Leer ¡Camino Marcial! (Novela) Capítulo 11 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
"¿Le añado ración extra?".
La anciana sirvió con destreza un tazón de sopa y luego tomó una pequeña cucharada de sangre y vísceras de cerdo, sacudiendo la mano con un temblor deliberado.
El aroma de las especias, mezclado con la fragancia característica de las asaduras, inundó el aire.
"Abuela, deje de temblarle la mano. El día que este Ah Wen prospere, vendré todos los días a pedirle un billete entero de ración extra para apoyar su negocio", no pudo evitar comentar Li Xiuwen. A esta anciana le temblaba la mano más que a las señoras del comedor popular, escatimando hasta el más mínimo trozo de sangre coagulada.
"Para cuando prosperes, esta abuela ya estará bajo tierra".
"¿Cómo cree? Este Ah Wen ya le rezó a Buda; alguien tan bondadosa como usted sin duda vivirá cien años".
"Yo creo en el Señor".
"Es lo mismo, da igual".
"Abuela, ¿y su hijo? ¿Ya no le ayuda con el puesto?".
"Mi A-Hua ya sentó cabeza; estos días consiguió un trabajo de peón de carga para ganar dinero y mantenerme en mi vejez".
Al decir esto, la anciana esbozó una sonrisa de sincero alivio.
"Eso está muy bien. Si A-Hua puede valerse por sí mismo, usted podrá partir en paz el día de mañana".
A-Hua padecía una discapacidad intelectual congénita; tenía más de treinta años, no había formado familia y todavía dependía del sustento de su madre.
Al cabo de un rato, Li Xiuwen ya se había zampado el tazón de sangre de cerdo entero, dejándolo completamente limpio.
"¡Otro tazón de caldo!".
"¿Acaso eres la reencarnación de un fantasma hambriento? De esta exquisita sopa heredada de mis ancestros, ¡tú solo te vas a tomar media olla!".
La anciana tomó el tazón y, aunque a regañadientes, le sirvió a Li Xiuwen un generoso tazón colmado.
"No se lo tome tan a pecho... Iré a comprar unas tortas; abuela, no me vaya a quitar el tazón, que cuando me lo termine pienso pedir otro más".
"¡Qué te vas a tomar otro tazón ni qué ocho cuartos! Ya voy a cerrar el puesto".
Li Xiuwen corrió a la panadería de enfrente a esperar que salieran las tortas recién horneadas.
Apenas compró las tortas y antes de cruzar la puerta, escuchó un estruendo metálico desde la acera de enfrente: debía de ser un tazón estrellándose contra el suelo.
Echó un vistazo por la ventana.
En el puesto de sangre de cerdo, una corpulenta figura de aspecto desgarbado, calzando chanclas de dedo, tenía un pie plantado sobre la misma mesa en la que él acababa de comer.
Era precisamente el hermano Ji.
Cuando los Trece Guardianes venían a armar lío, los escasos comensales del local agachaban la cabeza y se marchaban a toda prisa, sin atreverse a mirar directamente.
"Abuela, ¿sabías que tu hijo me debe dinero?", soltó el hermano Ji, agarrando con total descaro un puñado de vísceras de la bandeja para metérselo a la boca, como si estuviera en su propia casa.
"¿Cómo es posible? Mi A-Hua jamás le pide prestado a nadie", replicó la anciana con el rostro ensombrecido, sabiendo que el hermano Ji había ido a buscar problemas una vez más.
El hermano Ji dio un par de palmadas y, desde el callejón oscuro, dos tipejos arrastraron hacia afuera una figura con el rostro amoratado a golpes y la boca manchada de espuma sanguinolenta.
"Pregúntaselo a tu querido hijo".
La anciana corrió a sostener a A-Hua y preguntó alarmada: "¿Qué pasó? ¿Le debes dinero a alguien? ¿Cuánto?".
A-Hua bajó la cabeza y, temblando entre sollozos, balbuceó: "Mamá, yo... yo no sé. El hermano Ji me dijo que me daría una bolita dulce... Me la comí y luego me dijo que le debía dinero".
"¿Qué bolita dulce?". De pronto, la expresión de la anciana cambió drásticamente: la mirada de su hijo era idéntica a la de los cazadores del dragón de la calle Guangwang.
