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Leer Camino del Extra (Novela) Capítulo 421 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
El débil sonido de una risa maníaca —como la de un hombre ahogándose en su propia locura— hizo que Azriel volteara la vista hacia afuera. Miró a su alrededor con atención, pero no había nadie. "Despertar..." Frotándose las sienes, Azriel dejó escapar un suspiro cansado, temiendo en parte que su rostro se arrugara de tanto hacerlo. "Un escenario diseñado para destrozarme... Sé que Pollux quería destrozarme, ¿pero todos?" Entonces volvió a oír las risas. Azriel giró la cabeza bruscamente mientras volvía a escudriñar el coliseo. Una sensación nauseabunda le recorrió el estómago. Apretó la mandíbula y rechinó los dientes. Y entonces sus ojos se fijaron en algo a lo lejos. En el centro mismo del coliseo abandonado se alzaba una larga mesa. Y al final de esa mesa estaba sentada una persona. Azriel ya se dirigía hacia él antes de que la idea se hubiera asentado por completo. Entrecerrando los ojos, estudió la figura mientras se aproximaba. Era un hombre. Con los codos apoyados en la mesa y la barbilla sostenida por los dedos entrelazados, miró a Azriel con una sonrisa serena. Al acercarse Azriel, pudo distinguir mejor los rasgos del joven. Era guapo, con una belleza delicada, rizos castaños suaves y ojos azules brillantes. Cuando Azriel llegó al otro extremo de la mesa, se fijó en el mantel blanco que la cubría y en la abundancia de comida exquisita esparcida sobre su superficie. "Por favor, siéntese." El joven señaló el asiento junto a Azriel. Sin darle mucha importancia, Azriel se sentó frente a él, justo al otro lado de la mesa. "Eres verdaderamente inefable", dijo el joven. "Los registros indican que nadie ha logrado abrir esa puerta en los últimos mil años". Cruzando una pierna sobre la otra, Azriel se recostó y apoyó los brazos en los reposabrazos de la silla. Echó un vistazo al suntuoso banquete que tenía delante antes de volver a dirigir su mirada al joven. —¿Sabes quién soy? —preguntó el hombre con dulzura, luciendo una sonrisa tan cálida como la luz del sol. Azriel le devolvió la sonrisa. Era una sonrisa, pero apenas perceptible. Había algo ligeramente inquietante en ella. "Un hámster muerto." "..." "..." "Disculpe...?" La sonrisa del hombre desapareció por completo, reemplazada por una profunda confusión. Su expresión era tan desconcertada que Azriel casi repitió la pregunta para asegurarse de haber oído bien. "Tu nombre me recuerda a un hámster que conocí una vez." —¿Un hámster...? —preguntó el hombre con escepticismo. Azriel asintió. "Sí. Mi hermana pequeña tuvo un hámster. Se llamaba Dorian. Murió al cabo de un mes ahogándose en su propia comida." Entonces Azriel volvió a oír esa risa. Esta vez, vino por detrás de él. Así que no fue el príncipe. Aún sentado, Azriel se giró para mirar por encima del hombro, recorriendo con la mirada lo que había detrás de él y luego el coliseo. No vio a nadie. "Así que ya sabes quién soy...", dijo el príncipe de la Casa Aureliath, con voz aún respetuosa, mientras observaba a Azriel mirar a su alrededor. "¿Estás... buscando algo?" "¿Eh?" Azriel le devolvió la mirada, con esa expresión distante y ligeramente aturdida. Al mismo tiempo, un suave murmullo llegó a sus oídos; algo que podrían haber sido susurros, o tal vez solo el viento. No podía distinguirlo. —Tu broma fue divertida, la verdad. No te preocupes —dijo el príncipe con una leve y contenida sonrisa. "Una persona muy querida me puso mi nombre a una tortuga que tenía como mascota. Supongo que tengo uno de esos nombres que la gente suele ponerles a los animales." Una risa fingida escapó de los labios del príncipe. Azriel lo notó de inmediato. Entrecerró los ojos. ¿Está... asustado? El príncipe parecía extrañamente ansioso por complacerlo. «Yo también debo disculparme», continuó. «La señora Selene debió de ser bastante molesta, pero la he reprendido por sus errores. Por favor, perdónenla». Mientras hablaba, hizo un gesto hacia la silla que tenía a su derecha. Solo que esa silla estaba vacía. Por alguna razón, la visión de aquello dejó atónito a Azriel. Aquella extraña sensación de aturdimiento