Leer Camino del Extra (Novela) Capítulo 396 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
¿Por qué cada vez que Leo iba al centro comercial con esa chica, se topaba con alguien a quien prefería no ver?
¿Estaba maldito?
Leo no era de los que creían en ese tipo de cosas, pero Lea le estaba haciendo cada vez más difícil no hacerlo.
Sobre todo porque ahora estaba sentado en el mismo café que la última vez, cuando habían estado él, Lea, Lia y su madre.
Solo que esta vez, eran Leo, Lea y Sarah, la madre de Nathan.
Leo y Lea se sentaron uno al lado del otro, mientras que Sarah se sentó frente a ellos.
Tras encontrarse con ella cerca de los probadores, el pequeño desfile de moda de Lea llegó a un abrupto final. Al parecer, la madre de Nathan también había estado allí para probarse ropa. Pero en cuanto los vio juntos, les preguntó si querían ir a comer algo.
Leo se habría opuesto al principio, pero Lea, que iba a conocer a la madre de Nathan por primera vez y aún estaba eufórica, quería ir. Así que, una vez más, Leo accedió a regañadientes.
Y antes de que Leo pudiera siquiera recuperarse de aquello, Lea se acercó al mostrador y compró toda la ropa que se había probado delante de él. A Leo le pareció excesivo, pero claro, las chicas solían tener armarios más grandes que los chicos, al menos por lo que él había visto.
El personal incluso le permitió probarse uno de los nuevos conjuntos al salir de la tienda. Tras usar el probador por última vez, salió con el primer vestido que le había enseñado: el blanco veraniego. Leo y Sarah esperaron mientras se cambiaba.
Le ofrecieron a Sarah que siguiera de compras, ya que Leo y Lea aún tenían que recoger sus disfraces, pero ella dijo que no había problema y los acompañó de todos modos, muy contenta.
Lo más gracioso fue que Leo y Lea ni siquiera tuvieron que elegir sus disfraces. Al parecer, Nathan había llamado a la tienda ese mismo día y les había dicho exactamente qué preparar, así que pudieron recogerlo todo de inmediato.
Como era de esperar, Lea tenía preparado un disfraz de sirvienta.
Y Leo... llevaba un disfraz de payaso espeluznante.
Le molestó que Nathan hubiera elegido por él sin preguntarle, pero la idea de asustar a Dave con ello atenuó su irritación.
Y ahora estaban allí, sentados en el café.
"Leo. Leo." Lea se inclinó y le dio un codazo en el costado, susurrando mientras miraba a Sarah, quien les sonreía amablemente. "¿Qué demonios? Nathan nunca me dijo que su madre era tan guapa. ¿Cómo puede ser tan hermosa? ¡Creo que ni siquiera lleva maquillaje!"
El ojo de Leo se contrajo.
—No te dejes engañar —murmuró, mirando a Sarah como si fuera una villana disfrazada—. Detrás de esa sonrisa se esconde un demonio sádico que disfruta torturando a los demás.
"¡L-Leo!" Lea lo miró horrorizada.
Pero a pesar de la sorpresa de Lea al ver cómo le hablaba a una adulta, Sarah solo se rió, con calidez y sin inmutarse.
"No pasa nada", dijo. "Ya estoy acostumbrada".
"S-sí..." murmuró Lea, aún aturdida.
Claro que sabía que Leo podía ser grosero. Lo había visto muchas veces. Pero también había aprendido que a menudo no lo decía en serio, no del todo. Sobre todo con la gente cercana a él. Con sus padres era cuidadoso. Con Nathan, solía parecer una broma.
Pero con la madre de Nathan...
Lea se dio cuenta de que Leo hablaba en serio.
—Debo decir —continuó Sarah, sonriendo a Lea— que Nathan me ha hablado mucho de ti. Eres realmente muy guapa.
"Qué... eh... g-gracias..." dijo Lea, sonrojándose al instante. Bajó la mirada.
