Leer ¡Camino Marcial! (Novela) Capítulo 5 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Li Xiuwen permaneció en silencio un momento. El director de la Escuela Sihai enarcó una ceja: "¿Ni cien billetes más tienes?".
"No".
"¿O sea que estás dispuesto a empeñar hasta las cacerolas con tal de aprender a pelear? Pensé que contabas con algún respaldo económico detrás".
"..."
"Te lo advierto por adelantado: si más adelante no puedes pagar la mensualidad, te pondré de patitas en la calle de inmediato".
Al escuchar esto, el rostro de Li Xiuwen se iluminó de alegría: "Lo comprendo perfectamente, muchas gracias, maestro".
"En marcha, vamos a entrenar", dijo Huang Sihai antes de dar media vuelta.
"¿No hace falta una ceremonia formal de iniciación?", preguntó Li Xiuwen con desenvoltura.
"¿De dónde sacaste semejante tontería?", frunció el ceño Huang Sihai.
"Lo leí en los periódicos".
"Puras formalidades vacías y antiguallas inservibles de otros tiempos... Hoy en día todo se rige por la eficiencia: con dinero, se atiende el asunto; sin dinero, puerta".
"Entendido".
"Muchacho, no me tomes por vulgar; ¡así es exactamente como funcionan las cosas en Xianghai!".
...
Ya en el área de entrenamiento, Huang Sihai le hizo señas a Li Xiuwen: "Ven a presentarte ante tus hermanos y hermanas mayores".
Li Xiuwen echó un vistazo a su alrededor y saludó: "Soy Li Xiuwen, acabo de ingresar hoy a la escuela. Ruego a todos ustedes que me brinden su valiosa guía".
"¿Li Xiuwen? Con un nombre tan formal y letrado, ¿no deberías estar estudiando juiciosamente en vez de venir a repartir puñetazos?", soltó entre risitas la alumna de pelo corto a la que Huang Sihai acababa de reprender momentos antes.
"¿Estudiar? ¡Al diablo con los libros! Estudiar jamás será tan emocionante como pelear", bromeó Li Xiuwen con una sonrisa.
"En eso se equivoca de cabo a rabo, joven amigo. ¿Cómo va a ser inútil el estudio? A lo largo de la historia, ¿acaso los grandes maestros no fueron todos hombres de vastísima erudición?".
Un anciano ataviado con un uniforme de entrenamiento plagado de remiendos se acarició la barba con una sonrisa bonachona, rebatiendo en un tono sumamente refinado y pedante.
Li Xiuwen se inclinó de inmediato con respeto: "Agradezco sus enseñanzas, venerable anciano. Me atrevo a preguntar, ¿cómo debo dirigirme a usted?".
Aquel hombre poseía el cabello cano y el rostro fresco de la juventud, rebosante de vigor y con una mirada vivaz. Con semejante estampa, lo más probable era que fuera un maestro instructor de la academia.
La alumna de pelo corto soltó una carcajada: "Novato, no te dejes engañar por su porte. Es un alumno más de la escuela, no ningún instructor".
"Como bien reza el dicho: entre tres que caminan juntos, sin duda hay uno que puede ser mi maestro...", murmuró el anciano al verse descubierto, metiendo las manos dentro de las mangas y bajando la cabeza con timidez.
"Ya me he presentado ante ustedes, ¿podría saber cómo llamarlo, hermano mayor?", inquirió Li Xiuwen.
El anciano apenas iba a responder cuando la desinhibida alumna de pelo corto se adelantó entre risas: "¡Se le conoce como 'Como Bien Reza el Dicho'!".
Con el rostro encendido de vergüenza, el anciano aclaró: "Mi humilde nombre es Chen Xun. Le llevo unas cuantas décadas de ventaja, así que puede llamarme simplemente hermano Chen".
"Entendido, 'Como Bien Reza el Dicho'", remató la muchacha.
"Mucho gusto, hermano Chen", saludó Li Xiuwen sonriendo.
"Yo me llamo Li Shuzhen, y apenas llegué un mes antes que tú", dijo la joven extendiéndole la mano con picardía. "Puedes llamarme hermana mayor Ah Zhen".
"Mi nombre es Cheng Kuiqiang, vine al mismo tiempo que Ah Zhen", intervino el más corpulento de los discípulos mientras se rascaba la nuca. "Todos me llaman Da Shaqiang".
Tenía una apariencia ingenua y bonachona, rostro cuadrado, medía un metro noventa de estatura y vestía ropas cortas de faena con una toalla para el sudor colgada al cuello.