aún no lo había abandonado. Tampoco la extraña pesadez que se extendía por su pecho. El príncipe, cada vez más nervioso, apretó los labios varias veces antes de volver a hablar. "Tenemos mucho que discutir... Le pido disculpas una vez más, pero fue... difícil contactarlo. Así que aproveché la oportunidad que se me presentó." En el instante en que Azriel escuchó esas palabras, la risa resonó de nuevo desde algún lugar muy lejano detrás de él. Pero Azriel mantuvo la vista fija en el príncipe, obligándose a ignorar aquella risa demente y distante, de esas que le resultaban tan profundamente inapropiadas que le revolvían las entrañas de miedo. '...Necesito encontrar a Jazmín y a Celestina, y luego matarlo...' —También hay... algunas personas muy queridas para mí —dijo el príncipe con cuidado, eligiendo cada palabra como si temiera decir algo inapropiado—, a quienes has decidido no devolver. Azriel simplemente lo miró fijamente. Su rostro era completamente indescifrable. —Lia es tu hermana —dijo Azriel de repente. Los ojos del príncipe se abrieron de par en par. Apretó los labios. —Ahora lo entiendo —continuó Azriel. "Leonardo. Un ladrón de extraordinaria habilidad. Tan hábil que logró robar uno de los Trece Dientes al mismísimo rey, dentro de su palacio... y al final, murió dentro de este coliseo." Había algo en la calma de Azriel que inquietaba al príncipe. Azriel tamborileaba suavemente con los dedos sobre el reposabrazos, casi como si estuviera tocando un instrumento. Otra risa resonó a sus espaldas. El príncipe palideció aún más. —Lo que resulta mucho más creíble —dijo Azriel— es que tú, el príncipe de este reino, seas Leonardo. Hizo una pausa. "Y que todo aquello era una farsa." Sus dedos continuaron con su suave golpeteo. "Acercarse al príncipe abandonado, destinado a morir en este coliseo. Entregarle el Diente. Fingir tu muerte como el gran ladrón. Y dejarlo escapar... para que el rey actual jamás sospechara que sus dos hijos estaban confabulados." Por un momento, Dorian no dijo nada. Azriel no respondió nada, y ambos se limitaron a mirarse en silencio. Entonces, por fin, Dorian esbozó una sonrisa melancólica. "Así es... Leonardo. Ese es el nombre que me dio mi difunta madre. Y la marioneta, Leonardo, era la identidad que creé con mi [Habilidad Única] para poder acercarme a mi hermano sin despertar las sospechas del rey, incluso cuando él creía que el Diente ya había sido devuelto. También fue a través de esa marioneta que pude permanecer al lado de mi hermana pequeña." En el rostro de Azriel no había rastro de sorpresa mientras Dorian continuaba. "Pero ha llegado el momento. Necesito a mi hermano a mi lado, y necesito los Dientes. También deseo reunirme con mi hermana pequeña... siendo yo misma esta vez." —Estás planeando matar a tu propio rey —dijo Azriel con franqueza. Ante esto, el príncipe de este reino bajó la cabeza, apretando con fuerza los puños. "Ese hombre vil... no es digno de ser rey. Mató a mis padres. Ni siquiera sabía que mi hermana pequeña existía. Está consumido por su propia obsesión: por el amor y el odio por igual." Entonces Dorian miró a Azriel, respiró hondo, exhaló lentamente y bajó la mirada avergonzado. "Me disculpo por mi arrebato." "Para ser un príncipe, le pides muchas disculpas a un terrorista", dijo Azriel con calma. El príncipe lo miró y le dedicó una sonrisa cómplice. Entonces se oyó otra risa desde algún lugar detrás de ellos, y la sonrisa desapareció del rostro de Dorian al instante. —Lo sé —dijo en voz baja—. Sé que eras tú quien estaba dentro del Bosque de la Eternidad. Sé lo de Mio... y sé lo de... lo de ese lobo... Si su objetivo era provocar una reacción en Azriel, fracasó. Al menos en apariencia. Los ojos de Azriel permanecieron fijos en el príncipe, pero no por la razón que Dorian pensaba. Lo miraba con una intensidad completamente diferente. —Sé que no eres lo que los demás piensan que eres —continuó Dorian—. Sé lo poderosa que eres en realidad. Y lo siento. De verdad lo siento. De repente, el príncipe comenzó a respirar más rápido. Miró a Azriel con pánico, como si temiera algo invisible. Su rostro palideció e incluso sus ojos temblaron. "Pero no tenía otra opción. Necesito tu