Leer Camino del Extra (Novela) Capítulo 422 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Quizás, tras verse finalmente en semejante estado de desorientación, cesó la risa.
Pero Azriel sentía la garganta como si estuviera en llamas, como si unas llamas lamieran las paredes de su tráquea.
Mientras los dos que tenía delante permanecían arrodillados en el suelo, aterrorizados, Azriel levantó lentamente ambas manos y las miró fijamente. Estaban cubiertas de tanta sangre que parecían pintadas de rojo. Pequeños fragmentos de lo que parecían vísceras, huesos y piel aún se aferraban a sus dedos.
Incluso para él era difícil describir sus emociones.
Su rostro reflejaba aún el proceso de asimilación, teñido de miedo y confusión, pero los dos humanos temblorosos que tenía delante parecieron confundir esa expresión con calma. Quizás, en efecto, era calma.
Azriel juntó las manos con un fuerte golpe, haciendo que ambos se estremecieran. Luego comenzó a golpear repetidamente, intentando sacudirse los repugnantes restos adheridos a su piel.
Eso también fue malinterpretado por los dos últimos supervivientes.
Finalmente, Azriel se apartó del trono de hielo y se puso de pie. Bajando la mirada, pasó con cuidado por encima de la duquesa muerta, que también yacía como una caballera en ruinas bajo él, y luego comenzó a caminar lentamente hacia ellos.
Sus pasos resonaron por todo el coliseo, repleto de muerte.
El sonido por sí solo hizo que ambos temblaran aún más.
Cuando Azriel finalmente se detuvo frente a ellos y bajó la mirada sin rastro de compasión, su vista se posó en el bolsillo rasgado de la ropa del príncipe Dorian. Algo cilíndrico sobresalía de él.
Un dispositivo.
Azriel lo reconoció de inmediato.
Más concretamente, parecía un dispositivo de comunicación.
'Tenemos un topo.'
La respuesta le llegó al instante.
«Caleus. Solo se sorprendió cuando le dije que habían secuestrado a Jazmín, pero no le importó en absoluto Celestina. Colaboró con el enemigo para matarla. Así es como Dorian esperaba que yo terminara aquí... y por eso creyó que podía cruzar esa vieja puerta...»
Azriel apenas se detuvo a pensar en ello. Su mente se sentía medio dormida, como si se moviera entre la niebla.
Frunció los labios, apretó los dientes y luego se agachó lentamente para mirarlos a los ojos.
—¿Qué viste? —preguntó.
"Ey."
De repente, Azriel extendió su mano derecha ensangrentada hacia ellos, y ambos se estremecieron al instante. Al oír el gemido del príncipe, Azriel chasqueó la lengua.
"Patético."
Escupió la palabra, luego extendió la mano y agarró al príncipe por la barbilla.
Obligando a Dorian a alzar la cara, Azriel habló con una voz baja y amenazante.
"Mírame."
Pero el príncipe se negó.
Azriel se tocó la mejilla suavemente.
Cada roce hacía que Dorian se estremeciera más que el anterior. Las lágrimas corrían por el rostro del príncipe, con los ojos fuertemente cerrados, mientras el caballero —Sir Évrard— se mordía el labio bajo el yelmo y dirigía una mirada desesperanzada e impotente hacia su amo.
"Oye. Oye, oye." La voz de Azriel seguía siendo inquietantemente suave. "Te pedí que me miraras, Dorian. Mírame. Mírame a los ojos."
Finalmente, el príncipe obedeció.
Abrió los ojos y miró a Azriel como si estuviera mirando al mismísimo diablo.
—¿Dónde está la mesa del comedor? —preguntó Azriel, intentando que su voz sonara lo más suave posible.
No cambió nada.
"¿Cena... mesa?"
La confusión apareció ahora en los ojos de Dorian, mezclada con el terror. Era evidente que no entendía lo que Azriel quería decir.
Azriel se dio cuenta.
Sus labios se apretaron.
Entonces volvió a preguntar.
"¿Qué viste?"
"Yo... lo siento..."
En lugar de responder a la pregunta, el príncipe se disculpó, como si estuviera demasiado asustado para contestarla.
