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Leer ¡Camino Marcial! (Novela) Capítulo 104 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
En el alcantarillado. "¿He Sheng era un topo del cobertizo de Lei Gong?", preguntó Xiao Laba apretando los puños con profunda indignación. "Ah Liu jamás nos traicionó. Los supuestos bastiones de Tianyi en el Callejón del Agua Negra y el Callejón de la Nube Blanca eran trampas ficticias preparadas para engañar a He Sheng. Él era gente de Dao Youming", explicó Shi'erniang con calma imperturbable. "¡Maldito sea ese perro traidor de He Sheng! ¡Mal gasté mis sentimientos con él!", maldijo Zhang Laosan. Salvo Li Xiuwen, todos ardían en cólera. Llevaban muchos años conociendo a He Sheng y compartían lazos de amistad sinceros. Li Xiuwen, en cambio, apenas sentía apego hacia la banda. La traición de He Sheng ni siquiera le alteró el pulso. Esa supuesta "hermandad de sangre" y la "lealtad del bajo mundo" que tanto pregonaban las tríadas a él le daban exactamente igual. Su única meta era amasar dinero, conseguir grandes medicinas, exprimir la barra de dominio y forjar su propio poder. Puesto que la cabeza de He Sheng valía una gran medicina, el traidor no podía culpar a nadie por lo que le esperaba. Mientras los otros tres vacilaban sobre si debían o no matar a su antiguo camarada, Li Xiuwen ya chapoteaba sobre las aguas estancadas, esfumándose en los oscuros meandros del drenaje. "Este tipo de Ah Wen ve una gran medicina y se le iluminan los ojos...", murmuró Xiao Laba lanzándose a la persecución tras él. A ella no le quitaban el sueño las píldoras ni andaba corta de dinero; su única preocupación era que Li Xiuwen no fuera rival para He Sheng en solitario. Aunque He Sheng poseía una constitución ósea corriente, su comprensión marcial no era para nada desdeñable. Tras cultivar más de una década, contaba con la vitalidad y sangre de la cima del Músculo de Pitón, respaldadas además por la técnica avanzada de palmas de la Corriente de la Montaña del Oso, la Mano que Rompe Estelas, dominada como mínimo al nivel de Gran Perfección. La fuerza marcial de He Sheng figuraba con comodidad entre los quince mejores Sandalias de Paja de Heshengtu; casi todos los que lo superaban eran expertos consolidados del Músculo de Dragón de Inundación. Xiao Laba planeaba unir fuerzas con Ah Wen para capturar y ultimar a He Sheng, dejándole a él la cabeza para que cobrara la recompensa íntegra, pues ella no pretendía llevarse el crédito. En el sitio solo quedaron Zhang Laosan y Liang Yazai. "¿Y ustedes dos por qué no van?", preguntó Shi'erniang. Si ella no intervenía directamente era precisamente para ofrecerles a sus subordinados una valiosa oportunidad de fogueo en combate real; de lo contrario, habría barrido a He Sheng en un parpadeo. Zhang Laosan se rascó la cabeza y sonrió con evidente vergüenza: "Pensándolo bien, no soy rival para He Sheng... Con estos viejos huesos míos, prefiero dejarle el turno a los jóvenes." Liang Yazai soltó una carcajada: "Entonces iré a probar suerte yo. Una gran medicina más y podré lanzarme a romper el umbral hacia el Músculo de Dragón de Inundación." Shi'erniang salió de las alcantarillas y subió a la cornisa de una azotea cercana. Buda Cabeza de León se encontraba apostada allí, contemplando en silencio la panorámica del Callejón del Agua Negra. "Hermana Buda, Ah Wen, Xiao Laba y Liang Yazai salieron tras el rastro de He Sheng", reportó Shi'erniang. Buda Cabeza de León sonrió plácidamente: "Que les sirva de lección práctica." "Ay, He Sheng, He Sheng... Si hubiera cometido cualquier otra falta, habría intentado interceder para exculparlo. Pero traicionar a Tianliang Lao no tiene más desenlace que la muerte", suspiró Shi'erniang. "¿En cuánto tiempo calculas que liquidarán el asunto?", preguntó con desdén Buda Cabeza de León. Shi'erniang sopesó: "He Sheng está en la cima del Músculo de Pitón. Ah Wen y Xiao Laba acaban de pisar ese reino, aunque su verdadero despliegue bélico supera su rango. Sumando a Liang Yazai, diría que antes de diez minutos." Buda Cabeza de León rio: "Quizás tome mucho menos... Presiento que ese pequeño bribón de Ah Wen puede darnos una grata sorpresa." "Uff..." He Sheng avanzaba a