Leer ¡Camino Marcial! (Novela) Capítulo 60 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
A través de las explicaciones de Chen Jia, Li Xiuwen confirmó que aquel individuo de la máscara de demonio era nada menos que el mentado Noveno Amo.
La gente común solía llamarlo "Zajiú", y era uno de los secuaces de mayor confianza de Daoyou Ming. Practicaba las artes marciales de la "Escuela Leigong" y se especializaba en una técnica de piernas conocida como los Pies de Torbellino. La Escuela Leigong pertenecía igualmente a los linajes ortodoxos, gozando de un renombre similar al de la Escuela de la Arena Marina.
En términos generales, la fuerza de Zajiú dentro de la fase del Músculo de Serpiente era más bien del montón. Ya tenía cierta edad y, de no mediar una gran medicina, difícilmente lograría adentrarse en el Músculo de Pitón.
Li Xiuwen intentó indagar de forma indirecta sobre el vínculo entre Zajiú y los Trece Taipanes, pero Chen Jia lo ignoraba por completo, así que decidió dejar correr el tema. En el fondo carecía de importancia: si ese sujeto pretendía atentar contra su vida, él no pensaba quedarse de brazos cruzados esperando el golpe.
Su única preocupación real era Daoyou Ming.
Zajiú custodiaba locales bajo las órdenes de Daoyou Ming, en el mismísimo corazón donde radicaba la sede del Cobertizo Leigong. Si pretendía liquidar a Zajiú sin levantar sospechas ni dejar huellas, requeriría una planificación milimétrica.
...
Al atardecer, tras concluir su entrenamiento marcial, Li Xiuwen se reunió con Pequeña Corneta, habiendo reservado una mesa privada en el salón de té Jixiang.
Pequeña Corneta acudió puntual a la cita, escoltada por dos jóvenes secuaces a los que dejó haciendo guardia afuera antes de entrar sola al reservado.
"Vaya, muchacho guapo, qué espléndido; este lugar no es precisamente barato", comentó ella con una sonrisa divertida.
"Frente a la deuda de haberme salvado la vida, señorita heroína, esto no es nada", respondió Li Xiuwen tendiéndole la carta mientras sonreía: "Pide lo que quieras".
Pequeña Corneta le echó un vistazo al menú y rio entre dientes: "Ya comí antes de venir; bastará con un té con leche tradicional, así te ahorro unos pesos para que compres más píldoras de pescado".
Li Xiuwen soltó una carcajada: "Trato hecho".
Una vez servida la bebida, Pequeña Corneta comenzó a sorber contenta con la pajita, balanceando las piernas desde el taburete alto con la naturalidad propia de una colegiala traviesa. Viéndola así, costaba trabajo asociarla con aquella temible experta del Segundo Paso capaz de espantar a golpes a Zajiú.
"El sujeto de ayer, ¿sabes quién era?", preguntó la muchacha.
Li Xiuwen negó con la cabeza: "Ni idea. ¿Lograste distinguir de qué escuela provenían sus artes?".
Pequeña Corneta explicó: "No pude reconocerlo. Empleó a propósito boxeo callejero vulgar, técnicas ramplonas de esas que abundan por doquier; de lo contrario, no le habría fracturado el brazo derecho con un solo puñetazo".
El semblante de Li Xiuwen dio un leve respingo: "¿Le rompiste el brazo derecho?".
Pequeña Corneta apoyó la barbilla en la palma de la mano, sonriendo con descarada suficiencia:
"Para un vejestorio como él, cuyo potencial ya tocó fondo, no es rival para mí ni estando en el mismo reino. Y mucho menos si se mide de frente contra la \[Palma del León Vajra\] que me enseñó la Hermana Fo; chocando a puño limpio, bastante suerte tuvo con conservar el brazo pegado al cuerpo. Qué lástima que cuando te invité a unirte a nosotros te hicieras el remolón quejándote de que la paga era baja... La Hermana Fo cuida mucho su orgullo, así que dudo que vuelva a considerarte".
Li Xiuwen esbozó una sonrisa discreta sin añadir nada.
