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Leer ¡Camino Marcial! (Novela) Capítulo 46 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Casino Jinghai. Tras reflexionar un momento, Zajiú dio una calada a su cigarrillo y le dijo a Mellado: "Si no queda de otra, habrá que actuar en la sombra. Lo primordial es no dejar ningún cabo suelto que Huang Sihai pueda aprovechar". "Por mantener la calma y evitar habladurías, el Hermano Ming dice que el desgraciado de A-Ji no importaba, fingiendo indiferencia. Pero no olvides que, cuando A-Ji cometió aquella falta, el Hermano Ming pagó un precio nada pequeño ante la división solo para salvarle el pellejo a ese perro. Aunque es un tipo despiadado, valora la lealtad y los lazos de sangre; en el fondo le sigue doliendo. Si resuelvo este asunto, tendré más probabilidades de conseguir la Gran Medicina de la Inundación del Dragón. Mi fuerza dará un salto y ustedes, pequeños bribones, ascenderán conmigo". El secuaz asintió, mostrando su gran diente de oro postizo con una sonrisa boba: "Entonces seguiré investigando; si hace falta, lo secuestro en secreto. Ya averigüé sobre él: tiene un talento mediocre y su rápida llegada a la Membrana Púrpura fue a base de atiborrarse de píldoras de pescado. Yo alcancé la cima de la Membrana Negra hace tiempo, con una sola mano lo dejo tendido en el suelo. Apuesto a que el dinero para comprar esas píldoras salió del escondite de A-Ji. Todo el mundo sabe que el Maestro Huang adora la plata; por un simple discípulo del primer piso, ni se inmutará. A mi parecer, Noveno Amo, usted peca de precavido. Al salir a la calle bailamos sobre el filo de una navaja; con tanto miedo y miramientos, ¿cómo vamos a llegar a algo?". Zajiú le propinó un sonoro coscorrón en la coronilla y espetó con frialdad: "La ciudadela está repleta de tigres agazapados y dragones ocultos; la cautela siempre va primero. ¡El Señor Ming bien lo dijo: el maleante que no usa el cerebro, maleante de mierda se quedará toda la puta vida! Mis aptitudes óseas son de sirviente y mi perspicacia es normal; de joven quise entrar al Gimnasio Garza Nocturna y me echaron a patadas. No tuve otra salida que meterme en las bandas. Diez años después, muchos con aptitudes intermedias siguen siendo simples Cuarenta y Nueve, mientras yo ya soy una Sandalia de Paja. ¿Sabes por qué? ¡Porque soy precavido! ¡Porque me he pasado la vida pisando sobre hielo quebradizo! Antes de mover las manos, se mueve la cabeza... ¡a ver si aprendes!". "Sí, sí, ya aprendo...", aduló Mellado a toda prisa, retirándose con una sonrisa servil, aunque sin tomarse muy en serio las palabras de Zajiú. Si tuviera cerebro, ¿para qué se metería a maleante? ¿No sería mejor conseguirse un empleo decente? ... El tiempo transcurrió inexorable. En un abrir y cerrar de ojos, Li Xiuwen cumplía su cuarto mes en el Gimnasio Sihai. Apenas quedaban diez días para la contienda del segundo piso. Durante este período, el ambiente de entrenamiento en el gimnasio se volvió sumamente intenso. A-Zhen miró a Li Xiuwen, que regresaba de comprar rollos de arroz: "A-Wen, el torneo es inminente. ¿Por qué vas tanto por los alrededores del Gimnasio Garza Nocturna últimamente?". Li Xiuwen sonrió: "A comprar rollos de arroz". "¿Todos los días comes eso?". "Están buenos". Li Xiuwen no solo iba al Gimnasio Garza Nocturna; sus pasos habían dejado huella por los callejones aledaños a la Avenida Longjin, las calles que rodeaban el Gimnasio Sihai y la Gran Arena de la Ciudad del Dragón. Poco a poco había deducido ciertas reglas para "desbloquear el mapa" dentro del Ilusorio Reino de la Suprema Vacuidad. Por ejemplo, si el cultivo de una persona era demasiado elevado —como los expertos del Tercer Paso— y no mantenía un contacto prolongado como con Huang Sihai, no podía manifestarse en la