Vacía, adormecida, carente del más mínimo brillo de vida.
Señaló al hermano Ji con la mano temblorosa: "Engañaste a A-Hua para que probara esa porquería... ¿Acaso no te queda ni una pizca de humanidad? ¡Sabías perfectamente que A-Hua tiene retraso!".
El hermano Ji extendió las manos con una sonrisa cínica: "Yo no lo engañé para nada; él mismo quiso comerla... ¿A que sí, muchachos?", preguntó mirando a los demás maleantes.
"¡Claro que sí! Ese tonto se la tragó porque quiso, ¿qué culpa tenemos nosotros?".
"¡Maldita vieja decrépita, suelta el dinero ya mismo o los Trece Guardianes te destrozamos el puesto!".
Secándose las lágrimas en silencio ante el acoso de los maleantes, la anciana entró a rebuscar entre baúles y armarios, para luego salir con un fajo arrugado de billetes sueltos y monedas.
"¿Cuánto te debe?".
"Trescientos. Con los intereses incluidos, déjalo en cuatrocientos; ya sabes que siempre he sido muy respetuoso con los ancianos y los niños", respondió el hermano Ji con las manos en los bolsillos y una sonrisa torcida.
La anciana contó el dinero con infinito cuidado, repasándolo una y otra vez por temor a entregar de más.
"¡Contar una mierda! ¡Cobrarte cuatrocientos ya es pura caridad de mi parte!", bramó impaciente el hermano Ji, arrebatándole de golpe todo el dinero a la anciana antes de dar media vuelta para marcharse con su banda.
La fuerza del tirón derribó a la anciana al suelo, abriéndole una herida en la frente. Poniéndose de pie con dificultad, rompió en llanto desgarrador: "¡Eso era para mi ataúd! ¡No pueden quitármelo todo!".
Cuando el hermano Ji y su séquito desaparecieron por completo de la vista, Li Xiuwen salió de la panadería, ayudó a incorporarse a la anciana y fue a la clínica contigua a comprarle una venda adhesiva.
"Abuela, en adelante no deje que A-Hua salga a la calle; manténgalo encerrado en casa. La ciudadela se está volviendo cada vez más caótica...".
Tras ayudar a recoger el desastre que habían dejado en el puesto, Li Xiuwen clavó la mirada en la dirección por donde se habían marchado el hermano Ji y sus secuaces.
Inhaló profundamente, apretando los cinco dedos hasta hacer crujir los nudillos, para luego dar media vuelta y dirigirse hacia la escuela de artes marciales.
...
La Ciudad Amurallada era minúscula, un palmo insignificante de tierra.
Sin embargo, la Ciudad Amurallada también era inmensa; sus habitantes habían llevado el aprovechamiento del espacio hasta el límite absoluto.
Se solía decir que la Ciudad Amurallada constaba en apariencia de cinco distritos: este, oeste, sur, norte y centro.
No obstante, existían dos distritos que solían pasarse por alto: la zona de las azoteas y la red de alcantarillado.
Ambos sectores conectaban en todas direcciones, ideales para albergar la mugre y la escoria humana, convirtiéndose en el enclave codiciado por los maleantes de pacotilla de la Ciudad Amurallada.
Los Trece Guardianes de la calle Longjin se ocultaban precisamente en un recoveco clandestino del alcantarillado.
"Tercer Amo...".
El hermano Ji, quien de ordinario andaba por las calles derrochando soberbia, permanecía arrodillado en el suelo.
Frente a él, sobre un "trono" ensamblado con chatarra y hierros retorcidos, reposaba un anciano de bigote caído con el torso al descubierto.
El viejo poseía una mirada penetrante y resplandeciente, el rostro encendido de vigor y una complexión magra pero fibrosa; con la mano izquierda fumaba de una pipa de tabaco seco, mientras con la derecha sostenía una cadena de hierro.
Al otro extremo de la cadena se encontraba una joven mujer de curvas pronunciadas y ataviada con un elegante qipao, peinada y arreglada con esmero.
Estaba postrada en el suelo, recortándole con cuidado las uñas carcomidas de los pies al Tercer Amo.