tientas entre la penumbra viscosa del alcantarillado subterráneo. Como topo encubierto del cobertizo de Lei Gong acostumbrado a realizar fechorías clandestinas, se conocía bastante bien la red de cloacas bajo los dominios de Heshengtu. Sin embargo, tras contener su respiración y tantear varias salidas hacia la superficie, notó claramente la presencia de centinelas apostados al acecho. Sin otra alternativa, se vio forzado a avanzar bajo tierra hasta cruzar hacia el territorio del cobertizo de Lei Gong. Una vez pisara los dominios de su verdadera banda, los perseguidores no se atreverían a seguirle los talones. Tras correr sin noción del tiempo transcurrido, He Sheng rebasó los límites del Callejón del Agua Negra y emergió en el sector del Camino Longjin. "Cruzando este tramo tendré enfrente el feudo del cobertizo de Lei Gong. Con solo pegar un buen alarido vendrán a socorrerme." El trazado de las cloacas del Camino Longjin era un laberinto infernal donde perderse resultaba facilísimo. A sus espaldas reinaba un silencio sepulcral; daba la impresión de que nadie le pisaba los talones. Sin percatarse, He Sheng desembocó en una plataforma saliente. Allí yacían manchas resecas de sangre coagulada y un trono improvisado con hierros oxidados y chatarra; saltaba a la vista que había sido el escenario de cruentas batallas pasadas. Cuando He Sheng se disponía a reanudar la marcha, clavó los talones en seco. Percibió un eco casi inaudible de pisadas hendiendo el agua: un artista marcial dotado de un depurado juego de pies acababa de adentrarse en la estancia. El corazón de He Sheng se le subió a la garganta. Pegó la espalda contra el muro gélido y retuvo el aliento por completo. El arte secreto de contención de respiración lo sumió en un letargo idéntico al de una tortuga escondida en su caparazón. "¿Será un sicario de la banda Tong? ¿O los perros de caza de Heshengtu? ¿Quién demonios podría conocer la geografía subterránea del Camino Longjin mejor que yo?" He Sheng deslizó la mano hacia su pistola de bolsillo, pero tras dudar un segundo la soltó, empuñando en su lugar una daga corta de acero templado que centelleaba en la penumbra. Las detonaciones de un arma de fuego atraerían a maestros indeseados. El chapoteo se aproximó con sigilo, impulsando una marea mansa hacia la plataforma. De súbito, He Sheng estalló, desatando toda la vitalidad de la cima del Músculo de Pitón. Blandió la daga y asestó una estocada salvaje. El filo silbó rasgando el aire, ensartó una superficie dura y correosa similar al cuero, perforó carne densa y fue a chocar contra algo macizo como una plancha blindada, emitiendo un tintineo metálico y seco. El cuerpo descomunal de un cocodrilo gordo cayó pesadamente sobre él. Tras la mole del reptil, una figura se proyectó hacia el frente como un espectro. Sin tiempo material para desenclavar la daga del pellejo del cocodrilo, He Sheng desenfundó su pistola de bolsillo dispuesto a agujerear al atacante. Daba igual quién fuera: disparar a matar era la prioridad absoluta. Viejo lobo de mar en el submundo, He Sheng sabía de sobra que, aunque para un artista marcial depender de las armas de fuego no fuera honorable, una pistola resolvía el noventa por ciento de las crisis de la forma más rápida y contundente. No obstante, como si hubiera anticipado su reacción milimétricamente, un destello glacial se clavó en la palma de He Sheng, hendiendo su carne y hueso, arrancándole un alarido de dolor puro. Aprovechando esa fracción de segundo de desconcierto, la silueta desenfundó su propia arma con pasmosa fluidez y descerrajó tres disparos a quemarropa. ¡Bang! ¡Bang! ¡Bang! Pese a que He Sheng esquivó con desesperación, la estrechez del foso jugó en su contra y encajó dos plomos. Un tiro le perforó el brazo izquierdo, desgarrando masa muscular e incrustándose contra el hueso. El otro le atravesó el pecho derecho, horadándole el torso y reventándole un pulmón. He Sheng sintió un ahogo brutal aprisionarle el pecho. En un acto reflejo, arrancó una varilla de acero corrugado incrustada en el trono de chatarra y la blandió como una maza contra el agresor. La figura se elevó en el aire y desvió la varilla con una patada precisa. Acto seguido encadenó una ráfaga