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Leer Camino del Extra (Novela) Capítulo 352 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Los pájaros cantaban. Brillaba el sol. Las hojas eran de un verde brillante y común: el cliché familiar de un día hermoso y común. En los amplios jardines, donde los árboles crecían en hileras ordenadas, decenas de jardineros se dedicaban a su trabajo. —¿Has visto al joven príncipe? —preguntó una criada, deteniendo a otra en el sendero de grava. La preocupación le quebraba la voz. El rostro de la otra criada también se tensó, pero negó con la cabeza. —No. ¿Por qué? ¿Lady Amaya lo está buscando otra vez? "Sí." La primera criada asintió, nerviosa. Creí verlo hace un momento, pero lo perdí. Lady Amaya se pondrá furiosa si no lo encuentro pronto... "Seguro que aparecerá. Solo está haciendo travesuras otra vez." La primera criada suspiró y presionó sus dedos sobre su frente. Ojalá fuera tan obediente como Su Alteza. Mírala: perfecta. Inteligente, fuerte, talentosa, querida... y Su Alteza... bueno, los rumores sobre él empeoran cada día. "¡Shh! ¿Estás loca?" La segunda criada echó un vistazo a su alrededor. "Si alguien te escucha, y la noticia llega a Lady Amaya, ella no te despedirá, te matará". Ambos se pusieron un tono más pálido. —Solo digo... —La primera criada miró a izquierda y derecha. Al no ver a nadie cerca, se inclinó y susurró—: Corren rumores de que lo han visto escabullirse por la noche. Dicen que va a beber, a conocer mujeres... incluso a provocar peleas. —Yo también lo he oído —murmuró el segundo. Sinceramente, ¿en qué está pensando? Con Su Alteza como modelo a seguir, aún no aprende. Lady Amaya y Sus Majestades son demasiado indulgentes. Si fueran más estrictos, podría haberse convertido en alguien respetable. Aunque su talento sea menor que el de Su Alteza, sigue siendo superior al de la mayoría. —Bueno, sí que se hace el consentido, siempre causándole problemas a Lady Amaya. ¿Por qué lo busca esta vez? La expresión de la primera doncella se oscureció. Su Majestad quiere que lo acompañe a una base militar cerca de la frontera europea. Su Alteza, de alguna manera, se ha enterado y está evitando a Lady Amaya para que no pueda presionarlo. —Qué chico tan problemático... Me alegro de que no lo hayan elegido heredero. No es apto para liderarnos. "Incluso si hubiera sido una competición, derrotar a Su Alteza, la Princesa Jazmín, habría sido un sueño para alguien tan perezoso e indisciplinado como él." Y así hablaron, como siempre. La gente se dedicaba a sus tareas, intercambiaba chistes y se contaban chismes. Era entretenimiento. Así transcurría el día. No muy lejos del límite del jardín, donde no había trabajadores y los árboles crecían cerca, un niño yacía junto a una rama gruesa, muy por encima de la hierba. Un libro reposaba abierto en sus manos. Tenía el pelo corto y negro y los ojos rojos. Trece años, quizá catorce. Un chico de aspecto inofensivo, agradable a la vista. "Nunca se callan, ¿verdad?" Las palabras eran crueles, frías y despiadadas, pero no provenían del joven príncipe Azriel Carmesí. Venían de otro niño, unos años mayor, apoyado en el tronco del árbol de Azriel, con una manzana en la mano, masticando perezosamente. Ser tan grosero con su príncipe... Los sirvientes Carmesí están llenos de sí mismos. Si fueran míos y no supieran cuál es su lugar ni cómo callarse, les clavaría la cabeza en picas o se los daría de comer a criaturas del vacío. —Pero no