ayuda. Sé que mataste al Gran Maestro Maxime, a Lady Mio, y quizás incluso te deshiciste de ese lobo aterrador... tal vez incluso mataste a esa criatura también. Pero necesito matar al rey... y después de eso, necesito traicionar y matar al Líder Supremo... y convertirme en el nuevo rey." Tragó saliva con dificultad. "Un rey mejor." "..." Todo su cuerpo comenzó a temblar, como si el miedo lo estuviera aplastando. "Tengo veinte marionetas, cada una tan fuerte como un amo. Tengo dieciséis amos de verdad bajo mi mando, sin contarme a mí mismo. Tengo a todo el ejército revolucionario. Y más allá de eso, tengo a las Sombras del Sol de mi lado; una de ellas es la duquesa Selene, aquí bajo el nombre de Dama Selene. Y aun así, sé que no será suficiente..." Su voz flaqueó. "Esos dos hermanos son unos monstruos. Por eso necesito la ayuda del Credo Inverso, y más concretamente... necesito tu ayuda..." "Tú eres yo." Azriel lo interrumpió. Enseguida, volvieron las risas. "Jajajajaja—" Sonó desde algún lugar detrás de ellos, y luego se desvaneció con la misma rapidez. "...¿Qué?" El príncipe parecía a punto de vomitar por la tensión en sus nervios. Mientras tanto, Azriel permanecía tan tranquilo como el hielo. "Tú eres yo." "¿Qué... qué quieres decir con eso...?" «Tú eres yo. No similar a mí. No alguien como yo». La voz de Azriel permaneció tranquila y firme. «Solo yo, de otro mundo. En este mundo... soy tú». En los ojos de Azriel apareció una mirada de pura fascinación, mezclada con una comprensión incipiente. "¿Cómo es posible...?" "Yo... no entiendo de qué estás hablando...." "Yo soy tú... y tú eres yo..." "..." "Tienes mi alma." "...!" Dorian apartó la silla bruscamente y se puso de pie con dificultad, aumentando aún más la distancia entre ellos. "¿Nosotros... compartimos la misma alma...?" Azriel ladeó la cabeza, con una expresión de confusión y profunda inquietud. Las risas volvieron, pero esta vez no se desvanecieron. Continuó. Creció. "Puaj..." Azriel se agarró la cabeza con una mano mientras un zumbido ensordecedor inundaba sus oídos, solo para ser engullido por esa risa demente. "Despertar..." '¿Despertar?' Tenía la sensación de que Azriel había escuchado esas palabras hacía poco tiempo. Entonces, sin previo aviso, sintió el delicado peso de dos manos delgadas posarse sobre sus hombros desde atrás. Su tacto era increíblemente suave, casi etéreo, deteniéndose un instante antes de deslizarse lentamente, con una caricia pausada, por sus brazos. Cada roce de sus dedos parecía despertar algo inquieto bajo su piel. Entonces, con una ternura que resultaba a la vez peligrosa y divina, esos brazos sedosos rodearon su pecho y atrajeron a Azriel en un abrazo tan delicado que casi lo desmoronó. Sus ojos se cerraron lentamente. Una calidez intensa y embriagadora lo inundó, disipando toda tensión en su cuerpo. No solo lo rozó, sino que lo envolvió, reconfortante, posesiva, de una intimidad conmovedora. Y antes de que Azriel pudiera controlarse, se encontró reclinado en sus brazos, rindiéndose al exquisito consuelo de su tacto. Su. ¿Quién era ella? ¿Qué... estaba haciendo? Las preguntas flotaban en su mente como la niebla, distantes e insustanciales, porque en ese momento ella se sentía menos como una persona y más como una aparición febril: algo tierno, algo peligroso, algo... que no debería existir. Entonces sintió el leve y devastador roce de sus labios contra el borde de su oreja derecha. "Despierta..." Como si un hechizo lo hubiera hechizado, la risa enloquecedora se desvaneció por un instante. Un temblor recorrió Azriel. Contuvo la respiración, para luego escaparse en un susurro entrecortado, y su oreja se estremeció ante el delicado contacto. Su pulso se aceleró ahora por una razón completamente distinta al miedo: algo más oscuro, más suave, mucho más devastador. El calor se extendió por él en oleadas silenciosas mientras sus labios permanecían allí, rozando su piel con una lentitud enloquecedora que resultaba casi reverente. Cuando finalmente habló, su voz se desplegó junto a su oído en un murmullo bajo y aterciopelado: suave, sensual y de una belleza etérea, como el susurro de una diosa en la oscuridad de la noche. "Mi rey..." susurró. "Extra... despierta..." "¡!" Los