"Yo me llamo Liu Da, llegué solo unos días antes que tú", comentó acercándose un muchacho algo enjuto con una sonrisa franca. "Solo entrenaré dos meses; si la cosa no funciona, me regreso a mi tierra".
"¿Vienes del norte del Reino de Sheng?", preguntó Li Xiuwen, encontrando cercano y familiar su marcado acento.
"Huí de la hambruna hasta llegar aquí; ¡tengo que salir adelante y hacerme de un nombre en este lugar!".
Li Xiuwen fue saludando a cada uno por turno, estrechando manos e inclinándose con cortesía.
Finalmente se detuvo frente a un joven de cejas claras y labios finos, vestido con ropas que denotaban cierta alcurnia y cuyo porte altivo destacaba sobre el resto: "¿Y este hermano mayor quién es?".
"Liu Chun", soltó el muchacho con frialdad, sin dignarse a extender la mano.
Li Xiuwen sonrió con calma, retiró la mano sin inmutarse y saludó con respeto: "Mucho gusto, hermano mayor".
"El hermano Ah Chun es formidable; en apenas tres días cruzó el umbral y se convirtió en un verdadero practicante marcial", comentó Da Shaqiang con evidente admiración.
Liu Chun se dirigió al maestro: "Maestro, regreso a mi entrenamiento".
Dicho esto, se retiró a un costado.
Huang Sihai miró a Li Xiuwen y comentó: "El viejo Chen no anda desencaminado: para aprender artes marciales lo primordial es saber leer y escribir, de lo contrario ni siquiera podrás comprender los manuales secretos. En la Ciudad Amurallada hay más de un centenar de escuelas, pero mi Escuela Sihai es de las pocas que se toma la molestia de enseñar a leer y redactar a sus alumnos. Aunque el día de mañana no triunfes en el Camino Marcial, solo con saber leer ya estarás un escalón por encima de la gente común en la Ciudad Amurallada".
"¡Magnífico!", aplaudió Li Xiuwen con entusiasmo. "¡El maestro es exactamente el modelo de gran héroe rectilíneo que vela por el pueblo y por la nación!".
"No pretendo ser ningún héroe; simplemente no quiero que las nuevas generaciones olviden la escritura del Gran Sheng para andar balbuceando esa tosca lengua extranjera todos los días", replicó Huang Sihai.
"Maestro, ¿cuándo comenzaré a aprender las técnicas de combate?", preguntó Li Xiuwen.
"¿Cuál es la prisa? Antes de lanzar puñetazos hay que discernir los huesos. Si no conoces la anatomía del cuerpo humano, ¿cómo pretendes pelear?", espetó Huang Sihai.
Acto seguido, condujo a Li Xiuwen frente a un maniquí anatómico, junto al cual colgaba en la pared una lámina con la disección del cuerpo humano.
"El cuerpo humano posee doscientos seis huesos, trescientos sesenta puntos de acupuntura que completan el ciclo celeste, doce meridianos principales y ocho vasos extraordinarios... Todo esto está íntimamente ligado al Camino Marcial. ¿Sabes leer?".
"Sé lo básico", asintió Li Xiuwen.
"La estructura del cuerpo humano es vasta y profunda; es imposible que asimiles todo esto en poco tiempo. Grábate bien lo que te enseñaré hoy, pues te bastará para franquear las Tres Barreras".
"Maestro, ¿cuáles son exactamente esas Tres Barreras?".
"La Membrana Dérmica, el Músculo del Dragón y la Fuerza del Tigre y el Elefante... Una vez que superes estas tres barreras, te habrás graduado con honores y en la ciudadela casi nadie se atreverá a meterse contigo", intervino el viejo Chen sin poder contener las ganas de hablar.
"Así es", asintió Huang Sihai sin reprenderlo. Aunque al viejo Chen le gustaba alardear, la realidad era que sabía bastante y le quitaba de encima parte de la carga de enseñanza.
"¿Y en cuál de esas barreras se encuentra el señor Ming?", preguntó Li Xiuwen movido por la curiosidad.
"Deja de meter las narices donde no debes. En el entrenamiento marcial lo peor que puedes hacer es pretender alcanzar las nubes de un salto; con que domines cualquiera de estas etapas tendrás más que suficiente para hacerte respetar en la ciudadela".
"Entendido", asintió Li Xiuwen, asimilando la lección.
'La Membrana Dérmica, el Músculo del Dragón y la Fuerza del Tigre y el Elefante... Esas serán mis metas de aquí en adelante'.
