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Leer Camino del Extra (Novela) Capítulo 381 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Leo tampoco mató a Lia al día siguiente de su nacimiento. Al día siguiente, sucedió lo mismo: Leo no mató a Lia. Incluso después de que transcurriera una semana entera, Leo aún no la había matado. Un mes después, sintió una tentación enorme, ya que sus lamentos seguían resonando durante toda la noche y arruinando su sueño, pero incluso entonces Leo siempre encontraba alguna excusa para no matarla. Nunca antes había visto a sus padres tan animados. Papá estaba más a menudo en casa. Mamá sonreía con mucha más sinceridad. Leo se preguntaba si la causa era realmente Lia, y si simplemente... no era suficiente. O tal vez la razón era simplemente que adoraban tanto a esos bebés feos y mocosos. Bueno, de cualquier manera, Leo no podía convertirse en un bebé. Incluso para él, eso sería demasiado. Así que descartó la idea de poner a prueba esa teoría: comprobar si vestirse de bebé haría felices a sus padres. Así que, en vez de eso, simplemente hizo aquello que siempre se le había dado bien. Ser el mejor. Pasó un año. Y luego pasaron algunos años más, y cada día surgía una nueva excusa para no matar a ese mocoso. * "Leo, ¿quieres desayunar con nosotros?" Leo, ya preparado para ir a la escuela y con el uniforme puesto, salió de su habitación y estaba a punto de marcharse cuando vio a su madre en la cocina. La verdad es que pensaba saltarse el desayuno. "¿Mamá? ¿No deberías estar trabajando? ¿Dónde está la niñera?" Había planeado evitar comer con su hermana pequeña o con la niñera, pero hoy parecía que su rutina habitual había cambiado. Su madre, con un delantal puesto, le dedicó una sonrisa alegre. "Decidí tomarme un descanso de unos días para pasar más tiempo con Lia... y contigo, por supuesto." Naturalmente, Leo se alegró de que su madre se preocupara por sus dos hijos. Sin embargo, en cuanto la vio entrecerrar los ojos, como las dagas de una asesina, apartó la mirada rápidamente. "Ahora dime, Leo. Si no fuera yo quien estuviera aquí ahora mismo, sino la niñera, te habrías ido sin desayunar, ¿verdad?" Tras rascarse la nuca, Leo decidió ser sincero. "Bueno... sí, supongo." Ella suspiró. "En serio, este chico... Leo, ¿cuántas veces te he advertido que no te saltes el desayuno?" "Pero... no puedo evitarlo. La voz de esa niñera me da dolor de cabeza. ¡Saltarme el desayuno es un precio que estoy dispuesta a pagar si eso significa no perder la cordura!" "Parece que tu lengua no se ha vuelto áspera con los años... no, solo se ha vuelto más afilada..." Comenzó a desatarse el delantal. "Bueno, en fin. No vas a llegar tarde a la escuela. Ve a sentarte y esperar en la mesa con Lia." "...Bien." Haciendo lo que le dijeron, Leo arrastró los pies y se dirigió a la mesa. De camino, vio a Lia ya sentada, todavía con su pijama rosa y el pelo recogido en dos coletas. Se frotaba los ojos con sus manitas, adormilada, mientras un tigre de peluche descansaba sobre la mesa frente a ella. Leo suspirando y rascándose el pelo decidió sentarse frente a ella. Debió de haberlo notado, porque cuando recuperó la vista y pudo observarlo bien, se estremeció, palideciendo al mirarlo como si estuviera viendo al mismísimo diablo. Leo se apoyó en la mesa y recostó la cabeza sobre la mano. "¿Qué?" Lia frunció los labios y negó con la cabeza; sus dos coletas se balancearon y golpearon ligeramente su propia cabeza como si quisiera decir "nada" sin usar palabras. 