—No, en serio —dijo Sarah con un tono ligero—. Mi hijo no para de hablar maravillas del presidente del consejo estudiantil. Ya entiendo por qué.
—Sí... gracias por decir cosas tan amables —dijo Lea con voz baja.
—Oh, de nada —respondió Sarah, esbozando una sonrisa que dejaba ver sus dientes, una sonrisa que, para Leo, parecía más bien la de un depredador disfrutando de su presa.
"Sin embargo...", añadió Sarah.
Y ahí estaba.
"Por lo que me ha contado, eres amable con todos los que te rodean", dijo con dulzura, "pero siempre decías que no cuando mi hijo, o cualquier otra persona, te invitaba a salir".
"Ah, bueno..."
Entonces Sarah se llevó una mano a la mejilla, apartó la cara y se cubrió los ojos como si estuviera ocultando lágrimas.
«Claramente mi hijo mentía porque estaba avergonzado», dijo con tristeza. «Me disculpo por él. Y por su comportamiento, que imagino que a veces puede resultar... desagradable».
Lea entró en pánico al instante. Ver a la madre de alguien a quien conocía tan bien inclinar la cabeza de esa manera la puso extremadamente nerviosa.
—¡P-por favor, levanta la cabeza! —exclamó Lea—. ¡N-Nathan no ha dado ningún problema! Claro, a veces es un poco tonto, irresponsable y algo adicto a sus aficiones, p-pero es muy responsable. Es sensato y consigue lo que se propone.
"Ya veo..." murmuró Sarah.
Pero en lugar de mostrarse aliviada, suspiró con aún más solemnidad.
—Entonces —dijo en voz baja—, eso debe significar que solo Leo logró cumplir con tus expectativas como amigo... y no mi preciado hijo.
—¡¿Qué?! ¡No! ¡Eso no es lo que quise decir! —protestó Lea.
Avergonzada, Lea bajó la mirada y habló en voz baja.
"Nathan también es un querido amigo mío... es solo que..."
Pero Sarah, de repente, soltó una carcajada.
"¡Jajajajaja! ¡De verdad... jajaja... eres adorable! ¡Jajajaja!"
Lea parpadeó y luego miró a Leo con impotencia, rogándole en silencio que hiciera algo.
Leo solo la miró con una expresión que decía claramente:
Te lo advertí.
Decidido a salvar a Lea de más torturas, Leo suspiró y habló.
—¿No eres un poco mayor para hacer este tipo de cosas? —preguntó—. Quizás deberías buscarte otro pasatiempo. He oído que tejer es bueno para las personas mayores.
Inmediatamente, tanto Lea como Sarah se quedaron paralizadas.
Entonces Sarah se volvió hacia Leo con una mirada ofendida y espetó:
"¡No soy viejo! ¡Todavía estoy en la treintena!"
"Treinta y tantos", corrigió Leo sin dudarlo.
El ojo de Sarah se contrajo.
"Tú y tu boca... ¿Cómo es posible que una chica tan linda quiera salir contigo? ¿La engañaste?"
"Aquí el único que sabe engañar a la gente eres tú", replicó Leo, "con tu afición a sacarlos de quicio".
"¡Ah! ¡Hablando de aficiones!" Sarah dio un giro de 180 grados. Su expresión se iluminó y le puso el teléfono delante a Leo, inclinándose sobre la mesa con entusiasmo.
"¡Mira lo que Nathan pintó para mí ayer! ¿No es precioso?"
Molesto, Leo se inclinó aún más, y su mirada se suavizó en el momento en que vio la pantalla.
"No está mal", admitió.
A Leo siempre le habían gustado las pinturas de Nathan. Eran estéticamente agradables, y Nathan tenía un verdadero talento para todo lo artístico. Para Leo, en cambio, el arte era probablemente su punto débil.
Lea, tan curiosa que no podía quedarse quieta, se inclinó para echar un vistazo a la pantalla también. Sus ojos se abrieron de par en par.
—Oh —susurró, genuinamente sorprendida—. Nathan siempre decía que pintaba cuando podía... pero nunca imaginé que fuera tan bueno...
