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Leer Camino del Extra (Novela) Capítulo 398 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
[Nota del autor: Este capítulo contiene descripciones y referencias a abuso infantil, manipulación emocional y suicidio. También incluye escenas de sufrimiento físico y conversaciones sobre traumas. Estos temas se abordan como parte del desarrollo psicológico de los personajes y de la narrativa en curso, pero pueden resultar perturbadores para algunos lectores. Si eres sensible a estos temas o te resultan personalmente impactantes, considera tomar descansos durante la lectura. Tu bienestar es lo primero.] * * * "¡Ghk—ahh—!" "¡Ngh—kgh!" "¡Huurgh—!" "¡Ja... ja... ja...!" A Leo le costaba regular su respiración. Luchaba por evitar que el ácido estomacal le subiera de nuevo por la garganta; la tenía tan irritada que la sentía en carne viva. "¡U-uhk—!" Apoyando las manos en el borde del inodoro, vomitó de nuevo. El ardor se intensificó a medida que el ácido subía por su esófago y salía por su boca. Como mínimo, después de unas cuantas arcadas secas más —su cuerpo seguía intentándolo incluso cuando ya no quedaba nada— pudo darse cuenta de que ese era el final. Leo se desplomó hacia atrás, cayendo al suelo, y se apoyó contra la puerta del cubículo. Solo entonces pudo respirar con normalidad. 'Ah... me siento tan mareada...' Sus ojos vagaron sin rumbo por el estrecho puesto. ¿Dónde está mi mascarilla...? 'Debo haberlo dejado caer en algún lugar del pasillo. Lo encontraré pronto.' Al fin y al cabo, lo había alquilado. Dañarlo sería un problema. Y luego, cuando Leo bajó la mirada hacia su muñeca, su mirada, ya de por sí apagada, se volvió aún más apagada. 'Debería pedir vendas en la enfermería. No era una herida lo suficientemente profunda como para necesitar puntos...' Pero su traje estaba manchado. Desgarrado. Marcado con sangre. Leo dejó escapar un pequeño suspiro. —Primero debería encontrar la máscara —dijo con una voz pequeña y ronca. Si la máscara no estuviera dañada, tal vez no tendría que pagar demasiado. Aun así, disculparse sería un fastidio. "La mascarilla está bien." Una voz provino del otro lado de la puerta del cubículo. Los ojos de Leo se abrieron un poco. "Nathan..." susurró, demasiado agotado incluso para alzar la voz. "¿Cuánto tiempo llevas aquí?" "Diez minutos. Más o menos." Otro suspiro rasposo, agrio y ardiente, escapó de la garganta de Leo. "Veo." —Quería almorzar contigo —dijo Nathan—. Entonces me encontré con Lia en el pasillo. Me señaló adónde habías ido con tu madre, y entonces yo... Nathan se quedó en silencio. El rostro de Leo se ensombreció. "Lo viste, ¿verdad?" "...Sí", respondió Nathan, con la misma voz baja. Probablemente estaba apoyado contra la puerta igual que Leo. No tenían que preocuparse de que entrara nadie; este baño estaba lejos de las aulas y de los eventos del festival. Casi nadie lo usaba. Probablemente por eso estaba tan limpio. El silencio se instaló entre ellos. Ninguno de los dos sabía qué decir. Nathan habló primero. "¿Cómo está la herida?" Leo volvió a mirar su muñeca. "El sangrado cesó..." —No derramaste nada en el pasillo —dijo Nathan—. Pero sí que había algo en el suelo aquí dentro. Ya lo limpié, así que no te preocupes. "...Gracias", murmuró Leo, aún sin aliento. Entonces el tono de Nathan cambió: se volvió más firme, pero controlado. Lo que más sorprendió a Leo fue la calma con la que sonaba. "Corríjanme si me equivoco, pero..." Nathan hizo una pausa. "No es la primera vez que te enfrentas a algo así, ¿verdad?" "..." El silencio de Leo fue respuesta suficiente. Nathan soltó una risita baja que no denotaba diversión en absoluto. "Siempre te enfermabas fácilmente cuando te sentías agobiado o perdido", dijo. "Como aquella vez que rompiste sin querer el retrato de tu madre mientras jugábamos a las escondidas en casa..." "..." "No quiero parecer estúpida... pero te das cuenta de que lo que hizo es abuso, ¿verdad?" Leo abrió la boca de inmediato, pero lo que quería decir se le atascó en la garganta. Solo apretó los labios y bajó la mirada. Acercando las rodillas, apoyó la cabeza