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Leer Camino del Extra (Novela) Capítulo 436 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
No naciste bajo tierra, sino en el empíreo, donde la luz no tenía sombra y la obediencia tenía el rostro de la paz. Estuviste entre las llamas primigenias, áureas y terribles; no lo suficientemente gentiles para la misericordia, ni lo suficientemente crueles para el pecado, sino hechos para el amargo oficio que el cielo luego fingiría no haberte encomendado jamás. Te llamaban Lucifer cuando brillabas. Te llamaban Samael cuando obedecías. Oh, veneno brillante, ¿comenzó con orgullo o con perspicacia? ¿Miraste demasiado tiempo el trono y viste, bajo su oro, la vieja maquinaria del sacrificio? ¿Comprendiste demasiado pronto que la santidad también requería un cuchillo? Acusaste a la humanidad porque la conocías. La tentaste porque el deseo ya estaba presente. Llevaste la muerte porque alguien tenía que hacerlo, y cuando el mundo se apartó de tus manos, el cielo lavó las suyas. Así que te caíste. O tal vez te bajaron, lentamente, ceremonialmente, como una cuchillada en una herida. Y aún así, la estrella de la mañana sigue ardiendo. Tan hermosa que podría confundirse con el amanecer, y tan maldita que sabe que el amanecer también es una especie de fuego. Tras escuchar el poema, Azriel abrió la boca después de un rato. Su otro yo se había quedado en silencio. Tenía los ojos cerrados plácidamente, como si simplemente hubiera recitado una vieja oración. "...Hay una razón por la que me estás contando todo esto, ¿verdad?" "..." —¿Por qué? —preguntó Azriel—. No lo entiendo. ¿Qué pasa con todos estos poemas? ¿Estos... estos nombres? Pero, tal como Azriel había previsto, su otro yo no respondió. Y cuando Azriel parpadeó, ya no estaba. Entonces Azriel se dio la vuelta y se marchó. Sin embargo, los poemas seguían repitiéndose en su mente una y otra vez, como un estribillo maldito. Recorrió los silenciosos pasillos, donde ahora solo resonaban sus pasos. Su cuerpo se debilitaba a cada minuto, sus nervios ardían como si el fuego los recorriera, pero aun así, Azriel siguió adelante. Siguió caminando. Finalmente, llegó al final. Una salida de aquel coliseo aterrador. Era un lugar donde temía pasar incluso un minuto más, porque no sabía qué podría hacer si se quedaba más tiempo. Al final del pasillo, una luz brillante resplandecía hacia el interior. La visión de aquello pareció infundirle las pocas fuerzas que le quedaban. Azriel se dirigió hacia ello, paso a paso, con pasos vacilantes. Por una fracción de segundo, la luz lo cegó. Entonces recuperó la visión. Azriel se detuvo. Había atravesado una de las muchas salidas del coliseo subterráneo, cuando de repente sintió el sabor a sal en la lengua y una ráfaga de viento repentina le azotó el cuerpo. Sus ojos se abrieron de par en par. Ante él estaba el océano. Azriel caminó lentamente unos pasos más allá. Entonces se detuvo de nuevo. No podía avanzar más a menos que quisiera precipitarse al menos tres mil pies hacia el mar inmaculado que se extendía debajo. Dio un paso atrás y levantó la vista. Solo entonces se dio cuenta de que estaba parado en una especie de montaña. No. Quizás sería más preciso decir que parecía el hombro roto de algún titán enterrado, expulsado de la tierra y dejado petrificar bajo siglos de viento salino. Azriel bajó la mirada. El acantilado se precipitaba verticalmente hacia el mundo de abajo, una inmensa pared de piedra negra y plateada surcada por fisuras tan profundas que parecían casi intencionadas. Olía a roca mojada, a polvo viejo y a algo mineral, casi como a hierro. Allí de pie, Azriel no se sentía más importante que una astilla clavada en la piel de la montaña. Luego miró hacia adelante. Ante él, el mundo se desplegó