"Por cierto, maestro, si domino nuestro estilo, ¿podré atrapar balas con las manos desnudas igual que el inspector Lei?", preguntó Li Xiuwen fingiendo inocencia, tanteando con disimulo el verdadero alcance de la escuela.
Al escuchar aquello, Huang Sihai no pudo contener una risa desdeñosa: "Mocosos insolentes que no tienen noción de la inmensidad de los cielos como tú he visto a montones en todos estos años que llevo al frente de la academia. Se les llena la boca mencionando al señor Ming y a los Cuatro Grandes Inspectores. La brecha entre un hombre y otro es tan abismal que ni te la imaginas. Con el mismo maestro y los mismos recursos, hay quienes rompen las tres barreras en un solo año, mientras que otros se pasan la vida entera atascados en la primera sin poder cruzarla jamás".
Li Xiuwen esbozó una sonrisa tímida: "Entonces, ¿cómo ve usted mi talento innato y mi estructura ósea?".
Huang Sihai negó con la cabeza: "Cómo sea tu constitución ósea es algo que solo se descubre entrenando. A mí no me gusta cerrarle la puerta en la cara a nadie basándome únicamente en la edad o en la apariencia de sus huesos. A simple vista, tu complexión física es equilibrada: tienes los brazos largos que casi rozan las rodillas, manos grandes y pies anchos; no está mal, digamos que raspas... la categoría del promedio. No obstante, en el cultivo del Camino Marcial también influyen la constitución interna y la comprensión intuitiva, de modo que todavía es imposible juzgar tu auténtico potencial".
Li Xiuwen se sintió aliviado por dentro. 'Dentro del promedio... no está mal, al menos no estoy en el fondo'.
Lo que él no sabía era que, para Huang Sihai, absolutamente todo el mundo entraba en la categoría de "promedio".
La razón era sumamente sencilla: si un cliente escuchaba que su aptitud era "inferior", la reacción inmediata de la gran mayoría sería desistir de aprender artes marciales; después de todo, ¿para qué desperdiciar ese dinero si se podía gastar en cualquier otra cosa?
Huang Sihai no estaba dispuesto a dejar escapar una ganancia que ya tenía al alcance de la mano.
El talento y la constitución corporal nunca habían contado con un baremo estricto; no eran más que deducciones empíricas transmitidas de generación en generación, semejantes al ojo clínico con el que se evalúa a los caballos en los hipódromos.
"Este discípulo agradece la lección; mantendré los pies firmes sobre la tierra", declaró Li Xiuwen. Tras vislumbrar la rigurosidad y aspereza del Camino Marcial, lejos de desanimarse, se sintió rebosante de determinación.
Al contemplar el fervor ingenuo y desbordante del muchacho, a Huang Sihai le remordió un tanto la conciencia, aunque se consoló de inmediato pensando: 'Al fin y al cabo, solo se trata de una mentira piadosa'.
Además, tampoco le había mentido por completo: la constitución interna y la capacidad de comprensión intuitiva eran factores reales, y no faltaban practicantes clasificados como mediocres que acababan despegando hasta la cima.
Claro que, considerando a la masa de aprendices en su conjunto... casos así eran tan raros como plumas de fénix.
En el hipotético caso de que Li Xiuwen alcanzara un nivel elevado en el futuro y fuera capaz de examinar su propia estructura ósea, ya se encargaría él de revelarle la verdad: 'Hijo, fue porque vi una firmeza oculta en tus huesos y un brillo singular en tu mirada; supe que eras alguien de agudo ingenio, ¡y por eso recurrí a una mentira piadosa para no dejarte marchar!'.
¡Y en ese entonces Li Xiuwen hasta tendría que agradecérselo!
\-----
• Novela: ¡Camino Marcial! (武道!)
• Título en inglés: Martial Dao!
• Autor: Tian Li (田隶)
• Traducción del chino al español: Inmensurable
Si encuentras algún error tipográfico o inconsistencia en los términos, déjamelo saber en los comentarios.

Continúa leyendo
¡Camino Marcial! (Novela)
Capítulo 6
¡Camino Marcial! (Novela) Capítulo 5
Estás leyendo el capítulo 5 de ¡Camino Marcial! (Novela), un novela. Ciudades amuralladas, fumaderos de opio, distritos rojos, casinos, tríadas, grandes detectives... Li Xiuwen transmigró a Xianghai, bajo el dominio del gobierno colonial. En este mundo, aún permanecen los vestigios del… Este capítulo tiene publicado el 7 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. ¡Camino Marcial! (Novela) tiene 107 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.