Molesto, Azriel dirigió su mirada hacia el caballero, con la intención de preguntarle a él.
Pero en el instante siguiente, antes de que Azriel se diera cuenta de lo que estaba sucediendo, Sir Évrard se abalanzó sobre él.
Con la única mano que le quedaba, el caballero le propinó un puñetazo directo en el costado de la cara a Azriel.
El golpe dio en el blanco.
Azriel salió disparado a una velocidad aterradora, volando de regreso hacia el magnífico trono de hielo. Y en el breve instante antes de estrellarse contra él, alcanzó a vislumbrarlo en su totalidad.
Fue hermoso.
Majestuoso.
Era tan hermoso, de hecho, que no habría podido describirlo ni aunque lo hubiera intentado. Jamás, ni en sus sueños, habría imaginado esculpir algo así.
Entonces lo destrozó.
El hielo se hizo añicos a su alrededor mientras Azriel rebotaba y rodaba por el suelo, sobre sangre, vísceras y cuerpos destrozados.
"¡Mi príncipe! ¡Corre! ¡Rápido! ¡Lo detendré con mi vida!"
Azriel oyó la voz del caballero cuando finalmente se detuvo.
Su visión se nubló varias veces y no pudo encontrar el equilibrio para mantenerse en pie.
"Jejeje..."
Una pequeña risita involuntaria escapó de sus labios.
En ese instante, los ojos de Azriel se abrieron de par en par y cerró la boca de golpe.
Un escalofrío lo recorrió.
'¿Qué... me está pasando...?'
Azriel se puso de pie con un esfuerzo, pero accidentalmente se aplastó algún órgano bajo la bota. Hizo una mueca de dolor y retrocedió.
'No me siento bien... Me siento tan desconectado de la realidad... como si todo esto fuera un sueño...'
Quizás por eso aún no había vomitado. O tal vez porque esa constante oleada de placer que seguía recorriendo su cuerpo como una descarga eléctrica lo eclipsaba todo lo demás, incluso allí, en un coliseo rebosante de matanza.
Azriel levantó la vista.
Frente a él solo se encontraba el maltrecho caballero, tambaleándose en el sitio, aferrado a una espada medio rota e irreparable. Sin embargo, a pesar del estado de su cuerpo, sus ojos reflejaban la misma determinación de siempre mientras miraba a Azriel.
"Tú..." dijo con voz ronca desde detrás de su casco, apretando el agarre de la espada con el brazo que le quedaba.
"Tú, encarnación del mal... eres la personificación viviente de la malevolencia misma."
"..."
"Tú... tú eres simplemente..."
"Creo que el término que buscas es monstruo."
Azriel lo interrumpió y comenzó a caminar hacia él, con la mirada fija como la de un depredador sobre una presa indefensa.
La espada en la mano del caballero flaqueó. Intentó apretarla, intentó ocultar el terror que sentía.
A medida que Azriel se acercaba, el caballero tensó los músculos de su último brazo, preparándose para lanzar un ataque final.
—Soy un monstruo, ¿verdad? —preguntó Azriel—. Eso es lo que me dijo tu príncipe hace un momento... ¿Por qué? ¿Por qué me llamó monstruo?
A pesar de la amenaza que tenía delante, Azriel siguió caminando con calma hacia el caballero.
Por un instante, el caballero tuvo la sensación de que no estaba viendo nada en absoluto.
Entonces los recuerdos volvieron a su mente: imágenes de lo que había sucedido hacía apenas unos minutos. Sus dedos se aflojaron accidentalmente y la espada se le resbaló de la mano, golpeando el suelo con un fuerte estruendo.
El caballero retrocedió involuntariamente al ver acercarse Azriel.
Luego otro.
Luego otro.
Luego otro.
"A-ah... aaaah... no... ah, no..."
No fue más que un intento fallido de suplicar.
Parpadeó.
Azriel ya estaba parado justo frente a él.
Sus túnicas superiores se habían aflojado y finalmente se deslizaron hacia abajo, y cuando Azriel se miró a sí mismo, notó las largas grietas que le atravesaban el pecho, como si su cuerpo fuera una especie de piedra rota.
¿Qué he hecho...?