son tus sirvientes, Lioren. Son de mi clan. Así que será mejor que te comportes. Azriel pasó una página mientras hablaba, sin prisa. Lioren no se erizó; solo siguió masticando. "Y además", añadió Azriel, "si quieres hacerme un favor, deja de visitarme en secreto". ¡Qué trágica hospitalidad ofreces, Azriel! ¿Así tratas a todos los invitados, o solo a mí? Creo que merezco un mejor trato, al menos mientras tomas prestado ese invaluable artefacto del vacío escondido en tus pantalones que oculta tu rango de núcleo de maná a todos, incluso al Rey y la Reina Carmesí. Azriel puso los ojos en blanco y los bajó nuevamente al libro. "No finjamos que estás aquí por mí", dijo. Esperas que comparta algo útil sobre mi hermana. Después de todos estos años, aún no has aprendido nada. ¿Perder el tiempo es tu pasatiempo, Lioren? Por un instante, la masticación de Lioren se detuvo al oír a Jazmín. Luego se hizo el silencio: Lioren terminó su manzana con los ojos cerrados; Azriel leyó. Cuando Lioren arrojó el núcleo desnudo a un lado, suspiró. "En realidad, vine por una razón seria." Azriel solo tarareó y siguió leyendo. Los ojos de Lioren se entrecerraron. "El Oráculo me visitó ayer, en secreto, y me pidió que le entregara una profecía." La mano de Azriel se detuvo en la página. Se rio entre dientes, sin levantar la vista. —Cierto. ¿Por fin se te derritió el corazón? No pensé que supieras bromear, aunque es malo. Pero la mirada de Lioren no se movió. Pasó un minuto. Luego dos. Luego tres. Luego cuatro. A los cinco, Azriel frunció el ceño y lo miró, refunfuñando: "¿En serio?" "Sí." "¿Entonces el Oráculo te visitó en secreto para entregarte una profecía sobre mí?" Lioren asintió. "El Oráculo me dijo que te trajera un mensaje." "¿Y no pudieron hacerlo ellos mismos? ¿El Oráculo tiene miedo de encontrarse conmigo?" Lioren se pasó una mano por el pelo; cuando volvió a hablar, su tono era aún más plano y frío. "Si vas a esa base militar la próxima semana, sin duda morirás". Azriel cerró el libro y se incorporó apoyándose en la rama, con las piernas colgando. Miró a Lioren, ahora serio. "Es eso así..." Lioren inclinó la cabeza y recitó: En la séptima salida del sol, la luna llorará, y el sol será testigo de la crueldad del mundo. La muerte observará en silencio. El tiempo contendrá la respiración. El destino huirá. Los hilos se romperán, los engranajes se desmoronarán. El miedo reinará, y ni hombre ni bestia salvará al joven Príncipe Carmesí de perder su vida y su hogar. El rostro de Azriel no delataba gran cosa. —Si quieres vivir —dijo Lioren—, dile al rey Joaquín que no puedes ir. Cualquier excusa servirá. "No", respondió Azriel en voz baja. Lioren inclinó la cabeza. "¿No?" "Sí. No. Voy a esa base." Lioren frunció el ceño. "Antes no te interesaba. Ahora te digo que morirás, ¿y de repente quieres ir?" Azriel asintió. No creo en el Oráculo ni en sus profecías. No quería ir, pero ahora sí. Demostraré que este Oráculo es una tontería yendo y volviendo con vida. "¿Y cómo lo harás? ¿Y si hay una verdadera amenaza contra tu vida?" "No lo hay. No me harán daño." "¿Cómo puedes estar tan seguro?" "...Porque mi padre estará allí." Las cejas de Lioren se levantaron. "¿Estás dispuesto a apostar tu vida a que el Rey Joaquín estará ahí para salvarte de lo que suceda?" Azriel asintió de nuevo. Miró más allá de Lioren, hacia el horizonte, y su voz se suavizó. "Él me salvará. Soy su hijo... Estoy seguro de que lo hará." —Depositar tu fe en un padre que te ha dedicado