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Leer ¡Camino Marcial! (Novela) Capítulo 4 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
"A trabajar", respondió Li Xiuwen con una sonrisa forzada. Con gesto diestro, sacó de su bolsillo una cajetilla de cigarrillos junto a un encendedor y le encendió el fuego al hermano Ji. "Ah Wen, supongo que cobraste tu sueldo hace unos días, ¿no?", comentó el hermano Ji mientras daba una calada a su cigarrillo, sonriendo con malicia. "¿No se te antoja invitar a los muchachos a comer algo bueno?". "Hermano Ji, ¿acaso mi tío no acaba de pagar ciento ochenta este mes?". "Lo que pagó tu tío es lo de su familia. Lo tuyo va por tu cuenta; cada quien responde por lo suyo". "Pero...", antes de que Li Xiuwen pudiera terminar de dudar, alguien le asestó un puñetazo contundente en la espalda, haciéndolo tambalearse hasta caer de bruces contra el suelo. Había sido el muchacho que estaba a sus espaldas. "Ah Wen, suelta la pasta", exigió el mocoso sonriendo con aire descarado y burlón. Apenas tenía diecisiete años, más joven que Li Xiuwen. Si solo se tratara de ese crío insolente, Li Xiuwen no le tendría ningún miedo. Sin embargo, el hermano Ji era un peleador experimentado que había entrenado artes marciales, y sus brazos eran tan gruesos como los muslos del propio Li Xiuwen. Forzando una sonrisa conciliadora, Li Xiuwen dijo: "Hermano Ji, usted bien sabe que no tengo grandes habilidades. Es poco dinero, pero por favor no lo desprecie". Sacó cincuenta billetes del bolsillo y, encorvándose con deferencia, se los entregó al hermano Ji con ambas manos. El hermano Ji le arrebató el dinero y le dio unas palmadas pesadas en el hombro. Con el rostro pálido, Li Xiuwen agachó la cabeza mientras tosía con fuerza. "Ah Wen, por lo del mes pasado, este hermano Ji te pide una disculpa", se mofó el tipo enseñando los dientes. "¿Cómo iba a saber que eras un canijo tan debilucho? Bastó un solo golpe para que cayeras desmayado". Tras soltar aquellas palabras de burla, el hermano Ji se marchó junto a su secuaz. Li Xiuwen respiró hondo con dificultad y esperó a que la figura del hermano Ji desapareciera por completo antes de tomar otra dirección para marcharse. 'En este maldito lugar, ¿cómo no voy a aprender artes marciales? Vivir todos los días siendo humillado, pendiente del humor de los demás y temblando de miedo no tiene ningún sentido'. Poco después, llegó con cautela frente a un edificio tong lau en la parte exterior de la ciudadela. En el letrero del edificio se leía: "Escuela de la Garza Nocturna". Llamó a la puerta con unos golpes firmes. "¿Quién es?". "Vengo a solicitar ingreso como discípulo". La puerta de hierro del edificio fue abierta por un muchacho bizco con el torso desnudo, dejando al descubierto un campo de entrenamiento acondicionado. No era muy grande, pero para los estándares de la ciudadela resultaba bastante espacioso. Tampoco había mucha gente, apenas unas siete personas. Aquellos que podían permitirse aprender artes marciales en ese lugar ya eran considerados los "señoritos y señoritas" de la ciudadela. Entre aquel grupo destacaba como una grulla entre cuervos un joven de cabello teñido de rubio, cuyo rostro aún denotaba cierta ingenuidad juvenil, pero cuya imponente estatura no desmerecía en absoluto frente a la del hermano Ji; su porte y presencia eran verdaderamente sobresalientes. El muchacho que había abierto la puerta le avisó al rubio: "Hermano mayor, alguien busca al maestro para aprender artes marciales". El muchacho rubio indicó a los demás que siguieran practicando por su cuenta, se acercó a paso lento y preguntó: "¿Qué edad tienes?". "Veintiuno". "Demasiado viejo... Búscate otro sitio". "¿Acaso usted es el director de la escuela?". "Nuestra Escuela de la Garza Nocturna pertenece a un linaje honorable y legítimo, no como esos farsantes del bajo mundo que se dedican al engaño. A cualquiera que pase de los dieciséis años no lo aceptamos bajo ningún concepto, ni aunque pague". "Me gustaría hablar