'Bueno, al menos ya no es tan fea... sigue siendo una mocosa insolente...' "Lia, ¿qué te dije sobre traer al señor Bigotes contigo?" "¡Mamá!" Al ver llegar por fin a su madre, Lia la miró como si fuera un ángel divino que venía a salvarla. Agarró al señor Bigotes y corrió hacia ella antes de abrazarle las piernas. ¡Lia! ¡No corras! Podrías caerte, ¡y menos aún mientras sostengo estos platos calientes! Lia no dijo nada, simplemente apoyó la cara contra las piernas de su madre. Su madre suspiró de nuevo, como si ya estuviera harta de algo. "Leo, el día apenas comienza. ¿Por qué tienes que aguantar tantas charlas ya? ¡No asustes a tu hermanita!" Leo la miró con la mirada perdida, sintiéndose completamente injustamente relegado al papel de villano. Miró a Lia y juraría que sus ojos intentaban disimular su diversión. "...Esta noche podría ser finalmente la noche en que la mate..." Mientras ese pensamiento le pasaba por la cabeza y ya estaba haciendo simulaciones de cómo se desarrollaría el evento, su madre y su hermana pequeña se acercaron a la mesa y se sentaron frente a ellos. El aroma de las tostadas francesas lo sacó de sus pensamientos poco apropiados para niños, y echó un vistazo a su plato. Mientras él comía tostadas francesas, Lia desayunaba cereales con forma de dinosaurios. Su madre cogió una cucharada, sopló sobre ella y luego se la acercó a la boca de Lia para darle de comer. 'Mocoso inútil...' ¿Para qué servían esos bracitos suyos? "Leo, come antes de que se enfríe." "...Sí, mamá." Mientras saboreaba la deliciosa comida, escuchaba a su madre entablar una conversación con él, al tiempo que le limpiaba un poco de leche de la mejilla a Lia. ¿No tenías un examen hoy? ¿Estudiaste para él? Leo arqueó las cejas ante la pregunta. "¿No? ¿Por qué lo haría? Ya lo sé todo, y el contenido del examen es bastante fácil... bueno, eso creo." Su madre tenía una sonrisa irónica. "Bueno, para ti es fácil. Eso no significa que sea fácil para los demás. Aun así, a veces deberías intentar comprobar el contenido. Nunca se sabe qué te puede sorprender." "Lo tendré en cuenta para la próxima vez." Sus ojos adquirieron un ligero tono nostálgico. "El tiempo ha pasado volando otro año, ¿verdad? El año casi termina, lo que significa que pronto irás a la preparatoria..." "Sí..." No es que a Leo le importara mucho. Siempre era lo mismo. ¿Has considerado unirte al consejo estudiantil en la preparatoria? ¿Quizás incluso postularte para presidente? No lo hiciste durante tu tiempo aquí en la escuela intermedia, diciendo que querías concentrarte en tus otras actividades, pero aun así... sería sumamente beneficioso para ti. Leo negó con la cabeza. "Desde el principio no le vi el atractivo. Si lo hay en el instituto... intentaré mantener la mente abierta, pero lo dudo." "Bueno, con tus notas y tus aficiones, ya estás preparado para hacer lo que quieras. Sigue así..." Leo esbozó una sonrisa perfecta. "Claro que no tienes que preocuparte, mamá. De todas formas, nadie de mi edad es mejor que yo." Su madre soltó una risita. "Mientras eso siga siendo así." Dicho esto, se centró en alimentar a Lia, que empezaba a impacientarse con el ritmo. Leo también empezó a comer bien, pero miró disimuladamente a su madre y entrecerró los ojos. 'Realmente me pregunto por qué quieres que sea el mejor...' Recordaba cuando su madre discutía con su padre y hablaba de su hermana fallecida... Pero a veces Leo no podía evitar sentir que... ¿De verdad proyectar en mí tus sentimientos sobre ti y tu hermana fallecida lo es todo? ¿Es por eso que quieres que yo esté por encima de todos los demás...? Porque si hubiera otra razón... No. No importaba. Sin importar cuál fuera la razón... Leo haría lo que hacía tan feliz a su madre. Y eso era ser el mejor. * Mientras caminaba solo por los pasillos de su escuela, camino a clase, Leo se detuvo en seco de repente. "Uf... olvidé mi bolso en casa..." Chasqueó la lengua. 'Todo por culpa de ese mocoso.' No lo fue. "Ah, de todas formas nunca lo necesito." Con un gesto de desdén, estaba a punto de reanudar la marcha cuando alguien le dio una palmada en la espalda. Leo no se inmutó ni se dio la vuelta ni se puso hostil, porque solo había una persona, aparte de su padre, que tenía las agallas para pegarle. "Nathan... ¿cuántas veces te he dicho que no hagas eso?" "¡Ah, vamos! ¡Pensé que esta vez podría hacerte estremecer!" Nathan rodeó el cuello de Leo con un brazo y se inclinó hacia adelante, sonriendo, mostrando sus perfectos dientes blancos y sus brillantes ojos azules. Tanto Leo como Nathan habían crecido bastante, dejando atrás esa etapa de rostros adorables y