tan poca atención —dijo Lioren— no es prudente. ¿Qué te hace estar tan segura de que le importas lo suficiente como para arriesgar su vida por la tuya? —Te lo dije. Soy su hijo —dijo Azriel. "Eso debería ser razón suficiente." "¿Como ha sido hasta ahora?" Azriel apretó los labios. Lioren suspiró. "Tu hambre de afecto será tu perdición". "No me harás cambiar de opinión." Morirás, sin importar a qué esperanza o engaño te aferres. Las profecías del Oráculo nunca han sido falsas. Azriel se burló. "Entonces hagamos una apuesta." "¿Una apuesta?" Azriel le sonrió. "Si me voy y sobrevivo, me debes una cosa: cualquier cosa que te pida. No importa lo que sea." "¿Y si te vas y mueres? ¿Qué voy a ganar si estás demasiado muerto para ello?" La sonrisa de Azriel se amplió. "Entonces tu premio ya estará esperando." "¿Qué es?" —Mi hermana. Necesitará que alguien la consuele si muero. ¿No sería esa la oportunidad perfecta, después de todos estos años, para que te ganaras su favor? Lioren miró hacia otro lado, pensando, y finalmente dijo: "...Puedes ser cruel. Retorcido, incluso. Muy bien. Lo acepto." Se dio la vuelta y sus ojos quedaron vacíos de cualquier cosa legible. "Pase lo que pase, te lo advertí, Azriel." * * * El día señalado había llegado. Dentro de la suite de un hotel de siete estrellas, Azriel salió de la ducha y se secó el pelo con una toalla. Estaba solo, con una sencilla bata negra. Al terminar, tiró la toalla empapada a un lado y se sirvió un vaso de zumo de manzana. Levantó el vaso y luego hizo una pausa, suspirando con fastidio. "Estoy llegando al punto en que me pregunto si estás enamorado de mí en lugar de de mi hermana". Azriel se giró, tomó un sorbo y encontró a Lioren apoyado contra la pared, con los brazos cruzados y una expresión ilegible. "¿Dónde está el rey Joaquín?" preguntó Lioren. Salió para atender algunos asuntos. Regresará en una hora. Luego nos dirigiremos a la base militar en la frontera. Mientras Azriel respondía, Lioren acortó la distancia hasta que estuvieron a un brazo de distancia. Abrió la boca, la cerró, y Azriel ladeó la cabeza. "¿Qué es?" Esta vez habló Lioren. "No te vayas." Azriel frunció el ceño. "¿Qué? No me digas que te vas a acobardar porque podría ganar." "No te vayas", repitió Lioren sin inmutarse. Olvídate de la apuesta. No vale la pena. Aún hay tiempo para arreglar las cosas antes de que se cumpla la profecía. "...De verdad crees que voy a morir, ¿no?" "Sí." No lo dudó. El Oráculo nunca había mentido. —Entonces dime —dijo Azriel. "¿Qué podría matarme cuando mi padre estará allí?" "Pensé en eso", dijo Lioren. "Y creo que sé la respuesta." Hizo una pausa —una vacilación poco común en el heredero frío y sin emociones— y luego dijo: "Nada." "¿Qué?" "Nada puede matarte, ya que el Rey Carmesí estará allí para protegerte". "¿Entonces admites que estoy a salvo?" "No." "Entonces-" —¿Pero quién dice que el rey Joaquín te protegerá? "¿Eh? ¿Qué quieres decir?" Los demás grandes reyes están en su propio territorio; lo he comprobado. No hay actividad irregular en Asia ni en Europa. La única conclusión lógica es que... tu propio padre, el rey Joaquín, será quien te mate. "...!" Los ojos de Azriel se abrieron de par en par. "Tú... ¿entiendes lo que estás diciendo?" —Lo haré. —Lioren asintió. Y es la única respuesta que cabe. El rey Joaquín te matará, ya sea con sus propias manos o disfrazándolo de accidente. Será él. Acusar a un rey. Acusar a un padre. Delante del príncipe, su hijo. El agarre de