implacable de patadas voladoras que hendieron el aire formando ondas de choque. He Sheng salió despedido como un petardo, rebotando aparatosamente contra la pared de piedra. Al recuperar la visión distinguió la identidad del agresor y no pudo evitar toser sangre: "Cof, cof... ¡Ah Wen! ¿Por qué demonios me atacas? ¡Soy yo, He Sheng!" Li Xiuwen guardó un silencio pétreo y arremetió de nuevo con sed homicida. Herido de gravedad, He Sheng no se atrevía a sostener un choque frontal contra Li Xiuwen, limitándose a eludir los impactos con desesperación. "¡Ah Wen, estás loco! ¿Cómo te atreves a masacrar a un hermano de la banda? ¡De no haber esquivado a tiempo, me habrías liquidado a balazos!" En lo relativo al poder marcial real, entre todos los rivales a los que Li Xiuwen se había enfrentado cara a cara, He Sheng solo se situaba por detrás de aquel sicario de negro del Edificio Tongzi. Li Xiuwen sabía que podía ultimar a He Sheng sin demasiados apuros, pero también tenía grabado a fuego que el león emplea todas sus fuerzas incluso al cazar una liebre. Por ello había abierto la contienda a tiros, para minimizar riesgos. En cuanto a interponer un cocodrilo a modo de escudo de carne, era pura manía aprendida. Conocía esta plataforma como la palma de su mano; aquí mismo había dado muerte al Tercer Amo y al asesino de negro. Sabía de sobra que este relieve era un bastión fácil de defender y endiablado de asaltar, ideal para que alguien agazapado tendiera una emboscada letal. A decir verdad, gracias a las artes de ocultación de He Sheng, Li Xiuwen ni siquiera estaba seguro al cien por ciento de que estuviera escondido allí. Por si las moscas, no tuvo reparo en sacrificar al desdichado caimán local. ¡Bang! ¡Bang! ¡Bang! He Sheng abrió fuego una y otra vez con desesperación; las balas rebotaban contra los muros arrojando esquirlas y nubes de polvo. Varios proyectiles perdidos impactaron de lleno en el pecho de Li Xiuwen, pero el chaleco antibalas los repelió sin esfuerzo alguno, sin darle margen a que la técnica de Envoltura de Armadura tuviera que intervenir. A lo lejos resonó el chapoteo de zancadas apresuradas aproximándose: el tiroteo había alertado inevitablemente a otros miembros de Heshengtu. La desesperanza se pintó en el rostro de He Sheng: se había quedado sin munición. Mientras bloqueaba golpes como podía, chilló entre jadeos: "¡Ah Wen, si me perdonas la vida, te entregaré todo el oro y la plata que enterré en Shengguo para mi retiro definitivo del bajo mundo!" Li Xiuwen no pronunció una sola palabra. Sus piernas arremetían con tal ferocidad que trazaban imágenes residuales en el aire, descargando cuchilladas invisibles que colisionaban con violencia contra las palmas carnosas de He Sheng. El joven combatía a máxima potencia, liberando toda la marea de qi y sangre que el Arte del Tiburón Durmiente solía mantener agazapada. Solo en ese instante He Sheng descubrió la cruda realidad: la vitalidad de Li Xiuwen distaba mucho de pertenecer a la fase inicial del Músculo de Pitón. ¡Maldita fuera su estirpe! Sin que nadie se percatara, este engendro ya se encontraba en la fase tardía, y su vigor marcial apenas desmerecía frente al suyo propio. Por si fuera poco, la técnica de piernas Romper el Océano de Li Xiuwen lucía a todas luces dominada a nivel de Gran Perfección. Fue por eso que su Mano que Rompe Estelas, aun en Gran Perfección, acabó sucumbiendo bajo una presión aplastante. En el cuerpo a cuerpo cerrado, el poder destructivo de las palmas jamás podría equipararse al de las piernas. ¡Y menos aún cuando Li Xiuwen ejecutaba el estilo Romper el Océano, considerado el arte marcial más despiadado y letal de toda la corriente de la Arena Marina! En cuestión de segundos, He Sheng se vio acorralado contra el abismo. Con la espalda clavada al muro, no le quedaba un solo palmo de terreno para huir. "¡Maldito insolente! ¡Pues nos morimos los dos!" De la manga de He Sheng resbaló una granada de mano de procedencia desconocida. Tiró de la espoleta y la arrojó al frente con saña suicida. La expresión de Li Xiuwen cambió sutilmente. Desvió el artefacto con una patada fulgurante, se arrojó de bruces sumergiéndose en las aguas negras del canal, se cubrió la cabeza con