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Leer ¡Camino Marcial! (Novela) Capítulo 48 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Lo curioso era que, en aquel rincón infestado de inmundicia y hedor, el retazo de seda desprendía una fragancia sutil y limpia; la superficie debía de estar protegida por una capa de aceite especial impermeabilizante. El viejo loco dijo: "Este es un tesoro transmitido por mis ancestros que contiene una técnica marcial. Es algo que mis antepasados me ordenaron custodiar con la propia vida... Todos estos años lo he guardado con esmero... Por desgracia, carezco de talento marcial y jamás pude practicar la técnica inscrita en él. Estando a las puertas de la muerte, te encomiendo su custodia. Si eres capaz de aprenderla, tómala como pago por este viaje". Li Xiuwen tomó el objeto, cuyo aspecto denotaba de inmediato su origen extraordinario, sintiendo una punzada de asombro. Aquel viejo demente en verdad poseía una técnica ancestral transmitida desde el Estado de Sheng. Stephen Chow no le había mentido con aquello del vagabundo vendiendo manuales milagrosos. Aun así, sabía de sobra que el anciano no estaba loco del todo: antes, aunque le hubiera entregado los cincuenta yuanes, el viejo se habría escaqueado; se dedicaba a embaucar a la gente para asegurarse comida y bebida. Era únicamente ahora, al verse al borde de la tumba y ante el temor de que el legado familiar se perdiera para siempre, que decidía confiárselo. "De acuerdo. Si en el futuro tengo la oportunidad, haré un viaje al Monte de los Mil Budas. Puedes marcharte en paz", prometió Li Xiuwen. En la memoria de Li Xiuwen, la tierra de Lu representaba uno de los bastiones marciales más prominentes del norte del Estado de Sheng, cuna de incontables escuelas y linajes. Y aquel Monte de los Mil Budas resonaba indudablemente como un santuario budista; una inmensa parte de los linajes marciales de este mundo procedía precisamente de las tradiciones budistas y daoístas. "Muchacho, no te engañé: desde la primera vez que te vi, supe que no eras una persona común...", murmuró el viejo con una sonrisa boba. "Tienes buen ojo para juzgar a la gente". Antes de que Li Xiuwen terminara la frase, el anciano exhaló su último suspiro; el cuello se le venció a un lado y la vida lo abandonó por completo. "En fin, comprarte un ataúd me lo puedo permitir, pero no hay un palmo de tierra donde enterrarte... Buscaré un sitio para incinerarte; al menos no acabarás en la tripa de los cocodrilos". La ciudadela era propensa a los incendios, por lo que el crematorio se ubicaba en un sector bastante apartado. A Li Xiuwen le tomó media jornada incinerar los restos del anciano, desembolsando sesenta yuanes por el servicio. "Viejo loco, me pediste cincuenta y me gasté sesenta; fui más que generoso contigo". Sosteniendo la diminuta porción de cenizas que quedaba del anciano, Li Xiuwen subió a la azotea. Aguardó en silencio hasta que una racha de viento impetuosa sopló sobre los tejados. Alzó las manos hacia el vacío y dispersó las cenizas al aire: "Vete ya; el viento se encargará de llevarte de vuelta al Monte de los Mil Budas". Para cuando terminó con todo, ya era media tarde y no se molestó en ir al gimnasio. Buscó un rincón apartado y tranquilo en casa y desplegó el retazo de seda dorada, cubierto por más de un millar de caracteres diminutos trazados con meticulosa caligrafía. Tras leerlo de principio a fin, sintió la mente sumida en una nebulosa indescifrable; el texto resultaba abrumadoramente críptico, varias veces más complejo que la Técnica de la Armadura Atada, que hasta entonces había sido el método más arduo al que se había enfrentado. "Tres Forjas del Crisol del Corazón... ¿En verdad existe en este mundo un arte marcial tan insondable?". Aunque no había logrado la menor comprensión para dar el paso a la Iniciación, sí alcanzó a vislumbrar el propósito fundamental de aquella técnica: no templaba la estructura ósea ni los músculos del cuerpo carnal, sino que se consagraba exclusivamente al cultivo del espíritu y la voluntad. Concebía