sobre ellas. "...Probablemente esté estresada por algo", dijo Leo en voz baja. "No lo hizo a propósito..." —¿No lo hizo a propósito? —repitió Nathan, paralizado por la sorpresa. "Tú... estás bromeando, ¿verdad?" Su voz tembló ligeramente. Leo lo notó, pero no respondió. Un largo suspiro provino del otro lado de la puerta, como si Nathan estuviera esforzándose por mantener la calma. "Ahora que lo pienso...", dijo Nathan lentamente, "el año pasado te enfermaste mucho durante las vacaciones de invierno. No fuiste la única. Lia también estuvo enferma, ¿verdad?" Leo cerró los ojos con fuerza. "No pude verte porque tenías mucha fiebre, pero mi madre iba casi todos los días. No paraba de decir que te estaba cuidando a ti, no a Lia." La voz de Nathan se suavizó, pensativa, amarga. En aquel entonces, tenía sentido. Tu padre estaba de viaje de negocios y debió ser muy estresante para tu madre. Así que mi madre te ayudó, cuidándote mientras tu madre cuidaba de Lia. Pero... nunca se quedó en tu casa. Aunque nuestras familias eran lo suficientemente cercanas como para que nos quedáramos a dormir. Aunque hemos viajado juntas. "..." Leo permaneció en silencio. Nathan siguió adelante. Recuerdo lo indefensa que se veía mi madre cuando llegaba a casa. Y cada día, cuando le preguntaba cómo estabas, se veía peor. En ese momento no le di mucha importancia, porque cuando por fin te recuperaste, actuaste como si nada hubiera pasado. Como si estuvieras perfectamente bien de nuevo. Se le cortó la respiración. Leo casi podía oír cómo rechinaba los dientes, intentando mantener la voz firme. "La verdad es que Lia era la que estaba realmente enferma. Y eso debió de estresar muchísimo a tu madre... te usó como una forma de sobrellevar la situación, ¿no?" "..." "¿No vas a negar semejante acusación descabellada?" "..." —Oye… —la voz de Nathan se tensó—. Di algo. Insúltame, compórtate con arrogancia… haz algo en vez de quedarte ahí sentado así. Es patético. "..." Leo sintió que Nathan golpeaba suavemente la puerta del cubículo con frustración. Se abrazó las rodillas con más fuerza. "Vamos a contárselo a mi mamá." "No." Leo respondió de inmediato, por fin. Desesperadamente. "No le cuentes esto... por favor." "...¿Por qué? Ella te ayudó la última vez. Esta vez..." "No." "¡¿POR QUÉ?!" "..!" Leo se sobresaltó ante el repentino grito de Nathan desde el otro lado. "...Lo siento", dijo Nathan inmediatamente después, mientras la ira se transformaba en una profunda tristeza. "Es que... ¿por qué no pides ayuda? No te entiendo. No entiendo por qué mi madre no ha hecho nada, como ir a la policía o..." Leo volvió a sentirse mal. No quería contarle a Nathan por qué Sarah nunca había hecho nada, por mucho que ella lo hubiera deseado. "...¿Y por qué sigues queriendo su amor? No lo entiendo. No sabía nada de esto, pero aun así podía ver cómo te trataba en comparación con Lia. Incluso cuando éramos más jóvenes, no era así contigo. Leo, aunque sea tu madre..." "Ella no es mi madre." "..." "..." "...¿Qué?" La voz de Nathan denotaba una total perplejidad. "Oye, Leo, ¿qué demonios quieres decir con que ella no es tu madre?" Leo suspiró. Tenía la garganta seca. El ardor había disminuido, pero aún deseaba tener agua. Al hablar, su voz salió ronca. "Jeanne Karumi no es mi madre biológica." "¿Eh?" Esta vez Leo no pudo evitar la leve curva de sus labios. —¿C-cómo es posible? —tartamudeó Nathan—. ¿Quieres decir que eres adoptado? Pero... ¿eh? Tienes sus ojos, y... y tú y Lia... "Porque seguimos siendo parientes de sangre", dijo Leo. "Aunque ella no me haya dado a luz". Nathan guardó silencio por un instante. "Te refieres a..." Leo tarareó. "Su hermana. Cassie Karumi es mi madre biológica." "De ninguna manera..." —Sí —dijo Leo—. Se quedó embarazada de mí en su último año de instituto. "Pero... ¿pero no...?" "¿Suicidarse?" "..." —Sí —dijo Leo secamente—. Fue justo cuando iba a ingresar en una prestigiosa universidad para estudiar medicina. El hombre —mi padre biológico— tuvo un accidente de coche. No sobrevivió. La voz de Leo no vaciló. "Y después de eso... no lo sé. Quizás simplemente dejó de importarle todo. Quizás ni siquiera