Azriel alzó la vista hacia el caballero, con la confusión reflejada en su rostro.
"¿Qué he hecho?"
Más sangre goteaba por el rostro de Azriel. Se sentía mareado, probablemente por la herida que el caballero le había infligido.
"Por favor..." susurró el caballero de repente.
Azriel frunció el ceño y acercó la cabeza.
"¿Qué?"
La voz del caballero se quebró al repetir lo que había dicho, temblando.
"Por favor... no me mates..."
Sorprendido por la súplica, Azriel lo miró fijamente. Luego extendió una mano.
El caballero lo vio e inmediatamente retrocedió, tropezando antes de desplomarse en el suelo.
¿Por qué le tiene tanto miedo a mis manos?
Pensando eso, Azriel bajó la mirada hacia el caballero, que sollozaba en silencio a sus pies, y preguntó:
"¿Por qué no le pides misericordia a tus dioses?"
"Yo..."
—¿Quién soy yo? —preguntó Azriel de repente.
"Yo... no lo sé..."
—¿No lo haces? —preguntó Azriel.
El caballero negó levemente con la cabeza y finalmente cerró los ojos con fuerza, incapaz de soportar mirar a Azriel por más tiempo.
"Yo también", dijo Azriel.
Miró a su alrededor una vez más, preocupado y confundido, como si buscara algo.
Entonces le preguntó al caballero:
"¿Has visto a alguna mujer por aquí?"
El caballero no respondió.
La sensación de su tacto... ese abrazo... esos labios contra su oído...
Azriel cerró los ojos, intentando recordar la sensación.
Pero no fue suficiente.
Quería volver a sentirla.
"...Qué extraño..."
Finalmente, Azriel volvió a mirar al caballero.
Una Aguíla del Desierto familiar apareció en su mano ensangrentada. La alzó y apuntó a la cabeza del caballero.
Entonces, con tono perplejo, dijo:
"Parece que soy un rey... o al menos, lo fui una vez."
El caballero volvió a abrir los ojos al oír esas palabras, y cuando vio la extraña pistola apuntándole, no se preguntó qué iba a suceder.
En cambio, pareció aceptarlo.
—No sé por qué, pero puedo decirte esto... —murmuró Azriel—. Yo también fui tu príncipe hace mucho tiempo.
El caballero ni siquiera se molestó en intentar comprender lo que Azriel estaba diciendo.
Simplemente parecía resignado.
"Bueno... supongo que tendré que suicidarme de nuevo."
Entonces Azriel apretó el gatillo.
Una bala blanca salió disparada del cañón de la Aguíla del Desierto y atravesó el casco de Sir Évrard, haciéndolo añicos y dejando al descubierto su piel bronceada y cubierta de sangre, así como sus ojos ya cerrados. La bala le atravesó la frente, salió por la nuca y se estrelló contra el suelo de piedra del coliseo.
Un chorro de sangre impactó en el rostro de Azriel.
El caballero permaneció sentado allí unos segundos más antes de finalmente desplomarse y caer al suelo. La familiar oleada de euforia apenas se registró al entrar en su cuerpo, ya ahogada por la abrumadora intensidad de lo que sentía.
Una vez más, Azriel miró a su alrededor.
Buscando...
Su.
"Despierta..." murmuró.
"Despierta..."
Sacudió la cabeza y luego dejó escapar una risa suave.
Después de eso, pasó por encima del cuerpo de Sir Évrard y caminó en la dirección en la que el príncipe había huido.
*
Dorian, corriendo por el laberinto del coliseo, avanzaba cojeando por los pasillos iluminados por antorchas plateadas que parpadeaban ominosamente. Al menos ahora estaban encendidas...
A diferencia de cuando estábamos en la arena.
Dónde...
Dónde-
"¡Arghhhhh!"
Un grito desgarrador brotó de la garganta de Dorian cuando el recuerdo de lo sucedido volvió con brutal claridad.
"Me equivoqué, me equivoqué, me equivoqué... ¿Por qué intenté contactarlo? ¿Por qué hice esto?"
Llorando, Dorian se tambaleó hacia adelante y luego se estrelló contra la pared del pasillo al intentar recuperar el equilibrio.