la mente y el corazón humanos como un trozo de hierro tosco que, tras someterse a tres rondas de purificación al fuego en un crisol, forjaba una voluntad marcial inquebrantable. Con cuatro meses sumergido en el entrenamiento, Li Xiuwen ya poseía cierto bagaje; sin embargo, jamás había escuchado hablar de un método diseñado para templar el corazón y la mente. Siempre había asumido que la voluntad marcial era un atributo innato o un filo templado a base de adversidades y combates de sangre y fuego. "Las Tres Forjas del Crisol del Corazón pertenecen a la Escuela del Crisol del Corazón del Monte de los Mil Budas, una variante de los linajes budistas. Haber sido capaces de crear semejante método demuestra sin duda que proceden de una escuela ilustre y ortodoxa". Calmando su respiración, Li Xiuwen se consagró al estudio de las \[Tres Forjas del Crisol del Corazón\]. Pasó de la tarde a la noche examinándolo con detenimiento, pero al cabo de una jornada entera no consiguió dar el salto a la Iniciación. Concluyó que no se trataba de una deficiencia en su perspicacia, sino de que la jerarquía de este método era astronómicamente elevada; lisa y llanamente, no era un arte concebido para practicarse en el Paso de la Membrana. Sus fundamentos teóricos y su pericia marcial actual no alcanzaban para sostener los cimientos de semejante disciplina: equivalía a pretender resolver ecuaciones diferenciales y cálculo avanzado sin dominar antes la suma y la resta elementales. "Me pregunto si podré aprenderla una vez que lleve el \[Conocimiento Marcial Básico\] al Gran Logro". A Li Xiuwen no le quedó más remedio que contener la agitación en su pecho y guardar las \[Tres Forjas del Crisol del Corazón\]. Bastaba calibrar la dificultad para entrar en la Iniciación para constatar que era un arte que rebasaba por completo los límites de su comprensión actual: la Palma de Voltear la Arena, la Postura de la Arena Marina o la Luz Flotante de las Mil Olas ni siquiera admitían comparación. La única técnica que apenas alcanzaba a acercársele a la suela de los zapatos era la "Técnica de la Armadura Atada". Por supuesto, eso no implicaba que la Escuela de la Arena Marina fuera débil; simplemente ocurría que lo que el viejo Huang transmitía a los aprendices del primer piso eran sus fundamentos más elementales. ... Por la noche, Li Xiuwen continuó con el cultivo de la Técnica de la Armadura Atada. La sombra del enemigo oculto le arrebataba la calma, y el recurso marcial que mayor seguridad le brindaba era, sin lugar a dudas, el Qigong Duro. "¡Tío, con fuerza!", urgió Li Xiuwen. "¡Entendido! Si te duele, avísame". El tío apretó el martillo pequeño y redobló la contundencia de los golpes. Con la Técnica de la Armadura Atada aproximándose al Logro Menor, Li Xiuwen rara vez recurría a su tía para el templado por impacto: las mujeres poseían menos fuerza muscular, temían lastimarlo y carecían de resistencia, por lo que tras media jornada golpeando apenas lograban hacerle mella. Cambiar a un martillo mediano amenazaba con causarle esguinces en las muñecas a su tía, de modo que en adelante tendría que apoyarse primordialmente en su tío. Por fortuna, los diez mil yuanes entregados habían servido para capear el temporal: la fábrica había contratado a varios obreros y el tío se limitaba prácticamente a coordinar las ventas sin matarse en la faena física. ... En un abrir y cerrar de ojos transcurrieron tres días más. Apenas quedaba una semana para el torneo del segundo piso. Durante esos días, Li Xiuwen recorrió numerosos consultorios dentales tratando de averiguar discretamente la identidad de aquel agresor nocturno; necesitaba esclarecer a toda costa quién pretendía atentar contra él, aunque por el momento sus pesquisas no habían arrojado frutos. Tras la marcha de Pequeña Corneta, Heshengtu no volvió a buscarlo. Tampoco le dio vueltas al asunto: con su cultivo actual, si le faltaba dinero sobraban las labores a las que podía recurrir para ganarse la vida. Además, una vez instalado en el segundo piso, la exención de las cuotas mensuales le quitaría de