos incluso aguardaban hasta el filo de los treinta o cuarenta años, justo antes del declive biológico, para intentar el cruce y maximizar sus opciones de éxito.
Huang Sihai tosió levemente y mantuvo el rostro imperturbable: "Basta con que entiendas mis buenas intenciones. Si hubieras sabido desde el primer día que tenías aptitudes de sirviente, ¿habrías empezado a entrenar? ¿Estarías hoy donde estás?".
Li Xiuwen rio suavemente: "Así es; no guardo el menor resentimiento, usted siempre me ha tratado muy bien".
Al ver que Li Xiuwen no albergaba rencor alguno, Huang Sihai sintió un leve remordimiento y agregó: "De todos modos, los hechos confirman que tu perspicacia y tu estructura ósea interna son notables. En circunstancias normales, alguien con aptitudes de sirviente jamás habría tocado la cúspide de la membrana cutánea en apenas cuatro meses, ni atiborrándose de píldoras. En balance general, tus aptitudes reales equivalen a las de un talento intermedio, sin envidiarle nada a Liu Chun; ese mocoso también ha estado tomando píldoras a escondidas últimamente y, aun así, fuiste tú quien le tomó la delantera alcanzando la Membrana Roja... Por eso insisto en que no te apures: todavía te queda una década entera antes de que tu vitalidad comience a decaer".
Li Xiuwen sonrió con ironía resignada: "Maestro, ¿y si mi aspiración no se conforma con los Tres Pasos? ¿Y si pretendo cruzar los Tres Pasos y ascender al reino superior, igual que hicieron los Tres Prodigios?".
Huang Sihai se quedó pasmado y no pudo evitar soltar una carcajada: "A-Wen, ¿tienes idea de que ni siquiera aquellos bendecidos con aptitudes superiores logran cruzar con certeza los Tres Pasos? Fijarse metas desmedidas no es prudente".
Jamás imaginó que aquel muchacho albergara semejante ambición.
Li Xiuwen se limitó a responder: "Maestro, conozco muy bien mis límites; solo quiero darlo todo en el intento para no lamentarlo cuando sea viejo".
Huang Sihai guardó silencio unos instantes; luego le dio una palmada en el hombro y murmuró: "Este viejo lo comprende".
No insistió más en sus advertencias. A-Wen ya no era un crío, había sobrevivido a atentados con una espada pendiendo sobre su cuello y cargaba con la responsabilidad de proteger a su familia; tenía motivos sobrados para acelerar el paso.
...
Al subir al segundo piso, Chen Jia lo vio llegar y dejó escapar un suspiro: "Hermano A-Wen, no te precipites tanto; la agitación mental solo sirve para desplomar tus probabilidades de cruzar el paso".
"Hermano Chen, conozco los riesgos; muchas gracias por la advertencia", respondió Li Xiuwen con una sonrisa templada.
Su vitalidad y sangre se habían disparado considerablemente en los últimos días y los condiscípulos del segundo piso, siendo todos expertos del Segundo Paso, lo percibían con total nitidez.
Una lástima que aún no dominara un método para ocultar su presencia y contener el aliento marcial; de lo contrario, se ahorraría unas cuantas explicaciones innecesarias.
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• Novela: ¡Camino Marcial! (武道!)
• Título en inglés: Martial Dao!
• Autor: Tian Li (田隶)
• Traducción del chino al español: Inmensurable
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Estás leyendo el capítulo 65 de ¡Camino Marcial! (Novela), un novela. Ciudades amuralladas, fumaderos de opio, distritos rojos, casinos, tríadas, grandes detectives... Li Xiuwen transmigró a Xianghai, bajo el dominio del gobierno colonial. En este mundo, aún permanecen los vestigios del… Este capítulo tiene publicado el 9 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. ¡Camino Marcial! (Novela) tiene 107 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.