"Necesito escapar... necesito escapar... y... y yo... ¿qué hago...? No podemos ganar... no podemos ganar... nadie puede ganar... él... eso... es... ¡no es algo que debí haber buscado jamás...!"
Temblando tan violentamente que le castañeteaban los dientes, Dorian se desplomó al suelo y se abrazó las rodillas, enterrando el rostro contra ellas y apretando los ojos como si pudiera obligarse a olvidar.
"¡Doriaaaan!? ¡No puedes esconderte de mí, Doriaaaan!"
"..!"
Dorian levantó la cabeza de golpe en el instante en que escuchó esa voz.
"No... no..."
Mientras el dolor le recorría la cuenca vacía del ojo, Dorian se obligó a ponerse de pie, sollozando de agonía y desesperación mientras se arrastraba hacia adelante.
¡Dorian! ¡Me estás dejando un rastro de sangre! Estás herido, ¿verdad? No tiene sentido huir, Dorian. Solo... hablemos, ¿de acuerdo? Necesito hacerte algunas preguntas. Como... ¿has visto a una mujer en la arena?
Esa voz fuerte y macabra se clavó en el cráneo de Dorian, congelando la poca sangre que le quedaba en el cuerpo.
Aceleró.
Cojeando, tropezando, arrastrándose hacia adelante, Dorian intentaba desesperadamente aumentar la distancia que los separaba.
Entonces volvió a oír esa risa desde algún lugar muy lejos de él.
El fuego plateado parpadeaba.
Dorian tropezó con sus propios pies y cayó al suelo.
Sus uñas se clavaron dolorosamente en el suelo mientras se obligaba a incorporarse.
"No... necesito... ¡correr...! ¡Correr...! ¡Correr...!"
Si no lo hacía, entonces lo atraparía.
Él lo atraparía.
Lo atraparía igual que había atrapado a los otros treinta maestros en la arena.
Lo atraparía de la misma manera que los había atrapado a ellos.
Con sus manos.
"No puedo... no puedo dejar que me agarre... sus manos... manos... manos... manos... manos... manos... manos... manos... manos... manos... manos... manos... manos... manos... manos... manos..."
La palabra dio vueltas en su mente hasta que dejó de sonar como una palabra.
"Manos... manos... manos... manos... manos... manos... manos... manos... manos... manos... manos... manos... manos... manos... manos... manos... manos... manos... manos... manos... manos... manos... manos... manos... manos... manos... manos... manos... manos... manos... manos... manos. manos. manos. manos. manos. manos. manos. manos. manos. manos. manos. manos. manos. manos. manos. manos. manos. manos. manos. manos. manos. manos. manos. manos.."
De repente, Dorian se detuvo.
Bajó la mirada hacia sus propias manos temblorosas y dejó escapar un gemido quebrado de desesperación.
Sintió cómo la sangre le goteaba en las palmas de las manos.
Su visión se había vuelto borrosa, nublada.
Sentía como si su mente se estuviera desgarrando.
Él sintió—
Dolor.
La sangre que manchaba sus manos se oscureció.
Luego se oscureció aún más.
Pronto, la sangre roja que ya cubría su piel comenzó a mezclarse con algo negro que goteaba de él.
Unas venas oscuras comenzaron a extenderse lentamente por su piel.
"Yo... necesito deshacerme... de las manos..." murmuró con voz enloquecida e histérica, sonando completamente embriagado por el terror.
Entonces, el sonido de Dorian arrancándose las manos del cuerpo con los dientes resonó por el laberinto de aquel vasto coliseo.
Y eso también, por supuesto...
Lo escuchó.

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Camino del Extra (Novela)
Capítulo 423
Camino del Extra (Novela) Capítulo 422
Estás leyendo el capítulo 422 de Camino del Extra (Novela), un novela. Tras un trágico accidente que se cobró la vida de sus padres y su hermana pequeña, Leo, con solo 17 años, se vio obligado a asumir todas las responsabilidades él solo. Por algún milagro, sobrevivió los últimos cuatro… Este capítulo tiene publicado el 1 de agosto de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Camino del Extra (Novela) tiene 452 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.