encima una pesada carga financiera. De ese modo prosiguió con su discreto entrenamiento en el gimnasio, haciendo avanzar sus progresos con paso firme. Y por descontado, cada noche no faltaba el duelo ritual contra Liu Chun en la "cumbre del Ilusorio Reino de la Suprema Vacuidad": de resistir apenas treinta movimientos al inicio pasó a aguantar más de cien intercambios, hasta llegar al presente, donde su tasa de victorias dentro de la ilusión frente a Liu Chun se equilibraba ya en un sesenta contra cuarenta a su favor. A fin de cuentas, su avance en la Membrana Negra había alcanzado el 36%, acortando la brecha con su rival a pasos agigantados; sin una disparidad física aplastante de por medio, medirse contra Liu Chun resultaba una tarea mucho más asequible. ... Al mismo tiempo. Calle Guangwang, en una casa de citas. Sobre el lecho descansaban tres meretrices desnudas de piel nívea. Zajiú, con el torso al descubierto, permanecía sentado al borde de la cama dando caladas a un puro para recobrar el aliento y prolongar la faena. Aquel burdel formaba parte de las propiedades del Cobertizo Leigong; como Zajiú ayudaba a custodiar el local de cuando en cuando, disfrutaba de los favores de las mujeres sin desembolsar un centavo. ¡Toc, toc, toc! Unos golpes sonaron a la puerta y un secuaz entró con la espalda encorvada: "Noveno Amo, Mellado lleva varios días sin regresar". Zajiú enarcó levemente una ceja: "¿Le preguntaron a su familia?". El secuaz explicó: "Este servidor fue a la casa de Mellado y también a buscar a su concubina en Temple Street; todos dicen que llevan días sin verlo. Me temo que esté muerto". Zajiú aspiró una densa bocanada de humo, llenándose los pulmones antes de soltar: "¿Encontraron el cadáver?". El secuaz negó con la cabeza: "Nada de nada". Una vez que el subordinado se retiró, Zajiú meditó con suspicacia: "Qué cosa tan extraña... ¿Cómo se esfumó Mellado mientras investigaba un asunto menor?". ¿Acaso en el curso de sus pesquisas sobre aquel muchacho de la Avenida Longjin había provocado a gente de otras bandas clandestinas y terminado liquidado? Li Xiuwen podía haber tenido motivos y capacidad para despachar al desgraciado de A-Ji, pero a Zajiú le costaba creer que ese mocoso fuera capaz de matar a Mellado. Empezaba a sospechar que quien había liquidado a A-Ji jamás había sido el chico de la Avenida Longjin, ¡sino una mano completamente distinta operando en la sombra! Consumido el puro, incapaz de desentrañar el enigma, decidió dejar el tema de lado por el momento: "En fin, otro día iré personalmente en secreto a echar un vistazo". Regresó a la cama para atender asuntos más apremiantes; un instante de placer nocturno valía mil piezas de oro. ... Pasado mañana sería el día fijado para la disputa por el segundo piso. En la azotea, el tío se enjugó el sudor y se dejó caer en el suelo, exclamando con asombro: "A-Wen, ¿acaso lo que estás practicando no será la legendaria Camisa de Hierro? He visto a miembros de bandas liarse a golpes por la calle, y ninguno de esos artistas marciales parecía aguantar tanto castigo como tú. Cuando era niño vi en el Estado de Sheng a un acróbata callejero verdaderamente formidable que había completado la Camisa de Hierro: cuando le rompían garrotes de madera encima, los palos se partían en dos al instante". \----- • Novela: ¡Camino Marcial! (武道!) • Título en inglés: Martial Dao! • Autor: Tian Li (田隶) • Traducción del chino al español: Inmensurable Si encuentras algún error tipográfico o inconsistencia en los términos, déjamelo saber en los comentarios.
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Estás leyendo el capítulo 48 de ¡Camino Marcial! (Novela), un novela. Ciudades amuralladas, fumaderos de opio, distritos rojos, casinos, tríadas, grandes detectives... Li Xiuwen transmigró a Xianghai, bajo el dominio del gobierno colonial. En este mundo, aún permanecen los vestigios del… Este capítulo tiene publicado el 9 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. ¡Camino Marcial! (Novela) tiene 107 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.