le importaba alguien como yo. Se ahorcó." "Eso..." comenzó Nathan. Lo peor, al menos según su "madre", Jeanne Karumi, era que su padre biológico había estado comprando cosas para cuando Leo naciera, aunque la fecha prevista aún estaba muy lejana. Estaba así de emocionado y nervioso. "Mi padre fue probablemente lo único bueno que le pasó en la vida", continuó Leo. "Su pérdida debió de ser la gota que colmó el vaso". Su respiración se ralentizó. —Supongo que tuve suerte. Me salvaron con una cesárea de urgencia. —Hizo una pausa—. Y luego me adoptó su hermana. La mujer a la que llamas mi madre. Nathan volvió a guardar silencio, como si intentara encontrar las palabras adecuadas sin éxito. "Yo... estoy seguro..." comenzó, y luego se detuvo. Probablemente buscaba consuelo. Probablemente era algo que se dio cuenta de que no podía decir. Entonces su voz se endureció. "...Si ella no es tu verdadera madre, ¿acaso eso no es motivo suficiente para dejar de defenderla?" "Puede que no sea mi madre biológica", dijo Leo en voz baja, "pero sigue siendo mi madre". —Una madre no sometería a su hijo a esto —respondió Nathan, con un tono más firme y frío de lo que Leo esperaba. Leo se removió inquieto, mirando fijamente la puerta del cubículo. —Deja de defenderla —dijo Nathan de nuevo. "No puedo." "¿Por qué?" "Porque..." Leo no terminó. ¿Adónde más podría ir alguien como yo? No lo dijo en voz alta, pero Nathan pareció entenderlo de todos modos. —Puedes quedarte conmigo —dijo Nathan rápidamente—. Estoy seguro de que a mamá y papá les encantaría tenerte... "Sabes que eso no es posible." "¿Por qué?" "Déjalo ir." "¿Cómo puedo?" "No le cuentes a nadie lo que te dije." "Sabes que jamás lo haría." "..." "No voy a rendirme", dijo Nathan. "..." "Voy a salvarte." Leo soltó una pequeña risa. "¡No estoy bromeando!" "...De acuerdo", respondió Leo en voz baja, aunque una sonrisa aún asomaba en sus labios. "Sobre el vestuario—" —No te preocupes —interrumpió Nathan—. Mañana iremos a disculparnos juntos. "...Gracias." —Ahora vayamos a la enfermería a curarte la herida —dijo Nathan con voz firme, sin dar lugar a réplica—. Y... dejemos de lado el festival deportivo y el resto del día. Iremos a comer algo. "¿No te meterás en problemas con tu clase?" "Se las arreglarán sin mí." "...Gracias", dijo Leo de nuevo. "Vamos." Leo se puso de pie. Tras una breve vacilación, abrió la puerta del cubículo. Nathan estaba allí, esperando, con una expresión de alivio en el rostro. Su mirada se posó inmediatamente en la muñeca de Leo, en la sangre seca. Leo vio cómo Nathan apretaba la mandíbula antes de obligarse a sí mismo a relajarse. "Probablemente la enfermera no esté allí", dijo Nathan, "pero sé dónde guarda el botiquín de primeros auxilios". "¿De verdad?" Leo arqueó las cejas. Nathan asintió con aire de suficiencia. Leo vio en su mano la máscara de payaso. "No te imaginas la cantidad de veces que me he caído de bruces o me ha golpeado una pelota durante los entrenamientos." "Eres un idiota." —¡Oye! —protestó Nathan—. Solo me sangró la nariz dos veces el mes pasado. ¡He mejorado muchísimo, ¿sabes?! —Claro —dijo Leo, poniendo los ojos en blanco. Salieron juntos del baño. Cuando llegaron a la enfermería, Nathan tenía razón: la enfermera no estaba. Nathan insistió en curarse la herida él mismo, y Leo, a regañadientes, se lo permitió, aunque sabía cómo hacerlo. Después de eso, salieron sigilosamente de la escuela sin que nadie se diera cuenta y fueron a buscar algo para comer. ...los dos no volvieron a dejarse ver hasta el último día del festival escolar.
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Camino del Extra (Novela) Capítulo 398

Estás leyendo el capítulo 398 de Camino del Extra (Novela), un novela. Tras un trágico accidente que se cobró la vida de sus padres y su hermana pequeña, Leo, con solo 17 años, se vio obligado a asumir todas las responsabilidades él solo. Por algún milagro, sobrevivió los últimos cuatro… Este capítulo tiene publicado el 20 de abril de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Camino del Extra (Novela) tiene 452 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.