con una belleza tan repentina e implacable que resultaba difícil respirar. Muy abajo, el océano giraba bajo el acantilado como una inmensa lámina de vidrio martillado. La luz del sol se deslizaba sobre ella en fragmentos rotos, un dorado pálido que se fundía con un azul profundo, y luego con un verde tan oscuro que rozaba el negro. Las olas golpeaban las rocas con una violencia silenciosa, estallando en anillos de espuma blanca que se desvanecían casi tan pronto como aparecían. Desde arriba, el mar parecía en calma. Casi tierno. Las nubes se desplazaban bajas sobre la costa, envolviendo picos distantes y sumergiendo parcialmente las islas escarpadas dispersas por el agua. Algunas de esas islas se alzaban como lomos de bestias ahogadas. Otras eran delgadas y puntiagudas, sobresaliendo como dientes rotos. La niebla se deslizaba entre ellos en largas y pálidas cintas, suavizando sus formas hasta que el horizonte se volvió incierto, como si el mundo mismo hubiera comenzado a olvidar dónde terminaba. Era hermoso, pensó Azriel. Escuchó el canto de los pájaros en algún lugar por encima de él. Gaviotas, tal vez. Larinae. Tras respirar hondo, Azriel saboreó el aroma del océano. Entonces lo dejó salir. Y se rió. Siguió riendo durante un buen rato, como si todo aquello fuera divertidísimo. Y, en efecto, así fue. ¿Porque dónde demonios se había metido ahora? Desde luego, este ya no era Ismyr. Entonces, al ver el sol, Azriel se dio cuenta de algo más. El Festival del Amanecer había llegado finalmente a su fin. Se volvió hacia el túnel por el que había venido. No tenía ni idea de cuánto tiempo había caminado para llegar hasta allí. Detrás de él, solo había una oscuridad vacía sin luz, similar a un túnel del Vacío. "Te encuentras donde termina el aliento de la montaña, entre la oscura garganta del túnel y el cielo expectante del océano." Una voz llegó acompañada del aullido del viento. "Precioso, pensaste. ¿Verdad?" Azriel se dio la vuelta. Se imaginó sentado al borde del acantilado, con los pies colgando en el aire, mientras contemplaba las aguas infinitas. Entonces, sin darse la vuelta, su otro yo dijo: "Ven... Ven a sentarte a mi lado, Pólux." El viento no dejaba de llorar. Azriel se quedó quieto, mirando la espalda del otro. Tras un instante, tal vez intuyendo que Azriel no se había movido ni hablado, su otro yo giró ligeramente la cara y lo miró. ¿Qué hago yo ahí parada? Ah, claro. Lo había olvidado. Tengo miedo a las alturas. Una leve sonrisa asomó a sus labios. "Pero tengo cosas más importantes de las que preocuparme." Solo entonces Azriel se dio cuenta de que su otro yo le estaba hablando. Por si acaso, Azriel miró detrás de él y luego a su alrededor. Pollux no estaba por ninguna parte. Su otro yo soltó una risita. Azriel lo miró con furia, chasqueó la lengua y se acercó. Luego se sentó a su lado. En el momento en que lo hizo, su visión pareció estrecharse. Miró hacia abajo, al colosal precipicio, y sintió un vuelco en el corazón. Luego otro. Y otro más. Le temblaba la respiración, se tensó y rápidamente fijó la mirada al frente, intentando calmarse. Con mano temblorosa, dio un gran sorbo a su petaca. Después de exhalar lentamente, Azriel preguntó: "...¿Por qué me llamaste Pólux?" "Oh, Pólux..." El rostro de Azriel se ensombreció al instante. 