La pintura era sencilla, pero impactante.
Un manzano se erguía en plena floración, con las ramas dobladas bajo el peso de sus blancas flores. Los pétalos se aferraban a la hierba y a las mangas, tiñendo el suelo bajo el árbol de un tono pálido y moteado, como si hubiera sido cubierto de nieve. Bajo la copa, una figura solitaria se alzaba, casi engullida por el blanco. La tela oscura de su ropa absorbía la luz, diferenciándola del brillo que la rodeaba.
Ni Leo ni Lea pudieron distinguir si la figura era un hombre o una mujer. Su rostro estaba oculto.
Por alguna razón, Leo no podía dejar de mirarlos. Había algo en ello que le resultaba... extraño.
Satisfecha con su reacción, Sarah se recostó y asintió repetidamente, con el orgullo reflejado en su rostro. Luego miró a Leo con una expresión de suficiencia, que él, por supuesto, notó, pero que sabiamente ignoró con Lea sentada allí.
Lea se inclinó hacia el oído de Leo y susurró:
"Ejem... la madre de Nathan es sin duda algo especial."
—Confía en mí —murmuró Leo.
"No te imaginas ni la mitad."
"C-claro..." murmuró Lea.
Aun así, se notaba que Leo y Sarah eran muy unidos, como una familia, incluso sin compartir lazos de sangre. Era evidente. Las palabras de Leo eran groseras, pero no había ni rastro de odio en su mirada.
Por un breve instante, Lea se sintió cohibida.
De todas las personas en la vida de Leo, ella era probablemente la menos importante. Sin duda, tenía una relación más cercana con los demás que con ella.
Y por alguna razón... eso le molestaba.
La sensación se desvaneció cuando Sarah, de repente, extendió dos billetes delante de Lea.
—Cariño —dijo Sarah dulcemente—, ¿me podrías traer dos bebidas? Cualquier cosa que me recomiendes me sirve. Tengo la garganta seca desde temprano por la mañana con este calor y no he bebido nada.
"¡P-por supuesto!"
Lea tomó el dinero. Leo se levantó y se hizo a un lado para dejarle espacio, y Lea le dio las gracias antes de marcharse apresuradamente.
Leo volvió a sentarse con un suspiro silencioso. Sarah soltó una risita, con expresión divertida.
"Es una niña amable e inteligente."
Leo miró a Sarah y luego asintió.
"Lo es. Aunque a veces puede ser un poco ingenua en ciertos aspectos."
Al decirlo, le dirigió a Sarah una mirada de desprecio. Sarah solo soltó una risita.
"Pero debo decir", añadió Sarah, "que estoy un poco sorprendida contigo".
—¿Yo? —preguntó Leo, de repente incómodo ante la calidez de su mirada, suave y maternal, como si estuviera mirando a su propio hijo.
—Sí. ¿No eres el capitán del comité del festival? —La sonrisa de Sarah no se desvaneció—. Decidiste ayudar a tu escuela esta vez, y estás con alguien que no es Nathan.
"Bueno... sí, supongo", dijo Leo, aún sin estar seguro de adónde iba.
Sarah ladeó la cabeza.
¿No es esta la primera vez que haces algo importante sin pensar primero en los deseos de tu madre? Ella no te pidió que hicieras todo esto, ¿verdad? Tomaste la iniciativa porque quisiste. Y nunca antes habías hecho algo así, al menos no a esta escala.
"—!"
Sintió como si le hubiera atropellado un camión.
Sarah soltó una carcajada. "¡Jajajaja! Ni siquiera te habías dado cuenta, ¿verdad? Siempre eres tan gracioso, Leo. ¡Es adorable!"
Ignorando que sus burlas no coincidían del todo con su expresión facial, Leo bajó la mirada, pellizcándose la barbilla.
'Ya veo. Por eso me he sentido tan rara... tan indecisa con todo esto. Quiero esos recuerdos... recuerdos que no hayan sido moldeados por mi madre.'