directamente con el director". "Vete de aquí. El director está en retiro meditativo; yo te lo estoy diciendo de buenas maneras, pero él solo te mandará a volar a patadas". Al ver que no había marcha atrás, Li Xiuwen no insistió más y dio media vuelta para marcharse. "Puedes probar suerte en la Escuela Sihai, que está aquí al lado. Allí no rechazan a nadie; con tal de que tengas dinero, te dejan entrar". El muchacho rubio cerró la puerta de golpe y comentó entre risas a sus compañeros menores: "Vaya uno a saber de dónde salió semejante tallo viejo, querer aprender artes marciales a semejante edad". "Exacto, a los dieciséis años la estructura ósea ya se ha fijado por completo. A los veintiuno, si redondeamos... ¡ya son prácticamente treinta!", se burló el joven bizco que había abierto la puerta. Poco después, un anciano alto de rostro enjuto, cabello cano y semblante juvenil, vestido con una túnica taoísta, bajó al primer piso. Tras él caminaba una voluptuosa mujer extranjera de cabello rubio ondeado, ataviada con un qipao de escote pronunciado que realzaba sus curvas sinuosas, y cuya piel blanca parecía resplandecer. "Siete Patas Largas, ¿alguien vino a aprender artes marciales?", preguntó al joven rubio. "Respondiendo al maestro: el sujeto tenía veintiún años, así que lo envié a la escuela de enfrente". "Sabiendo de antemano que no tiene ninguna esperanza, es mejor evitar que gaste su dinero en vano. No como el viejo Huang, que por codiciar unas cuantas monedas acepta a cualquiera; se le caen los ojos por el dinero". Al pronunciar aquellas palabras, dirigió la mirada hacia otra escuela situada a corta distancia en la misma calle, cuyo letrero decía "Sihai". "Maestro, ¿no valía la pena palparle los huesos para examinar su estructura? ¿Y si por casualidad tenía un buen talento innato? Sería una lástima dejarlo pasar", preguntó uno de los discípulos. "A esa edad, aunque tuviera una constitución física extraordinaria, ya se habría echado a perder en su mayor parte. No cualquiera está destinado a florecer tarde en la vida", sentenció el anciano alto antes de retirarse. En esta ciudadela gozaba de cierta reputación, y a lo largo de los años habían sido muchos los que acudían con la intención de convertirse en sus discípulos. Sin embargo, a la gran mayoría los había rechazado. Para los marginados que se ganaban la vida en la ciudadela, conseguir un puñado de monedas era una tarea titánica. Él era un hombre compasivo y no tenía el corazón para esquilmarlos. ... Frente a las puertas de la Escuela Sihai. 'Maldita sea, apenas tengo veintiún años y ya me tildan de tallo viejo. ¡En mi vida anterior, a los sesenta todavía era edad para partirse el lomo ganando dinero! Me voy a acordar de la cara de ese tipejo rubio'. Refunfuñando para sus adentros, Li Xiuwen llamó a la puerta de la Escuela Sihai. En esta ocasión, quien abrió la puerta fue una mujer esbelta y de alta estatura, de unos treinta años de edad. Llevaba un qipao con una pronunciada abertura lateral y estaba primorosamente arreglada; desprendía un encanto maduro y cautivador, en el punto justo de plenitud. Observó a Li Xiuwen de arriba abajo y le preguntó con una sonrisa seductora: "¿Qué se le ofrece por aquí a este joven?". Li Xiuwen se sintió desconcertado y miró a su alrededor para cerciorarse de que aquello no fuera el barrio rojo y de que no se había equivocado de dirección. "Vengo a aprender artes marciales. ¿Y usted es, señorita?", saludó Li Xiuwen con una sonrisa, juntando las manos al estilo de la gente del bajo mundo marcial. "Pasa, pues. Soy la señora Huang; puedes llamarme patrona o Tercera Tía, como gustes". La mujer dio media vuelta y empezó a guiarlo, contoneando la cintura y dejando al descubierto sus largas y estilizadas piernas a cada paso. 