entrando en una etapa de adolescentes altos y apuestos, aunque seguían siendo atractivos. Naturalmente, Leo era más atractivo que Nathan. "Hombre... ya casi terminamos la secundaria, ¿eh?" Leo puso los ojos en blanco. "Pero joder... ¡pensar que ni siquiera estuvimos en la misma clase! ¡El destino está intentando separar a mi amigo!" "No me llames amigo. Y compórtate con normalidad." "¿Qué, qué? ¿Acaso mi actuación no está a la altura de tus expectativas, oh prodigioso dios de la actuación?" "Cállate, te apesta el aliento." "¡Ajá! ¡Sé que mientes, porque tengo chicle en la boca!" "Eso va en contra de las normas escolares." "¿Qué sois vosotros, el consejo estudiantil?" "...En serio. Cállate." Continuaron bromeando, Nathan le provocaba dolor de cabeza y Leo se irritaba cada vez más mientras caminaban. Finalmente llegaron frente al aula de Leo, Nathan soltó su cuello a regañadientes y se vio obligado a separarse. "Por cierto, no podré acompañarte a casa después de clase", dijo Nathan de repente antes de marcharse, lo que hizo que Leo ladeara la cabeza al verlo. "Tengo que ir al dentista con mi papá." "Veo." "Ciao." "...Nos vemos." Al entrar en su aula, Leo se dio cuenta de que ya había bastante gente dentro. Con calma, caminó hacia la parte trasera del aula, donde estaba su asiento asignado: junto a la ventana. '¿Cómo lo llamó Nathan? Ah, sí... el asiento del protagonista...' Con el rostro impasible, Leo se sentó, cruzó los brazos sobre el escritorio y apoyó la cabeza sobre ellos, cerrando los ojos. Ya sentía que alguien lo observaba. Y probablemente no era porque fuera el único que había entrado sin mochila. 'Ahhh... solo quiero que este día termine...' Sus pensamientos fueron interrumpidos por una voz suave y nerviosa que provenía de arriba. "U-ummm... Leo. Leo, ¿estás despierto?" 'No te oigo. No te oigo. No te oigo. No te oigo.' ¿De verdad ya estás dormido? Ah... entonces quizás debería volver en otro momento... ¡Solo dale un golpe en la cabeza! Alguien en la clase gritó. '...Genial. Así que o hablo con esta chica o me peleo con algún idiota...' Ambos eran molestos. Leo suspiraba para sus adentros y alzó la cabeza con una expresión de reticencia. La chica que lo miraba retrocedió un paso y tropezó con la silla que tenía detrás, mirándolo con expresión nerviosa. Tenía el pelo negro, cortado a la altura de la barbilla, y ojos marrones. Era un poco más guapa que la media, pero en lugar de hermosa, encajaba más en la categoría de "mona", sobre todo porque también era bajita. Leo notó al instante el ligero rubor en sus mejillas. 'Ah, genial... otra vez esto...' "Si... si no te importa... ¿podemos hablar en privado ahora o más tarde hoy...? ¡Claro que sí, siempre que tengas tiempo! No quiero impedirte nada..." "Seguro." Leo intervino, incapaz de soportar más el tartamudeo y el pánico. "Tengo una hora libre después de clase. Tengo que practicar un poco antes." ¿Una hora? ¡Eso... eso está bien! ¡No, es perfecto! ¡Sí, perfecto! ¡Entonces te veo una hora después de clase! "Sí, te veo aquí." "¡Sí!" La chica sonrió radiante, con una expresión luminosa y alegre, como si el sol le diera directamente en la piel, haciéndola lucir saludable. Se despidió y regresó rápidamente a su asiento, girándose varias veces solo para saludarlo con la mano. 'Ahhh... qué fastidio. Muchas partes de mi rutina habitual se han visto alteradas hoy...' Qué molesto. Bueno... mientras todo se mantuviera dentro de este margen de normalidad, estaba bien. Dado todo esto... No era nuevo.
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Camino del Extra (Novela) Capítulo 381

Estás leyendo el capítulo 381 de Camino del Extra (Novela), un novela. Tras un trágico accidente que se cobró la vida de sus padres y su hermana pequeña, Leo, con solo 17 años, se vio obligado a asumir todas las responsabilidades él solo. Por algún milagro, sobrevivió los últimos cuatro… Este capítulo tiene publicado el 29 de marzo de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Camino del Extra (Novela) tiene 452 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.