—Parece que por fin has entrado en tu fase rebelde —dijo Sarah, más tranquila—. Un poco más tarde que Nathan, pero aun así. —Su voz se suavizó—. Me alegro de que haya pasado. No quiero que te hagan más daño del que ya te han hecho.
Entonces la expresión de Sarah se tornó seria. Lo observó atentamente, escudriñando su rostro como si buscara algo bajo la superficie.
"...Ha pasado más de un año desde aquel incidente."
Leo apretó la mandíbula.
"Lo sé."
—Sé que sí —dijo ella en voz baja.
"Pero si vuelve a pasar... ven a verme, ¿de acuerdo?"
En lugar de asentir, Leo frunció el ceño.
"¿No dijiste la última vez que si volvía a pasar, se lo dirías a mi madre?"
Una expresión de exasperación cruzó su rostro.
"Eso se debía a que seguía ocurriendo. Se estaba volviendo demasiado peligroso no decírselo."
Leo sabía que ella tenía razón. Desvió la mirada.
"...Supongo que sí."
"León."
Su tono se endureció, lo suficientemente serio como para hacer que él volviera a mirarla a los ojos.
—¿Eres feliz? —preguntó de repente.
La pregunta lo dejó atónito. Parpadeó varias veces, dividido entre la confusión y algo más sereno.
Entonces, con cierta vacilación, respondió, sin saber si lo que le había inquietado era la pregunta o su propia respuesta.
"...¿Supongo?"
Sarah rió, esta vez con dulzura.
"Suficiente para mí."
"¡Aquí!"
Lea regresó tarareando alegremente y dejó dos vasos de zumo de naranja frío delante de Sarah.
—Muchas gracias, querida —dijo Sarah, y entonces, para sorpresa de Lea, se puso de pie.
"Pero ustedes dos deberían bebérselas. Necesito llegar a casa antes de que Nathan queme la cocina."
"Ah, pero..."
Lea echó un vistazo a las dos bebidas que había comprado con el dinero de Sarah y levantó la vista, nerviosa.
"E-entonces déjame al menos pagarte..."
Sarah la interrumpió dándole una palmadita en la cabeza por encima del sombrero y negando con la cabeza.
"Te invito yo", dijo. "Por ser tan buena amiga de Nathan, y especialmente de Leo. Me imagino que no fue fácil".
Ante esto, Lea miró a Leo y, por alguna razón, hizo un ligero puchero mientras apartaba la mirada.
—Bueno... mi persistencia y perseverancia al final dieron sus frutos —murmuró—. Al final, al final mismo...
Sarah se rió.
—Que lo paséis bien —dijo, y luego miró a Leo—. Y Leo, asegúrate de que llegue a casa a tiempo, ¿de acuerdo? No llegues tarde tú también. Y recuerda lo que te dije: avísame si pasa algo. Cuando quieras.
—Ya lo entiendo —respondió Leo secamente—. Vete ya.
Tras soltar una última carcajada, Sarah se marchó.
Lea se sentó frente a Leo y le acercó uno de los vasos. Leo le dio las gracias y Lea sonrió, satisfecha.
"Es mucho más simpática de lo que pensaba", dijo Lea.
Leo solo tarareó y dio un sorbo.
"Supongo que incluso los ricos tienen sus problemas, ¿eh?", susurró Lea.
Leo aún la oía.
Dio un largo trago, luego dejó el vaso con un suspiro silencioso y la miró. Lea bebía con los ojos cerrados, sonriendo como si nada hubiera pasado.
"Supongo que estabas escuchando", dijo Leo.
Lea se quedó paralizada al instante, probablemente al darse cuenta de que había hablado demasiado alto. Abrió los ojos de golpe, presa del pánico, pero antes de que pudiera explicarse, Leo volvió a hablar.
"Está bien. Y no es algo por lo que debas preocuparte."
"...Eso no es cierto", dijo Lea, y por alguna razón no podía aceptar la facilidad con la que él intentaba restarle importancia.