Lo que verdaderamente le llenaba de entusiasmo era saber que Pequeña Corneta le había inutilizado un brazo a Zajiú. Aunque un artista marcial del Segundo Paso era lo bastante resistente como para regenerar lesiones óseas con el tiempo, una fractura en tendones y huesos exigiría por lo menos un mes entero de convalecencia.
Durante ese intervalo, un peleador manco —a menos que dominara artes concebidas expresamente para lisiados— apenas podía entrenar con normalidad, y mucho menos incrementar su cultivo. Su capacidad combativa real se vería drásticamente reducida.
¡Era la ocasión perfecta para acabar con Zajiú!
Al ritmo que avanzaba, a Li Xiuwen le tomaría medio mes alcanzar el límite extremo de la Membrana Negra para lanzarse a cruzar el paso. Su mente empezó a hilar ideas a toda velocidad: no podía dejar escapar semejante oportunidad de oro.
Terminado su té con leche, Pequeña Corneta preguntó con tono pícaro: "Muchacho guapo, me gustaría patrocinarte; me enteré de que te mudaste, y los alquileres por la zona del Gimnasio Sihai no son ninguna ganga".
El "patrocinio" al que se refería Pequeña Corneta no tenía el sentido de su vida anterior, sino que era simplemente una propuesta formal para que trabajara bajo su patrocinio personal.
"¿Trabajar para ti? ¿Acaso tienes cupos disponibles?", preguntó Li Xiuwen; las plazas oficiales para ingresar a una banda las dictaban los Palos Rojos y los líderes supremos, una Sandalia de Paja carecía de esa autoridad.
Pequeña Corneta rio: "No se trata de meterte a la banda; te propongo que seas el 'protector de cabecera' de mi familia, con un ingreso fijo de mil yuanes mensuales de comisiones aseguradas, más su correspondiente reparto de dividendos".
Los "protectores de cabecera" eran, en esencia, guardias de élite y huéspedes de honor contratados y mantenidos por grandes compañías, consorcios o clanes familiares acaudalados. Por lo que Li Xiuwen tenía entendido, no pocos discípulos del segundo piso solían emplearse como protectores en empresas foráneas de fuera de la ciudadela. Dichos puestos solían ser sumamente holgados la mayor parte del tiempo, permitiendo percibir sumas nada despreciables cada mes.
En el caso del Grupo de Prensa Chunqiu, perteneciente a la familia de Ding Sheng, al tratarse de un titán de los medios de comunicación, se rumoreaba que quienes recibían invitaciones para servir como protectores de cabecera eran exclusivamente expertos del Paso del Tigre y el Elefante.
Por lo visto, la posición económica familiar de Pequeña Corneta era bastante acomodada.
Tras sopesarlo unos instantes, Li Xiuwen advirtió: "Tengo que volcarme de lleno en mi cultivo; no puedo permitirme malgastar demasiado tiempo en ocupaciones mundanas".
Pequeña Corneta asintió con comprensión: "Descuida, siendo protector de cabecera durante un año entero quizás ni te toque intervenir más de un par de veces; puedes continuar entrenando en el gimnasio con total normalidad. Además, todavía eres demasiado débil y necesitas formación; no te encomendaré misiones excesivamente peligrosas ni mucho menos te usaré de carne de cañón. Si en algún momento se requiere que actúes, se te asignará una bonificación extraordinaria según tu desempeño de ese mes".
Li Xiuwen calculó mentalmente: aquellas condiciones igualaban los ingresos que percibía un candidato a Sandalia de Paja en una gran banda. Y lo más valioso de todo era que no implicaba afiliarse formalmente a ninguna organización criminal ni someterse a sus estrictas ataduras.
La herencia dejada por el Tercer Amo estaba a punto de agotarse por completo. A partir del próximo mes, si pretendía seguir costeando las píldoras de pescado y demás suministros, tendría que generar sus propios ingresos; y sumando ahora la pesada carga del alquiler, ese puesto de protector de cabecera le venía como anillo al dedo para capear la urgencia inmediata.