ambos brazos y, bajo los brazaletes de hilo de hierro, los patrones negros y dorados de su piel resplandecieron intensamente. ¡BOOOM! Una llamarada infernal desgarró la penumbra de las cloacas. La metralla incandescente se dispersó en todas direcciones, reventando cráteres en las paredes de roca. Frente a un arma de fuego de semejante calibre, ya no hablemos de los artistas marciales de las Dos Pruebas: incluso un coloso del reino Tigre-Elefante quedaría hecho picadillo si pretendiera resistir el estallido a pecho descubierto. Cuando la cortina de agua pestilente se asentó, el traje de entrenamiento rasgado dejó a la vista el chaleco blindado cuajado de esquirlas de metralla. Li Xiuwen contempló sus antebrazos ardientes. Los aros de acero plateado habían vuelto a salvarle el pellejo, desviando la metralla rebotada. De no ser por ellos, aun contando con la técnica de Envoltura de Armadura en Pequeña Consumación, no se habría librado de sufrir heridas considerables en la carne. Tras la deflagración, He Sheng cojeaba pesadamente intentando escurrirse por un ramal secundario. Li Xiuwen soltó una risa gélida y tomó un atajo familiar para cortarle el paso. Si estuviera en cualquier otro tramo de las cloacas de la ciudad, rastrear a He Sheng le habría resultado una odisea titánica. Pero este rincón era como el patio trasero de su casa; a excepción del difunto Tercer Amo, nadie conocía estos túneles mejor que él. Momentos después, Xiao Laba y Liang Yazai llegaron tarde al lugar. Xiao Laba... se había perdido en las cloacas del Camino Longjin. Liang Yazai, creyendo ingenuamente que ella era la señora indiscutible del sector Longjin y que dominaría las rutas con los ojos cerrados, la siguió a ciegas y acabó igual de desorientado. De no haber sido por el eco de las detonaciones, jamás habrían dado con el sitio. "¡Madre mía! ¿Hasta granadas usaron? ¿De dónde cojones sacó una granada este cabrón de He Sheng?", exclamó Liang Yazai con el corazón en un puño. Menos mal que se habían extraviado; de lo contrario, habrían acabado en el otro barrio. El semblante de Xiao Laba se ensombreció: ¿le habría ocurrido una desgracia a Ah Wen? Nadie se esperaba que He Sheng guardara un as tan letal bajo la manga. Inspeccionó la zona de arriba abajo y no halló restos humanos destrozados. No sabía si Ah Wen había escapado o si He Sheng lo estaba cazando a él en una emboscada invertida. "¡Rápido, a buscarlo! ¡Ah Wen puede estar en grave peligro!" He Sheng arrastraba un cuerpo acribillado por la metralla, corriendo hacia el frente con el rostro blanco como el papel. El balazo en el costado izquierdo le había perforado el pulmón y su respiración estaba totalmente rota; se sostenía en pie únicamente gracias a la formidable constitución física que le otorgaba el Músculo de Pitón. Si encontraba una clínica clandestina, extraía los proyectiles y se aplicaba buenos ungüentos, aún conservaba esperanzas de salir con vida... De lo contrario, la tumba era su único destino. "¡Maldición! ¡Cuando vuelva al cobertizo de Lei Gong, juro que no descansaré hasta cobrarme esta sangre!", masculló He Sheng rechinando los dientes. "Por desgracia, lo más seguro es que ese mocoso de Li Xiuwen haya volado en pedazos con la granada." De repente, una ráfaga helada le golpeó la nuca. Una sombra rasgó la oscuridad y cayó sobre él en una fracción de segundo. He Sheng giró la cabeza aterrado, sintiendo cómo se le salía el alma del cuerpo. El perseguidor no era otro que Li Xiuwen: "¿C-cómo es posible?" Li Xiuwen embistió como un tiburón sanguinario. Sus piernas giraron en el aire con letal sincronía y, antes de que He Sheng pudiera articular una defensa, le atenazaron el cuello con una llave implacable. He Sheng se revolvió a la desesperada. Quemando hasta el último vestigio de fuerza de su Músculo de Pitón, descargó sus manos como dos garras de oso sobre la espalda de Li Xiuwen. La Mano que Rompe Estelas, como técnica avanzada de la corriente de la Montaña del Oso, en su nivel de Gran Perfección era capaz de desgarrar las vísceras y el corazón de un maestro de Músculo de Pitón a través de la propia piel. Sin embargo, al impactar con violencia, sintió como si golpeara una gigantesca campana de bronce fundido. ¡CLANG! Tras