ojos de Azriel se abrieron de par en par, todo lo que pudieron. "Jaja La risa volvió. La respiración de Azriel se volvió entrecortada, demasiado rápida para que pudiera controlarla. ¿Qué... acaba de pasar...? "Jaja ¡¿Qué acaba de pasar?! "Jaja Sintiéndose desconectado de todo, Azriel solo podía mirar a su alrededor en medio de las risas interminables. Y había algo más. Algo completamente nuevo. Algo espantoso. Azriel estaba sentado sobre un trono de hielo. Sus pies descansaban sobre la espalda de un caballero con armadura blanca que le resultaba familiar. Solo ahora esa armadura estaba arruinada, hecha pedazos y empapada en sangre, dejando al descubierto el cabello castaño y ensangrentado de Dame Selene y la herida que le cruzaba la cara mientras yacía allí muerta. Azriel bajó la mirada hacia su propia mano derecha. En ella, sostenía un hígado, húmedo y resbaladizo, en la palma de su mano. "Jaja Su mirada recorrió rápidamente el coliseo. Cuerpos. Cuerpos por todas partes. Los caballeros yacían esparcidos por la arena abandonada, con las extremidades destrozadas y la sangre salpicada sobre piedras y pilares. Algunos cadáveres habían sido lanzados tan lejos que parecía que algo inhumano los hubiera arrojado. Algunos restos estaban pegados a las paredes. Otros se encontraban en lo alto, cerca del techo apenas visible, mientras lentas gotas de sangre caían desde la oscuridad. Tenía la boca medio abierta. Sintió algo cálido que le corría por el labio superior. Lentamente, levantó la mano libre y se tocó la cara. Sangre. La sangre goteaba de su cabello. Por su rostro. De sus vestiduras. El hígado se le resbaló de los dedos y cayó sobre la pierna de Dame Selene, donde ya reposaba un ojo. Ambos chocaron antes de que el hígado cayera al suelo con un sonido repugnante, y el ojo rebotó una vez antes de rodar. 'No... no... ¿dónde... dónde está la mesa...? ¿La comida...?' No había mesa. Ni sillas. En cambio, ante él se encontraban el príncipe Dorian y otro caballero blanco, ambos con aspecto de estar medio muertos y empapados en sangre. El caballero había perdido un brazo; el hombro estaba destrozado, casi irreconocible, y la sangre seguía brotando de la herida. Dorian se cubría el ojo derecho con una mano, con el rostro pálido bajo la sangre que lo manchaba, el terror reflejado en cada rasgo de su rostro. Al menos estaban vivos. Pero no parecía que la misericordia los hubiera perdonado. Miraron a Azriel con un miedo absoluto y devastador. "M-monstruo..." susurró el príncipe con voz quebrada. "Señor Évrard... tenemos que escapar antes de que este monstruo nos mate..." Azriel los miró. En el instante en que lo hizo, ambos se quedaron paralizados, sus cuerpos rígidos mientras el horror se apoderaba de sus rostros. ¿Por qué me llamas monstruo...? "Jaja ¿Qué he hecho...? "Jaja ¿Quién hizo esto...? "Jaja 'Yo no hice esto...' "Jaja Por qué... ¿Por qué Azriel sentía tal euforia recorriendo cada vena de su cuerpo a pesar de la carnicería que tenía ante sí, a pesar del hedor nauseabundo de la sangre y el calor nauseabundo de las entrañas derramadas que llenaban el coliseo? 'No... yo... yo los maté a todos...?' Él reconoció ese sentimiento. Esa euforia delirante, embriagadora y placentera. Había pasado mucho tiempo, pero él lo sabía. Lo sabía demasiado bien. Azriel, queriendo negarlo con todas sus fuerzas, intentó hablar, pero esa risa seguía interrumpiéndolo todo. Apretó los dientes. El príncipe se estremeció. Y entonces Azriel también se estremeció. Miró aquellos ojos azules y vio su propio reflejo. "Jaja Entonces Azriel comprendió el origen de aquella risa. ...Era él.
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Camino del Extra (Novela) Capítulo 421

Estás leyendo el capítulo 421 de Camino del Extra (Novela), un novela. Tras un trágico accidente que se cobró la vida de sus padres y su hermana pequeña, Leo, con solo 17 años, se vio obligado a asumir todas las responsabilidades él solo. Por algún milagro, sobrevivió los últimos cuatro… Este capítulo tiene publicado el 1 de agosto de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Camino del Extra (Novela) tiene 452 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.