Azriel se hizo más fuerte alrededor del cristal. "No lo creo." Deberías. Nuestros padres no cometen errores, Azriel. Tu muerte de hoy no será un error. Azriel bajó la mirada hacia el jugo; su reflejo vacilaba en la superficie. Lioren se giró hacia la puerta. Vámonos. Aún hay tiempo para sacarte. Podemos inventar una excusa más tarde. Por ahora, tu supervivencia es lo primero. Cuando Lioren alcanzó el mango, la voz de Azriel cortó el aire, gélida y oscura. "¿Por qué te importa?" Lioren se detuvo, pero no se giró. Azriel continuó, cada palabra deliberada: ¿Por qué te importa si muero hoy, o si mi padre me mata? Solo te beneficiarías si muriera. Todos lo harían. Mi muerte no debería significar nada para ti. Lioren no habló, no se movió. Una pequeña risa incrédula se escapó de Azriel. —Te... te preocupas por mí, ¿verdad? ¿Por eso estás aquí? ¿Porque estás preocupada? Por fin, Lioren lo encaró. Sus hermosos rasgos aún estaban serenos, inexpresivos. "¿Me importas? ¿Estoy preocupado? ¿Es por eso?" ¿Por qué me preguntas? "Porque no lo sé." ¿Cómo puedo saberlo? "...Pensé que estaba aquí porque eres el hermano menor de Jazmín. Pero... ¿hay alguna otra razón?" Lioren ladeó la cabeza, entrecerrando los ojos, pensativo. "¿Te veo como un amigo, quizás?" ¿No deberías saberlo? —Supongo. Aunque nunca he tenido a nadie a quien llamar amigo. "Sí. Lo entiendo." Lioren suspiró. —Esto es un desvío inútil de lo que importa —reinició su tono. "Vamos a—" "No." Azriel lo interrumpió. Los ojos de Lioren se entrecerraron. —No iré. Aunque canceles la apuesta, no iré. "¿Por qué?" ¿Qué razón tenía para ir? ¿Para comprobar una profecía? ¿Para comprobar si su padre lo protegería o lo mataría? "No sé." Todo lo que Azriel sabía era que tenía que irse, sin importar qué, sin importar el resultado. * * * La habitación aún olía a fuego. Las llamas se habían extinguido, dejando solo carbonilla y escombros: un caos de paredes ennegrecidas y objetos rotos. En la cama medio quemada, Jazmín y Azriel estaban sentados uno junto al otro. Un silencio denso y gélido los separaba; no se miraban a los ojos, cada uno evitando los ojos llorosos del otro. Por fin, Azriel se humedeció los labios agrietados y habló, su voz era ronca y baja. Supongo que debería empezar por el principio, pero no hay principio, en realidad no... Jazmín levantó la barbilla y finalmente lo miró. Su rostro estaba inexpresivo. Estudió el ángulo de su perfil mientras él continuaba, con una sonrisa amarga dibujando en sus labios. No hay... principio. No hay final. Y, en más sentidos de los que quisiera, creo que soy responsable. No recuerdo los otros errores terribles que he cometido —a lo largo del tiempo, a lo largo de mi vida—, así que... te contaré... todo lo que recuerdo. Finalmente él también se giró hacia ella y su sonrisa se transformó en tristeza. "Había... había una vez un niño de... otro mundo cuyo nombre era Leo... Leo Karumi."
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Camino del Extra (Novela) Capítulo 352

Estás leyendo el capítulo 352 de Camino del Extra (Novela), un novela. Tras un trágico accidente que se cobró la vida de sus padres y su hermana pequeña, Leo, con solo 17 años, se vio obligado a asumir todas las responsabilidades él solo. Por algún milagro, sobrevivió los últimos cuatro… Este capítulo tiene publicado el 22 de febrero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Camino del Extra (Novela) tiene 452 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.