"Un problema sigue siendo un problema. No debe ignorarse, especialmente si ha causado dolor, por pequeño que sea."
Leo la miró fijamente por un momento.
"...Supongo que tienes razón", admitió. "Aun así, no es algo que deba preocuparte."
"S-sí..." murmuró Lea.
Sabía que probablemente se había extralimitado. Entablar esa conexión con Leo ya había sido difícil, así que, sinceramente, no quería que su curiosidad, ni su propio egoísmo, arruinaran el frágil vínculo entre ellos. Antes, tal vez habría sido más atrevida. En aquel entonces no eran realmente amigos, así que podía permitirse ser insistente.
¿Pero ahora?
No quería arriesgarse.
Aun así... quería ayudarlo. Aunque fuera un poco. Aunque no sabía exactamente en qué debía ayudarlo; alguien como Leo, que podía lograr cualquier cosa si se lo proponía.
Lea dio otro sorbo, pensando profundamente, y entonces recordó algo de la última vez que habían estado allí.
Fue cuando ella le preguntó por qué actuaba como si odiara a todos a su alrededor cuando no era así...
Y él había dicho—
"Porque yo mismo no sé la respuesta."
Lea apuró el resto de su jugo y dejó la taza sobre la mesa. Respiró hondo para tranquilizarse.
Al alzar la vista, se dio cuenta de que Leo la estaba observando. Eso la puso nerviosa, así que bajó la mirada hacia sus manos, apretadas contra su regazo.
Entonces ella habló.
"Puede que sea obvio, pero... cuando por fin me permitieron ir a la escuela secundaria, no tenía ninguna habilidad social", dijo en voz baja. "En serio, ninguna".
Se atrevió a levantar la vista y sintió alivio al ver que Leo no parecía tener intención de interrumpir.
"Yo... yo era básicamente la persona más introvertida del mundo, ¿sabes?", dijo con una sonrisa irónica al recordar. "Lo único que tenía era internet y mis libros. Mis únicas interacciones sociales eran con mis padres o los médicos, así que... no sabía ni cómo empezar a intentar hacerme amiga de alguien de mi edad."
Sus dedos se apretaron.
"Y me asusté muchísimo. ¿Qué se suponía que debía decir? ¿Solo saludar? ¿Y qué sigue? Lo leí en internet, lo leí en libros, pero en el momento en que me paré frente a chicos de mi edad, ¡todo fue inútil! ¡Temblaba tanto que pensé que me iba a desmayar!"
Ella dejó escapar un pequeño suspiro.
"Pero entonces me di cuenta de algo. Ellos también estaban nerviosos, igual que yo."
Leo seguía sin entender por qué ella sacaba el tema. Eso hizo que Lea hablara más rápido, con un poco más de firmeza; en parte por los nervios, en parte porque no quería perder la compostura ahora. Aun así, Leo siguió escuchando, aunque no entendiera. Lea se lo agradeció en silencio.
"Me di cuenta de algo importante", dijo.
"¿Sabes qué?"
Decidido a seguirle la corriente, Leo respondió sin mucha emoción.
"No."
"Todos estamos nerviosos", dijo Lea.
"Casi todos los de nuestra edad —antes e incluso ahora— actúan como si tuvieran confianza en sí mismos, habilidades sociales o lo que sea. Muchos lo fingen. Algunos incluso mienten al respecto."
"...De acuerdo", dijo Leo.
Por un instante, Lea casi olvidó lo que estaba tratando de decir.
—E-entonces lo que intento decir es... —tartamudeó, obligándose a continuar—. Yo hice lo mismo. Actué. Mentí. Fingí que no era una introvertida extrema que quería volver a esconderse bajo las sábanas.
Soltó una risa temblorosa.
"Fue difícil, por supuesto. Pero con el tiempo y la práctica, mejoré, hasta que empezó a sentirse real. Básicamente, una estrategia de 'fingir hasta lograrlo'". Levantó la vista rápidamente. "¡Y funcionó!"
—Ya veo —dijo Leo—. Me alegro por ti.