un estruendo seco y metálico, sus muñecas quedaron completamente entumecidas por el impacto de retroceso. Li Xiuwen contuvo el aliento y soltó un bramido ensordecedor. Sus piernas giraron en espiral triturando la articulación, inutilizando los inútiles forcejeos de su presa. ¡Tercera Forma de Romper el Océano: Vórtice Asesino! Una ventisca invisible arremolinó las aguas residuales, creando remolinos turbulentos. La fuerza descomunal estalló de golpe, haciendo rotar el cuerpo de He Sheng sobre su propio eje. Su cabeza, congestionada y teñida de púrpura, giró tres vueltas completas de forma grotesca; los globos oculares inyectados en sangre saltaron de sus cuencas por la brutal presión de torsión, desorbitados por el horror. ¡CRACK! La cabeza de He Sheng fue arrancada de cuajo del cuello. "Uff... La gran medicina ya es mía." Jadeando para recuperar el aire, Li Xiuwen apartó de una patada el cadáver decapitado que brotaba sangre a borbotones. Recogió la cabeza inerte, cuyos ojos aún miraban al vacío con espanto congelado, y murmuró: "¿Cómo es que Xiao Laba y Liang Yazai todavía no llegan? ¿Se habrán perdido?" Para él, sin embargo, resultaba mucho más conveniente. Primero, nadie se disputaría el mérito con él; segundo, prefería que nadie fuera testigo de los pormenores con los que había liquidado a He Sheng. Li Xiuwen cateó las ropas del muerto sin hallar nada de valor, a excepción de una billetera mugrienta con mil billetes. Poco le importaba si He Sheng de verdad tenía tesoros enterrados en Shengguo. Lo único verdaderamente valioso que cargaba este sujeto era su cabeza. Cinco minutos después de iniciada la cacería. En el Callejón del Agua Negra, junto a la boca de una alcantarilla. Li Xiuwen levantó la tapa metálica. Con la cabeza cercenada de He Sheng firmemente sujeta en la mano, alzó la mirada hacia la azotea donde aguardaban Shi'erniang y Buda Cabeza de León, esbozando una sonrisa: "Jefas, He Sheng está muerto..." Shi'erniang rio complacida: "Bien hecho, Ah Wen. La hermana Buda y yo estábamos apostando a ver quién traería la cabeza; parece que el ojo clínico de la hermana Buda fue más certero." Buda Cabeza de León asintió con una leve sonrisa aprobatoria y sentenció: "Liquidar a He Sheng en menos de cinco minutos: misión cumplida con creces. Mañana ve con Tianliang Lao a reclamar tu recompensa." Dicho esto, se dio media vuelta y se marchó. Shi'erniang bajó del edificio, extrajo un pequeño frasco de porcelana de su bolsillo y sonrió con picardía: "Lo prometido es deuda. ¡Esta gran medicina es toda tuya!" "¡Muchas gracias, Shi'erniang!", exclamó Li Xiuwen recibiendo el frasco con reverencia. Esta píldora le había costado sudor y sangre; por poco termina despedazado por una granada. Había sido el combate más peligroso y ajustado de toda su trayectoria. Aquello le dejó una lección grabada a fuego: ¡su blindaje todavía no era suficiente! Si conseguía llevar la técnica de Envoltura de Armadura a la Perfección absoluta, incluso sin portar chaleco antibalas, la metralla disparada a larga distancia apenas le haría cosquillas. Justo cuando Li Xiuwen y Shi'erniang se disponían a retirarse del lugar, el teléfono de ella comenzó a timbrar. Del auricular brotó la voz entrecortada de Xiao Laba. "Shi'erniang... He Sheng tenía una granada... Ah Wen... temo que Ah Wen...", sollozaba la chica al otro lado de la línea, ahogándose en lágrimas. \----- • Novela: ¡Camino Marcial! (武道!) • Título en inglés: Martial Dao! • Autor: Tian Li (田隶) • Traductor: Inmensurable ☯️ ¡Compañero(a) daoísta, deja tu reacción y comentario para ayudar a acelerar el cultivo de los próximos capítulos! ¡Tu apoyo es nuestra energía espiritual! ¡Que tu Gran Dao prospere! 🙏
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Estás leyendo el capítulo 104 de ¡Camino Marcial! (Novela), un novela. Ciudades amuralladas, fumaderos de opio, distritos rojos, casinos, tríadas, grandes detectives... Li Xiuwen transmigró a Xianghai, bajo el dominio del gobierno colonial. En este mundo, aún permanecen los vestigios del… Este capítulo tiene publicado el 9 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. ¡Camino Marcial! (Novela) tiene 107 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.