Extendió la mano y sonrió: "De acuerdo; a partir de ahora responderé ante la jefa".
Pequeña Corneta rio con desparpajo: "Llámame muchacha guapa; lo de 'jefa' suena demasiado viejo y rancio".
Tras apurar las últimas gotas, Pequeña Corneta llamó a sus dos subordinados y extrajo un comunicador portátil pesado y tosco, semejante a los primeros teléfonos móviles analógicos pero de tecnología aún más rudimentaria, extendiéndoselo a Li Xiuwen.
"Muchacho, ya habrás oído lo caros que son estos aparatos; cuestan lo suficiente para pagar un contrato largo de alquiler en la ciudadela... Tómalo para que pueda contactarte con facilidad, y acuérdate de no dejar vencer la línea. Si algún día te persiguen para darte caza, úsalo para avisarme a mí o a tu maestro, no vaya a ser que termines tendido en una zanja y no haya nadie disponible para recoger tus restos".
Li Xiuwen tomó el aparato en sus manos, quedándose atónito por un instante con un mar de sensaciones encontradas.
Pequeña Corneta asumió que, al provenir del Estado de Sheng, el muchacho jamás había visto semejante tecnología, así que sonrió con orgullo: "¿Qué pasa? Si no sabes cómo se maneja, ¡yo te enseño!".
Con notable dedicación, le explicó paso a paso cómo encenderlo, apagarlo, marcar los números y abonar las cuotas mensuales.
"Muchas gracias", respondió Li Xiuwen con una sonrisa irónica.
Hasta no tenerlo entre las manos no lo había pensado, pero al sostenerlo no pudo evitar añorar lo infinitamente superiores que eran los teléfonos inteligentes de su vida anterior: las comparaciones resultaban odiosas. En este mundo, este tipo de aparatos apenas comenzaba a dar sus primeros pasos, reservados casi en exclusiva a empresarios potentados o artistas marciales de cierto renombre. Tan solo la cuota fija mensual costaba treinta yuanes, suficiente para que una persona del estrato más bajo comiera durante un mes entero, sin contar el recargo adicional por emitir o recibir llamadas; a la gente común, aunque le regalaran uno, le resultaría imposible mantenerlo.
¡Pequeña Corneta ciertamente no escatimaba en generosidad!
¿Y quién demonios era Huang Sihai a su lado? Ni punto de comparación.
"¿Tienes tiempo ahora? Te llevaré a conocer a mi padre; a fin de cuentas, la plata para pagarte como protector de cabecera sale de sus bolsillos", propuso la muchacha.
Aunque su poder era formidable, ella se dedicaba por entero al cultivo marcial sin ejercer oficio alguno, dependiendo del sustento familiar; las comisiones que cobraba de la banda apenas le alcanzaban para costearse sus caprichos diarios y banquetes extravagantes.
"Por supuesto", asintió Li Xiuwen, genuinamente intrigado por descubrir qué clase de familia era capaz de formar a una joven prodigio semejante.
Siguiendo sus pasos, cruzaron hacia el cotizadísimo Distrito Central.
Se detuvieron ante un edificio independiente de tres plantas de aspecto sumamente elegante y sereno, flanqueado en la entrada por un pequeño bosque de bambú y un cuidado jardín de flores.
Frente a la puerta montaban guardia dos corpulentos hombres de seguridad que, a juzgar por su presencia y porte marcial, eran indudablemente consumados artistas marciales.
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• Novela: ¡Camino Marcial! (武道!)
• Título en inglés: Martial Dao!
• Autor: Tian Li (田隶)
• Traducción del chino al español: Inmensurable
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Estás leyendo el capítulo 60 de ¡Camino Marcial! (Novela), un novela. Ciudades amuralladas, fumaderos de opio, distritos rojos, casinos, tríadas, grandes detectives... Li Xiuwen transmigró a Xianghai, bajo el dominio del gobierno colonial. En este mundo, aún permanecen los vestigios del… Este capítulo tiene publicado el 9 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. ¡Camino Marcial! (Novela) tiene 107 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.