ilusión. El Maestro Ye del gimnasio contiguo, por caso, no aparecía en el reino. En la actualidad, el único maestro del Tercer Paso presente en la ilusión era el viejo Huang. Aquel formidable Tianhong que había cruzado los Tres Pasos y con quien solo se había cruzado una vez quedaba a un mundo de distancia y tampoco figuraba. Comprendidas estas pautas, dejó de recorrer las calles sin ton ni son y redujo sus visitas al Distrito Central. A fin de cuentas, incluso si arrastrara a todos los maestros del mundo dentro de la ilusión, en su nivel actual no sería rival para ninguno; carecía de sentido. Con Liu Chun, Piernas Largas Siete y los demás como compañeros de entrenamiento tenía más que suficiente. Además, explorar el terreno a diario requería un gran esfuerzo y corría el riesgo constante de recibir una golpiza si lo confundían con un ratero vigilando para robar. Por supuesto, de vez en cuando aún se daba una vuelta por la Gran Arena de Kowloon, pues guardaba relación con sus futuros planes para generar ingresos. ... Al mismo tiempo, en algún rincón de la Avenida Longjin. Un artista marcial con el pelo rapado al ras y cubierto con una máscara de demonio observaba la calle desde un segundo piso, aguardando la llegada de la noche. Se trataba del secuaz de Zajiú, a quien los demás llamaban Mellado. Tras investigar durante varios días, Mellado había decidido tirar la toalla con las pesquisas y jugar sucio. ¡Maldita sea, el Noveno Amo era demasiado cobarde y se apegaba en exceso a las reglas! ¡Eran una banda callejera, coño! ¿Acaso no bastaba con hacer que Li Xiuwen confesara a golpes y estampara su huella dactilar para tener la prueba directa? ¿No era así como procedían los inspectores de policía afuera? Un pandillero capturando a alguien y aún andaban con rodeos y formalismos absurdos sobre las supuestas leyes del bajo mundo. Eran tiempos de pura hipocresía: los del bando de la ley usaban métodos del hampa —como el inspector Lei, que controlaba todo con mano de hierro y se había embolsado quinientos millones—, mientras que los criminales recurrían a las maneras de la ley, presumiendo de códigos de honor e impostando pureza. ¡Pura mezquindad retrógrada! Mellado aún no cumplía los treinta años y se hallaba en la plenitud de su vitalidad y sangre, sin declive alguno; era un consumado experto en la cima de la Membrana Negra. Si se encontraba estancado acumulando base sin intentar cruzar el paso se debía únicamente a que sus aptitudes eran pésimas y el margen de éxito resultaba diminuto. Además, dominaba una técnica básica de combate cercana al Gran Logro, con una destreza nada desdeñable. Estaba plenamente convencido de que, dentro de la Membrana Negra, muy pocos de esos mocosos imberbes de los gimnasios serían rivales para él. Llevaba cinco años bregando en las bandas, sobreviviendo a refriegas sangrientas a punta de machete; su experiencia en el combate real aplastaba a esos polluelos de academia. "Si logro resolver este encargo, el Noveno Amo me prometió ayudarme a cruzar el paso. Podré convertirme en una flamante Sandalia de Paja y casarme por la puerta grande con Xiur de Temple Street". Temple Street era una de las zonas más bulliciosas de la ciudadela, repleta de burdeles y cortesanas. ... Entre anhelos y cavilaciones, cayó la noche. Mellado llevaba varios días apostado en la zona y tenía la certeza de que este era el trayecto obligatorio de Li Xiuwen. Como los tiempos no estaban para descuidos, apenas daban las ocho el tránsito menguaba y la gente se refugiaba en sus viviendas. Al extremo del callejón apareció un joven de aproximadamente un metro ochenta caminando con paso tranquilo. "Ya llegó", sonrió Mellado con saña, pensando para sus adentros: "Lo siento, mocoso. Haber caído en el radar del Noveno Amo significa que tus días están contados". Al