Aquel anciano era nada menos que el temido "Tercer Amo" de la calle Longjin, el cabecilla indiscutible de los Trece Guardianes.
"Ji Vida Ruda, ¿por qué el dinero de protección de este mes volvió a mermar?", preguntó el Tercer Amo entrecerrando los ojos mientras exhalaba aros de humo.
"Tercer Amo, no hace mucho se celebró el torneo anual Cruce del Río, y la gente de Changle ha estado vigilando de cerca; no nos atrevimos a hacer movimientos en falso", respondió el hermano Ji bajando la cabeza.
"No me des largas con holgazanerías. La gran batalla entre Tianyi y Changle es inminente; antes de chocar entre sí, sin duda harán una purga general. Más vale que demos el último golpe cuanto antes y nos larguemos de aquí", sentenció el Tercer Amo.
"Tercer Amo, ¿tan apurados están los de arriba por marcharse? Como bien reza el dicho: cuando la almeja y la garza disputan, el pescador saca provecho; con el poder de nuestro 'Rey Celestial Tong', quién quita y logramos anexionarnos la ciudadela", dijo el hermano Ji, antes de añadir en voz baja: "Además, corren rumores de que hace unos años el señor Ming sufrió una desviación de qi durante su cultivo, y nadie sabe si aún conserva su fuerza cúspide".
"El señor Ming lleva treinta años custodiando la ciudadela; hasta el propio gobernador general de Xianghai le guarda respeto. Aunque esos rumores fueran ciertos, no es alguien a quien podamos desafiar a la ligera".
"Es verdad... aun muerto de hambre, un camello sigue siendo más grande que un caballo".
"La Banda Infantil no es más que una chusma dispersa sin cohesión, incapaz de llegar a nada grande. Este Tercer Amo ya está viejo; solo quiero conseguir otra buena tajada junto a los muchachos para reunir capital, montar algún negocio honrado y disfrutar de mi vejez en paz. Ji Vida Ruda, si el dinero de protección del próximo mes no cumple la cuota, ese tercer puesto tuyo en la jerarquía tendrá que pasar a manos de alguien más capaz", advirtió el Tercer Amo mientras acariciaba un puño de acero.
Tras un instante de silencio, el hermano Ji respondió en voz baja: "Entendido".
...
En un callejón sombrío, el hermano Ji emergió del alcantarillado seguido por sus dos esbirros.
Uno de ellos se quejó: "Hermano Ji, ¿acaso el Tercer Amo no se está pasando de la raya con nosotros? En este insignificante pedazo de tierra de la calle Longjin, ¿cómo diablos vamos a sacarle cinco mil billetes de ganancias al mes?".
El otro esbirro añadió indignado:
"¡Hermano Ji, no aguante más estas humillaciones! Recuerdo que mencionó alguna vez que tiene un primo metido en el Tinglado de Lord Trueno, ¿verdad? Siguiendo al Tercer Amo, ¿qué futuro nos espera?".
El hermano Ji entrecerró los ojos, desprendiendo un aura siniestra y amenazante: "Je, je... si he caído tan bajo como para terminar en este estado, ¡fue precisamente por culpa de ese primo mío! ¡Antes muerto que acudir a buscarlo!".
Los esbirros guardaron silencio de golpe.
Tras una pausa, ordenó: "No vuelvan a hablar a espaldas del Tercer Amo; nosotros solo nos limitamos a hacer el trabajo".
El hermano Ji mantenía un semblante sereno por fuera, pero por dentro maldecía con rabia al viejo por su absoluta falta de lealtad.
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• Novela: ¡Camino Marcial! (武道!)
• Título en inglés: Martial Dao!
• Autor: Tian Li (田隶)
• Traducción del chino al español: Inmensurable
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Estás leyendo el capítulo 11 de ¡Camino Marcial! (Novela), un novela. Ciudades amuralladas, fumaderos de opio, distritos rojos, casinos, tríadas, grandes detectives... Li Xiuwen transmigró a Xianghai, bajo el dominio del gobierno colonial. En este mundo, aún permanecen los vestigios del… Este capítulo tiene publicado el 8 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. ¡Camino Marcial! (Novela) tiene 107 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.