'El Camino Marcial es una bendición formidable, ¡tengo que cultivarlo sí o sí!', pensó Li Xiuwen para sus adentros. Sin proponérselo, contempló las pantorrillas de la mujer, bien formadas, firmes y que combinaban fuerza y delicadeza; de inmediato comprendió que se trataba de una consumada practicante marcial. Se decía que los peces gordos del Camino Marcial en Xianghai poseían incontables esposas y concubinas, todas de una belleza deslumbrante, e incluso mujeres rubias traídas del otro lado del océano. Ahora lo comprobaba con sus propios ojos. En Xianghai, los extranjeros coloniales estaban en la cúspide de la sociedad y miraban por encima del hombro a los de piel amarilla. En el primer piso de la Escuela Sihai, el angosto campo de entrenamiento estaba repleto de sacos de arena, armeros, muñecos de madera y toda clase de implementos para la práctica de artes marciales dispuestos de forma desordenada. Más de una decena de hombres con el torso desnudo y mujeres en camisetas de tirantes se apiñaban en aquel reducido espacio, algunos combatiendo en parejas y otros entrenando en solitario. El ambiente era muchísimo más bullicioso y concurrido que el de la Escuela de la Garza Nocturna. Un hombre de mediana edad con cabello corto y vestido con una túnica verde permanecía de pie con las manos a la espalda. Medía alrededor de un metro setenta, calzaba zapatillas de tela y sostenía un abanico plegable mientras instruía a una de las muchachas. "¡Los fundamentos del estilo de la Arena Marina exigen que la fuerza nazca desde el suelo y caiga con el peso abrumador de mil quintales! Tu puño ni siquiera ha salido y tu cuerpo ya se está elevando en el aire. ¿Así pretendes golpear a alguien?". La chica no pronunció palabra, con las mejillas encendidas de vergüenza. Al percatarse de que alguien entraba, el hombre alzó la mirada. La Tercera Tía anunció: "Querido, alguien vino a buscarte para aprender artes marciales". "¡Li Xiuwen presenta sus respetos al director de la escuela!", saludó Li Xiuwen juntando los puños con reverencia. El hombre de mediana edad le indicó a la muchacha que continuara practicando por su cuenta y le hizo un gesto a Li Xiuwen: "Sígueme". ... Entraron en un pequeño estudio de estilo sobrio y clásico. El hombre de mediana edad fue directo al grano: "A mí, Huang Sihai, me gusta ir al grano. ¿Trajiste el dinero?". Li Xiuwen sacó un fajo de billetes y, con una reverencia, se lo extendió al hombre: "Son tres mil quinientos billetes, por favor compruébelo". Sin siquiera mirar el dinero, el hombre sentenció con frialdad: "No alcanza". "Vi el anuncio de reclutamiento en el periódico: la cuota de iniciación eran tres mil y la mensualidad quinientos... Primero quiero aprender un mes, nada más". "Eso era antes. No hace mucho derroté a un demonio extranjero en la Tercera Arena de combate, y ahora hay demasiada gente queriendo entrar como discípulos". "¿Cuánto cuesta ahora?". "Tres mil cuatrocientos de iniciación y seiscientos al mes", respondió Huang Sihai con los ojos cerrados, en tono displicente. "Con su permiso, me retiro". Li Xiuwen dio media vuelta para marcharse. 'Al final termina costando exactamente lo mismo que en la Escuela de la Garza Nocturna'. "Espera un momento". "¿Tiene alguna otra indicación, director?". "¿Eres originario del Reino de Sheng, verdad?". "Así es". "Entonces tú y yo somos paisanos. En fin, te concederé un favor: dejémoslo en tres mil seiscientos, te perdono cuatrocientos billetes. ¿Qué te parece?". \----- • Novela: ¡Camino Marcial! (武道!) • Título en inglés: Martial Dao! • Autor: Tian Li (田隶) • Traducción del chino al español: Inmensurable Si encuentras algún error tipográfico o inconsistencia en los términos, déjamelo saber en los comentarios.
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Estás leyendo el capítulo 4 de ¡Camino Marcial! (Novela), un novela. Ciudades amuralladas, fumaderos de opio, distritos rojos, casinos, tríadas, grandes detectives... Li Xiuwen transmigró a Xianghai, bajo el dominio del gobierno colonial. En este mundo, aún permanecen los vestigios del… Este capítulo tiene publicado el 7 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. ¡Camino Marcial! (Novela) tiene 107 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.