evocar los métodos despiadados de Zajiú, sintió un escalofrío involuntario. En cuanto Li Xiuwen pasó por debajo de su escondite, Mellado saltó con la agilidad de un leopardo desde más de un zhang de altura. Sus piernas se abrieron como una tijera, aprisionando el cuello de Li Xiuwen con total precisión. Rodó sobre su cuerpo y lo derribó contra el suelo. De su manga asomó un puño provisto de un puño de acero que destellaba con frialdad, dirigido con furia hacia el abdomen de Li Xiuwen. Ese puñetazo no pretendía matarlo, pero sí dispersar la energía y sangre de su dantian, inutilizando temporalmente su cultivo. Era una combinación emboscada que jamás le había fallado y con la que había liquidado a incontables supuestos artistas marciales. ¡Clang! El puño de acero pareció golpear una dura losa de piedra y rebotó repelido por una fuerza tremenda. Mellado solo sintió una potencia descomunal brotando desde abajo; el joven profirió un sordo rugido y, como el Rey Supremo levantando el caldero sagrado, lo izó en vilo. Intentó soltarse y zafarse, pero los brazos del joven —lejos de parecer fornidos— se cerraron como cepos de cazar bestias, aprisionándole las piernas antes de proyectarlo en un violento derribo hacia atrás. ¡Pum! Tras un impacto seco y contundente, Mellado azotó brutalmente contra el pavimento, con la sangre y la energía revolviéndosele en el pecho. Por fortuna su experiencia en combate le hizo alzar la nuca a tiempo; de lo contrario, se habría reventado el cráneo en el acto. Los ojos del joven destilaban frialdad. Con voz grave, espetó: "¿De la Banda Tong?". Mellado ni se molestó en contestar. Ejecutó un salto de carpa para reincorporarse, pero apenas se levantaba, lo que lo recibió fue un golpe de palma del joven que en apariencia carecía por completo de fuerza. El viento del golpe arrastró una ráfaga de arena marina que le dio de lleno en la cara, irritante y punzante, cargada de un penetrante hedor a pescado podrido. Sus ojos se enrojecieron en el acto, brotándole lágrimas incontenibles que nublaron por completo su visión. Lejos de esquivar, decidió confiar en su cultivo en la cima de la Membrana Negra para intercambiar un golpe por otro y liquidar el asunto con rapidez, evitando llamar la atención de las patrullas de las grandes bandas. La ancha mano de Li Xiuwen se posó sobre su pecho. Al principio no percibió fuerza alguna y no le dio la menor importancia. Dio dos pasos hacia adelante cuando, de improviso, su curtido rostro enrojeció por la asfixia y vomitó una bocanada de sangre densa y negruzca. ¡Plaf! Un sonido sordo retumbó en el interior de su cavidad torácica, exactamente igual a un arma de fuego que revienta por la recámara. Su corazón vigoroso quedó desgarrado y sus meridianos y vasos sanguíneos se hicieron trizas uno a uno. Las pupilas de Mellado se dilataron perdiendo todo rastro de brillo. Mirando al joven frente a él con absoluto estupor, balbuceó entrecortadamente: "Tú... Membrana Negra... y encima usas armas ocultas, bastardo... no respetas las reglas...". \----- • Novela: ¡Camino Marcial! (武道!) • Título en inglés: Martial Dao! • Autor: Tian Li (田隶) • Traducción del chino al español: Inmensurable Si encuentras algún error tipográfico o inconsistencia en los términos, déjamelo saber en los comentarios.
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Estás leyendo el capítulo 46 de ¡Camino Marcial! (Novela), un novela. Ciudades amuralladas, fumaderos de opio, distritos rojos, casinos, tríadas, grandes detectives... Li Xiuwen transmigró a Xianghai, bajo el dominio del gobierno colonial. En este mundo, aún permanecen los vestigios del… Este capítulo tiene publicado el 9 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. ¡Camino Marcial! (Novela) tiene 107 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.