"Puaj..."
Él seguía sin entenderlo, y ella ni siquiera podía culparlo. Era pésima en esto. Quizás era porque Leo ya conocía su secreto; tal vez eso la hizo bajar la guardia, y ahora su nerviosismo era demasiado evidente.
Así que lo intentó de nuevo.
"Q-lo que realmente quería decir es..." Lea respiró hondo.
"Si alguna vez decides que no quieres ser enemigo de todos, y quieres tener más amigos, o quieres ser más amable, pero no sabes cómo... esta podría ser una opción."
Su voz se suavizó.
—Al menos, es lo que yo usé. Y me funcionó. —Dudó un momento, sintiendo que se le ruborizaban las mejillas—. Y como tú... actúas bien, pensé que también te podría funcionar. Si alguna vez lo quisieras.
Ante sus palabras, los ojos de Leo se abrieron ligeramente.
Entonces, poco a poco, su expresión se suavizó.
—Gracias —dijo.
"¿Eh?"
Lea había estado mirando hacia abajo para ocultar su rostro, pero levantó la cabeza de golpe, atónita, casi convencida de que había oído mal.
—Gracias —repitió Leo, y esta vez su sonrisa era diferente: intensa, casi inquietante por lo cautivadora que resultaba.
"Por decirme algo tan importante sobre ti... por mi bien."
La mente de Lea se quedó en blanco por un instante.
Entonces volvió en sí y asintió con la cabeza demasiadas veces.
"E-es cierto, ¡no hay problema!"
Para distraerse, miró rápidamente su teléfono.
"Ah... supongo que, como ya tenemos los disfraces, podemos regresar."
Leo se puso de pie, y Lea también. Como Lea se había excedido un poco con la cantidad de ropa que había comprado, las bolsas eran muchísimas. Avergonzada pero agradecida, Lea aceptó cuando Leo, sin decir palabra, tomó la mitad.
Se aferró a las bolsas que le quedaban como si protegieran su dignidad, que ya sentía que había sufrido un duro golpe ese día.
—¿Y bien? —preguntó Leo mientras comenzaban a caminar.
"¿Adónde quieres ir ahora?"
Lea lo miró parpadeando, confundida.
"¿Qué quieres decir? Nos vamos a casa, ¿no?"
"¿Pero no querías visitar más tiendas?"
¿Eh? S-sí, pero solo viniste por los disfraces, y ya te he llevado de un lado a otro demasiado con toda la ropa que compré. No quiero causarte molestias...
—Tonterías —la interrumpió Leo, adelantándose y obligando a Lea a apresurarse para seguirle el paso—. Ya te dije que no tenía nada que hacer hoy. Además... pasar tiempo con un amigo de vez en cuando no viene mal.
'...Amigo.'
Los ojos de Lea se abrieron de par en par.
Él... él estaba siendo demasiado amable.
"¿E-estás practicando ya la estrategia que te di...?", preguntó sin poder evitarlo.
Leo se detuvo bruscamente y la miró, visiblemente confundido.
"¿Por qué le haría eso a alguien que ya me conoce tal como soy?"
"Ah... sí", dijo Lea en voz baja. "Supongo que tiene sentido."
Sí, lo hizo.
Debería haberlo hecho.
Pero para Lea, no fue así.
Aun así, ella caminaba un paso detrás de él.
'Me llamó su amigo...'
Lea comprendió por qué sus palabras la alegraban, pero la calidez de las mismas aún la sorprendió, y no podía dejar de sonreír.

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Camino del Extra (Novela)
Capítulo 397
Camino del Extra (Novela) Capítulo 396
Estás leyendo el capítulo 396 de Camino del Extra (Novela), un novela. Tras un trágico accidente que se cobró la vida de sus padres y su hermana pequeña, Leo, con solo 17 años, se vio obligado a asumir todas las responsabilidades él solo. Por algún milagro, sobrevivió los últimos cuatro… Este capítulo tiene publicado el 20 de abril de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Camino del Extra (Novela) tiene 452 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.