'Otra vez no...' «Naciste con el cielo en la sangre y Cástor a tu lado, mortal, risueño, ya medio reclamado por la tierra. Cuando la muerte lo eligió a él y no a ti, el Olimpo abrió sus puertas incorruptibles y lo llamó misericordia. Pero ¿qué es la inmortalidad cuando la única alma que hizo soportable la eternidad yace sin voz bajo la tierra? Oh, Pólux, contemplaste la eternidad y la encontraste obscena. No le rogaste a Zeus dominio, ni laureles, ni el esplendor embriagador de la divinidad, sino división. Que el paraíso sea mutilado. Que la eternidad se divida. Que la tumba te reciba también, si el cielo no te devuelve a tu hermano ileso. Y así ardiste, no como un dios inmortal intocable por el dolor, sino como una estrella condenada a brillar, compartiendo eternamente el cielo con el hermano al que la muerte podía herir, pero jamás enseñarte a abandonar.» Lentamente, Azriel frunció el ceño. ¿Los gemelos Géminis...? Su otro yo se rió. Azriel se estremeció y casi gritó al darse cuenta de lo cerca que había estado de resbalar y caer del precipicio. Extendió la mano libre y se aferró con fuerza a una roca sólida. "[El crisol del alma]..." Su otro yo suspiró, casi con cariño. "Ah, qué maravillosa bendición y maldición has recibido, Azriel." Azriel lo miró, atónito. Entonces sus ojos se abrieron de par en par. ¡Por fin! ¡No más poemas! "¡Así podrás hablar con normalidad!" Su voz se elevó, casi con entusiasmo. Su otro yo le devolvió la mirada con un rastro de arrogancia en los ojos. Azriel lo vio morderse la lengua, divertido. —¿Quién eres tú de quien no dejas de hablar? —preguntó—. Al fin y al cabo, estoy hablando conmigo mismo. No soy un ser vivo ni sensible con el que intentas conversar. Soy simplemente un fragmento roto de tu mente. "¿Q-qué?" Azriel lo miró, desconcertado. "En otras palabras, no soy más que una alucinación que has creado." De repente, apareció un frasco en la mano de su otro yo. Él lo planteó. "Enhorabuena. Un brindis por el hombre lo suficientemente loco como para alucinar y recitar poesía." Chocó su frasco contra el de Azriel. Azriel permaneció inmóvil, con la boca entreabierta, observando cómo su otro yo bebía. "Ah..." Su otro yo bajó el frasco. «Pero claro, si no fuera por [El Crisol del Alma], tu mente se habría hecho añicos en el instante en que despertaras del coma. En el momento en que recordaras cómo te convertiste en hijo de la Muerte. Qué ridículo, en realidad. Ella te otorgó esa habilidad con la intención de protegerte y... aprisionarte.» "Qué vas a-" De repente, el viento arreció un poco más. Los atravesó como un cañón. Un dolor agudo y punzante recorrió todo el cuerpo de Azriel. Cerró los ojos con fuerza, haciendo una mueca de dolor al sentir la intensidad del mismo. Al cabo de un rato, el viento amainó. Azriel logró abrir los ojos. Su otro yo había desaparecido. Su alucinación había desaparecido. El rostro de Azriel se ensombreció. Volvió a cerrar los ojos. Podría haberse quejado si no se hubiera dado cuenta de repente de que le goteaba la nariz. Levantó la mano para limpiársela. Entonces vio cómo la sangre le goteaba de la nariz. Azriel lo miró fijamente. Y guardó silencio. "Estás bastante lejos de la finca." Una nueva voz habló. A uno lo reconoció. Por un instante, Azriel se sintió perplejo y extrañamente aliviado, aunque solo fuera porque no era su propia voz. Giró la cabeza bruscamente hacia un lado. Alguien tan maltrecho como él se acercó, se sentó a su lado y contempló el paisaje que se extendía ante él. Azriel sonrió con sorna y volvió a dirigir la mirada hacia el horizonte. "...Y yo que pensaba que tenía un aspecto horrible, ¿eh, Lioren?" Lioren miró al frente en silencio por un momento. Luego exhaló. "...Bueno. He tenido una noche bastante movida."
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Estás leyendo el capítulo 436 de Camino del Extra (Novela), un novela. Tras un trágico accidente que se cobró la vida de sus padres y su hermana pequeña, Leo, con solo 17 años, se vio obligado a asumir todas las responsabilidades él solo. Por algún milagro, sobrevivió los últimos cuatro… Este capítulo tiene publicado el 6 de agosto de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Camino del Extra (Novela) tiene 452 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.